Réquiem para el sueño (latino)americano (Parte I)

Sabrina Siniscalchi (Universidad de la República, Uruguay)

Sabrina Siniscalchi es asistente de investigación en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República, Uruguay. Es Lic. en Ciencia Política y Magister en Historia Económica por la misma Universidad. Trabaja en el Instituto de Economía en temáticas de desarrollo y desigualdad.


RESUMEN. Este post intenta, haciendo honor al título de este blog, mirar el pasado y el presente de un fenómeno de larga data en las Ciencias Sociales: el papel de las clases medias en la sociedad y, en particular, su rol como articuladoras de conflicto social y político. El surgimiento de nuevos sectores medios durante la última década y los conflictos recientes en América Latina ponen en tela de juicio algunos de los postulados básicos heredados de la teoría de la modernización (sobre todo en ciencia política) que afirman que una amplia clase media es la clave para la estabilidad de la democracia.


Las particularidades de la historia reciente de América Latina muestran un desacople entre lo que parece ser el sentir de una gran parte de la población y las soluciones que la democracia ha intentado dar a esos reclamos. Las lecturas sobre la realidad de cada país son diversas, pero los análisis generales parecen coincidir en que las protestas que se extendieron a lo largo y ancho de América Latina durante 2019 tienen en común que son la movilización de una clase media disconforme. Disconforme con los servicios que le provee el Estado, con la política, con la corrupción, con el reparto de los frutos del crecimiento de la última década; disconforme con los gobiernos de izquierda y de derecha. Disconforme con todo en general y con nada en particular.

Los titulares de los diarios y los análisis académicos sobre estos conflictos destacan que sea la clase media la que se moviliza como crucial para entender estos conflictos, los cuales no sólo no son nuevos en la historia, si no que ya eran previsibles por parte de los analistas (véase por ejemplo las intervenciones de los participantes del Foro organizado por El País de Madrid y el Banco Mundial en 2013).¿Por qué un conflicto encabezado por las clases medias se considera más problemático que otros?

No bourgeois, no democracy

(Barrington Moore, 1966: 418)

 Desde la Teoría de la Modernización en adelante –aunque el origen de esta idea puede rastrearse hasta Aristóteles–, una sociedad con una amplia clase media se considera que es una sociedad “menos polarizada”. La polarización está asociada con la clusterización de la sociedad en grupos que se caracterizan por ser muy iguales a la interna y muy dispares entre sí. La polarización, asimismo, se encuentra asociada con el conflicto por la distribución de los recursos, tanto económicos como políticos (North, 1990; Acemoglu et al., 2001, 2005), y una la literatura cada vez más abundante establece este conflicto como el eje central para la conformación de los regímenes de bienestar y, con ello, con las formas de distribución materiales y simbólicas de los recursos de poder.

Banerjee et al. (2008) afirman que son tres los mecanismos a través de los cuales las clases medias promueven el desarrollo. Primero, porque las clases medias son las que proveen a la sociedad de emprendedores que crean empleos y ganancias de productividad.[1] Segundo, para estos autores, la clase media posee ciertos “valores” de acumulación de capital humano y de ahorro que son fundamentales para el proceso de crecimiento.[2] Tercero, porque la clase media tiene un ingreso que la habilita a pagar por productos de mejor calidad y, por tanto, son demandantes de productos de alta calidad, los cuales suelen tener rendimientos crecientes a escala y promueven la inversión.

Otros autores afirman que las clases medias juegan un rol fundamental para comprender los procesos de persistencia de la desigualdad en las sociedades latinoamericanas (Schneider y Soskice, 2009), abonando los trabajos que sostienen que las clases bajas tienen limitaciones varias para acumular capital humano (Galor y Zeira, 1993; Alesina y Rodrik, 1994).

Ahora bien, si una amplia clase media promueve todas esas mejoras en la sociedad, ¿por qué el crecimiento superlativo de la clase media en América Latina no ha llevado a romper el círculo vicioso del crecimiento del continente?

 

“Dos linajes sólo hay en el mundo, como decía una abuela mía, que son el tener y el no tener, aunque ella al de tener se atenía.”

(Miguel de Cervantes Saavedra)

El crecimiento económico de la región durante el último ciclo de alza de los precios de las commodities en combinación con “el regreso del Estado” (Skocpol et al, 1985), ha producido, como lo señalan varios informes del Banco Mundial y la CEPAL, un incremento de la clase media en América Latina. Estas “nuevas” clases medias se componen, en su mayor parte, por quienes han dejado de ser pobres (Ferreira et al., 2013; Franco et al., 2010a, 2010b, 2011; Hopenhayn, 2010)

La pregunta es, ¿no ser pobre alcanza para ser clase media?

En términos metodológicos, establecer los límites de clase, es decir, en qué punto uno deja de pertenecer a una clase y pasa a pertenecer a otra, representa una eterna discusión. Long story short, hay dos tipos de modelos: los gradativos, que miden la posición del individuo/hogar en el continuo de la distribución del ingreso, y son particularmente útiles para descripciones intertemporales; y los más clásicos acuñados en la tradición marxista y weberiana que se centran en observar lo que se denomina “clase ocupacional”, siguiendo la idea de que las clases se determinan a partir de la relación de los individuos con los medios de producción y el status adquirido a través del tipo de trabajo que realizan. Las críticas a la determinación de estratos sociales a partir de unos modelos y otros son incontables. Quizá, una forma simple de resumir las críticas a una y otra visión es recurrir al planteo de Giddens (1979) quien afirma que el modo en que las relaciones económicas se transforman en estructuras no económicas es el principal problema del análisis de clase contemporáneo.

Los cambios en la estructura económica, la adopción del progreso técnico, los cambios en el rol del Estado, así como los movimientos migratorios y demográficos, son aspectos que alteran la estructura de la sociedad y el reparto de los bienes sociales y su distribución. Los cambios en la estructura social, al mismo tiempo, influyen en las estructuras tanto materiales como simbólicas del ejercicio del poder y, por tanto, son agentes fundamentales en el cambio social.

Para algunos autores, el rol como pivot de la sociedad que se le otorga a las clases medias no sólo dependería del tamaño sino, también, de la estabilidad de la clase media, ya que sus expectativas inciden en una forma fundamental en su toma de decisiones, tanto políticas como económicas (Easterly, 2001; Josten, 2005; Birdsall et al, 2000; Troche et al., 2012).

Troche et al. (2012), para conceptualizar esta idea de estabilidad intertemporal de la clase media, desarrollan el concepto de “clase media vulnerable” el cual se define como “… the probability of a middle class household falls into poverty (…) Stability, in turn, is the probability that middle class household reminds in the middle class over time” (Ibidem 2012:1-2). Como puede apreciarse a partir de la definición, el concepto de estabilidad, como los propios autores lo hacer notar, implica la no movilidad social, y esto es una característica que puede o no ser deseable en una distribución, dependiendo en qué parte de la misma nos encontremos. Ciertamente no es una característica deseable para los pobres, pero tampoco lo es para la clase media si la misma aspira a ascender económicamente.

Gráfico 1. Distribución de los grupos sociales por país; circa 2000 y 2012 (% de población)

Fuente: PNUD (2014:4)

Como se puede apreciar en el Gráfico 1, salvo en los países del Cono Sur, la mayor parte de la reducción de la pobreza de los países de América Latina entre el 2000 y el 2012 se tradujo en el aumento de esa clase media vulnerable. Otro elemento que resulta significativo es cómo se ha logrado este proceso. En este sentido, el Gráfico 2 muestra que en la mayoría de los países estas mejoras son producto del crecimiento económico más que a mejoras en la redistribución del ingreso. Tomemos en cuenta que estos datos están estimados en 2012, cuando el ciclo de crecimiento aún no se había agotado (al menos no del todo). Con el diario del lunes, y sin necesidad de conocer la histórica volatilidad del crecimiento del continente (Bértola y Ocampo, 2012), sabemos que esto fue, como dice el dicho, “pan para hoy, hambre para mañana”.

Gráfico 2: Descomposición de los cambios en pobreza; circa 2000-2012 (% de contribución de los efectos crecimiento y redistribución) [3]

Fuente: PNUD (2014:5)

Al menos dos lecturas surgen de esto: una que mira “el medio vaso vacío”, haciendo hincapié en la “vulnerabilidad hacia abajo”, es decir, en destacar los elementos relacionados con esa probabilidad de caer en la pobreza que define a estas clases medias (precarización del empleo, volatilidad económica, las fallas en la protección social, entre otros factores). Por otro lado, hay un “medio vaso lleno” que es la movilidad ascendente de las capas de menor ingreso de la sociedad. La expansión del consumo y del crédito necesario para sustentarlo, en un mundo en el que se puede acceder a bienes a bajo costo, engrosa las filas de las clases medias con individuos que, en otros tiempos, no hubieran sido considerados como tales.

Como mencioné antes, esto no es un fenómeno nuevo. En los años ‘60s y ‘70s varios estudios sobre estratificación en América Latina destacaban la “proletarización” de la clase media (Filgueira y Gianeletti, 1981). En los años ‘50s uno de los trabajos pioneros sobre esta temática fue la compilación realizada por Crevenna (1950-1951) para la Unión Panamericana. Esos trabajos han sido ampliamente discutidos y criticados, en parte por su uso poco preciso del concepto de “clase media” y sus conclusiones un poco contradictorias acerca de las pautas de consumo de estos sectores (en algunos casos destacando su frugalidad y, en otros, su consumo imitativo de las clases superiores), su papel en la política (en algunos casos visto como positivo y fundamental para el desarrollo y, en otros, visto como freno por la connivencia de estas clases con los regímenes de facto que luego se asentarían en la región en décadas posteriores).

En estos estudios ya se encontraba la idea de una “nueva” y una “vieja” clase media y se discutía la existencia de multiplicidad de clases en su interior, lo cual llevó a decantar los estudios posteriores por el uso del término estrato en vez de clase. El diagnóstico de algunos de ellos parece contar una historia repetida: (…) “América Latina registra cambios en sus estructuras de estratificación por dimensión de status con velocidades y ritmos muy diferentes, motivo suficiente para que se creen tensiones estructurales insolubles. Muchos trabajadores ven frustradas las aspiraciones de ocupación e ingreso para sus hijos, a los que han podido hacer llegar a niveles educacionales altos. Los efectos sociales, psicosociales y políticos de estas diferencias son evidentes.” (Filgueira y Geneletti, 1981:6)

Al final del día, el problema que se presenta es cómo asegurar que esas personas que están en el centro de la distribución tengan objetivos comunes e ideas de cómo lograr ese desarrollo, compartiendo, a su vez, ideas sobre el papel del conflicto en dicho proceso. El que eso no se pueda asegurar da origen al conflicto social que parece parte fundante de la explicación de las movilizaciones que vemos hoy en día.

Que estos problemas ya se mostraran en los estudios de los ‘60s, una década caracterizada, al igual que en el presente, por un enlentecimiento del crecimiento económico y la extensión de los conflictos sociales por la redistribución de los frutos del mismo, nos insta a mirar estos fenómenos en perspectiva histórica. En una futura entrega veremos, a partir del caso uruguayo a principios del siglo XX, cómo a pesar de las limitaciones de fuentes (principalmente la falta de Encuestas de Hogares), es posible analizar los fenómenos de estratificación social en el largo plazo.

[1] Esto está sustentado en los planteos originalmente realizados por Acemoglu y Zilbotti (1997), a pesar de que la evidencia empírica presentada por Banerjee et al (2008) no encuentra que en las clases medias haya más emprendedores que en las otras clases.

[2] Este argumento lo toman de Doepke y Zilibotti (2005,2008).

[3] Elaboración de PNUD a partir de estimaciones de CEDLAS. “El método de descomposición empleado por el CEDLAS corresponde al propuesto por Maasoumi y Mahmoudi (2013). El efecto crecimiento surge de una simulación en la que se re-escalan los ingresos de acuerdo al crecimiento observado entre dos periodos, y de computar la incidencia de la pobreza. El efecto distributivo surge como residuo entre el cambio observado en la pobreza durante estos periodos.” (PNUD, 2014:5).

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