Cambiar para participar. Transformaciones personales y sociales que expliquen la oferta de mano de obra de mujeres en América Latina desde 1950

Prof. Silvana Maubrigades, Universidad de la República, Uruguay

RESUMEN. Asumiendo que los cambios en la tasa de actividad de las mujeres en América Latina es un fenómeno multicausal, esta entrada presenta resultados sobre indicadores significativos en la oferta de mano de obra en la región. Se identifica que la reducción en el número de hijos y la mejora de los niveles educativos influye positivamente en el incremento de la tasa de actividad de las mujeres; a la vez que se relativiza el peso del rezago en la edad del matrimonio como factor explicativo para que las mujeres ingresen al mercado laboral.

Silvana (08-03-2019)

En una primera entrega de este Blog, iniciaba la discusión sobre el vínculo entre desarrollo y participación de las mujeres en el mercado de trabajo, con evidencia históricamente reciente sobre los cambios en materia de brecha salarial de género. Ese es hoy uno de los grandes debates en torno a las capacidades del sistema productivo para generar equidad entre quienes participan. Sin embargo, para las mujeres, ser miembros activos del mundo de trabajo implica algo más que la mera voluntad de hacerlo; ellas requieren que se genere una serie de condiciones económicas, pero sobre todo sociales que habiliten ese tránsito, que lo hagan fluido y se minimicen los costos personales de pasar del ámbito doméstico al ámbito público. Por lo tanto, en esta entrega abordaré una serie de variables explicativas que se han usado, en el estudio de diferentes regiones, para comprender los cambios ocurridos en la oferta de trabajo por parte de las mujeres.

Una parte importante de la literatura que estudia las vinculaciones entre las desigualdades de género y el desarrollo se ha centrado en el análisis de los cambios generados en las estructuras familiares y sociales, tanto como en los cambios observados en las “capacidades” de los individuos para enfrentarse a los desafíos de este desarrollo.  Las transformaciones en la conformación de la familia, los cambios en la nupcialidad, el número de hijos por hogar, son factores asociados entre sí y que pueden tener un fuerte impacto sobre las posibilidades de participación de las mujeres en la actividad económica. El aumento de la participación de las mujeres en la toma de decisiones, a nivel de la familia y a nivel social, puede considerarse un indicador de progreso en el desarrollo económico (De Moor and Van Zanden, 2010; Van Zanden, 2011). Y, si bien se ha postulado que el incremento de las mujeres en el mercado de trabajo está inversamente correlacionado con el número de hijos, tal relación no es de naturaleza automática, ni explica por sí sola la totalidad de los diferenciales de participación (Jelin, 1978; García and De Oliveira, 1988).

En América Latina, los cambios ocurridos en el marco de la primera y segunda transición demográfica durante el siglo XX han sido heterogéneos. Pero sería a partir de 1950 que comenzaría a darse una transición hacia una nueva estructura social y económica dominada por el desarrollo de las ciudades, la migración interna de población, cambios en los patrones de natalidad y nupcialidad, inclusión de las nuevas generaciones en los sistemas de enseñanza formales, nuevos espacios productivos y nuevas formas de vida asalariada, al tiempo que se hacían más notorias las brechas entre la población que se integraba a estos cambios y la que quedaba excluida. En el marco de estas condiciones de desigualdad, la movilidad social y los procesos de integración pasaron a depender en mayor medida del crecimiento económico alcanzado por las economías (Rama, 1984).

Un primer hecho relevante en materia de transformaciones en el ámbitoEdad matrimonio doméstico es que el rezago en la edad del matrimonio no ha resultado un indicador útil para entender la mayor presencia de las mujeres en el mercado de trabajo. América Latina es una región que mantiene bajas las edades de ingreso al matrimonio; 25 años al momento del matrimonio de las mujeres es un promedio bastante bajo en comparación con los observados en los países desarrollados a finales del siglo XX (cercanos a los 30 años). Sin embargo, pese a que estos resultados se mantienen relativamente constantes a lo largo del tiempo, las tasas de participación de las mujeres han mostrado un dinamismo mucho mayor en todos los países analizados.

Sin embargo, el número de hijos sí ha mostrado cambios significativos y, con ello, América Latina no se aleja de lo demográficamente esperable. Iniciando la segunda mitad del siglo FecundidadXX con un promedio de 6 hijos por mujer, para el año 2010 esta cifra se ha reducido a menos de la mitad (2,6 hijos por mujer). Este proceso se explica por una transformación relativamente rápida en materia de fecundidad, habiendo logrado América Latina captar los avances tecnológicos obtenidos en materia de control de la natalidad por parte de los países desarrollados. Esto hizo que confluyeran los cambios en las pautas de control de la natalidad con una mayor presencia de las mujeres en el mercado de trabajo, especialmente a partir de la década de 1980 y en toda la región.

La educación ha mostrado también ser una variable dinámica en el proceso de transformación de las trayectorias de vida de las mujeres. El Cono Sur (Argentina, Chile y Uruguay) ha sido siempre una región con altos niveles educativos y si bien siguen Estudioliderando el proceso, fueron en este período alcanzados por el resto de los países de América Latina, en especial los casos de Brasil, Colombia, México y Venezuela. En su vínculo con el mercado de trabajo, la correlación entre educación y tasas de actividad es significativa en una muestra de 15 países analizados en la región (Maubrigades, 2017). Por tanto, si bien no puede afirmarse que los logros educativos han tenido una incidencia directa en la incorporación laboral de las mujeres o, por el contrario, que los requerimientos del mercado hayan motivado la acumulación de años de estudio por parte de éstas, puede suponerse que las mejoras en los niveles de calificación de la fuerza de trabajo abren una ventana de oportunidad a las mujeres en el mercado laboral.

En términos de espacios laborales, el proceso de urbanización que ha mostrado América Latina durante el siglo XX, si bien ha acompañado la tendencia mundial de crecimiento de laUrbanizacións ciudades, ha implicado para la región un cambio significativo en su forma de desarrollo. América Latina sigue siendo un continente dual, tiene un grupo de países que alcanza a finales del período a superar el 85% de su población en medios urbanos, y países que aún tienen algo menos de la mitad de su población viviendo en el medio rural. Esto hace que su potencial explicativo en la participación de las mujeres en el mercado de trabajo sea también dispar. Los países que tienen mayor urbanización (Argentina, Uruguay), son los que han mostrado una mayor diversificación de su mercado de trabajo, y las mujeres participan más en los sectores de los servicios personales y sociales, tanto como en el comercio. En aquellos países con mayor presencia de población rural (Bolivia, Honduras, El Salvador) las mujeres muestran también un fuerte incremento en sus tasas de actividad, pero estando más orientadas a las actividades agrarias donde la temporalidad es una característica dominante, junto con la informalidad y el cuentapropismo.

Finalmente, los cambios en la legislación dentro de los países es otro comDerechosponente útil para explicar el cambio de condiciones que viabiliza la presencia de las mujeres en el mercado de trabajo. En  materia de derechos lo que se puede comprobar es que la brecha en materia formal se ha reducido significativamente en aspectos relevantes de la vida económica como los son el derecho de herencia, la equidad en la toma de decisiones para las mujeres casadas en materia de contratos laborales, legales y financieros. Estas garantías, vinculadas a la posibilidad de firmar contratos, tener titularidad en las cuentas bancarias, o heredar propiedades por parte de las mujeres –y, en particular, entre las mujeres casadas– hablan de un lugar socialmente responsable y protegido detentado por ellas. Sin embargo, contrastan estos resultados con el alto nivel de informalidad presente en estos países, con la precarización de la mano de obra y consecuentemente con una mayor vulnerabilidad en materia laboral.
Explicar los cambios ocurridos en la participación de las mujeres en el mercado laboral, requiere múltiples enfoques. En esta oportunidad, se analizaron aquellas transformaciones ocurridas en el ámbito personal y social, que repercutieron significativamente en la oferta de fuerza de trabajo en América Latina. Lo interesante que ha ocurrido en la región, quizás tenga que ver con el hecho de que no se siguieron siempre los caminos transitados por los países desarrollados para alcanzar los niveles de participación que tienen hoy las mujeres. A nuestra región parece determinarla todavía la temprana consolidación del núcleo familiar, aunque haya logrado reducir significativamente el número de hijos por mujer. La educación ha sido un logro, en términos de acumulación de años de estudio, aunque dista mucho de ser lo esperable en materia de desarrollo. El proceso de urbanización es casi un fenómeno mundial, aunque muchos de los países de América Latina todavía mantengan una importante ruralidad en su estructura social y económica. Y en materia de derechos, hay todo un capítulo por explorar que tiene que ver con un desigual resultado en materia de concreción efectiva de oportunidades, aunque se garanticen las mismas en el plano de lo jurídico.

Tratando de dar un enfoque distinto, una próxima entrega en este blog presentará un análisis desde la demanda de mano de obra femenina, vinculado a los cambios en la estructura productiva que ha tenido América Latina durante el siglo XX.

 

Referencias:
De Moor, T. and J. L. Van Zanden (2010). “Girl power: the European marriage pattern and labour markets in the North Sea region in the late medieval and early modern period1.” The Economic History Review 63(1): 1-33.
García, B. and O. de Oliveira (1988). “Participación económica femenina y fecundidad: aspectos teóricos y metodológicos en.” Memoria de La Reunión sobre avances y perspectivas de la investigación social en planificación familiar en México.
Jelin, E. (1978). La mujer y el mercado de trabajo urbano, Centro de estudios de estado y sociedad.
Maubrigades, S. (2017.). Las mujeres en el mercado de trabajo en América Latina durante el siglo XX : un análisis comparado de la tasa de actividad, sus factores explicativos y su impacto en la brecha salarial. Tesis de doctorado. Universidad de la República (Uruguay). Facultad de Ciencias Sociales.
Rama, G. W. (1984). Evolución social de América Latina (1950-1980): transición y cambio estructrual; primera parte. Seminario sobre Alternativas de Desarrollo de América Latina. CEPAL. Santiago de Chile, CEPAL: 81 p: tbls., diagrs.
Van Zanden, J. L. (2011). In Good Company: About Agendcy and Economic Development in Global Perspective. Stellenbosch Economic Working Papers. Stellenbosch. 23/11

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¿Que sigue después de Brexit? Una visión histórica.

Juan H. Flores Zendejas [1]

Ginebra, 4 de julio de 2016.

Las reacciones miméticas no son nuevas, sino más bien recurrentes, sobretodo en coyunturas económicas adversas. La propagación de nuevos regímenes económicos o políticos puede tener consecuencias positivas, cierto, pero también pueden conllevar consecuencias nefastas. Recordemos, ya que tratamos con Gran Bretaña, el episodio de la crisis de 1931, poco después del crac bursátil de 1929.

El resultado del referéndum en Gran Bretaña nos deja a la puerta de una nueva era de incertidumbre que rebasa las fronteras de la Unión Europea. Existe un temor natural por adentrarnos por un terreno desconocido, y ahora, más que nunca, la acción que esperamos de los líderes políticos es que sea proactiva, que obedezca a una dirección clara sobre el rumbo de la Unión y sobretodo, eficiente ante los efectos directos e indirectos de la nueva coyuntura. Brexit puede ser el inicio de una Unión Europea distinta, democrática e inclusiva, pero también puede convertirse en el primer paso hacia la desintegración económica, social, y política, ya no sólo del continente, sino también global. Esto sitúa a los líderes europeos en una disyuntiva. Por un lado, evitar una desintegración absoluta con Gran Bretaña implica mantener un máximo de acuerdos políticos y económicos, la solución “suiza”. Por el otro lado, es necesario también diluir el mimetismo potencial que conlleva el resultado, evitando así el riesgo de una ruptura mayor de la unión, la solución “macarra”.

La prisa que muestran los políticos del continente contrasta con la calma que muestran sus contrapartes en la isla. Ambas actitudes eran previsibles. Del lado británico, no solamente habrá que resolver las disputas políticas internas precipitadas por el resultado. Se trata ahora de trazar un plan, en el cual la posibilidad de un Regrexit no queda del todo descartada. Pero tampoco se puede subestimar la complejidad del lado europeo (ahora más que nunca se puede utilizar este término). De alguna medida, Gran Bretaña y el resto de la unión tendrán que encontrar un nuevo equilibrio mutuamente benéfico (o al menos, no tan feo). Lo contrario sería sumamente costoso para ambas partes. Pero a medida que transcurra el tiempo, y en cuanto se corrobore la falacia sobre el escenario apocalíptico promovido por la campaña de la permanencia (a todas luces, nefasta), también aumentará la posibilidad de que otros referéndums sean celebrados en otros países, tal como promueven ya no únicamente los partidos euroescépticos y los de extrema derecha. La necesidad o el deseo de convocarlos comienzan a tener eco en todo el espectro político de otros países de la unión.

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Estas reacciones miméticas no son nuevas, sino más bien recurrentes, sobretodo en coyunturas económicas adversas. La propagación de nuevos regímenes económicos o políticos puede tener consecuencias positivas, cierto, pero también pueden conllevar consecuencias nefastas. Recordemos, ya que tratamos con Gran Bretaña, el episodio de la crisis de 1931, poco después del crac bursátil de 1929. Europa se encontraba en una profunda crisis económica, con elevadas tasas de paro, pobre crecimiento económico y pocas perspectivas de mejoría. El núcleo de aquel sistema económico era precisamente Gran Bretaña, cuya bandera era la ortodoxia en la política económica y la estabilidad monetaria, materializada en la adhesión al patrón oro. La crisis económica que se gestó en Europa central terminó por afectar intensamente al sistema bancario británico. El pánico desatado entre los ahorradores ingleses ansiosos por retirar su dinero sólo se detuvo con la decisión del Banco de Inglaterra de facilitar liquidez al sistema. Pero esta decisión tuvo un alto costo: el Banco de Inglaterra se quedó sin las reservas necesarias para garantizar la convertibilidad de su moneda. Inglaterra terminó abandonando el patrón oro el 21 de septiembre de 1931.

En 48 horas, la libra esterlina llegó a perder  17% de su valor; un mes después fue casi 19% (hoy en día se estima dicha depreciación en algo parecido al 20%, aunque mucho dependerá de la acción de los bancos centrales, mucho más proactiva que en ese entonces). La mayor parte de las bolsas europeas cerraron sus puertas varios días (y otras fuera de Europa, como la de Tokio). La volatilidad acompañó a los mercados financieros durante varios meses, pero los efectos de mediano plazo fueron otros. Para Gran Bretaña, la salida del régimen monetario dio un respiro a la política monetaria y un empuje a las exportaciones, facilitando la recuperación económica. Para sus socios comerciales, la historia fue distinta. Por un lado, Gran Bretaña mostró que la posibilidad de abandonar el patrón oro, por muy catastrófica que pareciera, era factible e incluso deseable. Durante toda la década, un país tras otro imitó lo hecho por ese país. Para muchos historiadores, el abandono del patrón oro se considera uno de los factores que permitieron, en cierta medida, la recuperación en las tasas de crecimiento en los años 1930s. Por el contrario, este sistema monetario había sido un régimen implacable y recesivo durante los 1920s. Pero 1931 también marco el inicio de la política de sálvese quien pueda. Llegó un periodo de devaluaciones competitivas, controles de capitales y el fortalecimiento del proteccionismo a nivel mundial (con la válvula de escape siendo los acuerdos de clearing). Esta desintegración económica también tuvo su reflejo sobre la libertad migratoria, con la introducción de trabas al movimiento de personas en países tradicionalmente abiertos a la inmigración, como Estados Unidos, Australia, Argentina o Brasil. La consiguiente caída del comercio y del flujo internacional de capitales dio como consecuencia la caída generalizada de la actividad económica mundial, y es imposible disociarla de la llegada de gobiernos autoritarios en distintas partes del mundo.

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No debemos llevar demasiado lejos los paralelismos históricos. El patrón oro era un régimen muy poco democrático, y lo bancos centrales tenían como prioridad absoluta mantener las reglas del juego, aunque las consecuencias sobre la actividad económica fueran nefastas. Desde entonces, muchos bancos centrales han cambiado de idea y hoy en día no son ajenos al vaivén de los ciclos económicos. Por otro lado, el periodo posterior a la segunda guerra mundial nos muestra que los gobiernos aprenden de sus errores. El diseño institucional que siguió a nivel doméstico e internacional tuvo como fin el compromiso de muchos países en el mundo hacia la cooperación, el comercio y la integración económica. El régimen monetario ofreció, a comparación con el que se mantuvo durante los periodos anteriores, una flexibilidad nueva.  Siguieron casi tres décadas de crecimiento económico sostenido y consolidación del estado de bienestar. Pero la historia nos deja un mensaje muy claro: no podemos subestimar el descontento social de un sistema económico disfuncional. La crisis sólo ha agravado tendencias de un pasado lejano, pero es evidente las fragilidades expuestas siguen sin ser reparadas y las consecuencias son cada vez más preocupantes.

Por muy irracional que nos parezca, el voto de los ciudadanos británicos tiene causas palpables, relacionadas con una percepción negativa del proyecto europeo. Habrá aún ríos de tinta que nos brindarán razones más o menos plausibles del resultado. Para efectos inmediatos, hagamos una interpretación. El referéndum puede ser una de las últimas advertencias sobre la necesidad de un cambio. No, la política económica no funciona y la estructura decisional tampoco. Hagamos un balance rápido. La política monetaria no fue muy reactiva en los primeros años de la crisis, aunque esto comenzó a cambiar casi por obligación y a pesar de la reticencia de varios gobiernos. Ni qué decir de la política fiscal y de las políticas de austeridad impuestas sobre los países de Europa del Sur, cuyo resultado es el que vemos en las calles de Grecia, España o Italia. Finalmente, tampoco ha quedado clara la división del peso de la crisis: en España como en otros países, hay una desigualdad creciente entre los distintos estratos de la sociedad; en muchos países, los beneficios de los bancos ya superan los niveles previos a la crisis, y hay sectores en los que el poder de mercado de las principales empresas es tal que los beneficios extraordinarios solo contribuyen a aumentar el malestar social.

Evitemos pues la desintegración económica, y optemos por la opción “suiza”. Pero ésta sólo puede ser factible cuando la mano visible actúe desde un lado solidario.

[1] Profesor Investigador de Historia Económica y director del Instituto Paul Bairoch de Historia Económica de la Universidad de Ginebra.

Preferencias e historia económica

Xavier Duran (Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia), 22 de abril de 2014.

El festival iberoamericano de teatro de Bogotá se realiza cada dos años, en la semana de pasión, y ofrece teatro de inmejorable calidad a los Bogotanos y visitantes. Es realmente “a world class event”. Cuando pasen por Bogotá, traten que sea en esta época, es la mejor Bogotá que se puede disfrutar.

Les voy a contar sobre una obra de teatro. No voy a hacer las veces de crítico de teatro, ni mucho menos. Pero si les quiero contar sobre una obra que me pareció muy divertida, y me recordó discusiones y reflexiones sobre el tema del blog de hoy.

El domingo fui a la obra del escritor-director-actor libanes-canadiense Wajdi Mouawad, “Solos”. La primera parte, un monologo sobre lo difícil que es ser estudiante doctoral – recomendadisima! Imagínense, en una escena el supervisor llama al protagonista, que es un estudiante doctoral de sociología, y le cuenta que un profesor del departamento acaba de morir y que esa es la vacante para él. También le indica que debe sustentar el doctorado seis meses antes de lo planeado para poder aplicar a esta vacante. El protagonista se mueve entre la ilusión del nuevo reto y el fin del doctorado, el miedo de enfrentar al comité sin aun tener claras las conclusiones de su tesis, el sueño de hacer la obra maestra de la sociología del imaginario, para lo cual necesitaría más tiempo, y el pudor de aplicar al proceso de selección para una posición que acaba de quedar libre porque su titular acaba de morir y el conocía! La representación es divertidísima! Después, el personaje de la obra, tras un accidente, entra en coma, el actor continua el monologo, y logra una representación impactante … pero no les voy a dañar más la obra.

La obra de teatro, como se imaginaran, la goce y sentí mucho, y la recomiendo.

Pero la obra también me hizo pensar sobre la vida y la muerte. Y, sobre la expectativa de vida! Y al llegar a la expectativa de vida, me recordó charlas, discusiones y reflexiones que he tenido sobre las preferencias en perspectiva histórica.

Dos reflexiones.

Primera, en la Colombia del sagrado corazón de Jesus, como dicen los locutores de noticias en semana santa, hemos tenido un muy triste laboratorio social que permite observar como diferentes grupos sociales enfrentan diferentes expectativas de vida. El caso más extremo son los sicarios, los asesinos a sueldo de los carteles de droga. Un sicario, por la naturaleza de su actividad, está perfectamente consciente que tiene pocas probabilidades de vivir más allá de los 20 años, y habla de “estoy viviendo tiempo extra”, tras cumplir los 20 años. En este contexto, es entendible que se genere una desconexión entre el consumo hoy, el ahorro, y el consumo mañana. Se prefiere consumir hoy. En otros grupos sociales en Colombia la expectativa de vida se triplica, y se generan comportamientos que parecen evidenciar cambios en la relación entre consumo hoy, ahorro y consumo mañana. Se consume hoy, pero también se ahorra hoy para consumir mañana.

La muerte no solo nos enfrenta a emociones, sino que los historiadores económicos hemos señalado está relacionada con grandes cambios económicos. Los cambios en la tasa de mortalidad y la transición demográfica están relacionados con cambios en los patrones de inversión entre “quantity and quality of children” y futuro crecimiento de los países.
Sin embargo, un ángulo que no hemos explorado es que a medida que aumenta la expectativa puede cambiar la tasa de descuento, la relación entre consumo hoy y consumo mañana. Sera posible que a medida que aumenta la expectativa de vida disminuya la tasa de descuento? Si esto fuera así, qué tipo de decisiones afectaría este cambio? El efecto de alargamiento de expectativa de vida sobre la tasa de descuento (si existe), nos induce a ahorrar más y, así, la economía crece más rápido?

Aunque no es trivial, creo que si alguien tiene una base de datos panel que incluye personas de varias generaciones y sus decisiones de ahorro, y podemos calcular su expectativa de vida al nacer, tal vez podríamos determinar si los cambios en expectativa de vida están asociados o causan cambios en las decisiones de ahorro, que, si se controla por otros factores, permite inferir cambios en la tasa de descuento. Una alternativa puede ser un cross-section de ahorradores de diferentes grupos sociales que enfrentan diferentes expectativas de vida. La ventaja de este approach es que se pueden realizar experimentos para que los participantes, con diferentes expectativas de vida, revelen su tasa de descuento y así hacer explicita la relación entre expectativa de vida-tasa de descuento-ahorro. Alguien sabe si esto ya se estudió? Si no, alguien tiene datos y se anima? Puede ser divertido.

Segunda, ya pensando en las preferencias en perspectiva histórica, es posible que las preferencias no hayan cambiado en siglos. Una de las discusiones menos productivas que a veces tenemos los historiadores económicos con los historiadores es sobre la especificidad del comportamiento humano respecto al lugar y el periodo en cuestión. Mientras los historiadores piensan que esta especificidad es alta, que las preferencias, las emociones, los objetivos de las personas son diferentes entre periodos y lugares, los historiadores económicos, en particular los más cuantitativos, piensan que esto es una explicación a considerar solo después que un determinado comportamiento no se puede explicar con mecanismos más convencionales y mejor estudiados, como por ejemplo reacciones a cambios de precios. En general trato de no tener estas discusiones porque es difícil saber cómo uno puede saber quién tiene razón y en qué.

Pero creo que ahora tenemos una idea que tal vez permita avanzar nuestro conocimiento sobre estos asuntos.

Un trabajo muy interesante cayó en mis manos hace varios meses. Giusti, Noussair y Voth (2013) prepararon un experimento en laboratorio para presentarle a varios grupos de estudiantes actuales el contexto institucional del mercado financiero durante el South Sea Bubble de manera controlada. Luego los estudiantes jugaron el experimento. Así es posible examinar sí al presentar el contexto institucional es posible generar en estudiantes actuales comportamientos que recrean la famosa burbuja de los 1720s. Y si esto es así, es posible también examinar cuál de las características institucionales tiene el mayor efecto. Los resultados indican que en algunos casos, los comportamientos de los estudiantes generan burbujas de tamaño comparable a la South Sea Bubble y la característica institucional clave fue el debt-equity swap. Sea que esto indica que el comportamiento humano no es tan especifico como podríamos creer?

CIEN AÑOS DE LA RESERVA FEDERAL: un comentario sobre el libro “Return to Jekyll Island”

Carlos Marichal (El Colegio de México), 13 de abril de 2014.

Valdría la pena recordar que en el 2014 se conmemora el centenario de la Reserva Federal, y que por tanto, resulta de gran interés analizar las obras históricas que explican de donde viene esta poderosa institución y por qué. Es cierto que la ley que autorizó el establecimiento del banco central de los Estados Unidos fue ratificada en 1913, pero en la práctica la Reserva Federal no empezó a ser operativa hasta un año después. Por otra parte, es importante llamar la atención sobre el hecho de que el plan de la Reserva Federal fue elaborado en una reunión singular y muy secreta celebrada a finales de 1910 en la Isla Jekyll . Fue allí donde un pequeño grupo de políticos de Washington y los banqueros de Nueva York elaboró ​​la arquitectura provisional del futuro Banco Central. Las seis personas involucradas eran Nelson Aldrich, el senador republicano de Rhode Island, su secretario Arthur Shelton, A Piatt Andrew, un funcionario del Tesoro y tres banqueros, Henry Davison (Morgan), Frank Vanderlip (National City) y Paul Warburg. Bajo pretexto de una semana inocente supuestamente dedicado a la caza de patos, estos seis hombres formularon allí las directrices fundamentales para el futuro establecimiento de la Reserva Federal.

Para conmemorar este evento Michael D. Bordo , de la Universidad de Rutgers y William Roberds de la Reserva Federal de Atlanta convocaron a un grupo de distinguidos historiadores económicos para presentar ponencias en un coloquio en el viejo y ya clásico hotel en Jekyll Island en noviembre de 2010. Los resultados han sido publicados en el libro editado por Bordo y Roberds, titulado Los orígenes, la historia y el futuro de la Reserva Federal , y publicado por Cambridge University Press en 2013.[i] Especialmente notable es el hecho de que los convocantes lograron que varios gobernadores de la Reserva Federal participaran en la reunión, entre ellos Ben Bernanke, Alan Greenspan y Paul Volker, aunque este último lo hizo por skype. Además, también estuvieron presentes Gerald Corrigan, ex jefe de la Fed de Nueva York , así como siete presidentes de los bancos regionales de la Reserva Federal. Los participantes se sintieron atraídos no solo por la posibilidad de intercambio social e intelectual, sino también por la posibilidad de comparar las crisis financieras, entonces y ahora.

Todo esto nos lleva de nuevo a una cuestión histórica esencial relacionada con los orígenes de la Reserva Federal. Hay un consenso de que el resultado más importante de la crisis de 1907 fue la demostración de que Estados Unidos necesitaba establecer un banco central para poder hacer frente a futuras turbulencias financieras y crisis bancarias. En Europa, en ese momento, ya había varios bancos centrales que actuaban como tales y que habían demostrado cierta eficacia en la gestión de la política monetaria y haciendo frente a los pánicos bancarios. Pero en América no existían tales instituciones, ni en Canadá ni los Estados Unidos ni en el conjunto de América Latina.

Esta situación plantea cuestiones importantes para la comprensión de las finanzas en el primer período de la globalización. En primer lugar : ¿por qué no había bancos centrales en América antes de 1914 ? Es el caso de que en algunos países de América Latina un gran banco nacional (a veces privado, a veces público) realizó algunas de las funciones de un banco central, pero ciertamente no todas . Lo que más sorprende es que no había ningún banco central en los Estados Unidos y que, de hecho, tenía un sistema bancario que era a la vez enorme y dinámico, pero también el más fragmentado e inestable en el mundo. Sin duda, ello ha contribuido a los muchos pánicos bancarios (1873, 1884, 1893 y 1907) en este período del capitalismo clásico. Pero también se basó en la idea de ” laissez – faire” consistente con la idea de una intervención gubernamental limitada y escasa regulación de los bancos. Esto está directamente relacionado con dos dogmas comunes para el período.

En primer lugar antes de 1914, la teoría liberal de las finanzas públicas en general no animaba a los gobiernos a actuar de manera contra- cíclica en situaciones económicas difíciles, aunque esto no fue necesariamente el caso en tiempos de guerra. Dadas las restricciones fiscales, los gobiernos a menudo reducían el gasto público en situaciones de crisis financiera. En segundo lugar, la teoría más avanzada de los bancos centrales – la del Banco de Inglaterra – sostuvo la opinión de que debería limitarse a descontar liberalmente las cartas de crédito de la banca privada en tiempos de crisis para limitar el impacto de las restricciones crediticias en los mercados. Pero tal acción no contemplaba un aumento de la oferta monetaria, dadas las restricciones impuestas por el patrón oro. Por el contrario, a menudo en momentos de crisis, la fuga de oro podría causar una reducción en la circulación monetaria y esto se considera inevitable y necesario para la recuperación posterior.

Sin embargo, como se puede ver en la revisión histórica de las diversas crisis en este período de globalización temprana, en determinadas ocasiones hubo intervenciones del banco central y del Tesoro. Mientras que éstas, en general, se limitaron a las situaciones de crisis financieras, como se ha discutido, las intervenciones fueron eficaces. Nos referimos no sólo a la mayor liberalidad de crédito, sino a las muchas oportunidades por el cual algunos gobiernos de finales del siglo XIX y la primera década del siglo XX (por ejemplo, los Estados Unidos e Italia ) depositan los certificados de sus respectivos bonos del Tesoro en las cuentas de los bancos comerciales para estabilizar los mercados bancarios. También es importante recordar los casos en que hubo intervenciones coordinadas de los bancos centrales para estabilizar los mercados financieros , como en el caso del episodio de Barings en ​​1890.

Sin embargo, existen limitaciones en cuanto a este tipo de intervenciones impuestas principalmente por la fidelidad al patrón oro. En los países económicamente más avanzados, en Europa occidental y los Estados Unidos, los ministros de finanzas y directores de bancos centrales confiaron en el oro como un mecanismo de ajuste automático y estable dando a entender que era factible esperar las varias etapas sucesivas de la crisis para que se solucionara. Una recesión no solo tendía a producir la fuga de oro del país, sino también una caída en la capacidad de compra de importaciones, lo que eventualmente produciría una mejora en la balanza comercial. Así también, la caída en el precio de los productos nacionales fortalecería las exportaciones y esto ayudará a producir un superávit comercial y por lo tanto, como resultado, nuevas entradas externas de oro. Una vez que la última tendencia cobrara fuerza, los bancos podrían aumentar la oferta monetaria y expandir el crédito lo que contribuiría a la recuperación económica general.

No obstante, las crisis bancarias y financieras repetidas de los Estados Unidos en particular, causaron una creciente preocupación por el impacto en los sistemas nacionales de banca y también su efecto sobre el sistema monetario internacional. Lo que está claro a partir de una revisión del pánico d 1907 es que las autoridades políticas en Washington DC comenzaron rápidamente una revisión y reforma del complicado sistema bancario de los Estados Unidos. El reto era inmenso. No sólo era la estructura bancaria más amplia (y más atomizada) en el mundo – con el impresionante número de 18 000 bancos diferentes en 1914 – sino que además no había ninguna entidad bancaria del gobierno. El creciente número de problemas que afectaron a este sistema altamente descentralizado generó más y más demandas de una mayor regulación, supervisión y control sobre la política monetaria y los bancos. Como resultado , el Congreso de EE.UU. autorizó una comisión, integrada por especialistas, para evaluar cómo proceder para establecer una nueva legislación bancaria y mejorar la regulación del sistema financiero. Sin embargo, los informes detallados sobre los sistemas bancarios del mundo contratados por la Comisión Nacional Monetaria y publicada entre 1908 y 1912, no establecieron las bases para la creación de la Reserva Federal. De hecho, fue el plan que se forjó en Jekyll Island en 1910 y los igualmente importantes debates del Congreso en 1912 los que sentaron las bases de la ley aprobada en 1913. Paradójicamente, en el mismo momento en el que el Comité de Dirección se estaba organizando, una grave crisis monetaria y financiera estalló tras la noticia del estallido de la Gran Guerra en Europa en agosto de 1914. Pero el nuevo banco central sobrevivió y propició que los Estados Unidos se mantuvieran en el patrón oro a pesar cataclismo global.[ii]

En la citada obra editada por Bordo y Roberds, hay siete ensayos escritos por historiadores financieros distinguidos. Vale la pena leer estos capítulos, ya que son realmente contribuciones punteras respecto a la literatura existente. Por ejemplo, el ensayo de Eugene White sobre la supervisión bancaria antes de 1914 muestra cómo el sistema bancario estadounidense, que era regulado ligeramente, en realidad funcionaba relativamente bien a pesar de los pánicos bancarios frecuentes. Por otro lado, como Bordo y David Wheelock demuestran en su estudio de la Reserva Federal entre 1914 y 1933, las consideraciones normativas y normas no resultan ser de mucha utilidad para evitar el mayor desastre financiero del siglo XX, la crisis de 1929 y la posterior Gran Depresión. El ensayo de Marc Flandreau y Stefano Ugolini hace un nuevo estudio detallado del pánico Overend Gurney – de 1866, y demuestra que las principales lecciones fueron aprendidas por el Banco de Inglaterra, ya que el sistema bancario británico no sufrió nuevos pánicos para casi un siglo, es decir, hasta la década de 1970 .

La cuestión sigue abierta si las nuevas medidas adoptadas después de 2008 para volver a regular los bancos y los mercados financieros en muchos países alrededor del mundo tendrán un éxito similar . ¿Qué pasará después de la creación del nuevo y gran organismo de supervisión financiera europea en Frankfurt el próximo año? ¿Cómo hará frente la Reserva Federal a nuevos auges y burbujas de activos en el futuro? Todos estos son temas debatidos hoy y que valdría la pena seguir, pero una mirada retrospectiva a la historia también puede ofrecer mucho material para reflexionar aunque también un considerable escepticismo sano sobre la capacidad de evitar las crisis financieras.

[i] Michael D. Bordo and William Roberds, eds., The Origins, History and Future of the Federal Reserve, A Return to Jekyll Island, Cambridge University Press in 2013.

[ii] William L. Silber,When Washington Shut Down Wall Street: The Great Financial Crisis of 1914 and the Origin’s of America’s Monetary Supremacy, Princeton, Princeton University Press, 2007.

 

La relevancia del enfoque local y regional en la historia económica: ¿hacia una contabilidad de los PIBs regionales en América Latina?

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 20 de junio de 2013

¿Es posible estudiar la historia económica de países tan vastos como Argentina y Brasil o tan variados como Chile y Bolivia sin consideración de las diferentes realidades locales? ¿Hasta qué punto rinde, analíticamente hablando, estudiar la historia económica de Uruguay sin integrarla a la de la pampa húmeda argentina y a la de Río Grande do Sul de Brasil? ¿Cuánto de la historia económica del norte de México toma sentido si se recurre a enfoques de carácter regional antes que nacional?

En mi última entrada al Blog (“Sostenibilidad del desarrollo: hacia una contabilidad histórica del ahorro genuino”) argumentaba sobre la conveniencia de realizar renovados esfuerzos de medición de la actividad económica y sus determinantes para dotar de renovados (y a veces novedosos) enfoques en la interpretación del desarrollo histórico latinoamericano.

Las teorías modernas del crecimiento han dedicado especial atención a la búsqueda de los determinantes del crecimiento económico mediante modelos agregados que tienen al ingreso per cápita “de equilibrio” como concepto central. Desde el fundamentalismo del capital à la Harrod-Domar (Harrod, 1939; Domar, 1946) hasta el modelo neoclásico (hoy) estándar à la Solow (Solow, 1956; Swan, 1956) y los importantísimos progresos acaecidos desde los 1980s con las teorías del crecimiento endógeno –donde aparecen el cambio técnico y el capital humano con absoluta relevancia–, dicha característica se ha mantenido, dotando al análisis de ciertas relaciones causales en exceso “lineales” o estilizadas.

Probablemente, dos de las ramas de la literatura que más han avanzado en levantar esa debilidad sean los enfoques de corte evolucionista y neo-schumpeteriano de la innovación (Freeman, 1987; Lundvall, 1992; Nelson, 1993) y del desarrollo local y regional (Pike et al., 2006), pues ambas dan una adecuada importancia al contexto socio-económico y a las características institucionales que moldean el desarrollo como proceso multidimensional.

Como bien se plantea en Ascani et al. (2012), con el fenómeno de la globalización que dominó progresivamente a la economía mundial desde el último tercio del siglo XX, muchos autores han argumentado sobre la existencia de un “flat world” (Friedman, 2005), el “end of geography” (O’Brien, 1992) y la “death of distance” (Cairncross, 1997). La globalización, como proceso omnipresente, habría erosionado las diferencias entre lugares a través del alcance internacional (e imparable) de sus efectos económicos, tecnológicos y socioculturales. Esta conceptualización contrasta con una creciente literatura teórica y empírica en el campo de la economía institucional, evolucionista y geografía económica, en la cual la preeminencia de los procesos regionales y el rol de los actores locales juegan como factores determinantes en la conformación de trayectorias de desarrollo.

La idea de un “regional world” (Storper, 1997) asociada con la identificación de fuerzas espacialmente delimitadas por factores locales y los efectos de aglomeración (Marshall, 1890) al interior de los países, sugieren que el desarrollo económico comporta patrones de concentración espacial y spillover específicos, y que la distancia y la geografía siguen siendo relevantes aún en un “mundo globalizado” como el actual. La adopción de conocimiento, como proceso acumulativo y de path-dependence, conforma una distribución espacial del bienestar que está muy lejos de ser lineal y que, muchas veces, suele responder a factores distintos a los puramente macroeconómicos, situándose en niveles mesoeconómicos o de unidades desagregadas.

Ninguno de estos factores y determinantes son ajenos al campo de la historia económica –así como sus profesionales no creemos que el último período de globalización haya sido el primero ni el más intenso (O’Rourke & Williamson, 2006; Obstfeld & Taylor, 2006)– y, por el contrario, el reconocimiento de realidades locales constituye materia común en nuestras investigaciones. En cambio, lo que sí puede presentarse como campo nuevo es el interés de aproximarse cuantitativamente a esos diferenciales para dimensionarlos y proyectarlos a la comprensión de la performance global. Recientemente, varios han sido los esfuerzos por conformar series históricas de PIB regionales para países europeos como España (Martínez-Galarraga, 2012; Rosés, et. al, 2010), Suecia (Henning et al., 2010), Italia (Felice, 2009) o Portugal (Badía-Miró, et al., 2012), y ello ha contribuido muy favorablemente a la propia interpretación de procesos nacionales y de “border economics”.

Entonces, la pregunta que surge inmediatamente es la siguiente, ¿tiene sentido realizar estos esfuerzos de contabilización en las economías periféricas? ¿estamos en condiciones, en América Latina, de promover ese tipo de investigaciones? Quizás pueda ser pretencioso pretender avanzar por este camino cuando todavía varios países de la región no han completado sus cuentas nacionales históricas del lado de la producción (mientras que los cálculos complementarios del lado del gasto y del ingreso son aún muy iniciales). Sin embargo, muchas de esas disparidades de las que habla la teoría son materia clave para comprender la propia historia económica de nuestros países y el esfuerzo es mucho más que un mero capricho académico. ¿Es posible estudiar la historia económica de países tan vastos como Argentina y Brasil o tan variados como Chile y Bolivia sin estas consideraciones? ¿Hasta qué punto rinde, analíticamente hablando, estudiar la historia económica de Uruguay sin integrarla a la de la pampa húmeda argentina y a la de Río Grande do Sul de Brasil? ¿Cuánto de la historia económica del norte de México toma sentido si se recurre a enfoques de carácter regional antes que nacional?

Muchas veces, la identificación de verdaderos “territorios económicos” antes que jurisdicciones políticas nos ofrecería una renovada capacidad de análisis y, por lo tanto, contar con contabilidades de ese carácter significaría abrir nuevas oportunidades de explicación. Además, hasta cierto punto, no dejaríamos de reivindicar una vieja categoría cepalina que situaba a la “heterogeneidad estructural” en el centro del análisis. En trabajos como los de Anibal Pinto de 1965 y 1970 se utilizaba esa idea para referirse a la disparidad entre los niveles de productividad sectorial, con lo cual se daba cuenta de la coexistencia de un pequeño sector de productividad elevada con otro más amplio de menor dinamismo. En esta conceptualización, la dimensión territorial se incorpora naturalmente bajo la idea de que el crecimiento económico puede tender a ser conducido por el desempeño de un limitado número de economías locales dentro del estado-nación, así como trascender las fronteras políticas en la constitución de verdaderos territorios de producción y consumo.

En próximas entradas al Blog realizaremos una revisión de antecedentes latinoamericanos en la materia –fundamentalmente en el cálculo de niveles de bienestar históricos al interior de los países– y repasaremos las opciones metodológicas disponibles, reflexionando sobre aplicaciones concretas en los casos de América Latina.

ASCANI, Andrea, CRESCENZI, Riccardo, and LAMMARINO, Simona (2012): “Regional Economic Development: A Review”. Search Working Paper WP1/03, European Commision European Research Area, January.

BADIA- MIRO, Marc, GUILERA, Jordi and LAINS, Pedro (2012): “Reconstruction of the Regional GDP of Portugal, 1890 1980“. Working Papers in Economics 280, Universitat de Barcelona. Espai de Recerca en Economia.

CAIRNCROSS Francis (1997): The death of distance. Cambridge, MA: Harvard Business School Press.

DOMAR, Evsey (1946): “Capital Expansion, Rate of Growth, and Employment”. Econometrica 14 (2), April, 137-47.

FELICE, Emanuele (2009): “Estimating regional GDP in Italy (1871-2001): sources, methodology and results”. Working Papers in Economic History 09-07, Universidad Carlos III de Madrid, Madrid.

FREEMAN, Christopher (1992): “Formal scientific and technical institutions in the national system of innovation”. In Lundvall, B. (Ed.): National Systems of Innovation: Towards a Theory of Innovation and Interactive Learning. Pinter Publishers, London.

FRIEDMAN Thomas (2005): The world is flat: A brief history of Twenty-first Century. New York: Farrar, Straus, and Giroux.

HARROD Roy (1939): “An Essay in Dynamic Theory”. The Economic Journal
Vol. 49, No. 193, March, 14-33.

HENNING, Martin, ENFLO, Kerstin and ANDERSSON, Fredrik, (2010): “Trends and cycles in regional economic growth: how spatial differences formed the Swedish growth experience 1860-2009”. Working papers in Economic History 10-03, Universidad Carlos III de Madrid, Madrid.

LUNDVALL, Bengt-Åke (1992): “Introduction”. In Lundvall, B.A. (ed): National Systems of Innovation-Toward a Theory of Innovation and Innovative Learning. Pinter Publishers, 1-25.

MARSHALL, Alfred (1931[1890]): Principios de Economía, Biblioteca de Cultura Económica, Traducción de la octava edición inglesa, Barcelona.

MARTINEZ-GALARRAGA, Julio (2012): “The determinants of industrial location in Spain, 1856-1929”, Explorations in Economic History, 49, 255-275.

NELSON, Richard (Ed.) (1993): National Innovation Systems: A Comparative Analysis. Oxford University Press, New York.

O’BRIEN Richard (1992): Global financial integration: The end of geography. London: Royal Institute of International Affairs.

OBSTFELD, Maurice and TAYLOR, Alan (2006): Global Capital Markets. Integration, Crisis, and Growth. Series: Japan-US Center UFJ Bank Monographs on International Financial Markets, Cambridge Press.

O’ROURKE, Kevin, WILLIAMSON, Jeffrey (2006): Globalización e historia: la evolución de una economía atlántica del siglo XIX. Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza.

PIKE, Andy, RODRÍGUEZ-POSE, Andrés and TOMANEY, John (2006): Local and Regional Development. Routledge.

PINTO, Aníbal (1970): “Naturaleza e implicaciones de la ‘heterogeneidad estructural’ de la América Latina”. El trimestre económico, vol. 37(1), Nº 145, México, D.F., Fondo de Cultura Económica, enero-marzo.

PINTO, Aníbal (1965): “Concentración del progreso técnico y de sus frutos en el desarrollo de América Latina”, El trimestre económico, vol. 32(1), Nº 125, enero-marzo.

ROSÉS, Joan, MARTÍNEZ-GALARRAGA, Julio and TIRADO, Daniel (2010) “The upswing of regional income inequality in Spain (1860–1930)”, Explorations in Economic History, vol. 47(2), 244-57, April.

SOLOW, Robert (1956): “A Contribution to the Theory of Economic Growth”. Quarterly Journal of Economics, Vol. 70, N° 1, 65-94.

SWAN, Trevor (1956): “Economic Growth and Capital Accumulation”. Economic Record 32, Issue 2, November, 334-61.

STORPER Michael (1997): The regional world: territorial development in a global economy. New York: The Guilford Press.

Fascinación por revolución comercial

Xavier Duran (Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia), 5 de junio de 2013.

Necesito algunas técnicas de network analysis para un proyecto en el que trabajo, y me deje convencer de aplicar a una conferencia sobre network analysis. Y nos aceptaron el paper.

Lo de nuestro proyecto resulto muy productivo.

Lo más interesante, para mí, fue el lecture del keynote speaker, John Padgett, sociólogo de Harvard, estudiante de Harrison White, y ahora en el departamento de ciencia política de la Universidad de Chicago.

Padgett estudia el caso del desarrollo de los bancos mercantiles en Florencia, 950-1350, como consecuencia de la solicitud del Papa para administrar y financiar el presupuesto de la Iglesia católica en sus cruzadas contra el Emperador Romano. Este es uno de los temas favoritos de historiadores económicos y empresariales: la revolución comercial y creación de las primeras empresas.

La narrativa es más o menos así – perdonen las imprecisiones, este es mi mejor resumen después de solo escuchar el discurso de Padgett y leer por encima un capítulo de su libro:

Los grupos de mercaderes se forman para comerciar bienes de lujo en las ferias Champaign, basados principalmente en vínculos familiares para reducir las dificultades que el problema del principal-agente implica sobre el comercio de larga distancia. Los mercaderes florentinos participan en las ferias de Champaign, pero no son los más grandes mercaderes de estas ferias. El Papa enfrenta conflictos con el Emperador Romano y busca a mercaderes florentinos para que le ayuden a administrar y financiar las cruzadas contra el Emperador Romano. Los mercaderes enfrentan el reto de recolectar impuestos de tierras de la Iglesia esparcidas por buena parte de Europa y financiar las cruzadas en momentos precisos. Es decir tienen que transferir recursos entre locaciones fijas y distantes entre sí (comercio a larga distancia) y en tiempos distantes entre sí (deuda). Al pasar el tiempo, los mercaderes usan su aprendizaje al administrar las finanzas de guerra de la Iglesia para desarrollar una nueva forma de organización del comercio a larga distancia en la edad media. La nueva organización se constituye dentro del marco legal de un “partnership” y tiene i) vida que es independiente y más larga que la de sus socios originales a través de una razón social que es heredada y continuada por los hijos de los socios, ii) locales en diferentes lugares (y ya no necesita de agentes para realizar operaciones en estos locales), iii) mejoran la técnica del “single entry accounting” para llevar la contabilidad centralizada de operaciones en diferentes locales en diferentes lugares y iv) mejoran la técnica del “bill of exchange”. Asi, los florentinos reducen las dificultades del problema de agencia que implica el comercio de larga distancia y crean una nueva organización que nos lleva un paso más en la evolución hacia la firma moderna. La nueva forma organizacional le permite a los mercaderes crecer y posicionarse social y económicamente en Florencia, y se transforman de new-man families a patrician families. Asi, el proceso comienza de “company out of family” (familias que usan vínculos familiares para comerciar) y termina de “family out of company” (compañías que le dan status y poder económico a familias que inicialmente no lo tenían).

La explicación conceptual que Padgett propone para este proceso está basada en redes. Primero, redes familiares apoyan el desarrollo de redes mercantiles que facilitan el desarrollo de las ferias de Champaign. Luego una parte de estas redes mercantiles se incrusta al interior de la red de la Iglesia para administrar y financiar las cruzadas. La red de mercaderes luego se independiza de la Iglesia para realizar sus operaciones comerciales, usando lo aprendido sobre cómo organizar el comercio a larga distancia y los contactos producto de su trabajo al interior de la Iglesia.

Algunos trabajos de historiadores económicos complementan la historia que presenta Padgett. Los trabajos son sobre el norte de África, Génova y Venecia, pero creo que la comparación de trabajos es interesante.

La comparación de Avner Greif (1992, 1993, 1994) entre el norte de África y el norte de Italia muestra que tanto el norte de África como el norte de Italia usaban los lazos familiares, étnicos y religiosos como soporte de la organización del comercio – “company out of family” para Padgett. Al crecer el comercio, el norte de África no pudo adaptarse a los nuevos niveles de comercio, y siguió realizando comercio a un bajo nivel y basado en vínculos familiares, étnicos y religiosos. En el norte de Italia, en cambio, se desarrolló la comenda, un precursor de la corporación moderna. El norte de África no pudo acelerar su crecimiento como si lo hizo el norte de Italia.

El trabajo de Diego Puga y Daniel Trefler (2012) sobre Venecia durante la revolución comercial es también relevante. El crecimiento del comercio lleva a que mercaderes venecianos desarrollen innovaciones de diferente tipo (organizacionales, mercados profundos de deuda, banca de depósito, “double entry book keeping”, educación empresarial). Los mercaderes ganan poder económico y social y presionan para lograr limitaciones en el proceso de herencia del poder ejecutivo y el establecimiento de un parlamento. El crecimiento de Venecia se extendió y la movilidad social aumento. Luego, un grupo de ricos mercaderes cerró la participación política al hacer participación en el parlamento hereditaria.

Es fascinante para un científico social ver que el norte de África no pudo innovar, el intenso cambio tecnológico y organizacional a través de la commenda y otras formas, del doublé entry bookeeping, de los bill of exchange y la profundización del mercado de deuda, o que un mismo grupo social primero lucha y logra abrir el sistema político y luego lo cierra. Son cambios importantes y nunca había notado que tantos habían estado juntos durante la revolución comercial – confesión de mi ignorancia, supongo.