¿Cómo aplicar la minería de datos a la Historia Económica? Un ejemplo revelador

Silvana Maubrigades (Universidad de la República, Uruguay)

Malena Montano (Universidad de la República, Uruguay)

Elina Gómez (Universidad de la República, Uruguay)

RESUMEN. En esta nueva entrada al Blog, introducimos el uso de nuevos abordajes metodológicos para el análisis de discursos de forma masiva, a partir de fuentes textuales. Se presentan técnicas vinculadas a la minería de textos y clasificación con aprendizaje automático, con el fin de identificar discursos políticos que aborden la temática de género en el Parlamento uruguayo. Se presentan resultados obtenidos a partir de transcripciones de diarios de sesiones como fuentes de datos, aplicando en ellas algoritmos de clasificación, mediante la lógica entrenamiento/predicción.


Este ingreso al Blog cumple con el objetivo de presentar nuevas estrategias metodológicas para los estudios de largo plazo. Si bien ya no resulta novedoso en las ciencias sociales el uso de abordajes metodológicos para el análisis de discursos de forma masiva a partir de fuentes textuales, sigue siendo bastante escasa su aplicación en los estudios históricos.[1]

Debatiremos en estas líneas cómo utilizar herramientas de las ciencias sociales computacionales y humanidades digitales de creciente popularidad y que consideramos tienen un importante potencial en la investigación histórica. A modo de ejemplo, las utilizaremos para abordar en perspectiva histórica el estudio de la participación de las mujeres en el mercado de trabajo y los cambios ocurridos en las valoraciones sociales y políticas que dicha participación ha generado. Si bien en anteriores publicaciones dentro de este Blog, se han presentado datos cuantitativos sobre la evolución de las mujeres en el mundo del trabajo, para Uruguay y América Latina; y se ha analizado cómo repercuten las crisis económicas en los tipos de participación de varones y mujeres en el mercado laboral, el enfoque aquí presentado pretende introducir una mirada cualitativa a la manera en que piensa y expresa la sociedad sobre el papel que le cabe a las mujeres en la vida pública.

La génesis de este trabajo se ubica en una inquietud surgida a partir de analizar los cambios ocurridos en los espacios de negociación colectiva en el Uruguay[2], desde su surgimiento en la década de 1940 y hasta los años sesenta (Maubrigades, Fernández y Montano, 2021). Los resultados de dicho trabajo dan cuenta de escasos cambios en las desigualdades salariales entre varones y mujeres durante ese período, pese a que mejoran las condiciones salariales de los trabajadores en general. A la luz de estos aportes, despierta la inquietud sobre las diversas interpretaciones y debates que ha tenido la creación y puesta en práctica de un sistema de regulación salarial –como el contenido en la Ley de Consejos de Salarios, promulgada en 1943– en lo que refiere a las brechas salariales de género. Siguiendo los pasos de investigaciones precedentes (Plá, 1956), se estudiaron los debates parlamentarios que se suscitaron entre 1912 y 1947, específicamente vinculados a la discusión sobre las desigualdades salariales que caracterizaron al mercado laboral de la época y, en particular, las desigualdades por razones de género.

Entrenando al modelo

De acuerdo a la evidencia recolectada en las investigaciones precedentes, sabemos que las temáticas que involucran el debate sobre el rol de la mujer en la sociedad no están circunscritas a los temas vinculados al mercado de trabajo, sino que son variados los puntos de discusión. Un trabajo en curso, desarrollado por nuestra coautora, Elina Gómez, utilizó algunas técnicas de minería de texto y clasificación con aprendizaje automático (o machine learning) para el análisis masivo de datos cualitativos usando R, con el objetivo de testear su aplicación en el discurso político con perspectiva de género. Su objetivo fue “lograr un buen método de clasificación de texto que me permita distinguir entre las intervenciones parlamentarias en la Cámara de representantes (unidad mínima de análisis) que planteen y discutan la temática de género para luego analizar mediante variables anexas, qué representantes, partidos, sectores son los que instalan la discusión en dicha materia”.[3]

Utilizando el conocimiento previo en esta temática, se puede entrenar al modelo para identificar palabras o frases concretas, dentro de las intervenciones de los parlamentarios, que contengan referencias a los temas de género. Para el caso de las mujeres se utilizan referencias vinculadas al espacio de la familia, la maternidad, el rol de los cuidados en la sociedad, la educación de los niños/niñas y adolescentes, pero también las mejoras educativas que se dan en la población en su conjunto. Un tema que no es novedoso en la agenda de debates, aunque sí se ha vuelto muy recurrente en los últimos años, es el vinculado a la violencia y, en especial, a la violencia de género.

Figura 1. Nube de palabras en base a clasificación binaria de temas (género/no género) en corpus pre-clasificado (entrenamiento) enmarcado en las actas parlamentarias de la legislatura XLVIII (2015-2020).

Fuente: elaboración propia.

Del mismo modo, el modelo aplicado también permite distinguir aquellos temas en los que la identificación de género no es destacada o, incluso, detectar temas en los que desigualdades entre varones y mujeres no es mencionada en forma explícita, aun sabiendo de su existencia. De los temas en los que se pudo establecer la ausencia de una mirada de género en el debate parlamentario destacan aquellos vinculados a aspectos productivos y económicos y, también, relacionados a las agendas políticas de gobierno.

Sectores políticos, mujeres y varones

La técnica de recolección de información permite clasificar, en el debate en torno a las desigualdades de género, los sectores políticos que lideran la agenda de temas y también los grupos y/o fracciones que impulsan o frenan los cambios en esta temática.

Figura 2. Menciones a la temática de género en la última legislatura en Uruguay de acuerdo a los partidos políticos con representación parlamentaria (2015-2019)

Fuente: elaboración propia.

De acuerdo a los datos, resulta relevante considerar que el número de veces que apareció la temática de género en los debates parlamentarios estuvo vinculado al peso relativo de los partidos en las bancas legislativas. Pero, si bien el Frente Amplio es el partido que registró mayor cantidad de intervenciones referidas al género en términos absolutos, en términos relativos, quienes acumulan más intervenciones referidas al tema son diputadas del Partido Nacional y del Partido Colorado. Puede observarse que entre las 10 principales personas intervinientes sobre este tema, la gran mayoría son mujeres, lo que hace visible que son éstas quienes suelen poner en agenda el tema género con mayor énfasis, reafirmando la necesidad de paridad y participación equilibrada en la representación parlamentaria.

Figura 3. Parlamentarios/as que más veces menciona la temática de género en sus intervenciones (2015-2019)

Fuente: elaboración propia.

Tal como se desprende de los datos, es muy interesante acompañar el debate de estos temas con el estudio de la participación de varones y mujeres en la discusión; comprobar el peso relativo que tienen los perfiles ideológicos diferentes expresados en el poder legislativo; así como corroborar que algunas temáticas, como las vinculadas a derechos en su sentido más amplio, atraviesan las distintas orientaciones políticas y se identifican más con intereses de determinados grupos sociales, como por ejemplo las mujeres dentro de la política. Sabiendo que las mujeres tienen una presencia minoritaria en el parlamento, resulta interesante comprobar que las menciones al tema de género realizadas por mujeres son mayores respecto a las intervenciones realizadas por los varones, controlado esto por el peso relativo de ambos sexos en el total de intervenciones

Figura 4. Peso relativo de las menciones realizadas por mujeres y varones en el parlamento (2015-2019)

Fuente: elaboración propia.

La agenda de investigación y primeros resultados

Nuestra agenda de investigación tiene, como horizonte de corto plazo, la identificación de los temas que han sido parte de la agenda parlamentaria en cuanto a las desigualdades de género en los últimos 30 años en Uruguay y, en particular, el peso relativo que se le ha dado a este enfoque de derechos en el mercado laboral. Con ello, pretendemos aportar a la evaluación del impacto de las políticas públicas desarrolladas en materia de equidad y los cambios ocurridos en las valoraciones sociales expresadas en los discursos políticos.

Desde el punto de vista metodológico, estamos construyendo una base de datos utilizando como fuente las transcripciones textuales de los diarios de sesiones entre 1985 y 2019[4], a partir de técnicas de reconocimiento óptico de caracteres (OCR), considerando como unidad mínima de análisis las intervenciones parlamentarias y conformando un corpus ordenado que permite la identificación de variables de agregación como son el sexo y la etiqueta partidaria de los/as legisladores/as. Luego, se han ensayado modelos de aprendizaje automático (o machine learning)[5] orientados a la clasificación de texto, entrenados a partir de matrices de términos de intervenciones pre-clasificadas que distinguen entre aquellas que tratan la temática de género u otras temáticas de diferente naturaleza. En consecuencia, el modelo permite predecir y clasificar en un corpus más amplio y no clasificado, las menciones que se corresponden con la temática de género, así como profundizar el análisis indagando sobre la “intensidad” de la aparición del tema en la agenda parlamentaria en relación a momentos históricos, a partir de qué actores, partidos políticos y vinculados a qué temas aparecen.

Como horizonte de largo plazo, pretendemos utilizar esta metodología para estudiar el siglo XX y la evolución discursiva de la temática de género en la vida parlamentaria. Pretendemos hacer foco en las preocupaciones que trazaron el debate en torno a los cambios en el mercado laboral y su impacto en las desigualdades por razón de género. Si bien es apresurado aventurar hipótesis sobre los resultados en materia de discursos políticos sobre el rol de la mujer, sí sabemos que históricamente los debates en torno al género en el parlamento han estado fuertemente liderados por la presencia de mujeres en las bancas legislativas, las que parecen traen consigo “la responsabilidad manifiesta” de poner el tema en agenda. Ya desde principios del siglo XX Paulina Luisi, relevante figura de la militancia por los derechos de las mujeres, menciona que en el Parlamento “falta el punto de vista femenino, falta el sentir femenino, en una palabra, falta en la preparación de nuestras leyes la colaboración de la mujer” (Cuadro, 2016). Y por lo tanto, resulta preocupante que en nuestro presente sigan teniendo una mínima presencia las mujeres en las bancas de nuestro parlamento, lo que alerta sobre la dificultad de construir una agenda con equidad de género.


[1] Algunos ejemplos en esta línea podemos encontrarlos en los trabajos de Martin Saavedra yTate Twinam (2020); Shen, Zejiang, Ruochen Zhang, Melissa Dell, Benjamin Lee, Jacob Carlson y Weining Li; y Jospeh Price y co-autores (2021).

[2] La Ley de Consejos de Salarios (1943) instaura en Uruguay la negociación tripartita centralizada con participación de sindicatos, empresariado y Estado en el marco del proceso de industrialización dirigida por el Estado (1930-1950) y con un crecimiento masivo de la clase obrera urbana. Sin embargo, la llegada de la crisis económica a mediados de la década de 1950 y su prolongación durante los siguientes 15 años, puso de manifiesto las dificultades de articular los dispares intereses entre actores organizados y fortalecidos política y socialmente, lo cual derivó en la supresión del mecanismo en 1968. En sustitución, los salarios los fijarían las patronales y ya en el marco de la dictadura militar (1973-1984), ello se une a la declaración de ilegalidad de los sindicatos. La llegada de la democracia abrió́ un nuevo, pero breve, escenario de negociación tripartita que se mantendría entre 1985 y 1990. Desde entonces, se abandonó́ la negociación y su coordinación por parte del gobierno, desarrollándose una asimétrica negociación bipartita entre el empresariado y sindicatos. Recién en 2005, se reinstala la Ley de Consejos de Salarios, con iguales cometidos a los planteados en su formulación original, introduciendo como novedad que la negociación colectiva se extiende al trabajo rural, público y, posteriormente, al trabajo doméstico en 2006 (Maubrigades, Fernández y Montano, 2021).

[3] Extraído del Blog de Elina Gómez https://www.elinagomez.com/blog/2020-09-25-parlamento-genero/

[4] Para la obtención de los datos, descarga y transcripción mediante técnicas de OCR, se utilizó el software libre R (https://cran.r-project.org/) y el paquete speech: Nicolas Schmidt, Diego Lujan and Juan Andres Moraes (2021). speech: Legislative Speeches. R package versión 0.1.4. En https://CRAN.R-project.org/package=speech

[5] En particular, se ha utilizado el algoritmo de clasificación random forests.

Bibliografía

Cuadro Cawen, I. (2016) Feminismos, culturas políticas e identidades de género en Uruguay (1906-1932). Tesis Doctoral. Facultad de Humanidades. Universidad Pablo de Olavide, Sevilla. España.

Maubrigades, S., Fernández, M. y Montano, M. (2021) “Brechas de género en laudos durante los Consejos de  Salarios en Uruguay. 1943-1963”. Revista Uruguaya de Historia Económica, Año XI, No. 19-Julio de 2021, p. 29-49.

Plá Rodríguez, A. (1956) El salario en el Uruguay; su régimen jurídico. Montevideo: Facultad de Derecho.

Price, J., Buckles, K., Van Leeuwen, J., y Riley, I. (2021) “Combining family history and machine learning to link historical records: The Census Tree data set”. Explorations in Economic History, Volume 80, https://doi.org/10.1016/j.eeh.2021.101391.

Saavedra, M. y Twinam, T. (2020) “A machine learning approach to improving occupational income scores”. Explorations in Economic History, Volume 75, https://doi.org/10.1016/j.eeh.2019.101304.

Mercado de trabajo en América Latina e impacto de las crisis económicas, desde una perspectiva de género

Silvana Maubrigades (Universidad de la República, Uruguay)

RESUMEN. En diciembre, la Revista Uruguaya de Historia Económica (RUHE) publicó un special issue referido a la evolución histórica del mercado laboral latinoamericano abordado desde una perspectiva de género. El número fue editado por mí, junto a la Prof. María Camou, y, dado la relevancia del tema y que el mismo ha sido parte de mis entradas anteriores (Género y desigualdades durante las crisis ¿qué aporta una mirada de largo plazo?; y Cambiar para participar. Transformaciones personales y sociales que expliquen la oferta de mano de obra de mujeres en América Latina desde 1950), entiendo conveniente compartir mis reflexiones sobre estas investigaciones recientes.  


La evolución de los mercados de trabajo, vistos con el lente de las relaciones de género, es un campo de investigación muy nutrido y que no deja de crecer. La literatura que existe es abundante y procura presentar, discutir y comprender las condiciones bajo las cuales las diferencias de género en el ingreso y la distribución de los ocupados muestran persistentes diferencias salariales entre mujeres y varones, así como las barreras –implícitas o explícitas– a las trayectorias laborales de las mujeres. No obstante, la consideración de estos temas en la historia económica es menos frecuentado por los investigadores y su alcance ha sido más limitado (temática y temporalmente).

Figura 1. Condiciones, diferencias y barreras

Es más, en América Latina todavía estamos en proceso de construir una mirada de largo plazo con la cual poder analizar las raíces de las diferencias de género presentes en el mercado de trabajo actual, explicarlas y, por qué no, contribuir en el diseño de políticas públicas que permitan mitigar y resolver las desigualdades.

Los artículos incluidos en el special issue son el resultado de la iniciativa y colaboración de un grupo de investigadores e investigadoras con quienes hemos intercambiado en forma intensa en los últimos años y con quienes hemos cooperado en diversos ámbitos. Los Congresos Latinoamericanos de Historia Económica (CLADHE) y los de la Asociación Internacional de Historia Económica (IEHA) han sido instancias de trabajo frecuentes para intercambiar diversos enfoques sobre la intersección entre los estudios de género y mercado de trabajo en América Latina.

América Latina y sus crisis recurrentes

Motivados por un rasgo típico de la economía latinoamericana, que es la recurrente ocurrencia de crisis, la convocatoria de artículos estuvo focalizada en el impacto de las crisis económicas en la incorporación y las trayectorias de varones y mujeres en el mercado laboral. La volatilidad del crecimiento es un rasgo histórico de la economía latinoamericana, vinculado a su dependencia del comercio exterior, la variabilidad de los precios internacionales de sus commodities, así como a las relevantes transformaciones demográficas de su intrincado entramado social.

De todas maneras, las crisis son también períodos donde se producen cambios significativos en el mercado de trabajo y tienen, generalmente como resultado, un incremento de la desigualdad. Durante los tiempos de crisis, se agudiza la segmentación del mercado de trabajo y el incremento de las mujeres en aquellos sectores de la economía considerados feminizados, especialmente en el sector del comercio y los servicios y, en estos últimos, particularmente en aquellos de carácter personales y sociales, con una especificidad marcada, que es la que representan los servicios domésticos. También en estas coyunturas se observa una caída de los salarios y una precarización de las condiciones laborales, lo que dificulta visualizar el acceso de las mujeres al mercado de trabajo en estos períodos como una oportunidad de equiparación en el mundo laboral. Por estas razones, la propuesta fue analizar, desde diversas perspectivas, el impacto de las crisis económicas en los países del Cono Sur Latinoamericano durante el Siglo XX.

Argentina al final del siglo XX

Para el caso de Argentina, Martín Cuesta, Ernesto Curvale y Camila Scuzzarello, abordan un período reciente de la economía del país, donde se identifica un incremento significativo de las mujeres en el mundo del trabajo, especialmente en un contexto de apertura y liberalización de la economía. El cambio estructural que se procesa en la Argentina desde la década de 1970 y hasta entrada la década de 1990 tiene un fuerte impacto en la determinación de las trayectorias laborales de las mujeres que se incorporan a la mano de obra. En particular, se comprueba la fuerte presencia de las mujeres en el sector de los servicios, tanto en los puestos de trabajo calificados como en los sectores con menor demanda de calificación.

Figura 2. 1984: primer 8 de marzo en democracia en Argentina.

Fuente: Archivo Hasenberg-Quaretti, de los fotógrafos Brenno Quaretti y Mónica Hasenberg. https://latfem.org/un-8-de-marzo-en-argentina-pero-de-1984/

En todos los casos, puede afirmarse que la mayor presencia de las mujeres en el mercado de trabajo estuvo condicionada, aunque no en forma exclusiva, por el impacto de la crisis económica y la necesidad, por parte de las familias, de incorporar trabajadores adicionales para equilibrar el presupuesto de los hogares. Estos resultados nos llevan a destacar dos aspectos significativos; por un lado, reafirmar el peso significativo que tiene el trabajo de las mujeres en los momentos de recesión económica, no sólo en el incremento de su participación dentro de la mano de obra, sino especialmente reforzando sectores claramente feminizados como el de los servicios. En línea con lo anterior, la presencia mayoritaria de las mujeres en esta actividad muestra, no obstante, una polarización en su participación entre el binomio trabajos calificados y no calificados, lo que podría contribuir a que persista la brecha salarial por razón de género e incluso que se profundice dentro de la mano de obra femenina.

Brasil a principios del siglo XX

Para el caso de Brasil, Molly Ball concentra su análisis de las crisis desde una perspectiva diferente, procurando analizar cómo una de las dimensiones de mayor impacto en el mercado laboral, como es la educación, tiene un rol decisivo en la posterior inserción de varones y mujeres en la fuerza de trabajo. Para ello, estudia el desarrollo de la educación primaria pública desde finales del siglo XIX y hasta 1930 en el estado de San Pablo. El interés de este estudio radica en los cambios particulares que tuvo la política educativa en la región, destacando un impulso inicial de la inversión en la enseñanza primaria y una posterior caída en el gasto público destinado a ese sector.

Figura 3. Ecolas Reumidas de Dois Córregos, em Piracicaba, 1924.

Fuente: Coleção Washington Luís / Acervo MRCI/MP/USP Escolas Reunidas de Dois Córregos, em Piracicaba, 1924Coleção Washington Luís / Acervo MRCI/MP/USP https://revistapesquisa.fapesp.br/arquitetura-do-saber/

También analiza el rol que tuvo la demanda de la población por el acceso a la educación y cómo los cambios ocurridos en la conducción política del estado afectaron en forma significativa a las generaciones en edad escolar. Como corolario, el trabajo muestra que las tasas de alfabetización se ven fuertemente afectadas por las políticas productivas y sociales; y cómo las crisis económicas y su impacto en las políticas públicas termina impactando en forma desigual entre varones y mujeres. Si bien este es un estudio parcial, enmarcado en la gran diversidad que es el caso de Brasil, se confirma la clara determinación que tienen las políticas públicas en los cambios ocurridos en el mercado de trabajo en el mediano y largo plazo. Pero, además, también nos permite encontrar, en el temprano siglo XX, las claras demandas de las familias trabajadoras por mejorar los niveles educativos de futuras generaciones y no sólo como trabajadores, sino reflejando además la relevancia de esta dimensión en la mejora en la calidad de vida; cosa que no necesariamente es considerado así por los tomadores de decisión.

Las crisis económicas en Chile (1975 y 1982)

Por su parte, el trabajo sobre Chile, a cargo de Nora Reyes hace foco en el último cuarto del siglo XX, especialmente concentrando su análisis en las crisis económicas de 1975 y de 1982. Producto de un proceso también acumulativo de cambio estructural, apertura económica, desregulación y precarización del mercado laboral, la presencia de las mujeres en el mundo del trabajo se incrementa significativamente. En el análisis se destaca que las mujeres aumentan significativamente sus tasas de actividad, pero con un fuerte impacto en sus niveles de desempleo. Coincidiendo con lo ocurrido en Argentina y con lo señalado por la literatura internacional, el proceso de incorporación de las mujeres estuvo acompañado por una fuerte presencia en el sector de los servicios. Pero las sucesivas crisis muestran diferencias. En tanto la primera crisis analizada da cuenta de un incremento en los niveles de desempleo que afecta especialmente a las mujeres que se insertan al mercado laboral, la segunda crisis muestra cómo su impacto diferencial en los diversos sectores de la economía afecta en menor medida en aquellos espacios más feminizados como el sector de los servicios y en particular el servicio doméstico.

Figura 4. Portada de la Boletina Chilena del MEMCH ’83 (N°10, enero-febrero-marzo 1986).

Este trabajo permite contrastar lo ocurrido en Chile respecto a los resultados encontrados en otras regiones. Allí se señala que también en este país, las crisis no impactan de la misma manera en varones y mujeres, ya que depende en gran medida de los espacios de participación diferenciales en ambos sexos. Si bien la segunda crisis muestra que la desocupación no fue el factor determinante en la mano de obra de mujeres, ya que éstas se encontraban insertas en aquellos sectores menos afectados en materia de pérdida de puestos laborales, esto no implica que las condiciones laborales mejoraran. Y esto es así en la medida que permanecen sobrerrepresentadas en los espacios peor remunerados y con mayores niveles de informalidad y precariedad laboral.

Uruguay y un comparativo de tres crisis económicas

Finalmente, el trabajo sobre Uruguay, a cargo de María Camou y Silvana Maubrigades, presenta una recorrida de las tres principales crisis económicas que afectaron al país durante el siglo XX, tratando de identificar si existen diferencias en los procesos de participación de las mujeres en los diferentes momentos históricos. Encuentra que la crisis ocurrida en la década de 1930 muestra un incremento en la participación de las mujeres, coincidente con una caída en los salarios, lo que parece estar motivado por la sustitución de mano de obra masculina. La posterior recuperación económica revela, por el contrario, un proceso paulatino de retirada de las mujeres del mercado laboral.

Figura 5. Olla común. Huelga general de 1973. Uruguay.

Estos resultados ya no se encuentran en el análisis de las dos crisis posteriores, la ocurrida en la década de 1980 y la de principios del siglo XXI. En ambos casos, y coincidiendo con lo ocurrido en Argentina y Chile, el proceso de incorporación de las mujeres a partir de los años sesenta y setenta, se torna irreversible, más allá de las condiciones adversas de la economía. Si bien las mujeres en Uruguay muestran tasas de desempleo más altas que los varones, su participación laboral no declina, al tiempo que sí se observa una fuerte segmentación en el mercado de trabajo, lo que las ubica en forma mayoritaria en el sector de los servicios.

Este resultado global permite confirmar que el proceso de participación laboral de las mujeres es irreversible, incluso a pesar de que las condiciones de ingreso no son siempre las esperadas. Deja abierta la puerta a reflexionar sobre los cambios en la demanda de mano de obra y cómo la estructura productiva del país en particular, puede promover una mayor presencia de las mujeres, sin que ello implique necesariamente que se esté buscando en forma explícita una reducción de la brecha por razones de género. También el artículo suma a los resultados que se presentan en los casos de Argentina y Chile, que tiene que ver con una persistente segmentación del mercado laboral que ubica a las mujeres mayoritariamente en las actividades vinculadas a los servicios, lo que profundiza este “gueto de terciopelo” donde barreas invisibles parecen atrapar a las mujeres en aquellas actividades que son una extensión de los roles de cuidados, desarrollados en el espacio doméstico.

A modo de cierre

Los resultados encontrados en los trabajos presentados confirman las coincidencias esperadas en las trayectorias laborales analizadas desde una perspectiva de género. Más allá de las particularidades de cada país, especialmente en cuanto a su especialización productiva o dinámica económica a lo largo del siglo XX, se observan claras coincidencias en la participación laboral de varones y mujeres, no sólo en cuanto a su evolución sino especialmente en la segmentación laboral que identifica a ambos sexos. Atendiendo, en particular, al rol de la mano de obra de mujeres durante las crisis económicas que han afectado a los países de la región durante el siglo pasado, se confirma que estas coyunturas profundizan los resultados observados, tanto en los resultados en materia de desempleo como en la persistente feminización y/o masculinización de los sectores productivos. Los casos de Argentina, Chile y Uruguay, en su análisis del último cuarto del siglo XX, dan cuenta del impacto que tiene en el mercado laboral los procesos de cambio estructural, fuertemente caracterizados por la apertura comercial, la desregulación y precarización de las condiciones laborales. Como contraste, las primeras tres décadas del siglo XX, tanto en materia de inversión pública en la educación, como muestra Brasil, así como los cambios en la estructura productiva en el caso de Uruguay, dan cuenta de la relevancia que tienen las políticas productivas y sociales implementadas por los estados en los procesos de integración de su población a la economía, en el mediano y largo plazo. 

Aspiramos con esto a que las diversas miradas contenidas en esta revista constituyan un estímulo para nuevas investigaciones, que amplíen nuestra visión histórica sobre la evolución del mercado de trabajo en América Latina y profundicen los estudios sobre las persistentes desigualdades entre  varones  y mujeres que se observan en la región.


Bibliografía

Cuesta, M.; Curvale, E. y Scuzzarello, C. (2021) Argentina’s economic crises and its impact on female labour force participation (1970-1994). Revista Uruguaya de Historia Económica- Año XIX – Nº 20 Diciembre de 2021, pp 10-24.

Ball, M. (2021) Una oportunidad de desarrollo perdida: la escuela pública paulista en la primera República de Brasil. Revista Uruguaya de Historia Económica- Año XIX – Nº 20 Diciembre de 2021, pp. 25-43.

Reyes, N. (2021) Cambio estructural y crisis. El empleo de las mujeres en Chile en 1974-1989. Revista Uruguaya de Historia Económica- Año XIX – Nº 20 Diciembre de 2021, pp. 44-56.

Camou, M. y Maubrigades, S. (2021) ¿Crisis como oportunidad? La participación laboral de las mujeres en la econo- mía uruguaya durante las crisis económicas de 1930,1980 y 2000. Revista Uruguaya de Historia Económica- Año XIX – Nº 20 Diciembre de 2021. pp 57-76.

Antropometría histórica en América Latina

MANUEL LLORCA-JAÑA (Universidad de Valparaíso)

Manuel Llorca-Jaña es PhD en Historia Económica por la Universidad de Leicester (UK), Master en Historia Económica Internacional por la misma institución y Economista de la Universidad de Santiago.

RESUMEN. En esta entrada damos cuenta del desarrollo de la antropometría histórica en América Latina en los últimos años, entregando algunas definiciones básicas para todo lector, así como un listado de los principales autores y sus publicaciones para nuestra región. Adicionalmente, nos referimos a los determinantes más importantes de la estatura en adultos y por qué es importante considerarla como un buen indicador de bienestar de la población.


Durante los últimos cuarenta años la antropometría histórica se ha consolidado como un campo muy dinámico y popular dentro de la historia económica. En este proceso han sido fundamentales los trabajos de dos premios Nobel en economía: Robert Fogel y Angus Deaton, así como de otros importantes académicos como Richard Steckel, John Komlos, Joerg Baten, Matthias Blum, entre muchos otros.

Para Iberoamérica, los países para los que existen mayor cantidad de estudios son España, Argentina, México, Colombia y Chile, en buena medida gracias a los trabajos de José Miguel Martínez Carrión, Antonio Cámara, Ricardo Salvatore, Moramay López Alonso, Amílcar Challú, Adolfo Meisel, Joerg Baten, entre varioss otros. Otros países latinoamericanos como Brasil, Perú y Bolivia han recibido algo de interés (gracias a los trabajos de Baten mismo, Linda Twrdek, José Péres-Cajias, Z. Frank, Daniel Franken y otros colegas), pero bastante menos que para Argentina, México, Colombia o Chile. El resto de los países latinoamericanos casi no ha despertado interés entre los historiadores económicos, por lo que existe una rica veta para explotar. Un listado de las publicaciones existentes para nuestra región se encuentra el sitio web de la Red Iberoamericana de Historia Antropométrica, creada durante el Cladhe que se realizó en Chile en el año 2019.


Libro “Estar a la Altura”, de Moramay López-Alonso, sobre antropometría histórica de México. Es una de las principales obras que se han publicado para nuestra región sobre esta temática.

Dentro de los estudios antropométricos, la estatura de la población ha ganado aceptación como un muy buen indicador de niveles de vida, en particular del denominado bienestar biológico. La estatura es fiel reflejo del estado nutricional de la población durante la niñez, y del combate del cuerpo contra el medio ambiente (e.g. para pelear enfermedades). Hay bastante consenso en señalar que aquellos/as que disfrutaron de mejor dieta, mejor alojamiento, mejor educación, mejor salud, y mejor vestimenta durante los primeros 20 años de vida (pero sobre todo durante la infancia temprana) disfrutarán de una mayor estatura en la adultez. Mayor estatura además se cree que viene aparejada con mayor expectativa de vida o mayores salarios, todo esto a nivel promedio de poblaciones.

Asimismo, se ha buscado explicar cuáles son los principales determinantes de la estatura, incluyendo variables como estado nutricional de la población, nivel socioeconómico (escolaridad, ocupación), lugar de residencia, ingresos medios, etnicidad, entre otros. Esto ha llevado a utilizar la estatura en estudios de desigualdad. En efecto, para periodos donde no existen muchos indicadores de bienestar, la estatura de la población ha sido en muchos casos la principal evidencia tanto de bienestar como de desigualdad. Por su parte, la búsqueda de determinantes de estatura ha llevado a la construcción de nuevas series de otros indicadores económicos igualmente útiles, tales como consumo per cápita de algunos alimentos (carnes, lácteos), escolaridad, mortalidad, entre otros, para gran beneficio de la disciplina. Toda esta nueva evidencia nos ha permitido insertarnos en discusiones en torno a la transición nutricional, la evolución tecnofisiológica, la transición demográfica, entre otros interesantes debates.

En el gráfico que se adjunta mostramos cómo ha evolucionado la estatura en adultos hombres durante el siglo XX para varios países latinoamericanos. Los datos se presentan en centímetros por década de nacimiento, algo estándar en la literatura. Como puede apreciarse, para las décadas que tenemos datos para Argentina, México, Brasil, Colombia y Chile, los argentinos son los más altos de la muestra. Se observa también que ha habido un crecimiento importante en la estatura de la población de estos países, así como cierto grado de convergencia entre ellos, aun cuando ha habido divergencia respecto de la estatura de los países desarrollados.

Fuente: Manuel Llorca-Jaña, Juan Navarrete-Montalvo, Roberto Araya, Federico Droller, Martina Allende & Javier Rivas. «Height in twentieth-century Chilean men: growth with divergence». Cliometrica. Vol 15-1, 135-166 (2021).

Las principales fuentes usadas son registros militares, navales, carcelarios, escolares, de registro civil e identificación, entre otros. Vale decir, principalmente instituciones del estado que midieron en algún momento a sus poblaciones, o parte de ellas. Lamentablemente buena parte de la información proviene de conscripciones militares, por tanto hay mucha más evidencia para hombres que para mujeres.

A pesar de esta deficiencia, muchos colegas interesados en la evolución del bienestar en el largo plazo desde un punto de vista multidimensional, han contrastado la evolución de la estatura con otros indicadores más tradicionales como PIB per cápita o ingreso medio, encontrando que muchas veces la trayectoria de la estatura diverge respecto del ingreso medio, lo que ha llevado a catalogar algunos periodos como puzles, en particular para Estados Unidos y Europa occidental, pero también para países latinoamericanos.

Respecto a la agenda futura, hay muchas áreas aún por explorar, como la evolución de largo plazo de la estatura de mujeres, la diferencia de estatura entre hombres y mujeres (dimorfismo sexual), la evolución de otras variables antropométricas como peso al nacer, índice de masa corporal, y la desigualdad tanto de la estatura como de estas otras variables, entre otros.

Como se puede ver, la antropometría histórica es un campo floreciente en América Latina, al que esperamos muchos otros países se sumen. Entre los esfuerzos más recientes cabe destacar dos iniciativas en particular:

En 2019, Revista de Historia Económica publicó un número especial coordinado por Martínez Carrión y Salvatore, publicando trabajos sobre España, México, Chile, Colombia, Argentina y Brasil.

Más recientemente, la International Journal of Environmental Research and Public Health (IJERPH) prepara un número especial sobre estudios de condiciones biológicas de vida y desigualdad en salud en regiones en desarrollo, también coordinado por Martínez Carrión y Salvatore, junto a Carlos Varea. El plazo para enviar contribuciones se extiende hasta el 30 de junio de 2021. A la fecha ya se han publicado trabajos sobre Chile y Argentina.

Con todo, los invitamos a visitar el sitio web de nuestra red: https://redantropometria.cl/

Las mujeres en la historia económica. “Qué 100 años no es nada”

CAROLINA ROMÁN (Universidad de la República, Uruguay)

RESUMEN. En ocasión del mes de marzo, no podemos dejar de reflexionar sobre cuál es la situación de las mujeres en la sociedad. En el ámbito en que nos encontramos, esta interrogante la ubicamos en lo que ocurre en la academia y, más específicamente, en el campo disciplinar que representa la historia económica ¿Qué sabemos sobre la brecha de género en historia económica? ¿Qué es lo que la academia puede aportar para revertir las desigualdades de género? Estas preguntas son parte de la motivación del Coloquio virtual “La mujer en la construcción de la historia económica”, organizado por la División de Historia del CIDE y el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM (IIH-UNAM) que se desarrolló durante la primera semana de marzo. En esta entrada comparto una breve reseña del evento. [1]




Fuente: #NoMoreMatildas presenta la hipotética vida de Matilde Einstein.
#NoMoreMatildas es una campaña de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas, con la idea de Gettingbetter Creative Studio y la colaboración de Dos Passos Agencia Literaria, que busca reivindicar y promover el papel de las mujeres en la ciencia, para inspirar y fomentar la vocación científica en niñas y adolescentes.

Antes de comenzar, [2] vale la pena volver a preguntarnos ¿por qué es importante reflexionar sobre las brechas de género en nuestra disciplina, historia económica?[3] Aquí, parte de la respuesta es el compromiso ético que nos debería conducir a promover la equidad de género en el desarrollo de la profesión. Pero, la otra parte de la respuesta radica en que la invisibilidad de las mujeres afecta lo que estudiamos, lo que se enseña, las preguntas de investigación, las normas profesionales, los sistemas de evaluación, los sistemas de promoción, el reconocimiento, y la manera en que se abordan las discusiones de política. 

Las investigaciones sobre sesgos de género en la actividad académica muestran que lo que opera no es tanto una discriminación explícita, sino sesgos implícitos que afectan las interacciones en todos los niveles de la actividad académica: en decisiones formales, como las reglas de acceso y promoción, y en las informales, como los cursos que se sugieren a estudiantes o la manera en que se atiende y responde a preguntas e ideas con colegas (Bayer y Rouse, 2016).[4] Existen estudios que analizan lo que ocurre en la economía y en la historia, pero nos falta información y análisis para conocer la situación en la historia económica. Sabiendo que es una disciplina a veces difícil de definir, eclética entre la historia y la economía, que se nutre de muchas áreas de las ciencias sociales, y que, metodológicamente, ha ido transformándose de la narración a los enfoques matemáticos (Haupert, 2016), la tarea se hace aún más desafiante.

Aquí comparto una breve reseña del Coloquio virtual “La mujer en la construcción de la historia económica”, organizado por la División de Historia del CIDE y el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM (IIH-UNAM), que tuvo lugar el 8 y 9 de marzo de 2021.[5] La coordinación, gestionada de forma impecable, estuvo a cargo de Iliana Quintanar (CIDE) e Irina Córdoba (IIH-UNAM). El evento se organizó en dos jornadas. En la Jornada 1, tuvo lugar la Mesa redonda “La mujer en la construcción de la Historia Económica”. En la Jornada 2, el tema fue “La mujer como agente económico, siglos XVI-XX”.


En esta entrada, me centraré en los aportes y debates de la Jornada 1. La mesa redonda fue moderada por Iliana Quintanar e Irina Córdoba y participaron cinco representantes de las asociaciones iberoamericanas de historia económica: Andrea Lluch (Presidenta de la Asociación Argentina de Historia Económica), Adoración Álvaro Moya (Secretaría General de la Asociación Española de Historia Económica); Cristina Mazzeo (Presidenta de la Asociación Peruana de Historia Económica), Bernardita Escobar Andrae (Presidenta de la Asociación Chilena de Historia Económica), y quien escribe este post en mi rol de Presidenta de la Asociación Uruguaya de Historia Económica. El objetivo de la mesa fue aportar reflexión sobre la situación en que se encuentran las mujeres en la historia económica e intercambiar sobre posibles acciones para promover su participación en este campo de conocimiento.

La inauguración del coloquio estuvo a cargo de Catherine Andrews, secretaria académica de la División de Historia del CIDE y de Isabel Martínez representando al IIH-UNAM. Me gustaría, primero, destacar algunas de sus intervenciones. Catherine inauguró el Coloquio celebrando la iniciativa, pero, al mismo tiempo, transmitiendo la sorpresa que estos eventos sigan siendo necesarios para visibilizar el trabajo de las mujeres. Cita, como ejemplo, que han pasado más de 100 años desde que las primeras mujeres obtuvieron sus títulos de doctorado en historia (Smith 2000). Sin embargo, aún hoy, la contribución de las mujeres a la ciencia sigue teniendo menor reconocimiento social que los varones. Esta situación de invisibilización permanece en varios espacios de la academia, con mayores y menores énfasis según las disciplinas. Y en historia económica, como destacó Isabel Martínez en su intervención, tenemos mucho por analizar sobre lo que ocurre con las brechas de género dentro y fuera de la academia.

La mesa se organizó en torno a tres ejes de discusión: 1) El papel de las mujeres en el ámbito profesional de la historia económica; 2) Aportaciones de las mujeres a la historia y la historiografía económica; 3) Retos para promover la participación de la mujer en el campo de estudio de la historia económica. En cada eje, tuvo lugar una ronda de intervenciones de cada una de las cinco representantes de las asociaciones. Aquí haré mención a algunos aspectos que fueron transversales a las presentaciones. Cabe aclarar que las presentaciones realizadas estuvieron basadas en relevamientos que realizaron las participantes, en colaboración con colegas, para aportar insumos para la reflexión y la discusión. De este modo, las afirmaciones y opiniones vertidas, más que conclusiones acabadas, constituyen puntos de partida para el análisis y el debate.

Sobre el papel de las mujeres en el ámbito profesional de la historia económica

Los datos aportados sobre la participación de las mujeres en el ámbito profesional de la historia económica conducen a los siguientes resultados. 1) En cuanto a la formación, no se observan diferencias entre mujeres y varones. De hecho, muchas veces las mujeres se gradúan más rápido y con mejores calificaciones; 2) En los sistemas científicos, en las categorías más bajas las mujeres suelen ser mayoría, pero, a medida que se avanza en las categorías de mayor reconocimiento, la presencia de las mujeres disminuye; 3) Existe una sobrerrepresentación de mujeres en tareas de coordinación y administración, pero menor presencia en los cargos de jerarquía y poder como decanos, rectores y cargos equivalentes; 4) En la carrera académica, hay menor porcentaje de mujeres como catedráticas y/o profesores titulares, y mayor presencia en las categorías más bajas; 5) En los cursos de historia económica que se imparten a nivel universitario, son muy pocos los que están a cargo de mujeres. Aquí, se menciona un punto importante, que es definir cuál es el ámbito de la historia económica, ya que hay muchas áreas de conocimiento que podrían caber dentro de esta definición, donde sí se observa una mayor presencia de mujeres.

En cuanto a la participación de las mujeres en las Asociaciones de Historia Económica, de la información compartida, se desprenden cuatro resultados. 1) En general, las asociaciones están integradas por más varones que mujeres; 2) En la mayoría de los casos, las mujeres han tenido menor participación en los cargos de conducción de las instituciones (actuando como Presidentas y/o Secretarias en Consejos y/o Comisiones Directivas); pero mayor presencia en los cargos de menor jerarquía. Estas diferencias han ido mejorando en los últimos años; 3) En algunos de los casos presentados, se observa mayor presencia de mujeres en actividades colaborativas y de construcción institucional; 4) En las revistas nacionales de historia económica (de las que se presentaron en el evento), hay disparidad de situaciones. En el caso de las revistas españolas, la participación femenina en los ámbitos de gestión y conducción de las revistas ha aumentado; mientras que, en el caso uruguayo, ha ocurrido lo contrario. Importa mencionar que, en algunas de las revistas españolas en donde se ha alcanzado una participación importante de las mujeres e incluso la paridad de género en los órganos de gestión, esto ha sido el resultado de una política deliberada para fomentar la participación femenina.[6] 

Aportaciones de las mujeres a la historia y la historiografía económica

El segundo eje proponía intercambiar sobre las aportaciones de las mujeres a la historia y la historiografía económica. Aquí se remarcaron los siguientes aspectos. En las jornadas de investigación que organizan regularmente las asociaciones de historia económica, la mayoría de las autorías son de varones. Las autorías femeninas no superan el 30% del total de presentaciones. Las autorías mixtas son las más minoritarias. En cuanto a las revistas nacionales de historia económica, de los casos presentados (las revistas españolas y la revista uruguaya), los artículos de autoría femenina son un porcentaje minoritario, siendo la mayoría de los artículos de autoría masculina.

En cuanto a los temas en que trabajan las mujeres, según la información presentada en el Coloquio, las mujeres lo hacen en casi todos los tópicos de historia económica. Existen ciertas áreas de mayor especialización, que varían según los países: empresa, negocios, familia, historia rural e historia regional; mercado de trabajo, bienestar, niveles de vida, historia del siglo XX. En comparación con los varones, las mujeres tienden a concentrar más los temas de investigación, y en algunos casos, se encontró que cuando las mujeres trabajan con los varones (en autorías mixtas) los temas sobre los que trabajan son más diversos que cuando lo hacen solas.

Otro dato relevante fue la distribución por género de las tutorías de las tesis de posgrado en historia económica. La información presentada, aun cuando fue para un solo país, mostraba que había predominancia de tutores varones, y que los temas que tutorean las mujeres son más diversos que los varones.

Retos y desafíos

Finalmente, la última ronda de intervenciones tenía como objetivo intercambiar sobre retos y desafíos para fomentar la participación de mujeres en la historia económica.

Uno de los retos de partida es aumentar la visibilidad de la historia de las mujeres. La Jornada 2 del Coloquio tenía como objetivo, precisamente, dar difusión al rol de las mujeres como agente económico, e incluyó la presentación de cinco ponencias que son un claro ejemplo en este sentido. Otro aporte es el espacio virtual que creó el IIH de la UNAM “mujeres históricas”, con el objetivo de contribuir al estudio de la historia de las mujeres, visibilizando y facilitando el acceso a materiales escritos por mujeres y dedicados a los estudios de las mujeres. Sin dudas, para revertir la invisibilidad, la generación de información, de datos y de análisis, se torna imprescindible. Como lo planteó Andrea Lluch en su presentación, citando la publicación reciente de Criado (2020); “La falta de datos por género no implica solo silencio. Esos silencios, esta falta de datos tiene consecuencias”.

Al mismo tiempo, desde nuestro rol en las asociaciones y nuestro lugar en la academia, hay acciones diversas que se pueden emprender. En lo institucional, desde las asociaciones, se podría plantear la incorporación de políticas de género y/o buenas prácticas en materia de igualdad con el objetivo de: incentivar una mayor presencia de mujeres en los órganos de dirección de las asociaciones (Presidencias/Secretarías), en la composición de los órganos de gestión de las revistas académicas, en los comités académicos de los congresos nacionales e internacionales, así como en la participación de mujeres en las jornadas de investigación. En nuestra actividad académica, las acciones pueden apuntar a fomentar la presencia de mujeres en comités académicos, en comisiones evaluadoras, en tutorías de tesis de grado y posgrado, así como la promoción de mujeres en categorías laborales superiores. También, se planteó la necesidad de incentivar la incorporación de doctorandas y jóvenes investigadoras a la historia económica.

Fuente: Fleming (2017)

En síntesis

En las experiencias sobre historia económica presentadas en el Coloquio, las brechas de género aún siguen siendo grandes. En algunos ámbitos o dimensiones, las mujeres han aumentado su participación y parecería que, en los últimos años, los progresos han sido alentadores. En muchos casos, cabe recordar que los avances en materia de igualdad de oportunidades han sido fruto de acciones deliberadas para lograrlo, más que un proceso que ocurre por sí mismo.

La construcción de las disciplinas, en la mayoría de los casos, ha estado, y sigue estando, liderada por los varones (Schmidt, 2020). Tanto el diseño de las preguntas de investigación, las formas de abordar los problemas, la validación de los resultados, los diseños de los sistemas de promoción, como los reconocimientos académicos continúan siendo conducidos por varones. Por lo tanto, no solo se trata de actuar para cerrar las brechas, sino de potenciar las transformaciones que las mujeres pueden realizar en las ciencias sociales, una vez que participen, en igualdad que los varones, en los ámbitos de poder (Sawer et al., 2020).

Las reflexiones compartidas nos invitan a repasar nuestras actividades cotidianas en la academia, cómo se dan los procesos de decisión y las relaciones de poder. Si bien en los últimos 100 años se reconocen muchísimos progresos, aún nos queda mucho camino por recorrer.

En historia económica, como disciplina, nos falta conocimiento de cómo se da el proceso académico, que además de su diversidad, se ha ido transformado en el tiempo. Como académicos y académicas, tenemos el compromiso de aportar a los debates y generar reflexión para revertir las desigualdades de género que afectan en todos los ámbitos de la sociedad y son transversales a los distintos espacios en donde actuamos. El desafío es enorme, pero los pasos en esa dirección son claros y decididos.


1] El título hace alusión a una frase de la letra del tango “Volver” de Carlos Gardel que dice “que veinte años no es nada”.

[2] Parte de las reflexiones que aquí comparto son fruto del intercambio con Paola Azar, María Camou, Melissa Hernández y Silvana Maubrigades (integrantes de la Asociación Uruguaya de Historia Económica), en ocasión de preparar la presentación para el coloquio. Les agradezco mucho los aportes, aunque las opiniones de este Blog son de mi entera responsabilidad. 

[3] No dudo en destacar en este punto que el tema ha sido discutido en este Blog. Ver, por ejemplo, “Género y desigualdades durante las crisis ¿qué aporta una mirada de largo plazo?” y “Cambiar para participar. Transformaciones personales y sociales que expliquen la oferta de mano de obra de mujeres en América Latina desde 1950”, ambas elaboradas por Silvana Maubrigades, Profesora de la Universidad de la República, Uruguay, quien ha realizado importantes contribuciones sobre desarrollo, desigualdad y mercado de trabajo desde la perspectiva de género.

[4] Agradezco a Paola Azar, Profesora de la Universidad de la República (Uruguay), coordinadora del curso Economía y Género de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA), por compartir estas referencias y sus reflexiones.

[5] El evento completo se puede ver en el canal de Youtube del Instituto de Investigaciones Históricas y la UNAM en el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=A3RiKTwdgi0

[6] Por ejemplo, Historia Agraria: Revista de Agricultura e Historia Rural tiene una política de género; e Investigaciones en Historia Económica-Economic History Research ha adoptado, recientemente, las Buenas Prácticas Editoriales en Materia de Igualdad recomendadas por la FECYT.


Bibliografía

Bayer, Amanda y Rouse Cecilia Elena (2016) “Diversity in the economics profession: a new attack to an old problem”. Journal of Economic Perspectives, 30:221–242.

Criado Pérez, Caroline (2020). La mujer invisible. Descubre cómo los datos configuran un mundo hecho por y para los hombres. Seix Barral, España.

Fleming, Jacky (2017). El problema de las mujeres. Anagrama. Barcelona.

Haupert, Michael (2016) “The impact of cliometrics on economics and history”. Revue d’économie politique 2017/6 (Vol. 127): 1059-1081.

Sawer, Marian, Jenkins, Fiona, Downing, Karen (2020). How Gender Can Transform the Social Sciences Innovation and Impact. Palgrave Macmillan

Smith, Bonnie (2000). The Gender of History. Men, Women, and Historical Practice. Harvard University Press.



PIBs regionales en América Latina. Desigualdad, convergencia y clusters en perspectiva histórica y comparada

HENRY WILLEBALD (Universidad de la República, Uruguay), 31 de diciembre de 2020

RESUMEN. “PIBs regionales en América Latina” es un programa de investigación en historia económica, llevado adelante por un conjunto de investigadores ibero y latinoamericanos que, progresivamente, ha comenzado a ofrecer sus primeros resultados. Ahora, estamos en condiciones de avanzar en el conocimiento del desarrollo latinoamericano desde una perspectiva histórica, comparada y regional, discutiendo la evolución de la desigualdad, procesos de convergencia/divergencia y la conformación de clubes de regiones “pobres” y “ricas”. Se trata de una agenda abierta y que importa compartir con colegas interesados en la historia económica y el desarrollo de América Latina.


En una anterior entrada al Blog (“PIBs regionales en América Latina: un programa de investigación en marcha”) argumentaba que, en la última década, ha sido notorio el interés de muchos historiadores de la península Ibérica y de América Latina por identificar e interpretar los factores determinantes del desarrollo regional latinoamericano en perspectiva histórica y comparada. Existe, de hecho, un programa de investigación en marcha que, progresivamente, ha ido arrojando resultados que interesa compartir con la comunidad de historiadores económicos y cientistas sociales en general.

Parte de los esfuerzos de estimación y analíticos han sido plasmados en un libro de reciente publicación de la colección Palgrave Studies in Economic History, de Palgrave Macmillan, el cual he co-editado con los Prof. Marc Badia-Miró (Universidad de Barcelona) y Daniel Tirado-Fabregat (Universidad de Valencia): Time and Space. Latin American Regional Development in Historical Perspective. Se trata de una obra colectiva en la cual se han sumado colegas europeos y latinoamericanos con capítulos nacionales, comparativos y visiones globales del desarrollo regional de América Latina. Parte de estos resultados se han discutido, además, en Badía-Miró et al. (2020).

Metodologías, política pública, casos nacionales y perspectivas regionales

El libro consta de 14 capítulos y la participación de 22 autores.

El primer capítulo es de carácter introductorio (M. Badia-Miró, D. Tirado-Fabregat y H. Willebald), realiza una presentación del marco conceptual del libro, repasa los capítulos y revisa los highlights y principales hechos estilizados del desarrollo regional de América Latina.

El segundo capítulo (A. Díez-Minguela y M.T. Sanchis Llopis) es de carácter metodológico y se destaca por clarificar y sistematizar las aproximaciones empíricas propuestas en el libro. Es una contribución trascendente sobre un tópico no siempre abordado con el suficiente detalle en los trabajos de historia económica, y el cual significará atajos sumamente útiles para muchos otros investigadores.

El tercer capítulo (L. Bértola) realiza una contribución valiosa al conocimiento del diseño de la política pública en América Latina, en perspectiva histórica y haciendo foco en aquella de carácter productivo y promotora del desarrollo regional. Se trata de un capítulo que brinda un contexto de referencia muy adecuado para la comprensión de los restantes capítulos.

Luego, se presentan los nueve casos nacionales que incluye esta serie: Argentina (M.F. Aráoz, E.A. Nicolini y M. Talassino), Bolivia (J.A. Peres-Cajías), Brasil (J. R. Bucciferro y P.H.G. Ferreira de Souza), Chile (M. Badía-Miró), Colombia (A. Meisel Roca y L. Hahn), Mexico (J. Aguilar Retureta, M. Badia-Miró y A. Herranz-Loncán), Perú (B. Seminario, M. A. Zegarra y L. Palomino), Uruguay (J. Martinez-Galarraga, A. Rodríguez Miranda y H. Willebald) y Venezuela (G. De Corso y D. A. Tirado-Fabregat).

El libro se cierra con dos capítulos que proponen miradas de América Latina como un todo. Uno de ellos se titula “Spatial Inequality in Latin America (1895–2010): Convergence and Clusters in a Long-Run Approach” (M. Badia-Miró, E.A. Nicolini y H. Willebald) y, el otro, “Regional Inequality in Latin America: Does It Mirror the European Pattern?” (J. Martinez-Galarraga, E.A. Nicolini, D.A. Tirado-Fabregat y H. Willebald).

La sección que sigue presenta un punteo, muy breve, de los principales resultados y hechos estilizados que derivan de esta aproximación regional al desarrollo latinoamericano.

Clusters, convergencia y desigualdad regional

Los seis principales hechos estilizados que el análisis permite determinar son los siguientes.

Las regiones de más alto PIB per cápita (“ricas”) están en los extremos del continente, hacia el norte mexicano y el sur argentino y chileno. Es una evolución que ha mostrado fuertes persistencias, con algunas diferencias que tendieron a acentuarse y el surgimiento de algunos pocos “nuevos ricos” (en Brasil, sobre todo).

Las regiones latinoamericanas evidenciaron un proceso significativo de beta-convergencia[1] desde finales del siglo XIX hasta comienzos del XXI, aunque a una velocidad reducida (0,7% anual), mostrando un moderado aceleramiento durante el período de la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) (o de industrialización liderada por el Estado).

Ese “acercamiento” entre regiones fue acompañado por un proceso de sigma-convergencia,[2] el cual fue alentado por la reducción de brechas entre los países durante las etapas de mayor apertura (Primera Globalización y el período de re-globalización luego de los 1970s), y dentro de éstos durante el modelo introvertido de industrialización.

Sin embargo, esa trayectoria general incluyó comportamientos dispares entre países, tanto cuando se considera la evolución temporal (hay países con tendencias decrecientes, crecientes, con forma de U y de U invertida), como cuando se toma en cuenta el nivel de la desigualdad regional (muy altos en los casos de Chile y Colombia, muy bajos en los de Uruguay y Bolivia).

Hay evidencia de correlación espacial en la distribución regional del ingreso latinoamericano. El club de “economías ricas” se constata hacia el sur, con la formación de regiones argentinas y chilenas en una caracterización que ha sido persistente en el tiempo. Por su parte, el cluster de regiones pobres se constituyó en la zona de la Amazonia (abarcando territorios de Brasil, Bolivia, Perú y Colombia), aunque tendió a desvanecerse desde los 1970s a medida que la integración de las regiones se hizo más intensa.

Finalmente, se encuentra evidencia de una relación no lineal entre desarrollo económico y desigualdad regional, comportando una curva con forma de N; esto es, se trataría de una relación creciente en las primeras etapas del desarrollo, decreciente luego (como lo anticiparía Williamson en su trabajo clásico de 1965) y volvería a tomar una pendiente positiva para niveles de PIBs per cápita altos en perspectiva histórica. Esta evidencia está en línea con la hallada previamente para el caso de Europa del sur.

¿Más preguntas que respuestas?

Los “PIBs regionales en América Latina” es un programa de investigación en marcha que, luego de casi una década de trabajo, está ofreciendo sus primeros resultados. Y muchos de estos resultados no son más que hechos estilizados que oficiarán, prontamente, como hipótesis de trabajo para lanzar nuevas investigaciones. Muchos son los aspectos que requieren profundización, no solo para conocer más y mejor el desarrollo latinoamericano de largo plazo sino, también, para poner bajo tensión a las propias estimaciones, siempre perfectibles (por su cobertura, extensión o grado de precisión de las proxies utilizadas).

Las direcciones hacia las cuales encauzar las nuevas investigaciones son múltiples, aunque no quería cerrar esta entrada sin destacar al menos cuatro de ellos.

América Latina tiene una característica que lo destaca a nivel mundial y es la de contar con niveles elevadísimos de desigualdad personal del ingreso, en un proceso persistente en el cual las mejoras nunca han dejado de ser esporádicas. Pero esta caracterización no ha incorporado lo suficiente la dimensión regional del problema. Si bien es una noción que ha atravesado al pensamiento económico latinoamericano desde temprano –el concepto de heterogeneidad estructural tiene, de hecho, un componente regional destacado–, la ausencia de información detallada y de largo plazo ha impedido realizar mayores avances. Estos esfuerzos abren, entonces, una nueva puerta de análisis al menos promisoria.

Los otros aspectos en los cuales resta profundizar en su conocimiento refieren al rol que le cupo, en la evolución de la desigualdad regional y a las velocidades en las cuales las regiones latinoamericanas convergieron o divergieron, a los recursos naturales, a la relación con el resto del mundo y al rol del Estado.

Desde su edición de 1994, The Economic History of Latin America since Independence, del Prof. Bulmer-Thomas, incluye un mapa de América Latina con un detalle de la localización y explotación de recursos naturales (adaptado de un trabajo de 1949 de Horn y Bice). Se trata, de hecho, de una representación de la noción de commodity lottery que utiliza el autor en toda su obra y que destaca el rol de la riqueza natural en el desempeño de los países. El punto es que, dada la disponibilidad de información, era muy difícil proyectar esta caracterización más allá del ámbito nacional, pero el dispar desarrollo dentro de los países tiene, en esa localización heterogénea de los recursos naturales, un factor explicativo clave y que ahora podremos explotar.

Extraído de Bulmer-Thomas (1994) (2nd edition, 2003).

La forma que tuvo América Latina de materializar la riqueza de recursos naturales fue participar activamente en los mercados mundiales de productos, razón por la cual las trayectorias de apertura/cerramiento de cada país contarán, también, la historia de los desarrollos regionales. Sin embargo, el intercambio comercial es sólo una parte del relato histórico. El movimiento de capitales, viabilizando las inversiones externas, tuvo efectos notorios en la dinámica de la integración de los mercados. Los movimientos de la demanda internacional habilitaron la producción de alimentos y materias primas agrícolas en amplios espacios de abundante tierra de América del Sur, alentaron la producción de materias primas para los cultivos (salitre) o para la creciente industria del automóvil (caucho) o de la energía eléctrica (cobre) de las primeras décadas del siglo XX. Pero también significaron duros golpes cuando hubo relocalizaciones del abastecimiento mundial de algunas ofertas o cuando el progreso tecnológico bloqueó, de hecho, producciones otrora prósperas y promisorias. El impacto regional, al interior de los países, de estas evoluciones ha conducido a desarrollos muy dispares y a confirmar, desde otra dimensión, la noción cepalina de la heterogeneidad estructural.

Finalmente, el rol del Estado resulta trascendente para interpretar adecuadamente la evolución del desarrollo regional latinoamericano. Desde el tipo de poder colonial dominante (y el predominio de instituciones inclusivas o extractivas), el grado de destrucción que significaron las guerras por la independencia, el largo proceso de consolidación del Estado desde finales del siglo XIX (el cual demoró décadas en constituirse en, realmente, nacional), su creciente participación en la esfera económica y productiva (que tiene su auge en el período de industrialización de los 1950s y 1960s) y la reorientación hacia el mercado desde los 1980s, el rol del Estado ha jugado un papel sustantivo para comprender el desarrollo regional de América Latina. Por ausencia o por presencia, en forma directa o induciendo comportamientos, con el diseño de políticas nacionales o específicamente regionales, su rol deberá ser interpretado y analizado en profundidad.

Indudablemente que queda mucho camino por recorrer y los desafíos son importantes, pero la expectativa de comprender de mejor manera el desarrollo latinoamericano alentará nuevos y renovados esfuerzos.


[1] La beta-convergencia alude al proceso por el cual las economías (regiones en nuestro caso) más retrasadas tenderían a crecer más rápido que las líderes, dando lugar a un proceso de catch-up.

[2] La sigma-convergencia alude el proceso por el cual la dispersión de los PIB per cápita regionales tenderían a reducirse, dando cuenta de una mayor cercanía entre niveles de desarrollo.

Bibliografía

Badia-Miró, M., Martinez-Galarraga, J., Nicolini, E.A., Tirado-Fabregat, D.A. y Willebald, H. (2020) “La desigualdad económica regional en América Latina (1895-2010)”. Investigaciones de Historia Económica – Economic History Research. https://doi.org/10.33231/j.ihe.2020.09.001

Bulmer-Thomas, V. (1994). The economic history of Latin America since independence. Oxford: Oxford University Press.

Tirado-Fabregat, D.A., Badia-Miró, M. y Willebald, H. (eds.) (2020) Time and Space. Latin American Regional Development in Historical Perspective. Pal­grave Studies in Economic History, Palgrave Macmillan.

Williamson, J. G. (1965) “Regional Inequality and the Process of National Development: A Description of the Patterns”. Economic Development and Cultural Change, 13(4), 1-84.

Réquiem para el sueño (latino)americano (Parte I)

Sabrina Siniscalchi (Universidad de la República, Uruguay)

Sabrina Siniscalchi es asistente de investigación en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República, Uruguay. Es Lic. en Ciencia Política y Magister en Historia Económica por la misma Universidad. Trabaja en el Instituto de Economía en temáticas de desarrollo y desigualdad.


RESUMEN. Este post intenta, haciendo honor al título de este blog, mirar el pasado y el presente de un fenómeno de larga data en las Ciencias Sociales: el papel de las clases medias en la sociedad y, en particular, su rol como articuladoras de conflicto social y político. El surgimiento de nuevos sectores medios durante la última década y los conflictos recientes en América Latina ponen en tela de juicio algunos de los postulados básicos heredados de la teoría de la modernización (sobre todo en ciencia política) que afirman que una amplia clase media es la clave para la estabilidad de la democracia.


Las particularidades de la historia reciente de América Latina muestran un desacople entre lo que parece ser el sentir de una gran parte de la población y las soluciones que la democracia ha intentado dar a esos reclamos. Las lecturas sobre la realidad de cada país son diversas, pero los análisis generales parecen coincidir en que las protestas que se extendieron a lo largo y ancho de América Latina durante 2019 tienen en común que son la movilización de una clase media disconforme. Disconforme con los servicios que le provee el Estado, con la política, con la corrupción, con el reparto de los frutos del crecimiento de la última década; disconforme con los gobiernos de izquierda y de derecha. Disconforme con todo en general y con nada en particular.

Los titulares de los diarios y los análisis académicos sobre estos conflictos destacan que sea la clase media la que se moviliza como crucial para entender estos conflictos, los cuales no sólo no son nuevos en la historia, si no que ya eran previsibles por parte de los analistas (véase por ejemplo las intervenciones de los participantes del Foro organizado por El País de Madrid y el Banco Mundial en 2013).¿Por qué un conflicto encabezado por las clases medias se considera más problemático que otros?

No bourgeois, no democracy

(Barrington Moore, 1966: 418)

 Desde la Teoría de la Modernización en adelante –aunque el origen de esta idea puede rastrearse hasta Aristóteles–, una sociedad con una amplia clase media se considera que es una sociedad “menos polarizada”. La polarización está asociada con la clusterización de la sociedad en grupos que se caracterizan por ser muy iguales a la interna y muy dispares entre sí. La polarización, asimismo, se encuentra asociada con el conflicto por la distribución de los recursos, tanto económicos como políticos (North, 1990; Acemoglu et al., 2001, 2005), y una la literatura cada vez más abundante establece este conflicto como el eje central para la conformación de los regímenes de bienestar y, con ello, con las formas de distribución materiales y simbólicas de los recursos de poder.

Banerjee et al. (2008) afirman que son tres los mecanismos a través de los cuales las clases medias promueven el desarrollo. Primero, porque las clases medias son las que proveen a la sociedad de emprendedores que crean empleos y ganancias de productividad.[1] Segundo, para estos autores, la clase media posee ciertos “valores” de acumulación de capital humano y de ahorro que son fundamentales para el proceso de crecimiento.[2] Tercero, porque la clase media tiene un ingreso que la habilita a pagar por productos de mejor calidad y, por tanto, son demandantes de productos de alta calidad, los cuales suelen tener rendimientos crecientes a escala y promueven la inversión.

Otros autores afirman que las clases medias juegan un rol fundamental para comprender los procesos de persistencia de la desigualdad en las sociedades latinoamericanas (Schneider y Soskice, 2009), abonando los trabajos que sostienen que las clases bajas tienen limitaciones varias para acumular capital humano (Galor y Zeira, 1993; Alesina y Rodrik, 1994).

Ahora bien, si una amplia clase media promueve todas esas mejoras en la sociedad, ¿por qué el crecimiento superlativo de la clase media en América Latina no ha llevado a romper el círculo vicioso del crecimiento del continente?

 

“Dos linajes sólo hay en el mundo, como decía una abuela mía, que son el tener y el no tener, aunque ella al de tener se atenía.”

(Miguel de Cervantes Saavedra)

El crecimiento económico de la región durante el último ciclo de alza de los precios de las commodities en combinación con “el regreso del Estado” (Skocpol et al, 1985), ha producido, como lo señalan varios informes del Banco Mundial y la CEPAL, un incremento de la clase media en América Latina. Estas “nuevas” clases medias se componen, en su mayor parte, por quienes han dejado de ser pobres (Ferreira et al., 2013; Franco et al., 2010a, 2010b, 2011; Hopenhayn, 2010)

La pregunta es, ¿no ser pobre alcanza para ser clase media?

En términos metodológicos, establecer los límites de clase, es decir, en qué punto uno deja de pertenecer a una clase y pasa a pertenecer a otra, representa una eterna discusión. Long story short, hay dos tipos de modelos: los gradativos, que miden la posición del individuo/hogar en el continuo de la distribución del ingreso, y son particularmente útiles para descripciones intertemporales; y los más clásicos acuñados en la tradición marxista y weberiana que se centran en observar lo que se denomina “clase ocupacional”, siguiendo la idea de que las clases se determinan a partir de la relación de los individuos con los medios de producción y el status adquirido a través del tipo de trabajo que realizan. Las críticas a la determinación de estratos sociales a partir de unos modelos y otros son incontables. Quizá, una forma simple de resumir las críticas a una y otra visión es recurrir al planteo de Giddens (1979) quien afirma que el modo en que las relaciones económicas se transforman en estructuras no económicas es el principal problema del análisis de clase contemporáneo.

Los cambios en la estructura económica, la adopción del progreso técnico, los cambios en el rol del Estado, así como los movimientos migratorios y demográficos, son aspectos que alteran la estructura de la sociedad y el reparto de los bienes sociales y su distribución. Los cambios en la estructura social, al mismo tiempo, influyen en las estructuras tanto materiales como simbólicas del ejercicio del poder y, por tanto, son agentes fundamentales en el cambio social.

Para algunos autores, el rol como pivot de la sociedad que se le otorga a las clases medias no sólo dependería del tamaño sino, también, de la estabilidad de la clase media, ya que sus expectativas inciden en una forma fundamental en su toma de decisiones, tanto políticas como económicas (Easterly, 2001; Josten, 2005; Birdsall et al, 2000; Troche et al., 2012).

Troche et al. (2012), para conceptualizar esta idea de estabilidad intertemporal de la clase media, desarrollan el concepto de “clase media vulnerable” el cual se define como “… the probability of a middle class household falls into poverty (…) Stability, in turn, is the probability that middle class household reminds in the middle class over time” (Ibidem 2012:1-2). Como puede apreciarse a partir de la definición, el concepto de estabilidad, como los propios autores lo hacer notar, implica la no movilidad social, y esto es una característica que puede o no ser deseable en una distribución, dependiendo en qué parte de la misma nos encontremos. Ciertamente no es una característica deseable para los pobres, pero tampoco lo es para la clase media si la misma aspira a ascender económicamente.

Gráfico 1. Distribución de los grupos sociales por país; circa 2000 y 2012 (% de población)

Fuente: PNUD (2014:4)

Como se puede apreciar en el Gráfico 1, salvo en los países del Cono Sur, la mayor parte de la reducción de la pobreza de los países de América Latina entre el 2000 y el 2012 se tradujo en el aumento de esa clase media vulnerable. Otro elemento que resulta significativo es cómo se ha logrado este proceso. En este sentido, el Gráfico 2 muestra que en la mayoría de los países estas mejoras son producto del crecimiento económico más que a mejoras en la redistribución del ingreso. Tomemos en cuenta que estos datos están estimados en 2012, cuando el ciclo de crecimiento aún no se había agotado (al menos no del todo). Con el diario del lunes, y sin necesidad de conocer la histórica volatilidad del crecimiento del continente (Bértola y Ocampo, 2012), sabemos que esto fue, como dice el dicho, “pan para hoy, hambre para mañana”.

Gráfico 2: Descomposición de los cambios en pobreza; circa 2000-2012 (% de contribución de los efectos crecimiento y redistribución) [3]

Fuente: PNUD (2014:5)

Al menos dos lecturas surgen de esto: una que mira “el medio vaso vacío”, haciendo hincapié en la “vulnerabilidad hacia abajo”, es decir, en destacar los elementos relacionados con esa probabilidad de caer en la pobreza que define a estas clases medias (precarización del empleo, volatilidad económica, las fallas en la protección social, entre otros factores). Por otro lado, hay un “medio vaso lleno” que es la movilidad ascendente de las capas de menor ingreso de la sociedad. La expansión del consumo y del crédito necesario para sustentarlo, en un mundo en el que se puede acceder a bienes a bajo costo, engrosa las filas de las clases medias con individuos que, en otros tiempos, no hubieran sido considerados como tales.

Como mencioné antes, esto no es un fenómeno nuevo. En los años ‘60s y ‘70s varios estudios sobre estratificación en América Latina destacaban la “proletarización” de la clase media (Filgueira y Gianeletti, 1981). En los años ‘50s uno de los trabajos pioneros sobre esta temática fue la compilación realizada por Crevenna (1950-1951) para la Unión Panamericana. Esos trabajos han sido ampliamente discutidos y criticados, en parte por su uso poco preciso del concepto de “clase media” y sus conclusiones un poco contradictorias acerca de las pautas de consumo de estos sectores (en algunos casos destacando su frugalidad y, en otros, su consumo imitativo de las clases superiores), su papel en la política (en algunos casos visto como positivo y fundamental para el desarrollo y, en otros, visto como freno por la connivencia de estas clases con los regímenes de facto que luego se asentarían en la región en décadas posteriores).

En estos estudios ya se encontraba la idea de una “nueva” y una “vieja” clase media y se discutía la existencia de multiplicidad de clases en su interior, lo cual llevó a decantar los estudios posteriores por el uso del término estrato en vez de clase. El diagnóstico de algunos de ellos parece contar una historia repetida: (…) “América Latina registra cambios en sus estructuras de estratificación por dimensión de status con velocidades y ritmos muy diferentes, motivo suficiente para que se creen tensiones estructurales insolubles. Muchos trabajadores ven frustradas las aspiraciones de ocupación e ingreso para sus hijos, a los que han podido hacer llegar a niveles educacionales altos. Los efectos sociales, psicosociales y políticos de estas diferencias son evidentes.” (Filgueira y Geneletti, 1981:6)

Al final del día, el problema que se presenta es cómo asegurar que esas personas que están en el centro de la distribución tengan objetivos comunes e ideas de cómo lograr ese desarrollo, compartiendo, a su vez, ideas sobre el papel del conflicto en dicho proceso. El que eso no se pueda asegurar da origen al conflicto social que parece parte fundante de la explicación de las movilizaciones que vemos hoy en día.

Que estos problemas ya se mostraran en los estudios de los ‘60s, una década caracterizada, al igual que en el presente, por un enlentecimiento del crecimiento económico y la extensión de los conflictos sociales por la redistribución de los frutos del mismo, nos insta a mirar estos fenómenos en perspectiva histórica. En una futura entrega veremos, a partir del caso uruguayo a principios del siglo XX, cómo a pesar de las limitaciones de fuentes (principalmente la falta de Encuestas de Hogares), es posible analizar los fenómenos de estratificación social en el largo plazo.

[1] Esto está sustentado en los planteos originalmente realizados por Acemoglu y Zilbotti (1997), a pesar de que la evidencia empírica presentada por Banerjee et al (2008) no encuentra que en las clases medias haya más emprendedores que en las otras clases.

[2] Este argumento lo toman de Doepke y Zilibotti (2005,2008).

[3] Elaboración de PNUD a partir de estimaciones de CEDLAS. “El método de descomposición empleado por el CEDLAS corresponde al propuesto por Maasoumi y Mahmoudi (2013). El efecto crecimiento surge de una simulación en la que se re-escalan los ingresos de acuerdo al crecimiento observado entre dos periodos, y de computar la incidencia de la pobreza. El efecto distributivo surge como residuo entre el cambio observado en la pobreza durante estos periodos.” (PNUD, 2014:5).

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Reflexiones de un regreso efímero (I)

Juan Flores Zendejas

Ginebra, 3 diciembre 2019

-I-

Regresé a vivir a México casi veinte años después de mi partida. Fue una estancia que ahora me parece lejana. No obstante, sentarme a escribir sobre ella me sirve como terapia psicológica. En este espacio, me gustaría comentar algunas vivencias y reflexiones, y comparar mis recuerdos más antiguos con aquellos del año académico que culminó hace ya algunos meses. Me gustaría empezar por lo que corresponde a este blog, esto es, escribir sobre economía, historia, y política. Obviamente, no podría enumerar, en unas pocas líneas, todos los contrastes, dudas, desgracias y diferencias que percibí entre aquel México del ocaso priista y este otro de mediados de 2018. A diferencia de ese México retrograda, este México «moderno» se encuentra en pleno movimiento, con mucho dinamismo, pero también con problemas tan complejos como aquellos de antaño.

Empecemos pues con la relación que tiene el/la ciudadan@ de a pie con la política. Sin pretender entrar en los pormenores de tan compleja cuestión, un primer contraste entre el México de hace tres décadas y el actual consiste en la mayor diversidad de opiniones y de corrientes de pensamiento. Por regla general, en un régimen autoritario (como el mexicano de partido único con el Partido Revolucionario Institucional, PRI), la relación del ciudadan@ con la política es, por la misma falta de libertad, mucho más sencilla. Por decirlo en dos palabras, la herramienta represiva es la mayor condicionante. Esquematizando a grandes rasgos, dentro del régimen político de los años ochenta o noventa, la misma estructura social permitía prever las orientaciones políticas. Por ejemplo, entre las clases medias o bajas había, obviamente, importantes enclaves priistas. Pero mientras se estuviera en un foro privado, se podría despotricar sin empacho sobre esa «dictadura perfecta». Y era algo relativamente común. Con priistas en la sala, esto no cambiaba mucho, ya que estos por lo general optaban por el silencio o por realizar esfuerzos tímidos y medidos para manifestar su defensa del régimen. Alguno que otro priista llegaba a manifestarse con mayor entusiasmo, principalmente si eran aquellos privilegiados con acceso a un “hueso” (puesto gubernamental) o si se encontraban con la esperanza de obtener alguno («…el hijo de mi vecino es amigo de la secretaria del diputado, ¡¡ya chingamos…!!»). Pero dado el evidente conflicto de interés, ese apoyo no solía tomarse muy en serio.

En mi infancia, habiendo frecuentado escuelas privadas (hoy en día catalogadas como «fifis», antes «fresas»), el entorno era mayoritariamente priista y la política no solía ser un tema muy importante. Ahora bien, siendo yo parte de una familia clasemediera y sin huesos cercanos que perseguir, me sentía con la libertad temeraria para provocar repitiendo lo que oía entre familiares y amigos cercanos, esto es, frases clásicas como “pinche PRI, por eso estamos como estamos” o «son todas unas ratas«. Pero nunca fui mucho más lejos. Posteriormente entendí que la indiscreción de dichas afirmaciones podía ser motivo de consecuencias mucho más graves. Pero eso yo nunca lo viví, y lo supe sólo mucho tiempo después, y a lo lejos…

-II-

Mi estancia sólo confirmo lo que ya había intuido por redes sociales y la prensa, en lo referente al nivel de división tan brutal dentro de la sociedad. Los desencuentros actuales abarcan desde la memoria del antiguo régimen priista hasta temas como el aborto, los derechos LGBT, el lugar del país en América Latina y en el mundo, el papel del gobierno en la economía, el de los empresarios/políticos («la mafia en el poder») en el subdesarrollo, la responsabilidad de los banqueros en el mismo, y un largo etcétera. Pero la más visible de todas estas divisiones es, sin duda, la percepción positiva o negativa, del gobierno actual. Jamás, desde mis más tempranos recuerdos, había presenciado una polarización tan nítida, tan hiriente, y tan obsesiva: una variable dicotómica a la mala.

¿Qué pasó desde entonces? ¿Como llegamos a esta polarización? ¿Es esta tal vez el resultado inevitable de la transición a la democracia, el rasgo de una sociedad más madura? ¿Es tan solo un punto más de una tendencia generalizada en el mundo? Para poner en contexto, México tiene desde hace un año, el primer gobierno «de izquierda». Las razones por la aplastante victoria del Movimiento de Regeneración Nacional – Morena (a nivel legislativo y ejecutivo) serán diversas y dudo que existan ya estudios conclusivos sobre los factores que llevaron a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la presidencia. Pero en todo caso, hay ahora mismo dos campos: los simpatizantes del presidente (AMLO-vers) y sus detractores (AM-haters). En medio, los moderados que apenas existen, a quién nadie ve, a quién nadie escucha y a quién probablemente nadie quiera (“posiciónate, mi chavo…)”.

Ahora bien, me gustaría conjeturar sobre aquellos factores que pienso influyeron fuertemente en dichos resultados electorales: la lucha contra la corrupción y el combate contra la pobreza. Tendríamos que analizar cada factor para al menos, empezar a relacionar el estado de cada variable sobre las elecciones. Sin lugar a dudas, la corrupción ha sido relacionada con el malfuncionamiento de las instituciones, de la sociedad y ha afectado negativamente el desempeño económico. Ciertamente, la percepción general sobre el problema de la corrupción en los gobiernos anteriores debe haber sido un elemento clave. Dicho esto, prefiero ahondar en ello en otra entrada. Aquí me gustaría concentrarme sobre lo siguiente: ¿En que medida afectaron la pobreza y la consecuente desigualdad en este giro radical en el gobierno, y en la polarización antes planteada? La respuesta, me temo, es mucho más compleja de lo que parece.

-III-

No es ningún secreto que la situación de la pobreza en México se mantiene a niveles sumamente elevados. Dichos niveles, altos históricamente, habían disminuido desde los años 1950s, para luego mantenerse en niveles alrededor de 50% de la población desde los años ochenta, con un pico en los años posteriores a la crisis de l994.[1] Estas tendencias se correlacionan con el comportamiento del crecimiento económico y de la desigualdad del ingreso. Ambos factores, crecimiento y desigualdad, se han vuelto un tema discutido recientemente: México ha tenido tasas de crecimiento sumamente bajas desde al menos tres décadas (casi cuatro) y se mantiene la desigualdad del ingreso a niveles mayúsculos.

El fracaso mexicano en lo que a crecimiento se refiere es aún un tema mayúsculo y sin duda se encuentra detrás de la idea generalizada del fracaso del neoliberalismo. Como el tema da para muchas páginas más, prefiero tratarlo en otra entrada (ya sé que estoy prometiendo demasiado, pero prometer no cuesta nada y siempre está de moda).[2] Prefiero enfocarme ahora, porque la actualidad lo dicta, en la distribución del ingreso. Una primera respuesta a las preguntas antes planteadas es la siguiente: la polarización es una respuesta lógica al resultado ambivalente que la apertura comercial y la liberalización de la economía ha traído a los distintos grupos socioeconómicos creando beneficiados y perjudicados.[3] Esto es, el aumento exponencial de las exportaciones ha traído beneficios dispares, como en todo proceso de apertura comercial, con «ganadores» y «perdedores».

Por tanto, el que la apertura comercial y la liberalización de la economía no hayan sido acompañadas ni de crecimiento, ni de una disminución de la pobreza lucen como razones evidentes del porqué del descontento y de la crispación contra el modelo dominante («neoliberal» en el discurso político actual). Ahora bien: ¿qué ha pasado con la desigualdad en México? ¿Se ha deteriorado tanto como lo que parece ser el caso en otros países?

Gráfico 1

He aquí una paradoja importante. Según el índice Gini, tanto en México como en otros casos de América Latina (por ejemplo, Chile, que se muestra en la misma gráfica), la desigualdad lleva cayendo desde hace ya algunos años. En principio, y según la tendencia negativa que se observa, la desigualdad no debería ser ya un tema relevante (al menos no más que hace veinte años) ya que la reducción de la desigualdad se ha empezado a producir ya hace tiempo. Por el contrario, la emergencia de este mismo tema en Estados Unidos parece perfectamente justificada: sin llegar aun a los niveles de desigualdad de países en América Latina, la sociedad estadounidense (y podríamos decir lo mismo de la europea) pide una mayor redistribución desde los canales institucionales previstos( aunque también por otros no institucionales). El descontento hacia el modelo económico actual es claro, y se observa en varios lugares en el mundo. Esto es precisamente lo que muestra Thomas Piketty en su último libro, Capital et Idéologie: según nivel de ingreso (nivel de patrimonio y también nivel educativo) los grupos más desfavorecidos son aquellos que más se han opuesto a la integración europea y que han apoyado por ejemplo el Brexit.[4] Esto es: aquellos deciles con los ingresos más bajos, al tener voz política, se manifiestan en contra del régimen que los ha convertido en «perdedores». Una curiosidad importante: a pesar de las resistencias iniciales al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, por allá de inicios de los noventa, en México no ha habido una expresión manifiesta y robusta contra la apertura comercial, ni siquiera ahora por parte de este nuevo gobierno “antineoliberal”.

G15.18-piketty

Gráfico 2.

-IV-

De lo que podemos observar del grafico 1, parecería que en México o en Chile la resistencia a la desigualdad es mayor. En otras palabras, la fuerte desigualdad debió haber conducido a un cambio de régimen desde hace décadas. Se podría argumentar entonces, que nuestras sociedades no han tenido en realidad ningún interés en reducir la inequidad insultante que nos acompaña desde hace siglos. Podríamos argumentar por tanto que, después de todo, si hoy hablamos de desigualdad es porque…es lo de hoy, porque nos hemos limitado a importar los debates de los países ricos, mientras que nos hemos hecho de la vista gorda durante mucho tiempo. Un profesor mío decía, por ahí de los años noventa, y con justa razón, que para vivir bien en México hacía falta o ser ciego, o hacerse pendejo. Pero siendo sinceros, y aceptando que nuestra vista se porta de maravilla, hemos exagerado un poco.

La falta de reacción ante los altos niveles de desigualdad pudo haber sido también un efecto secundario y nefasto de la ausencia de democracia. En un régimen democrático, y según la teoría del votante medio, en un contexto de fuerte desigualdad habría una demanda hacia políticas con mayor redistribución del ingreso y por tanto, menor desigualad. ¿Qué pasa entonces cuando se produce la transición de un régimen autoritario a democracia en otros casos? En el caso de los países desarrollados, Peter Lindert escribió hace tiempo que el aumento del gasto social vino de la mano con la democratización de las sociedades, con el aumento de la esperanza de vida y, bajo los efectos de la Gran Depresión, también con el desempleo.[5] Dicho estado social también fue la condición (por parte de los sindicatos) para aceptar la liberalización comercial en el periodo posterior a 1945.

Algunos paralelismos se encuentran en ciertos países en América Latina. En México, el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial se caracteriza precisamente por el aumento del gasto social, aunque esta búsqueda se produjo más en el discurso público que en un aumento significativo del mismo.[6] Ahora bien, la crisis de 1982 y la consecuente década perdida pudieron haber generado una mayor demanda de políticas redistributivas que pudieran paliar los efectos sobre la desigualdad. Ante los desequilibrios macroeconómicos acumulados y en gran parte por las presiones externas (fruto de los programas de ajuste estructural impulsados desde el FMI), hubo poco margen de maniobra. Aun así, los gobiernos de los ochenta tampoco priorizaron el problema de la desigualdad.

La historia reciente de nuestra región muestra precisamente eso: la crisis de 1982 fue un parteaguas en las tendencias en los niveles de pobreza y de desigualdad, tal como demuestran Székely y Montes (2008).[7] Pero la transición hacia la democracia tampoco ha implicado una fuerte redistribución de la riqueza ni una caída importante de la desigualdad. Tomando en cuenta únicamente el último medio siglo, ¿cuándo nos ha empezado a preocupar el tema de la desigualdad? En el gráfico 3 se muestra la evolución del n-grama (concepto de la lingüística cuantitativa; a interpretar como el resultado de una secuencia de textos en fragmentos, incluyendo grupos de letras, palabras, o combinación de palabras) utilizando la herramienta Ngram viewer de Google, que toma en cuenta los recursos impresos publicados en un periodo determinado.[8] Si incluimos las palabras desigualdad en México, observamos que efectivamente, el aumento de la utilización de dichos términos va en acorde a lo que sabemos tanto por la narrativa histórica como por las estadísticas.

Gráfico 3

Si bien entonces las medidas de austeridad no permitieron un incremento del gasto social, hacia finales de los ochenta, con la implementación del plan Brady que permitió reducir el peso del servicio de la deuda en el gasto público, podríamos haber entonces esperado el tan anhelado incremento del gasto social. Aquí el caso de Chile es ilustrativo. la llegada de la democracia tampoco coincidió con la implementación de políticas redistributivas, y menos con una caída de la desigualdad. Existen varias razones que explican estas ausencias. Según explican Javier Rodríguez Weber y Diego Sánchez-Ancochea, la dictadura de Pinochet contribuyó en gran medida al aumento de la desigualdad mediante la represión de los sindicatos, el proceso de privatización que benefició a un numero reducido de empresarios y, el control de una élite sobre el Estado, esto último siendo el elemento que persistió más allá del cambio de régimen.[9] Esta captura, vigente hoy en día, le permite a una élite manejar e influir sobre las decisiones de las instituciones económicas. Se trata d un sistema que ha sobrevivido al cambio de régimen y que ralentiza el aumento de la capacidad fiscal del estado chileno, evita políticas de regulación que puedan disminuir la fuerte concentración de mercado, y coadyuva muy poco en políticas de innovación que puedan cerrar las brechas de productividad existentes entre sectores y entre grandes y pequeñas empresas.

-V-

Así pues, volvamos al México actual. Entre los lemas de campaña del actual presidente, el lema de «primero los pobres» no debiera resultarnos sorprendente, ni tampoco los discursos contra la élite, esa «mafia en el poder». Bajo la misma óptica, la confrontación misma que existe desde la emergencia de AMLO en el panorama político podría leerse como un fenómeno natural y esperado. El famoso cambio de régimen que observamos también podría, por tanto, compararse con lo que sucede en Estados Unidos o en Europa, donde incluso con niveles de desigualdad menos elevados que en México se observan fuertes reacciones en la población. Si el diagnóstico del AMLO ha sido el correcto, la pregunta es más bien, porque no tuvimos un AMLO anteriormente. Aquí también, la controversia generada luego de las elecciones del 2006 (con denuncias de fraude contra el candidato vencedor Felipe Calderón) cobra mayor fuerza.

Al menos en el discurso entonces, el gobierno ha anunciado la priorización de programas sociales. Aún queda por verse que tanto el tema de la desigualdad pasa del discurso a resultados tangibles. Lo que queda claro es que la desigualdad ha subido escalones en las plataformas electorales de los distintos partidos políticos, aunque no necesariamente se haya convertido ya en un tema prioritario. Según el estudio «Desigualdades en México», Morena ni siquiera fue el partido que más frecuentemente uso la palabra desigualdad en su propia plataforma.[10] Es verdad que otros temas centrales como desarrollo, seguridad, y combate a la pobreza podrían estar asociados directa o directamente con la desigualdad (o incluso la equidad de género). Sin embargo, en ninguna de las plataformas electorales se señalaron propuestas concretas para disminuirla.

Ahora bien: hoy en día existen esfuerzos considerables por entender la situación y los procesos que llevan a la fuerte desigualdad en México. Si bien he mencionado anteriormente que el índice GINI no se ha movido de manera desfavorable, si es verdad que existen otros indicadores que apuntan a lo contrario. También es cierto que existen mecanismos que propician la desigualdad en México incluyendo la concentración de mercado, la falta de movilidad social, el diferencial de crecimiento entre las distintas regiones del país, el racismo y un largo etcétera. Muchas de las discusiones que se repiten en los medios hoy en día ni siquiera eran consideradas en el mundo académico hace tres décadas.

Aun así, existen muchas resistencias a incluir estos temas en la agenda política, y aún más cuando se trata de implementar políticas redistributivas. Esto explica parcialmente el clima de crispación en el país. Aunque probablemente existan elementos que inviten al optimismo, una vez que se piensa en las agendas de investigación de grupos de la sociedad civil y distintas organizaciones no gubernamentales, que hoy en día resultan claves para atraer la atención de la opinión publica hacia estas problemáticas.[11] Esto es necesario porque, en el fondo, es probable que la sociedad mexicana sea mucho menos solidaria de lo que se dice ser, y que la supuesta solidaridad de la que tanto alarde hace se limite a los momentos mas extremos como pueden ser las catástrofes naturales (como el sismo del 2017). Ahora bien, ¿por qué aceptaría un habitante de San Pedro Garza García en Nuevo León, una de las localidades más ricas de América Latina, aceptar un incremento de impuestos para financiar algún programa social en Ocosingo, Chiapas, uno de los municipios más pobres del país? ¿Por qué un habitante del Pedregal en la ciudad de México, que podría ser candidato a posar para la revista Gente u otra revista centrada en la estética étnica tipo europea, apoyaría un proyecto de infraestructura hidráulica en Iztapalapa? La diversidad étnica y la fragmentación social no han solido estar muy de la mano, como señalaba Lindert en el trabajo antes citado (considérese por ejemplo el caso de Estados Unidos).

-VI-

Hace poco, un artículo en el Financial Times discutía el tema de la inmigración y la creciente falta de apoyo de la población europea al estado de bienestar. [12] A medida que la proporción de la población no-nacida en dicha región aumenta, se espera exista un declive en el estado de bienestar (mientras menos haya en común entre los ciudadanos, menos solidaridad habrá entre ellos). Sin embargo, la evidencia empírica no necesariamente acompaña este argumento, y en casos como Canadá o Francia, la diversidad étnica no ha impedido que el estado de bienestar continúe siendo robusto. Regresando al caso de México, me parece un error del gobierno actual seguir nutriendo la división generada desde hace décadas, sino es que siglos. Esto es, las divisiones son reales, así como también lo es, y ha sido la injusticia social. Pero ahora tendríamos que preguntarnos como generar mayor sentimiento de solidaridad entre regiones, grupos étnicos (indígenas) e individuos . Una sociedad más igualitaria beneficiaria a todos y, en esto tienen razón los partidos políticos, dados los efectos positivos en temas como la seguridad, el desarrollo del mercado doméstico, el nivel educativo, la productividad etc. El discurso tendría que llamar a crear consensos en donde cada grupo socio-económico pueda estar representado, así como foros en donde los conflictos puedan ser resueltos, en el mismo sentido de los pactos sociales de la Europa de la postguerra.[13]

*****

NOTAS

[1] Aquí me refiero a la pobreza de patrimonio. Véase Székely, Miguel. «Pobreza y Desigualdad en México entre 1950 Y 2004.» El Trimestre Económico 72, no. 288(4) (2005): 913-31.

[2] Por ahora, basta hacer referencia a un número especial de la revista Nexos, ¿Por qué no somos ricos?, 1 de diciembre de 2011. En ese número se hacía también una crítica al tema del momento, el de las famosas reformas estructurales. Más recientemente, en el libro¿Y ahora que? : México ante el 2018 (Coord. Héctor Aguilar Camín ; Héctor Aguilar Camín [y siete más], se publican una serie de ensayos que incluyen una discusión comprehensiva sobre los desafíos de la economía mexicana.

[3] Veáse por ejemplo: Gordon H. Hanson, “What Has Happened to Wages in Mexico since NAFTA?,” en Integrating the Americas, FTAA and Beyond, by Antoni Esteva deordal et al., Series on Latin American Studies (Cambridge MA: Harvard Univ. Press, 2004), 505–38.

[4] El gráfico que muestro aquí proviene de la página web del autor: http://piketty.pse.ens.fr/fr/ideologie. Piketty, Thomas. Capital et idéologie, Seuil, 2019, 1232 p.

[5] Lindert, P. (2004). Growing Public: Social Spending and Economic Growth since the Eighteenth Century. Cambridge: Cambridge University Press.

[6] Hernández Trujillo, Fausto (2010) “Las finanzas públicas en el México posrevolucionario” en Kuntz, Sandra (coord.) Historia económica General de México. De la Colonia a nuestros días. México: El Colegio de México-Secretaría de Economía. pp. 573-602.

[7] Székely, M., & Montes, A. (2006). Poverty and Inequality. In V. Bulmer-Thomas, J. Coatsworth, & R. Cortes-Conde (Eds.), The Cambridge Economic History of Latin America (pp. 585-646). Cambridge: Cambridge University Press.

[8] Altmann, Gabriel, Reinhard Köhler, and Raĭmond Genrikhovich Piotrovskiĭ (2005), Quantitative Linguistik ein internationales Handbuch = Quantitative linguistics : an international handbook. Berlin: M. de Gruyter.

[9] Veanse los capítulos «La economía política de la desigualdad de ingreso en Chile desde 1850» de Javier E. Rodríguez Weber, y «La economía política de la desigualdad en el nivel más alto de Chile contemporáneo» de Diego Sánchez-Ancochea en Bértola, Luis y Williamson, Jeffrey (2016), La fractura. Pasado y presente de la búsqueda de equidad social en América LatinaColección: Economía. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 640 p.

[10] El Colegio de México. Desigualdades en México/2018. México: El Colegio de México, 2018. 124p.

[11] Véanse recientemente: el reporte de Oxfam, México justo: propuestas de políticas públicas para combatir la desigualdad. Autores: Diego Alejo Vázquez Pimentel, Milena Dovalí Delgado y Máximo Jaramillo Molina; también los distintos informes sobre la falta de movilidad social en México elaborados por el Centro de estudios Espinosa Yglesias.

[12] Ganesh, Janan, «The False choice between diversity and welfare», Financial Times, 3q de octubre de 2019.

[13] Eichengreen, B. (1996). Institutions and economic growth: Europe after World War II. In N. Crafts & G. Toniolo (Eds.), Economic Growth in Europe since 1945 (pp. 38-72). Cambridge: Cambridge University Press.

PIBs regionales en América Latina: un programa de investigación en marcha.

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 2 de setiembre de 2019

RESUMEN. En la última década ha sido notorio el interés de muchos historiadores de la península Ibérica y de América Latina por identificar e interpretar los factores determinantes del desarrollo regional latinoamericano en perspectiva histórica y comparada. Existe, de hecho, un programa de investigación en marcha que, progresivamente, ha ido arrojando resultados que interesa compartir con la comunidad de historiadores económicos.

En una anterior entrada al Blog (“PIBs regionales en América Latina y desconcentración de la actividad económica durante la ISI: ¿industrialización, protección o condiciones estructurales?”) presentaba y discutía algunos de los resultados iniciales de un programa de investigación que, poco a poco, se ponía en marcha.

En efecto, en la última década, la investigación sobre economía regional y desarrollo local, desde una perspectiva de largo plazo, ha recibido especial atención. Muchos de los resultados han demostrado que la geografía económica actual de Europa y Estados Unidos es el resultado de un proceso largo y complejo en el que las fuerzas económicas e históricas han desempeñado un rol fundamental. En este marco, es posible argumentar que existen fuerzas subyacentes profundas que explican la desigualdad regional contemporánea y, en particular, aquellas relacionadas con los condicionantes institucionales y las características geográficas cobran un carácter determinante. Las fuerzas más básicas están relacionadas con la dotación inicial de factores y recursos (modelo Heckscher-Ohlin), mientras que, en un segundo nivel, se encuentran las fuerzas que surgen de la evolución del potencial de mercado y las economías de aglomeración (Nueva Geografía Económica). La evolución de los costos de transporte, el grado de integración económica internacional e interregional, las obras de infraestructura y los avances tecnológicos adquieren, en esa interacción, una relevancia trascendente.

Progresivamente, los focos de la investigación se han trasladado desde el mundo desarrollado hacia regiones de la periferia mundial, proceso que no solo tiene el potencial de proporcionar una nueva perspectiva sobre la historia económica de estas regiones, sino, también, de ofrecer nuevas ideas sobre cómo interactúan esas fuerzas en los países periféricos. En este sentido, la localización de los recursos naturales, el atraso industrial prevaleciente en la mayoría de estos países, así como la existencia de vastas regiones de baja densidad poblacional conducen a diseñar un renovado conjunto de preguntas.

En este marco, se han propuesto trabajos de estudios empíricos con estimaciones del PIB regional a largo plazo (desde finales del siglo XIX hasta principios del siglo XXI), caracterizaciones de la dinámica de la desigualdad regional y aportes en temas como convergencia entre regiones, aglomeración o movilidad espacial, cambios en la productividad, estructura laboral e intensidad del capital, entre otros. América Latina no ha estado ajena a esta agenda de investigación y se han realizado contribuciones relevantes que resulta de interés difundir y promover. Precisamente, el VI Congreso Latinoamericano de Historia Económica fue una muy buena oportunidad para nuclear los trabajos de investigación en marcha sobre la temática y que han mostrado un alto estado de avance. Fueron presentados los casos de Argentina (María Florencia Aráoz, Esteban Nicolini y Mauricio Talassino), Bolivia (José A. Peres-Cajías), Brasil (Justin R. Bucciferro y Pedro H. G. Ferreira de Souza), Chile (Marc Badía-Miró), Colombia (Lucas Wilfried Hahn-De-Castro y Adolfo Meisel-Roca), Mexico (José Aguilar-Retureta y Alfonso Herranz-Loncán), Perú (Bruno Seminario De Marzi y María Alejandra Zegarra), Uruguay (Julio Martinez-Galarraga, Adrián Rodríguez Miranda y Henry Willebald) y Venezuela (Giuseppe De Corso y Daniel A. Tirado-Fabregat).

No solo es destacable la calidad de las ponencias presentadas sino, también, los esfuerzos de alinear agendas de investigación nacionales para constituir, de hecho, un programa de investigación que permitirá conocer más a fondo la historia económica de América Latina, identificar sus espacios económicos y determinar cuáles han sido los factores claves en el dispar desarrollo regional del subcontinente. De hecho, es regresar, desde otro ámbito y con renovadas perspectivas, a la vieja noción cepalina de la heterogeneidad estructural tan característica del desarrollo desigual latinoamericano.

Estos esfuerzos de estimación y analíticos serán parte, próximamente, de un libro de la colección Palgrave Macmillan que co-editaré con los Prof. Marc Badia-Miró (Universidad de Barcelona) y Daniel Tirado-Fabregat (Universidad de Valencia) y al que se sumarán otros colegas europeos y latinoamericanos con capítulos comparativos y visiones globales.

En próximas entradas del Blog daré cuenta de los resultados que se han obtenido en esta agenda conjunta de investigación y, fundamentalmente, del set de preguntas que se abre desde este momento. Se trata de un territorio fecundo para seguir avanzando en el conocimiento e interpretación de la realidad económica de una región con tantas disparidades y tantos contrastes como América Latina, pero también con tantas posibilidades de acercamiento e integración. La agenda de trabajo está en marcha.

 

Las diferencias de género en el mercado laboral, brechas salariales como factor emergente

Silvana (06-11-2018)

Silvana Maubrigades es Profesora Adjunta de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, Uruguay. Es Socióloga y Doctora en Historia Económica por la misma  Universidad. Trabaja en el Programa de Historia Económica donde desarrolla su línea de investigación vinculada a las temáticas de desarrollo, desigualdad y mercado de trabajo desde la perspectiva de género.

 

RESUMEN. Reafirmando la complejidad que presenta el fenómeno de la desigualdad en la región, en esta primera presentación en el blog se introduce la perspectiva de género para analizar en América Latina la brecha salarial, identificándose algunas persistencias como la segregación ocupacional que deriva en disparidades salariales entre hombres y mujeres; y constatándose también una permanencia de las brechas salariales en los estratos más educados de la población activa.

A lo largo del siglo XX, en América Latina, las mujeres duplican su participación en el mercado de trabajo pasando de un promedio aproximado de un 20 % en la primera mitad del siglo XX a guarismos en torno al 40/50 % al final del siglo. Sin embargo, diversos enfoques teóricos e investigaciones aplicadas han demostrado la no linealidad entre el crecimiento económico y el aumento de la población económicamente activa femenina (PEAF). De allí se deriva la necesidad de desarrollar una explicación multicausal de este proceso, abarcando factores explicativos desde la demanda (cambios en los modelos productivos) y desde la oferta (aumento de las capacidades individuales y cambios en la estructura familiar).

Este enfoque aplicado a la región requiere, por un lado, una mirada de largo plazo que permite trazar continuidades y cambios en las variables observadas y, por el otro, la comparación entre los distintos países latinoamericanos y con otras regiones a los efectos de visibilizar esta no linealidad en las trayectorias de los países. Desde la perspectiva histórica y comparada se busca articular las particularidades de los distintos casos estudiados para encontrar explicaciones generales sobre el proceso de incorporación de las mujeres al mercado de trabajo en América Latina. Sus resultados permiten identificar distintos patrones de desigualdades de género en el mercado de trabajo en América Latina vinculados a etapas y modelos de desarrollo

En esta primera presentación al blog introduciré la perspectiva de género para analizar en particular, un tema recurrente en los estudios sobre América Latina, pero también a nivel global. Decía Esteban Nicolini allá por el 2014[1] que la mayoría de las investigaciones recientes coinciden en que la inequidad de ingresos ha aumentado considerablemente en el mundo en los últimos 200 años (aproximadamente) y que la mayor parte de ese incremento se produjo por el aumento de la inequidad “entre” los países y no por la inequidad “dentro” de los países (Milanovic 2011, Bourguignon y Morrison 2002).

En particular, si consideramos sólo el caso de América Latina encontraremos que es un territorio caracterizado por una inequidad persistente con una multiplicidad de causas en su explicación, pero donde aparecen algunos elementos recurrentes. Se ha confirmado que esta desigualdad está vinculada a la falta de oportunidades laborales, a la falta de educación e incluso a la estructura productiva de los países analizados  (Bourguignon et al 2004; Bértola y Ocampo 2012). Sin embargo, en todos estos casos, una mirada a estos mismos indicadores desde una perspectiva de género muestra a las mujeres con una brecha negativa de ingresos que no se ha abatido con el paso del tiempo.

Gráfico 6.2. Brecha salarial de género en América Latina. (Promedio simple por quinquenio)

Silvana (06-11-2018)_gráfico

Fuente: Elaboración propia en base a SEDLAC (CEDLAS & The World Bank).

El primer elemento que destaca en la explicación de esta persistencia en materia de desigualdades salariales mensuales es que las mujeres trabajan, en promedio, menos horas que los hombres. Claro que esta disparidad responde al hecho de que las mujeres mantienen aún una doble jornada laboral asociada al desbalance en las tareas de cuidados que se realizan en el hogar, lo que limita sus posibilidades de cumplir jornadas completas en el mercado de trabajo o efectuar horas extras en el mismo.

Al tener en cuenta el efecto de las horas trabajadas estas diferencias salariales se reducen, aunque si se analiza con mayor profundidad se observan comportamientos muy disímiles según las características de los trabajadores y su diferencial inserción en el mercado de trabajo.

Hacia finales del siglo XX, cuando el proceso de integración de las mujeres al mercado de trabajo en América Latina parece ser ya un fenómeno irreversible, las diferencias salariales cobran una significación mayor en la explicación de las desigualdades de la región, visualizándose tendencias homogéneas entre los países. La evidencia indica las mujeres tienen ingresos inferiores en todos los niveles educativos, pero las diferencias salariales al interior del grupo de los menos educados, así como entre los más educados, es aún más significativa a favor de los hombres.

Con respecto al impacto de la edad en las desigualdades salariales, se encuentra que la desigualdad se incrementa a medida que esta aumenta. Si bien el incremento de la edad produce un aumento salarial en hombres y en mujeres, premiando así la experiencia, proporcionalmente ese crecimiento continúa beneficiando a los hombres más que a las mujeres. En cambio, entre los más jóvenes, donde puede suponerse que la experiencia laboral es menos relevante en la fijación del salario, se encuentra una significativa reducción de la brecha salarial de género.

Por otro lado, la forma en la que hombres y mujeres se incorporan al mercado de trabajo y “eligen” los espacios de participación también tiene su impacto en las retribuciones económicas percibidas. La concentración de mujeres en ocupaciones y sectores con una menor retribución en el conjunto del mercado laboral tiene como resultado un promedio de ingresos inferiores para ellas, constituyendo la segregación sectorial y ocupacional por sexos uno de los factores más relevantes para explicar la brecha salarial.

Estos resultados aportan evidencias a la discusión sobre el sesgo en la selección de ocupaciones “masculinas” y “femeninas” y sus repercusiones en la brecha salarial de género. El acceso de las mujeres a determinadas actividades da como resultado una diferenciación salarial a favor de los hombres y las tareas que desarrollan. El tipo de inserción que tienen hombres y mujeres es uno de los factores que más influye en las diferencias salariales. Dentro de las actividades consideradas “feminizadas” persisten las diferencias salariales negativas para las mujeres y estas son más pronunciadas en aquellos sectores de menores ingresos como es el caso del servicio doméstico. Dentro de las actividades “masculinizadas” como la industria manufacturera, se obtiene también una brecha salarial negativa para las mujeres. Finalmente, dentro del conjunto de personas que perciben ingresos son los trabajadores asalariados los que muestran una menor brecha salarial de género. Tanto dentro del sector empresarial como entre los cuentapropistas, se observan los niveles más altos de desigualdad salarial, superiores al 20%.

Estas condiciones, que caracterizan a la desigualdad a nivel global y que, en el caso latinoamericano, tienen expresiones muy claras en todas sus dimensiones, requieren de una caracterización histórica precisa para alcanzar una interpretación cabal de su evolución y cambio. El objetivo de las dos próximas entradas al Blog será, en primer lugar, analizar los cambios en la demanda de fuerza de trabajo al presentarse una breve caracterización del proceso de incorporación de las mujeres al mercado de trabajo a la luz de los modelos de desarrollo presentes en la región durante el siglo XX. En segundo lugar, se abordarán los cambios ocurridos en la oferta de trabajo femenina, vinculándolos a las dinámicas demográficas y a las transformaciones ocurridas en la vida de las familias, sobre todo a partir de la década de 1950 y hasta nuestros días. Se intentará visibilizar así la existencia de una serie de decisiones asumidas por los hogares y por los individuos que procuran viabilizar la participación laboral de las mujeres a partir de modificaciones en las formas de vida y en los arreglos familiares.

 

Referencias:

Bértola, L. and J. A. Ocampo (2012). The economic development of Latin America since independence. Oxford, Oxford University Press.

Bourgugnon, Francois and Morrison, Christian (2002). Inequality among world citizens: 1820-1992. American Economic Review 92, 727-744.

Bourguignon, F.;Ferreira, F.H.G. and Lustig, N. (eds.) (2004): The Microeconomics of Income Distribution Dynamics in East Asia and Latin America. Washington, DC: World Bank.

Maubrigades, S. (2018) Las mujeres en el mercado de trabajo en América Latina durante el siglo XX. Un análisis comparado de la tasa de actividad, sus factores explicativos y su impacto en la brecha salarial. Tesis doctoral. Universidad de la República, Facultad de Ciencias Sociales.

Milanovic, Branko (2011). A short history of global inequality: the past two centuries. Explorations in Economic History 48, 494-456.

[1] https://pasadoypresenteblog.wordpress.com/2014/02/21/los-componentes-de-la-inequidad-y-su-sentido-en-el-largo-plazo

Los componentes de la inequidad y su sentido en el largo plazo

Esteban Nicolini (CIEDH – Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino), 21 de febrero de 2014.

En esta entrada del blog juntaremos dos temas que se han tratado en este sitio: el primero es la evolución de la inequidad global en el largo plazo; el otro es el de la reconstrucción de los PIBs regionales en el mundo y en América Latina en particular.

En relación a la inequidad global, la mayoría de las investigaciones recientes coinciden en que la inequidad de ingresos ha aumentado considerablemente en el mundo en los últimos 200 años (aproximadamente) y que la mayor parte de ese incremento se produjo por el aumento de la inequidad “entre” los países y no por la inequidad “dentro” de los países (Milanovic 2011, Bourguignon y Morrison 2002).

Recordemos que la inequidad entre países es una medida de la distancia entre los ingresos medios nacionales, suponiendo que el ingreso de cada hogar en cada país es igual al promedio. La inequidad dentro de los países es una medida de la distancia entre los ingresos de cada hogar en cada país con respecto a la media de su propio país. La práctica usual es ponderar el aporte que hace cada país según su tamaño (en algunas medidas de la inequidad el tamaño viene dado por la población mientras que en otras medida el tamaño viene dado por su ingreso total).

Los proyectos de investigación mencionados por Henry Willebald en la entrada anterior, concentrados en la reconstrucción de los PIBs regionales en Europa y en América Latina pueden ser considerados un avance en la desagregación espacial de la desigualdad en el sentido de que aportan una visión de la inequidad dentro de los países pero sin llegar al nivel de los ingresos de los hogares individuales. Podríamos decir que medir la desigualdad entre unidades sub-nacionales (regiones, provincias, departamentos) es una medida de la parte de la desigualdad “entre” dentro de cada desigualdad “dentro”. Por lo tanto, y dado que la desigualdad “dentro” es una parte pequeña de la desigualdad global, la desigualdad entre regiones tendrá que ser relativamente baja.

En esta breve entrada propongo dos cuestiones para la reflexión o discusión. La primera tiene que ver con la elección de la frontera que separa lo “entre” de lo “dentro”.  En los estudios mencionados al comienzo, centrados en la inequidad global (planetaria) en el largo plazo, lo “entre” es “entre países” y las fronteras, entonces, son las fronteras nacionales. Quedan en general relegadas a notas al pie las menciones de los detalles incómodos de los cambios de las fronteras, la disgregación de países y la aparición de algunos nuevos. ¿Tiene lógica esta elección? Probablemente, en términos generales, sí. Los países poseen una serie de características comunes, las que llamamos macroeconómicas en nuestros cursos introductorios, que seguramente tienen mucho que ver la evolución de los ingresos: la moneda y el tipo de cambio, los niveles de precios, cierta integración de los mercados laborales, las  políticas fiscales. En lo que puede darse más heterogeneidad es en la dotación de recursos naturales en particular en países geográficamente extensos como China o Rusia y en el contexto latinoamericano, Brasil, México o Argentina. Esto puede generar ciertas hipótesis interesantes sobre la posible conexión entre la dispersión “entre” como asociada a las instituciones y las políticas (que sería en gran medida lo que hace a unos países distintos de otros) y las dispersión “dentro” como más asociada a los recursos naturales (dado que la muchas de las políticas y las instituciones son comunes para las regiones dentro de un país). Esto, claro está, es sólo una sugerencia para la construcción de posibles vías de investigación. De hecho existe evidencia de que las instituciones no solo pueden tener impactos en el muy largo plazo (por ejemplo Acemoglu et al. (2002)) sino que también algunas instituciones muy antiguas y no asociadas a la política “nacional” pueden generar diferencias dentro un país.[1] Para terminar con esta parte, dejo sólo planteada la inquietud de historiador frente a la tendencia un tanto simplista de hablar de la inequidad entre países en períodos como la primera mitad del siglo XIX, en particular para América Latina. Los primeros datos tanto de Bourguignon y Morrsion (2002) como de Milanovic (2011) corresponden a 1820 momento en el cual muchos de los actuales “países” en América Latina no existían como tales y eran, en el mejor de los casos, entidades difusas de fronteras por definir.

La segunda cuestión es un corolario de la anterior, con un ejemplo concreto y algunos datos construidos recientemente. La evolución histórica de Argentina suele usarse como ejemplo de fracaso (especialmente por los argentinos). Una versión muy generalizada en la historiografía puede simplificarse proponiendo que luego de un momento brillante de notable  crecimiento económico y altos niveles de ingreso a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, Argentina habría entrado en una decadencia sostenida durante (aproximadamente) los dos últimos tercios del siglo XX. El debate sobre las causas de esta decadencia está abierto pero las que más adeptos reúnen son una mala elección de políticas o, más profundamente, un mal sustrato institucional (Aráoz 2013). Lo que está claro es que desde 1930, la mayor parte de las políticas aplicadas en el período anterior se cambiaron de manera bastante drástica: se pasó de una integración intensa al mercado internacional de bienes y factores a una política de autarquía y sustitución de importaciones; se relajó el control monetario y se permitió una mayor tasa de inflación se intervino de manera más activa en muchos mercados y la participación del estado en la economía creció significativamente. ¿Qué sucedió con la inequidad en este período en Argentina? No lo sabemos porque todavía no tenemos estimaciones confiables y completas de la distribución de los ingresos de los hogares. Sin embargo, muy recientemente, dos co-autores y yo hemos podido reconstruir (con las limitaciones del caso) los PIBs de las provincias argentinas en 1914 (Aráoz, Nicolini y Soria Fuentes 2013) y un resultado digno de mencionar en el contexto de lo que estamos hablando es que las posiciones relativas de las provincias ha tenido una estabilidad notable entre 1914 y 1953 (primer año para el que teníamos estimaciones de otros autores –Elías (1996)- con las que podemos hacer la comparación).

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En otras palabras, en un contexto en el cual la situación macroeconómica de Argentina cambió drásticamente y este país descendió considerablemente en el ranking de ingreso de los países, la situación “hacia adentro” no cambió casi nada: la mayoría de las provincias ricas lo siguieron siendo y las pobres también. De manera tentativa, entonces, aparentemente los cambios de las políticas y las instituciones tienen poder explicativo para la posición relativa de un país mientras no parecen generar impactos relevantes en (al menos una dimensión de) lo que pasa dentro de ese país.

Quizás en el CLADHE IV en Bogotá nos permita darle forma más precisa a las preguntas y encontrar algunas respuestas.

Referencias:

Acemoglu, Daron; Johnson, Simon y Robinson, James (2002). Reversal of fortune: geography and institutions in the making of the modern world income distribution. Quarterly Journal of Economics 117, 1231-1294.

Aráoz, María Florencia (2013). La calidad institucional en Argentina en el largo plazo. Revista de Historia Económica 31, 73-109.

Aráoz, María Florencia; Nicolini, Esteban A. y Soria Fuentes, Rodrigo (2013). Regional Disparities in income per capita in Argentina in 1914. Mimeo. UNSTA – Argentina.

Bourgugnon, Francois and Morrison, Christian (2002). Inequality among world citizens: 1820-1992. American Economic Review 92, 727-744.

Dell, Melissa (2008). The Mining Mita. Explaining institutional persistence. Mimeo. MIT.

Milanovic, Branko (2011). A short history of global inequality: the past two centuries. Explorations in Economic History 48, 494-456.


[1]  Dell (2008) muestra que la institución colonial de la Mita habría tenido un impacto económico negativo en la actualidad en aquellas regiones en las que fue implementada en comparación con aquellas regiones en las que no lo fue.