Blog: Pasado y Presente de la economía mundial

Este blog trata temas de economía e historia económica y su objetivo principal es el de proveer a nuestros lectores de una dimensión histórica al análisis de los problemas económicos contemporáneos. Asimismo, tenemos la intención de divulgar la historia económica mediante la difusión de los últimos hallazgos, investigaciones y debates en nuestra disciplina.

El grupo de investigadores está conformado por académicos de primer nivel en America Latina, Estados Unidos, Inglaterra y España. Las entradas son semanales y abarcaran todo tipo de temática y evento: el comentario de un nuevo libro, o grupos de ellos y que sean de especial relevancia para el debate público; el análisis de un fenómeno contemporáneo a la luz de la experiencia histórica; las nuevas investigaciónes de los autores mismos; se expondrán los contenidos fundamentales de congresos, seminarios, u otros eventos importantes en historia económica. Escribiremos sobre temas globales, y frecuentemente sobre temas relevantes para América Latina y España. Se tratarán, entre otros, temas relacionados al desarrollo económico de los países, las finanzas globales, crisis financieras, recursos naturales, educación, desarrollo tecnológico, la política económica y el papel del Estado en la economía.

El agro latinoamericano. Algunos apuntes sobre su evolución de largo plazo

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay)

RESUMEN. El agro latinoamericano guarda un conjunto de características que, en perspectiva de largo plazo, lo hace muy peculiar. Presenta condiciones que lo posicionan en una típica situación de economía periférica –como el ritmo de expansión de la producción–, pero con crecimientos de la productividad laboral basados tanto en aumentos de la productividad de la tierra como en el de la relación tierra-trabajo (similar a las economías desarrolladas). La enorme variedad climática, de endowments, tipos de producción y evolución político-institucional impide identificar un “patrón agrícola latinoamericano”, mostrando una realidad regional que esconde grandes disparidades. En general, el crecimiento de la productividad laboral desde la segunda mitad del siglo XX hasta la primera década del XXI ha respondido a mejoras en términos de eficiencia y al aumento en el uso de los factores productivos (por unidad de trabajo). En los casi 60 años que cubre la investigación, el crecimiento del output agrícola promedió un estable 3% anual que estuvo apuntalado, hasta los 1980s, por la acumulación de factores y, desde los 1990s, por mejoras sustanciales en la productividad total de factores.


Fuente: shutterstock.com.

Uno de los tantos temas que ha acaparado los análisis recientes sobre las consecuencias del conflicto bélico entre Ucrania y Rusia ha sido sobre seguridad alimentaria, y organizaciones como la OECD, la FAO o la CEPAL se han hecho eco de esa problemática. En general, hay coincidencia en que las condiciones de desarrollo económico se han deteriorado en un proceso global de desaceleración económica, mayor inflación, recuperación lenta y débil de los mercados laborales, incremento de la pobreza y serias limitaciones para asegurar las condiciones alimentarias de buena parte de la población mundial.

Como suele ocurrir antes circunstancias críticas, los historiadores económicos nos vemos desafiados por la realidad, ya sea para contrastar los hechos contemporáneos con el pasado o para evaluar las condiciones que enfrentan las economías en una perspectiva de largo plazo.

Esta es, entonces, una buena oportunidad para repasar los resultados de un proyecto de investigación que comparto con los colegas Miguel Martín-Retortillo (Universidad de Alcalá), Vicente Pinilla (Universidad de Zaragoza) y Jackeline Velazco (Pontificia Universidad Católica del Perú; Universidad de Girona) sobre la evolución de la producción agropecuaria latinoamericana en la segunda mitad del siglo XX. Si bien la cobertura del proyecto no alcanza a nuestros días, su alcance temporal (1950-2008) y lo novedoso del período permiten realizar algunas consideraciones útiles e incorporar a la evolución reciente en una perspectiva de horizonte más amplio.

Algunos apuntes a modo de presentación

Con un grupo de colegas de España y América Latina, durante los últimos 7 años, hemos compartido la inquietud por indagar sobre la evolución del agro latinoamericano desde la segunda mitad del siglo XX hasta la primera década del siglo XXI. Si bien el tema no ha sido ajeno a académicos y analistas del sector agropecuario en la región, una virtud del proyecto es contar con información novedosa derivada de registros sistemáticos de datos (los reportes de la FAO) y realizar un esfuerzo decidido por dotar al análisis cuantitativo de consideraciones históricas.

Por lo pronto, los resultados del proyecto se han divulgado a través de un capítulo de libro y dos artículos. El primer trabajo ha sido publicado en Agricultural Development in the World Periphery. A Global Economic History Approach (un libro que edité junto con Vicente Pinilla en 2018) con el título: “The goose that laid the golden eggs? Agricultural development in Latin America in the 20th century”. Los dos artículos mencionados fueron publicados en el Journal of Latin American Studies (“The Dynamics of Latin American Agricultural Production Growth, 1950–2008”) y en la Revista De Historia Económica / Journal of Iberian and Latin American Economic History (“Is there a Latin American agricultural growth pattern? Factor endowments and productivity in the second half of the 20th century”), en tanto que, actualmente, estamos trabajando en un tercer artículo focalizado, fundamentalmente, en explicar los determinantes de la evolución de la productividad total de factores (PTF) del agro en América Latina.

En lo que sigue, hago un recorrido de las tres publicaciones para indagar qué hemos aprendido para comprender el presente –y el futuro– del agro en la región.

Dada su capacidad productiva y comercial, el sector agropecuario latinoamericano está llamado a jugar un papel fundamental en el abastecimiento de alimentos mundial, a la vez que mejorar la situación de sus agricultores resulta una exigencia ineludible. La región necesita políticas y programas receptivos y eficientes que aumenten la productividad de manera sostenible –económica y ambientalmente– e inclusiva –ciudadana y socialmente. Para lograr este objetivo, los países latinoamericanos han procurado avanzar no sólo en la formulación de políticas sectoriales, sino también en la coordinación de esfuerzos entre las diversas organizaciones que conforman la arquitectura institucional destinada a mejorar el desempeño del sector. Apoyar estas expectativas para el siglo XXI requiere una adecuada revisión e interpretación de los argumentos, experiencias y aprendizajes derivados de la historia agrícola del siglo XX.

La agricultura latinoamericana es heterogénea, reflejando la amplia diversidad de paisajes, climas, suelos y condiciones locales. Sus tierras ofrecen una multiplicidad y diversidad de productos que convierten a la región en uno de los principales proveedores del mundo de cereales, oleaginosos, horticultura, frutas, flores y carnes (ver Figura 1).

Figura 1. Especialización en la exportación de productos agropecuarios en países de América Latina y el Caribe, 2020

Fuente: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

No obstante, algunas características comunes ofrecen una clara unidad conceptual a la región (Solbrig, 2006). La primera y más notable es la importancia de la agricultura en las economías de América Latina. Desde la época colonial, la región ha dependido de los cultivos y la ganadería como principales fuentes de producción, empleo, exportaciones y divisas. En segundo lugar, la distribución desigual de la tierra, aspecto conocido bajo el binomio latifundio-minifundio, constituye una característica estructural que ha dado forma al desarrollo agrícola de toda la región. Tercero, la persistencia de un gran sector de pequeños agricultores, pobremente integrados a la economía y produciendo principalmente alimentos básicos para mercados locales. Finalmente, en el sector agroexportador, muy pocos productos (o, en ocasiones, sólo uno) han prevalecido en cada país. Esta dependencia de un pequeño número de commodities de exportación ha expuesto a los países a las contingencias de los mercados externos, fluctuaciones de precios, y ciclos de auge y caída muy marcados.

Sin embargo, a pesar de la importancia de la actividad agropecuaria en la mayor parte de América Latina, el sector no ha sido capaz de incentivar al resto de la economía y crear vínculos dinámicos hacia adelante y hacia atrás en forma sostenida, aspecto especialmente notorio durante el siglo XX. Ello contrasta con lo sucedido en muchas partes del mundo, donde se trató de un período que significó enormes cambios en el sector rural y que lo distinguen de cualquier otro momento de la historia (Federico, 2005).

En efecto, a partir de modalidades de producción muy tradicionales y conservadoras, la agricultura se ha transformado en una empresa basada en el conocimiento y la ciencia. Este proceso ha aumentado la productividad y apoyado la expansión de la producción para mantenerse al día con la mayor demanda que significa una población creciente. También ha alterado la relación de las personas con la tierra, porque la industrialización de la agricultura ha incrementado los encadenamientos y dependencia de la manufactura, lo cual ha hecho que las actividades agropecuarias fueran más vulnerables a los mercados, y ha exacerbado las consecuencias ambientales de la agricultura (Solbrig, 2006). Sin embargo, América Latina no ha podido beneficiarse notoriamente de estos cambios en la oferta y la demanda, ni de los nuevos arreglos institucionales ni de las renovadas condiciones tecnológicas que dominaron el siglo XX, al menos, hasta finales de la centuria.

América Latina en el contexto internacional luego de 1950

Después de la Segunda Guerra Mundial, la producción agrícola creció más rápidamente que la población del planeta, generando simultáneamente situaciones de exceso de oferta en algunas regiones del mundo y de insuficiencia alimentaria o incluso hambre en otras. Este crecimiento de la producción se explica, en gran parte, por cambios que, aunque muy arraigados, han sido extremadamente desiguales desde un punto de vista geográfico. Además, todos los países modificaron sus políticas agrícolas junto con sus políticas comerciales y de integración regional, creando diferentes sistemas de incentivos a la actividad agropecuaria (Anderson, 2009). La diversidad en la adopción de estas transformaciones, tanto técnicas como institucionales, dieron lugar a diferencias significativas en el desarrollo agrícola de los países (Timmer, 2009; Alston y Pardey, 2014).

¿Qué pasó en el caso de América Latina en cuanto a crecimiento de la producción agropecuaria? Para responder esta pregunta, analizamos la evolución de la producción en diez países durante la segunda mitad del siglo XX: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Honduras, Mexico, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela. Esta muestra de países representa la gran mayoría de la agricultura de América Latina, dado que entre 1965 y 2005 representaba entre el 85 y el 90% de su producción agrícola bruta. Además, reporta al análisis una variedad climática, de endowments, tipos de producción y evolución político-institucional que nos ofrece una panorámica amplia de eso que identificamos como “realidad latinoamericana”. El Cuadro 1 muestra la evolución del output del sector para el período de análisis en su conjunto (1950-2008) y para los tres subperíodos que contemplamos en nuestra investigación: 1950-1973 (Industrialización por Sustitución de Importaciones); 1973-1993 (crisis y década perdida); 1993-2008 (reglobalización, liberalización y reformas estructurales).

Cuadro 1. Tasas de crecimiento de la producción agropecuaria (%)

Fuente: extraído de Martin-Retortillo et al. (2021), p. 15.

El crecimiento promedio anual de 3% representa una expansión muy importante de la producción agropecuaria con dos distintivos relevantes. En primer lugar, ese aumento se mantuvo relativamente estable en el tiempo, con tasas apenas por debajo del promedio antes de los 1990s y algo por encima desde entonces. En segundo lugar, la tasa promedio esconde comportamientos muy dispares entre países. Los crecimientos destacados correspondieron a Brasil (3,9%), Mexico (3,6%) y Venezuela (3,4%), en tanto que Argentina (1,6%) y Uruguay (1,3%) fueron los de menor dinamismo.

¿Cómo se posiciona América Latina en perspectiva mundial?  Con el propósito de responder esta pregunta, analizamos las fuentes de crecimiento de la producción y la productividad agrícola en la región.

Dentro de las novedades de la investigación, se destacan dos. En primer lugar, el período de análisis comienza a mediados del siglo XX, cuando los estudios comparativos disponibles –al menos hasta donde alcanza nuestro conocimiento– comienzan en la década de 1960 (Solbrig, 2006; Ludena, 2010; Nin-Prat et al., 2015; Martín-Retortillo et al., 2019). En segundo lugar, contar con información para un lapso de tiempo de casi 60 años nos ha permitido relacionar la evolución de los indicadores de productividad agrícola con los principales modelos de desarrollo implementados en la región. En particular, hemos podido contrastar la evolución de dos estrategias de desarrollos muy diferentes; una orientada hacia adentro (la de los 1950s-1970s) y otra hacia fuera (desde los 1980s), y por lo tanto identificar los incentivos dominantes en cada etapa y su influencia diferencial sobre el sector agropecuario.

Los resultados de nuestro análisis muestran que, a pesar de que la región se caracteriza por las condiciones típicas del sector agrícola en los países en desarrollo, muestra una tendencia similar al patrón de las regiones desarrolladas. Descomponiendo el crecimiento de la productividad laboral agrícola (y/l) en dos componentes: la tasa de crecimiento de la productividad de la tierra (y/t) y el ratio tierra-trabajo (t/l) (O’Brien y Prados de la Escosura, 1992) (A/L en la versión del Gráfico 1), las variaciones en la productividad podrían deberse a innovaciones tecnológicas muy diversas empleadas en la agricultura y también a patrones variados en el uso de insumos (Federico, 2005).  El Gráfico 1 muestra la diversidad de experiencias, teniendo en cuenta los niveles de partida y el aumento en las productividades de la tierra y del trabajo.

Gráfico 1. Productividad de la tierra y del trabajo en diversas regiones del mundo (1965-2005). A/L refiere al mismo nivel de ratio tierra por trabajador

Fuente: extraído de Martin-Retortillo et al. (2021), p. 11.

Así, hay dos modelos muy diferentes de incremento de la productividad agrícola; por un lado, el de los primeros países industrializados (incluyendo Europa Occidental, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Canadá), en los cuales hubo un gran incremento en la productividad laboral, debido tanto a aumentos en la productividad de la tierra como en la relación tierra-trabajo. En este grupo de países, se dieron un aumento moderado de la producción y fuerte de las ganancias en productividad debido a mejoras biológicas, un notable aumento en la mecanización y disminuciones en los números absolutos de la mano de obra agrícola.

Por otro lado, en los países en desarrollo, la producción creció mucho más rápido, aunque el papel de la productividad laboral fue considerablemente menor y se basó en aumentos en la productividad de la tierra, normalmente mayor que la de los países desarrollados, mientras que la relación tierra-trabajo se redujo en la mayoría de las regiones del mundo. Entre las regiones en desarrollo, sólo en América Latina la relación tierra-trabajo aumentó. El crecimiento de la productividad del trabajo, por lo tanto, en casi todas las regiones en desarrollo se basó en un fuerte aumento en la productividad de la tierra, ya que la mecanización desempeñó un papel de menor protagonismo debido a la fuerte presión demográfica, la cual significó incrementos en el número absoluto de trabajadores agrícolas. Sin embargo, todas las innovaciones relacionadas con la revolución verde, así como la hibridación y la selección genética de semillas, y el uso de fertilizantes, pesticidas y otros insumos químicos explican el papel clave que jugó el fuerte aumento de la productividad de la tierra sobre la productividad del trabajo (Evenson y Gollin, 2002; Pingalí, 2012; Harwood, 2018).

¿Dónde se ubica América Latina entre estos dos modelos? Es un caso peculiar, ya que la región comparte características de ambos modelos y parece estar situada en una situación intermedia. Parte desde una posición típica de los países en desarrollo y converge hacia la de los países desarrollados. Su crecimiento de la producción ha sido similar al de los países en desarrollo, pero su crecimiento de la productividad laboral se ha basado tanto en un aumento de la productividad de la tierra como en el de la relación tierra-trabajo. De hecho, es la única región del mundo en desarrollo en la que, en los últimos años, las cifras de mano de obra agrícola han comenzado a disminuir. Además, América Latina fue la única región en desarrollo en la que la relación tierra-trabajo desempeñó un papel positivo en el aumento de la productividad del trabajo. La evolución de la fuerza de trabajo agrícola  en América Latina contrasta, por tanto, con la trayectoria seguida por los países desarrollados, con fuertes caídas, pero también con los países en desarrollo de Asia y África, con fuertes aumentos.

Sin embargo, un análisis agregado no es capaz de aclarar las diferencias entre los países latinoamericanos. América Latina es muy diversa desde un punto de vista geográfico, climático, social, económico e institucional. Como Solbrig (2006, p. 535) afirma, dentro de América Latina “la diversidad fue y continúa siendo una característica de la agricultura de esta vasta región, resultado de la variedad de climas, topografía, historia y sociedades”. Creemos, en consecuencia, que una comprensión cabal del crecimiento de la producción y de la productividad requiere poner en consideración las experiencias de los distintos países, para intentar determinar en qué medida existe un patrón latinoamericano, o si el resultado agregado esconde trayectorias muy diversas.

¿Existe un patrón agropecuario de América Latina?

En forma parecida al ejercicio anterior, pero partiendo de una función Cobb-Douglas estándar para el sector agropecuario, es posible expresar el cambio de la productividad del trabajo (y/l) en términos de ganancias de eficiencia (expresada por la PTF) y la variación conjunta de los factores de producción tierra y capital físico (f) (expresada en unidades de trabajo). El Cuadro 2 muestra la evolución de estos conceptos para el período en su conjunto y para los tres subperíodos que contemplamos en nuestra investigación.   

Cuadro 2. Tasas de crecimiento de la PTF y de los factores de producción por trabajador en América Latina (%)

Fuente: extraído de Martín-Retorillo et al. (2021), p. 25. Nota: el cálculo para América Latina considera como ponderaciones las correspondientes a Brasil, que son nuestras preferidas. En el paper se realizan ejercicios, también, considerando las de Argentina y Mexico

Puede observarse que la principal fuente de productividad del trabajo agrícola en todo el período (1950-2008) en los países latinoamericanos fue la mejora de la eficiencia (crecimiento de la PTF). La notable incorporación de innovaciones en el sector agrícola permitió este aumento y fue basado en un crecimiento intensivo de la producción agrícola, como maquinaria autopropulsada, productos químicos y la hibridación y selección de semillas. A pesar de la importancia de las ganancias de eficiencia en toda la región, existen algunas excepciones en las que las fuentes de acumulación de factores por trabajador fueron fundamentales para comprender el crecimiento de la productividad del trabajo. Las principales excepciones fueron Argentina y Uruguay, donde el aumento de los factores de producción por trabajador fue fundamental, con una contribución muy pequeña del crecimiento de la PTF.[1] Los fuertes incrementos en el uso del suelo, especialmente en Argentina, el mantenimiento o la reducción de la plantilla y la incorporación de capital físico nos ayudan a comprender esas excepciones.

De todos modos, es más interesante observar las fuentes de crecimiento a lo largo de los subperíodos, puesto que ello nos permite comprender las diferencias en las tendencias de largo plazo (Gráfico 2).

La dinámica del sector agropecuario

Gráfico 2. Tasas de crecimiento de la PTF y de los factores de producción por trabajador (f) de América Latina (%)

Fuente: extraído de Martín-Retorillo et al. (2021), p. 25.

El primer período estuvo dominado por la importancia del aumento de factores en el sector agropecuario (las excepciones estuvieron signadas por Mexico y Venezuela). Esta trayectoria respondió, predominantemente, a la creciente incorporación al proceso productivo de maquinaria, productos químicos y terrenos, enmarcados en un modelo de industrialización por sustitución de importaciones que penalizaba las exportaciones agropecuarias y afectaba los términos de intercambio.

En el subperíodo intermedio, 1973-1993, ambos componentes de la productividad laboral aumentaron y el crecimiento en la incorporación de factores de producción por trabajador siguió siendo más importante que las mejoras en términos de eficiencia, en el marco de las crisis del petróleo y la década perdida de los 1980s. Durante este período, la variedad de experiencias fue muy grande. Algunas economías transitaron por importantes ganancias de eficiencia y reducción en el uso de factores (Chile, Colombia, Perú), otras presentaron aumentos destacados en la acumulación de factores (Brasil, Mexico, Argentina), pero ninguna mostró una contribución negativa de la PTF.

Las tendencias seguidas por las fuentes de productividad laboral en los últimos 15 años de nuestra muestra intensificaron la dirección tomada en el subperíodo intermedio. Sin embargo, hubo un cambio trascendente. La principal fuente de crecimiento de la productividad del trabajo agrícola entre 1993 y 2008 pasó a ser la PTF en la mayoría de los países de América Latina, con excepción de Argentina. El crecimiento de la PTF explica alrededor del 70% del crecimiento de la productividad laboral agrícola en toda la región. El mayor crecimiento de la PTF coincide con un período de reformas conducentes a la integración comercial y una inserción dinámica en los mercados externos, así como al desarrollo de una agricultura más competitiva internacionalmente (donde Brasil representa el ejemplo más exitoso).

A modo de conclusión

El análisis de los distintos países latinoamericanos revela contrastes muy significativos. No se puede hablar de un modelo común; más bien hay grandes variaciones entre las diversas experiencias nacionales. Si consideramos la contribución al aumento de la producción de los insumos empleados y de la PTF, son varios los aspectos a destacar.

En primer lugar, se produjo un aumento de la producción en el conjunto del período, al 3% anual durante 58 años, lo que significó un cambio verdaderamente notable de la producción en términos absolutos (la producción en 2008 fue más de cinco veces mayor a la de 1950). Sin embargo, las diferencias entre países fueron significativas.

Los países que tuvieron más éxito en basar su modelo de crecimiento en la primera ola de globalización de las exportaciones agrícolas (siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial), Argentina y Uruguay, fueron los que menos crecieron en el periodo de estudio, sobre todo por su pobre desempeño hasta 1990. Brasil, México y Venezuela fueron los líderes en crecimiento.

En segundo lugar, este aumento fue muy similar durante la etapa de la ISI (1950s-1960s) y la crisis de los años 1970s y 1980s, y luego se aceleró durante la liberalización posterior, aunque sin resultar en un despegue destacado.

Las ganancias de eficiencia hicieron una contribución modesta a este fuerte aumento de la producción en el largo plazo. Fue el capital, sobre todo, el factor productivo que mejor explicó el aumento de la producción durante décadas. El resto de los factores mostró un crecimiento positivo pero inferior.

Las diferencias entre las economías latinoamericanas son significativas. Paradójicamente, en los países con una agricultura más moderna en 1950, Argentina y Uruguay, el aporte de la PTF fue menor. Países como México, Venezuela o Brasil, que en 1950 seguían teniendo un sector bastante tradicional, fueron aquellos en los que el aporte de la PTF fue mayor.

Con el tiempo, las mejoras en la eficiencia han contribuido cada vez más al crecimiento de la producción. En el último período (1993-2008), el abandono de las políticas ISI y la introducción de una mayor liberalización de la agricultura fueron especialmente significativas, y las mejoras en la eficiencia constituyeron el elemento clave para impulsar el fuerte impulso agrícola de finales del siglo XX y principios del XXI.

En una perspectiva de desarrollo agrícola, nuestros hallazgos muestran que en los procesos de modernización de las actividades agropecuarias, el crecimiento de la producción suele basarse, en sus primeras etapas, en un mayor uso de inputs. Solo cuando se alcanza cierto nivel de desarrollo, no solo en la agricultura sino también en la economía en su conjunto, la contribución del aumento de la productividad –o, más en general, de mejoras en términos de eficiencia– cobra mayor importancia. Estos resultados coinciden con los obtenidos en otros trabajos realizados para países desarrollados durante los últimos dos siglos y para el continente europeo en la segunda mitad del siglo XX (Federico, 2005; Martín-Retortillo y Pinilla, 2015).  Además, en el contexto de países de bajos y medianos ingresos, la modernización de la agricultura aceleró su transformación productiva en economías modernas (Mellor, 2017), tomando ventaja de la variedad de vínculos que conectan a la agricultura con el crecimiento de la economía en su conjunto (Timmer, 2009). Nuestra investigación también muestra evidencia de que un entorno macroeconómico favorable y una incorporación exitosa a los mercados mundiales son fundamentales para impulsar el crecimiento de la producción y la mejora de la productividad. El contraste de experiencias nacionales señala con claridad que la participación activa de los estados en la generación y difusión del cambio tecnológico en la agricultura es un aspecto trascendente en el mejor desempeño productivo de la actividad (Pinilla y Willebald, 2018).

[1] Brasil y Honduras también evidenciaron mayor crecimiento de los factores de producción, pero la contribución de la PTF fue, igualmente, importante.


Bibliografía

Alston, J. M., y Pardey, P. G. (2014) “Agriculture in Global Economy”. Journal of Economic Perspectives 28 (1), pp. 121–146.

Anderson, K. (ed.) (2009) Distortions to Agricultural Incentives. A Global Perspective, 1955-2007. Washington/New York: World Bank/Palgrave Macmillan.

Evenson, R. E., y Gollin, D. (2002) Crop Variety Improvement and its Effect on Productivity. The Impact of International Agricultural Research. Wallingford: CABI Publishing.

Federico, G. (2005) Feeding the World: An Economic History of Agriculture, 1800-2000.  Princeton: Princeton University Press.

Harwood, J. (2018) “The Green Revolution as a Process of Global Circulation: Plants, People and Practices”. Historia Agraria 75, pp. 7–31.

Ludena, C. E. (2010) “Agricultural Productivity Growth, Efficiency Change and Technical Progress in Latin America and the Caribbean”. IDB Working Paper Series 186.

Martín-Retortillo, M. y Pinilla, V. (2015) “Patterns and Causes of the Growth of European Agricultural Production, 1950-2005”. Agricultural History Review 63 (1), pp. 132–159.

Martín-Retortillo, M., Pinilla, V., Velazco, J. y Willebald, H. (2018) “The goose that laid the golden eggs? Agricultural development in Latin America in the 20th century.” En V. Pinilla y H. Willebald (Eds) Agricultural development in the world periphery. A global economic history approach. Palgrave Studies in Economic History. London: Palgrave Macmillan, Ch. 13, pp. 337-363.

Martín-Retortillo, M., Pinilla, V., Velazco, J. y Willebald, H. (2019) “The Dynamics of Latin American Agricultural Production Growth, 1950–2008”. Journal of Latin American Studies, pp. 1-33.

Martín-Retortillo, M., Pinilla, V., Velazco, J. y Willebald, H. (2021) “Is there a Latin American agricultural growth pattern? Factor endowments and productivity in the second half of the 20th century”. Revista De Historia Económica / Journal of Iberian and Latin American Economic History, pp. 1-36.

Mellor, J. (2017) Agricultural Development and Economic Transformation: Promoting Growth with Poverty Reduction. Berlin and Heidelberg: Springer.

Nin-Pratt, A., FalconI, C. A., Ludena, C. E., and Martel, P. (2015) “Productivity and the Performance of Agriculture in Latin America and the Caribbean: From the Lost Decade to the Commodity Boom”. IDB Working Paper Series 608.

O’Brien, P. K. y Prados de la Escosura, L. (1992) “Agricultural Productivity and European Industrialization, 1890-1980”. Economic History Review XLV (3), pp. 514–536.

Pingali, P. L. (2012) “Green Revolution: Impacts, Limits, and the Path Ahead”. PNAS 109 (31), pp. 12302–12308.

Pinilla, V. y Willebald, H. (eds.) (2018) Agricultural Development in the World Periphery. A Global Economic History Approach. Palgrave Studies in Economic History. London: Palgrave Macmillan.

Solbrig, O. T. (2006) “Structure, Performance, and Policy in Agriculture”. En V. Bulmer-Thomas, J. H. Coatsworth y R. Cortés Conde (eds.) The Cambridge Economic History of Latin America. Vol. II. The Long Twentieth Century. Cambridge: Cambridge University Press, pp. 481–536.

Timmer, C. P. (2009) A World Without Agriculture. Washington: The AEI Press.


Los niveles de vida en América Latina. Una temática clave en la agenda historiográfica de los últimos años

Juan Luis Martirén, Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani” (Argentina) jlmartiren@hotmail.com

Carolina Román, Universidad de la República (Uruguay) carolina.roman@fcea.edu.uy

RESUMEN. Los estudios sobre los niveles de vida en América Latina han sido tradicionalmente materia de debate en el campo académico, aunque desde fines del siglo XX captaron aún mayor atención. Los avances y contribuciones desde entonces han sido notables, en particular en lo que respecta a la generación de evidencia empírica, la aplicación de métodos comparativos y estadísticos más complejos y de nuevos marcos teóricos que permiten responder con mayor precisión parte de las “grandes” preguntas sobre el comportamiento de niveles de vida en este lado del Atlántico. Este nuevo panorama redundaría en aumento muy significativo de las publicaciones sobre el tema, pero también pondría al estudio de los niveles de vida como un tópico de gran interés en distintos espacios de discusión académica, con una activa participación de numerosos colegas latinoamericanos. En esta entrada compartimos unas notas sobre los resultados del simposio “Living Standards in Latin America: Income, Wages and Human Capital (XVIII to XXI centuries)”, organizado en el marco del XIV Congreso Mundial de Historia Económica, celebrado entre los días 26 y 29 de julio en París.


Fuente: Mercado en Buenos Aires, 1820. Pintura de Emeric Essex Vidal. Tomado de aquí.

Introducción

Las investigaciones sobre distintas variables relativas a los niveles de vida, que tradicionalmente han captado gran atención en los estudios académicos, han tomado un renovado auge, en particular los abordajes desde la Historia Económica. La elaboración de nuevas bases de datos históricas (que ofrecieron sólidas herramientas para cubrir las lagunas crónicas del período pre-estadístico latinoamericano), la renovación de los marcos teóricos y analíticos, más la aplicación de originales y complejos métodos, han sido fundamentales para promover el debate en el campo académico. Entre los temas medulares que han tomado protagonismo más recientemente podemos mencionar el origen y el momento de la divergencia con los países desarrollados (Haber, 1997; Acemoglu et. al, 2002; Engerman & Sokoloff, 2002; Bértola & Williamson, 2006; Allen et al., 2012), las explicaciones sobre la desigualdad de la región (Coatsworth, 2008; Bértola & Ocampo, 2013; Williamson, 2010, 2015), la heterogeneidad en los niveles de vida entre e intra países, los ciclos inflacionarios, los efectos de la Globalización y de la industrialización sobre el bienestar (Thorp, 1998; Bulmer-Thomas, 2006; Kacowicz, 2013; Prados de la Escosura, 2021, entre otros). Varias disciplinas convergen en esta temática, con miradas más amplias tanto regional como cronológicamente.

Asimismo, los estudios comparativos entre países de América Latina o a escala global ya no solamente cubren parte del siglo XX y XXI, sino que gracias a la elaboración de nuevas series de datos sobre un amplio cúmulo de variables –salarios, costo de vida, antropometría, nutrición, capital y desarrollo humano– han permitido complejizar el debate, poniendo en diálogo o en discusión hipótesis clásicas sobre la problemática.[1] Se trata de nuevas miradas a un viejo problema, sobre lo cual aún no hay consensos claros, pero que se han posicionado en el debate académico, ganando un saludable espacio en forma de simposios en distintos congresos de historia económica, tanto iberoamericanos como mundiales.[2]

Con el objetivo de contribuir con estos debates, tuvo lugar la sesión “Living Standards in Latin America: Income, Wages and Human Capital (XVIII to XXI centuries)”  organizada por Mario Matus (Universidad de Chile, Chile), Carolina Román (Universidad de la República, Uruguay) y Juan Luis Martirén (Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Argentina), en el marco del XIV World Economic History Congress (WEHC) en París en julio de 2022. La sesión marcó la continuidad de lo que ya es una constante en los distintos congresos mundiales de historia económica: la organización de simposios sobre niveles de vida en el largo plazo en América Latina.

La sesión tuvo lugar el martes 26 de julio e incluyó 10 ponencias, que aportaron evidencia empírica y diversos marcos analíticos sobre varias dimensiones de los niveles de vida en América Latina –salarios, costo de vida, indicadores de bienestar, riqueza. El eje temporal abarcado fue amplio, cubriendo periodos que van desde el siglo XVIII hasta la actualidad, y combinando enfoques nacionales con miradas subnacionales de Argentina, Chile, México y Uruguay. Las exposiciones se dividieron en cuatro bloques temáticos: riqueza y desigualdad en los siglos XVIII y XIX; salarios y niveles de vida de los siglos XVIII y XIX, economía y bienestar a inicios del siglo XX; economía, desigualdad y niveles de vida en el largo plazo.

Fuente: Mercado de la Verdura, Montevideo colonial. Tomado de aquí

En el primer bloque temático, ligado a la distribución de la riqueza y del ingreso en los siglos XVIII y XIX, se discutieron dos trabajos sobre las ciudades de Montevideo y México. El primero, titulado “Wealth Inequality in Colonial Hispanic-America: Montevideo in the Late Eighteenth Century” (de los autores Pablo Marmissolle, María Inés Moraes, Rebeca Riella y Carolina Vicario), ofreció una novedosa e inédita propuesta para el estudio de la historia colonial del Río de la Plata. A partir de la aplicación de la metodología de Alice Jones y de Peter Lindert para el análisis de muestras de inventarios post mortem, el trabajo buscó indagar sobre tres ejes centrales relativos a la riqueza en la ciudad y jurisdicción de Montevideo: su composición, su distribución y su relación con la estructura social en una economía de Antiguo Régimen. Los resultados son sugerentes y discuten posiciones clásicas, ya que, si bien encuentran alta concentración de riqueza en clases más altas, también identifican una destacada presencia de sectores medios, con inversiones considerables en inmuebles urbanos y en esclavos. Demuestran, así, que los indicadores de desigualdad en Montevideo no eran más altos que los de otros casos ya estudiados con métodos y fuentes similares. El otro estudio de caso, titulado “Rent-Wage Inequality in Mexico City, 1770-1930”, de Amílcar Challú, Israel García y Aurora Gómez-Galvarriato, presentó un amplio análisis sobre la evolución de la desigualdad en la ciudad de México en el largo plazo (1770-1930). La propuesta realizó un racconto de las distintas interpretaciones sobre la desigualdad mexicana durante el período, para luego ofrecer su propio análisis, basado en la elaboración de índices de salarios y de alquileres para todo el marco temporal analizado. Se elaboraron varios ratios ligados a los distintos valores de alquileres y salarios, y las conclusiones sobre la evolución de la desigualdad resultaron consistentes con las postuladas por Williamson (2010).

El segundo bloque, compuesto por tres presentaciones, estuvo centrado en la evolución de los precios y salarios en el Río de la Plata entre 1776 y 1860. El primer trabajo, titulado “Cost of living and real wages in a transitional economy. Buenos Aires (1776-1830)”, presentado por Julio Djenderedjian y Juan Luis Martirén,ofreció nuevos índices de costo de vida (alimentarios y otros más completos) para Buenos Aires entre el período borbónico y las primeras décadas independientes. La propuesta busca cubrir un período poco analizado en la literatura, es decir, que cubriera esa etapa transicional, en el que Buenos Aires fue insertándose progresivamente en los mercados atlánticos. Los resultados indicaron una progresiva caída en los salarios reales, marcada no sólo por el impacto de la guerra en determinados momentos, sino también por el encarecimiento progresivo de la carne vacuna, principal bien de consumo de la población. La segunda presentación, de Tomás Guzmán, también tuvo a Buenos Aires como centro de interés, aunque analizando el período 1820-1850. Titulada “Real Wages and Standards of Living in Urban Buenos Aires, 1820-1850”, la propuesta forma parte de una serie de trabajos que viene desarrollando el autor, en la que ofrece nuevas miradas sobre la evolución de los salarios y niveles de vida entre el primer período inflacionario de los años 1820 y el final del rosismo. Apoyado en una minuciosa y sólida base de datos sobre precios de alimentos y salarios de siete tipos de trabajadores urbanos, de elaboración propia, el autor muestra el comportamiento de los precios y el impacto de los ciclos inflacionarios en el poder de compra de las remuneraciones de Buenos Aires. En términos generales, los resultados indican una lenta recuperación a mediados de los 1830s, un colapso a finales del decenio y un rebote nuevamente en los años de 1840, que recién recuperará terreno desde 1848 (con excepción de los trabajadores de la construcción, que tuvieron gran crecimiento en sus salarios reales en esa década). El último trabajo del bloque, a cargo de Carina Frid, apuntó al estudio de la provincia de Santa Fe, y se tituló: “Decline and recovery. Cost of living and real wages in an inland region of the Río de la Plata (Santa Fe, 1815-1865)”. Se trata, también, de un abordaje inédito para la región y forma parte de una serie de trabajos que viene renovando la historia de precios y salarios en el Río de la Plata tardocolonial y postindependiente. El estudio también contó con evidencia empírica muy sólida, de elaboración propia. Esto es muy relevante en tanto la escasez crónica de fuentes estadísticas y comerciales siempre ha sido un gran obstáculo para poder elaborar series temporales. Tiene también el mérito de haber incluido en el análisis a toda la década de 1850, un parteaguas fundamental en la historia económica y política argentina. Los resultados, obtenidos mediante la metodología propuesta por Allen (2001) sobre canastas de consumo e índices de bienestar (welfare ratios) son una prueba categórica de los efectos negativos que las guerras posteriores a la independencia generaron sobre la economía santafesina y sus trabajadores. Da cuenta de una recuperación desde los años de 1830 y de un gran aumento de los niveles de bienestar en los años 1850, impulsado por el auge en los precios de los subproductos ganaderos exportables. Los tres trabajos presentan, además de útiles bases de datos, una nueva mirada sobre las condiciones de vida en el Río de la Plata postindependiente, en el que la apertura atlántica marcó un antes y un después en su estructura económica.

Fuente: Chile 1973, Tomado de aquí

El tercer bloque avanzó en el marco temporal, abarcando temáticas relativas al siglo XX y a las últimas dos décadas. Las propuestas se centraron en aspectos relativos al ingreso y al bienestar. En primer término, Humberto Morales expuso los resultados de su investigación, bajo el título “Economic wellbeing in rural and industrial landscapes in Mexico: 1910-1940”. La presentación incluyó un análisis de los salarios en el sector urbano y rural en el estado de Puebla entre 1910 y 1940. El autor construyó canastas para estimar el costo de vida, que luego utilizó para deflactar salarios mensuales de trabajadores rurales, industriales y de la construcción. Los resultados indican que entre 1917 y 1940 los salarios de los trabajadores rurales prácticamente se duplicaron, más allá de que sufrieron fuertes variaciones, sobre todo con la crisis de 1929. Por su parte, la presentación de Lucas Llach puso el eje en el debate sobre las bases del crecimiento en la Argentina de la Belle Epoque. Con un artículo titulado “Newly Rich, Not Modern Yet: Argentina Before the Depression”,el autor analizó en detalle hasta qué punto el crecimiento económico argentino de las primeras décadas del siglo XX había sido acompañado por otros indicadores de bienestar humano. ¿Era Argentina un país realmente rico, más allá de lo que indicaban sus agregados? A partir de esta pregunta, el autor presentó evidencia analítica considerando distintas mediciones de desarrollo, mediante las cuales mostró cómo esas mediciones económicas no se correspondían en términos comparativos con otros países desarrollados. Por último, la presentación de Mario Matus, “The Chilean economy between 1990 and 2020 through the evolution of real wages”, presenta un análisis del desempeño de los niveles de vida en Chile durante las últimas tres décadas. La evidencia incluyó series temporales de muy largo plazo (1886-2020) sobre salarios reales, además de otros indicadores económicos (PBI, inversión, inflación, desempleo, comercio exterior), a partir de los cuales el autor analizó el desempeño entre 1990 y 2020. La gran deriva ascendente de los salarios reales en este último período se explica, según Matus, por fuertes aumentos en el PBI, las exportaciones, el ahorro doméstico y el crecimiento de la productividad factorial total. Sin embargo, concluye que ese mejor desempeño en distintos indicadores salariales y de desarrollo humano durante el período pervivió con mecanismos institucionales regresivos y moderadas mejoras en los índices de desigualdad. Plantea que los indicadores más recientes estarían mostrando señales de agotamiento, por lo que habría que repensar el modelo económico; propone así reducir las brechas existentes en distintos sectores de la economía, recuperar los niveles de ingreso, manteniendo las medidas que han funcionado, pero transicionar hacia una nueva matriz productiva orientada a la producción de bienes y servicios tecnológicos.

El cuarto y último bloque incluyó la presentación de dos trabajos sobre costo de vida y niveles de bienestar en Chile. El primero, de Mauricio Casanova, se tituló “Inflation, living standards and the failure of the compromise state (Chile, 1932-1970)”, en el cual el autor propone una interpretación alternativa del estancamiento de la industrialización sustitutiva de importaciones en Chile, discutiendo el alcance de la intervención estatal durante ese periodo. Con este fin, aporta una medición de la pobreza, contrastándola con otros indicadores disponibles, para discutir el vínculo entre el modelo de industrialización, la inflación y la pobreza. El trabajo concluye que el modelo de industrialización entra en crisis en los años cincuenta debido a factores de índole política y monetaria, pero a diferencia de interpretaciones anteriores, el autor argumenta que las principales causas fueron las limitaciones de las capacidades estatales para administrar los recursos públicos. Finalmente, cerró la sesión la ponencia de José Díaz sobre “«Desarrollo humano» en Chile: 1900-2020. Un indicador básico” cuyo objetivo es caracterizar los niveles de vida en Chile entre 1900 y 2020.  Elabora un indicador de desarrollo humano que combina distintas dimensiones del bienestar –salud, educación e ingreso-–y propone alternativas metodológicas para la medición de cada dimensión. Asimismo, el autor procura identificar si los cambios que se observan en el índice son de tipo intensivo –aumentos en el nivel promedio– o extensivo –el alcance o la cobertura. Concluye que, si bien el bienestar en Chile aumentó durante el largo período de estudio, esta mejora no fue constante, ni tampoco el origen del cambio en las distintas fases históricas. A inicios del siglo XX, identifica que las mejoras fueron de tipo extensivo, a través del aumento de la matriculación y mayor cobertura de salud, mientras que, a inicios del siglo XXI, es el margen intensivo el que explica los cambios en el bienestar (a partir del crecimiento en los años de educación y el ingreso). Por último, discute la evolución del PIB per cápita y del índice de desarrollo humano propuesto, y concluye que, contrario a lo que ilustra la dinámica del crecimiento, las mejoras en el bienestar han descendido.

Fuente: Las vecindades en ciudad de México, tomado de aquí.

Nota: Un ejemplo televisivo clásico mexicano alusivo a las vecindades fue El Chavo del 8.

Ubi concordia, ibi victoria. Una agenda a futuro

La historia económica como disciplina académica cuenta en la actualidad con una vastísima producción, basada en diversos enfoques. En el caso latinoamericano, y puntualmente en lo referido al estudio de los niveles de vida, los aportes y debates han sido muy significativos en los últimos años. El impacto de la llamada primera globalización en el siglo XIX, los comienzos de la divergencia, el surgimiento de los estados de bienestar y los posteriores procesos de desregulación han sido momentos cruciales en la historia económica de América Latina en los últimos dos o tres siglos. Cómo impactaron estos cambios sobre las condiciones de vida de la población y cómo respondió cada país en este sentido fueron interrogantes clave sobre los que giraron los trabajos discutidos en la sesión. Historia global, globalización, precios, salarios reales, welfare ratios, consumo, riqueza, capital humano, desarrollo, fueron algunas de las variables o enfoques trabajados, con gran nivel de agregación y capacidad analítica.

Más allá de los interesantes resultados alcanzados, es importante remarcar que el diálogo entre distintas disciplinas y el debate sobre la aplicación de enfoques y metodologías precisa fortalecerse. Son marcadas aún las diferencias metodológicas en la factura de los abordajes, en particular entre los historiadores y economistas. Una mayor sinergia entre ambas disciplinas podría ser fundamental en este sentido. El simposio reseñado continuó el legado de sus precedentes realizados en los WEHC celebrados en Stellenbosch (2012), Kyoto (2015) y Boston (2018). La característica central de estas sesiones fue la presencia de numerosos colegas latinoamericanos o especialistas en historia de Latinoamérica, tanto en la organización como en la presentación de trabajos. Se trata sin dudas de una muy saludable iniciativa no sólo para generar nuevas contribuciones y aportes a la historia de los niveles de vida en América Latina, sino también en pos de fortalecer el diálogo y el debate multidisciplinar. Los estudios sobre niveles de vida, en especial aquellos abordados desde la historia económica, deben complementar enfoques y métodos de varias disciplinas. Sin dudas, avanzar en la construcción de una mirada conjunta y complementaria será fundamental.

[1] El aumento de la producción académica sobre las temáticas relativas a los niveles de vida latinoamericanos desde el siglo XVIII hasta la actualidad ha sido muy significativo en los últimos años. Sobre costo de vida y salarios en perspectiva histórica ver, entre otros, Astorga et al., 2005; Arroyo Abad et al., 2012, 2014, 2016; Dobado & García Montero, 2014; Dobado, 2015; Challú & Gómez Galvarriato, 2015; Djenderedjian & Martirén, 2015; Llorca & Navarrete, 2015; Moraes & Thul, 2015; Gelman & Santilli, 2018; Santilli, 2020. Sobre el tema, se recomienda también el monográfico especial sobre niveles de vida en América Latina, coordinado por Rafael Dobado, publicado en la Revista de Historia Económica/Journal of Iberian and Latin American Economic History, 38 (2020). Sobre la evolución de los estándares biológicos y antropométricos, ver, entre otros: Salvatore, 1998, 2004; Meisel & Vega, 2007; Challú, 2009; Salvatore et al., 2010; López Alonso, 2015; Llorca et al., 2021. Sobre estudios de desarrollo y capital humano, ver, entre otros, Llach, 2020; Bértola & Gatti, 2021; Prados, 2021.

[2] En el marco de los Congresos Latinoamericanos de Historia Económica (CLADHE), al menos cabe mencionar dos simposios. En el último CLADHE 7, celebrado en Lima en 2022, ver el Simposio “Precios, salarios y niveles de vida. El ingreso y el consumo en América Latina, siglos XVIII a XX” organizado por Daniel Santilli (Instituto Ravignani UBA/CONICET) y Mario Matus (Universidad de Chile). En el CLADHE 6, en 2019, ver el Simposio 19: Precios, ingreso y niveles de vida: problemas metodológicos en la agenda global, siglos XVI-XX, organizado por María Inés Moraes (Universidad de la República, Uruguay), Daniel Santilli (Instituto Ravignani, Universidad de Buenos Aires-CONICET, Argentina) y Julio Djenderedjian (Instituto Ravignani, Universidad de Buenos Aires-CONICET, Argentina) (una entrada sobre este congreso en este blog se puede consultar aquí).

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¿Cómo aplicar la minería de datos a la Historia Económica? Un ejemplo revelador

Silvana Maubrigades (Universidad de la República, Uruguay)

Malena Montano (Universidad de la República, Uruguay)

Elina Gómez (Universidad de la República, Uruguay)

RESUMEN. En esta nueva entrada al Blog, introducimos el uso de nuevos abordajes metodológicos para el análisis de discursos de forma masiva, a partir de fuentes textuales. Se presentan técnicas vinculadas a la minería de textos y clasificación con aprendizaje automático, con el fin de identificar discursos políticos que aborden la temática de género en el Parlamento uruguayo. Se presentan resultados obtenidos a partir de transcripciones de diarios de sesiones como fuentes de datos, aplicando en ellas algoritmos de clasificación, mediante la lógica entrenamiento/predicción.


Este ingreso al Blog cumple con el objetivo de presentar nuevas estrategias metodológicas para los estudios de largo plazo. Si bien ya no resulta novedoso en las ciencias sociales el uso de abordajes metodológicos para el análisis de discursos de forma masiva a partir de fuentes textuales, sigue siendo bastante escasa su aplicación en los estudios históricos.[1]

Debatiremos en estas líneas cómo utilizar herramientas de las ciencias sociales computacionales y humanidades digitales de creciente popularidad y que consideramos tienen un importante potencial en la investigación histórica. A modo de ejemplo, las utilizaremos para abordar en perspectiva histórica el estudio de la participación de las mujeres en el mercado de trabajo y los cambios ocurridos en las valoraciones sociales y políticas que dicha participación ha generado. Si bien en anteriores publicaciones dentro de este Blog, se han presentado datos cuantitativos sobre la evolución de las mujeres en el mundo del trabajo, para Uruguay y América Latina; y se ha analizado cómo repercuten las crisis económicas en los tipos de participación de varones y mujeres en el mercado laboral, el enfoque aquí presentado pretende introducir una mirada cualitativa a la manera en que piensa y expresa la sociedad sobre el papel que le cabe a las mujeres en la vida pública.

La génesis de este trabajo se ubica en una inquietud surgida a partir de analizar los cambios ocurridos en los espacios de negociación colectiva en el Uruguay[2], desde su surgimiento en la década de 1940 y hasta los años sesenta (Maubrigades, Fernández y Montano, 2021). Los resultados de dicho trabajo dan cuenta de escasos cambios en las desigualdades salariales entre varones y mujeres durante ese período, pese a que mejoran las condiciones salariales de los trabajadores en general. A la luz de estos aportes, despierta la inquietud sobre las diversas interpretaciones y debates que ha tenido la creación y puesta en práctica de un sistema de regulación salarial –como el contenido en la Ley de Consejos de Salarios, promulgada en 1943– en lo que refiere a las brechas salariales de género. Siguiendo los pasos de investigaciones precedentes (Plá, 1956), se estudiaron los debates parlamentarios que se suscitaron entre 1912 y 1947, específicamente vinculados a la discusión sobre las desigualdades salariales que caracterizaron al mercado laboral de la época y, en particular, las desigualdades por razones de género.

Entrenando al modelo

De acuerdo a la evidencia recolectada en las investigaciones precedentes, sabemos que las temáticas que involucran el debate sobre el rol de la mujer en la sociedad no están circunscritas a los temas vinculados al mercado de trabajo, sino que son variados los puntos de discusión. Un trabajo en curso, desarrollado por nuestra coautora, Elina Gómez, utilizó algunas técnicas de minería de texto y clasificación con aprendizaje automático (o machine learning) para el análisis masivo de datos cualitativos usando R, con el objetivo de testear su aplicación en el discurso político con perspectiva de género. Su objetivo fue “lograr un buen método de clasificación de texto que me permita distinguir entre las intervenciones parlamentarias en la Cámara de representantes (unidad mínima de análisis) que planteen y discutan la temática de género para luego analizar mediante variables anexas, qué representantes, partidos, sectores son los que instalan la discusión en dicha materia”.[3]

Utilizando el conocimiento previo en esta temática, se puede entrenar al modelo para identificar palabras o frases concretas, dentro de las intervenciones de los parlamentarios, que contengan referencias a los temas de género. Para el caso de las mujeres se utilizan referencias vinculadas al espacio de la familia, la maternidad, el rol de los cuidados en la sociedad, la educación de los niños/niñas y adolescentes, pero también las mejoras educativas que se dan en la población en su conjunto. Un tema que no es novedoso en la agenda de debates, aunque sí se ha vuelto muy recurrente en los últimos años, es el vinculado a la violencia y, en especial, a la violencia de género.

Figura 1. Nube de palabras en base a clasificación binaria de temas (género/no género) en corpus pre-clasificado (entrenamiento) enmarcado en las actas parlamentarias de la legislatura XLVIII (2015-2020).

Fuente: elaboración propia.

Del mismo modo, el modelo aplicado también permite distinguir aquellos temas en los que la identificación de género no es destacada o, incluso, detectar temas en los que desigualdades entre varones y mujeres no es mencionada en forma explícita, aun sabiendo de su existencia. De los temas en los que se pudo establecer la ausencia de una mirada de género en el debate parlamentario destacan aquellos vinculados a aspectos productivos y económicos y, también, relacionados a las agendas políticas de gobierno.

Sectores políticos, mujeres y varones

La técnica de recolección de información permite clasificar, en el debate en torno a las desigualdades de género, los sectores políticos que lideran la agenda de temas y también los grupos y/o fracciones que impulsan o frenan los cambios en esta temática.

Figura 2. Menciones a la temática de género en la última legislatura en Uruguay de acuerdo a los partidos políticos con representación parlamentaria (2015-2019)

Fuente: elaboración propia.

De acuerdo a los datos, resulta relevante considerar que el número de veces que apareció la temática de género en los debates parlamentarios estuvo vinculado al peso relativo de los partidos en las bancas legislativas. Pero, si bien el Frente Amplio es el partido que registró mayor cantidad de intervenciones referidas al género en términos absolutos, en términos relativos, quienes acumulan más intervenciones referidas al tema son diputadas del Partido Nacional y del Partido Colorado. Puede observarse que entre las 10 principales personas intervinientes sobre este tema, la gran mayoría son mujeres, lo que hace visible que son éstas quienes suelen poner en agenda el tema género con mayor énfasis, reafirmando la necesidad de paridad y participación equilibrada en la representación parlamentaria.

Figura 3. Parlamentarios/as que más veces menciona la temática de género en sus intervenciones (2015-2019)

Fuente: elaboración propia.

Tal como se desprende de los datos, es muy interesante acompañar el debate de estos temas con el estudio de la participación de varones y mujeres en la discusión; comprobar el peso relativo que tienen los perfiles ideológicos diferentes expresados en el poder legislativo; así como corroborar que algunas temáticas, como las vinculadas a derechos en su sentido más amplio, atraviesan las distintas orientaciones políticas y se identifican más con intereses de determinados grupos sociales, como por ejemplo las mujeres dentro de la política. Sabiendo que las mujeres tienen una presencia minoritaria en el parlamento, resulta interesante comprobar que las menciones al tema de género realizadas por mujeres son mayores respecto a las intervenciones realizadas por los varones, controlado esto por el peso relativo de ambos sexos en el total de intervenciones

Figura 4. Peso relativo de las menciones realizadas por mujeres y varones en el parlamento (2015-2019)

Fuente: elaboración propia.

La agenda de investigación y primeros resultados

Nuestra agenda de investigación tiene, como horizonte de corto plazo, la identificación de los temas que han sido parte de la agenda parlamentaria en cuanto a las desigualdades de género en los últimos 30 años en Uruguay y, en particular, el peso relativo que se le ha dado a este enfoque de derechos en el mercado laboral. Con ello, pretendemos aportar a la evaluación del impacto de las políticas públicas desarrolladas en materia de equidad y los cambios ocurridos en las valoraciones sociales expresadas en los discursos políticos.

Desde el punto de vista metodológico, estamos construyendo una base de datos utilizando como fuente las transcripciones textuales de los diarios de sesiones entre 1985 y 2019[4], a partir de técnicas de reconocimiento óptico de caracteres (OCR), considerando como unidad mínima de análisis las intervenciones parlamentarias y conformando un corpus ordenado que permite la identificación de variables de agregación como son el sexo y la etiqueta partidaria de los/as legisladores/as. Luego, se han ensayado modelos de aprendizaje automático (o machine learning)[5] orientados a la clasificación de texto, entrenados a partir de matrices de términos de intervenciones pre-clasificadas que distinguen entre aquellas que tratan la temática de género u otras temáticas de diferente naturaleza. En consecuencia, el modelo permite predecir y clasificar en un corpus más amplio y no clasificado, las menciones que se corresponden con la temática de género, así como profundizar el análisis indagando sobre la “intensidad” de la aparición del tema en la agenda parlamentaria en relación a momentos históricos, a partir de qué actores, partidos políticos y vinculados a qué temas aparecen.

Como horizonte de largo plazo, pretendemos utilizar esta metodología para estudiar el siglo XX y la evolución discursiva de la temática de género en la vida parlamentaria. Pretendemos hacer foco en las preocupaciones que trazaron el debate en torno a los cambios en el mercado laboral y su impacto en las desigualdades por razón de género. Si bien es apresurado aventurar hipótesis sobre los resultados en materia de discursos políticos sobre el rol de la mujer, sí sabemos que históricamente los debates en torno al género en el parlamento han estado fuertemente liderados por la presencia de mujeres en las bancas legislativas, las que parecen traen consigo “la responsabilidad manifiesta” de poner el tema en agenda. Ya desde principios del siglo XX Paulina Luisi, relevante figura de la militancia por los derechos de las mujeres, menciona que en el Parlamento “falta el punto de vista femenino, falta el sentir femenino, en una palabra, falta en la preparación de nuestras leyes la colaboración de la mujer” (Cuadro, 2016). Y por lo tanto, resulta preocupante que en nuestro presente sigan teniendo una mínima presencia las mujeres en las bancas de nuestro parlamento, lo que alerta sobre la dificultad de construir una agenda con equidad de género.


[1] Algunos ejemplos en esta línea podemos encontrarlos en los trabajos de Martin Saavedra yTate Twinam (2020); Shen, Zejiang, Ruochen Zhang, Melissa Dell, Benjamin Lee, Jacob Carlson y Weining Li; y Jospeh Price y co-autores (2021).

[2] La Ley de Consejos de Salarios (1943) instaura en Uruguay la negociación tripartita centralizada con participación de sindicatos, empresariado y Estado en el marco del proceso de industrialización dirigida por el Estado (1930-1950) y con un crecimiento masivo de la clase obrera urbana. Sin embargo, la llegada de la crisis económica a mediados de la década de 1950 y su prolongación durante los siguientes 15 años, puso de manifiesto las dificultades de articular los dispares intereses entre actores organizados y fortalecidos política y socialmente, lo cual derivó en la supresión del mecanismo en 1968. En sustitución, los salarios los fijarían las patronales y ya en el marco de la dictadura militar (1973-1984), ello se une a la declaración de ilegalidad de los sindicatos. La llegada de la democracia abrió́ un nuevo, pero breve, escenario de negociación tripartita que se mantendría entre 1985 y 1990. Desde entonces, se abandonó́ la negociación y su coordinación por parte del gobierno, desarrollándose una asimétrica negociación bipartita entre el empresariado y sindicatos. Recién en 2005, se reinstala la Ley de Consejos de Salarios, con iguales cometidos a los planteados en su formulación original, introduciendo como novedad que la negociación colectiva se extiende al trabajo rural, público y, posteriormente, al trabajo doméstico en 2006 (Maubrigades, Fernández y Montano, 2021).

[3] Extraído del Blog de Elina Gómez https://www.elinagomez.com/blog/2020-09-25-parlamento-genero/

[4] Para la obtención de los datos, descarga y transcripción mediante técnicas de OCR, se utilizó el software libre R (https://cran.r-project.org/) y el paquete speech: Nicolas Schmidt, Diego Lujan and Juan Andres Moraes (2021). speech: Legislative Speeches. R package versión 0.1.4. En https://CRAN.R-project.org/package=speech

[5] En particular, se ha utilizado el algoritmo de clasificación random forests.

Bibliografía

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La transición nutricional en América Latina: el caso chileno

Manuel Llorca-Jaña (Universidad Adolfo Ibáñez)

RESUMEN. En esta entrada introducimos el concepto de transición nutricional. Posteriormente examinamos y caracterizamos su temporalidad y naturaleza en Chile, concluyendo que hubo una transición nutricional en un corto período de tiempo (común en los países que se desarrollan comparativamente tarde), con un consumo promedio de energía alimentaria que aumentó de 2.600-2.700 kcal diarias por persona a poco más de 3.000 en unas pocas décadas. En Chile, como en la mayor parte de los países que han experimentado una transición nutricional (i.e. buena parte de América Latina), las opciones dietéticas se volvieron más diversas, pero también menos vegetarianas: el consumo de carne y productos lácteos aumentó drásticamente; hubo una disminución sin precedentes en el consumo de legumbres, y también hubo una reducción, menos sustancial, en la ingesta promedio de papas. Sin embargo, si se compara con el mismo proceso experimentado por la mayoría de los países desarrollados, el consumo combinado de cereales en Chile se ha mantenido inusualmente estable.


Vista interior del Antiguo Mercado de Concepción

Archivos de Nelson SurAnálogo. Diapositiva del archivo familiar del Sr. Guillermo Hetzler F., Chiguayante. Autor: Guillermo Hetzler F. (https://www.enterreno.com/moments/mercado-de-concepcion-1965).

Introducción

Durante el último siglo y medio buena parte de los países del mundo ha experimentado una profunda transformación en sus dietas, un fenómeno usualmente denominado transición nutricional (TN), y usualmente ligado a otras importantes transiciones, más familiares para los estudiosos de la historia económica mundial: la demográfica, la epidemiológica y la tecnofisiológica.

La transición nutricional en particular se caracteriza por tener algunas características salientes. Primero, una dieta monótona y principalmente vegetariana (inicialmente por debajo de estándares mínimos de nutrición) fue reemplazada por una dieta más abundante y más variada, rica en productos de origen animal (carnes y lácteos), aceites, azúcares, frutas y vegetales. Segundo, se observa una caída en el consumo promedio de varios productos, pero principalmente de carbohidratos (papas y cereales) y legumbres. Y tercero, se evidencia un aumento en el consumo promedio de calorías desde unas 2.200-2.500 kilocalorías (k/cal) diarias a unas 3.000-3.5000 k/cal por habitante. Una consecuencia de todo lo anterior es que la desnutrición fue erradicada, o bien disminuida de manera importante, en la mayoría de los países que experimentaron la TN. También se ha observado un aumento en la estatura de la población a nivel mundial, así como del índice de masa corporal. Una mejor nutrición también ha equipado mejor a la población mundial para combatir enfermedades, en particular las infecciosas.

Todo lo anterior reviste gran importancia pues las mejoras nutricionales en la población están asociadas a caídas en mortalidad y morbilidad, sobre todo infantil (directamente ligado a la transición epidemiológica), aumentos en esperanza de vida (por ello se vincula a la transición demográfica), así como a aumentos en cognición y productividad laboral (por ello se le vincula a la transición tecnofisiológica; ver Llorca-Jaña et al., 2022a). En efecto, el estado nutricional de la población se ha convertido en una importante variable de bienestar y desarrollo económico para los hacedores de política económica, en particular de políticas destinadas a mejorar la dieta de la población y/o atacar la recurrencia de ciertas enfermedades. A su vez, cabe destacar que la TN se ha producido en diferentes fases y de manera variada entre países: no ha existido un ritmo ni patrón único. Asimismo, se cree que países que se unieron tardíamente a la TN, como el grueso de los países latinoamericanos, han experimentado una TN acelerada.

Las principales variables que explican la temporalidad y naturaleza de la TN para cada país serían: aumentos de productividad en el sector agrícola (en particular la revolución agroindustrial), aumentos en ingreso medio familiar (que permiten un mayor gasto en alimentos), mejoras en transporte nacional (interno) e internacional (que abaratan la distribución de alimentos), aumentos en urbanización (y consecuentes cambios en el estilo de vida), mayor incorporación de la mujer en el mercado laboral asalariado, creciente importancia del consumo de alimentos procesados, expansión de medios masivos de comunicación y marketing, y mejoras en medios de preservación de comida (principalmente perecible). Como referencia, ver, por ejemplo, las investigaciones que se presentan en Grigg (1995), Cussó y Garrabou (2007), Caballero y Popkin (2002), Popkin (1993, 2008) y Semba (2017), entre otros.

El caso de Chile

¿Qué nos dice la evidencia para América Latina? A pesar de la riqueza de datos disponibles desde la FAO, al menos desde 1960, en particular para consumo aparente de alimentos, pocos/as investigadores/as latinoamericanos/as se han interesado en el tema.

Quizás el único país relativamente bien cubierto es Chile (ver Llorca-Jaña et. al, 2020a, 2022b). Las estimaciones de consumo per cápita de calorías diarias, así como de los principales alimentos asociados a la TN están disponibles para Chile desde 1930. De acuerdo a esta información, en la década de los años 1930 Chile consumía, en promedio, unas 2.260 k/cal por persona (ver Gráfico 1), vale decir, un nivel bajo para estándares internacionales. Dicho lo anterior, y en línea con lo anticipado por el patrón general de la TN experimentada previamente por países desarrollados, desde los años 1930s Chile experimentó un aumento moderado, pero sostenido, en su consumo de k/cal, interrumpido solo en los años 1980s (la denominada “década perdida en el desarrollo económico de América Latina), hasta casi alcanzar las 3.000 k/cal en la segunda década del presente siglo. Vale decir, de acuerdo a este indicador en particular, Chile experimentó una TN muy tardía, completada recién en el transcurso de las últimas décadas, y por tanto bastante acelerada.

Gráfico 1. Consumo per cápita de energía dietética en Chile (k/cal diarias por persona), promedios para cada década, 1930-2019

Fuente: Llorca-Jaña et al. (2022a).

Desglosando lo anterior, a nivel de ingesta de ciertos productos en particular, debemos destacar lo siguiente: el consumo per cápita de los principales cereales consumidos en Chile (trigo, maíz y arroz) se ha mantenido relativamente estable entre los años 1930 y la década del 2010, oscilando entre los 158 kgs per cápita y los 176 kgs; el consumo de papas cayó desde unos 72 kgs per cápita en los años 1930 a unos 50 kgs en los años 1990s, permaneciendo relativamente estable desde esa década; el consumo de legumbres experimentó una caída dramática, desde unos 15 kgs per cápita en los años 1930 hasta apenas 3 kgs en la última década; el consumo de carnes (vacuna, pollo y cerdo, principalmente) fue relativamente estable entre 1930 y los años 1980s (unos 30 kgs por persona al año), pero aumentó dramáticamente desde los 1990s, hasta alcanzar alrededor de 90 kgs en los últimos años; y el consumo de lácteos aumentó de manera importante entre los años 1930s y los 1960s, y luego nuevamente desde los 1990s. Todo lo anterior se resume en el Gráfico 2.

Gráfico 2. Consumo per cápita de las principales categorías de alimentos en Chile, expresado como índice, donde los años 1930s=100.

Fuente: Llorca-Jaña et al. (2022a).

Apuntes finales

Resumiendo, podemos concluir que Chile experimentó una profunda TN, que entre otras cosas le ha permitido erradicar casi por completo la desnutrición (en línea con lo encontrado por estimaciones recientes en Llorca-Jaña et al., 2021), disfrutando una dieta más variada, que a su vez es menos vegetariana, pero con ciertas peculiaridades. Es cierto que el consumo per cápita de calorías ha aumentado de manera notable, y en particular el consumo de carnes y lácteos, y que el consumo de legumbres ha caído de manera dramática, lo que estaría en línea con el patrón típico experimentado por países desarrollados. Dicho lo anterior, la alta ingesta de algunos alimentos con alto contenido de carbohidratos, como papas y pan, sigue siendo bastante hegemónico en la dieta nacional, lo que sería una diferencia con el patrón más típico de la TN de países desarrollados, o al menos del seguido por países con mayores niveles de ingreso medio que el chileno. Finalmente, cabe destacar que Chile pasó de un tipo de malnutrición (desnutrición) a otro: sobrepeso. En efecto, las altas tasas de obesidad de la población chilena también marcan una diferencia con buena parte del mundo desarrollado.

Para sacar conclusiones para el conjunto de la región, esperamos que otros/as colegas repliquen estudios similares a los existentes para el caso chileno para sus propios países. En este sentido merece especial mención el trabajo en curso de Presa y Román para Uruguay: “Consumo de alimentos en Uruguay (1900-1970): Metodología y fuentes para la elaboración de series de consumo aparente”, así como una entrada en este mismo Blog realizada por los autores.

Referencias

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Cussó, X. y Garrabou, R. (2007). “La transición nutricional en la España contemporánea: las variaciones en el consumo de pan, patatas y legumbres (1850-2000)”.  Investigaciones de Historia Económica, 3(7): 69-100.

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¿Qué relevancia tiene el sector financiero sobre el comportamiento cíclico de las economías? Una discusión desde la perspectiva latinoamericana

Maximiliano Presa (Universidad de la República, Uruguay)

Maximiliano Presa es Ayudante de Investigación en el Instituto de Economía (IECON) de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración de la Universidad de la República (Uruguay), y Ayudante en la Unidad Curricular Historia Económica del Uruguay de la misma institución. Licenciado y Magíster en Economía por la Universidad de la República, y estudiante del Programa Interuniversitario de Doctorado en Historia Económica, de las Universidades de Valencia, Barcelona y Carlos III de Madrid. Sus temas de interés están en la historia financiera, especialmente en el estudio de las crisis financieras en América Latina.

RESUMEN. La crisis financiera global comenzada en 2008 despertó a las economías avanzadas de un largo sueño, en el cual los hacedores de política económica confiaban en que habían logrado domar al ciclo económico y avanzar en sendas de crecimiento estables. La crisis disparó la realización de un gran número de trabajos académicos que trajeron al frente las explicaciones del comportamiento cíclico de las economías capitalistas basadas en los desarrollos sucedidos en el sector financiero. En esta entrada, repasaremos las principales teorías que explican los ciclos, centrándonos en la relación entre los ciclos reales y financieros. Luego, esbozaremos la evidencia actual sobre la existencia de dichos ciclos y su relación a nivel internacional, para, finalmente, introducir los primeros resultados del caso de estudio de Uruguay como un ejemplo de economía pequeña, abierta y periférica.


Cada episodio de crisis en las economías modernas nos recuerda que el crecimiento económico a lo largo del tiempo no se caracteriza por ser particularmente suave, sino que su velocidad suele variar a lo largo del tiempo. Luego de períodos de importante crecimiento, como por ejemplo la edad de oro del capitalismo en las décadas de 1950 y 1960, suelen aparecer súbitas y profundas crisis (por ejemplo, la crisis del petróleo de 1973), las cuales se resuelven con distinta celeridad y dan paso a una nueva etapa expansiva. Los historiadores económicos y los economistas suelen referirse a estas regularidades en el crecimiento moderno como “ciclo económico”. En nuestro contexto, denominaremos específicamente al ciclo en la producción como “ciclo real”, mientras que el ciclo existente en el desempeño del sector financiero será el “ciclo financiero”.

Figura 1. Izquierda: una imagen del desempleo durante la Gran Depresión. Derecha: sede de Lehman Brothers, uno de los grandes protagonistas de la Crisis Financiera Global comenzada en 2008

¿Qué explicaciones se han propuesto?

En este repaso, destacaremos tres explicaciones ensayadas para interpretar el comportamiento cíclico de las economías integradas al sistema capitalista mundial. En la primera mitad del siglo XX, especialmente en el período entreguerras, cobra fuerza una importante e influyente producción académica que se centra en caracterizar los ciclos. En este sentido, las interpretaciones que podríamos denominar “clásicas” son las primeras explicaciones a los factores detrás de los comportamientos estilizados observados. Un rápido resumen de la obra de Schumpeter (1939) y otros autores contemporáneos, nos indica la existencia de ondas o fluctuaciones de Kitchin, de Juglar, de Kuznets y de Kondratieff, las cuales se distinguen entre sí por su duración entre dos fases iguales (por ejemplo, dos picos) y sus fundamentos. Las ondas de Kitchin y Juglar se asocian al corto plazo (entre 2 y 4 años para las primeras; alrededor de 9 años para las segundas) y su explicación se basa en cambios en la conformación del capital fijo. Las ondas de Kuznets se asocian al mediano plazo (entre 15 y 22 años) y se vinculan con movimientos demográficos y migratorios, y con el comportamiento de la inversión y del mercado de trabajo. Finalmente, las ondas largas de Kondratieff (entre 45 y 60 años) se asocian con cambios radicales en el sistema productivo, principalmente vinculados con la introducción de una nueva tecnología en la esfera productiva.

Figura 2. De izquierda a derecha: Joseph Schumpeter, Thomas Sargent y Hyman Minsky.

Estas primeras interpretaciones solían ser acusadas de ser “mediciones sin teoría”[1]. Hacia la década de 1970, los modelos de la “Nueva Macroeconomía Clásica” pasaron a explicar el comportamiento cíclico de la economía agregada en base al comportamiento de un conjunto limitado de agentes representativos. Éste es modelizado, en un entorno de equilibrio general, a partir de fundamentos microeconómicos que normalmente consisten en la optimización de una función objetivo sujeta a algún tipo de restricción en el conjunto de decisiones posibles. Estas explicaciones asignan el origen de las fluctuaciones cíclicas a shocks monetarios y fiscales sucedidos sobre una situación de equilibrio. Estos shocks se transmiten al resto de la economía por medio de un conjunto de relaciones estructurales entre los componentes de la demanda, que modelan las relaciones entre individuos (Lucas, 1975; Sargent y Wallace, 1975).

Las primeras críticas a estas interpretaciones dieron lugar a los modelos de ciclo real de negocios, en donde bajo un marco analítico similar, se pone el foco en los shocks aleatorios sucedidos en el “lado real” de la economía, es decir, sobre la tecnología disponible o las preferencias de los individuos (Kydland y Prescott, 1982; Long y Plosser, 1983). Posteriormente, la incorporación en estos modelos de rigideces nominales y la incertidumbre, basadas en la tradición keynesiana, dieron lugar a los modelos “neokeynesianos”. La versión más moderna de estos modelos son los de equilibrio general dinámico estocástico (DSGE por sus siglas en inglés) y sus variantes. Aquí queremos destacar que esta línea de modelos interpretativos del ciclo económico, que conforman la corriente dominante de pensamiento en la macroeconomía actual, no asigna un rol central a la forma en que los agentes manejan sus activos financieros. A lo sumo, incorporan al sector financiero como mecanismo de transmisión de los shocks aleatorios (monetarios o reales) al resto de la economía.

Finalmente, mencionaremos a las teorías poskeynesianas que postulan la existencia de ciclos endógenos. Estas teorías, a diferencia de las de la corriente dominante, consideran a las fluctuaciones cíclicas no como desvíos de la economía respecto a una senda de equilibrio sino como un comportamiento normal, inherente a las economías capitalistas. Los ciclos en la producción son afectados por, y afectan a, el ciclo en otras variables macroeconómicas relevantes[2]. Aquí nos interesa mostrar la visión que relaciona al ciclo real con el ciclo en el sector financiero, que se basa en la Hipótesis de la Inestabilidad Financiera (HIF) de Minsky (1982, 1992). La HIF postula que en tiempos de crecimiento “tranquilo”, luego de una época de recesión y/o crisis, comienzan a gestarse las condiciones en la economía real y los mercados financieros que más tarde conducirán a un auge en el crecimiento. A su vez, en épocas de auge se generarán las condiciones que lo harán finalizar en una crisis.

Hay dos puntos centrales en la visión de Minsky acerca del ciclo económico. Primero, los cambios de los agentes en cuanto a su percepción del riesgo, quienes en épocas de bonanza y crecimiento modifican su conducta respecto a su endeudamiento y sus tenencias de activos financieros. Los cambios en las expectativas ante una situación general aparentemente favorable, tanto de quienes toman dinero como de quienes colocan saldos excedentes, conducen a “euforias” o “manías”[3], en las cuales el riesgo percibido disminuye. El comienzo del fin del auge aparece cuando los primeros problemas en los negocios más riesgosos se materializan. Lo que antes era un círculo virtuoso, en donde la afluencia de crédito y el aumento del precio de los activos permitía continuar con el auge, se transforma rápidamente en un círculo vicioso. Los malos resultados de algunos agentes revierten las expectativas favorables de otros, y de esta forma el crédito comienza a contraerse y a afectar a la economía real. Las crisis pueden derivar en estrepitosos cracks, como el de 1929 o el de 2008, o bien constituir casos con efectos más concentrados, más breves y leves, y con menores consecuencias sobre toda la economía.

El segundo aspecto a destacar en la visión de Minsky es la existencia de “sistemas de desbaratamiento” en el contexto institucional y la política económica. Estos sistemas o dispositivos permiten disminuir la magnitud de los auges económicos y, principalmente, los financieros, así como reducir los efectos negativos de las crisis. La existencia de un prestamista de última instancia ante los sucesos de corridas bancarias y la regulación macroprudencial son dos de los principales ejemplos, los cuales actúan “frenando” las manías y evitando o reduciendo los pánicos.

Antes de pasar a la evidencia empírica, no podemos dejar de mencionar algunas explicaciones ensayadas desde América Latina. Siendo la volatilidad cíclica un grave problema de largo plazo de estas economías, sus explicaciones se centran en el rol de los términos de intercambio y los movimientos internacionales de capitales (Bértola y Ocampo, 2013). Estos factores afectan a una estructura productiva especialmente dependiente de los productos primarios y del ingreso de divisas por medio del endeudamiento o la inversión extranjera directa. A esta situación se le suma un importante grado de inestabilidad institucional y política que caracteriza la historia de los países latinoamericanos, en mayor o menor medida, desde su independencia. En el contexto de esta nota, lo que interesa destacar es la existencia de una “restricción externa financiera”, en donde la entrada de capitales obedece, principalmente, a fundamentos que son ajenos a la realidad latinoamericana (Marichal, 1989; Ocampo, 2011).

¿Qué nos dice la evidencia empírica?

En los últimos años, autores como Claessens et al. (2011) y Borio (2014) han mostrado la existencia de marcados ciclos financieros al menos desde la segunda mitad del siglo XX, tanto en economías avanzadas como emergentes. Estos ciclos se manifiestan con mayor visibilidad en el crédito y en los precios de bienes raíces; se caracterizan por presentar una frecuencia menor, o, dicho de otra forma, una duración mayor respecto al ciclo real; y presentan caídas agudas y breves, con expansiones largas y lentas. Además, un resultado especialmente notable es su utilidad como predictores de crisis financieras. En cuanto a su relación con el ciclo real, la evidencia de trabajos como el de Claessens et al. (2012) o Stockhammer et al. (2019) indica una relación positiva entre ambos ciclos. Sin embargo, la dirección en la que se da esta relación resulta ambigua: en algunos resultados se tiene que el sector financiero anticipa al ciclo real, mientras que otros, se da lo contrario.

En el trabajo titulado “Ciclo financiero y ciclo económico en Uruguay: una aproximación de largo plazo (1870-2019)”[4] abordo el estudio de los ciclos financiero y real para el caso de Uruguay, una economía latinoamericana pequeña y abierta, de base ganadera. Allí encuentro, a partir del estudio del crédito interno al sector privado no financiero, un marcado componente cíclico en el comportamiento del sector financiero, con fluctuaciones de dos duraciones (promedio) distintas: aproximadamente 8 años (“ciclo corto”) y 22 años (“ciclo largo”). En el caso del ciclo real, encuentro fluctuaciones de duración promedio muy similares a las del ciclo financiero. La Figura 3 muestra las fluctuaciones encontradas, en términos de su desvío respecto al componente tendencial[5].

Figura 3. Componentes cíclicos del crédito (ciclo financiero) y PIB (ciclo real). Arriba: ciclos “cortos”. Abajo: ciclos “largos”

Fuente: Presa (2021)

Como puede apreciarse, las mayores fluctuaciones parecen darse durante la Primera Globalización (1870-1914) y, en segundo orden, durante la Segunda Globalización, a partir de la década de 1970. En lo que refiere a la relación entre los ciclos, la evidencia apunta hacia una correlación débil en los componentes “cortos”, mientras que, para los largos, es mucho más fuerte. Respecto a la direccionalidad, mientras que en la relación entre ciclos “cortos” se encontró que el crédito adelanta al PIB, en los ciclos “largos” se encontró la relación inversa.

Por lo tanto, para el caso de una economía pequeña, abierta y periférica como la uruguaya puede hablarse de la existencia de un marcado ciclo financiero, que se relaciona con el ciclo real de forma procíclica. De todas formas, el estudio puede proseguir en al menos tres aspectos. Uno, considerar el rol de los flujos de capitales sobre el ciclo financiero, aspecto muy destacado en la literatura latinoamericana y que ha dado lugar al concepto de restricción externa financiera mencionado anteriormente. Otras variables como la tasa de interés de referencia y los precios de algunos activos reales y financieros también pueden incorporarse al análisis. El segundo, internalizar las diferencias que existen en los regímenes monetarios-cambiarios-financieros a lo largo de los 150 años estudiados, discriminando la relación entre dichos regímenes. Y, finalmente, estudiar la relación entre ambos ciclos poniendo el foco en los momentos de crisis.

[1] La acusación provenía de los economistas de la “Cowles Commission”, institución norteamericana, e iba dirigida al énfasis en la evidencia empírica del National Bureau of Economic Research (NBER), otra reconocida institución norteamericana. Hendry y Morgan (1995) repasan esta controversia.

[2] Stockhammer (2019) hace un conciso repaso de las principales teorías poskeynesianas de ciclos endógenos.

[3] La terminología remite a la obra de Kindleberger y Aliber (2015): Manias, Panics and Crashes: a history of financial crises, cuya edición original data de 1978.

[4] Trabajo final para obtener el título de Magíster en Economía, disponible aquí.

[5] Las estimaciones fueron realizadas mediante la especificación de modelos estructurales de series temporales, que plantean la existencia de un componente tendencial, otro irregular y uno cíclico (que puede ser la combinación de ciclos con varias frecuencias).

Referencias

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El comercio exterior latinoamericano en perspectiva histórica

Agustina Rayes (CONICET, UNSAM)

Agustina Rayes es Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y Profesora Adjunta en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) de Argentina. Licenciada en Relaciones Internacionales y Licenciada en Historia por la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) y Doctora en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Se especializa en historia económica latinoamericana.

RESUMEN. El comercio exterior ha constituido uno de los sectores más revisitados por la historiografía económica que estudia el desempeño de los países latinoamericanos. Aquí, presentamos algunos de los principales aportes publicados en un dossier en el Anuario del Centro de estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo (CEEED) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (FCE-UBA). El número especial fue coordinado por Agustina Rayes y contó con la participación de Sabrina Siniscalchi, Henry Willebald, Atenea Castillo, Gustavo Gil, Luis Felipe Zegarra, José Díaz-Bahamonde y Cristián Ducoing.


En diciembre de 2021 se publicó en el Anuario del CEEED de la FCE-UBA un dossier titulado “Temas y problemas del comercio exterior sudamericano en perspectiva histórica”.  Este número especial refleja el papel del intercambio mercantil internacional de la región que, sin lugar a dudas, ha sido un tema ampliamente estudiado desde distintos ángulos. Estudios de caso, enfoques generalistas, reconstrucción de indicadores comparativos, análisis cortoplacistas centrados en alguna coyuntura crítica o visiones de largo aliento son las muchas maneras en que se aproximaron quienes se han dedicado al problema.

Algunas cuestiones para pensar la problemática

Muchas cuestiones han atravesado el estudio del comercio exterior latinoamericano en general, y sudamericano en particular, con una mirada histórica. Aquí mencionaremos solo algunas de las que fueron recuperadas en el dossier publicado.

Para empezar, debemos incluir los debates que desde el siglo pasado se han librado en torno a la fiabilidad de los datos para la reconstrucción de series de largo plazo. En este sentido, la discusión acerca de la validez de la información, y la consecuente crítica de fuentes, no solo se ha transformado en un punto de partida sino también en un problema en sí mismo (Federico & Tena, 1991). Así, la operación intelectual no se ha detenido solo en el cuestionamiento a las estadísticas oficiales sino que ha avanzado sobre las alternativas para corregirlas a fin de alcanzar mayor precisión y comparabilidad –entre épocas y países o regiones (Tena, 1992). Sobre este punto, cabe reconocer, por un lado, que naturalmente la data disponible condiciona la evaluación que se pueda hacer y que, por el otro, tal vez porque se trató de uno de los pocos sectores para los que tempranamente hubo registros, la relevancia de la reconstrucción de estas series de comercio externo se explica debido a que, mientras más nos alejamos de la actualidad, más significativo fue el desempeño del sector para dar cuenta de la economía en general a falta de series de otras variables.

Luego, el papel del Estado y de las políticas públicas en relación al comercio exterior ha sido un tema que implícita o explícitamente ha sobrevolado la literatura dedicada al tema (Bértola & Gerchunoff, 2011). Los debates alrededor de la intervención de las agencias estatales (o de actores que actuaron en su nombre), así como de la eficacia de las medidas tomadas para promover o arbitrar el intercambio externo, han formado parte de la tradición de estudios. Y ello no sorprende si pensamos en la alta dependencia fiscal que los estados latinoamericanos han tenido de los gravámenes a las exportaciones e importaciones, así como de la performance exportadora como uno de los motores de crecimiento del resto de la economía.

Finalmente, el perfil exportador en el sentido de la concentración (o no) en productos y en destinos ha sido un aspecto frecuentemente revisitado para evaluar el funcionamiento de esquemas de crecimiento. En general, ha primado la idea de que, a mayor desconcentración tanto en la composición como en la distribución de las ventas externas, menor riesgo y, en consecuencia, más chances de que una buena performance sea sostenida en el tiempo (Bulmer Thomas, 2010).

Las investigaciones presentadas

La reconstrucción de las importaciones uruguayas, 1870-1913

Este artículo constituye un avance en la reconstrucción de las importaciones de Uruguay durante el período conocido como Primera Globalización. Estudios previos se habían abocado a la revisión de las series de exportaciones (Baptista & Bértola, 1999; Bonino Gayoso, Tena-Junguito, & Willebald, 2015), lo cual es lógico dada la diferencia en la complejidad de una y otra canasta.

Debido al rol que las importaciones tuvieron al representar entre el 15% y el 25% del PBI, así como significar entre el 40% y el 90% de los ingresos del estado uruguayo durante el período estudiado, la contribución de Sabrina Siniscalchi, Henry Willebald, Atenea Castillo y Gustavo Gil, va más allá de la discusión sobre fiabilidad y precisión de los datos de comercio exterior.

La investigación aborda y describe críticamente los diversos problemas en el registro de las estadísticas oficiales uruguayas. Al hacerlo, repara en dos elementos distorsivos: el comercio de tránsito y los valores de aforo. Por la relevancia fiscal de las importaciones, tras un ejercicio de chequeo del volumen importado y del potencial consumo doméstico de diferentes bienes de consumo, los autores arribaron a la conclusión de que, a diferencia de lo ocurrido con las exportaciones, los bienes que estuvieron en tránsito no fueron efectivamente asentados como importaciones. En cambio, reconocieron como un gran problema la forma de valoración, ya que, como en el resto de América Latina, los productos se valuaron de acuerdo a valores oficiales que solo esporádicamente se actualizaban en relación a los precios de mercado.

La estadística oficial uruguaya ha sido la base de todas las reconstrucciones de series de comercio exterior durante el período conocido como Primera Globalización, c. 1870-1913.

Precio, infraestructura y crecimiento de las exportaciones peruanas entre 1885 y 1913

En su artículo, Luis Felipe Zegarra muestra el crecimiento, en términos generales y específicos (por productos), de las exportaciones peruanas durante 1885-1913. Al hacerlo, observa algunos rasgos que permiten vincular hasta qué punto los precios y el desarrollo de infraestructura fueron factores que impulsaron las ventas externas del país.

En primer lugar, a diferencia de lo que ocurrió con la mayoría de los países de la región, la senda de crecimiento de las exportaciones durante la Primera Era Exportadora (c. 1880-1930) no alcanzó los niveles de la etapa 1830-1870. Segundo, en términos relativos, la canasta exportadora fue variada (Badía-Miró, Carreras-Marín, & Rayes, 2016), dado que exportó productos mineros (plata y cobre), agropecuarios (azúcar, algodón y lana) y forestales (caucho), extraídos de distintas regiones (Zegarra, 2019). Tercero, hubo otros factores más allá del aumento o la baja de precios que impulsaron al sector exportador peruano. En este sentido, como en otros casos de la región, fue determinante el rol del ferrocarril para aumentar el volumen y la variedad de bienes ofrecidos al exterior (Gerchunoff & Llach, 2008).

La Guerra del Pacífico (1879-1883) fue un punto de inflexión en los ciclos de crecimiento de las exportaciones peruanas por su impacto negativo dadas la pérdida de territorios y la destrucción de la infraestructura.

La Junta Exportadora de Granos en Chile, 1930-1942

Si bien la Gran Depresión impactó a todos los países, fue un fenómeno que afectó particularmente a Chile (Knight, 2015). José Díaz-Bahamonde estudió la Junta Agrícola de Exportación entre 1930 y 1942, que fue una de las herramientas del gobierno chileno para enfrentar la Gran Depresión.

El organismo fue innovador en relación a la historia del país en cuanto a la intervención en los precios en un sector que en la época llegó a aportar casi un sexto del PBI y que empleaba al 40% de la mano de obra. No obstante las diversas políticas, el artículo muestra que la Junta fue parte de un conjunto de medidas poco articulado, con problemas no solo en su diseño administrativo sino también en la capacidad de ejecución, lo que se explica tanto por objetivos mal planteados y contradictorios como por la falta de coherencia con otras agencias gubernamentales. Así, concebida en el marco de mayor intervención estatal, la Junta Agrícola de Exportación debía controlar el mercado interior, es decir, tener capacidad de fijar precios del trigo, harina y pan, lo que supuso contradicciones con metas y funciones de otras reparticiones gubernamentales. También debía promover las exportaciones, lo que no fue un problema dado el excedente de producción. Y, finalmente, debía estimular la producción local, el aspecto más exitoso de todos.

Carlos Ibáñez del Campo fue el presidente chileno que debió enfrentar la Gran Depresión y tomar medidas como la creación de la Junta Agrícola de Exportación.

Exportaciones mineras y desarrollo minero en Chile en el largo plazo, 1850-2000

Desde una perspectiva largoplacista y con un enfoque de sostenibilidad débil, en boga en la historiografía (Ducoing & Peres-Cajías, 2021), la investigación de Cristian Ducoing confirma la premisa de que la explotación de recursos naturales y su exportación han dejado magros resultados en economías de la región.

En este sentido, estudia si las rentas entre aproximadamente 1850 y 2020, procedentes de exportaciones mineras en Chile, fueron reinvertidas proporcionalmente en capital humano y físico, considerándola como una forma que tienen las generaciones presentes de compensar a las generaciones futuras. El caso escogido es paradigmático, dado que la minería llegó a significar el 80% de los ingresos estatales y entre dos tercios y el 90% de las exportaciones entre mediados del siglo XIX y la década de 1970, cuando su descenso relativo la mantuvo, de todos modos, en el orden del 50%. Más allá de los ciclos a los que estuvo expuesto el sector, según las series temporales de largo plazo reconstruidas, no solo crecieron las exportaciones, sino que hubo avances en las inversiones en equipo y maquinaria y en educación. Sin embargo, el país no ha podido sustituir la extracción de recursos no renovables en inversiones para las generaciones futuras, especialmente durante el llamado “superciclo” de la historia reciente.

Dentro de las exportaciones chilenas tradicionalmente han destacado las mineras. Las minas de cobre son una de las fuentes incluso en la actualidad.

Bibliografía

Badía-Miró, M., Carreras-Marín, A., & Rayes, A. (2016). La diversificación del comercio de exportación latinoamericano, 1870-1913. Los casos de Argentina, Chile y Perú. En C. Zuleta, M. A. Lopes, M.-A. Lopes, & M. C. Zuleta (Edits.), Mercados en común. Estudios sobre conexiones, negocios y diplomacia en las Américas (siglos XIX y XX) (págs. 45-77). México: El Colegio de México.

Baptista, B., & Bértola, L. (1999). Uruguay 1870-1913: indicadores de comercio exterior. Jornadas de la Asociación Uruguaya de Historia Económica (págs. 1-17). Montevideo: AUDHE.

Bértola, L., & Gerchunoff, P. (2011). Institucionalidad y desarrollo económico en América Latina. Santiago de Chile: AECID.

Bonino Gayoso, N., Tena-Junguito, A., & Willebald, H. (2015). Uruguay and the First Globalization On the accuracy of export performance, 1870-1913. Revista de Historia Economica – Journal of Iberian and Latin American Economic History , 33 (2), 287-320.

Bulmer Thomas, V. (2010). La historia económica de América Latina desde la Independencia. México: FCE.

Ducoing, C., & Peres-Cajías, J. (2021). Natural Resources and Divergence. A Comparison of Andean and Nordic Trajectories. Londres: Palgrave Macmillan.

Federico, G., & Tena, A. (1991). On the Accuracy of Foreign Trade Statistics (1909-1935). Explorations in Economic History (28), 259-273.

Gerchunoff, P., & Llach, L. (2008). «Antes y después del «corto siglo XX». Dos globalizaciones latinoamericanas (1850-1914 y 1980s-2000s)». XXI Jornadas de la Asociación Argentina de Historia Económica (págs. 1-52). Caseros: Asociación Argentina de Historia Económica.

Knight, A. (2015). Panorama general de la gran depresión en América Latina. En A. Knight, & P. Drinot, La gran depresión en América Latina (págs. 347-423). México: Fondo de Cultura Económica.

Tena, A. (1992). Las estadísticas históricas del comercio internacional: fiabilidad y comparabilidad. Madrid: Banco de España.

Zegarra, L. F. (2019). Exportaciones y su impacto en la economía. El caso de Perú, 1830-1930. En S. Kuntz-Ficker, La Primera Era Exportadora reconsiderada: Una revaloración de su contribución a las economías latinoamericanas (págs. 328-367). México: El Colegio de México.

Hacia una revisión histórica de las cuentas nacionales y regionales en América Latina. A propósito de una sesión del CLADHE VII (Lima 2022)

Juan Ignacio Pérez E. (Universidad de Chile)

Juan Ignacio Pérez es Doctor en Historia, Profesor de Historia Económica en la Facultad de Economía y Negocios, Universidad de Chile, e Investigador Postdoctoral del Departamento de Ciencias Históricas, Universidad de Chile. Sus principales líneas y proyectos de investigación se centran en el estudio del desempeño económico en el largo plazo, el cambio estructural y la urbanización de Chile en perspectiva comparada, así como la distribución territorial de la actividad económica en el contexto de economías periféricas y dependientes (jpereze@fen.uchile.cl).

RESUMEN. Durante el último CLADHE (Lima, Perú), un grupo de investigadores de distintos países de Iberoamérica participamos de una sesión para discutir los avances más recientes de investigaciones relativas a cuentas nacionales históricas de América Latina. En este post repasamos los trabajos presentados y damos una panorámica de lo principal del debate.


Para la historia económica, en especial para aquella de corte más bien cuantitativo, el trabajo de Angus Maddison (1926-2010) es un hito que marca un antes y un después en la discusión internacional sobre crecimiento y convergencia global en el largo plazo.

Indagando sobre la divergencia de ingresos entre países, en especial a partir de la Revolución Industrial británica, Maddison ensayó durante décadas diversos métodos, la mayoría indirectos, para estimar estadísticamente la evolución del nivel de los ingresos en diversos países del mundo, llegando hasta atrás a épocas tan tempranas como el Imperio Romano en el siglo I. El indicador escogido por Maddison fue el PIB per cápita, dado su capacidad para sintetizar estadísticamente tanto valores de producción como de ingreso medio. Al mismo tiempo, para asegurar una base de comparación que se ajustara a los distintos niveles de precios presentes en el mundo, Maddison transformó las series de cada país a dólares internacionales de 1990, así llamados porque los tipos de cambio se ajustan a indicadores de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) de ese año.

El trabajo de Maddison sobre crecimiento y divergencia de ingresos entre países ha sido sujeto de numerosas críticas, tanto teóricas como metodológicas[1]. Así, se ha abierto una larga discusión de corte metodológico sobre la mejor manera de comparar niveles de PIB per cápita entre países en fechas alejadas en el tiempo del año base utilizado por Maddison, ya que mientras mayor sea la distancia de 1990 hacia atrás, mayor será la distorsión producida por los sistemas de precios para efectos de comparación entre países. Por último, numerosos especialistas han cuestionado las series de crecimiento utilizadas por Maddison para países y grupos de países, y han aportado nuevas estimaciones, utilizando métodos ya probados o ideando nuevas metodologías que permitan dar cuenta de mejor manera tanto de las trayectorias de crecimiento como del nivel de ingreso per cápita de los países en fechas determinadas del tiempo.

Desde el lanzamiento del Maddison Project en 2010 y la consiguiente creación de un corpus estadístico estandarizado sobre la evolución del PIB per cápita en el largo plazo para gran parte de los países, la discusión sobre los constructos estadísticos de Maddison y sus sucesores a lo largo del mundo se ha intensificado, dando lugar a sucesivas revisiones de la base de datos en 2013, 2018 y 2020, respectivamente. Las revisiones no sólo han incorporado cambios en la base de comparación de las PPA, introduciendo o eliminando benchmarks históricos de distinta índole que permitan comparar los ingresos per cápita de un país con otro en un punto determinado del tiempo, sino que también, aunque de manera más silenciosa, han ido actualizando y completando las series nacionales con nuevos aportes de investigadores.

Durante el reciente VII Congreso Latinoamericano de Historia Económica (Lima, 2022), un grupo de investigadores de distintos países de la región organizamos una sesión para discutir los avances más recientes de investigaciones relativas a cuentas nacionales de América Latina –en particular del PIB– en el largo plazo. El simposio, organizado además como un homenaje y en memoria del Prof. Bruno Seminario de Marzi (1957-2021), se realizó el viernes 4 de marzo de 2022, reuniendo a 13 ponencias y 19 investigadores, que discutieron nuevas estimaciones de PIB nacional para el siglo XIX y la primera mitad del XX, estudios sobre ciclos económicos en el largo plazo, y nuevas estimaciones de PIB a escalas administrativas menores. A partir de esos tres ejes temáticos, la sesión se organizó en tres segmentos: en el primero, compuesto de 7 ponencias, se presentaron las estimaciones más recientes de la región sobre PIB, ya sea a nivel agregado o por rama de actividad; en el segundo, compuesto de 2 ponencias, abordó las discusiones sobre ciclos económicos derivados de dichas estimaciones; y en el tercero, compuesto de 4 ponencias, se abordaron trabajos relativos a PIB a escala subnacional, ya sea regional o bien a nivel de división administrativa menor. El primer bloque fue abierto por el Prof. Felipe Portocarrero y el tercero por el Prof. Carlos Contreras, quienes dedicaron unas sentidas palabras recordando al Prof. Bruno Seminario Marzi, con quien compartieron muchos años de amistad y vida universitaria.

Bruno Seminario de Marzi (1957-2021)

Esfuerzos recientes de estimación del PIB

La sesión se abrió con una ponencia de André Hofman, académico de la Universidad de Santiago de Chile, quien realizó una síntesis del estado en que se encuentran las investigaciones sobre crecimiento económico en la región, y presentó un estudio sobre “Crisis y recuperaciones en Latinoamérica desde la independencia”, en el que analizó el desempeño económico de los países de la región entre 1820 y 2016 a partir de la base de datos del Maddison Project, revisión 2020. A continuación, Alfonso Herranz (Universidad de Barcelona) expuso un trabajo elaborado junto a Sandra Kuntz-Ficker (Colegio de México) sobre “Crecimiento económico en México en el siglo XIX: una re-evaluación”, en el cual revisan las estimaciones del PIB agropecuario de dicho país empleando un método indirecto basado en series de salarios reales de trabajadores no calificados. Por su parte, Adolfo Meisel (Universidad del Norte, Colombia) presentó una “Reconstrucción de las exportaciones colombianas, un análisis de largo plazo, 1774-2000”, en donde presenta una nueva serie de largo plazo en valores constantes a partir del uso de un nuevo deflactor. Atenea Castillo (Universidad de la República, Uruguay), Julio César Reyna (Universidad de Barcelona) y Alfonso Herranz (Universidad de Barcelona), presentaron, a su vez, una estimación del PIB de Ecuador desde 1900 en adelante, que permite cubrir un nuevo segmento temporal en la contabilidad nacional de dicho país.

Ponencia de Alfonso Herranz y Sandra Kuntz-Ficker, “Crecimiento económico en México en el siglo XIX: Una re-evaluación”

En otro ámbito temático, se presentaron dos trabajos sobre estructura por ramas de la actividad económica en el largo plazo. En el primero, Henry  Willebald (Universidad de la República, Uruguay) y Carolina Román (Universidad de la República, Uruguay) expusieron una ponencia titulada “La relevancia de la producción no material para el crecimiento: estimaciones históricas del PIB de los servicios en Uruguay, 1870-2017”, en donde reconstruyeron las cifras de valor agregado por origen industrial para el sector terciario de la economía durante todo el período en cuestión, las que a su vez modifican las cifras agregadas de PIB. Juan Ignacio Pérez (Universidad de Chile), en tanto, presentó una ponencia sobre “Crecimiento y cambio estructural en una economía exportadora: el caso de Chile, 1860‐1940”, en el cual mostró los resultados de la estimación de valor agregado para 8 ramas nuevas de la economía (principalmente servicios), lo que permite contar con series continuas de valor agregado por rama de actividad desde 1860 a 2022. Por último, José Díaz‐Bahamonde (Pontificia Universidad Católica de Chile) presentó una nueva serie de “Indicadores mensuales de actividad económica en Chile, Siglo XXI”, que abarca desde 1928 hasta la actualidad.

En la discusión que se generó a continuación, se evaluaron los distintos métodos utilizados, como la utilización de años base, la falta de datos directos sobre producción para el sector servicios y la idoneidad de los métodos indirectos basados en salarios reales, discutiéndose también la periodización establecida para analizar el desempeño en el largo plazo de los países de la región. 

Crecimiento, desarrollo y ciclos

El segundo bloque incluyó dos ponencias, abriendo un debate muy rico e interesante sobre la ocurrencia de los ciclos, sobre el concepto de regularidad en los procesos económicos que traen consigo y sobre el respaldo teórico que da soporte a su identificación y contabilidad.

Vanessa Berrocal (Universidad del Pacífico, Perú) y Luis Palomino (Universidad del Pacífico/BID), en un trabajo que habían comenzado como asistentes del Prof. Bruno Seminario (también autor de la ponencia) presentaron el paper titulado “Desarrollo y ciclos de larga duración en el Perú (1795-2020)”. En tanto, el Prof. Alfredo Erquizio (Universidad de Sonora, México), presentó la ponencia titulada “Ciclos económicos en el Perú: tres perspectivas”.

La constatación de ciclos en las variables económicas –habitualmente se hace referencia al PIB, pero se identifican, también, en otras variables–, sus diferentes modalidades (Kitchin, Juglar, Kuznets, Kondratieff, clásico de Mitchell, de Lucas), su teorización y modelística abrieron espacios de discusión muy valiosos en torno a la idea de regularidad o no en las evoluciones económicas, su volatilidad y recurrencia, las formas de difusión y el rol que le cabe a la política económica.

«Ciclos económicos». Autor: Equipo editorial, Etecé de Argentina. Para: Concepto de. Disponible en: https://concepto.de/ciclos-economicos/. Última edición: 5 de agosto de 2021. Consultado: 24 de marzo de 2022. Fuente: https://concepto.de/ciclos-economicos/#ixzz7OpsSvTMI

PIBs a escala subnacional

El último bloque estuvo destinado a una tercera área emergente, y que al igual que las otras dos, fue parte de la agenda de investigación del Prof. Bruno Seminario: la contabilidad de producto a escala subnacional. De hecho, las primeras tres ponencias de esta sección correspondieron a trabajos realizados junto al Prof. Seminario o bien guiados por él. El bloque permitió presentar métodos novedosos de estimación de PIB a nivel de divisiones administrativas menores utilizando datos satelitales de luz nocturna, así como indagar en las tendencias de largo plazo en la distribución territorial del producto. En ese sentido, las ponencias se alejaron de los análisis estándar de convergencia entre regiones, para adentrarse en los condicionantes estructurales de largo plazo en la distribución territorial del producto y sus nexos con los movimientos demográficos, la estructura económica y la influencia del carácter periférico de las economías latinoamericanas sobre la concentración territorial de la actividad económica.

La primera ponencia del bloque estuvo a cargo de María Alejandra Zegarra (Fondo Monetario Internacional) y Luis Palomino (Universidad del Pacífico/BID), quienes presentaron la “Evolución del espacio económico en Perú desde 1795”, en donde evaluaron las tendencias de largo plazo en la evolución del espacio económico del Perú. En la segunda ponencia, en tanto, Luis Palomino (Universidad del Pacífico/BID) expuso los resultados de una investigación iniciada junto a Bruno Seminario sobre “Estimación del PIB a nivel subnacional utilizando datos satelitales de luminosidad: Perú, 1993-2018”. Utilizando la misma metodología, pero esta vez para Chile, Gabriel Carvallo (Universidad de Chile) presentó el trabajo “Tendencia a mediano plazo de la actividad económica a nivel territorial en Chile: una aproximación a través de datos satelitales de luminosidad, 1992-2019”, trabajo realizado en conjunto con Juan Ignacio Pérez (Universidad de Chile), Luis Palomino (Universidad del Pacífico/BID) y Bruno Seminario† (Universidad del Pacífico). Por último, Mauricio Talassino (Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, Argentina), Esteban Nicolini (Universidad Carlos III, España) y María Florencia Aráoz (Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, Argentina) presentaron “Dinámica de la actividad económica argentina a nivel departamental: elaboración de indicadores y análisis espacial y temporal”, donde elaboraron indicadores de producto históricos a nivel de divisiones administrativas menores para Argentina, ilustrando la metodología para 1895 y 1960.

Ponencia de Gabriel Carvallo, en conjunto con Juan Ignacio Pérez, Luis Palomino y Bruno Seminario†, “Tendencia a mediano plazo de la actividad económica a nivel territorial en Chile: una aproximación a través de datos satelitales de luminosidad, 1992-2019”

Apuntes finales

La estimación de cuentas nacionales históricas es un campo de investigación fértil en la historia económica y, en particular, para América Latina, donde el esfuerzo de investigación de las últimas dos décadas parece abrir la posibilidad de contar con una revisión y actualización relevante de las estimaciones disponibles o más tradicionales. Mayor cobertura temporal –para adentrarse en el siglo XIX–, la inclusión de nuevos sectores –como los servicios– y la creciente relevancia de los análisis a escala subnacional, son algunos de los aspectos que permiten conceptuar la entrada a una nueva etapa en la construcción de cuentas nacionales históricas en América Latina. Ello, combinado con algunos esfuerzos por trascender el enfoque de la producción para considerar, también, la definición del PIB desde el lado de la demanda (o gasto) y desde el lado del ingreso contribuyen a fundar este optimismo.

En julio, estaremos organizando una nueva sesión temática en el World Economic History Congress, en Paris, con la expectativa de conocer e identificar más de estos esfuerzos de investigación, ganar en consistencia metodológica y avanzar en la posibilidad de nuevos –y mejores– trabajos comparativos.


[1] Una de las críticas metodológicas más habituales es el uso del PIB como indicador para comparar economías preindustriales en las que la asignación de recursos no necesariamente se realizaba en mercados competitivos, por lo que el uso de dicho indicador para comparar economías preindustriales sería una muestra de anacronismo. Una segunda crítica, mucho más compleja, se relaciona con el uso del PIB per cápita como indicador de bienestar. No ahondaremos en estas críticas en este breve texto, ya que en sí mismas son de suficiente envergadura como para posts independientes.

Mercado de trabajo en América Latina e impacto de las crisis económicas, desde una perspectiva de género

Silvana Maubrigades (Universidad de la República, Uruguay)

RESUMEN. En diciembre, la Revista Uruguaya de Historia Económica (RUHE) publicó un special issue referido a la evolución histórica del mercado laboral latinoamericano abordado desde una perspectiva de género. El número fue editado por mí, junto a la Prof. María Camou, y, dado la relevancia del tema y que el mismo ha sido parte de mis entradas anteriores (Género y desigualdades durante las crisis ¿qué aporta una mirada de largo plazo?; y Cambiar para participar. Transformaciones personales y sociales que expliquen la oferta de mano de obra de mujeres en América Latina desde 1950), entiendo conveniente compartir mis reflexiones sobre estas investigaciones recientes.  


La evolución de los mercados de trabajo, vistos con el lente de las relaciones de género, es un campo de investigación muy nutrido y que no deja de crecer. La literatura que existe es abundante y procura presentar, discutir y comprender las condiciones bajo las cuales las diferencias de género en el ingreso y la distribución de los ocupados muestran persistentes diferencias salariales entre mujeres y varones, así como las barreras –implícitas o explícitas– a las trayectorias laborales de las mujeres. No obstante, la consideración de estos temas en la historia económica es menos frecuentado por los investigadores y su alcance ha sido más limitado (temática y temporalmente).

Figura 1. Condiciones, diferencias y barreras

Es más, en América Latina todavía estamos en proceso de construir una mirada de largo plazo con la cual poder analizar las raíces de las diferencias de género presentes en el mercado de trabajo actual, explicarlas y, por qué no, contribuir en el diseño de políticas públicas que permitan mitigar y resolver las desigualdades.

Los artículos incluidos en el special issue son el resultado de la iniciativa y colaboración de un grupo de investigadores e investigadoras con quienes hemos intercambiado en forma intensa en los últimos años y con quienes hemos cooperado en diversos ámbitos. Los Congresos Latinoamericanos de Historia Económica (CLADHE) y los de la Asociación Internacional de Historia Económica (IEHA) han sido instancias de trabajo frecuentes para intercambiar diversos enfoques sobre la intersección entre los estudios de género y mercado de trabajo en América Latina.

América Latina y sus crisis recurrentes

Motivados por un rasgo típico de la economía latinoamericana, que es la recurrente ocurrencia de crisis, la convocatoria de artículos estuvo focalizada en el impacto de las crisis económicas en la incorporación y las trayectorias de varones y mujeres en el mercado laboral. La volatilidad del crecimiento es un rasgo histórico de la economía latinoamericana, vinculado a su dependencia del comercio exterior, la variabilidad de los precios internacionales de sus commodities, así como a las relevantes transformaciones demográficas de su intrincado entramado social.

De todas maneras, las crisis son también períodos donde se producen cambios significativos en el mercado de trabajo y tienen, generalmente como resultado, un incremento de la desigualdad. Durante los tiempos de crisis, se agudiza la segmentación del mercado de trabajo y el incremento de las mujeres en aquellos sectores de la economía considerados feminizados, especialmente en el sector del comercio y los servicios y, en estos últimos, particularmente en aquellos de carácter personales y sociales, con una especificidad marcada, que es la que representan los servicios domésticos. También en estas coyunturas se observa una caída de los salarios y una precarización de las condiciones laborales, lo que dificulta visualizar el acceso de las mujeres al mercado de trabajo en estos períodos como una oportunidad de equiparación en el mundo laboral. Por estas razones, la propuesta fue analizar, desde diversas perspectivas, el impacto de las crisis económicas en los países del Cono Sur Latinoamericano durante el Siglo XX.

Argentina al final del siglo XX

Para el caso de Argentina, Martín Cuesta, Ernesto Curvale y Camila Scuzzarello, abordan un período reciente de la economía del país, donde se identifica un incremento significativo de las mujeres en el mundo del trabajo, especialmente en un contexto de apertura y liberalización de la economía. El cambio estructural que se procesa en la Argentina desde la década de 1970 y hasta entrada la década de 1990 tiene un fuerte impacto en la determinación de las trayectorias laborales de las mujeres que se incorporan a la mano de obra. En particular, se comprueba la fuerte presencia de las mujeres en el sector de los servicios, tanto en los puestos de trabajo calificados como en los sectores con menor demanda de calificación.

Figura 2. 1984: primer 8 de marzo en democracia en Argentina.

Fuente: Archivo Hasenberg-Quaretti, de los fotógrafos Brenno Quaretti y Mónica Hasenberg. https://latfem.org/un-8-de-marzo-en-argentina-pero-de-1984/

En todos los casos, puede afirmarse que la mayor presencia de las mujeres en el mercado de trabajo estuvo condicionada, aunque no en forma exclusiva, por el impacto de la crisis económica y la necesidad, por parte de las familias, de incorporar trabajadores adicionales para equilibrar el presupuesto de los hogares. Estos resultados nos llevan a destacar dos aspectos significativos; por un lado, reafirmar el peso significativo que tiene el trabajo de las mujeres en los momentos de recesión económica, no sólo en el incremento de su participación dentro de la mano de obra, sino especialmente reforzando sectores claramente feminizados como el de los servicios. En línea con lo anterior, la presencia mayoritaria de las mujeres en esta actividad muestra, no obstante, una polarización en su participación entre el binomio trabajos calificados y no calificados, lo que podría contribuir a que persista la brecha salarial por razón de género e incluso que se profundice dentro de la mano de obra femenina.

Brasil a principios del siglo XX

Para el caso de Brasil, Molly Ball concentra su análisis de las crisis desde una perspectiva diferente, procurando analizar cómo una de las dimensiones de mayor impacto en el mercado laboral, como es la educación, tiene un rol decisivo en la posterior inserción de varones y mujeres en la fuerza de trabajo. Para ello, estudia el desarrollo de la educación primaria pública desde finales del siglo XIX y hasta 1930 en el estado de San Pablo. El interés de este estudio radica en los cambios particulares que tuvo la política educativa en la región, destacando un impulso inicial de la inversión en la enseñanza primaria y una posterior caída en el gasto público destinado a ese sector.

Figura 3. Ecolas Reumidas de Dois Córregos, em Piracicaba, 1924.

Fuente: Coleção Washington Luís / Acervo MRCI/MP/USP Escolas Reunidas de Dois Córregos, em Piracicaba, 1924Coleção Washington Luís / Acervo MRCI/MP/USP https://revistapesquisa.fapesp.br/arquitetura-do-saber/

También analiza el rol que tuvo la demanda de la población por el acceso a la educación y cómo los cambios ocurridos en la conducción política del estado afectaron en forma significativa a las generaciones en edad escolar. Como corolario, el trabajo muestra que las tasas de alfabetización se ven fuertemente afectadas por las políticas productivas y sociales; y cómo las crisis económicas y su impacto en las políticas públicas termina impactando en forma desigual entre varones y mujeres. Si bien este es un estudio parcial, enmarcado en la gran diversidad que es el caso de Brasil, se confirma la clara determinación que tienen las políticas públicas en los cambios ocurridos en el mercado de trabajo en el mediano y largo plazo. Pero, además, también nos permite encontrar, en el temprano siglo XX, las claras demandas de las familias trabajadoras por mejorar los niveles educativos de futuras generaciones y no sólo como trabajadores, sino reflejando además la relevancia de esta dimensión en la mejora en la calidad de vida; cosa que no necesariamente es considerado así por los tomadores de decisión.

Las crisis económicas en Chile (1975 y 1982)

Por su parte, el trabajo sobre Chile, a cargo de Nora Reyes hace foco en el último cuarto del siglo XX, especialmente concentrando su análisis en las crisis económicas de 1975 y de 1982. Producto de un proceso también acumulativo de cambio estructural, apertura económica, desregulación y precarización del mercado laboral, la presencia de las mujeres en el mundo del trabajo se incrementa significativamente. En el análisis se destaca que las mujeres aumentan significativamente sus tasas de actividad, pero con un fuerte impacto en sus niveles de desempleo. Coincidiendo con lo ocurrido en Argentina y con lo señalado por la literatura internacional, el proceso de incorporación de las mujeres estuvo acompañado por una fuerte presencia en el sector de los servicios. Pero las sucesivas crisis muestran diferencias. En tanto la primera crisis analizada da cuenta de un incremento en los niveles de desempleo que afecta especialmente a las mujeres que se insertan al mercado laboral, la segunda crisis muestra cómo su impacto diferencial en los diversos sectores de la economía afecta en menor medida en aquellos espacios más feminizados como el sector de los servicios y en particular el servicio doméstico.

Figura 4. Portada de la Boletina Chilena del MEMCH ’83 (N°10, enero-febrero-marzo 1986).

Este trabajo permite contrastar lo ocurrido en Chile respecto a los resultados encontrados en otras regiones. Allí se señala que también en este país, las crisis no impactan de la misma manera en varones y mujeres, ya que depende en gran medida de los espacios de participación diferenciales en ambos sexos. Si bien la segunda crisis muestra que la desocupación no fue el factor determinante en la mano de obra de mujeres, ya que éstas se encontraban insertas en aquellos sectores menos afectados en materia de pérdida de puestos laborales, esto no implica que las condiciones laborales mejoraran. Y esto es así en la medida que permanecen sobrerrepresentadas en los espacios peor remunerados y con mayores niveles de informalidad y precariedad laboral.

Uruguay y un comparativo de tres crisis económicas

Finalmente, el trabajo sobre Uruguay, a cargo de María Camou y Silvana Maubrigades, presenta una recorrida de las tres principales crisis económicas que afectaron al país durante el siglo XX, tratando de identificar si existen diferencias en los procesos de participación de las mujeres en los diferentes momentos históricos. Encuentra que la crisis ocurrida en la década de 1930 muestra un incremento en la participación de las mujeres, coincidente con una caída en los salarios, lo que parece estar motivado por la sustitución de mano de obra masculina. La posterior recuperación económica revela, por el contrario, un proceso paulatino de retirada de las mujeres del mercado laboral.

Figura 5. Olla común. Huelga general de 1973. Uruguay.

Estos resultados ya no se encuentran en el análisis de las dos crisis posteriores, la ocurrida en la década de 1980 y la de principios del siglo XXI. En ambos casos, y coincidiendo con lo ocurrido en Argentina y Chile, el proceso de incorporación de las mujeres a partir de los años sesenta y setenta, se torna irreversible, más allá de las condiciones adversas de la economía. Si bien las mujeres en Uruguay muestran tasas de desempleo más altas que los varones, su participación laboral no declina, al tiempo que sí se observa una fuerte segmentación en el mercado de trabajo, lo que las ubica en forma mayoritaria en el sector de los servicios.

Este resultado global permite confirmar que el proceso de participación laboral de las mujeres es irreversible, incluso a pesar de que las condiciones de ingreso no son siempre las esperadas. Deja abierta la puerta a reflexionar sobre los cambios en la demanda de mano de obra y cómo la estructura productiva del país en particular, puede promover una mayor presencia de las mujeres, sin que ello implique necesariamente que se esté buscando en forma explícita una reducción de la brecha por razones de género. También el artículo suma a los resultados que se presentan en los casos de Argentina y Chile, que tiene que ver con una persistente segmentación del mercado laboral que ubica a las mujeres mayoritariamente en las actividades vinculadas a los servicios, lo que profundiza este “gueto de terciopelo” donde barreas invisibles parecen atrapar a las mujeres en aquellas actividades que son una extensión de los roles de cuidados, desarrollados en el espacio doméstico.

A modo de cierre

Los resultados encontrados en los trabajos presentados confirman las coincidencias esperadas en las trayectorias laborales analizadas desde una perspectiva de género. Más allá de las particularidades de cada país, especialmente en cuanto a su especialización productiva o dinámica económica a lo largo del siglo XX, se observan claras coincidencias en la participación laboral de varones y mujeres, no sólo en cuanto a su evolución sino especialmente en la segmentación laboral que identifica a ambos sexos. Atendiendo, en particular, al rol de la mano de obra de mujeres durante las crisis económicas que han afectado a los países de la región durante el siglo pasado, se confirma que estas coyunturas profundizan los resultados observados, tanto en los resultados en materia de desempleo como en la persistente feminización y/o masculinización de los sectores productivos. Los casos de Argentina, Chile y Uruguay, en su análisis del último cuarto del siglo XX, dan cuenta del impacto que tiene en el mercado laboral los procesos de cambio estructural, fuertemente caracterizados por la apertura comercial, la desregulación y precarización de las condiciones laborales. Como contraste, las primeras tres décadas del siglo XX, tanto en materia de inversión pública en la educación, como muestra Brasil, así como los cambios en la estructura productiva en el caso de Uruguay, dan cuenta de la relevancia que tienen las políticas productivas y sociales implementadas por los estados en los procesos de integración de su población a la economía, en el mediano y largo plazo. 

Aspiramos con esto a que las diversas miradas contenidas en esta revista constituyan un estímulo para nuevas investigaciones, que amplíen nuestra visión histórica sobre la evolución del mercado de trabajo en América Latina y profundicen los estudios sobre las persistentes desigualdades entre  varones  y mujeres que se observan en la región.


Bibliografía

Cuesta, M.; Curvale, E. y Scuzzarello, C. (2021) Argentina’s economic crises and its impact on female labour force participation (1970-1994). Revista Uruguaya de Historia Económica- Año XIX – Nº 20 Diciembre de 2021, pp 10-24.

Ball, M. (2021) Una oportunidad de desarrollo perdida: la escuela pública paulista en la primera República de Brasil. Revista Uruguaya de Historia Económica- Año XIX – Nº 20 Diciembre de 2021, pp. 25-43.

Reyes, N. (2021) Cambio estructural y crisis. El empleo de las mujeres en Chile en 1974-1989. Revista Uruguaya de Historia Económica- Año XIX – Nº 20 Diciembre de 2021, pp. 44-56.

Camou, M. y Maubrigades, S. (2021) ¿Crisis como oportunidad? La participación laboral de las mujeres en la econo- mía uruguaya durante las crisis económicas de 1930,1980 y 2000. Revista Uruguaya de Historia Económica- Año XIX – Nº 20 Diciembre de 2021. pp 57-76.

Sobre algunas interrogantes de la electrificación latinoamericana

MARTÍN GARRIDO LEPE (Universidad de Barcelona)

Martín Garrido Lepe es Dr. en Historia Económica por la Universidad de Barcelona (UB), Magíster en Historia de Chile y América por la Universidad de Valparaíso y Profesor en Historia por la misma Universidad. Además, es parte del directorio de la Red de Investigadores de Historia Económica Iberoamericana (RHEI) (martin.garrido.lepe@gmail.com)

RESUMEN. Esta entrada al Blog busca exponer diversas problemáticas que permanecen abiertas sobre la historia de la electrificación latinoamericana, interpelando a los y las investigadoras para animarlos a desarrollar investigaciones que aborden la formación de la matriz energética latinoamericana. La importancia de conocer cómo se forjó nuestra matriz energética recae en los principales desafíos que actualmente enfrenta la región: elevar los niveles de calidad de vida de sus habitantes de manera sostenible, permitiendo la satisfacción de nuestras necesidades sin comprometer las posibilidades de satisfacer las necesidades de las generaciones futuras. La entrada también sugiere ciertas investigaciones que podrían guiar o servir de punto de partida para desarrollar estudios similares, pero enfocados en la historia energética latinoamericana.


“Edificio de la Luz” Santiago, Chile (1929). Fuente: CHILECTRA. (2001). Luces de modernidad. Santiago de Chile: Larrea Impresores, pág. 27.

Introducción

Entre los grandes desafíos que enfrenta el subcontinente latinoamericano, tal vez el más complejo sea elevar los niveles de calidad de vida de sus habitantes de manera sostenible. La tarea es compleja pues, incrementar los niveles de calidad de vida pasa, necesariamente, por incrementar el consumo energético de dichas sociedades (Martínez y Ebenhack, 2008; Wolfram et al., 2012). Dado que la mayor parte de los servicios energéticos se han electrificado (Fouquet, 2018), el incremento del consumo energético se concentrará en el consumo de electricidad, implicando una expansión de la capacidad instalada y de la generación eléctrica de cada territorio. En la región, el consumo eléctrico se encuentra muy lejos de permitir niveles de calidad de vida elevados, y con diferencias significativas entre sus miembros. Se estima que el consumo mínimo necesario para alcanzar niveles de calidad de vida relativamente altos es de 4.000 kWh/hab. (Pasternak, 2000). En 2015, solo Chile y Uruguay consumían más de 3.000 kWh/hab., seguidos de cerca por Argentina y Venezuela. En el otro extremo, Haití consumía 40 kWh/hab., mientras que cuatro países centroamericanos y Bolivia consumían por debajo de los 1.000 kWh/hab.[1] Cualquier intento por incrementar la calidad de vida en estos países requerirá mayor disponibilidad de electricidad, generando impactos en el medio ambiente.

La realidad energética descrita previamente es el resultado de décadas de inversión en infraestructura, tecnología, bienestar y aplicación de políticas energéticas. Por lo mismo, explicar la trayectoria que nos condujo al estado actual es una tarea indispensable para comprender nuestros desafíos futuros. En esta entrada se busca profundizar en la importancia del proceso de electrificación latinoamericano desarrollado durante el siglo XX, como elemento de análisis necesario para comprender nuestra historia económica y energética. Del mismo modo, se busca resaltar ciertas interrogantes sobre este proceso, que podrían considerarse en futuras investigaciones. El análisis se basa en una publicación propia, que repasa la trayectoria de electrificación en 20 de los 33 países de la región entre 1925 y 2015, publicada en la Revista Uruguaya de Historia Económica (Garrido Lepe, 2020).

La Electrificación Latinoamericana

Pese a que la llegada de la electricidad a América Latina fue un fenómeno relativamente temprano, su despegue y consolidación fue lento y dificultoso. Numerosas son las imágenes y noticias que dan cuenta de cómo la electricidad hacía su llegada a la industria y los transportes, desde las primeas décadas del siglo XX. Sin embargo, fue solo desde la década de 1940 en que la electricidad inició una penetración extendida en la vida de las sociedades latinoamericanas, de la mano del Estado como principal ente promotor de la electrificación (CEPAL, 1956, 1962). Para este fin, los Estados se sirvieron de empresas estatales y organismos técnicos que planificaron e invirtieron en el desarrollo de la actividad eléctrica, orientando el consumo para estimular la industrialización.

Antes de que el Estado asumiera un rol como empresario, la electrificación quedó al amparo de la iniciativa privada en la mayor parte de los países de la región. La situación solo fue diferente en Uruguay, en donde la Administración General de Usinas Eléctricas del Estado, creada en 1912, asumió el monopolio estatal de la generación, transmisión y distribución de electricidad. En otros países de la región, esta etapa enfrentó numerosas dificultades, particularmente derivadas de la competencia entre las empresas eléctricas, destacadas por su naturaleza de monopolio natural. En Estados Unidos, la competencia entre las empresas eléctricas condujo a numerosos conflictos que impidieron el crecimiento de esta industria, hasta que, desde 1907, el Estado reguló la actividad, otorgando concesiones para monopolios regulados (Vernon, 1996; Jarrell, 1978). Nuestro conocimiento en materia de regulación de esta primera etapa en América Latina es aún difuso. ¿De qué forma se relacionaron las empresas privadas con el Estado? ¿hubo competencia entre ellas que perjudicara su desarrollo?, ¿marcó alguna diferencia el hecho de que la mayor parte del capital de dichas empresas fuese extranjero?, ¿por qué no se replicó el caso uruguayo en otros países de la región?

“Compañía Sudamericana de Electricidad”, Santiago, Chile (1913). Fuente: Editor no Identificado. (1913). Santiago a la Vista. Imprenta Barcelona. pág. 52]

La implicación del Estado en la electrificación, desde la década de 1940, se encuentra inserta en el proceso de Industrialización Dirigida por el Estado (IDE). Una industrialización exitosa requería de una oferta eléctrica adecuada. Por ello, fueron los Estados los que planificaron e invirtieron en generación, transmisión y distribución de electricidad, complementando el trabajo de la empresa privada. Ello permitió la modernización de la industria, derivando en un incremento sustancial del consumo eléctrico de este sector. Sin embargo, la historiografía tampoco ha analizado el impacto que la electrificación tuvo en la productividad de la industria latinoamericana. Este aspecto ha sido motivo de importantes estudios en otras realidades (Devine, 1983; Enflo et al., 2009), así como de su impacto sobre la reducción de la intensidad energética (Schurr, 1984) y de ahorros en factores como el capital y el trabajo (Du Boff, 1967; Goldfarb, 2005; Ristuccia y Solomou, 2014). En América Latina, estas cuestiones siguen esperando por su tratamiento.

En forma paralela al avance de la electrificación de la industria, la urbanización, la transición demográfica y el incremento del ingreso, elevaron la demanda de servicios energéticos, derivadas del uso de los electrodomésticos, de la iluminación de los hogares, de las calles y plazas, y también del comercio, entre otras. A diferencia del consumo de carbón vegetal o la leña, la electricidad debe consumirse con tecnologías con mayor grado de sofisticación. El hecho de que se registre un incremento en el consumo eléctrico doméstico indicaría el uso de ampolletas (bombillas) para la iluminación de los hogares, refrigeradores para los alimentos, lavadoras, planchas, secadoras, cocinas, etc., y diversos otros electrodomésticos que explican el incremento en la calidad de vida. Este proceso de “residencialización” del consumo eléctrico, empleando el concepto acuñado por Bertoni (2011) para el Uruguay, fue un fenómeno generalizado en América Latina, particularmente desde 1985 en adelante. Sin embargo, poco se ha avanzado en comprender el impacto que la electrificación pudo tener en la calidad de vida de la población latinoamericana. En esta materia solo hay avances para el Uruguay, de la mano del trabajo de Bertoni et al. (2008). Además, desde una perspectiva regional, pero con un marco temporal que aborda solo la última década, Banal-Estañol et al. (2017). Sin embargo, para el resto de la región y en el largo plazo, esta relación permanece aún lejos de darnos respuestas satisfactorias.

“Central Termoeléctrica José Batlle y Ordoñez”, Montevideo, Uruguay (s/a). Fuente: montevideoantiguo.net

Los efectos de la electrificación se hicieron sentir con fuerza a fines de la década de 1960, en que la brecha con los países ricos comenzó a cerrarse rápidamente. La convergencia del consumo eléctrico entre nuestra región y los países ricos continúa hasta nuestros días, aunque sin lograr cerrarse definitivamente. Lo interesante de la situación latinoamericana es que, a mediados del siglo XX, el consumo eléctrico de varios de estos países se equiparaba o incluso superaba el de varios de los actuales países ricos. En 1960, España consumía 495 kWh/hab., Portugal 320 kWh/hab. y Grecia 242 kWh/hab.[2]  El mismo año, el consumo eléctrico en Chile era de 542 kWh/hab.; el de Venezuela de 540 kWh/hab. (1959); el de Argentina de 432 kWh/hab.; y el de Uruguay de 402 kWh/hab. Sin embargo, en 2014, los actuales países ricos consumían todos más de 4.500 kWh/hab., superando lo necesario para alcanzar elevados niveles de calidad de vida (Pasternak, 2000; Martínez y Ebenhack, 2008; Mazur, 2011). Mientras tanto, en América Latina, el mejor caso superaba levemente los 3.800 kWh/hab., siendo la pobreza energética una realidad extendida en la región (García, 2014). Frente a este escenario es que nos preguntamos ¿cómo los actuales países ricos pudieron alcanzar dichos niveles de consumo eléctrico por habitante, mientras que el mejor nivel de América Latina no ha logrado llegar a 4.000 kWh/hab.? O, desde un punto de vista diferente, ¿es posible alcanzar mayores niveles de calidad de vida, sin incrementar sustancialmente el consumo de energías, como en algún momento sugiere Smil (2017)?

Gráfico 1. Ratio Consumo eléctrico por habitante en América Latina y Países Ricos [3]

Fuente: Datos de América Latina en 1966 y 1969, de Garrido Lepe (2020). Para todo el resto, Banco Mundial.

Entre las dudas que aún aquejan la electrificación latinoamericana, no podía faltar el rol de los recursos naturales. El impulso inicial de la electrificación regional se realizó sustentándose en la generación hidroeléctrica, de la cual América Latina ha sido un destacado consumidor, mayor que el resto de las demás regiones del mundo (Rubio y Tafunell, 2014). Los recursos hídricos de la región fueron un incentivo significativo, aunque no el único. También existía la necesidad de controlar el flujo de divisas que se destinaban a la importación de combustibles fósiles, para destinarlas a la importación de bienes de capital y continuar con la industrialización. Sin embargo, durante la década de 1980, la matriz de generación eléctrica presentó una transformación sustancial en sus fuentes de generación. Desde 1986, la participación de la hidroelectricidad en la generación eléctrica total cayó de forma casi constante desde 61% hasta un mínimo histórico de 34% en 2015, siendo sustituida por fuentes de generación termoeléctrica. ¿Por qué se produjo esta reducción relativa de la hidroelectricidad en la matriz eléctrica latinoamericana? La literatura ha abordado esta transición en Chile (Yáñez y Garrido Lepe, 2017), Argentina (Furlán, 2017) y Uruguay (Bertoni, 2011). Sin embargo, todavía quedan numerosas preguntas por responder. Por ejemplo, ¿qué factor jugaron los precios de las energías primarias y los costos de generación eléctrica en dicha transición?

El incremento de la termoelectricidad en la matriz eléctrica latinoamericana es doblemente preocupante, si consideramos los nuevos desafíos ambientales que enfrenta la humanidad. En este caso, el incremento del uso de energías fósiles para la generación eléctrica va en contra de los intentos por descarbonizar el sistema energético global y prevenir de esa forma el excesivo incremento de la temperatura promedio de la tropósfera. En el caso de esta transición energética, el rol de las instituciones es clave, tal y como lo señala la literatura especializada (Fouquet, 2016; Sovacool, 2016; Smil, 2016; Geels et. al., 2017). Por lo mismo, cabe preguntarse ¿de qué forma pueden las instituciones revertir este escenario? Y ¿qué mecanismos regulatorios se han empleado en otros países para avanzar en la transición hacia una matriz energética descarbonizada? Por otro lado, surge la duda de si enfrentamos un escenario apropiado para fortalecer el rol de las empresas públicas en la conducción de este proceso.

“Parque Solar Caucharí”, Jujuy, Argentina (2021). Fuente: energiaestrategica.com

Las dudas que quedan por resolver sobre la electrificación latinoamericana son mucho más numerosas que las que aquí se repasan. Sin embargo, éstas pueden constituir un punto de partida para un análisis más profundo que nos permita comprender cómo hemos construido nuestra actual matriz energética, y cómo podemos enfrentar los desafíos que nos depara el futuro. Lo único cierto es que la resolución de ambas dudas es un trabajo necesario, y que solo podremos salvar si lo enfrentamos de manera colectiva y regional.


[1] Datos CEPAL, consultados el 12 de abril de 2020 en:  https://cepalstat-prod.cepal.org/cepalstat/tabulador/ConsultaIntegrada.asp?idIndicador=1754&idioma=e

[2] Datos Banco Mundial, consultados el 10 de octubre de 2021 en: https://datos.bancomundial.org/

[3] Los países de América Latina que entran en esta comparación son: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. En cuanto al grupo de países ricos, se compone de Alemania, Australia, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Italia, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Suecia y Suiza

Referencias

Banal-Estañol, Albert; Calzada, Joan y Jordana, Jacint. (2017). How to achieve fill electrification: Lessons from Latin America. Energy Policy (108): 55-69.

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Bertoni, Reto; Camou, María; Maubrigades, Silvana y Román, Carolina. (2008). El consumo de energía eléctrica residencial en Uruguay en el siglo XX: una aproximación a la calidad de vida. En Rubio, María del Mar y Bertoni, Reto (comp.), Energía y desarrollo en el largo siglo XX. Uruguay en el marco latinoamericano. Barcelona – Montevideo: Universitat Pompeu Fabra – Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República, pp. 179-204.

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La evolución de la violencia interpersonal: ¿qué sabes de América Latina?

ANALÍA RIVERO BORGES (Universidad de la República, Uruguay)

Analía Rivero Borges es estudiante de Doctorado en Economía por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), Magister en Historia Económica y Licenciada en Economía por la Universidad de la República (Uruguay).

RESUMEN. En esta entrada al blog se presenta la evolución de la violencia interpersonal a nivel mundial enfatizando en las disparidades por regiones. Esta ha sido incluida en trabajos recientes como un nuevo indicador de bienestar y sigue siendo mayormente una incógnita para los países latinoamericanos. Para finalizar se reseñan los resultados de un trabajo que estudia el período 1910 – 2010 en Uruguay.


Muerte del General Venancio Flores por Juan Manuel Blanes, pintura realizada en 1968.

Lo que sabemos de la evolución de la violencia en el mundo

La importancia de conocer la evolución de la violencia interpersonal por regiones puede darnos indicios sobre su bienestar en diferentes momentos del tiempo. Una excelente argumentación con respecto a esto se presenta en una entrada anterior en este blog de Llorca-Jaña y Rivero-Cantillano.

En ese sentido, el último reporte disponible de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito indica que América es el continente más violento del mundo con una tasa de homicidios cada 100.000 habitantes de 17,2. Asia, seguida por Oceanía y Europa, ocupan la posición opuesta, con una tasa de homicidios cada 100.000 habitantes menor o igual a 3 (UNODC, 2019).

Fuente: UNODC (2019), víctimas de homicidios intencionales cada 100.000 habitantes por región, año 2017.

El conocimiento que tenemos sobre el presente y que nos permite ubicar a las regiones en distintas posiciones, esconde un profundo desconocimiento sobre el pasado en algunas de ellas. Una clara evidencia de esto es que, a nivel internacional, los trabajos que estudian la evolución de la violencia en el largo plazo han estado centralmente concentrados en los casos de Europa y EE.UU., con pioneros como Eisner (2016; 2014, 2013, 2003) y Pinker (2011). En ellos se muestra una disminución sistemática de la violencia a la largo de la existencia humana.

Fuente: Eisner (2003), se presenta la tendencia general de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes para el período 1200 – 2000, estimada con datos pre-modernos locales y cuatro series nacionales. Las estimaciones del primer tipo provienen de la History Homicide Database y las series nacionales pertenecen a: Suecia, Inglaterra y Gales, Suiza e Italia.
Fuente: Eisner (2014) presenta la tendencia de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes para Europa y variaciones locales seleccionadas en el período 1300 – 2010. Los datos provienen de la History Homicide Database.

En ese sentido, partiendo de niveles que superan los americanos a comienzos del milenio pasado, hoy la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes no supera el dígito para las regiones europeas analizadas (Eisner, 2014, 2003). Estudios de mediano aliento como los de LaFree (1999) y Lappi-Seppälä y Lehti (2014), reafirman la tendencia a la disminución de la violencia, aunque una vez que son incluidas otras regiones éstas parecerían hacerlo con variantes (Lappi-Seppälä y Lehti, 2014)[1].

América Latina en el largo plazo

El caso latinoamericano en el muy largo plazo sigue siendo mayormente una incógnita, con un solo antecedente que aborda la evolución de la violencia en el período 1880 – 2010 para el caso de Chile. A diferencia de lo encontrado por los autores anteriores, en Rivero-Cantillano y cols. (2020) se aprecia que entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX la violencia en Chile se encontraba cercana a lo hallado para el caso europeo a comienzos del milenio pasado. Luego se produce un pronunciado declive a partir de la década de 1940 llegando a niveles por debajo de la media mundial de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes en los 2000.

Si se tiene en cuenta que solo existen datos para el caso de Chile y de Uruguay, tal como se presentará a continuación, es posible afirmar que en general no se cuenta con datos sistemáticos de largo plazo para los países de América Latina. Además, en el caso de que estos existan, no ha sido posible hacer rescontrucciones previas a 1880. El estudio de la violencia desde una perspectiva histórica, en vínculo con el devenir económico y social de cada uno de los países latinoamericanos, es aún una materia pendiente. 

El caso de Uruguay

El caso uruguayo resulta de interés si se tiene en cuenta que la nación presenta en la última década una variación notable en lo que respecta a sus indicadores de violencia. Partiendo de una tasa de homicidios cada 100.000 habitantes en 2010 en torno al 6, ésta se ubica en 11,6 para 2018 (Ministerio del Interior, 2020), alcanzando por primera vez en su historia reciente los dos dígitos. También es alta para los parámetros internacionales ya reseñados lo que se puede apreciar con más claridad en el mapa que sigue.

Fuente: UNODC, mapa de datos de la tasa de homicidios cada 100.000 habitante para el año 2018 a partir de la base de datos disponible en https://dataunodc.un.org/content/homicide-rate-option-2

En ese marco, es que fueron producidos los primeros datos de largo plazo de homicidios para el país. Precisamente, en mi tesis de maestría reconstruí una serie de homicidios que comienza en 1910 y se extiende hasta 2020, con datos provenientes de salud pública.

Fuente: Rivero Borges (2021), evolución de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes para el caso uruguayo 1910 – 2020.

Aunque la evolución de las primeras décadas del siglo XX plantea ciertas dudas, en la medida en que la fuerte oscilación de la serie puede deberse a problemas de registro de las causas de muerte, es claro que hay un patrón de decrecimiento a partir de 1945 y otro de crecimiento a partir de 1980, con una aceleración de este último en las primeras décadas de los 2000 y especialmente a partir de 2010. Además, la serie presenta una fuerte inercia, es decir, su valor presente es explicado en gran medida por su valor inmediato anterior, y así sucesivamente. Ello implica que políticas de corto plazo pueden tener algunas dificultades para ser rápidamente efectivas. 

Un aporte de la nueva serie de datos disponible radica en que permite contrastar la evolución de los homicidios en Uruguay con respecto a otros países del mundo para los que también se cuenta con datos históricos. Como adelantaba, según estudios pioneros, como los de Pinker (2011) y Eisner (2003 y 2014) los homicidios se reducen sistemáticamente desde el 1200 a la actualidad, particularmente para el caso europeo. De esta manera, para el caso uruguayo se debería haber esperado encontrar un franco descenso en los homicidios durante todo el siglo XX. Sin embargo, esto no sucede. Si lo comparamos con las regiones europeas para las que se cuenta con más datos, es posible observar que el nivel de homicidios de Uruguay a principios del siglo XX es similar al que se obtiene para estos otros países a principios del siglo XVIII, es decir, el país comienza el siglo XX con un nivel de violencia superior al obtenido para las regiones del mundo que mejor se desempeñan, y vuelve a ese mismo valor en las primeras décadas del siglo XXI.

A nivel regional, debido a la escasez de información, solo es posible realizar comparaciones de largo plazo con Chile. En ese caso, al analizar la información que presentan Rivero-Cantillano y cols. (2020), es posible observar que la violencia en Uruguay se mantuvo en niveles bajos durante todo el siglo con respecto al país andino, aunque en este último los homicidios comienzan a descender a partir de la década de 1940 hasta ubicarse en la actualidad en alrededor de 4 cada 100.000 habitantes, muy por debajo de la tasa de Uruguay.

Conclusiones

La violencia interpersonal como indicador de bienestar es una preocupación incipiente en los estudios de historia económica. Su evolución es mayormente conocida para los países europeos y aún es insuficiente el conocimiento del que se dispone para América Latina con dos trabajos que focalizan en casos nacionales. Sus resultados parecerían mostrar algunas diferencias no solo con respecto a los países desarrollados estudiados, sino que entre ellos.

Los crímenes, y particularmente los crímenes violentos como los homicidios, son una preocupación creciente en América Latina, con una cobertura alta y sistemática en medios de comunicación. Entender la evolución de su pasado es una fuente de información valiosa para comprender el presente, pero especialmente para proyectar el futuro. Un futuro que sin lugar a dudas debería ser de una reducción drástica de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes, que permita a los latinoamericanos proyectar sus vidas en sociedades con mayor bienestar y libres de violencia.

[1] Una visión alternativa puede encontrarse en Braumoeller (2019).

Referencias

Eisner, M. (2003). Long-term historical trends in violent crime. Crime and Justice, 30, 83–142.

Eisner, M. (2013). What causes large-scale variation in homicide rates? Aggression in Humans and Other Primates Biology, Psychology, Sociology, 137-63.

Eisner, M. (2014). From swords to words: Does macro-level change in self-control predict long-term variation in levels of homicide? Crime and Justice, 43 (1), 65–134.

Eisner, M., Nivette, A., Murray, A. L., y Krisch, M. (2016). Achieving population-level violence declines: implications of the international crime drop for prevention programming. Journal of public health policy, 37 (1), 66–80.

Jaitman, L., Caprirolo, D., Granguillhome Ochoa, R., Keefer, P., Leggett, T., Lewis, J. A., Mello, M. (2017). The costs of crime and violence: New evidence and insights in latin america and the caribbean (Vol. 87). Inter-American Development Bank Washington, DC.

Migliónico, A. (2001). La mortalidad en Uruguay en el siglo XX: cambios, impacto, perspectivas (No. 715.2 MIG).

Ministerio del Interior. (2020). Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad:https://www.minterior.gub.uy/observatorio/images/pdf/2018/HOMICIDIOS2018:pdf.

LaFree, G. (1999). Declining violent crime rates in the 1990s: Predicting crime booms and busts. Annual Review of Sociology, 25 (1), 145–168.

Lappi-Seppälä, T., y Lehti, M. (2014). Cross-comparative perspectives on global homicide trends. Crime and justice, 43 (1), 135–230.

Pinker, S. (2011). The better angels of our nature: The decline of violence in history and its causes. Penguin UK.

Rivero Borges, Analía (2021). Análisis Histórico de la Violencia y la Desigualdad para el caso uruguayo 1910 – 2010. Tesis de Maestría en Historia Económica, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República.

Rivero, Rodrigo; Manuel Llorca-Jaña, Damian Clarke, Javier Rivas, Martina Allende, Daniel Quezada (2021) “Interpersonal violence in Chile, c.1880s-2010s: A tale of delayed but successful convergence”, SocialScience History (forttcoming).

UNODC. (2019). Global Study on Homicide. Homicide trends, patterns and criminal justice response.