PIBs regionales en América Latina y desconcentración de la actividad económica durante la ISI: ¿industrialización, protección o condiciones estructurales?

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 11 de octubre de 2014

A medida que se va construyendo nueva evidencia de PIBs regionales en América Latina, van conformándose nuevos desafíos de interpretación. A la vez que se conforma un nuevo campo de pruebas para las hipótesis de la NGE, es muy probable que el estructuralismo latinoamericano ofrezca un set de interpretaciones sugerente y provocativo. Queda camino por recorrer para comenzar a testear estas presunciones y su consideración enriquecerá el análisis histórico de la región.

En mi última entrada al Blog (“Contabilidad e interpretación de los PIBs regionales en América Latina: ¿hacia la construcción de ‘nuevas’ hipótesis para la periferia?”) argumentaba sobre la conveniencia de proponer alternativas interpretativas a la NEG (Nueva Geografía Económica) para comprender la localización territorial de la actividad económica en la periferia mundial.

Tomando como referencia el caso de América Latina, se trata de economías fuertemente dependientes de los recursos naturales, donde su localización ha creado un conjunto de condiciones que muchas veces se han expresado en la conformación de enclaves de producción (Cardoso & Faletto, 1971), el proceso de industrialización, antes que alentar una mayor desigualdad regional puede haber colaborado para romper (o al menos moderar) la heterogeneidad estructural. La industrialización sustitutiva y el sistema de incentivos creado por el Estado para la instalación de industrias en forma descentralizada pudo haber creado presiones igualadoras en la distribución regional de los ingresos. Este es el resultado que, de forma preliminar, se encuentra en Uruguay (García et. al, 2014) y México (Aguilar-Retureta, 2014) y nos permite presumir que puede encontrarse en otros países de América Latina. Dicho en otras palabras, la industrialización tardía y muchas veces a contrapelo de las ventajas comparativas pudo haber traído consigo tendencias igualadoras más que las contrarias, en un proceso que ya había sido captado cuando se analizaba la distribución personal del ingreso (ver, por ejemplo, Bértola, 2005).

Este planteo no desestima la búsqueda de explicaciones dentro del (actual) mainstream del análisis. Un ejemplo de ello es el reciente artículo publicado en Cliométrica –Tirado et al. (2013)– en el cual los autores, basados en trabajos como Hanson (1997) y Crozet & Koenig-Soubeyran (2004), analizan convincentemente los efectos en España del progresivo abandono de un régimen liberal durante el primer tercio del siglo XX y la adopción de un modelo nacionalista de desarrollo. El artículo indaga sobre el creciente proteccionismo del período y cómo su intensificación en el lapso entre-guerras condujo a la pérdida de centralidad de algunas regiones –como Cataluña– y el crecimiento relativo de otras localizaciones dotadas de una mejor posición geo-económica dentro del mercado doméstico (como el País Vasco, Zaragoza y Madrid).

En la medida en que se continúe avanzando en la construcción de evidencia para América Latina –y el último Congreso Latinoamericano de Historia Económica celebrado en Bogotá en julio de 2014 nos permite ser optimistas en este sentido (ver la sesión 12 del programa)– será un campo de prueba muy interesante para testear ese tipo de hipótesis. Ahora bien, ¿hay alternativas teóricas con las cuales trabajar? El estructuralismo latinoamericano ofrece un set de hipótesis que, complementariamente, podrían contribuir mucho a la comprensión de los procesos. En particular, el clásico concepto cepalino de “heterogeneidad estructural” tiene, en lo territorial, una dimensión evidente aunque muy poco explotada.

En una publicación reciente, CEPAL argumenta que “una de las manifestaciones particulares de la heterogeneidad en América Latina y el Caribe es la gran diferencia en los grados de desarrollo económico y social que muestran los diversos territorios de cada país, existiendo localidades con niveles de vida similares a las de los países desarrollados y lugares con un atraso marcado” (CEPAL, 2014, p. 71). Se trata de una constatación que tiene hondas raíces estructurales y que cualquier análisis sobre América Latina no debería desestimar.

La industrialización en América Latina no fue producto exclusivo del creciente proteccionismo. El Estado actuó en una multiplicidad de flancos –mercado cambiario, relaciones laborales, tasación diferencial por tipo de bienes, soporte de investigación y desarrollo, activo rol de las empresas públicas, entre muchos otros– en países en los cuales se apreciaban señales de cambio estructural en la producción destinada al mercado doméstico, pero escasas en la ventana externa de las economías. Esa suerte de cambio estructural trunco (parafraseando a Fajnzylber, 1983) implicó que América Latina continuara dependiendo de sus recursos naturales para participar en los mercados internacionales de bienes y servicios y ello la expuso a presiones recurrentes de balanza de pagos.

Por lo tanto, si en varias economías de América Latina se sigue hallando evidencia de procesos de industrialización en los cuales las dinámicas de aglomeración parecen haber constituido fuerzas secundarias y la NGE presenta rendimientos analíticos decrecientes, puede estar aproximándose el momento de poner en juego conceptualizaciones complementarias que ofrezcan renovados argumentos. La industrialización latinoamericana significó cambios profundos en la institucionalidad de las economías, pero rupturas parciales de la especialización y creaciones de mercados internos restringidos (o duales) que dan un carácter diferenciado al proceso. La permanencia de la dualidad, donde habrían convivido nuevas regiones de alto desarrollo con territorios históricamente atrasados, junto a una muy fuerte acción del Estado, constituyen elementos claves del análisis. Los historiadores económicos de América Latina tenemos mucho camino por recorrer para comprender esta realidad de la periferia mundial.

Aguilar-Retureta (2014): “The GDP per capita of the Mexican regions (1895-1930): new estimates”. Documentos de Trabajo (DT-AEHE) 1415, Asociación Española de Historia Económica.

Bértola, L. (2005): “A 50 años de la Curva de Kuznets: Crecimiento y distribución del ingreso en Uruguay y otras economías de nuevo asentamiento desde 1870”. Investigaciones en Historia Económica, v. 3/2005, pp. 135-176.

Cardoso, F.H. y Faletto E. (1971): “Dependencia y Desarrollo en América Latina. Ensayo de interpretación sociológica”, Siglo veintiuno editores.

CEPAL (2014): Cambio estructural para la igualdad. Una visión integrada del desarrollo. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) Santiago de Chile, abril.

Crozet M. and Koenig-Soubeyran P. (2004): “EU enlargement and the internal geography of countries”, Journal of Comparative Economics 32, pp. 265-279.

Fajnzylber, F. (1983): La industrialización trunca de América Latina, CET, México DF.

García M., Martínez-Galarraga, J. y Willebald, H. (2014): “Crecimiento y estructura productiva regional en Uruguay en la primera mitad del siglo XX: primeras aproximaciones y algunas hipótesis”. Ponencia presentada en el Seminario de Investigación del Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Universidad de la República, 13/05/2014.

Hanson G.H. (1997):“Increasing returns, trade and the regional structure of wages”, Economics Journal 107, pp. 113-133.

Tirado, D., Pons, J., Paluzie, E., Martínez-Galarraga, J. (2013): “Trade policy and wage gradients: evidence from a protectionist turn”, Cliometrica, Journal of Historical Economics and Econometric History, vol. 7(3), pp. 295-318, September.

Contabilidad e interpretación de los PIBs regionales en América Latina: ¿hacia la construcción de “nuevas” hipótesis para la periferia?

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 29 de mayo de 2014

Mucho ha avanzado la historia económica en interpretar y contabilizar fenómenos de carácter regional en las economías centrales y su evolución parece abrir nuevas posibilidades analíticas en las economías de la periferia mundial. El desafío está planteado y ello no se reduce únicamente a las dificultades de contabilización –que son para nada despreciables– sino, también, a nivel interpretativo. Es probable que la búsqueda de hipótesis y de relaciones causales que surge de la aplicación de un marco conceptual que pendula entre los modelos del tipo H-O-S y los de la NGE no siempre sea suficiente o que requiera de revisiones y renovados apuntes teóricos.

En mi última entrada al Blog (“Hacia una contabilidad de los PIBs regionales en América Latina: primeros pasos de una agenda abierta”) reflexionaba sobre la conveniencia de dar continuidad, desde la historia económica, a los esfuerzos analíticos que contemplan los procesos regionales y el rol de los actores locales como factores determinantes de la performance económica. En tanto, argumentaba que parte de esa continuidad debía mirar hacia la “periferia” de la economía mundial. Con esa dirección, realicé comentarios relativos a consideraciones metodológicas (en particular, a las diferentes formas de estimación) y mencioné elementos relacionados con la especificidad del objeto de estudio y la definición de las unidades de análisis. En esta ocasión haré referencia, al menos parcialmente, a estos dos últimos aspectos.

Es un resultado más o menos compartido entre diversos estudios europeos de PIBs regionales la obtención de una evolución de la desigualdad regional de ingresos con forma de “U” invertida (especialmente en la Europa del sur) cubriendo, aproximadamente, desde mediados del siglo XIX hasta los años veinte. De algún modo, y en línea con las predicciones de Jeffrey Williamson (que realizara ya en su trabajo de 1965), la inequidad tiende a crecer durante las fases iniciales del crecimiento económico y la industrialización, en un proceso asociado con patrones divergentes de especialización regional (o, dicho en otras palabras, por la desigual distribución de la industria y los servicios en el territorio). Una vez que la industrialización alcanza a un considerable número de regiones, las fuerzas de aglomeración y el tamaño de los mercados (propias de la conceptualización de la New Economy Geography) ganarían terreno en detrimento de las diferencias regionales en términos de dotación de factores (ver una aplicación de esta interpretación al caso español en Rosés et al., 2010). ¿Exige algún juego diferente de hipótesis el análisis del desarrollo regional latinoamericano? Dadas sus características, ¿convendrá buscar otro tipo de determinantes o de relaciones causales?

Simplificando mucho la presentación, el desarrollo económico latinoamericano de finales del siglo XIX y de todo el siglo XX estaría caracterizado, al menos, por la confluencia de tres hechos estilizados: (i) la abundancia de recursos naturales (con todas las ventajas y riesgos que ello conlleva; ver Sinott et al., 2010, y entradas previas en este Blog); (ii) una duradera “heterogeneidad estructural” (siguiendo una de las ideas clásicas de la CEPAL); y (iii) un proceso de industrialización tardío (aproximadamente desde los años treinta), predominantemente liderado por el Estado (Ocampo y Bértola, 2010), sustitutivo de las importaciones y trunco (Fajnzylber, 1983 y 1987).

Uno de los autores que mejor ha retratado el análisis cepalino del desarrollo nos decía hace algunos años que la estructura productiva de la periferia adquiere dos rasgos fundamentales. Por un lado, se destaca su carácter especializado en la producción y exportación de productos primarios, mientras la demanda de bienes y servicios que aumenta y se diversifica se satisface en gran parte mediante importaciones. La estructura productiva es heterogénea o parcialmente rezagada, en el sentido que coexiste en su seno sectores donde la productividad alcanza niveles muy altos –en especial el sector exportador– y actividades que utilizan tecnologías con las cuales la productividad del trabajo resulta inferior. En contraste con esta estructura especializada y heterogénea, en los centros se caracteriza por ser diversificada y homogénea (Rodríguez, 2006, p. 55). Esta idea de dualidad no fue exclusiva de la CEPAL.

Una de las características de la condición de subdesarrollo, analizada por los pioneros del pensamiento sobre desarrollo económico de la década de los años cincuenta, fue la naturaleza dual de sus economías; esto es, la coexistencia de un sector moderno y avanzado, con otro tradicional o atrasado. Lewis (1954) elabora su teoría del desarrollo en donde las economías subdesarrolladas se caracterizan por una oferta ilimitada de trabajo y una baja capacidad de la agricultura para absorber esta fuerza de trabajo. De acuerdo a Lewis, la industrialización era la salida a esta situación. La industrialización podía continuar con costo fijo del trabajo mientras existiera fuerza de trabajo con nula productividad marginal en el sector tradicional.

Por lo tanto, en economías fuertemente dependientes de los recursos naturales, donde la localización de éstos ha creado un conjunto de condiciones que muchas veces se han expresado en términos de verdaderos enclaves de producción (Cardoso & Faletto, 1971), el proceso de industrialización, antes que alentar una mayor desigualdad regional puede haber colaborado para romper (o al menos moderar) la heterogeneidad estructural tan propia de la periferia mundial. La industrialización sustitutiva y el sistema de incentivos creado por el Estado en América Latina para la instalación de industrias en forma descentralizada pudo haber creado presiones igualadoras en la distribución regional de los ingresos. Este es el resultado que, de forma preliminar, se encuentra en Uruguay (García et. al, 2014) y nos permite presumir que puede encontrarse en otros países de América Latina. Dicho en otras palabras, la industrialización tardía y muchas veces a contrapelo de las ventajas comparativas pudo haber traído consigo tendencias igualadoras más que las contrarias, en un proceso que ya había sido captado cuando se analizaba la distribución personal del ingreso.

“Puede entonces sostenerse que la industrialización no fue acompañada de un proceso de creciente desigualdad, como en los casos estudiados por Kuznets, sino que, muy al contrario, la industrialización del Sur fue acompañada por rasgos característicos del Estado del Bienestar y contribuyó a revertir las fuertes tendencias a la desigualdad de la primera globalización”. (Bértola, 2005, p. 167).

Aún queda mucho trabajo que realizar pero, como fue planteado en nuestra anterior entrada al Blog, conviene insistir en la necesidad de plantear cuestiones alternativas a las que se han manejado en los trabajos sobre localización de la actividad económica en los países industrializados. La comprensión de la geografía económica de los países de América Latina, donde la industria y las economías de aglomeración han jugado un papel secundario (al menos, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX) y la sostenida heterogeneidad estructural pasa por proponer nuevas preguntas e hipótesis para calibrar el rol que le cupo al acceso a los mercados, los costos de transporte y la localización de los recursos naturales. Además, en contextos donde las economías de subsistencia y el componente indígena constituyen, en muchos países, fenómenos de larga data –anteriores a la propia constitución de los estados nacionales– la identificación de preguntas alternativas a las usuales en la literatura parece un requisito fundamental.

Referencias

Bértola, L. (2005): “A 50 años de la Curva de Kuznets: Crecimiento y distribución del ingreso en Uruguay y otras economías de nuevo asentamiento desde 1870”. Investigaciones en Historia Económica, v. 3/2005, pp. 135-176.
Bértola, L. y Ocampo, J.A. (2010): Desarrollo, Vaivenes y Desigualdad: una Historia Económica de América Latina desde la Independencia. SEGIB, Madrid.
Cardoso, F.H. y Faletto E. (1971): “Dependencia y Desarrollo en América Latina. Ensayo de interpretación sociológica”, Siglo veintiuno editores.
Rodríguez, O. (2006): El estructuralismo Latinoamericano. CEPAL, Siglo XXI, México.
Rosés, J., Martínez-Galarraga J., Tirado D. (2010): “The upswing of regional income inequality in Spain (1860-1930)”. Explorations in Economic History 47 (2), 244-257.
Sinnott E., Nash, J. and De La Torre A. (2010): Natural Resources in Latin America and the Caribbean. Beyond Booms and Busts.The World Bank, Washington D.C.
Fajnzylber, F. (1987): “La industrialización de América Latina: de la ‘caja negra’ al ‘casillero vacío’”, Revista Internacional de Ciencias Sociales, París.
Fajnzylber, F. (1983): La industrialización trunca de América Latina, CET, México DF.
García M., Martínez-Galarraga, J. y Willebald, H. (2014): “Crecimiento y estructura productiva regional en Uruguay en la primera mitad del siglo XX: primeras aproximaciones y algunas hipótesis”. Ponencia presentada en el Seminario de Investigación del Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Universidad de la República, 13/05/2014.
Lewis, W.A. (1954): Economic development with unlimited supplies of labour. The Manchester School of Economic and Social Studies, XXII (2), May.
Willliamson (1965): “Regional inequality and the process of national development: a description of the patterns”. Economic Development and Cultural Change 13 (4), 3-84.

 

¿Estamos consumiendo demasiado?

Carolina Román (Universidad de la República, Uruguay), 29 de abril de 2014.[1]

El consumo, como componente de la demanda tiene varias vinculaciones con el proceso de crecimiento, de cambio estructural, al mismo tiempo que constituye un indicador de los niveles de vida de la población. Cuando el gasto en consumo por parte de las familias aumenta, esto podría suponer una buena noticia para la sociedad, aunque habría que preguntarse si mayores niveles también pueden constituir una restricción al propio desarrollo o al bienestar de largo plazo.

Frente al aumento del consumo en la economía mundial en las décadas recientes, con tasas mayores aún que el incremento del producto, cabe preguntarse si estamos consumiendo demasiado. Esta “simple” pregunta nos lleva a reflexionar sobre varias dimensiones. Aspectos vinculados con el rol del consumo –y, más en general, de la demanda– en el propio proceso de crecimiento económico y cambio estructural (siguiendo a los autores keynesianos y post-keynesianos como Nurkse 1953, Setterfield 2002, Pasinetti 2007, Kattel, Kregel y Reinert 2009); sobre el comportamiento emulativo de los hábitos de consumo (Duesenberry 1949, Nurkse 1953), sobre cuestiones éticas del acto de consumir (Cortina 2002), sobre cambios en la distribución del ingreso entre los países y al interior de estos.[2] Estas consideraciones responden, además, al estructuralismo latinoamericano de los 1960s y 1970s, cuando autores como Prebisch (1949), Furtado (1966) y Pinto (1976), insistían con ideas sobre la relación entre la concentración del ingreso, un patrón de consumo conspicuo de las clases altas, y las restricciones que esto imponía sobre el ahorro y el crecimiento económico. Alguna de todas estas dimensiones será objeto de próximas entradas en este blog. Ahora comenzaremos con una aproximación empírica y la presentación de un trabajo reciente que aporta otros elementos para reflexionar.

Podemos comenzar por una descripción de lo que ha sucedido con el consumo durante las últimas décadas, desde 1970, periodo que según Angus Maddison ha sido identificado como la cuarta fase del desarrollo del capitalismo. Este periodo comparte ciertos rasgos distintivos en cuanto al comportamiento de los precios, el producto, el sistema monetario internacional, la política económica sobre la demanda, el mercado de trabajo y una creciente apertura de los mercados de capitales (Maddison 1991). Utilizando los datos publicados por el Banco Mundial (Indicadores del Desarrollo MundialWorld Development Indicators-), es posible analizar el dinamismo del gasto de consumo final de los hogares y del producto interno bruto, expresado en dólares constantes de 2005 comparando las regiones clasificadas según su nivel de ingreso (países de ingreso bajo; ingreso alto OCDE; ingreso mediano). También resulta de interés identificar lo que ha ocurrido en América Latina y el Caribe, región que ha experimentado un crecimiento económico importante en la reciente década.

Entre 1970 y 2012 el crecimiento acumulativo anual del gasto en consumo de la economía mundial ha sido mayor, en 0.05 puntos porcentuales, al aumento que experimentó el producto interno bruto. (Ver Gráfico 1 y Gráfico 2). El consumo de los hogares, durante los años que han transcurrido del siglo XXI, mostró desempeños positivos (en promedio) en todas las regiones; contrastando claramente con la austera performance de los setenta, y el dispar comportamiento por regiones de los ochenta y los noventa (durante esta última década, los países pobres vieron caer su consumo per cápita). A nivel mundial, la década de los noventa fue la que mostró una mayor tasa de crecimiento acumulativo anual (1,51%), seguido por los ochenta con una tasa de 1,41%, y los años más recientes, 2000-2012 con una tasa de 1,27% (Ver Gráfico 1). Comparando el desempeño de las regiones, el consumo de los hogares de los países de ingreso mediano (que incluye países como India y China), han sido los más dinámicos desde los noventa. Por el contrario, los países de ingreso bajo, en gran parte de África sub-sahariana, luego de una caída en el consumo durante los noventa, experimentaron un crecimiento importante entre 2000 y 2012. Por su parte, el consumo en los países de ingreso alto y miembros de la OCDE ha crecido pero a menor ritmo desde los ochenta. En cuanto a América Latina y el Caribe, la región en su conjunto ha superado las tasas de crecimiento de la economía mundial desde la década de los noventa, con un incremento del consumo de los hogares mayor al experimentado por el nivel de actividad económica (medido por el PIB per cápita).

Gráfico 1. Crecimiento del gasto en consumo final de los hogares (per cápita). Tasa acumulativa anual a partir de las cifras en dólares constantes de 2005. Fuente: Elaborado en base a información de World Development Indicators del Banco Mundial.

Gráfico 2. Crecimiento del producto interno bruto (per cápita). Tasa acumulativa anual a partir de las cifras en dólares constantes de 2005. Fuente: Elaborado en base a información de World Development Indicators del Banco Mundial.

Gráfico 2. Crecimiento del producto interno bruto (per cápita). Tasa acumulativa anual a partir de las cifras en dólares constantes de 2005. Fuente: Elaborado en base a información de World Development Indicators del Banco Mundial.

¿Cómo evaluar si este aumento del consumo en las últimas décadas es “excesivo”? El artículo de Arrow et al. (2004) proponen dos criterios teóricos basados en factores económicos y ecológicos, para ayudar a responder a la pregunta si los niveles de consumo (agregados) actuales son excesivos.

Un primer criterio es pensar en un problema de optimización en donde el bienestar social de distintas generaciones depende del consumo y de la utilidad que reporta. Por lo tanto, el consumo actual será excesivo si supera aquel nivel de consumo que maximiza el valor de la utilidad presente (aplicando una tasa de descuento intertemporal). Si bien determinar cuál es el nivel óptimo de consumo de una economía se convierte en un problema en sí mismo, los autores sugieren aplicar consideraciones teóricas para identificar aquellos factores que pueden ser considerados indicios de que el consumo se desvía de su trayectoria óptima.

El segundo criterio incorpora la dimensión de sostenibilidad[3] del bienestar social intertemporal y también consideran el crecimiento de la población y el cambio tecnológico (medido a través del crecimiento de la productividad total de los factores), llegando una definición más amplia de la riqueza genuina[4] (al respecto, cabe recordar la entrada en este blog de Henry Willebald reflexionando sobre la medición del ahorro genuino). Según este criterio, el consumo de las generaciones actuales debería ser consistente con niveles de vida futuros que, al menos, no empeoren en el transcurso del tiempo. Resulta interesante que, como lo plantean los autores, ambos criterios, para discernir si el consumo es excesivo, reflejan implicancias diferentes. Una economía que intenta satisfacer el criterio de sostenibildiad puede no estar optimizando los niveles de bienestar. A la vez, que una economía puede estar maximizando su utilidad intertemporal pero con riesgos de sostenibilidad.

El artículo también aporta evidencia empírica utilizando datos del Banco Mundial, durante el periodo 1970-2001 para una muestra de países seleccionada que comprende regiones pobres, exportadoras de petróleo y economías industrializadas (Gran Bretaña y Estados Unidos). Aplicando los dos criterios mencionados anteriormente, los autores encuentran que el consumo estaría excediendo aquel que condice con el objetivo de maximización, y que en las regiones más pobres del mundo no se estaría alcanzando el criterio de sostenibilidad. En estas regiones, la riqueza genuina per cápita estaría disminuyendo ya que la inversión en capital humano y físico no sería suficiente para compensar el deterioro del capital natural. De estos resultados se podría concluir, erróneamente, que los países más pobres están consumiendo en exceso, sin embargo esto debe verse en el marco de un problema más complejo de bajos niveles de ingreso, problemas de ineficiencia y baja productividad que afectan a estas sociedades. Como lo señalan los propios autores, existe cierto grado de interdependencia entre los cambios en la riqueza genuina de las regiones “y el éxito de los países más ricos puede deberse en parte al fracaso de las naciones más pobres” (Arrow et al. (2004): p.25). Además, resaltan que dada la dificultad para generar mediciones que permitan un análisis cuantitativo riguroso, se requiere tomar estos resultados con cautela y asumir que existe gran incertidumbre para evaluar el presente y obtener conclusiones sobre el futuro. No obstante, esto no impide que se generen políticas para promover consumos e inversiones más eficientes.

Más allá de las limitaciones que este enfoque pueda tener desde el punto de vista teórico, y más aún en cuanto a las posibilidades de testear empíricamente los dos criterios, aporta elementos conceptuales útiles para evaluar los niveles de consumo, y más en general, el bienestar con una perspectiva de largo plazo y con un criterio de sostenibilidad.

Existe un amplio campo por conocer sobre el comportamiento del consumo desde una perspectiva histórica, de su vinculación con el bienestar material, con el crecimiento y más en general con el desarrollo, sobre su distribución, sobre los cambios en los patrones, los impactos medioambientales, etc. Al mismo tiempo, resta mucho esfuerzo orientado a reconstruir series históricas de consumo de los hogares y sus componentes así como de mediciones de la riqueza genunia, para poder responder si estamos consumiendo demasiado y si esto compromete el bienestar de las próximas generaciones. En próximas entradas brindaremos otros elementos para esta discusión.

 

Referencias:

ARROW, K., P. DASGUPTA, L. GOULDER, G. DAILY, P. EHRLICH, G. HEAL, S. LEVIN, K.-G. MÄLER, S. SCHNEIDER, D. STARRETT, and B. WALKER (2004). “Are We Consuming Too Much?” Journal of Economic Perspectives, 18(3): 147-172.

CORTINA, A. (2002). Por una ética del consumo (p. 349). Madrid: Taurus.

DUESENBERRY, J.S. (1949). Income, Saving and the Theory of Consumer Behavior. Harvard University Press, Cambridge, MA.

FURTADO, C. (1966). Subdesarrollo y estancamiento en América Latina. Buenos Aires: Editorial Universitaria.

KATTEL, R., KREGEL, J. A., & REINERT, E. S. (Eds.). (2009). Ragnar Nurkse (1907-2007): Classical Development Economics and Its Relevance for Today. Anthem Press.

MILANOVIC, B. (2011). “A short history of global inequality: the past two centuries”. Explorations in Economic History, 48, 494-456.

NURKSE, R. (1953). Problems of capital formation in underdeveloped countries. Oxford, Basil Backwell.

PASINETTI, L. (2007). Keynes and the Cambridge Keynesians. A “Revolution in Economics” to be accomplished. Cambridge University Press.

PINTO, A. (1976). Heterogeneidad estructural y modelo de desarrollo reciente de la América Latina. Inflación: raíces estructurales. D.F., México: Fondo de Cultura Universitaria.

PREBISCH, R. (1949). El desarrollo económico de América Latina y algunos de sus principales problemas. Santiago de Chile, Chile: CEPAL.

SETTERFIELD, M. (2002). The economics of demand-led growth: challenging the supply-side vision of the long run. Edward Elgar Pub.

Notas:
1 La pregunta del título es la versión en español del nombre del artículo “Are we consuming too much?” elaborado por un grupo de destacados economistas y ecologistas y publicado en el Journal of Economic Perspectives en el 2004.

2 En una entrada anterior en este blog, Esteban Nicolini hacía referencia a los componentes de la desigualdad y resumía los resultados recientes, de autores como Milanovic (2011), en que la inequidad de ingresos ha aumentado en el mundo en los dos últimos siglos, siendo su aumento entre países el componente que más lo explica (en relación al aumento de la desigualdad al interior de los países).

3 Estos autores conciben la idea de sosteniblidad en forma consistente con la definición de desarrollo sostenible (sustainable development) entendida como “el desarrollo que permite satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras”. Definición que surge del Informe Brundtland como resultado del trabajo de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) creada en 1983.

4 El concepto de riqueza genuina, manejado por el Banco Mundial, sugiere que los países deben procurar, en el largo plazo, un stock de activos -capital producido, capital humano, capital natural y conocimiento- que permitan mantener el crecimiento económico.

 

El largo declive de las economías de Argentina y Venezuela

Norbert Gaillard (Consultor Independiente), 11 de marzo de 2014.

Las crisis políticas y económicas actuales en Argentina y Venezuela tienen una resonancia particular para la mayoría de los historiadores. Aunque el producto interno bruto (PIB) per cápita de estos dos países fue de aproximadamente un tercio de la de los Estados Unidos en 2011, esa relación no tiene mucho sentido a no ser que nos fijamos en la evolución pasada (gráfico 1).

Gráfico 1: Argentina y el PIB per cápita de Venezuela como porcentaje de su contraparte en EE.UU. Nota: La comparación trazada se basa en dólares internacionales de 1990 (unidades de Geary – Khamis de paridad de poder adquisitivo). Fuente : Cálculos del autor basados en datos de Angus Maddison y The Conference Board Total Economy Database.

El gráfico muestra que la “riqueza relativa” de Argentina y Venezuela alcanzó un mínimo de 85 años a mediados de la década de 2000. El ligero repunte posterior puede estar en riesgo por el aumento de la desconfianza entre los inversores. Es de destacar que su caída del PIB per cápita relativo se remonta a principios de 1960. Durante el período 1974-1981, ninguno de estos países se benefició de la entrada de capitales de Estados Unidos o de Europa. El declive del PIB per cápita de Argentina y  de Venezuela en realidad se aceleró durante la “década perdida”.

Las razones de este trastorno económico en ambos países siempre han sido conocidas: la inestabilidad política y social (Crist 1941, Kaufmann et al 2010) , la incapacidad para evitar la salida de capitales (Masson y Theberge 1967 , Sachs 1985 , FMI 2012 ), y la falta de políticas monetarias credibilidad (Eichengreen y Hausmann 2005). Sin embargo, estas debilidades crónicas también son comunes a varios países centroamericanos y latinoamericanos (por ejemplo, Bolivia, Honduras y Paraguay). En los casos de Argentina y Venezuela, bien podríamos suponer que su postura ” populista” y anti- capitalista en los últimos años ha supuesto una carga significativa sobre sus economías, transformándolas en ” contra-modelos” de desarrollo.

Referencias

Crist, Raymond E. (1941), “The Bases of Social Instability in Venezuela”, American Journal of Economics and Sociology, Vol.1, No.1.

Eichengreen, Barry and Hausmann, Ricardo (2005), Other People’s Money, Chicago University Press, Chicago.

International Monetary Fund [IMF] (2012), “Liberalizing Capital Flows and Managing Outflows – Background Paper”, prepared by the Monetary and Capital Markets Department; the Strategy, Policy, and Review Department; and the Research Department; in consultation with the Legal Department and other Departments, 12 March.

Kaufmann, Daniel, Kraay, Aart, and Mastruzzi, Massimo (2010), “The Worldwide Governance Indicators – Methodology and Analytical Issues”, World Bank Policy Research Working Paper No.5430.

Masson, Francis and Theberge, James (1967), “Necesidades de capital externo y desarrollo economico: el caso de Argentina”, El Trimestre Económico, Vol.34, No.136 (4).

Sachs, Jeffrey (1985), “External Debt and Macroeconomic Performance in Latin America and East Asia”, Brookings Papers on Economic Activity, Vol.1985, No.2.

Hacia una contabilidad de los PIBs regionales en América Latina: primeros pasos de una agenda abierta

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 23 de enero de 2014

Las contribuciones de la Geografía Económica a las Teorías del Desarrollo han significado un campo fértil de análisis y discusión para los progresos recientes de la Historia Económica. Mucho ha prosperado la disciplina en interpretar y contabilizar fenómenos de carácter regional y local en las economías centrales y su evolución parece abrir nuevas posibilidades analíticas en las economías de la periferia mundial. América Latina está llamada a constituirse en una de las fronteras de avance en esta temática.  

 En mi última entrada al Blog (“La relevancia del enfoque local y regional en la historia económica: ¿hacia una contabilidad de los PIBs regionales en América Latina?”) argumentaba sobre la conveniencia de dar continuidad, desde la historia económica, al esfuerzo que se ha procesado desde diversos flancos de la Teoría del Desarrollo para contemplar la preeminencia de los procesos regionales y el rol de los actores locales como factores determinantes de la performance económica. No obstante, algunas preguntas también quedaban planteadas, ¿tiene sentido realizar estos esfuerzos de contabilización en las economías periféricas?, ¿estamos en condiciones, en América Latina, de promover ese tipo de investigaciones?

Admitía que, quizás, resultara pretencioso aspirar a avanzar por este camino cuando todavía varios países de la región no habían completado sus cuentas nacionales históricas (algunos han hecho progresos notorios con estimaciones del lado de la producción, mientras que la mayoría poco ha avanzado del lado del gasto y del ingreso). Sin embargo, muchas de las disparidades de las que habla la Geografía Económica son materia clave para comprender la propia historia económica de nuestros países y el esfuerzo es mucho más que un mero capricho académico. ¿Será posible estudiar la historia económica de países tan vastos como Argentina y Brasil o tan diversos como Chile y Colombia sin estas consideraciones? ¿Tendrá sentido estudiar la historia económica de Uruguay sin integrarla a la de la pampa húmeda argentina y a la de Río Grande do Sul? ¿Cuánto de la historia económica de Bolivia puede comprenderse sin su integración al norte argentino o sin la consideración del territorio que le daba salida al mar?

El objetivo de estas líneas es realizar una revisión de los trabajos recientes que se están realizando en América Latina sobre esta temática e identificar las opciones metodológicas disponibles. Para ello, se repasan los resultados y principales conclusiones del Primer Encuentro sobre la “Reconstrucción de los PIBs regionales en América Latina, 1890- 2010”, celebrado en Montevideo, los días 6 y 7 de diciembre de 2013. El Encuentro, convocado por el Departament d’Història i Institucions Econòmiques, de la Universidad de Barcelona, y el Instituto de Economía, de la Universidad de la República, Uruguay, contó con la participación de investigadores de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, México, Perú, Uruguay y España quienes presentaron sus avances recientes y contribuyeron a la construcción de un debate que aún está en ciernes.

En cuanto a la localización territorial de las actividades económicas, dos son las explicaciones teóricas más extendidas en la literatura. Por un lado, la teoría del comercio neoclásica –representada por el modelo Heckscher-Ohlin-Samuelson (H-O-S)– establece que la distribución espacial de la actividad económica es determinada por las ventajas comparativas derivadas de la dotación de factores. Dentro de un restrictivo esquema de hipótesis –inexistencia de costos de transporte, retornos constantes en la producción, mercados en perfecta competencia– el modelo predice que la distribución de la actividad económica dependerá de la dotación relativa de factores entre las economías que comercian. Por otro lado, la Nueva Geografía Económica (NEG, por sus siglas en inglés) parte de unos supuestos alternativos y destaca que la distribución espacial de la producción responde a la interacción entre costos de transporte, retornos crecientes a escala y el tamaño del mercado, trabajando con estructuras teóricas que admiten la competencia monopolística (Krugman, 1991, 1995). Esta conceptualización da lugar a explicaciones de los fenómenos de aglomeración espacial de la actividad productiva, formación de clusters de producción y efectos de escala. Los esfuerzos de investigación –en donde la Historia Económica ha realizado aportes muy relevantes– han demostrado que la distribución espacial de la actividad económica puede responder a ventajas comparativas o factores NEG en forma simultánea, dando cuenta de que se trata de explicaciones que conviene considerar complementarias.

En los últimos años, se ha llevado a cabo un importante esfuerzo para reconstruir datos de PIB a nivel regional en Europa para el conjunto del siglo XX y, en los casos que es posible, las últimas décadas del XIX. A partir del estudio pionero de Geary & Stark (2002) y el posterior de Crafts (2005) para el Reino Unido, una serie de trabajos ha presentado nuevas estimaciones para países como Bélgica (Buyst, 2011), España (Rosés et al., 2010; Martínez-Galarraga et al., 2013), el Imperio Austro-Húngaro (Schulze, 2007), Italia (Felice, 2011), Portugal (Badia-Miró et al., 2012) o Suecia (Enflo et al., 2010). Estos trabajos referidos a Europa ofrecen opciones metodológicas, preguntas y respuestas que, inicialmente, permitirán encontrar diversos atajos a los estudios realizados en otras regiones.[1] Entonces, con la experiencia del citado Encuentro, cabe preguntarse, ¿cuáles han sido los “grandes mensajes” surgidos del intercambio y la presentación de trabajos en diverso estado de avance? Ordenaré la respuesta realizando consideraciones metodológicas relativas a las formas de estimación, la delimitación del objeto de estudio y la definición de unidades de análisis.

En primer lugar, en cuanto a las metodologías de medición propuestas, la norma ha sido una alta diversidad directamente relacionada con la disponibilidad de información. Inicialmente, esto puede ser entendido como una limitante relevante desde el punto de vista interpretativo pues condiciona las posibilidades de realizar trabajos comparativos. Sin embargo, en un contexto en el cual las estimaciones de PIB nacionales aún plantean dudas no menores, optar por estimaciones directas de productos regionales puede ayudar a validar las estimaciones del producto total. Las metodologías de trabajo pueden dividirse en tres grandes bloques.

Uno de ellos consiste en trabajar de acuerdo a la estimación directa del PIB regional, la cual refiere al cálculo del VAB de alguna actividad productiva con referencia territorial (estado, provincia, departamento) y que, habitualmente, se realiza a partir de la consideración del valor bruto de producción (VBP) y la correspondiente deducción del valor de los insumos (IS). Se trata de un esfuerzo grande de relevamiento de información –cantidades producidas de cada rubro, precios de venta, materiales e insumos utilizados y precios de compra de éstos– y caracterización de una función de producción apropiada para cada rama de actividad. Las opciones metodológicas dependen de cada caso y pueden oscilar desde el cálculo preciso con cierta periodicidad, hasta el uso de indicadores aproximados que tomen como referencia años censales o la simple aplicación de coeficientes técnicos.

El segundo de los bloques refiere a la metodología propuesta en Geary & Stark (2002), la cual es de amplio uso en la literatura y está basada en la utilización de tres variables: (i) PIB para el total de la economía; (ii) fuerza de trabajo clasificada por regiones; (iii) productividad laboral regional (agrupada por actividades productivas; en general, agropecuaria, manufacturera y servicios). De ese modo, los PIBs global y sectoriales son distribuidos de acuerdo a la discrepancia territorial de productividad y de asignación de trabajadores, aproximando la primera por el salario relativo a la media del país (o indicadores ad hoc que señalen una relación equivalente). De un modo complementario, Crafts (2005) propone un ajuste al método propuesto en Geary & Stark (2002). En algunos casos –sobre todo en aquellos en los cuales la diversificación productiva sea amplia y la industrialización hubiera avanzado sensiblemente– conviene identificar ingresos no-salariales (especialmente las rentas del capital) en la distribución territorial del ingreso total. Una fuente de información útil para abordar esta propuesta es recurrir a los registros de impuestos a la renta (tax incomes) pues ellos dan cuenta de aquellos ingresos asociados con fuentes distintas a las salariales. Este es un camino posible en aquellos países con sistemas tributarios maduros (como el británico) pero es impracticable en la mayoría de los países de la periferia mundial. Una alternativa (aún poco explorada) es calcular tasas de retorno sobre el activo empresarial (en tierra y maquinaria, por ejemplo) pues existe información que puede explotarse.

Finalmente, y como tercer bloque, también hubo propuestas de estimación motivadas en temáticas más próximas a la distribución del ingreso que al crecimiento, que toman como referencia la construcción de social tables por provincias/estados. El problema, en este caso, consiste en construir una estructura de población ocupada con un detalle amplio de profesiones (considerando, según el caso, diferencias de género, condición contractual o skill) y asignar ingresos a cada una de ellas.

En segundo lugar, se encuentra un aspecto referido a la especificidad del objeto de estudio. En particular, se insistió en la necesidad de plantear cuestiones alternativas a las que se han manejado en los trabajos sobre localización de la actividad económica en los países industrializados. La comprensión de la geografía económica de los países de América Latina, donde la industria y las economías de aglomeración han jugado un papel secundario (al menos, hasta la segunda mitad del siglo XX) y la sostenida heterogeneidad estructural pasa por proponer nuevas preguntas e hipótesis para calibrar el rol que le cupo al acceso a los mercados, las políticas comerciales y la localización de los recursos naturales. Además, en contextos donde las economías de subsistencia tuvieron un papel muy relevante (unido, además, al componente indígena tan presente en varios países), resulta trascendente comprender su incidencia para dar fiabilidad a las estimaciones.

En tercer lugar, se discutió la definición de las unidades de análisis. Dentro de este aspecto, son dos los tipos de consideraciones a tomar en cuenta. Por un lado, manejar con rigurosidad el cambio de fronteras nacionales que se ha producido desde la independencia y la forma en cómo afrontar esa problemática de contabilización. Por otro lado, siempre que se pretenda hacer algún ejercicio de carácter supranacional, se requerirá realizar un esfuerzo de homogeneización de unidades administrativas muy dispares entre países (por ejemplo, las provincias argentinas con los departamentos uruguayos y los estados brasileños) y los criterios de agrupación obligarán a realizar discusiones específicas sobre el tema. Relacionado con ello, la perspectiva analítica para uno y otro caso es diferente; esto es, pueden definirse ciertas (grandes) regiones para ejercicios que abarquen varios países pero, al momento de realizar estudios individuales, es probable que convenga recurrir a subdivisiones menores y más representativas (lo que se realza aún más si el análisis resulta un insumo de política pública).

El desafío está planteado y la agenda está abierta. El Cuarto Congreso Latinoamericano de Historia Económica, que será celebrado en Bogotá, los días 23 al 25 de julio de 2014, ofrece una nueva oportunidad para contrastar avances y propuestas renovadas para una construcción que, necesariamente, deberá ser colectiva.

Badía-Miró, M., Guilera, J., Lains, P. (2012): “Regional incomes in Portugal: industrialization, integration and inequality,1890-1980”. Revista de Historia Económica – Journal of Iberian and Latin American Economic History 30(2), 225-244.

Bassino, J.P., Fukaob, K., Paprzyckib, R., Settsuc, T., Yuand, T. (2012): “Regional inequality and migration in prewar Japan, 1890-1940”. Paper presented at the Economic History Society Conference, University of York, 5-7/04/2013.

Buyst, E. (2011): “Continuity and change in regional disparities in Belgium during the twentieth century”. Journal of Historical Geography 37(3), 329-337.

Caruana-Galizia, P. (2013): “Indian regional income inequality: estimates of provincial GDP, 1875-1911”. Economic History of Developing Regions 28(1), 1-27.

Crafts, N. (2005a): “Regional GDP in Britain, 1871–1911: Some estimates”, Scottish Journal of Political Economy 52(1), 54-64.

Enflo, K., Henning, M., Schön, L. (2010): “Swedish regional GDP 1855-2000: estimations and general trends in the Swedish regional system”. Working Papers in Economic History, Universidad Carlos III, 10/03.

Felice, E. (2011): “Regional value added in Italy, 1891-2001, and the foundation of a long-term picture”. Economic History Review 64, 929-950.

Geary, f., and Stark, T. (2002): “Examining Ireland’s post-famine economic growth performance”, The Economic Journal, No. 112, 919-935.

Krugman, P. (1995): Development, Geography, and Economic Theory, MIT Press, Cambridge.

Krugman, P. (1991): “Increasing Returns and Economic Geography”, en Journal of Political Economy, vol. 99, Nº3.

Martínez-Galarraga, J., Rosés, J.R., Tirado, D. (2013): “The long-term patterns of regional income inequality in Spain, 1860-2000”. Regional Studies (forthcoming).

Rosés, J., Martínez-Galarraga J., Tirado D. (2010): “The upswing of regional income inequality in Spain (1860-1930)”. Explorations in Economic History 47 (2), 244-257.

Schulze, M.S. (2007): “Regional income dispersion and market potential in the late nineteenth century Hapsburg Empire”. London School of Economics Working Papers, 106/07.


[1] Recientes trabajos han comenzado a extender el ámbito geográfico de estudio, incluyendo a Japón (Bassino et al., 2012) e India (Caruana-Galizia, 2013).

La relevancia del enfoque local y regional en la historia económica: ¿hacia una contabilidad de los PIBs regionales en América Latina?

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 20 de junio de 2013

¿Es posible estudiar la historia económica de países tan vastos como Argentina y Brasil o tan variados como Chile y Bolivia sin consideración de las diferentes realidades locales? ¿Hasta qué punto rinde, analíticamente hablando, estudiar la historia económica de Uruguay sin integrarla a la de la pampa húmeda argentina y a la de Río Grande do Sul de Brasil? ¿Cuánto de la historia económica del norte de México toma sentido si se recurre a enfoques de carácter regional antes que nacional?

En mi última entrada al Blog (“Sostenibilidad del desarrollo: hacia una contabilidad histórica del ahorro genuino”) argumentaba sobre la conveniencia de realizar renovados esfuerzos de medición de la actividad económica y sus determinantes para dotar de renovados (y a veces novedosos) enfoques en la interpretación del desarrollo histórico latinoamericano.

Las teorías modernas del crecimiento han dedicado especial atención a la búsqueda de los determinantes del crecimiento económico mediante modelos agregados que tienen al ingreso per cápita “de equilibrio” como concepto central. Desde el fundamentalismo del capital à la Harrod-Domar (Harrod, 1939; Domar, 1946) hasta el modelo neoclásico (hoy) estándar à la Solow (Solow, 1956; Swan, 1956) y los importantísimos progresos acaecidos desde los 1980s con las teorías del crecimiento endógeno –donde aparecen el cambio técnico y el capital humano con absoluta relevancia–, dicha característica se ha mantenido, dotando al análisis de ciertas relaciones causales en exceso “lineales” o estilizadas.

Probablemente, dos de las ramas de la literatura que más han avanzado en levantar esa debilidad sean los enfoques de corte evolucionista y neo-schumpeteriano de la innovación (Freeman, 1987; Lundvall, 1992; Nelson, 1993) y del desarrollo local y regional (Pike et al., 2006), pues ambas dan una adecuada importancia al contexto socio-económico y a las características institucionales que moldean el desarrollo como proceso multidimensional.

Como bien se plantea en Ascani et al. (2012), con el fenómeno de la globalización que dominó progresivamente a la economía mundial desde el último tercio del siglo XX, muchos autores han argumentado sobre la existencia de un “flat world” (Friedman, 2005), el “end of geography” (O’Brien, 1992) y la “death of distance” (Cairncross, 1997). La globalización, como proceso omnipresente, habría erosionado las diferencias entre lugares a través del alcance internacional (e imparable) de sus efectos económicos, tecnológicos y socioculturales. Esta conceptualización contrasta con una creciente literatura teórica y empírica en el campo de la economía institucional, evolucionista y geografía económica, en la cual la preeminencia de los procesos regionales y el rol de los actores locales juegan como factores determinantes en la conformación de trayectorias de desarrollo.

La idea de un “regional world” (Storper, 1997) asociada con la identificación de fuerzas espacialmente delimitadas por factores locales y los efectos de aglomeración (Marshall, 1890) al interior de los países, sugieren que el desarrollo económico comporta patrones de concentración espacial y spillover específicos, y que la distancia y la geografía siguen siendo relevantes aún en un “mundo globalizado” como el actual. La adopción de conocimiento, como proceso acumulativo y de path-dependence, conforma una distribución espacial del bienestar que está muy lejos de ser lineal y que, muchas veces, suele responder a factores distintos a los puramente macroeconómicos, situándose en niveles mesoeconómicos o de unidades desagregadas.

Ninguno de estos factores y determinantes son ajenos al campo de la historia económica –así como sus profesionales no creemos que el último período de globalización haya sido el primero ni el más intenso (O’Rourke & Williamson, 2006; Obstfeld & Taylor, 2006)– y, por el contrario, el reconocimiento de realidades locales constituye materia común en nuestras investigaciones. En cambio, lo que sí puede presentarse como campo nuevo es el interés de aproximarse cuantitativamente a esos diferenciales para dimensionarlos y proyectarlos a la comprensión de la performance global. Recientemente, varios han sido los esfuerzos por conformar series históricas de PIB regionales para países europeos como España (Martínez-Galarraga, 2012; Rosés, et. al, 2010), Suecia (Henning et al., 2010), Italia (Felice, 2009) o Portugal (Badía-Miró, et al., 2012), y ello ha contribuido muy favorablemente a la propia interpretación de procesos nacionales y de “border economics”.

Entonces, la pregunta que surge inmediatamente es la siguiente, ¿tiene sentido realizar estos esfuerzos de contabilización en las economías periféricas? ¿estamos en condiciones, en América Latina, de promover ese tipo de investigaciones? Quizás pueda ser pretencioso pretender avanzar por este camino cuando todavía varios países de la región no han completado sus cuentas nacionales históricas del lado de la producción (mientras que los cálculos complementarios del lado del gasto y del ingreso son aún muy iniciales). Sin embargo, muchas de esas disparidades de las que habla la teoría son materia clave para comprender la propia historia económica de nuestros países y el esfuerzo es mucho más que un mero capricho académico. ¿Es posible estudiar la historia económica de países tan vastos como Argentina y Brasil o tan variados como Chile y Bolivia sin estas consideraciones? ¿Hasta qué punto rinde, analíticamente hablando, estudiar la historia económica de Uruguay sin integrarla a la de la pampa húmeda argentina y a la de Río Grande do Sul de Brasil? ¿Cuánto de la historia económica del norte de México toma sentido si se recurre a enfoques de carácter regional antes que nacional?

Muchas veces, la identificación de verdaderos “territorios económicos” antes que jurisdicciones políticas nos ofrecería una renovada capacidad de análisis y, por lo tanto, contar con contabilidades de ese carácter significaría abrir nuevas oportunidades de explicación. Además, hasta cierto punto, no dejaríamos de reivindicar una vieja categoría cepalina que situaba a la “heterogeneidad estructural” en el centro del análisis. En trabajos como los de Anibal Pinto de 1965 y 1970 se utilizaba esa idea para referirse a la disparidad entre los niveles de productividad sectorial, con lo cual se daba cuenta de la coexistencia de un pequeño sector de productividad elevada con otro más amplio de menor dinamismo. En esta conceptualización, la dimensión territorial se incorpora naturalmente bajo la idea de que el crecimiento económico puede tender a ser conducido por el desempeño de un limitado número de economías locales dentro del estado-nación, así como trascender las fronteras políticas en la constitución de verdaderos territorios de producción y consumo.

En próximas entradas al Blog realizaremos una revisión de antecedentes latinoamericanos en la materia –fundamentalmente en el cálculo de niveles de bienestar históricos al interior de los países– y repasaremos las opciones metodológicas disponibles, reflexionando sobre aplicaciones concretas en los casos de América Latina.

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