Sostenibilidad del desarrollo económico: la construcción de una agenda de investigación

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay)

Montevideo, 11 de junio de 2018

Resumen

El concepto de desarrollo, la identificación de sus dimensiones, la forma de aproximarse a su medición y la representatividad de ésta respecto al bienestar –objetivo y subjetivo– han sido parte de la discusión en muy diversas ciencias sociales y la historia económica no ha estado ajena a este debate. El concepto ha pasado desde nociones de expansión de la producción y de la población hacia otras basadas en ideas de capacidades, necesidades, responsabilidad social empresarial, y medioambiental. Las formas de medición han transitado desde indicadores simples y unidimensionales hacia otros de grado creciente de complejidad y multidimensionales que involucran cuestiones tan diversas como el crecimiento, la igualdad, empoderamiento, gobernanza, seguridad y felicidad. En historia económica, recientemente, han habido interesantes contribuciones en esta dirección y, en esta entrada del Blog, se realizan comentarios referidos a mediciones de niveles de desarrollo económico y aproximaciones a nociones de sostenibilidad bajo la idea del genuine saving (“ahorro genuino”).

 

Había dedicado una entrada anterior del Blog a identificar algunos intentos incipientes sobre del cálculo del ahorro genuino en perspectiva histórica y, ya pasado un tiempo prudencial desde entonces, es posible afirmar que la disciplina está construyendo una verdadera agenda de investigación al respecto.

El concepto de desarrollo, la identificación de sus dimensiones, la forma de aproximarse a su medición –o mediciones– y la representatividad de ésta respecto al bienestar –objetivo y subjetivo– de las sociedades han sido parte de la discusión en economía, sociología, ciencia política y otras ciencias sociales durante décadas. El debate ha acaparado la atención de académicos teóricos y empíricos, hacedores de políticas públicas y agentes del mundo de los negocios interesados en el progreso de las sociedades. El concepto ha pasado desde nociones de expansión de la producción y de la población hacia otras basadas en ideas de capacidades, necesidades, responsabilidad social empresarial y sostenibilidad. Sus dimensiones incluyen un amplio espectro de componentes que trascienden la pura generación de ingresos para incorporar consideraciones de salud y educación de las comunidades, sus condiciones de igualdad, así como los factores culturales y medioambientales. Las formas de medición han transitado desde indicadores simples y unidimensionales hacia otros de grado creciente de complejidad y multidimensionales que involucran cuestiones tan diversas como el crecimiento, la igualdad –en sus diversas expresiones: rentas, condiciones sanitarias, educación y género–, empoderamiento, gobernanza, seguridad y felicidad.

En la última década, ha crecido el consenso en cuanto a que las diversas medidas del ingreso per cápita (de acuerdo al Producto Interno o Nacional, Bruto o Neto) constituyen indicadores imperfectos del nivel de desarrollo económico de una sociedad. Su limitada cobertura –por ejemplo, las dificultades para captar la producción de autosubsistencia o los ingresos derivados de actividades ilegales–, la deficiente incorporación de los diferenciales de calidad y la imposibilidad de recoger el impacto de la distribución en los niveles de bienestar representan algunas de sus debilidades más flagrantes.

En la búsqueda de un concepto capaz de representar de forma más fehaciente el desarrollo han surgido nociones alternativas. Dentro de un amplio set de indicadores, y para mencionar solo algunos, se destaca el Physical Quality of Life Index (PQLI), el Gross National Hapiness (GNH), el Better Life Index (BLI), o el Prosperity Index. En historia económica, el indicador que ha tenido más repercusión dentro de estos esfuerzos ha sido, probablemente, el Human Development Index, el cual ha recibido atención en trabajos como Astorga y FitzGerald (1998), Astorga, Bergès & FitzGerald (2004), Bértola, et al. (2010), Bértola et al. (2012), Camou & Maubrigades (2005) y Prados de la Escosura (2007).

Sin embargo, ninguno de estos esfuerzos ha logrado avanzar sobre cuestiones ligadas con la sostenibilidad del desarrollo desde una perspectiva de largo plazo, ni han dialogado con cuestiones atinentes a la vulnerabilidad medioambiental derivada del crecimiento económico. Recientemente, ha habido reacciones en esta dirección. Investigadores de diversas latitudes han propuesto, como mediciones de niveles de desarrollo económico y aproximaciones a nociones de sostenibilidad del proceso, el concepto de genuine saving (“ahorro genuino”).

¿Cómo se mide el “ahorro genuino”? En el Sistema de Cuentas Nacionales, el cambio en la riqueza de una economía se aproxima considerando, solamente, los activos producidos. La capacidad de provisión futura de una corriente de bienes y servicios para el país se aproxima a través del ahorro neto nacional (ANN), el que cuantifica el output no consumido descontadas las reservas para depreciación del capital físico. El siguiente paso para medir la sostenibilidad es ajustar el ANN por la acumulación/formación de otros activos –capital humano, capital natural y deterioro medioambiental– que, al igual que el ahorro, dan soporte al desarrollo.

La intuición del concepto es que aquellas economías con valores positivos de genuine saving cumplirían con las condiciones de sostenibilidad débil pues su stock de riqueza total estaría, al menos, no descendiendo. Por el contrario, economías con ahorro genuino negativo experimentarían un desarrollo no sostenible. ¿Qué dice la evidencia al respecto? El World Bank acaba de publicar su reporte The Changing Wealth of Nations 2018 y en el gráfico adjunto se ilustra la evolución del ahorro genuino –denominado Adjusted Net Saving, ANS, por el WB– (como porcentaje del ingreso nacional) entre mediados de los años noventa y el presente. La pauta dominante, entre grandes regiones, es la divergencia. El ANS creció sustancialmente en el Este y Sur Asiático, en tanto que Europa y Asia Central, América Latina y el Caribe, y América del Norte mostraron evoluciones relativamente estables. La región que mostró ANS sistemáticamente menores fue el África Sub-Sahariana evidenciando, incluso, períodos de ahorro genuino negativo. Esto sugiere que sus políticas de desarrollo no han resultado promovedoras de un desarrollo económico sostenible.

Ahorro Neto Ajustado por grandes regiones del mundo, 1995-2015 (en porcentaje del Ingreso Bruto Nacional)

WB(2018)pp.63Fuente: extraído de World Bank (2018), p. 63.

Al menos dos dimensiones del análisis son de particular relevancia. Por un lado, el contraste entre las estimaciones de ahorro genuino y otros indicadores de bienestar, tanto las mediciones de carácter simple –salarios reales, tasas de mortalidad o antropométricos– como los combinados o más complejos –ingreso per cápita o índices de desarrollo humano– en sus varias definiciones. Por otro lado, la comparación entre economías que permita dar cuenta de hechos estilizados y trayectorias características que definan patrones de desenvolvimiento específicos. Ambos tipos de consideraciones implicarían dar una mirada renovada a los problemas del desarrollo y es evidente que, desde la historia económica, podrían realizarse contribuciones novedosas y valiosas. Éstas ya han comenzado a materializarse.

Parte de ese esfuerzo está representado por trabajos como Blum et al. (2017), Blum et al. (2013), Greasley et al. (2012, 2013, 2014), Greasley et al. (2017), Lindmark & Acar (2013) and McLaughlin et al. (2012). Se trata de una línea de investigación en formación en la cual es dable esperar contribuciones crecientes en los próximos años. Sólo para ilustrar este punto, me gustaría mencionar un par de espacios de discusión e intercambio que dan cuenta de esa dinámica en ascenso de la que hablo.

En primer lugar, en enero de 2018, organizado en el Departamento de Historia Económica de Lund University por los Prof. C. Ducoing y J. Peres Cajías, tuvo lugar el Workshop: The Economic History of Natural Resources and Sustainable Development. El evento contó con la realización de cuatro keynotes de prestigiosos académicos europeos (Prof. María del Mar Rubio-Varas, Prof. Ann-Kristin Bergquist, Prof. Paul Sharp y Prof. Espen Storli) y la participación de colegas con aportaciones en diversos campos: las relaciones entre recursos naturales y desarrollo económico, estimaciones de historical genuine savings, así como la influencia de la educación formal y el capital humano en los procesos de crecimiento basado en la explotación de recursos naturales.

En segundo lugar, el próximo 1° de agosto de 2018, en el marco del World Economic History Congress, junto con los Prof. C. Ducoing (Lund University) y Eoin McLaughlin (University of St. Andrews) organizaremos la sesión Beyond GDP. Sustainable and unsustainable development in the long run, con la cual pretendemos alentar las investigaciones en curso, poner en común el conocimiento logrado, y abrir nuevas puertas para superar el corsé que significa el PIB para muchos historiadores económicos. La tarea está en sus fases iniciales, pero promete constituirse en un verdadero programa de investigación, con colaboraciones desde diversos países y con la expectativa de introducir consideraciones novedosas en nuestras interpretaciones sobre del desarrollo económico de países y regiones.

Bibliografía

Bértola, L., Hernández, M., y Siniscalchi, S. (2012) “Un Índice Histórico de Desarrollo Humano de América Latina y algunos países de otras regiones: metodología, fuentes y bases de datos”.  Documento On Line Nº 28, Programa de Historia Económica y Social, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la Repúnlica, Reedición Febrero.

Astorga, P. and FitzGerald, V. (1998) “The Standard of Living in Latin America during the Twentieth Century”, Development Studies Working Paper N. 117. Queen Elizabeth House, St. Antony’s College, University of Oxford, UK.

Astorga, P., Bergés, A. and FitzGerald, V. (2004) “The Standard of Living in Latin America during the Twentieth Century”. Discussion Papers in Economic and Social History 54, University of Oxford, UK.

Camou, M. y Maubrigades, S. (2005) “La calidad de vida bajo la lupa: 100 años de evolución de los principales indicadores”. Boletín de Historia Económica No.4, Asociación Uruguaya de Historia Económica, Montevideo.

Prados de la Escosura, L. (2007) “Improving the Human Development: A Long Run View”. Journal of Economic Surveys, v. 24, N 5, pp. 841-894.

Bértola, L., Camou, M., Maubrigades, S. and Melgar, N. (2010) “Human Development and Inequality in the Twentieth Century: The Mercosur Countries in a Comparative Perspective”. In Salvatore, R., Coatsworth, J. H. and Challú, A.E. (Org.) Living Standards in Latin American History: Height, Welfare and Development, 1750-2000, Cambridge, David Rockefeller Center for Latin American Studies, Harvard University.

Blum, M., Ducoing, C. and Mclaughlin, E. (2017) “A Sustainable Century? Genuine Savings in developing and developed countries, 1900-2000”. In Hamilton, K. and Hepburn, C. (Ed.) National Wealth: What is Missing, Why it Matters. Oxford: Oxford  University Press.

Blum, M., McLaughlin, E. and Hanley, N. (2013) “Genuine savings and future well-being in Germany, 1850-2000”. SIRE Discussion Paper SIRE-DP-2013-126, Scottish Institute for Research in Economics, University of Stirling.

Greasley, D., McLaughlin, E., Hanley, N. and Oxley, L. (2017) “Australia: a land of missed opportunities?”. Environment and Development Economics, Volume 22, Issue 6, pp. 674-698.

Greasley, D., Hanley, N., Kunnas, J., McLaughlin, E., Oxley, L. and Warde, P. (2014) “Testing genuine savings as a forward-looking indicator of future well-being over the (very) long-run”. Journal of Environmental Economics and Management, 67, 171-188.

Greasley, D., Hanley, N., Kunnas, J., McLaughlin, E., Oxley, L., Warde, P. (2013) “Comprehensive investment and future well-being in the USA, 1869-2000”, Stirling Economics Discussion Paper 2013-06, University of Stirling.

Greasley, D., Hanley, N., McLaughlin, E., Oxley, L., Warde, P. (2012) “Testing for long-run ‘sustainability’: Genuine Savings estimates for Britain, 1760-2000”. Stirling Economics Discussion Papers 2012-18, University of Stirling.

Lindmark, M. and Acar, S. (2013) “Sustainability in the making? A historical estimate of Swedish sustainable and unsustainable development 1850–2000”. Ecological Economics 86, pp. 176-187.

Lange, G-M, Wodon, Q. and Carey, K. (Eds.) (2018) “The Changing Wealth of Nations 2018. Building a Sustainable Future”. International Bank for Reconstruction and Development / The World Bank, Washington D.C..

McLaughlin, E., Greasley, D., Hanley, N., Oxley, L. and Warde P. (2012) “Testing for long-run “sustainability”: Genuine Savings estimates for Britain, 1760-2000”. Stirling Economics Discussion Paper 2012-05, Stirling Managment School, University of Stirling.

 

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Depende ¿de qué depende? De según como se mide, todo depende.* Nuevas comparaciones de las series históricas de PIB de Maddison

Carolina Román (Universidad de la República, Uruguay)

Montevideo, 9 de mayo de 2018

Resumen

Las estimaciones comparables internacionalmente de PIB per cápita constituyen un desafío muy grande. Estas suelen ser muy sensibles a las técnicas utilizadas para su construcción y, por lo tanto, también lo son los resultados obtenidos –en términos de crecimiento, desempeño y comparación de niveles de ingreso. Recientemente Bolt, Inkalaar, De Jong y van Zanden (2018) realizan una nueva contribución a la base de datos de Maddison (Maddison Project) al proponer cambios en el método utilizado para obtener niveles comparables internacionalmente de las series de PIB per cápita, ofreciendo así una nueva versión de la base de datos.  Las ventajas de esta nueva versión son bienvenidas, aunque, como es de esperar, también presenta limitaciones. 

El legado de Angus Maddison (1926-2010) en relación a la compilación de series históricas –largas, muy largas–, de países de diversas regiones del mundo ha constituido un gran pilar para la historia económica y, en términos generales, para los estudios en torno a las grandes preguntas sobre el crecimiento económico y el desarrollo de la economía mundial.

Las estadísticas históricas de Maddison tienen la virtud, además, de utilizar un método que permite ajustar por la paridad de poder adquisitivo (PPA) las series de ingreso, medidos por el PIB per cápita, originalmente expresadas en sus monedas nacionales, de forma tal que podamos comparar niveles entre distintos países y analizar su evolución a lo largo del tiempo. Para esto, toma los niveles del PIB en 1990 como año base o “benchmark” y aplica el método de Geary-Khamis (GK)[i] de forma que todas las series se expresen en dólares internacionales Geary-Kamis de aquel. Luego, a partir de estos valores de 1990, se extrapolan o proyectan con las tasas de crecimiento de las series nacionales de PIB per cápita –expresadas a precios constantes–, considerando las cifras “oficiales” cuando las oficinas estadísticas o bancos centrales de los países ofrecen dicha información y las estimaciones históricas para cubrir períodos más remotos. Si bien las virtudes de estas mediciones son bien conocidas –la gran cobertura de países y temporal de los datos, la comparación de los niveles de ingreso entre economías, la coincidencia entre las tasas de crecimiento de las series de Maddison con las que resultan de las cuentas nacionales locales–, también lo son sus desventajas y limitaciones. En especial, el uso del año 1990 como único benchmark para series históricas tan largas puede generar distorsiones en la medida que nos alejamos del presente y el cálculo no incorpora cambios en las pautas de consumo y/o en los precios relativos.

Desde hace unos años (aproximadamente desde 2010), el Groningen Growth and Development Centre de la Universidad de Groningen ha tomado el relevo de esta valiosa tarea a través del denominado Maddison Project.  El proyecto nuclea a un grupo de prestigiosos investigadores y expertos de diversos países, identificados con las inquietudes de Maddison e interesados en dar continuidad a su legado. Esto ha permitido que las series históricas de PIB per cápita estén actualizadas de forma continua, incorporando nuevas y/o mejores estimaciones (Ver Bolt y van Zanden, 2014, sobre las características de este proyecto).

Recientemente, Bolt, Inkalaar, De Jong y van Zanden (2018) realizan una nueva contribución a la base de datos al proponer cambios en el método utilizado para obtener niveles comparables internacionalmente de las series de PIB per cápita, ofreciendo, así, una nueva versión, 2018, de la base del Proyecto Maddison. Además, para algunos países incluyen nueva información –especialmente para el periodo previo a 1914– y para otros reemplazan las series con estimaciones recientes –por ejemplo, China desde 1950 (Bolt et al. 2018, Cuadro 1). También, actualizan los datos de ingreso de todos los países hasta 2016 a partir de la información de Total Economy Database y Naciones Unidas en algunos casos. De este modo, la nueva base cubre 169 países, con datos desde el año 1 –para algunos pocos países[ii]– hasta 2016.

Estos autores ponen sobre la mesa un debate de por sí importante y crucial, y es cómo el uso de diferentes métodos aplicados para la comparación internacional de niveles de ingreso puede derivar en resultados diferentes y, algunas veces, controversiales. Por un lado, citan estimaciones alternativas a las series Maddison, de Prados de la Escosura (2000) y Lindert y Williamson (2016) quienes, con otras metodologías, proponen comparaciones indirectas de los niveles de ingreso. Por otro lado, comentan las diferencias que se producen en las tasas de crecimiento del PIB per cápita entre las estimaciones comparables internacionalmente –que toman un año como benchmark– con las que se obtienen de las cifras reportadas por las fuentes domésticas (Inklaar y Rao, 2017). Esto genera que algunos resultados puedan ser sensibles a la versión de la base de datos utilizadas (Bolt et al. 2018, p.2). Agregan que, para procurar resolver, en parte, esta limitación, las Penn World Table (PWT, en su versión 8 y 9) han incorporado series reales del PIB calculadas a partir de la comparación de varios benchmarks de precios e ingresos (Feenstra et al. 2015).

Siguiendo este último trabajo, Bolt et al. (2018) aplican una metodología similar e incorporan varios benchmarks en la base de datos, distinguiendo el periodo posterior a 1950 –siguiendo la PWT– y las décadas previas para lo cual hacen uso de estudios históricos. Un aspecto distintivo de esta nueva base es que ofrecen dos tipos de series del PIB per cápita —siguiendo la misma terminología que utiliza las Penn World Table—, y la elección de una u otra alternativa dependerá del objetivo del análisis.

Por un lado, las nuevas series de PIB per cápita que denominan CGDPpcReal Gross Domestic Product per Capita at current PPPs in 2011 US$—, son medidas corrientes, ya que los precios relativos implícitos usados para la comparación entre países varían en el tiempo. Las mismas están expresadas en dólares de EE.UU. a precios del año 2011 –para ajustar por la inflación de este país.  Es decir, son series ajustadas por paridad de poder adquisitivo, pero utiliza varios años benchmarks. Estas series serían las más apropiadas cuando nuestro interés es realizar estudios de corte transversal, esto es, comparar niveles de ingreso entre países.

Por otro lado, ofrecen estimaciones de la tasa de crecimiento del PIB per cápita en términos reales, expresadas a precios constantes de 2011, en dólares, que denominan RGDPNApcReal Gross Domestic Product per capita at constant 2011 national prices (in 2011US$). En este caso, las tasas de crecimiento serían consistentes con las que surgen de las Cuentas Nacionales de cada país o de las reconstrucciones históricas. Estas series serían las más pertinentes cuando procuramos hacer estudios de corte temporal, como la comparación del crecimiento económico –medido a través de los cambios en PIB per cápita– entre países a lo largo del tiempo.

La pregunta que surge inmediatamente es, ¿estas dos alternativas de las series de PIB per cápita son comparables? O, dicho de otra manera, ¿la comparación entre países depende de la medida utilizada? Los autores son muy transparentes en responder afirmativamente a la pregunta y en explicitar las limitaciones de la nueva base. Si se compara, para cada país con información, las estimaciones de las dos medidas de ingreso, en promedio, los niveles de CGDPpc representan un 87% de los correspondientes a RGDPNApc, con discrepancias que oscilan entre 21% y 277%. Seguramente, para muchos países las comparaciones no cambien demasiado, pero, para otros, las conclusiones pueden discrepar, y mucho. Una rápida mirada para ubicar las mayores discrepancias nos lleva a identificar algunos países que entran en estos casos: la mayoría son economías de menor desarrollo relativo, aunque se intercalan algunas desarrolladas como Alemania y Suiza. Justamente, Bolt et al. (2018, p.6) citan como ejemplo el caso de este último país, el cual presenta, en 1872, un ratio de PIB per cápita de 0,67 respecto al de EE.UU. si se mide con CGDPpc, mientras que esa relación asciende a 1,5 si se toma como variable de referencia el RGDPNApc. De todas maneras, los autores son enfáticos en explicar que cada variable debe ser utilizada para fines distintos ya que miden conceptos diferentes: RGDPpc para analizar crecimiento y CGDPpc para comparar niveles de ingreso.

Múltiples benchmarks

Para comparar el ingreso entre países, expresados originalmente en sus monedas nacionales respectivas, es necesario utilizar un método que permita controlar por las diferencias en los precios relativos de productos transables y no transables. Con este objetivo se suele utilizar algún índice de precios que procure medir lo que una persona, en un país i, debería gastar para adquirir los mismos productos –o de similares características– en un país j. Entre los tipos de índice de precios que se podrían utilizar se encuentra el Índice de Laspeyres, el de Paasche, y el que combina a ambos, el de Fisher. No obstante, este último tiene como principal desventaja la ausencia de transitividad. Bolt et al. (2018) explican que para salvar esta restricción se suele utilizar el índice de Precios de Gini, Eltetö, Köves y Szule (GEKS) que compara los precios entre dos países, i y j, tomando el promedio entre todas las posibles comparaciones indirectas entre los países –este índice es utilizado para la elaboración del International Comparison Program. Una propiedad deseable de este índice es que no se ve afectado por el efecto sustitución –como sí lo tiene el PPA Geary-Khamis, que suele subestimar los precios de los países de ingreso bajo– ya que considera en su cálculo los bienes y servicios de todos los países, en lugar de una canasta promedio. Así, las estimaciones del PIB en términos reales, para poder comparar con otros países en un mismo año, se calcula deflactando este valor por el índice de precios GEKS.

Una vez que se calcula el PIB real ajustado por la PPA para un año, se extrapola o proyecta ese valor –con las tasas de crecimiento de las series nacionales de PIB– para así obtener series de tiempo. De ese modo, se obtendrían medidas que son consistentes temporalmente. Este procedimiento tiene algunas limitaciones, siendo una de las más importantes la pérdida de representatividad del conjunto de bienes y servicios que se comparan, a medida que nos alejamos del año de comparación tomado como benchmark. Además, Bolt et al. (2018) suman otro problema, relacionado con las diferencias que aparecen en las mediciones cada vez que se estima nuevos coeficientes de paridad de poder adquisitivo (citan como ejemplo las discrepancias del ICP PPA 2011 respecto al ICP PPA 2005).

Frente a este escenario, la última versión del Maddison Project ofrece nuevas series en base al uso de múltiples benchmarks, tomando distintas opciones:

  1. a) coeficientes de PPA elaborados por el International Comparison Program (ICP),
  2. b) estimaciones de benchmark históricas (ver apéndice A del texto),
  3. c) medidas indirectas utilizadas para calcular benchmarks a partir de salarios reales y ratios de urbanización, especialmente aplicado a países de África (ver apéndice D del texto);
  4. d) benchmarks calculados a partir de información sobre salarios reales y niveles de ingreso de subsistencia, especialmente para el periodo anterior a 1500 que, como aclaran los autores (p.11), son medidas más próximas al concepto de nivel de subsistencia que a mediciones relativas al PIB per cápita [iii];
  5. e) cálculos de Braithwaite (1968).

En la base de datos se informa en cada caso cuál es la fuente de las observaciones correspondientes a los años elegidos como benchmark

A partir de los niveles relativos de ingreso, que surgen de los distintos benchmarks utilizados, completan las series, entre las estimaciones directas, con las tasas de crecimiento que surgen de la base de datos MDP 2013. En la base se señala, para cada observación, el procedimiento utilizado, en cada país y año, para cubrir todo el período: cálculo directo como benchmark, dato interpolado entre dos benchmarks o proyectado desde un benchmark.

La combinación entre el uso de múltiples benchmarks y series de tiempo genera algunas inconsistencias, para algunos años y países, que los autores desarrollan en el apéndice B del documento. Identifican casos con distintos tipos de problemas: niveles de ingreso demasiado bajos –menores a los mínimos de subsistencia–; niveles de ingreso demasiado altos –por ejemplo en países exportadores de petróleo en años previos al boom petrolero–;  cambios bruscos en los niveles de ingreso relativo dependiendo del benchmark utilizado –por ejemplo, debido a distorsiones con los precios relativos en algunos años en particular–; problemas con las estimaciones de Penn World Table –debido a los métodos utilizados para calcular los niveles de precios–, entre otros.  En el apéndice B describen los casos identificados como problemáticos y cómo, en algunas oportunidades, esos benchmarks fueron omitidos de la base de datos.

¿Nuevos datos, nueva historia?

La nueva base de datos MPD 2018 introduce cambios en el análisis del desarrollo de largo plazo del ingreso mundial, en comparación con la base anterior. En la sección 5, Bolt et al. (2018), discuten algunos resultados de los nuevos datos. Analizan, desde una perspectiva regional, las principales diferencias en las mediciones de los niveles de ingreso relativo. Para las regiones pobres, como África y Asia Oriental, en promedio no se observan diferencias, aunque sí para algunos países y años en particular. En el caso de América Latina y Europa Occidental, el MPD 2018 presenta niveles menores de ingreso relativo.  Realizan un análisis de convergencia condicional y testean si se cumple la hipótesis de Balassa-Samuelson[iv] para validar la nueva base de datos. Por último, discuten las implicancias en términos de línea de pobreza y niveles de subsistencia que deriva de utilizar precios relativos que van cambiando (en 1990, el ingreso de subsistencia era de 350 y 400 dólares por año, en 2011 se ajustó a 700 dólares). Por último, analizan el desempeño relativo de largo plazo de Gran Bretaña y Estados Unidas a la luz de la nueva evidencia, cuestionando que el desempeño británico haya sido mucho más exitoso que el norteamericano previo a 1870 (Gráfico 1).

Gráfico 1. PIB real per cápita relativo de Gran Bretaña en relación con Estados Unidos (1770-2016): MPD 2018 versus series de Maddison.

grafico GDP BLOG

Fuente: Elaboración en base a Maddison Project Database, version 2018. Bolt, Jutta, Robert Inklaar, Herman de Jong and Jan Luiten van Zanden (2018), “Rebasing ‘Maddison’: new income comparisons and the shape of long-run economic development” Maddison Project Working Paper, nr. 10, available for download at http://www.ggdc.net/maddison.

Aportes y reflexiones

Las contribuciones de la nueva base de datos son múltiples y muy valiosas. Actualizan series hasta el presente, completan información para muchos países, mejoran estimaciones existentes y proponen un nuevo método de comparación del ingreso relativo. Esto resulta en una base de datos de 169 países, con registros desde la era romana hasta la actualidad. También, en la base, están disponibles las series de población para calcular el PIB total.

Lo más novedoso metodológicamente es el uso de múltiples benchmarks para las series de PIB per cápita que permiten suavizar una de las críticas más fuertes a las series 1990 Geary-Khamis de Maddison, relacionada a la pérdida de representatividad de los precios relativos y la canasta de este año a medida que nos alejamos en el tiempo. Otro aspecto positivo de esta nueva metodología de cálculo de PPA es que permite actualizar las estimaciones con nuevas comparaciones –como las que van surgiendo de las nuevas versiones del International Comparison Program ICP– sin que esto altere por completo los resultados anteriores.

Además, estos autores proponen tener dos medidas de desempeño: una para comparar ingresos relativos y otra para evaluar crecimiento económico. La compatibilidad de ambas medidas despierta ciertos reparos, que los autores son muy transparentes en exponer.

Las estimaciones comparables internacionalmente de PIB per cápita constituyen un desafío muy grande. Estas suelen ser muy sensibles a las técnicas utilizadas para su construcción y, por lo tanto, también lo son los resultados obtenidos –en términos de crecimiento, desempeño, comparación de niveles de ingreso. Esto es algo complejo de resolver. De todas maneras, es importante conocer y explicitar el alcance de los resultados que, muchas veces, dependerán de la forma de medición.

Para finalizar, quedan algunos temas metodológicos que aún, desde mi punto de vista, no han sido abordados con profundidad. En particular, me refiero a la discusión sobre las metodologías de empalme utilizadas para enlazar las series de cuentas nacionales de los países, que originalmente están expresadas en precios de años base diferentes. Esto es algo que afecta principalmente las épocas más recientes, por lo general desde 1950 en adelante. Algunos autores discuten distintas técnicas–retropolación, inteprolación lineal, interpolación a tasa creciente, procedimiento mixto, para empalmar las series de cuentas nacionales, que originalmente están expresadas en precios de distintos años base (De la Fuente 2014, 2016; Prados de la Escosura 2014, 2016). Esto es un tema importante ya que el uso de una técnica u otra puede afectar, no solo los niveles del ingreso, sino también las tasas de crecimiento. Los trabajos de Prados de la Escosura son muy ilustrativos sobre esta problemática.

Sin duda la nueva base de datos del Maddison Project resuelve muchas debilidades de las series históricas anteriores. Aun así, permanecen aspectos por mejorar y analizar a la luz de la historia. En este camino, el esfuerzo es colectivo.

Referencias

Bolt, Jutta; Inklaar, Robert, de Jong, Herman, van Zanden, Jan Luiten (2018) “Rebasing “maddison”: new income comparisons and the shape of long-run economic development”. Maddison Project Working Paper, N°10, Groningen Growth and Development Centre.

Bolt, Jutta y van Zanden, Jan Luiten (2014) “The Maddison Project: collaborative research on historical national accounts”, Economic History Review, 67, 3, pp.627-651.

Braithwaite, S.N. (1968) “Real income levels in Latin America” Review of Income and Wealth, 14 (2), 113-182.

De la Fuente Moreno, Á. (2014) A “mixed” splicing procedure for economic time series. Estadística española, 56(183), 107-121.

De la Fuente Moreno, Á. (2016) “Series enlazadas de PIB y otros agregados de Contabilidad Nacional para España, 1955-2014”, Documento de Trabajo, Nº 16/01, BBVA, Enero.

Feenstra, R.C., R. Inklaar and M.P. Timmer, (2015), “The Next Generation of the Penn World Table” American Economic Review 105(10).

Inklaar, R. and D.S.P. Rao (2017). ‘Cross-Country Income Levels over Time: Did the Developing World Suddenly Become Much Richer?’ American Economic Journal: Macroeconomics 9(1): 265–290.

Lindert, P.H. and J.G. Williamson (2016), Unequal gains. American growth and inequality since 1700, Princeton University Press: Princeton.

Prados de la Escosura, L. (2000), “International Comparisons of Real Product, 1820–1990”Explorations in Economic History 37: 1–41.

Prados de la Escosura, L. (2014) “Mismeasuring long run growth: the bias from spliced national accounts,” Working Papers in Economic History wp14-04, Universidad Carlos III, Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales.

Prados de la Escosura, L. (2016) “Mismeasuring long run growth. The bias from spliced national accounts: the case of Spain”, Cliometrica, 10 (3).

* Esta expresión parafrasea la canción “Depende” del grupo español de rock Jarabe de Palo

[i] Este método fue elaborado por Roy Geary y Salem Khamis y fue utilizado primeramente por Kravis, Heston y Summers en el International Comparisons Program (ICP).

[ii] Los 14 países para los cuales se proponen medidas de ingreso per cápita son: Bélgica, Suiza, Egipto, España, Francia, Grecia, Irán, Irak, Israel, Italia, Jordania, Portugal, Túnez, Turquía,

[iii] Utilizan como nivel de subsistencia 700 dólares (dólares de 2011), cifra que surge de considerar 1,90 dólares por persona por día (y redondear a 700).

[iv] De acuerdo a la hipótesis de Balassa-Samuelson, existe una relación positiva entre la productividad relativa, entre el sector transable respecto al no transable, y el tipo de cambio real.  Esto genera que los precios tiendan a ser más altos en países de mayor ingreso.

PIBs regionales en América Latina y desconcentración de la actividad económica durante la ISI: ¿industrialización, protección o condiciones estructurales?

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 11 de octubre de 2014

A medida que se va construyendo nueva evidencia de PIBs regionales en América Latina, van conformándose nuevos desafíos de interpretación. A la vez que se conforma un nuevo campo de pruebas para las hipótesis de la NGE, es muy probable que el estructuralismo latinoamericano ofrezca un set de interpretaciones sugerente y provocativo. Queda camino por recorrer para comenzar a testear estas presunciones y su consideración enriquecerá el análisis histórico de la región.

En mi última entrada al Blog (“Contabilidad e interpretación de los PIBs regionales en América Latina: ¿hacia la construcción de ‘nuevas’ hipótesis para la periferia?”) argumentaba sobre la conveniencia de proponer alternativas interpretativas a la NEG (Nueva Geografía Económica) para comprender la localización territorial de la actividad económica en la periferia mundial.

Tomando como referencia el caso de América Latina, se trata de economías fuertemente dependientes de los recursos naturales, donde su localización ha creado un conjunto de condiciones que muchas veces se han expresado en la conformación de enclaves de producción (Cardoso & Faletto, 1971), el proceso de industrialización, antes que alentar una mayor desigualdad regional puede haber colaborado para romper (o al menos moderar) la heterogeneidad estructural. La industrialización sustitutiva y el sistema de incentivos creado por el Estado para la instalación de industrias en forma descentralizada pudo haber creado presiones igualadoras en la distribución regional de los ingresos. Este es el resultado que, de forma preliminar, se encuentra en Uruguay (García et. al, 2014) y México (Aguilar-Retureta, 2014) y nos permite presumir que puede encontrarse en otros países de América Latina. Dicho en otras palabras, la industrialización tardía y muchas veces a contrapelo de las ventajas comparativas pudo haber traído consigo tendencias igualadoras más que las contrarias, en un proceso que ya había sido captado cuando se analizaba la distribución personal del ingreso (ver, por ejemplo, Bértola, 2005).

Este planteo no desestima la búsqueda de explicaciones dentro del (actual) mainstream del análisis. Un ejemplo de ello es el reciente artículo publicado en Cliométrica –Tirado et al. (2013)– en el cual los autores, basados en trabajos como Hanson (1997) y Crozet & Koenig-Soubeyran (2004), analizan convincentemente los efectos en España del progresivo abandono de un régimen liberal durante el primer tercio del siglo XX y la adopción de un modelo nacionalista de desarrollo. El artículo indaga sobre el creciente proteccionismo del período y cómo su intensificación en el lapso entre-guerras condujo a la pérdida de centralidad de algunas regiones –como Cataluña– y el crecimiento relativo de otras localizaciones dotadas de una mejor posición geo-económica dentro del mercado doméstico (como el País Vasco, Zaragoza y Madrid).

En la medida en que se continúe avanzando en la construcción de evidencia para América Latina –y el último Congreso Latinoamericano de Historia Económica celebrado en Bogotá en julio de 2014 nos permite ser optimistas en este sentido (ver la sesión 12 del programa)– será un campo de prueba muy interesante para testear ese tipo de hipótesis. Ahora bien, ¿hay alternativas teóricas con las cuales trabajar? El estructuralismo latinoamericano ofrece un set de hipótesis que, complementariamente, podrían contribuir mucho a la comprensión de los procesos. En particular, el clásico concepto cepalino de “heterogeneidad estructural” tiene, en lo territorial, una dimensión evidente aunque muy poco explotada.

En una publicación reciente, CEPAL argumenta que “una de las manifestaciones particulares de la heterogeneidad en América Latina y el Caribe es la gran diferencia en los grados de desarrollo económico y social que muestran los diversos territorios de cada país, existiendo localidades con niveles de vida similares a las de los países desarrollados y lugares con un atraso marcado” (CEPAL, 2014, p. 71). Se trata de una constatación que tiene hondas raíces estructurales y que cualquier análisis sobre América Latina no debería desestimar.

La industrialización en América Latina no fue producto exclusivo del creciente proteccionismo. El Estado actuó en una multiplicidad de flancos –mercado cambiario, relaciones laborales, tasación diferencial por tipo de bienes, soporte de investigación y desarrollo, activo rol de las empresas públicas, entre muchos otros– en países en los cuales se apreciaban señales de cambio estructural en la producción destinada al mercado doméstico, pero escasas en la ventana externa de las economías. Esa suerte de cambio estructural trunco (parafraseando a Fajnzylber, 1983) implicó que América Latina continuara dependiendo de sus recursos naturales para participar en los mercados internacionales de bienes y servicios y ello la expuso a presiones recurrentes de balanza de pagos.

Por lo tanto, si en varias economías de América Latina se sigue hallando evidencia de procesos de industrialización en los cuales las dinámicas de aglomeración parecen haber constituido fuerzas secundarias y la NGE presenta rendimientos analíticos decrecientes, puede estar aproximándose el momento de poner en juego conceptualizaciones complementarias que ofrezcan renovados argumentos. La industrialización latinoamericana significó cambios profundos en la institucionalidad de las economías, pero rupturas parciales de la especialización y creaciones de mercados internos restringidos (o duales) que dan un carácter diferenciado al proceso. La permanencia de la dualidad, donde habrían convivido nuevas regiones de alto desarrollo con territorios históricamente atrasados, junto a una muy fuerte acción del Estado, constituyen elementos claves del análisis. Los historiadores económicos de América Latina tenemos mucho camino por recorrer para comprender esta realidad de la periferia mundial.

Aguilar-Retureta (2014): “The GDP per capita of the Mexican regions (1895-1930): new estimates”. Documentos de Trabajo (DT-AEHE) 1415, Asociación Española de Historia Económica.

Bértola, L. (2005): “A 50 años de la Curva de Kuznets: Crecimiento y distribución del ingreso en Uruguay y otras economías de nuevo asentamiento desde 1870”. Investigaciones en Historia Económica, v. 3/2005, pp. 135-176.

Cardoso, F.H. y Faletto E. (1971): “Dependencia y Desarrollo en América Latina. Ensayo de interpretación sociológica”, Siglo veintiuno editores.

CEPAL (2014): Cambio estructural para la igualdad. Una visión integrada del desarrollo. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) Santiago de Chile, abril.

Crozet M. and Koenig-Soubeyran P. (2004): “EU enlargement and the internal geography of countries”, Journal of Comparative Economics 32, pp. 265-279.

Fajnzylber, F. (1983): La industrialización trunca de América Latina, CET, México DF.

García M., Martínez-Galarraga, J. y Willebald, H. (2014): “Crecimiento y estructura productiva regional en Uruguay en la primera mitad del siglo XX: primeras aproximaciones y algunas hipótesis”. Ponencia presentada en el Seminario de Investigación del Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Universidad de la República, 13/05/2014.

Hanson G.H. (1997):“Increasing returns, trade and the regional structure of wages”, Economics Journal 107, pp. 113-133.

Tirado, D., Pons, J., Paluzie, E., Martínez-Galarraga, J. (2013): “Trade policy and wage gradients: evidence from a protectionist turn”, Cliometrica, Journal of Historical Economics and Econometric History, vol. 7(3), pp. 295-318, September.

Contabilidad e interpretación de los PIBs regionales en América Latina: ¿hacia la construcción de “nuevas” hipótesis para la periferia?

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 29 de mayo de 2014

Mucho ha avanzado la historia económica en interpretar y contabilizar fenómenos de carácter regional en las economías centrales y su evolución parece abrir nuevas posibilidades analíticas en las economías de la periferia mundial. El desafío está planteado y ello no se reduce únicamente a las dificultades de contabilización –que son para nada despreciables– sino, también, a nivel interpretativo. Es probable que la búsqueda de hipótesis y de relaciones causales que surge de la aplicación de un marco conceptual que pendula entre los modelos del tipo H-O-S y los de la NGE no siempre sea suficiente o que requiera de revisiones y renovados apuntes teóricos.

En mi última entrada al Blog (“Hacia una contabilidad de los PIBs regionales en América Latina: primeros pasos de una agenda abierta”) reflexionaba sobre la conveniencia de dar continuidad, desde la historia económica, a los esfuerzos analíticos que contemplan los procesos regionales y el rol de los actores locales como factores determinantes de la performance económica. En tanto, argumentaba que parte de esa continuidad debía mirar hacia la “periferia” de la economía mundial. Con esa dirección, realicé comentarios relativos a consideraciones metodológicas (en particular, a las diferentes formas de estimación) y mencioné elementos relacionados con la especificidad del objeto de estudio y la definición de las unidades de análisis. En esta ocasión haré referencia, al menos parcialmente, a estos dos últimos aspectos.

Es un resultado más o menos compartido entre diversos estudios europeos de PIBs regionales la obtención de una evolución de la desigualdad regional de ingresos con forma de “U” invertida (especialmente en la Europa del sur) cubriendo, aproximadamente, desde mediados del siglo XIX hasta los años veinte. De algún modo, y en línea con las predicciones de Jeffrey Williamson (que realizara ya en su trabajo de 1965), la inequidad tiende a crecer durante las fases iniciales del crecimiento económico y la industrialización, en un proceso asociado con patrones divergentes de especialización regional (o, dicho en otras palabras, por la desigual distribución de la industria y los servicios en el territorio). Una vez que la industrialización alcanza a un considerable número de regiones, las fuerzas de aglomeración y el tamaño de los mercados (propias de la conceptualización de la New Economy Geography) ganarían terreno en detrimento de las diferencias regionales en términos de dotación de factores (ver una aplicación de esta interpretación al caso español en Rosés et al., 2010). ¿Exige algún juego diferente de hipótesis el análisis del desarrollo regional latinoamericano? Dadas sus características, ¿convendrá buscar otro tipo de determinantes o de relaciones causales?

Simplificando mucho la presentación, el desarrollo económico latinoamericano de finales del siglo XIX y de todo el siglo XX estaría caracterizado, al menos, por la confluencia de tres hechos estilizados: (i) la abundancia de recursos naturales (con todas las ventajas y riesgos que ello conlleva; ver Sinott et al., 2010, y entradas previas en este Blog); (ii) una duradera “heterogeneidad estructural” (siguiendo una de las ideas clásicas de la CEPAL); y (iii) un proceso de industrialización tardío (aproximadamente desde los años treinta), predominantemente liderado por el Estado (Ocampo y Bértola, 2010), sustitutivo de las importaciones y trunco (Fajnzylber, 1983 y 1987).

Uno de los autores que mejor ha retratado el análisis cepalino del desarrollo nos decía hace algunos años que la estructura productiva de la periferia adquiere dos rasgos fundamentales. Por un lado, se destaca su carácter especializado en la producción y exportación de productos primarios, mientras la demanda de bienes y servicios que aumenta y se diversifica se satisface en gran parte mediante importaciones. La estructura productiva es heterogénea o parcialmente rezagada, en el sentido que coexiste en su seno sectores donde la productividad alcanza niveles muy altos –en especial el sector exportador– y actividades que utilizan tecnologías con las cuales la productividad del trabajo resulta inferior. En contraste con esta estructura especializada y heterogénea, en los centros se caracteriza por ser diversificada y homogénea (Rodríguez, 2006, p. 55). Esta idea de dualidad no fue exclusiva de la CEPAL.

Una de las características de la condición de subdesarrollo, analizada por los pioneros del pensamiento sobre desarrollo económico de la década de los años cincuenta, fue la naturaleza dual de sus economías; esto es, la coexistencia de un sector moderno y avanzado, con otro tradicional o atrasado. Lewis (1954) elabora su teoría del desarrollo en donde las economías subdesarrolladas se caracterizan por una oferta ilimitada de trabajo y una baja capacidad de la agricultura para absorber esta fuerza de trabajo. De acuerdo a Lewis, la industrialización era la salida a esta situación. La industrialización podía continuar con costo fijo del trabajo mientras existiera fuerza de trabajo con nula productividad marginal en el sector tradicional.

Por lo tanto, en economías fuertemente dependientes de los recursos naturales, donde la localización de éstos ha creado un conjunto de condiciones que muchas veces se han expresado en términos de verdaderos enclaves de producción (Cardoso & Faletto, 1971), el proceso de industrialización, antes que alentar una mayor desigualdad regional puede haber colaborado para romper (o al menos moderar) la heterogeneidad estructural tan propia de la periferia mundial. La industrialización sustitutiva y el sistema de incentivos creado por el Estado en América Latina para la instalación de industrias en forma descentralizada pudo haber creado presiones igualadoras en la distribución regional de los ingresos. Este es el resultado que, de forma preliminar, se encuentra en Uruguay (García et. al, 2014) y nos permite presumir que puede encontrarse en otros países de América Latina. Dicho en otras palabras, la industrialización tardía y muchas veces a contrapelo de las ventajas comparativas pudo haber traído consigo tendencias igualadoras más que las contrarias, en un proceso que ya había sido captado cuando se analizaba la distribución personal del ingreso.

“Puede entonces sostenerse que la industrialización no fue acompañada de un proceso de creciente desigualdad, como en los casos estudiados por Kuznets, sino que, muy al contrario, la industrialización del Sur fue acompañada por rasgos característicos del Estado del Bienestar y contribuyó a revertir las fuertes tendencias a la desigualdad de la primera globalización”. (Bértola, 2005, p. 167).

Aún queda mucho trabajo que realizar pero, como fue planteado en nuestra anterior entrada al Blog, conviene insistir en la necesidad de plantear cuestiones alternativas a las que se han manejado en los trabajos sobre localización de la actividad económica en los países industrializados. La comprensión de la geografía económica de los países de América Latina, donde la industria y las economías de aglomeración han jugado un papel secundario (al menos, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX) y la sostenida heterogeneidad estructural pasa por proponer nuevas preguntas e hipótesis para calibrar el rol que le cupo al acceso a los mercados, los costos de transporte y la localización de los recursos naturales. Además, en contextos donde las economías de subsistencia y el componente indígena constituyen, en muchos países, fenómenos de larga data –anteriores a la propia constitución de los estados nacionales– la identificación de preguntas alternativas a las usuales en la literatura parece un requisito fundamental.

Referencias

Bértola, L. (2005): “A 50 años de la Curva de Kuznets: Crecimiento y distribución del ingreso en Uruguay y otras economías de nuevo asentamiento desde 1870”. Investigaciones en Historia Económica, v. 3/2005, pp. 135-176.
Bértola, L. y Ocampo, J.A. (2010): Desarrollo, Vaivenes y Desigualdad: una Historia Económica de América Latina desde la Independencia. SEGIB, Madrid.
Cardoso, F.H. y Faletto E. (1971): “Dependencia y Desarrollo en América Latina. Ensayo de interpretación sociológica”, Siglo veintiuno editores.
Rodríguez, O. (2006): El estructuralismo Latinoamericano. CEPAL, Siglo XXI, México.
Rosés, J., Martínez-Galarraga J., Tirado D. (2010): “The upswing of regional income inequality in Spain (1860-1930)”. Explorations in Economic History 47 (2), 244-257.
Sinnott E., Nash, J. and De La Torre A. (2010): Natural Resources in Latin America and the Caribbean. Beyond Booms and Busts.The World Bank, Washington D.C.
Fajnzylber, F. (1987): “La industrialización de América Latina: de la ‘caja negra’ al ‘casillero vacío’”, Revista Internacional de Ciencias Sociales, París.
Fajnzylber, F. (1983): La industrialización trunca de América Latina, CET, México DF.
García M., Martínez-Galarraga, J. y Willebald, H. (2014): “Crecimiento y estructura productiva regional en Uruguay en la primera mitad del siglo XX: primeras aproximaciones y algunas hipótesis”. Ponencia presentada en el Seminario de Investigación del Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Universidad de la República, 13/05/2014.
Lewis, W.A. (1954): Economic development with unlimited supplies of labour. The Manchester School of Economic and Social Studies, XXII (2), May.
Willliamson (1965): “Regional inequality and the process of national development: a description of the patterns”. Economic Development and Cultural Change 13 (4), 3-84.

 

¿Estamos consumiendo demasiado?

Carolina Román (Universidad de la República, Uruguay), 29 de abril de 2014.[1]

El consumo, como componente de la demanda tiene varias vinculaciones con el proceso de crecimiento, de cambio estructural, al mismo tiempo que constituye un indicador de los niveles de vida de la población. Cuando el gasto en consumo por parte de las familias aumenta, esto podría suponer una buena noticia para la sociedad, aunque habría que preguntarse si mayores niveles también pueden constituir una restricción al propio desarrollo o al bienestar de largo plazo.

Frente al aumento del consumo en la economía mundial en las décadas recientes, con tasas mayores aún que el incremento del producto, cabe preguntarse si estamos consumiendo demasiado. Esta “simple” pregunta nos lleva a reflexionar sobre varias dimensiones. Aspectos vinculados con el rol del consumo –y, más en general, de la demanda– en el propio proceso de crecimiento económico y cambio estructural (siguiendo a los autores keynesianos y post-keynesianos como Nurkse 1953, Setterfield 2002, Pasinetti 2007, Kattel, Kregel y Reinert 2009); sobre el comportamiento emulativo de los hábitos de consumo (Duesenberry 1949, Nurkse 1953), sobre cuestiones éticas del acto de consumir (Cortina 2002), sobre cambios en la distribución del ingreso entre los países y al interior de estos.[2] Estas consideraciones responden, además, al estructuralismo latinoamericano de los 1960s y 1970s, cuando autores como Prebisch (1949), Furtado (1966) y Pinto (1976), insistían con ideas sobre la relación entre la concentración del ingreso, un patrón de consumo conspicuo de las clases altas, y las restricciones que esto imponía sobre el ahorro y el crecimiento económico. Alguna de todas estas dimensiones será objeto de próximas entradas en este blog. Ahora comenzaremos con una aproximación empírica y la presentación de un trabajo reciente que aporta otros elementos para reflexionar.

Podemos comenzar por una descripción de lo que ha sucedido con el consumo durante las últimas décadas, desde 1970, periodo que según Angus Maddison ha sido identificado como la cuarta fase del desarrollo del capitalismo. Este periodo comparte ciertos rasgos distintivos en cuanto al comportamiento de los precios, el producto, el sistema monetario internacional, la política económica sobre la demanda, el mercado de trabajo y una creciente apertura de los mercados de capitales (Maddison 1991). Utilizando los datos publicados por el Banco Mundial (Indicadores del Desarrollo MundialWorld Development Indicators-), es posible analizar el dinamismo del gasto de consumo final de los hogares y del producto interno bruto, expresado en dólares constantes de 2005 comparando las regiones clasificadas según su nivel de ingreso (países de ingreso bajo; ingreso alto OCDE; ingreso mediano). También resulta de interés identificar lo que ha ocurrido en América Latina y el Caribe, región que ha experimentado un crecimiento económico importante en la reciente década.

Entre 1970 y 2012 el crecimiento acumulativo anual del gasto en consumo de la economía mundial ha sido mayor, en 0.05 puntos porcentuales, al aumento que experimentó el producto interno bruto. (Ver Gráfico 1 y Gráfico 2). El consumo de los hogares, durante los años que han transcurrido del siglo XXI, mostró desempeños positivos (en promedio) en todas las regiones; contrastando claramente con la austera performance de los setenta, y el dispar comportamiento por regiones de los ochenta y los noventa (durante esta última década, los países pobres vieron caer su consumo per cápita). A nivel mundial, la década de los noventa fue la que mostró una mayor tasa de crecimiento acumulativo anual (1,51%), seguido por los ochenta con una tasa de 1,41%, y los años más recientes, 2000-2012 con una tasa de 1,27% (Ver Gráfico 1). Comparando el desempeño de las regiones, el consumo de los hogares de los países de ingreso mediano (que incluye países como India y China), han sido los más dinámicos desde los noventa. Por el contrario, los países de ingreso bajo, en gran parte de África sub-sahariana, luego de una caída en el consumo durante los noventa, experimentaron un crecimiento importante entre 2000 y 2012. Por su parte, el consumo en los países de ingreso alto y miembros de la OCDE ha crecido pero a menor ritmo desde los ochenta. En cuanto a América Latina y el Caribe, la región en su conjunto ha superado las tasas de crecimiento de la economía mundial desde la década de los noventa, con un incremento del consumo de los hogares mayor al experimentado por el nivel de actividad económica (medido por el PIB per cápita).

Gráfico 1. Crecimiento del gasto en consumo final de los hogares (per cápita). Tasa acumulativa anual a partir de las cifras en dólares constantes de 2005. Fuente: Elaborado en base a información de World Development Indicators del Banco Mundial.

Gráfico 2. Crecimiento del producto interno bruto (per cápita). Tasa acumulativa anual a partir de las cifras en dólares constantes de 2005. Fuente: Elaborado en base a información de World Development Indicators del Banco Mundial.

Gráfico 2. Crecimiento del producto interno bruto (per cápita). Tasa acumulativa anual a partir de las cifras en dólares constantes de 2005. Fuente: Elaborado en base a información de World Development Indicators del Banco Mundial.

¿Cómo evaluar si este aumento del consumo en las últimas décadas es “excesivo”? El artículo de Arrow et al. (2004) proponen dos criterios teóricos basados en factores económicos y ecológicos, para ayudar a responder a la pregunta si los niveles de consumo (agregados) actuales son excesivos.

Un primer criterio es pensar en un problema de optimización en donde el bienestar social de distintas generaciones depende del consumo y de la utilidad que reporta. Por lo tanto, el consumo actual será excesivo si supera aquel nivel de consumo que maximiza el valor de la utilidad presente (aplicando una tasa de descuento intertemporal). Si bien determinar cuál es el nivel óptimo de consumo de una economía se convierte en un problema en sí mismo, los autores sugieren aplicar consideraciones teóricas para identificar aquellos factores que pueden ser considerados indicios de que el consumo se desvía de su trayectoria óptima.

El segundo criterio incorpora la dimensión de sostenibilidad[3] del bienestar social intertemporal y también consideran el crecimiento de la población y el cambio tecnológico (medido a través del crecimiento de la productividad total de los factores), llegando una definición más amplia de la riqueza genuina[4] (al respecto, cabe recordar la entrada en este blog de Henry Willebald reflexionando sobre la medición del ahorro genuino). Según este criterio, el consumo de las generaciones actuales debería ser consistente con niveles de vida futuros que, al menos, no empeoren en el transcurso del tiempo. Resulta interesante que, como lo plantean los autores, ambos criterios, para discernir si el consumo es excesivo, reflejan implicancias diferentes. Una economía que intenta satisfacer el criterio de sostenibildiad puede no estar optimizando los niveles de bienestar. A la vez, que una economía puede estar maximizando su utilidad intertemporal pero con riesgos de sostenibilidad.

El artículo también aporta evidencia empírica utilizando datos del Banco Mundial, durante el periodo 1970-2001 para una muestra de países seleccionada que comprende regiones pobres, exportadoras de petróleo y economías industrializadas (Gran Bretaña y Estados Unidos). Aplicando los dos criterios mencionados anteriormente, los autores encuentran que el consumo estaría excediendo aquel que condice con el objetivo de maximización, y que en las regiones más pobres del mundo no se estaría alcanzando el criterio de sostenibilidad. En estas regiones, la riqueza genuina per cápita estaría disminuyendo ya que la inversión en capital humano y físico no sería suficiente para compensar el deterioro del capital natural. De estos resultados se podría concluir, erróneamente, que los países más pobres están consumiendo en exceso, sin embargo esto debe verse en el marco de un problema más complejo de bajos niveles de ingreso, problemas de ineficiencia y baja productividad que afectan a estas sociedades. Como lo señalan los propios autores, existe cierto grado de interdependencia entre los cambios en la riqueza genuina de las regiones “y el éxito de los países más ricos puede deberse en parte al fracaso de las naciones más pobres” (Arrow et al. (2004): p.25). Además, resaltan que dada la dificultad para generar mediciones que permitan un análisis cuantitativo riguroso, se requiere tomar estos resultados con cautela y asumir que existe gran incertidumbre para evaluar el presente y obtener conclusiones sobre el futuro. No obstante, esto no impide que se generen políticas para promover consumos e inversiones más eficientes.

Más allá de las limitaciones que este enfoque pueda tener desde el punto de vista teórico, y más aún en cuanto a las posibilidades de testear empíricamente los dos criterios, aporta elementos conceptuales útiles para evaluar los niveles de consumo, y más en general, el bienestar con una perspectiva de largo plazo y con un criterio de sostenibilidad.

Existe un amplio campo por conocer sobre el comportamiento del consumo desde una perspectiva histórica, de su vinculación con el bienestar material, con el crecimiento y más en general con el desarrollo, sobre su distribución, sobre los cambios en los patrones, los impactos medioambientales, etc. Al mismo tiempo, resta mucho esfuerzo orientado a reconstruir series históricas de consumo de los hogares y sus componentes así como de mediciones de la riqueza genunia, para poder responder si estamos consumiendo demasiado y si esto compromete el bienestar de las próximas generaciones. En próximas entradas brindaremos otros elementos para esta discusión.

 

Referencias:

ARROW, K., P. DASGUPTA, L. GOULDER, G. DAILY, P. EHRLICH, G. HEAL, S. LEVIN, K.-G. MÄLER, S. SCHNEIDER, D. STARRETT, and B. WALKER (2004). “Are We Consuming Too Much?” Journal of Economic Perspectives, 18(3): 147-172.

CORTINA, A. (2002). Por una ética del consumo (p. 349). Madrid: Taurus.

DUESENBERRY, J.S. (1949). Income, Saving and the Theory of Consumer Behavior. Harvard University Press, Cambridge, MA.

FURTADO, C. (1966). Subdesarrollo y estancamiento en América Latina. Buenos Aires: Editorial Universitaria.

KATTEL, R., KREGEL, J. A., & REINERT, E. S. (Eds.). (2009). Ragnar Nurkse (1907-2007): Classical Development Economics and Its Relevance for Today. Anthem Press.

MILANOVIC, B. (2011). “A short history of global inequality: the past two centuries”. Explorations in Economic History, 48, 494-456.

NURKSE, R. (1953). Problems of capital formation in underdeveloped countries. Oxford, Basil Backwell.

PASINETTI, L. (2007). Keynes and the Cambridge Keynesians. A “Revolution in Economics” to be accomplished. Cambridge University Press.

PINTO, A. (1976). Heterogeneidad estructural y modelo de desarrollo reciente de la América Latina. Inflación: raíces estructurales. D.F., México: Fondo de Cultura Universitaria.

PREBISCH, R. (1949). El desarrollo económico de América Latina y algunos de sus principales problemas. Santiago de Chile, Chile: CEPAL.

SETTERFIELD, M. (2002). The economics of demand-led growth: challenging the supply-side vision of the long run. Edward Elgar Pub.

Notas:
1 La pregunta del título es la versión en español del nombre del artículo “Are we consuming too much?” elaborado por un grupo de destacados economistas y ecologistas y publicado en el Journal of Economic Perspectives en el 2004.

2 En una entrada anterior en este blog, Esteban Nicolini hacía referencia a los componentes de la desigualdad y resumía los resultados recientes, de autores como Milanovic (2011), en que la inequidad de ingresos ha aumentado en el mundo en los dos últimos siglos, siendo su aumento entre países el componente que más lo explica (en relación al aumento de la desigualdad al interior de los países).

3 Estos autores conciben la idea de sosteniblidad en forma consistente con la definición de desarrollo sostenible (sustainable development) entendida como “el desarrollo que permite satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras”. Definición que surge del Informe Brundtland como resultado del trabajo de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) creada en 1983.

4 El concepto de riqueza genuina, manejado por el Banco Mundial, sugiere que los países deben procurar, en el largo plazo, un stock de activos -capital producido, capital humano, capital natural y conocimiento- que permitan mantener el crecimiento económico.

 

El largo declive de las economías de Argentina y Venezuela

Norbert Gaillard (Consultor Independiente), 11 de marzo de 2014.

Las crisis políticas y económicas actuales en Argentina y Venezuela tienen una resonancia particular para la mayoría de los historiadores. Aunque el producto interno bruto (PIB) per cápita de estos dos países fue de aproximadamente un tercio de la de los Estados Unidos en 2011, esa relación no tiene mucho sentido a no ser que nos fijamos en la evolución pasada (gráfico 1).

Gráfico 1: Argentina y el PIB per cápita de Venezuela como porcentaje de su contraparte en EE.UU. Nota: La comparación trazada se basa en dólares internacionales de 1990 (unidades de Geary – Khamis de paridad de poder adquisitivo). Fuente : Cálculos del autor basados en datos de Angus Maddison y The Conference Board Total Economy Database.

El gráfico muestra que la “riqueza relativa” de Argentina y Venezuela alcanzó un mínimo de 85 años a mediados de la década de 2000. El ligero repunte posterior puede estar en riesgo por el aumento de la desconfianza entre los inversores. Es de destacar que su caída del PIB per cápita relativo se remonta a principios de 1960. Durante el período 1974-1981, ninguno de estos países se benefició de la entrada de capitales de Estados Unidos o de Europa. El declive del PIB per cápita de Argentina y  de Venezuela en realidad se aceleró durante la “década perdida”.

Las razones de este trastorno económico en ambos países siempre han sido conocidas: la inestabilidad política y social (Crist 1941, Kaufmann et al 2010) , la incapacidad para evitar la salida de capitales (Masson y Theberge 1967 , Sachs 1985 , FMI 2012 ), y la falta de políticas monetarias credibilidad (Eichengreen y Hausmann 2005). Sin embargo, estas debilidades crónicas también son comunes a varios países centroamericanos y latinoamericanos (por ejemplo, Bolivia, Honduras y Paraguay). En los casos de Argentina y Venezuela, bien podríamos suponer que su postura ” populista” y anti- capitalista en los últimos años ha supuesto una carga significativa sobre sus economías, transformándolas en ” contra-modelos” de desarrollo.

Referencias

Crist, Raymond E. (1941), “The Bases of Social Instability in Venezuela”, American Journal of Economics and Sociology, Vol.1, No.1.

Eichengreen, Barry and Hausmann, Ricardo (2005), Other People’s Money, Chicago University Press, Chicago.

International Monetary Fund [IMF] (2012), “Liberalizing Capital Flows and Managing Outflows – Background Paper”, prepared by the Monetary and Capital Markets Department; the Strategy, Policy, and Review Department; and the Research Department; in consultation with the Legal Department and other Departments, 12 March.

Kaufmann, Daniel, Kraay, Aart, and Mastruzzi, Massimo (2010), “The Worldwide Governance Indicators – Methodology and Analytical Issues”, World Bank Policy Research Working Paper No.5430.

Masson, Francis and Theberge, James (1967), “Necesidades de capital externo y desarrollo economico: el caso de Argentina”, El Trimestre Económico, Vol.34, No.136 (4).

Sachs, Jeffrey (1985), “External Debt and Macroeconomic Performance in Latin America and East Asia”, Brookings Papers on Economic Activity, Vol.1985, No.2.