Las diferencias de género en el mercado laboral, brechas salariales como factor emergente

Silvana (06-11-2018)

Silvana Maubrigades es Profesora Adjunta de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, Uruguay. Es Socióloga y Doctora en Historia Económica por la misma  Universidad. Trabaja en el Programa de Historia Económica donde desarrolla su línea de investigación vinculada a las temáticas de desarrollo, desigualdad y mercado de trabajo desde la perspectiva de género.

 

RESUMEN. Reafirmando la complejidad que presenta el fenómeno de la desigualdad en la región, en esta primera presentación en el blog se introduce la perspectiva de género para analizar en América Latina la brecha salarial, identificándose algunas persistencias como la segregación ocupacional que deriva en disparidades salariales entre hombres y mujeres; y constatándose también una permanencia de las brechas salariales en los estratos más educados de la población activa.

A lo largo del siglo XX, en América Latina, las mujeres duplican su participación en el mercado de trabajo pasando de un promedio aproximado de un 20 % en la primera mitad del siglo XX a guarismos en torno al 40/50 % al final del siglo. Sin embargo, diversos enfoques teóricos e investigaciones aplicadas han demostrado la no linealidad entre el crecimiento económico y el aumento de la población económicamente activa femenina (PEAF). De allí se deriva la necesidad de desarrollar una explicación multicausal de este proceso, abarcando factores explicativos desde la demanda (cambios en los modelos productivos) y desde la oferta (aumento de las capacidades individuales y cambios en la estructura familiar).

Este enfoque aplicado a la región requiere, por un lado, una mirada de largo plazo que permite trazar continuidades y cambios en las variables observadas y, por el otro, la comparación entre los distintos países latinoamericanos y con otras regiones a los efectos de visibilizar esta no linealidad en las trayectorias de los países. Desde la perspectiva histórica y comparada se busca articular las particularidades de los distintos casos estudiados para encontrar explicaciones generales sobre el proceso de incorporación de las mujeres al mercado de trabajo en América Latina. Sus resultados permiten identificar distintos patrones de desigualdades de género en el mercado de trabajo en América Latina vinculados a etapas y modelos de desarrollo

En esta primera presentación al blog introduciré la perspectiva de género para analizar en particular, un tema recurrente en los estudios sobre América Latina, pero también a nivel global. Decía Esteban Nicolini allá por el 2014[1] que la mayoría de las investigaciones recientes coinciden en que la inequidad de ingresos ha aumentado considerablemente en el mundo en los últimos 200 años (aproximadamente) y que la mayor parte de ese incremento se produjo por el aumento de la inequidad “entre” los países y no por la inequidad “dentro” de los países (Milanovic 2011, Bourguignon y Morrison 2002).

En particular, si consideramos sólo el caso de América Latina encontraremos que es un territorio caracterizado por una inequidad persistente con una multiplicidad de causas en su explicación, pero donde aparecen algunos elementos recurrentes. Se ha confirmado que esta desigualdad está vinculada a la falta de oportunidades laborales, a la falta de educación e incluso a la estructura productiva de los países analizados  (Bourguignon et al 2004; Bértola y Ocampo 2012). Sin embargo, en todos estos casos, una mirada a estos mismos indicadores desde una perspectiva de género muestra a las mujeres con una brecha negativa de ingresos que no se ha abatido con el paso del tiempo.

Gráfico 6.2. Brecha salarial de género en América Latina. (Promedio simple por quinquenio)

Silvana (06-11-2018)_gráfico

Fuente: Elaboración propia en base a SEDLAC (CEDLAS & The World Bank).

El primer elemento que destaca en la explicación de esta persistencia en materia de desigualdades salariales mensuales es que las mujeres trabajan, en promedio, menos horas que los hombres. Claro que esta disparidad responde al hecho de que las mujeres mantienen aún una doble jornada laboral asociada al desbalance en las tareas de cuidados que se realizan en el hogar, lo que limita sus posibilidades de cumplir jornadas completas en el mercado de trabajo o efectuar horas extras en el mismo.

Al tener en cuenta el efecto de las horas trabajadas estas diferencias salariales se reducen, aunque si se analiza con mayor profundidad se observan comportamientos muy disímiles según las características de los trabajadores y su diferencial inserción en el mercado de trabajo.

Hacia finales del siglo XX, cuando el proceso de integración de las mujeres al mercado de trabajo en América Latina parece ser ya un fenómeno irreversible, las diferencias salariales cobran una significación mayor en la explicación de las desigualdades de la región, visualizándose tendencias homogéneas entre los países. La evidencia indica las mujeres tienen ingresos inferiores en todos los niveles educativos, pero las diferencias salariales al interior del grupo de los menos educados, así como entre los más educados, es aún más significativa a favor de los hombres.

Con respecto al impacto de la edad en las desigualdades salariales, se encuentra que la desigualdad se incrementa a medida que esta aumenta. Si bien el incremento de la edad produce un aumento salarial en hombres y en mujeres, premiando así la experiencia, proporcionalmente ese crecimiento continúa beneficiando a los hombres más que a las mujeres. En cambio, entre los más jóvenes, donde puede suponerse que la experiencia laboral es menos relevante en la fijación del salario, se encuentra una significativa reducción de la brecha salarial de género.

Por otro lado, la forma en la que hombres y mujeres se incorporan al mercado de trabajo y “eligen” los espacios de participación también tiene su impacto en las retribuciones económicas percibidas. La concentración de mujeres en ocupaciones y sectores con una menor retribución en el conjunto del mercado laboral tiene como resultado un promedio de ingresos inferiores para ellas, constituyendo la segregación sectorial y ocupacional por sexos uno de los factores más relevantes para explicar la brecha salarial.

Estos resultados aportan evidencias a la discusión sobre el sesgo en la selección de ocupaciones “masculinas” y “femeninas” y sus repercusiones en la brecha salarial de género. El acceso de las mujeres a determinadas actividades da como resultado una diferenciación salarial a favor de los hombres y las tareas que desarrollan. El tipo de inserción que tienen hombres y mujeres es uno de los factores que más influye en las diferencias salariales. Dentro de las actividades consideradas “feminizadas” persisten las diferencias salariales negativas para las mujeres y estas son más pronunciadas en aquellos sectores de menores ingresos como es el caso del servicio doméstico. Dentro de las actividades “masculinizadas” como la industria manufacturera, se obtiene también una brecha salarial negativa para las mujeres. Finalmente, dentro del conjunto de personas que perciben ingresos son los trabajadores asalariados los que muestran una menor brecha salarial de género. Tanto dentro del sector empresarial como entre los cuentapropistas, se observan los niveles más altos de desigualdad salarial, superiores al 20%.

Estas condiciones, que caracterizan a la desigualdad a nivel global y que, en el caso latinoamericano, tienen expresiones muy claras en todas sus dimensiones, requieren de una caracterización histórica precisa para alcanzar una interpretación cabal de su evolución y cambio. El objetivo de las dos próximas entradas al Blog será, en primer lugar, analizar los cambios en la demanda de fuerza de trabajo al presentarse una breve caracterización del proceso de incorporación de las mujeres al mercado de trabajo a la luz de los modelos de desarrollo presentes en la región durante el siglo XX. En segundo lugar, se abordarán los cambios ocurridos en la oferta de trabajo femenina, vinculándolos a las dinámicas demográficas y a las transformaciones ocurridas en la vida de las familias, sobre todo a partir de la década de 1950 y hasta nuestros días. Se intentará visibilizar así la existencia de una serie de decisiones asumidas por los hogares y por los individuos que procuran viabilizar la participación laboral de las mujeres a partir de modificaciones en las formas de vida y en los arreglos familiares.

 

Referencias:

Bértola, L. and J. A. Ocampo (2012). The economic development of Latin America since independence. Oxford, Oxford University Press.

Bourgugnon, Francois and Morrison, Christian (2002). Inequality among world citizens: 1820-1992. American Economic Review 92, 727-744.

Bourguignon, F.;Ferreira, F.H.G. and Lustig, N. (eds.) (2004): The Microeconomics of Income Distribution Dynamics in East Asia and Latin America. Washington, DC: World Bank.

Maubrigades, S. (2018) Las mujeres en el mercado de trabajo en América Latina durante el siglo XX. Un análisis comparado de la tasa de actividad, sus factores explicativos y su impacto en la brecha salarial. Tesis doctoral. Universidad de la República, Facultad de Ciencias Sociales.

Milanovic, Branko (2011). A short history of global inequality: the past two centuries. Explorations in Economic History 48, 494-456.

[1] https://pasadoypresenteblog.wordpress.com/2014/02/21/los-componentes-de-la-inequidad-y-su-sentido-en-el-largo-plazo

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Emparejamiento de registros e historia económica: una revolución en curso.

Matías Brum (Universidad de la República, Uruguay)

Matias Brum es Profesor Adjunto del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Economicas de Administración, Universidad de la Republica (Uruguay). Es Doctor en Economía por la Queen Mary, University of London (Reino Unido), su investigación se centra en la intersección entre microeconomía aplicada e historia económica, con foco en la migración internacional durante la primera globalización.

 

RESUMEN: El emparejamiento de registros (record linking) es una innovación metodológica reciente y disruptiva para la investigación en historia económica y otras literaturas. En esta nota repaso, muy brevemente, las distintas formas de identificar a la misma persona en dos registros y algunos trabajos de interés centrados en migración y movilidad intergeneracional.

 

Una literatura pequeña pero creciente viene revolucionando el campo de la historia económica y la microeconomía aplicada de la mano de un avance metodológico importante: el emparejamiento de registros (record linking). Mi encuentro con esta literatura surge del deseo de conectar dos bases de datos con información de migrantes italianos a los Estados Unidos a fines del siglo XIX: una, con datos sobre el condado de residencia dentro de los Estados Unidos y, otra, con datos sobre la municipalidad de origen dentro de Italia. Si bien las familias Acquistapace (en una base) y Acqiustapace (en la otra) “evidentemente” compartirían apellido de no ser por un desafortunado error de tipeo o transcripción, las dudas son mayores respecto a los Onetto (¿serán Onetti? ¿serán Oneto?), Benedetto (¿Benedetti? ¿Di Benedetto?) y otros. Los casos de Vicenzo Bevilacqua (en una base) y Vincent Drinkwater (en la otra) me llevaron a una búsqueda seria de formas sistemáticas de vincular individuos entre bases que desembocó en la literatura sobre record linking.

La idea del método es sencilla: dados dos registros administrativos de cobertura amplia y precisa a nivel individual, no muy espaciados en el tiempo, debiera ser posible identificar a la misma persona en dos oportunidades. Documentos de identidad como Cedulas, DNI o Social Security Number permiten una identificación exacta de individuos en dos registros, pero su introducción a gran escala a nivel nacional es relativamente reciente y dicha información no es compartible dado que, precisamente, permiten la identificación individual de las personas. Los Censos antiguos carecen de identificadores precisos, pero incluyen nombre, apellido y otras características demográficas básicas, y su digitalización a cargo de consorcios de investigadores y otros actores institucionales ha generado la materia prima necesaria para el emparejamiento de registros. Claro está, la falta de un número identificador complica el emparejamiento, el cual es afectado por otros factores: mortalidad, migración, cambios de identidad (piénsese en mujeres que se casan y adoptan el apellido del marido) y, especialmente, errores de registro. Todo esto da pie a la pregunta central inicial: ¿cómo hacemos para identificar a la misma persona en dos registros?

La respuesta ha tomado distintos caminos y es, aun, trabajo en curso. Una primera aproximación sugiere emparejar en base a nombre, apellido, sexo y edad, en principio en base a emparejamientos exactos. Para el caso de Ernesto Berinduague de 40 años observado en el censo de 1880, se trata de encontrar un individuo con el mismo nombre, pero de 50 años, en el censo de 1890. Esta aproximación se complementa o flexibiliza admitiendo ventanas en las edades (ej: entre 48 y 52 años en 1890), estandarización de nombres y apellidos, y/o aceptando el emparejamiento de nombres y apellidos muy similares. La similitud de nombres y apellidos es usualmente medida a través de dos algoritmos de comparación de textos: la distancia bi-gram y la distancia Jaro-Winkler. La primera compara dos cadenas de texto y computa su similitud en base a tramos de a dos letras (por ejemplo, “Pablo” se descompone en “Pa” “ab” “bl” y “lo”); la segunda se basa en computar la cantidad (y radicalidad) de cambios necesarios en una cadena de texto para llegar a otra. Ambas arrojan una medida de similitud en una escala 0 a 1 (donde 0 indica que dos cadenas de texto son idénticas).

Estas técnicas de emparejamiento en ocasiones dan lugar a más de un match entre personas, lo que se torna problemático cuando el match es aproximado: ¿Qué sucede cuando en 1890 encontramos a un Ernest Berinduage de 50 años, y también a un Ernesto Berinduage de 49? ¿Cuál es el que “verdaderamente” se corresponde con el Ernesto Berinduage de 40 años observado en 1880? Si bien inicialmente la respuesta consiste en eliminar los emparejamientos múltiples o repetidos, una respuesta más sofisticada consiste en, directamente, emparejar probabilísticamente. En concreto, la idea consiste en medir las distancias entre nombres, apellidos y edad y combinarlas en un indicador de similitud que incorpore los trade-offs. Esto se logra mediante algoritmos que explícitamente buscan maximizar una probabilidad de emparejamiento correcto. Para cada individuo en un registro, se generan probabilidades de emparejamiento con un conjunto de individuos del registro posterior; el investigador puede luego adoptar distintas reglas de aceptación o rechazo.

Estas técnicas de emparejamiento tienen origen en el trabajo pionero de Ferrie (1996) y posteriores avances e innovaciones en los trabajos de Abramitzky, Boustan y Eriksson (2012, 2014, 2017). De hecho, en Abramitzky, Mill y Perez (2018) se incluyen los códigos de STATA con la metodología de emparejamiento probabilístico en su última versión utilizada por los autores. Esto permite y habilita a cualquier investigador interesado en el tema a meterse de lleno en el mundo del emparejamiento de registros.

Un camino algo alternativo consiste en combinar algoritmos y procedimientos mecánicos/automáticos de emparejamiento, con el realizado por seres humanos: esta es la ruta del machine learning. Esta metodología requiere un set de datos de entrenamiento: el investigador debe, primero, proporcionar una base con pares de individuos ya emparejados (en base a opinión experta y/o distancias y algoritmos), que se toman como correctos o verdaderos. Estos datos de entrenamiento son un subconjunto acotado y reducido de los registros históricos a emparejar. Luego, un algoritmo utiliza estos datos como ejemplo y busca replicar los criterios utilizados por el investigador para emparejar el resto de los registros históricos a estudio, buscando minimizar los falsos positivos y los falsos negativos. Este es el acercamiento propuesto por Feigenbaum (2016), un tanto más complejo.

En términos de disponibilidad de datos, un primer (y descomunal) esfuerzo ha sido llevado a cabo por el North Atlantic Population Project, que ha reunido investigadores de varios países del norte y ha generado versiones digitalizadas y de libre acceso de microdatos censales para Canadá, Dinamarca, Gran Bretaña, Islandia, Noruega, Suecia y los Estados Unidos, entre 1703 y 1911. La web del NAPP permite acceder a los datos y en ocasiones a muestras ya emparejadas. Adicionalmente, la Iglesia de los Santos de Jesucristo de los Últimos Días (institución detrás de Ancestry.com) ha llevado a cabo, paralelamente, un gran esfuerzo digitalizador mediante voluntarios, cubriendo buena parte de los Censos de Estados Unidos del siglo XIX e inicios del XX. La disponibilidad es más bien acotada, pero algunos de estos microdatos son descargables a través de la web del IPUMS y de convenios con el NBER.

El emparejamiento de registros permite reconstruir datos de panel para períodos importantes para, por ejemplo, la literatura sobre migración. Así, en Abramitzky, Boustan y Eriksson (2017), los autores buscan hombres noruegos presentes en el censo noruego de 1900 en los censos de noruega y Estados Unidos de 1910, en un estudio sobre retornantes (return migration). Encuentran que los retornantes son negativamente (auto)seleccionados del conjunto de noruegos emigrados a los

Estados Unidos, aunque su pasaje por el nuevo mundo fue lo suficientemente exitoso como para mejorar sus outcomes en Noruega al volver.

Siguiendo con Noruega, en un trabajo anterior, Abramitzky, Boustan y Eriksson (2012) buscan a noruegos encontrados en los censos de Estados Unidos y Noruega de 1900 en el censo noruego de 1865, y encuentran que los emigrantes noruegos a los Estados Unidos fueron, a su vez, seleccionados negativamente. Con datos similares para el mismo caso, Abramitzky, Boustan y Eriksson (2013) encuentran que los niveles de riqueza de las familias noruegas reducen la emigración a los Estados Unidos (a partir de cierto nivel).

En Abramitzky, Boustan y Erkisson (2014), los autores emparejan nativos e inmigrantes en los censos estadounidenses de 1900, 1910 y 1920. En contraste con la literatura anterior, los autores encuentran que los inmigrantes no enfrentan una penalización muy severa al llegar a los Estados Unidos en términos de ocupaciones en las que se insertan, encontrando también mejoras en el tiempo (en términos de categoría de ocupación) comparables a las de los nativos (aunque con diferencias importantes según el país de origen de los inmigrantes).

En mi tesis doctoral, emparejo inmigrantes italianos encontrados en el censo de Estados Unidos de 1900 con datos administrativos sobre pasajeros en embarcaciones haciendo la ruta Italia-Estados Unidos, por apellidos. Encuentro que las condiciones económicas en los condados de destino de la primera oleada (pioneros) de italianos que arriba a los Estados Unidos incrementa la proporción de italianos provenientes de las mismas municipalidades de origen, y que dicho efecto es aún mayor cuanto mayor la proporción de pioneros de cada municipalidad que se hubiese asentado en dichos condados. Sin embargo, la tasa de emigración de cada municipalidad a los Estados Unidos en su conjunto no parece depender de las distintas decisiones de los pioneros en cuanto a su ubicación a nivel de condados al interior de los Estados Unidos.

El emparejamiento de registros y la reconstrucción de datos de panel es también clave para la literatura sobre movilidad intergeneracional. En esta línea, Feigenbaum (2018) empareja registros administrativos de padres observados en 1915 con sus hijos observados en el censo de 1940 de los Estados Unidos, y encuentra bajos niveles de persistencia en la movilidad intergeneracional en términos de ingresos, educación y ocupación. En otro trabajo, Feigenbaum (2015) empareja censos estadounidenses de 1900 y 1920 y estudia la movilidad intergeneracional durante la gran depresión, y encuentra que esta crisis redujo la movilidad intergeneracional.

Las técnicas de emparejamiento han avanzado mucho desde el trabajo de Ferrie (1996). De hecho,  en la última edición del World Economic History Conference, Abramitzky, Boustan, Eriksson, Feigenbaum y Perez presentaron un resumen más detallado del estado del arte en técnicas de emparejamiento (disponible aquí), realizando un análisis comparado de la efectividad y problemas comunes asociados a cada mecanismo de emparejamiento. Además, el propio Abramitzky ha publicado en su web códigos e información necesaria para replicar varios de sus trabajos co-autorados. Este contexto de gran disponibilidad de datos en conjunto con la difusión pública de los códigos y algoritmos usados por distintos autores, claramente posibilita a otros investigadores a subirse al carro o a adaptar estos desarrollos para otras agendas de investigación. ¡Manos a la obra!

 

Referencias:

Abramitzky, R., Boustan, L., & Eriksson, K. (2016). To the New World and Back Again: Return Migrants in the Age of Mass Migration. ILR Review, 0019793917726981.

Abramitzky, R., Boustan, L. P., & Eriksson, K. (2014). A nation of immigrants: Assimilation and economic outcomes in the age of mass migration. Journal of Political Economy, 122(3), 467-506.

Abramitzky, R., Boustan, L. P., & Eriksson, K. (2012). Europe’s tired, poor, huddled masses: Self-selection and economic outcomes in the age of mass migration. American Economic Review, 102(5), 1832-56.

Abramitzky, R., Mill, R., & Pérez, S. (2018). Linking Individuals Across Historical Sources: a Fully Automated Approach (No. w24324). National Bureau of Economic Research.

Abramitzky, R., Boustan, L. P., & Eriksson, K. (2013). Have the poor always been less likely to migrate? Evidence from inheritance practices during the Age of Mass Migration. Journal of Development Economics, 102, 2-14.

Brum, M. (2018). Italian Migration to the United States: The Role of Pioneers’ Locations.

 Feigenbaum, J. J. (2018). Multiple measures of historical intergenerational mobility: Iowa 1915 to 1940. The Economic Journal, 128(612), F446-F481.

Feigenbaum, J. J. (2015). Intergenerational mobility during the great depression.

Feigenbaum, J. (2015). Automated Census Record Linking. unpub. paper (Harvard University, 2015), available at: http://scholar. harvard. edu/files/jfeigenbaum/files/feigenbaum-censuslink. pdf.

Ferrie, J. P. (1996). A new sample of males linked from the public use microdata sample of the 1850 US federal census of population to the 1860 US federal census manuscript schedules. Historical Methods: A Journal of Quantitative and Interdisciplinary History, 29(4), 141-156.

Sostenibilidad del desarrollo económico: la construcción de una agenda de investigación

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay)

Montevideo, 11 de junio de 2018

Resumen

El concepto de desarrollo, la identificación de sus dimensiones, la forma de aproximarse a su medición y la representatividad de ésta respecto al bienestar –objetivo y subjetivo– han sido parte de la discusión en muy diversas ciencias sociales y la historia económica no ha estado ajena a este debate. El concepto ha pasado desde nociones de expansión de la producción y de la población hacia otras basadas en ideas de capacidades, necesidades, responsabilidad social empresarial, y medioambiental. Las formas de medición han transitado desde indicadores simples y unidimensionales hacia otros de grado creciente de complejidad y multidimensionales que involucran cuestiones tan diversas como el crecimiento, la igualdad, empoderamiento, gobernanza, seguridad y felicidad. En historia económica, recientemente, han habido interesantes contribuciones en esta dirección y, en esta entrada del Blog, se realizan comentarios referidos a mediciones de niveles de desarrollo económico y aproximaciones a nociones de sostenibilidad bajo la idea del genuine saving (“ahorro genuino”).

 

Había dedicado una entrada anterior del Blog a identificar algunos intentos incipientes sobre del cálculo del ahorro genuino en perspectiva histórica y, ya pasado un tiempo prudencial desde entonces, es posible afirmar que la disciplina está construyendo una verdadera agenda de investigación al respecto.

El concepto de desarrollo, la identificación de sus dimensiones, la forma de aproximarse a su medición –o mediciones– y la representatividad de ésta respecto al bienestar –objetivo y subjetivo– de las sociedades han sido parte de la discusión en economía, sociología, ciencia política y otras ciencias sociales durante décadas. El debate ha acaparado la atención de académicos teóricos y empíricos, hacedores de políticas públicas y agentes del mundo de los negocios interesados en el progreso de las sociedades. El concepto ha pasado desde nociones de expansión de la producción y de la población hacia otras basadas en ideas de capacidades, necesidades, responsabilidad social empresarial y sostenibilidad. Sus dimensiones incluyen un amplio espectro de componentes que trascienden la pura generación de ingresos para incorporar consideraciones de salud y educación de las comunidades, sus condiciones de igualdad, así como los factores culturales y medioambientales. Las formas de medición han transitado desde indicadores simples y unidimensionales hacia otros de grado creciente de complejidad y multidimensionales que involucran cuestiones tan diversas como el crecimiento, la igualdad –en sus diversas expresiones: rentas, condiciones sanitarias, educación y género–, empoderamiento, gobernanza, seguridad y felicidad.

En la última década, ha crecido el consenso en cuanto a que las diversas medidas del ingreso per cápita (de acuerdo al Producto Interno o Nacional, Bruto o Neto) constituyen indicadores imperfectos del nivel de desarrollo económico de una sociedad. Su limitada cobertura –por ejemplo, las dificultades para captar la producción de autosubsistencia o los ingresos derivados de actividades ilegales–, la deficiente incorporación de los diferenciales de calidad y la imposibilidad de recoger el impacto de la distribución en los niveles de bienestar representan algunas de sus debilidades más flagrantes.

En la búsqueda de un concepto capaz de representar de forma más fehaciente el desarrollo han surgido nociones alternativas. Dentro de un amplio set de indicadores, y para mencionar solo algunos, se destaca el Physical Quality of Life Index (PQLI), el Gross National Hapiness (GNH), el Better Life Index (BLI), o el Prosperity Index. En historia económica, el indicador que ha tenido más repercusión dentro de estos esfuerzos ha sido, probablemente, el Human Development Index, el cual ha recibido atención en trabajos como Astorga y FitzGerald (1998), Astorga, Bergès & FitzGerald (2004), Bértola, et al. (2010), Bértola et al. (2012), Camou & Maubrigades (2005) y Prados de la Escosura (2007).

Sin embargo, ninguno de estos esfuerzos ha logrado avanzar sobre cuestiones ligadas con la sostenibilidad del desarrollo desde una perspectiva de largo plazo, ni han dialogado con cuestiones atinentes a la vulnerabilidad medioambiental derivada del crecimiento económico. Recientemente, ha habido reacciones en esta dirección. Investigadores de diversas latitudes han propuesto, como mediciones de niveles de desarrollo económico y aproximaciones a nociones de sostenibilidad del proceso, el concepto de genuine saving (“ahorro genuino”).

¿Cómo se mide el “ahorro genuino”? En el Sistema de Cuentas Nacionales, el cambio en la riqueza de una economía se aproxima considerando, solamente, los activos producidos. La capacidad de provisión futura de una corriente de bienes y servicios para el país se aproxima a través del ahorro neto nacional (ANN), el que cuantifica el output no consumido descontadas las reservas para depreciación del capital físico. El siguiente paso para medir la sostenibilidad es ajustar el ANN por la acumulación/formación de otros activos –capital humano, capital natural y deterioro medioambiental– que, al igual que el ahorro, dan soporte al desarrollo.

La intuición del concepto es que aquellas economías con valores positivos de genuine saving cumplirían con las condiciones de sostenibilidad débil pues su stock de riqueza total estaría, al menos, no descendiendo. Por el contrario, economías con ahorro genuino negativo experimentarían un desarrollo no sostenible. ¿Qué dice la evidencia al respecto? El World Bank acaba de publicar su reporte The Changing Wealth of Nations 2018 y en el gráfico adjunto se ilustra la evolución del ahorro genuino –denominado Adjusted Net Saving, ANS, por el WB– (como porcentaje del ingreso nacional) entre mediados de los años noventa y el presente. La pauta dominante, entre grandes regiones, es la divergencia. El ANS creció sustancialmente en el Este y Sur Asiático, en tanto que Europa y Asia Central, América Latina y el Caribe, y América del Norte mostraron evoluciones relativamente estables. La región que mostró ANS sistemáticamente menores fue el África Sub-Sahariana evidenciando, incluso, períodos de ahorro genuino negativo. Esto sugiere que sus políticas de desarrollo no han resultado promovedoras de un desarrollo económico sostenible.

Ahorro Neto Ajustado por grandes regiones del mundo, 1995-2015 (en porcentaje del Ingreso Bruto Nacional)

WB(2018)pp.63Fuente: extraído de World Bank (2018), p. 63.

Al menos dos dimensiones del análisis son de particular relevancia. Por un lado, el contraste entre las estimaciones de ahorro genuino y otros indicadores de bienestar, tanto las mediciones de carácter simple –salarios reales, tasas de mortalidad o antropométricos– como los combinados o más complejos –ingreso per cápita o índices de desarrollo humano– en sus varias definiciones. Por otro lado, la comparación entre economías que permita dar cuenta de hechos estilizados y trayectorias características que definan patrones de desenvolvimiento específicos. Ambos tipos de consideraciones implicarían dar una mirada renovada a los problemas del desarrollo y es evidente que, desde la historia económica, podrían realizarse contribuciones novedosas y valiosas. Éstas ya han comenzado a materializarse.

Parte de ese esfuerzo está representado por trabajos como Blum et al. (2017), Blum et al. (2013), Greasley et al. (2012, 2013, 2014), Greasley et al. (2017), Lindmark & Acar (2013) and McLaughlin et al. (2012). Se trata de una línea de investigación en formación en la cual es dable esperar contribuciones crecientes en los próximos años. Sólo para ilustrar este punto, me gustaría mencionar un par de espacios de discusión e intercambio que dan cuenta de esa dinámica en ascenso de la que hablo.

En primer lugar, en enero de 2018, organizado en el Departamento de Historia Económica de Lund University por los Prof. C. Ducoing y J. Peres Cajías, tuvo lugar el Workshop: The Economic History of Natural Resources and Sustainable Development. El evento contó con la realización de cuatro keynotes de prestigiosos académicos europeos (Prof. María del Mar Rubio-Varas, Prof. Ann-Kristin Bergquist, Prof. Paul Sharp y Prof. Espen Storli) y la participación de colegas con aportaciones en diversos campos: las relaciones entre recursos naturales y desarrollo económico, estimaciones de historical genuine savings, así como la influencia de la educación formal y el capital humano en los procesos de crecimiento basado en la explotación de recursos naturales.

En segundo lugar, el próximo 1° de agosto de 2018, en el marco del World Economic History Congress, junto con los Prof. C. Ducoing (Lund University) y Eoin McLaughlin (University of St. Andrews) organizaremos la sesión Beyond GDP. Sustainable and unsustainable development in the long run, con la cual pretendemos alentar las investigaciones en curso, poner en común el conocimiento logrado, y abrir nuevas puertas para superar el corsé que significa el PIB para muchos historiadores económicos. La tarea está en sus fases iniciales, pero promete constituirse en un verdadero programa de investigación, con colaboraciones desde diversos países y con la expectativa de introducir consideraciones novedosas en nuestras interpretaciones sobre del desarrollo económico de países y regiones.

Bibliografía

Bértola, L., Hernández, M., y Siniscalchi, S. (2012) “Un Índice Histórico de Desarrollo Humano de América Latina y algunos países de otras regiones: metodología, fuentes y bases de datos”.  Documento On Line Nº 28, Programa de Historia Económica y Social, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la Repúnlica, Reedición Febrero.

Astorga, P. and FitzGerald, V. (1998) “The Standard of Living in Latin America during the Twentieth Century”, Development Studies Working Paper N. 117. Queen Elizabeth House, St. Antony’s College, University of Oxford, UK.

Astorga, P., Bergés, A. and FitzGerald, V. (2004) “The Standard of Living in Latin America during the Twentieth Century”. Discussion Papers in Economic and Social History 54, University of Oxford, UK.

Camou, M. y Maubrigades, S. (2005) “La calidad de vida bajo la lupa: 100 años de evolución de los principales indicadores”. Boletín de Historia Económica No.4, Asociación Uruguaya de Historia Económica, Montevideo.

Prados de la Escosura, L. (2007) “Improving the Human Development: A Long Run View”. Journal of Economic Surveys, v. 24, N 5, pp. 841-894.

Bértola, L., Camou, M., Maubrigades, S. and Melgar, N. (2010) “Human Development and Inequality in the Twentieth Century: The Mercosur Countries in a Comparative Perspective”. In Salvatore, R., Coatsworth, J. H. and Challú, A.E. (Org.) Living Standards in Latin American History: Height, Welfare and Development, 1750-2000, Cambridge, David Rockefeller Center for Latin American Studies, Harvard University.

Blum, M., Ducoing, C. and Mclaughlin, E. (2017) “A Sustainable Century? Genuine Savings in developing and developed countries, 1900-2000”. In Hamilton, K. and Hepburn, C. (Ed.) National Wealth: What is Missing, Why it Matters. Oxford: Oxford  University Press.

Blum, M., McLaughlin, E. and Hanley, N. (2013) “Genuine savings and future well-being in Germany, 1850-2000”. SIRE Discussion Paper SIRE-DP-2013-126, Scottish Institute for Research in Economics, University of Stirling.

Greasley, D., McLaughlin, E., Hanley, N. and Oxley, L. (2017) “Australia: a land of missed opportunities?”. Environment and Development Economics, Volume 22, Issue 6, pp. 674-698.

Greasley, D., Hanley, N., Kunnas, J., McLaughlin, E., Oxley, L. and Warde, P. (2014) “Testing genuine savings as a forward-looking indicator of future well-being over the (very) long-run”. Journal of Environmental Economics and Management, 67, 171-188.

Greasley, D., Hanley, N., Kunnas, J., McLaughlin, E., Oxley, L., Warde, P. (2013) “Comprehensive investment and future well-being in the USA, 1869-2000”, Stirling Economics Discussion Paper 2013-06, University of Stirling.

Greasley, D., Hanley, N., McLaughlin, E., Oxley, L., Warde, P. (2012) “Testing for long-run ‘sustainability’: Genuine Savings estimates for Britain, 1760-2000”. Stirling Economics Discussion Papers 2012-18, University of Stirling.

Lindmark, M. and Acar, S. (2013) “Sustainability in the making? A historical estimate of Swedish sustainable and unsustainable development 1850–2000”. Ecological Economics 86, pp. 176-187.

Lange, G-M, Wodon, Q. and Carey, K. (Eds.) (2018) “The Changing Wealth of Nations 2018. Building a Sustainable Future”. International Bank for Reconstruction and Development / The World Bank, Washington D.C..

McLaughlin, E., Greasley, D., Hanley, N., Oxley, L. and Warde P. (2012) “Testing for long-run “sustainability”: Genuine Savings estimates for Britain, 1760-2000”. Stirling Economics Discussion Paper 2012-05, Stirling Managment School, University of Stirling.

 

Depende ¿de qué depende? De según como se mide, todo depende.* Nuevas comparaciones de las series históricas de PIB de Maddison

Carolina Román (Universidad de la República, Uruguay)

Montevideo, 9 de mayo de 2018

Resumen

Las estimaciones comparables internacionalmente de PIB per cápita constituyen un desafío muy grande. Estas suelen ser muy sensibles a las técnicas utilizadas para su construcción y, por lo tanto, también lo son los resultados obtenidos –en términos de crecimiento, desempeño y comparación de niveles de ingreso. Recientemente Bolt, Inkalaar, De Jong y van Zanden (2018) realizan una nueva contribución a la base de datos de Maddison (Maddison Project) al proponer cambios en el método utilizado para obtener niveles comparables internacionalmente de las series de PIB per cápita, ofreciendo así una nueva versión de la base de datos.  Las ventajas de esta nueva versión son bienvenidas, aunque, como es de esperar, también presenta limitaciones. 

El legado de Angus Maddison (1926-2010) en relación a la compilación de series históricas –largas, muy largas–, de países de diversas regiones del mundo ha constituido un gran pilar para la historia económica y, en términos generales, para los estudios en torno a las grandes preguntas sobre el crecimiento económico y el desarrollo de la economía mundial.

Las estadísticas históricas de Maddison tienen la virtud, además, de utilizar un método que permite ajustar por la paridad de poder adquisitivo (PPA) las series de ingreso, medidos por el PIB per cápita, originalmente expresadas en sus monedas nacionales, de forma tal que podamos comparar niveles entre distintos países y analizar su evolución a lo largo del tiempo. Para esto, toma los niveles del PIB en 1990 como año base o “benchmark” y aplica el método de Geary-Khamis (GK)[i] de forma que todas las series se expresen en dólares internacionales Geary-Kamis de aquel. Luego, a partir de estos valores de 1990, se extrapolan o proyectan con las tasas de crecimiento de las series nacionales de PIB per cápita –expresadas a precios constantes–, considerando las cifras “oficiales” cuando las oficinas estadísticas o bancos centrales de los países ofrecen dicha información y las estimaciones históricas para cubrir períodos más remotos. Si bien las virtudes de estas mediciones son bien conocidas –la gran cobertura de países y temporal de los datos, la comparación de los niveles de ingreso entre economías, la coincidencia entre las tasas de crecimiento de las series de Maddison con las que resultan de las cuentas nacionales locales–, también lo son sus desventajas y limitaciones. En especial, el uso del año 1990 como único benchmark para series históricas tan largas puede generar distorsiones en la medida que nos alejamos del presente y el cálculo no incorpora cambios en las pautas de consumo y/o en los precios relativos.

Desde hace unos años (aproximadamente desde 2010), el Groningen Growth and Development Centre de la Universidad de Groningen ha tomado el relevo de esta valiosa tarea a través del denominado Maddison Project.  El proyecto nuclea a un grupo de prestigiosos investigadores y expertos de diversos países, identificados con las inquietudes de Maddison e interesados en dar continuidad a su legado. Esto ha permitido que las series históricas de PIB per cápita estén actualizadas de forma continua, incorporando nuevas y/o mejores estimaciones (Ver Bolt y van Zanden, 2014, sobre las características de este proyecto).

Recientemente, Bolt, Inkalaar, De Jong y van Zanden (2018) realizan una nueva contribución a la base de datos al proponer cambios en el método utilizado para obtener niveles comparables internacionalmente de las series de PIB per cápita, ofreciendo, así, una nueva versión, 2018, de la base del Proyecto Maddison. Además, para algunos países incluyen nueva información –especialmente para el periodo previo a 1914– y para otros reemplazan las series con estimaciones recientes –por ejemplo, China desde 1950 (Bolt et al. 2018, Cuadro 1). También, actualizan los datos de ingreso de todos los países hasta 2016 a partir de la información de Total Economy Database y Naciones Unidas en algunos casos. De este modo, la nueva base cubre 169 países, con datos desde el año 1 –para algunos pocos países[ii]– hasta 2016.

Estos autores ponen sobre la mesa un debate de por sí importante y crucial, y es cómo el uso de diferentes métodos aplicados para la comparación internacional de niveles de ingreso puede derivar en resultados diferentes y, algunas veces, controversiales. Por un lado, citan estimaciones alternativas a las series Maddison, de Prados de la Escosura (2000) y Lindert y Williamson (2016) quienes, con otras metodologías, proponen comparaciones indirectas de los niveles de ingreso. Por otro lado, comentan las diferencias que se producen en las tasas de crecimiento del PIB per cápita entre las estimaciones comparables internacionalmente –que toman un año como benchmark– con las que se obtienen de las cifras reportadas por las fuentes domésticas (Inklaar y Rao, 2017). Esto genera que algunos resultados puedan ser sensibles a la versión de la base de datos utilizadas (Bolt et al. 2018, p.2). Agregan que, para procurar resolver, en parte, esta limitación, las Penn World Table (PWT, en su versión 8 y 9) han incorporado series reales del PIB calculadas a partir de la comparación de varios benchmarks de precios e ingresos (Feenstra et al. 2015).

Siguiendo este último trabajo, Bolt et al. (2018) aplican una metodología similar e incorporan varios benchmarks en la base de datos, distinguiendo el periodo posterior a 1950 –siguiendo la PWT– y las décadas previas para lo cual hacen uso de estudios históricos. Un aspecto distintivo de esta nueva base es que ofrecen dos tipos de series del PIB per cápita —siguiendo la misma terminología que utiliza las Penn World Table—, y la elección de una u otra alternativa dependerá del objetivo del análisis.

Por un lado, las nuevas series de PIB per cápita que denominan CGDPpcReal Gross Domestic Product per Capita at current PPPs in 2011 US$—, son medidas corrientes, ya que los precios relativos implícitos usados para la comparación entre países varían en el tiempo. Las mismas están expresadas en dólares de EE.UU. a precios del año 2011 –para ajustar por la inflación de este país.  Es decir, son series ajustadas por paridad de poder adquisitivo, pero utiliza varios años benchmarks. Estas series serían las más apropiadas cuando nuestro interés es realizar estudios de corte transversal, esto es, comparar niveles de ingreso entre países.

Por otro lado, ofrecen estimaciones de la tasa de crecimiento del PIB per cápita en términos reales, expresadas a precios constantes de 2011, en dólares, que denominan RGDPNApcReal Gross Domestic Product per capita at constant 2011 national prices (in 2011US$). En este caso, las tasas de crecimiento serían consistentes con las que surgen de las Cuentas Nacionales de cada país o de las reconstrucciones históricas. Estas series serían las más pertinentes cuando procuramos hacer estudios de corte temporal, como la comparación del crecimiento económico –medido a través de los cambios en PIB per cápita– entre países a lo largo del tiempo.

La pregunta que surge inmediatamente es, ¿estas dos alternativas de las series de PIB per cápita son comparables? O, dicho de otra manera, ¿la comparación entre países depende de la medida utilizada? Los autores son muy transparentes en responder afirmativamente a la pregunta y en explicitar las limitaciones de la nueva base. Si se compara, para cada país con información, las estimaciones de las dos medidas de ingreso, en promedio, los niveles de CGDPpc representan un 87% de los correspondientes a RGDPNApc, con discrepancias que oscilan entre 21% y 277%. Seguramente, para muchos países las comparaciones no cambien demasiado, pero, para otros, las conclusiones pueden discrepar, y mucho. Una rápida mirada para ubicar las mayores discrepancias nos lleva a identificar algunos países que entran en estos casos: la mayoría son economías de menor desarrollo relativo, aunque se intercalan algunas desarrolladas como Alemania y Suiza. Justamente, Bolt et al. (2018, p.6) citan como ejemplo el caso de este último país, el cual presenta, en 1872, un ratio de PIB per cápita de 0,67 respecto al de EE.UU. si se mide con CGDPpc, mientras que esa relación asciende a 1,5 si se toma como variable de referencia el RGDPNApc. De todas maneras, los autores son enfáticos en explicar que cada variable debe ser utilizada para fines distintos ya que miden conceptos diferentes: RGDPpc para analizar crecimiento y CGDPpc para comparar niveles de ingreso.

Múltiples benchmarks

Para comparar el ingreso entre países, expresados originalmente en sus monedas nacionales respectivas, es necesario utilizar un método que permita controlar por las diferencias en los precios relativos de productos transables y no transables. Con este objetivo se suele utilizar algún índice de precios que procure medir lo que una persona, en un país i, debería gastar para adquirir los mismos productos –o de similares características– en un país j. Entre los tipos de índice de precios que se podrían utilizar se encuentra el Índice de Laspeyres, el de Paasche, y el que combina a ambos, el de Fisher. No obstante, este último tiene como principal desventaja la ausencia de transitividad. Bolt et al. (2018) explican que para salvar esta restricción se suele utilizar el índice de Precios de Gini, Eltetö, Köves y Szule (GEKS) que compara los precios entre dos países, i y j, tomando el promedio entre todas las posibles comparaciones indirectas entre los países –este índice es utilizado para la elaboración del International Comparison Program. Una propiedad deseable de este índice es que no se ve afectado por el efecto sustitución –como sí lo tiene el PPA Geary-Khamis, que suele subestimar los precios de los países de ingreso bajo– ya que considera en su cálculo los bienes y servicios de todos los países, en lugar de una canasta promedio. Así, las estimaciones del PIB en términos reales, para poder comparar con otros países en un mismo año, se calcula deflactando este valor por el índice de precios GEKS.

Una vez que se calcula el PIB real ajustado por la PPA para un año, se extrapola o proyecta ese valor –con las tasas de crecimiento de las series nacionales de PIB– para así obtener series de tiempo. De ese modo, se obtendrían medidas que son consistentes temporalmente. Este procedimiento tiene algunas limitaciones, siendo una de las más importantes la pérdida de representatividad del conjunto de bienes y servicios que se comparan, a medida que nos alejamos del año de comparación tomado como benchmark. Además, Bolt et al. (2018) suman otro problema, relacionado con las diferencias que aparecen en las mediciones cada vez que se estima nuevos coeficientes de paridad de poder adquisitivo (citan como ejemplo las discrepancias del ICP PPA 2011 respecto al ICP PPA 2005).

Frente a este escenario, la última versión del Maddison Project ofrece nuevas series en base al uso de múltiples benchmarks, tomando distintas opciones:

  1. a) coeficientes de PPA elaborados por el International Comparison Program (ICP),
  2. b) estimaciones de benchmark históricas (ver apéndice A del texto),
  3. c) medidas indirectas utilizadas para calcular benchmarks a partir de salarios reales y ratios de urbanización, especialmente aplicado a países de África (ver apéndice D del texto);
  4. d) benchmarks calculados a partir de información sobre salarios reales y niveles de ingreso de subsistencia, especialmente para el periodo anterior a 1500 que, como aclaran los autores (p.11), son medidas más próximas al concepto de nivel de subsistencia que a mediciones relativas al PIB per cápita [iii];
  5. e) cálculos de Braithwaite (1968).

En la base de datos se informa en cada caso cuál es la fuente de las observaciones correspondientes a los años elegidos como benchmark

A partir de los niveles relativos de ingreso, que surgen de los distintos benchmarks utilizados, completan las series, entre las estimaciones directas, con las tasas de crecimiento que surgen de la base de datos MDP 2013. En la base se señala, para cada observación, el procedimiento utilizado, en cada país y año, para cubrir todo el período: cálculo directo como benchmark, dato interpolado entre dos benchmarks o proyectado desde un benchmark.

La combinación entre el uso de múltiples benchmarks y series de tiempo genera algunas inconsistencias, para algunos años y países, que los autores desarrollan en el apéndice B del documento. Identifican casos con distintos tipos de problemas: niveles de ingreso demasiado bajos –menores a los mínimos de subsistencia–; niveles de ingreso demasiado altos –por ejemplo en países exportadores de petróleo en años previos al boom petrolero–;  cambios bruscos en los niveles de ingreso relativo dependiendo del benchmark utilizado –por ejemplo, debido a distorsiones con los precios relativos en algunos años en particular–; problemas con las estimaciones de Penn World Table –debido a los métodos utilizados para calcular los niveles de precios–, entre otros.  En el apéndice B describen los casos identificados como problemáticos y cómo, en algunas oportunidades, esos benchmarks fueron omitidos de la base de datos.

¿Nuevos datos, nueva historia?

La nueva base de datos MPD 2018 introduce cambios en el análisis del desarrollo de largo plazo del ingreso mundial, en comparación con la base anterior. En la sección 5, Bolt et al. (2018), discuten algunos resultados de los nuevos datos. Analizan, desde una perspectiva regional, las principales diferencias en las mediciones de los niveles de ingreso relativo. Para las regiones pobres, como África y Asia Oriental, en promedio no se observan diferencias, aunque sí para algunos países y años en particular. En el caso de América Latina y Europa Occidental, el MPD 2018 presenta niveles menores de ingreso relativo.  Realizan un análisis de convergencia condicional y testean si se cumple la hipótesis de Balassa-Samuelson[iv] para validar la nueva base de datos. Por último, discuten las implicancias en términos de línea de pobreza y niveles de subsistencia que deriva de utilizar precios relativos que van cambiando (en 1990, el ingreso de subsistencia era de 350 y 400 dólares por año, en 2011 se ajustó a 700 dólares). Por último, analizan el desempeño relativo de largo plazo de Gran Bretaña y Estados Unidas a la luz de la nueva evidencia, cuestionando que el desempeño británico haya sido mucho más exitoso que el norteamericano previo a 1870 (Gráfico 1).

Gráfico 1. PIB real per cápita relativo de Gran Bretaña en relación con Estados Unidos (1770-2016): MPD 2018 versus series de Maddison.

grafico GDP BLOG

Fuente: Elaboración en base a Maddison Project Database, version 2018. Bolt, Jutta, Robert Inklaar, Herman de Jong and Jan Luiten van Zanden (2018), “Rebasing ‘Maddison’: new income comparisons and the shape of long-run economic development” Maddison Project Working Paper, nr. 10, available for download at http://www.ggdc.net/maddison.

Aportes y reflexiones

Las contribuciones de la nueva base de datos son múltiples y muy valiosas. Actualizan series hasta el presente, completan información para muchos países, mejoran estimaciones existentes y proponen un nuevo método de comparación del ingreso relativo. Esto resulta en una base de datos de 169 países, con registros desde la era romana hasta la actualidad. También, en la base, están disponibles las series de población para calcular el PIB total.

Lo más novedoso metodológicamente es el uso de múltiples benchmarks para las series de PIB per cápita que permiten suavizar una de las críticas más fuertes a las series 1990 Geary-Khamis de Maddison, relacionada a la pérdida de representatividad de los precios relativos y la canasta de este año a medida que nos alejamos en el tiempo. Otro aspecto positivo de esta nueva metodología de cálculo de PPA es que permite actualizar las estimaciones con nuevas comparaciones –como las que van surgiendo de las nuevas versiones del International Comparison Program ICP– sin que esto altere por completo los resultados anteriores.

Además, estos autores proponen tener dos medidas de desempeño: una para comparar ingresos relativos y otra para evaluar crecimiento económico. La compatibilidad de ambas medidas despierta ciertos reparos, que los autores son muy transparentes en exponer.

Las estimaciones comparables internacionalmente de PIB per cápita constituyen un desafío muy grande. Estas suelen ser muy sensibles a las técnicas utilizadas para su construcción y, por lo tanto, también lo son los resultados obtenidos –en términos de crecimiento, desempeño, comparación de niveles de ingreso. Esto es algo complejo de resolver. De todas maneras, es importante conocer y explicitar el alcance de los resultados que, muchas veces, dependerán de la forma de medición.

Para finalizar, quedan algunos temas metodológicos que aún, desde mi punto de vista, no han sido abordados con profundidad. En particular, me refiero a la discusión sobre las metodologías de empalme utilizadas para enlazar las series de cuentas nacionales de los países, que originalmente están expresadas en precios de años base diferentes. Esto es algo que afecta principalmente las épocas más recientes, por lo general desde 1950 en adelante. Algunos autores discuten distintas técnicas–retropolación, inteprolación lineal, interpolación a tasa creciente, procedimiento mixto, para empalmar las series de cuentas nacionales, que originalmente están expresadas en precios de distintos años base (De la Fuente 2014, 2016; Prados de la Escosura 2014, 2016). Esto es un tema importante ya que el uso de una técnica u otra puede afectar, no solo los niveles del ingreso, sino también las tasas de crecimiento. Los trabajos de Prados de la Escosura son muy ilustrativos sobre esta problemática.

Sin duda la nueva base de datos del Maddison Project resuelve muchas debilidades de las series históricas anteriores. Aun así, permanecen aspectos por mejorar y analizar a la luz de la historia. En este camino, el esfuerzo es colectivo.

Referencias

Bolt, Jutta; Inklaar, Robert, de Jong, Herman, van Zanden, Jan Luiten (2018) “Rebasing “maddison”: new income comparisons and the shape of long-run economic development”. Maddison Project Working Paper, N°10, Groningen Growth and Development Centre.

Bolt, Jutta y van Zanden, Jan Luiten (2014) “The Maddison Project: collaborative research on historical national accounts”, Economic History Review, 67, 3, pp.627-651.

Braithwaite, S.N. (1968) “Real income levels in Latin America” Review of Income and Wealth, 14 (2), 113-182.

De la Fuente Moreno, Á. (2014) A “mixed” splicing procedure for economic time series. Estadística española, 56(183), 107-121.

De la Fuente Moreno, Á. (2016) “Series enlazadas de PIB y otros agregados de Contabilidad Nacional para España, 1955-2014”, Documento de Trabajo, Nº 16/01, BBVA, Enero.

Feenstra, R.C., R. Inklaar and M.P. Timmer, (2015), “The Next Generation of the Penn World Table” American Economic Review 105(10).

Inklaar, R. and D.S.P. Rao (2017). ‘Cross-Country Income Levels over Time: Did the Developing World Suddenly Become Much Richer?’ American Economic Journal: Macroeconomics 9(1): 265–290.

Lindert, P.H. and J.G. Williamson (2016), Unequal gains. American growth and inequality since 1700, Princeton University Press: Princeton.

Prados de la Escosura, L. (2000), “International Comparisons of Real Product, 1820–1990”Explorations in Economic History 37: 1–41.

Prados de la Escosura, L. (2014) “Mismeasuring long run growth: the bias from spliced national accounts,” Working Papers in Economic History wp14-04, Universidad Carlos III, Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales.

Prados de la Escosura, L. (2016) “Mismeasuring long run growth. The bias from spliced national accounts: the case of Spain”, Cliometrica, 10 (3).

* Esta expresión parafrasea la canción “Depende” del grupo español de rock Jarabe de Palo

[i] Este método fue elaborado por Roy Geary y Salem Khamis y fue utilizado primeramente por Kravis, Heston y Summers en el International Comparisons Program (ICP).

[ii] Los 14 países para los cuales se proponen medidas de ingreso per cápita son: Bélgica, Suiza, Egipto, España, Francia, Grecia, Irán, Irak, Israel, Italia, Jordania, Portugal, Túnez, Turquía,

[iii] Utilizan como nivel de subsistencia 700 dólares (dólares de 2011), cifra que surge de considerar 1,90 dólares por persona por día (y redondear a 700).

[iv] De acuerdo a la hipótesis de Balassa-Samuelson, existe una relación positiva entre la productividad relativa, entre el sector transable respecto al no transable, y el tipo de cambio real.  Esto genera que los precios tiendan a ser más altos en países de mayor ingreso.

PIBs regionales en América Latina y desconcentración de la actividad económica durante la ISI: ¿industrialización, protección o condiciones estructurales?

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 11 de octubre de 2014

A medida que se va construyendo nueva evidencia de PIBs regionales en América Latina, van conformándose nuevos desafíos de interpretación. A la vez que se conforma un nuevo campo de pruebas para las hipótesis de la NGE, es muy probable que el estructuralismo latinoamericano ofrezca un set de interpretaciones sugerente y provocativo. Queda camino por recorrer para comenzar a testear estas presunciones y su consideración enriquecerá el análisis histórico de la región.

En mi última entrada al Blog (“Contabilidad e interpretación de los PIBs regionales en América Latina: ¿hacia la construcción de ‘nuevas’ hipótesis para la periferia?”) argumentaba sobre la conveniencia de proponer alternativas interpretativas a la NEG (Nueva Geografía Económica) para comprender la localización territorial de la actividad económica en la periferia mundial.

Tomando como referencia el caso de América Latina, se trata de economías fuertemente dependientes de los recursos naturales, donde su localización ha creado un conjunto de condiciones que muchas veces se han expresado en la conformación de enclaves de producción (Cardoso & Faletto, 1971), el proceso de industrialización, antes que alentar una mayor desigualdad regional puede haber colaborado para romper (o al menos moderar) la heterogeneidad estructural. La industrialización sustitutiva y el sistema de incentivos creado por el Estado para la instalación de industrias en forma descentralizada pudo haber creado presiones igualadoras en la distribución regional de los ingresos. Este es el resultado que, de forma preliminar, se encuentra en Uruguay (García et. al, 2014) y México (Aguilar-Retureta, 2014) y nos permite presumir que puede encontrarse en otros países de América Latina. Dicho en otras palabras, la industrialización tardía y muchas veces a contrapelo de las ventajas comparativas pudo haber traído consigo tendencias igualadoras más que las contrarias, en un proceso que ya había sido captado cuando se analizaba la distribución personal del ingreso (ver, por ejemplo, Bértola, 2005).

Este planteo no desestima la búsqueda de explicaciones dentro del (actual) mainstream del análisis. Un ejemplo de ello es el reciente artículo publicado en Cliométrica –Tirado et al. (2013)– en el cual los autores, basados en trabajos como Hanson (1997) y Crozet & Koenig-Soubeyran (2004), analizan convincentemente los efectos en España del progresivo abandono de un régimen liberal durante el primer tercio del siglo XX y la adopción de un modelo nacionalista de desarrollo. El artículo indaga sobre el creciente proteccionismo del período y cómo su intensificación en el lapso entre-guerras condujo a la pérdida de centralidad de algunas regiones –como Cataluña– y el crecimiento relativo de otras localizaciones dotadas de una mejor posición geo-económica dentro del mercado doméstico (como el País Vasco, Zaragoza y Madrid).

En la medida en que se continúe avanzando en la construcción de evidencia para América Latina –y el último Congreso Latinoamericano de Historia Económica celebrado en Bogotá en julio de 2014 nos permite ser optimistas en este sentido (ver la sesión 12 del programa)– será un campo de prueba muy interesante para testear ese tipo de hipótesis. Ahora bien, ¿hay alternativas teóricas con las cuales trabajar? El estructuralismo latinoamericano ofrece un set de hipótesis que, complementariamente, podrían contribuir mucho a la comprensión de los procesos. En particular, el clásico concepto cepalino de “heterogeneidad estructural” tiene, en lo territorial, una dimensión evidente aunque muy poco explotada.

En una publicación reciente, CEPAL argumenta que “una de las manifestaciones particulares de la heterogeneidad en América Latina y el Caribe es la gran diferencia en los grados de desarrollo económico y social que muestran los diversos territorios de cada país, existiendo localidades con niveles de vida similares a las de los países desarrollados y lugares con un atraso marcado” (CEPAL, 2014, p. 71). Se trata de una constatación que tiene hondas raíces estructurales y que cualquier análisis sobre América Latina no debería desestimar.

La industrialización en América Latina no fue producto exclusivo del creciente proteccionismo. El Estado actuó en una multiplicidad de flancos –mercado cambiario, relaciones laborales, tasación diferencial por tipo de bienes, soporte de investigación y desarrollo, activo rol de las empresas públicas, entre muchos otros– en países en los cuales se apreciaban señales de cambio estructural en la producción destinada al mercado doméstico, pero escasas en la ventana externa de las economías. Esa suerte de cambio estructural trunco (parafraseando a Fajnzylber, 1983) implicó que América Latina continuara dependiendo de sus recursos naturales para participar en los mercados internacionales de bienes y servicios y ello la expuso a presiones recurrentes de balanza de pagos.

Por lo tanto, si en varias economías de América Latina se sigue hallando evidencia de procesos de industrialización en los cuales las dinámicas de aglomeración parecen haber constituido fuerzas secundarias y la NGE presenta rendimientos analíticos decrecientes, puede estar aproximándose el momento de poner en juego conceptualizaciones complementarias que ofrezcan renovados argumentos. La industrialización latinoamericana significó cambios profundos en la institucionalidad de las economías, pero rupturas parciales de la especialización y creaciones de mercados internos restringidos (o duales) que dan un carácter diferenciado al proceso. La permanencia de la dualidad, donde habrían convivido nuevas regiones de alto desarrollo con territorios históricamente atrasados, junto a una muy fuerte acción del Estado, constituyen elementos claves del análisis. Los historiadores económicos de América Latina tenemos mucho camino por recorrer para comprender esta realidad de la periferia mundial.

Aguilar-Retureta (2014): “The GDP per capita of the Mexican regions (1895-1930): new estimates”. Documentos de Trabajo (DT-AEHE) 1415, Asociación Española de Historia Económica.

Bértola, L. (2005): “A 50 años de la Curva de Kuznets: Crecimiento y distribución del ingreso en Uruguay y otras economías de nuevo asentamiento desde 1870”. Investigaciones en Historia Económica, v. 3/2005, pp. 135-176.

Cardoso, F.H. y Faletto E. (1971): “Dependencia y Desarrollo en América Latina. Ensayo de interpretación sociológica”, Siglo veintiuno editores.

CEPAL (2014): Cambio estructural para la igualdad. Una visión integrada del desarrollo. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) Santiago de Chile, abril.

Crozet M. and Koenig-Soubeyran P. (2004): “EU enlargement and the internal geography of countries”, Journal of Comparative Economics 32, pp. 265-279.

Fajnzylber, F. (1983): La industrialización trunca de América Latina, CET, México DF.

García M., Martínez-Galarraga, J. y Willebald, H. (2014): “Crecimiento y estructura productiva regional en Uruguay en la primera mitad del siglo XX: primeras aproximaciones y algunas hipótesis”. Ponencia presentada en el Seminario de Investigación del Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Universidad de la República, 13/05/2014.

Hanson G.H. (1997):“Increasing returns, trade and the regional structure of wages”, Economics Journal 107, pp. 113-133.

Tirado, D., Pons, J., Paluzie, E., Martínez-Galarraga, J. (2013): “Trade policy and wage gradients: evidence from a protectionist turn”, Cliometrica, Journal of Historical Economics and Econometric History, vol. 7(3), pp. 295-318, September.

Contabilidad e interpretación de los PIBs regionales en América Latina: ¿hacia la construcción de “nuevas” hipótesis para la periferia?

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 29 de mayo de 2014

Mucho ha avanzado la historia económica en interpretar y contabilizar fenómenos de carácter regional en las economías centrales y su evolución parece abrir nuevas posibilidades analíticas en las economías de la periferia mundial. El desafío está planteado y ello no se reduce únicamente a las dificultades de contabilización –que son para nada despreciables– sino, también, a nivel interpretativo. Es probable que la búsqueda de hipótesis y de relaciones causales que surge de la aplicación de un marco conceptual que pendula entre los modelos del tipo H-O-S y los de la NGE no siempre sea suficiente o que requiera de revisiones y renovados apuntes teóricos.

En mi última entrada al Blog (“Hacia una contabilidad de los PIBs regionales en América Latina: primeros pasos de una agenda abierta”) reflexionaba sobre la conveniencia de dar continuidad, desde la historia económica, a los esfuerzos analíticos que contemplan los procesos regionales y el rol de los actores locales como factores determinantes de la performance económica. En tanto, argumentaba que parte de esa continuidad debía mirar hacia la “periferia” de la economía mundial. Con esa dirección, realicé comentarios relativos a consideraciones metodológicas (en particular, a las diferentes formas de estimación) y mencioné elementos relacionados con la especificidad del objeto de estudio y la definición de las unidades de análisis. En esta ocasión haré referencia, al menos parcialmente, a estos dos últimos aspectos.

Es un resultado más o menos compartido entre diversos estudios europeos de PIBs regionales la obtención de una evolución de la desigualdad regional de ingresos con forma de “U” invertida (especialmente en la Europa del sur) cubriendo, aproximadamente, desde mediados del siglo XIX hasta los años veinte. De algún modo, y en línea con las predicciones de Jeffrey Williamson (que realizara ya en su trabajo de 1965), la inequidad tiende a crecer durante las fases iniciales del crecimiento económico y la industrialización, en un proceso asociado con patrones divergentes de especialización regional (o, dicho en otras palabras, por la desigual distribución de la industria y los servicios en el territorio). Una vez que la industrialización alcanza a un considerable número de regiones, las fuerzas de aglomeración y el tamaño de los mercados (propias de la conceptualización de la New Economy Geography) ganarían terreno en detrimento de las diferencias regionales en términos de dotación de factores (ver una aplicación de esta interpretación al caso español en Rosés et al., 2010). ¿Exige algún juego diferente de hipótesis el análisis del desarrollo regional latinoamericano? Dadas sus características, ¿convendrá buscar otro tipo de determinantes o de relaciones causales?

Simplificando mucho la presentación, el desarrollo económico latinoamericano de finales del siglo XIX y de todo el siglo XX estaría caracterizado, al menos, por la confluencia de tres hechos estilizados: (i) la abundancia de recursos naturales (con todas las ventajas y riesgos que ello conlleva; ver Sinott et al., 2010, y entradas previas en este Blog); (ii) una duradera “heterogeneidad estructural” (siguiendo una de las ideas clásicas de la CEPAL); y (iii) un proceso de industrialización tardío (aproximadamente desde los años treinta), predominantemente liderado por el Estado (Ocampo y Bértola, 2010), sustitutivo de las importaciones y trunco (Fajnzylber, 1983 y 1987).

Uno de los autores que mejor ha retratado el análisis cepalino del desarrollo nos decía hace algunos años que la estructura productiva de la periferia adquiere dos rasgos fundamentales. Por un lado, se destaca su carácter especializado en la producción y exportación de productos primarios, mientras la demanda de bienes y servicios que aumenta y se diversifica se satisface en gran parte mediante importaciones. La estructura productiva es heterogénea o parcialmente rezagada, en el sentido que coexiste en su seno sectores donde la productividad alcanza niveles muy altos –en especial el sector exportador– y actividades que utilizan tecnologías con las cuales la productividad del trabajo resulta inferior. En contraste con esta estructura especializada y heterogénea, en los centros se caracteriza por ser diversificada y homogénea (Rodríguez, 2006, p. 55). Esta idea de dualidad no fue exclusiva de la CEPAL.

Una de las características de la condición de subdesarrollo, analizada por los pioneros del pensamiento sobre desarrollo económico de la década de los años cincuenta, fue la naturaleza dual de sus economías; esto es, la coexistencia de un sector moderno y avanzado, con otro tradicional o atrasado. Lewis (1954) elabora su teoría del desarrollo en donde las economías subdesarrolladas se caracterizan por una oferta ilimitada de trabajo y una baja capacidad de la agricultura para absorber esta fuerza de trabajo. De acuerdo a Lewis, la industrialización era la salida a esta situación. La industrialización podía continuar con costo fijo del trabajo mientras existiera fuerza de trabajo con nula productividad marginal en el sector tradicional.

Por lo tanto, en economías fuertemente dependientes de los recursos naturales, donde la localización de éstos ha creado un conjunto de condiciones que muchas veces se han expresado en términos de verdaderos enclaves de producción (Cardoso & Faletto, 1971), el proceso de industrialización, antes que alentar una mayor desigualdad regional puede haber colaborado para romper (o al menos moderar) la heterogeneidad estructural tan propia de la periferia mundial. La industrialización sustitutiva y el sistema de incentivos creado por el Estado en América Latina para la instalación de industrias en forma descentralizada pudo haber creado presiones igualadoras en la distribución regional de los ingresos. Este es el resultado que, de forma preliminar, se encuentra en Uruguay (García et. al, 2014) y nos permite presumir que puede encontrarse en otros países de América Latina. Dicho en otras palabras, la industrialización tardía y muchas veces a contrapelo de las ventajas comparativas pudo haber traído consigo tendencias igualadoras más que las contrarias, en un proceso que ya había sido captado cuando se analizaba la distribución personal del ingreso.

“Puede entonces sostenerse que la industrialización no fue acompañada de un proceso de creciente desigualdad, como en los casos estudiados por Kuznets, sino que, muy al contrario, la industrialización del Sur fue acompañada por rasgos característicos del Estado del Bienestar y contribuyó a revertir las fuertes tendencias a la desigualdad de la primera globalización”. (Bértola, 2005, p. 167).

Aún queda mucho trabajo que realizar pero, como fue planteado en nuestra anterior entrada al Blog, conviene insistir en la necesidad de plantear cuestiones alternativas a las que se han manejado en los trabajos sobre localización de la actividad económica en los países industrializados. La comprensión de la geografía económica de los países de América Latina, donde la industria y las economías de aglomeración han jugado un papel secundario (al menos, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX) y la sostenida heterogeneidad estructural pasa por proponer nuevas preguntas e hipótesis para calibrar el rol que le cupo al acceso a los mercados, los costos de transporte y la localización de los recursos naturales. Además, en contextos donde las economías de subsistencia y el componente indígena constituyen, en muchos países, fenómenos de larga data –anteriores a la propia constitución de los estados nacionales– la identificación de preguntas alternativas a las usuales en la literatura parece un requisito fundamental.

Referencias

Bértola, L. (2005): “A 50 años de la Curva de Kuznets: Crecimiento y distribución del ingreso en Uruguay y otras economías de nuevo asentamiento desde 1870”. Investigaciones en Historia Económica, v. 3/2005, pp. 135-176.
Bértola, L. y Ocampo, J.A. (2010): Desarrollo, Vaivenes y Desigualdad: una Historia Económica de América Latina desde la Independencia. SEGIB, Madrid.
Cardoso, F.H. y Faletto E. (1971): “Dependencia y Desarrollo en América Latina. Ensayo de interpretación sociológica”, Siglo veintiuno editores.
Rodríguez, O. (2006): El estructuralismo Latinoamericano. CEPAL, Siglo XXI, México.
Rosés, J., Martínez-Galarraga J., Tirado D. (2010): “The upswing of regional income inequality in Spain (1860-1930)”. Explorations in Economic History 47 (2), 244-257.
Sinnott E., Nash, J. and De La Torre A. (2010): Natural Resources in Latin America and the Caribbean. Beyond Booms and Busts.The World Bank, Washington D.C.
Fajnzylber, F. (1987): “La industrialización de América Latina: de la ‘caja negra’ al ‘casillero vacío’”, Revista Internacional de Ciencias Sociales, París.
Fajnzylber, F. (1983): La industrialización trunca de América Latina, CET, México DF.
García M., Martínez-Galarraga, J. y Willebald, H. (2014): “Crecimiento y estructura productiva regional en Uruguay en la primera mitad del siglo XX: primeras aproximaciones y algunas hipótesis”. Ponencia presentada en el Seminario de Investigación del Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Universidad de la República, 13/05/2014.
Lewis, W.A. (1954): Economic development with unlimited supplies of labour. The Manchester School of Economic and Social Studies, XXII (2), May.
Willliamson (1965): “Regional inequality and the process of national development: a description of the patterns”. Economic Development and Cultural Change 13 (4), 3-84.