Reseña de “Los que tienen y los que no tienen. Breve y particular historia de la desigualdad global”

Rafael Dobado (Universidad Complutense de Madrid), 14 de enero de 2013.

Milanovic, Branko (2011), The Have and the Have-Nots. A Brief and Idiosyncratic History of Global Inequality, Basic Books, Nueva York, 258 pps, rústica en cuarto. Ha sido editado en español por Alianza Editorial en 2012 con el título Los que tienen y los que no tienen. Breve y particular historia de la desigualdad global.

La desigualdad viene recibiendo una creciente atención por economistas e historiadores económicos. Nuestro blog, como prueba la entrada de Esteban Nicolini del 17 de octubre pasado, no es ajeno a este interés por la desigualdad que la crisis parece haber contribuido a estimular entre académicos, actores políticos y publico en general.

Menos reciente es la preocupación por la desigualdad de Branko Milanovic, quien viene ocupándose de ella desde hace ya bastante tiempo (véase su página web del Banco Mundial), hasta convertirse en uno de los mayores especialistas mundiales en el asunto. El año pasado publicó The Have and the Have-Nots. A Brief and Idiosyncratic History of Global Inequality, editada este año en español por Alianza Editorial con el título Los que tienen y los que no tienen. Breve y particular historia de la desigualdad global. Un libro de reducida extensión y de fácil lectura, que no por ello deja de ofrecer abundante información y agudas reflexiones sobre la desigualdad. Jugosas anécdotas históricas vienen a amenizar un libro que se ocupa de cuestiones no siempre placenteras. Aunque no comparto plenamente alguna de las ideas del autor y echo en falta un tratamiento más detenido de algunas cuestiones espinosas, recomiendo encarecidamente la lectura de The Have and the Have-Nots. Es más, creo que se trata de un tipo de libro que los historiadores económicos de habla española deberíamos escribir con más frecuencia, pues acercarían nuestra disciplina a un público mucho más amplio.

The Haves and the Have-Nots consta de tres capítulos. Cada uno de ellos se dedica a una forma significativa de desigualdad económica (interpersonal, entre países y global). Los tres capítulos contienen un ensayo de alguna extensión y un conjunto de breves “viñetas”. Algunas de estas últimas constituyen uno de los mayores logros del libro en lo que a su amenidad se refiere.

El primer capítulo trata de la desigualdad entre los individuos pertenecientes a una determinada nación. Se inicia con algunas observaciones generales acerca del renovado interés contemporáneo por las diferencias interpersonales de renta y riqueza y un breve repaso a las proposiciones clásicas de Pareto y Kuznets. Continúa con la espinosa cuestión de las relaciones entre desigualdad y el binomio eficiencia-equidad, que se examinan desde la Economía y la Filosofía. Milanovic pasa revista a una serie de grandes autores en diversos campos, que incluye desde Weber hasta Rawls, pasando por  Keynes, Zweig, Platón, Sen, etc. Concluye con un repaso a la historia de la medición de la desigualdad y sus dificultades.

Las “viñetas” de este capítulo abarcan desde un divertido e ilustrativo comentario sobre la desigualdad, el matrimonio y el amor partiendo de la trama de Orgullo y prejuicio de Jane Austen hasta unos apuntes biográficos sobre Pareto y Kuznets. No falta un entretenido examen de las implicaciones distributivas que tendría el matrimonio de Ana Karenina con Vronsky. Otras tocan cuestiones más sesudas, como la desigualdad en los países comunistas o las diferencias de renta entre la Rusia de Tolstoy y la contemporánea. Encuentro particularmente jugosa a una de esas “viñetas”: la que nos descubre quién ha sido el hombre más rico de la historia. Entre los candidatos se encuentran el romano Creso, los norteamericanos Carnagie, Rockefeller y Gates, el ruso Jodorosky y el mexicano Slim. ¿Por quién se inclinan? La respuesta… en el libro.

El segundo capítulo se ocupa de la desigualdad resultante de considerar las rentas medias per capita de los países del mundo; esto es, la desigualdad entre países. Ésta es ahora mayor que nunca antes y tiene su origen en la Revolución Industrial y el consiguiente proceso de divergencia económica entre países.  Ahora bien, si cada país en vez de contar como una unidad de análisis es ponderado, como parece razonable, por su población, la imagen de la desigualdad contemporánea entre países cambia radicalmente, gracias al rápido crecimiento de los países más poblados del planeta (China e India) a fines del siglo XX y comienzos del XXI. No obstante, el mundo, a juicio de Milanovic, sigue siendo muy desigual, como se esfuerza en demostrar en las “viñetas” que siguen al ensayo de este capítulo, particularmente en How Unequal Is Today’s World? En otra de ellas, Why Was Marx Led Astray?, se destaca un aspecto básico de las cambiantes formas de la desigualdad a lo largo de la historia: mientras que, hacia 1870,  la desigualdad entre los habitantes del mundo era debida principalmente a la clase social de pertenencia ((por ejemplo, trabajadores frente a empresarios o rentistas), actualmente obedece mayoritariamente al país de nacimiento ((pongamos, Noruega frente a Etiopía). How Much of Your Income Is Determined at Birth? es el título de la “viñeta” donde se llega a la más bien sombría conclusión de que la emigración es la vía más factible para que un individuo de un país pobre se eleve a lo largo de la escala de la desigualdad global.

Esta forma de desigualdad, entre los “ciudadanos del mundo” o “desigualdad global”, es tratada en el tercer capítulo y su cálculo requiere una información que sólo está disponible desde hace un tiempo relativamente corto. Por eso no es posible hacer comparaciones de largo plazo de esta dimensión de la desigualdad, que, simplificando, combina las existentes entre individuos y entre países. Sí parece que su magnitud, que supera a la de los países más desiguales (Brasil o Sudáfrica, por ejemplo), “probablemente” no ha descendido desde finales de los años ochenta del pasado siglo.

 El aumento causado por la creciente desigualdad interpersonal en algunos países y la divergencia entre países pobres y ricos podría ser compensado por el notable éxito económico de India y China. Los efectos de la crisis en buena parte de los países ricos y algún retroceso reciente de las desigualdades en la históricamente muy poco igualitaria Iberoamérica –sugeriría yo– podrían estar inclinando la balanza del lado de la igualdad entre los “ciudadanos del mundo”. No cabe descartar que otros fenómenos (por ejemplo, más desigualdad dentro de países ricos y en desarrollo muy poblados o el estancamiento de un número relativamente alto de países pobres) operen en sentido contrario.

La llamativa distancia entre la minoría rica y la mayoría pobre de los “ciudadanos del mundo”, los posibles efectos de la globalización sobre la desigualdad, el contraste entre visiones alternativas sobre la evolución de la “desigualdad global” en el largo lazo, la relevancia de la “desigualdad global” y el trilema de la globalización de Rodrik son apuntados en este ensayo. Algunas de las “viñetas” del capítulo son: Where in the Global Income Distribution Are You?, Does the World Have a Middle Class? o How different Are the United States and the European Union?.

En su conclusion el libro señala algunos de los principales retos mundiales para los próximos años: “how to bring Africa up, how to peacefully bring China in and how to wean Latin America off of its self-obsession and bring it into the real World. And doing all of this while maintaining peace and avoiding ideological crusades.” (p. 215) Me gustaría creer que la mención a las “cruzadas ideológicas” no significa que toda ideología “realmente existente” (entrecomillado propio) es igual de valiosa. A este respecto, mi condición de español y el hermoso verso del alejandrino Kavafis que constituye la coda  del libro me hacen echar en falta alguna referencia de Milanovic al papel del mundo islámico en una configuración ilustrada del mundo de las próximas décadas.

            Concluiré esta entrada con algunas observaciones críticas. Sería necesaria una elaboración convincente de la equiparación entre justicia e igualdad que subyace al pensamiento de Milanovic. Tampoco da respuesta satisfactoria a algunas cuestiones de indudable relevancia: entre otras, ¿cuánta igualdad es deseable y por qué?, ¿tiene la igualdad un coste de oportunidad en términos de crecimiento?, ¿no es buena parte de la desigualdad mundial resultado de la falta de crecimiento de algunos y no de ninguna otra causa?, ¿cómo se combinan la igualdad de oportunidades con la retribución desigual al esfuerzo y al talento? Soy, a la vista de la vitalidad del nacionalismo identitario en partes de mi país y de Europa, mucho más escéptico que Milanovic acerca de la viabilidad de una ciudadanía cosmopolita. Y más optimista en mi valoración de las tendencias económicas mundiales de largo plazo: la pobreza extrema se ha reducido casi a la mitad entre 1990 y 2008.

Estas observaciones  no impiden que reitere mi recomendación de que lean The Haves and the Have-Nots y mis felicitaciones al autor y al editor de la edición en español.

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