Algunos debates sobre la desigualdad en el largo plazo

Esteban Nicolini (CIEDH – Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino), 17 de octubre de 2012.

El estudio de la distancia de ingresos entre ricos y pobres es uno de los temas más apasionantes de la economía y la historia económica y está más lleno de preguntas que de respuestas. Cuando intentamos contestar la pregunta de si nuestro mundo es más desigual que el de nuestros tatarabuelos, la respuesta es claramente sí. Cuando nos comparamos con el mundo de nuestros padres, la respuesta no es clara.

Ésta, mi primera participación en este blog, introduce un tema del cual espero poder escribir varias reflexiones y recibir interesante feedback: las diferencias entre los ricos y los pobres, entre los que tienen y los que no, entre los que estamos esperando las novedades del último modelo de teléfono móvil y los que están esperando ver si consiguen suficiente comida para el día por venir.

Una de las tareas casi insoslayables de un economista es establecer si una situación (económica) es mejor que otra. ¿Es bueno subir los impuestos para gastar más dinero público en educación o no? ¿Es bueno que abran nuevas empresas (y quiebren otras)? Ésta es una tarea muy complicada por muchos motivos de los cuales mencionaré dos: el primero es que los beneficios y perjuicios de cada situación son multidimensionales; cuando, por ejemplo, una empresa cierra y otra abre hay que comparar las situaciones en términos de empleo, producción, contaminación, … todas estas cosas pueden ser importantes para decidir cuál situación es mejor y no es fácil poner todas estas dimensiones en la misma unidad (¿cuánto empleo estamos dispuestos a resignar si la nueva empresa contamina menos?). El segundo es que en casi todas las comparaciones que podemos hacer en la vida real algunos salen beneficiados y otros perjudicados. En el ejemplo de la educación, seguramente los padres de niños en edad escolar estarán a favor y los pagadores de impuestos no. Esta comparación de de las pérdidas de unos con las ganancias de otros tampoco es sencilla y es, en pocas palabras, el gran tema de la inequidad.

Los estudios de inequidad simplifican (un poco) una situación social con muchos individuos y muchas dimensiones de bienestar, suponiendo que el bienestar de cada individuo puede resumirse en un solo número real llamado ingreso. Resumen entonces un conjunto de individuos con un conjunto de números reales y suelen llamar a ese conjunto de números reales una “asignación”–o vector dirían los matemáticos-.Cada individuo está representado en la asignación –o vector- con su ingreso y los estudios de inequidad se interesan en cómo comparar situaciones en las que a algunos individuos cambian sus ingresos. Otro día en este blog volveremos sobre las sutilezas que surgen cuando se discuten las diferentes maneras de medir la inequidad (pueden ver aquí un trabajo en castellano de un colega de la Universidad Carlos III de Madrid con un resumen de las formalidades que existen en la cuestión de cómo medir inequidad). Hoy hablaremos de la “inequidad” de manera general entendiendo como tal a las distancias económicas entre ricos y pobres (porque en muchos casos las diferentes maneras de medir apuntan a conclusiones similares) y haremos un brevísimo resumen de la evolución de la inequidad a nivel mundial en el muy largo plazo.

¿Estamos peor que nunca? ¿Todo tiempo pasado fue mejor? ¿Fue el siglo XX peor que todos los anteriores? Sabemos que la respuesta a estas preguntas es claramente negativa en términos del ingreso per cápita: todos los estudios sobre el crecimiento económico en el largo plazo coinciden en que nunca en la historia de la humanidad hubo tanta disponibilidad de bienes y servicios en promedio para la raza humana. Pero … ¿y fuera de los promedios? Las respuestas (porque una sola respuesta no es suficiente) a esta pregunta son muy interesantes y en esta entrada del blog sólo presentaremos el aperitivo. Y este aperitivo puede resumirse en dos hechos y dos discusiones.

Hecho 1: desde hace unos doscientos años y hasta aproximadamente 1980 la inequidad global ha aumentado significativamente.

Hecho 2: gran parte de ese aumento de la inequidad tiene que ver con el aumento de las distancias entre países ricos y países pobres y no tanto con las distancias entre ricos y pobres dentro de cada país.

Estos dos hechos pueden resumirse con un gráfico elaborado por Xavier Sala i Martin combinando datos propios con datos de otros investigadores.

Fuente: Sala i Martin, Xavier (2002): “The ‘disturbing’ rise in global income inequality”. NBER Working Paper 8904.

Los puntos negros marcan la inequidad global que muestra un aumento sostenido desde 1820 hasta finales de la década de 1970. Esa inequidad global tiene un componente relacionado con las distancias entre países ricos y pobres (representado por los puntos azules) y un componente relacionado con las distancias entre los ricos y pobres de cada país (representado por los puntos rojos). Hacia 1820 la mayor parte de la inequidad global se debía a las diferencias dentro de cada país (los puntos azules están cerca de cero); antes de la Revolución Industrial y lo que se conoce como la Gran Divergencia, los países eran muy similares entre sí en términos de los ingresos de sus habitantes. 150 años después, en la segunda mitad del siglo XX la distancia entre ricos y pobres dentro de los países no ha variado demasiado y la mayor parte de la inequidad global se debe a las diferencias entre países (puntos azules). Como sostiene Branko Milanovic, uno de los más respetados expertos en este tema: mientras en el siglo XIX lo que determinaba mayoritariamente la posición de un individuo era su pertenencia a la clase social en la que nacía, hoy lo importante es el país en el que vive. (ver su argumento completo aquí).

Dentro de los muchos debates que existen en este tema les propongo por ahora concentrarnos en dos:

Discusión 1: ¿podemos comparar la inequidad de hace doscientos años con la inequidad actual?

Discusión 2: ¿Ha comenzado a disminuir la inequidad en los últimos 30 años?

La primera discusión tiene que ver con dos cuestiones. Primero, el hecho de que hace doscientos años las economías menos desarrolladas tenían ingresos per cápita más bajos y menor disponibilidad y variedad de bienes y servicios y por lo tanto el significado profundo de la inequidad no es el mismo que en la actualidad. Segundo, las formas de medir la inequidad son diferentes debido a las fuentes de información disponibles y por lo tanto no es claro que estemos midiendo cosas comparables.  Discutiremos más de esto en el futuro.

La segunda discusión también es apasionante. Existe un intenso debate sobre cuál es la tendencia de la inequidad mundial desde 1980 (ver la visión moderada aquí  y la optimista aquí) e intentaremos entenderlo en próximas entradas de este blog. Cuando la comunidad científica se acerque a una respuesta sabremos si la humanidad, por primera vez desde que tenemos registros confiables, está logrando disminuir la distancia entre los más ricos del planeta y los más pobres o si nuestra generación continua la tendencia de aumentar las diferencias.

9 thoughts on “Algunos debates sobre la desigualdad en el largo plazo

  1. ¡Enhorabuena, Esteban, por el tema elegido y su tratamiento!
    Esperaré la segunda parte que, diría, pareces anunciar. ¿O me equivoco?
    Por ahora, sólo quiero recomendar el libro “Los que tienen y los que no tienen” de uno de los autores que citas en tu entrada, Branko Milanovic, editado por Alianza Editorial. No comparto del todo algunas de las ideas que en él se exponen, pero es una lectura superamena, incluso diría que divertida en algunos momentos, y solvente sobre la desigualdad en la historia. Su lectura resulta muy recomendable. También lo es, para quien quiera profundizar en el debate entre Sala y Milanovic, la de “The Ricardian Vice”, de el último de ellos.
    Creo que, al examinar algunas cuestiones -las diferencias de renta media entre países, por ejemplo- desde la perspectiva de la desigualdad, no sólo se está describiendo una característica de la realidad mundial que, por cierto, merece ser conocida. Me parece percibir que, además, de forma más o menos explícita, se está sugiriendo la existencia de algún tipo de injusticia a escala mundial. No está nada claro si esto último es cierto -¿quién o qué la comete? ¿por qué mecanismos?. Por tanto, no se cuál es el resultado a efectos prácticos en la lucha contra la pobreza, que es el problema que nos preocupa, del énfasis en la disparidad del producto mundial desde el enfoque de la desigualdad (¿cómo se resolvería?, ¿qué nivel sería satisfactorio?, etc.). No necesariamente contradictoria, la aproximación por el lado del crecimiento (¿por qué unas naciones han crecido y otras no?) deja, a mi juicio, las cosas más claras. De hecho la forma más eficaz de reducir la desigualdad mundial no es otra que el crecimiento de los pobres sea más rápido que el de los ricos, como ha ocurrido en el caso de China e Inda, los dos aíses más poblados de la Tierra. El ellos, la desigualdad entre individuos ha aumentado claramente, pero también ha disminuido con rapidez la pobreza. Lo que da mucho que pensar…

  2. Hola, Esteban,
    Al igual que Rafael, te felicito por la elección del tema; se trata de uno de los desafíos interpretativos más importantes que tenemos como cientistas sociales. ¡Espero con ansiedad las próximas entradas!
    En agosto pasado compartimos un workshop en Montevideo (en el marco del proyecto HIPOD) y pudimos poner sobre la mesa varios de estos tópicos en perspectiva histórica y regional. Histórica, dado el caracter estructural y de largo arraigo que suele presentar la desigualdad; regional, porque el proceso no parece limitarse a países sino más bien a regiones, y la latinoamericana lidera los rankings de inequidad. De todos modos sabemos que dentro de América Latina las disparidades son enormes y ese es un rasgo que no deberíamos perder de vista. Seguramente será temas de próximas entradas.

    • ¡Bienvendo Henry!
      Sólo un apunte a la espera de próximas, y esperadas, aportaciones futuras de Esteban, o comentarios de cualquier otro seguidor del blog.
      Iberoamérica está experimentando cambios en lo que a la desigualdad se refiere. Aconsejo a este respecto los trabajos recientes de De la Calva y Lustig -libros, documentos de trabajo, artículos en Vox, etc. En no pocos, ni irrelevantes por su tamaño demográfico y económico, importancia estratégica, etc., paises iberoamericanos está produciéndose por primera vez en mucho tiempo una disminución de la desigualdad. En realidad, si esa tendencia reciente se consolida, Iberoamérica estaría comportándose como un caso contra-corriente en un mundo con crecientes desigualdes intra-país en las sociedades más pobladas (EEUU, China, India, Rusia, etc.). Lo que me lleva a poner en duda el peso de la “persistencia” en la terminología de Acemoglu y Robinson. O, más precisamente, por lo que nuestro caso se refiere, el de la “herencia colonial”, tantas veces usado como “medida de nuestra igorancia”, o de nuestra pereza mental, acerca de lo ocurrido en los siglos XIX y XX. Se diría que no hay -en estos días de los santos y los muertos de la tradición católica, y no sólo de ésta- losas inamovibles, si es que -lo que está por demostrar empíricamente- que la Hispanoamérica virreinal, la mayor parte de Hispanomaérica, era realmente tan desigual como algunos sostienen. La evidencia empírica disponible a tal respecto (Coatsworth, Williamson y Dobado y García, al menos) no sostiene tan extendida visión. Por qué ésta está tan extendda es otra cuestión.
      Un saludo afectuoso a todos.

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