Blog: Pasado y Presente de la economía mundial

Este blog trata temas de economía e historia económica y su objetivo principal es el de proveer a nuestros lectores de una dimensión histórica al análisis de los problemas económicos contemporáneos. Asimismo, tenemos la intención de divulgar la historia económica mediante la difusión de los últimos hallazgos, investigaciones y debates en nuestra disciplina.

El grupo de investigadores está conformado por académicos de primer nivel en America Latina, Estados Unidos, Inglaterra y España. Las entradas son semanales y abarcaran todo tipo de temática y evento: el comentario de un nuevo libro, o grupos de ellos y que sean de especial relevancia para el debate público; el análisis de un fenómeno contemporáneo a la luz de la experiencia histórica; las nuevas investigaciónes de los autores mismos; se expondrán los contenidos fundamentales de congresos, seminarios, u otros eventos importantes en historia económica. Escribiremos sobre temas globales, y frecuentemente sobre temas relevantes para América Latina y España. Se tratarán, entre otros, temas relacionados al desarrollo económico de los países, las finanzas globales, crisis financieras, recursos naturales, educación, desarrollo tecnológico, la política económica y el papel del Estado en la economía.

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Sostenibilidad del desarrollo económico: la construcción de una agenda de investigación

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay)

Montevideo, 11 de junio de 2018

Resumen

El concepto de desarrollo, la identificación de sus dimensiones, la forma de aproximarse a su medición y la representatividad de ésta respecto al bienestar –objetivo y subjetivo– han sido parte de la discusión en muy diversas ciencias sociales y la historia económica no ha estado ajena a este debate. El concepto ha pasado desde nociones de expansión de la producción y de la población hacia otras basadas en ideas de capacidades, necesidades, responsabilidad social empresarial, y medioambiental. Las formas de medición han transitado desde indicadores simples y unidimensionales hacia otros de grado creciente de complejidad y multidimensionales que involucran cuestiones tan diversas como el crecimiento, la igualdad, empoderamiento, gobernanza, seguridad y felicidad. En historia económica, recientemente, han habido interesantes contribuciones en esta dirección y, en esta entrada del Blog, se realizan comentarios referidos a mediciones de niveles de desarrollo económico y aproximaciones a nociones de sostenibilidad bajo la idea del genuine saving (“ahorro genuino”).

 

Había dedicado una entrada anterior del Blog a identificar algunos intentos incipientes sobre del cálculo del ahorro genuino en perspectiva histórica y, ya pasado un tiempo prudencial desde entonces, es posible afirmar que la disciplina está construyendo una verdadera agenda de investigación al respecto.

El concepto de desarrollo, la identificación de sus dimensiones, la forma de aproximarse a su medición –o mediciones– y la representatividad de ésta respecto al bienestar –objetivo y subjetivo– de las sociedades han sido parte de la discusión en economía, sociología, ciencia política y otras ciencias sociales durante décadas. El debate ha acaparado la atención de académicos teóricos y empíricos, hacedores de políticas públicas y agentes del mundo de los negocios interesados en el progreso de las sociedades. El concepto ha pasado desde nociones de expansión de la producción y de la población hacia otras basadas en ideas de capacidades, necesidades, responsabilidad social empresarial y sostenibilidad. Sus dimensiones incluyen un amplio espectro de componentes que trascienden la pura generación de ingresos para incorporar consideraciones de salud y educación de las comunidades, sus condiciones de igualdad, así como los factores culturales y medioambientales. Las formas de medición han transitado desde indicadores simples y unidimensionales hacia otros de grado creciente de complejidad y multidimensionales que involucran cuestiones tan diversas como el crecimiento, la igualdad –en sus diversas expresiones: rentas, condiciones sanitarias, educación y género–, empoderamiento, gobernanza, seguridad y felicidad.

En la última década, ha crecido el consenso en cuanto a que las diversas medidas del ingreso per cápita (de acuerdo al Producto Interno o Nacional, Bruto o Neto) constituyen indicadores imperfectos del nivel de desarrollo económico de una sociedad. Su limitada cobertura –por ejemplo, las dificultades para captar la producción de autosubsistencia o los ingresos derivados de actividades ilegales–, la deficiente incorporación de los diferenciales de calidad y la imposibilidad de recoger el impacto de la distribución en los niveles de bienestar representan algunas de sus debilidades más flagrantes.

En la búsqueda de un concepto capaz de representar de forma más fehaciente el desarrollo han surgido nociones alternativas. Dentro de un amplio set de indicadores, y para mencionar solo algunos, se destaca el Physical Quality of Life Index (PQLI), el Gross National Hapiness (GNH), el Better Life Index (BLI), o el Prosperity Index. En historia económica, el indicador que ha tenido más repercusión dentro de estos esfuerzos ha sido, probablemente, el Human Development Index, el cual ha recibido atención en trabajos como Astorga y FitzGerald (1998), Astorga, Bergès & FitzGerald (2004), Bértola, et al. (2010), Bértola et al. (2012), Camou & Maubrigades (2005) y Prados de la Escosura (2007).

Sin embargo, ninguno de estos esfuerzos ha logrado avanzar sobre cuestiones ligadas con la sostenibilidad del desarrollo desde una perspectiva de largo plazo, ni han dialogado con cuestiones atinentes a la vulnerabilidad medioambiental derivada del crecimiento económico. Recientemente, ha habido reacciones en esta dirección. Investigadores de diversas latitudes han propuesto, como mediciones de niveles de desarrollo económico y aproximaciones a nociones de sostenibilidad del proceso, el concepto de genuine saving (“ahorro genuino”).

¿Cómo se mide el “ahorro genuino”? En el Sistema de Cuentas Nacionales, el cambio en la riqueza de una economía se aproxima considerando, solamente, los activos producidos. La capacidad de provisión futura de una corriente de bienes y servicios para el país se aproxima a través del ahorro neto nacional (ANN), el que cuantifica el output no consumido descontadas las reservas para depreciación del capital físico. El siguiente paso para medir la sostenibilidad es ajustar el ANN por la acumulación/formación de otros activos –capital humano, capital natural y deterioro medioambiental– que, al igual que el ahorro, dan soporte al desarrollo.

La intuición del concepto es que aquellas economías con valores positivos de genuine saving cumplirían con las condiciones de sostenibilidad débil pues su stock de riqueza total estaría, al menos, no descendiendo. Por el contrario, economías con ahorro genuino negativo experimentarían un desarrollo no sostenible. ¿Qué dice la evidencia al respecto? El World Bank acaba de publicar su reporte The Changing Wealth of Nations 2018 y en el gráfico adjunto se ilustra la evolución del ahorro genuino –denominado Adjusted Net Saving, ANS, por el WB– (como porcentaje del ingreso nacional) entre mediados de los años noventa y el presente. La pauta dominante, entre grandes regiones, es la divergencia. El ANS creció sustancialmente en el Este y Sur Asiático, en tanto que Europa y Asia Central, América Latina y el Caribe, y América del Norte mostraron evoluciones relativamente estables. La región que mostró ANS sistemáticamente menores fue el África Sub-Sahariana evidenciando, incluso, períodos de ahorro genuino negativo. Esto sugiere que sus políticas de desarrollo no han resultado promovedoras de un desarrollo económico sostenible.

Ahorro Neto Ajustado por grandes regiones del mundo, 1995-2015 (en porcentaje del Ingreso Bruto Nacional)

WB(2018)pp.63Fuente: extraído de World Bank (2018), p. 63.

Al menos dos dimensiones del análisis son de particular relevancia. Por un lado, el contraste entre las estimaciones de ahorro genuino y otros indicadores de bienestar, tanto las mediciones de carácter simple –salarios reales, tasas de mortalidad o antropométricos– como los combinados o más complejos –ingreso per cápita o índices de desarrollo humano– en sus varias definiciones. Por otro lado, la comparación entre economías que permita dar cuenta de hechos estilizados y trayectorias características que definan patrones de desenvolvimiento específicos. Ambos tipos de consideraciones implicarían dar una mirada renovada a los problemas del desarrollo y es evidente que, desde la historia económica, podrían realizarse contribuciones novedosas y valiosas. Éstas ya han comenzado a materializarse.

Parte de ese esfuerzo está representado por trabajos como Blum et al. (2017), Blum et al. (2013), Greasley et al. (2012, 2013, 2014), Greasley et al. (2017), Lindmark & Acar (2013) and McLaughlin et al. (2012). Se trata de una línea de investigación en formación en la cual es dable esperar contribuciones crecientes en los próximos años. Sólo para ilustrar este punto, me gustaría mencionar un par de espacios de discusión e intercambio que dan cuenta de esa dinámica en ascenso de la que hablo.

En primer lugar, en enero de 2018, organizado en el Departamento de Historia Económica de Lund University por los Prof. C. Ducoing y J. Peres Cajías, tuvo lugar el Workshop: The Economic History of Natural Resources and Sustainable Development. El evento contó con la realización de cuatro keynotes de prestigiosos académicos europeos (Prof. María del Mar Rubio-Varas, Prof. Ann-Kristin Bergquist, Prof. Paul Sharp y Prof. Espen Storli) y la participación de colegas con aportaciones en diversos campos: las relaciones entre recursos naturales y desarrollo económico, estimaciones de historical genuine savings, así como la influencia de la educación formal y el capital humano en los procesos de crecimiento basado en la explotación de recursos naturales.

En segundo lugar, el próximo 1° de agosto de 2018, en el marco del World Economic History Congress, junto con los Prof. C. Ducoing (Lund University) y Eoin McLaughlin (University of St. Andrews) organizaremos la sesión Beyond GDP. Sustainable and unsustainable development in the long run, con la cual pretendemos alentar las investigaciones en curso, poner en común el conocimiento logrado, y abrir nuevas puertas para superar el corsé que significa el PIB para muchos historiadores económicos. La tarea está en sus fases iniciales, pero promete constituirse en un verdadero programa de investigación, con colaboraciones desde diversos países y con la expectativa de introducir consideraciones novedosas en nuestras interpretaciones sobre del desarrollo económico de países y regiones.

Bibliografía

Bértola, L., Hernández, M., y Siniscalchi, S. (2012) “Un Índice Histórico de Desarrollo Humano de América Latina y algunos países de otras regiones: metodología, fuentes y bases de datos”.  Documento On Line Nº 28, Programa de Historia Económica y Social, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la Repúnlica, Reedición Febrero.

Astorga, P. and FitzGerald, V. (1998) “The Standard of Living in Latin America during the Twentieth Century”, Development Studies Working Paper N. 117. Queen Elizabeth House, St. Antony’s College, University of Oxford, UK.

Astorga, P., Bergés, A. and FitzGerald, V. (2004) “The Standard of Living in Latin America during the Twentieth Century”. Discussion Papers in Economic and Social History 54, University of Oxford, UK.

Camou, M. y Maubrigades, S. (2005) “La calidad de vida bajo la lupa: 100 años de evolución de los principales indicadores”. Boletín de Historia Económica No.4, Asociación Uruguaya de Historia Económica, Montevideo.

Prados de la Escosura, L. (2007) “Improving the Human Development: A Long Run View”. Journal of Economic Surveys, v. 24, N 5, pp. 841-894.

Bértola, L., Camou, M., Maubrigades, S. and Melgar, N. (2010) “Human Development and Inequality in the Twentieth Century: The Mercosur Countries in a Comparative Perspective”. In Salvatore, R., Coatsworth, J. H. and Challú, A.E. (Org.) Living Standards in Latin American History: Height, Welfare and Development, 1750-2000, Cambridge, David Rockefeller Center for Latin American Studies, Harvard University.

Blum, M., Ducoing, C. and Mclaughlin, E. (2017) “A Sustainable Century? Genuine Savings in developing and developed countries, 1900-2000”. In Hamilton, K. and Hepburn, C. (Ed.) National Wealth: What is Missing, Why it Matters. Oxford: Oxford  University Press.

Blum, M., McLaughlin, E. and Hanley, N. (2013) “Genuine savings and future well-being in Germany, 1850-2000”. SIRE Discussion Paper SIRE-DP-2013-126, Scottish Institute for Research in Economics, University of Stirling.

Greasley, D., McLaughlin, E., Hanley, N. and Oxley, L. (2017) “Australia: a land of missed opportunities?”. Environment and Development Economics, Volume 22, Issue 6, pp. 674-698.

Greasley, D., Hanley, N., Kunnas, J., McLaughlin, E., Oxley, L. and Warde, P. (2014) “Testing genuine savings as a forward-looking indicator of future well-being over the (very) long-run”. Journal of Environmental Economics and Management, 67, 171-188.

Greasley, D., Hanley, N., Kunnas, J., McLaughlin, E., Oxley, L., Warde, P. (2013) “Comprehensive investment and future well-being in the USA, 1869-2000”, Stirling Economics Discussion Paper 2013-06, University of Stirling.

Greasley, D., Hanley, N., McLaughlin, E., Oxley, L., Warde, P. (2012) “Testing for long-run ‘sustainability’: Genuine Savings estimates for Britain, 1760-2000”. Stirling Economics Discussion Papers 2012-18, University of Stirling.

Lindmark, M. and Acar, S. (2013) “Sustainability in the making? A historical estimate of Swedish sustainable and unsustainable development 1850–2000”. Ecological Economics 86, pp. 176-187.

Lange, G-M, Wodon, Q. and Carey, K. (Eds.) (2018) “The Changing Wealth of Nations 2018. Building a Sustainable Future”. International Bank for Reconstruction and Development / The World Bank, Washington D.C..

McLaughlin, E., Greasley, D., Hanley, N., Oxley, L. and Warde P. (2012) “Testing for long-run “sustainability”: Genuine Savings estimates for Britain, 1760-2000”. Stirling Economics Discussion Paper 2012-05, Stirling Managment School, University of Stirling.

 

Depende ¿de qué depende? De según como se mide, todo depende.* Nuevas comparaciones de las series históricas de PIB de Maddison

Carolina Román (Universidad de la República, Uruguay)

Montevideo, 9 de mayo de 2018

Resumen

Las estimaciones comparables internacionalmente de PIB per cápita constituyen un desafío muy grande. Estas suelen ser muy sensibles a las técnicas utilizadas para su construcción y, por lo tanto, también lo son los resultados obtenidos –en términos de crecimiento, desempeño y comparación de niveles de ingreso. Recientemente Bolt, Inkalaar, De Jong y van Zanden (2018) realizan una nueva contribución a la base de datos de Maddison (Maddison Project) al proponer cambios en el método utilizado para obtener niveles comparables internacionalmente de las series de PIB per cápita, ofreciendo así una nueva versión de la base de datos.  Las ventajas de esta nueva versión son bienvenidas, aunque, como es de esperar, también presenta limitaciones. 

El legado de Angus Maddison (1926-2010) en relación a la compilación de series históricas –largas, muy largas–, de países de diversas regiones del mundo ha constituido un gran pilar para la historia económica y, en términos generales, para los estudios en torno a las grandes preguntas sobre el crecimiento económico y el desarrollo de la economía mundial.

Las estadísticas históricas de Maddison tienen la virtud, además, de utilizar un método que permite ajustar por la paridad de poder adquisitivo (PPA) las series de ingreso, medidos por el PIB per cápita, originalmente expresadas en sus monedas nacionales, de forma tal que podamos comparar niveles entre distintos países y analizar su evolución a lo largo del tiempo. Para esto, toma los niveles del PIB en 1990 como año base o “benchmark” y aplica el método de Geary-Khamis (GK)[i] de forma que todas las series se expresen en dólares internacionales Geary-Kamis de aquel. Luego, a partir de estos valores de 1990, se extrapolan o proyectan con las tasas de crecimiento de las series nacionales de PIB per cápita –expresadas a precios constantes–, considerando las cifras “oficiales” cuando las oficinas estadísticas o bancos centrales de los países ofrecen dicha información y las estimaciones históricas para cubrir períodos más remotos. Si bien las virtudes de estas mediciones son bien conocidas –la gran cobertura de países y temporal de los datos, la comparación de los niveles de ingreso entre economías, la coincidencia entre las tasas de crecimiento de las series de Maddison con las que resultan de las cuentas nacionales locales–, también lo son sus desventajas y limitaciones. En especial, el uso del año 1990 como único benchmark para series históricas tan largas puede generar distorsiones en la medida que nos alejamos del presente y el cálculo no incorpora cambios en las pautas de consumo y/o en los precios relativos.

Desde hace unos años (aproximadamente desde 2010), el Groningen Growth and Development Centre de la Universidad de Groningen ha tomado el relevo de esta valiosa tarea a través del denominado Maddison Project.  El proyecto nuclea a un grupo de prestigiosos investigadores y expertos de diversos países, identificados con las inquietudes de Maddison e interesados en dar continuidad a su legado. Esto ha permitido que las series históricas de PIB per cápita estén actualizadas de forma continua, incorporando nuevas y/o mejores estimaciones (Ver Bolt y van Zanden, 2014, sobre las características de este proyecto).

Recientemente, Bolt, Inkalaar, De Jong y van Zanden (2018) realizan una nueva contribución a la base de datos al proponer cambios en el método utilizado para obtener niveles comparables internacionalmente de las series de PIB per cápita, ofreciendo, así, una nueva versión, 2018, de la base del Proyecto Maddison. Además, para algunos países incluyen nueva información –especialmente para el periodo previo a 1914– y para otros reemplazan las series con estimaciones recientes –por ejemplo, China desde 1950 (Bolt et al. 2018, Cuadro 1). También, actualizan los datos de ingreso de todos los países hasta 2016 a partir de la información de Total Economy Database y Naciones Unidas en algunos casos. De este modo, la nueva base cubre 169 países, con datos desde el año 1 –para algunos pocos países[ii]– hasta 2016.

Estos autores ponen sobre la mesa un debate de por sí importante y crucial, y es cómo el uso de diferentes métodos aplicados para la comparación internacional de niveles de ingreso puede derivar en resultados diferentes y, algunas veces, controversiales. Por un lado, citan estimaciones alternativas a las series Maddison, de Prados de la Escosura (2000) y Lindert y Williamson (2016) quienes, con otras metodologías, proponen comparaciones indirectas de los niveles de ingreso. Por otro lado, comentan las diferencias que se producen en las tasas de crecimiento del PIB per cápita entre las estimaciones comparables internacionalmente –que toman un año como benchmark– con las que se obtienen de las cifras reportadas por las fuentes domésticas (Inklaar y Rao, 2017). Esto genera que algunos resultados puedan ser sensibles a la versión de la base de datos utilizadas (Bolt et al. 2018, p.2). Agregan que, para procurar resolver, en parte, esta limitación, las Penn World Table (PWT, en su versión 8 y 9) han incorporado series reales del PIB calculadas a partir de la comparación de varios benchmarks de precios e ingresos (Feenstra et al. 2015).

Siguiendo este último trabajo, Bolt et al. (2018) aplican una metodología similar e incorporan varios benchmarks en la base de datos, distinguiendo el periodo posterior a 1950 –siguiendo la PWT– y las décadas previas para lo cual hacen uso de estudios históricos. Un aspecto distintivo de esta nueva base es que ofrecen dos tipos de series del PIB per cápita —siguiendo la misma terminología que utiliza las Penn World Table—, y la elección de una u otra alternativa dependerá del objetivo del análisis.

Por un lado, las nuevas series de PIB per cápita que denominan CGDPpcReal Gross Domestic Product per Capita at current PPPs in 2011 US$—, son medidas corrientes, ya que los precios relativos implícitos usados para la comparación entre países varían en el tiempo. Las mismas están expresadas en dólares de EE.UU. a precios del año 2011 –para ajustar por la inflación de este país.  Es decir, son series ajustadas por paridad de poder adquisitivo, pero utiliza varios años benchmarks. Estas series serían las más apropiadas cuando nuestro interés es realizar estudios de corte transversal, esto es, comparar niveles de ingreso entre países.

Por otro lado, ofrecen estimaciones de la tasa de crecimiento del PIB per cápita en términos reales, expresadas a precios constantes de 2011, en dólares, que denominan RGDPNApcReal Gross Domestic Product per capita at constant 2011 national prices (in 2011US$). En este caso, las tasas de crecimiento serían consistentes con las que surgen de las Cuentas Nacionales de cada país o de las reconstrucciones históricas. Estas series serían las más pertinentes cuando procuramos hacer estudios de corte temporal, como la comparación del crecimiento económico –medido a través de los cambios en PIB per cápita– entre países a lo largo del tiempo.

La pregunta que surge inmediatamente es, ¿estas dos alternativas de las series de PIB per cápita son comparables? O, dicho de otra manera, ¿la comparación entre países depende de la medida utilizada? Los autores son muy transparentes en responder afirmativamente a la pregunta y en explicitar las limitaciones de la nueva base. Si se compara, para cada país con información, las estimaciones de las dos medidas de ingreso, en promedio, los niveles de CGDPpc representan un 87% de los correspondientes a RGDPNApc, con discrepancias que oscilan entre 21% y 277%. Seguramente, para muchos países las comparaciones no cambien demasiado, pero, para otros, las conclusiones pueden discrepar, y mucho. Una rápida mirada para ubicar las mayores discrepancias nos lleva a identificar algunos países que entran en estos casos: la mayoría son economías de menor desarrollo relativo, aunque se intercalan algunas desarrolladas como Alemania y Suiza. Justamente, Bolt et al. (2018, p.6) citan como ejemplo el caso de este último país, el cual presenta, en 1872, un ratio de PIB per cápita de 0,67 respecto al de EE.UU. si se mide con CGDPpc, mientras que esa relación asciende a 1,5 si se toma como variable de referencia el RGDPNApc. De todas maneras, los autores son enfáticos en explicar que cada variable debe ser utilizada para fines distintos ya que miden conceptos diferentes: RGDPpc para analizar crecimiento y CGDPpc para comparar niveles de ingreso.

Múltiples benchmarks

Para comparar el ingreso entre países, expresados originalmente en sus monedas nacionales respectivas, es necesario utilizar un método que permita controlar por las diferencias en los precios relativos de productos transables y no transables. Con este objetivo se suele utilizar algún índice de precios que procure medir lo que una persona, en un país i, debería gastar para adquirir los mismos productos –o de similares características– en un país j. Entre los tipos de índice de precios que se podrían utilizar se encuentra el Índice de Laspeyres, el de Paasche, y el que combina a ambos, el de Fisher. No obstante, este último tiene como principal desventaja la ausencia de transitividad. Bolt et al. (2018) explican que para salvar esta restricción se suele utilizar el índice de Precios de Gini, Eltetö, Köves y Szule (GEKS) que compara los precios entre dos países, i y j, tomando el promedio entre todas las posibles comparaciones indirectas entre los países –este índice es utilizado para la elaboración del International Comparison Program. Una propiedad deseable de este índice es que no se ve afectado por el efecto sustitución –como sí lo tiene el PPA Geary-Khamis, que suele subestimar los precios de los países de ingreso bajo– ya que considera en su cálculo los bienes y servicios de todos los países, en lugar de una canasta promedio. Así, las estimaciones del PIB en términos reales, para poder comparar con otros países en un mismo año, se calcula deflactando este valor por el índice de precios GEKS.

Una vez que se calcula el PIB real ajustado por la PPA para un año, se extrapola o proyecta ese valor –con las tasas de crecimiento de las series nacionales de PIB– para así obtener series de tiempo. De ese modo, se obtendrían medidas que son consistentes temporalmente. Este procedimiento tiene algunas limitaciones, siendo una de las más importantes la pérdida de representatividad del conjunto de bienes y servicios que se comparan, a medida que nos alejamos del año de comparación tomado como benchmark. Además, Bolt et al. (2018) suman otro problema, relacionado con las diferencias que aparecen en las mediciones cada vez que se estima nuevos coeficientes de paridad de poder adquisitivo (citan como ejemplo las discrepancias del ICP PPA 2011 respecto al ICP PPA 2005).

Frente a este escenario, la última versión del Maddison Project ofrece nuevas series en base al uso de múltiples benchmarks, tomando distintas opciones:

  1. a) coeficientes de PPA elaborados por el International Comparison Program (ICP),
  2. b) estimaciones de benchmark históricas (ver apéndice A del texto),
  3. c) medidas indirectas utilizadas para calcular benchmarks a partir de salarios reales y ratios de urbanización, especialmente aplicado a países de África (ver apéndice D del texto);
  4. d) benchmarks calculados a partir de información sobre salarios reales y niveles de ingreso de subsistencia, especialmente para el periodo anterior a 1500 que, como aclaran los autores (p.11), son medidas más próximas al concepto de nivel de subsistencia que a mediciones relativas al PIB per cápita [iii];
  5. e) cálculos de Braithwaite (1968).

En la base de datos se informa en cada caso cuál es la fuente de las observaciones correspondientes a los años elegidos como benchmark

A partir de los niveles relativos de ingreso, que surgen de los distintos benchmarks utilizados, completan las series, entre las estimaciones directas, con las tasas de crecimiento que surgen de la base de datos MDP 2013. En la base se señala, para cada observación, el procedimiento utilizado, en cada país y año, para cubrir todo el período: cálculo directo como benchmark, dato interpolado entre dos benchmarks o proyectado desde un benchmark.

La combinación entre el uso de múltiples benchmarks y series de tiempo genera algunas inconsistencias, para algunos años y países, que los autores desarrollan en el apéndice B del documento. Identifican casos con distintos tipos de problemas: niveles de ingreso demasiado bajos –menores a los mínimos de subsistencia–; niveles de ingreso demasiado altos –por ejemplo en países exportadores de petróleo en años previos al boom petrolero–;  cambios bruscos en los niveles de ingreso relativo dependiendo del benchmark utilizado –por ejemplo, debido a distorsiones con los precios relativos en algunos años en particular–; problemas con las estimaciones de Penn World Table –debido a los métodos utilizados para calcular los niveles de precios–, entre otros.  En el apéndice B describen los casos identificados como problemáticos y cómo, en algunas oportunidades, esos benchmarks fueron omitidos de la base de datos.

¿Nuevos datos, nueva historia?

La nueva base de datos MPD 2018 introduce cambios en el análisis del desarrollo de largo plazo del ingreso mundial, en comparación con la base anterior. En la sección 5, Bolt et al. (2018), discuten algunos resultados de los nuevos datos. Analizan, desde una perspectiva regional, las principales diferencias en las mediciones de los niveles de ingreso relativo. Para las regiones pobres, como África y Asia Oriental, en promedio no se observan diferencias, aunque sí para algunos países y años en particular. En el caso de América Latina y Europa Occidental, el MPD 2018 presenta niveles menores de ingreso relativo.  Realizan un análisis de convergencia condicional y testean si se cumple la hipótesis de Balassa-Samuelson[iv] para validar la nueva base de datos. Por último, discuten las implicancias en términos de línea de pobreza y niveles de subsistencia que deriva de utilizar precios relativos que van cambiando (en 1990, el ingreso de subsistencia era de 350 y 400 dólares por año, en 2011 se ajustó a 700 dólares). Por último, analizan el desempeño relativo de largo plazo de Gran Bretaña y Estados Unidas a la luz de la nueva evidencia, cuestionando que el desempeño británico haya sido mucho más exitoso que el norteamericano previo a 1870 (Gráfico 1).

Gráfico 1. PIB real per cápita relativo de Gran Bretaña en relación con Estados Unidos (1770-2016): MPD 2018 versus series de Maddison.

grafico GDP BLOG

Fuente: Elaboración en base a Maddison Project Database, version 2018. Bolt, Jutta, Robert Inklaar, Herman de Jong and Jan Luiten van Zanden (2018), “Rebasing ‘Maddison’: new income comparisons and the shape of long-run economic development” Maddison Project Working Paper, nr. 10, available for download at http://www.ggdc.net/maddison.

Aportes y reflexiones

Las contribuciones de la nueva base de datos son múltiples y muy valiosas. Actualizan series hasta el presente, completan información para muchos países, mejoran estimaciones existentes y proponen un nuevo método de comparación del ingreso relativo. Esto resulta en una base de datos de 169 países, con registros desde la era romana hasta la actualidad. También, en la base, están disponibles las series de población para calcular el PIB total.

Lo más novedoso metodológicamente es el uso de múltiples benchmarks para las series de PIB per cápita que permiten suavizar una de las críticas más fuertes a las series 1990 Geary-Khamis de Maddison, relacionada a la pérdida de representatividad de los precios relativos y la canasta de este año a medida que nos alejamos en el tiempo. Otro aspecto positivo de esta nueva metodología de cálculo de PPA es que permite actualizar las estimaciones con nuevas comparaciones –como las que van surgiendo de las nuevas versiones del International Comparison Program ICP– sin que esto altere por completo los resultados anteriores.

Además, estos autores proponen tener dos medidas de desempeño: una para comparar ingresos relativos y otra para evaluar crecimiento económico. La compatibilidad de ambas medidas despierta ciertos reparos, que los autores son muy transparentes en exponer.

Las estimaciones comparables internacionalmente de PIB per cápita constituyen un desafío muy grande. Estas suelen ser muy sensibles a las técnicas utilizadas para su construcción y, por lo tanto, también lo son los resultados obtenidos –en términos de crecimiento, desempeño, comparación de niveles de ingreso. Esto es algo complejo de resolver. De todas maneras, es importante conocer y explicitar el alcance de los resultados que, muchas veces, dependerán de la forma de medición.

Para finalizar, quedan algunos temas metodológicos que aún, desde mi punto de vista, no han sido abordados con profundidad. En particular, me refiero a la discusión sobre las metodologías de empalme utilizadas para enlazar las series de cuentas nacionales de los países, que originalmente están expresadas en precios de años base diferentes. Esto es algo que afecta principalmente las épocas más recientes, por lo general desde 1950 en adelante. Algunos autores discuten distintas técnicas–retropolación, inteprolación lineal, interpolación a tasa creciente, procedimiento mixto, para empalmar las series de cuentas nacionales, que originalmente están expresadas en precios de distintos años base (De la Fuente 2014, 2016; Prados de la Escosura 2014, 2016). Esto es un tema importante ya que el uso de una técnica u otra puede afectar, no solo los niveles del ingreso, sino también las tasas de crecimiento. Los trabajos de Prados de la Escosura son muy ilustrativos sobre esta problemática.

Sin duda la nueva base de datos del Maddison Project resuelve muchas debilidades de las series históricas anteriores. Aun así, permanecen aspectos por mejorar y analizar a la luz de la historia. En este camino, el esfuerzo es colectivo.

Referencias

Bolt, Jutta; Inklaar, Robert, de Jong, Herman, van Zanden, Jan Luiten (2018) “Rebasing “maddison”: new income comparisons and the shape of long-run economic development”. Maddison Project Working Paper, N°10, Groningen Growth and Development Centre.

Bolt, Jutta y van Zanden, Jan Luiten (2014) “The Maddison Project: collaborative research on historical national accounts”, Economic History Review, 67, 3, pp.627-651.

Braithwaite, S.N. (1968) “Real income levels in Latin America” Review of Income and Wealth, 14 (2), 113-182.

De la Fuente Moreno, Á. (2014) A “mixed” splicing procedure for economic time series. Estadística española, 56(183), 107-121.

De la Fuente Moreno, Á. (2016) “Series enlazadas de PIB y otros agregados de Contabilidad Nacional para España, 1955-2014”, Documento de Trabajo, Nº 16/01, BBVA, Enero.

Feenstra, R.C., R. Inklaar and M.P. Timmer, (2015), “The Next Generation of the Penn World Table” American Economic Review 105(10).

Inklaar, R. and D.S.P. Rao (2017). ‘Cross-Country Income Levels over Time: Did the Developing World Suddenly Become Much Richer?’ American Economic Journal: Macroeconomics 9(1): 265–290.

Lindert, P.H. and J.G. Williamson (2016), Unequal gains. American growth and inequality since 1700, Princeton University Press: Princeton.

Prados de la Escosura, L. (2000), “International Comparisons of Real Product, 1820–1990”Explorations in Economic History 37: 1–41.

Prados de la Escosura, L. (2014) “Mismeasuring long run growth: the bias from spliced national accounts,” Working Papers in Economic History wp14-04, Universidad Carlos III, Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales.

Prados de la Escosura, L. (2016) “Mismeasuring long run growth. The bias from spliced national accounts: the case of Spain”, Cliometrica, 10 (3).

* Esta expresión parafrasea la canción “Depende” del grupo español de rock Jarabe de Palo

[i] Este método fue elaborado por Roy Geary y Salem Khamis y fue utilizado primeramente por Kravis, Heston y Summers en el International Comparisons Program (ICP).

[ii] Los 14 países para los cuales se proponen medidas de ingreso per cápita son: Bélgica, Suiza, Egipto, España, Francia, Grecia, Irán, Irak, Israel, Italia, Jordania, Portugal, Túnez, Turquía,

[iii] Utilizan como nivel de subsistencia 700 dólares (dólares de 2011), cifra que surge de considerar 1,90 dólares por persona por día (y redondear a 700).

[iv] De acuerdo a la hipótesis de Balassa-Samuelson, existe una relación positiva entre la productividad relativa, entre el sector transable respecto al no transable, y el tipo de cambio real.  Esto genera que los precios tiendan a ser más altos en países de mayor ingreso.

¿Que sigue después de Brexit? Una visión histórica.

Juan H. Flores Zendejas [1]

Ginebra, 4 de julio de 2016.

Las reacciones miméticas no son nuevas, sino más bien recurrentes, sobretodo en coyunturas económicas adversas. La propagación de nuevos regímenes económicos o políticos puede tener consecuencias positivas, cierto, pero también pueden conllevar consecuencias nefastas. Recordemos, ya que tratamos con Gran Bretaña, el episodio de la crisis de 1931, poco después del crac bursátil de 1929.

El resultado del referéndum en Gran Bretaña nos deja a la puerta de una nueva era de incertidumbre que rebasa las fronteras de la Unión Europea. Existe un temor natural por adentrarnos por un terreno desconocido, y ahora, más que nunca, la acción que esperamos de los líderes políticos es que sea proactiva, que obedezca a una dirección clara sobre el rumbo de la Unión y sobretodo, eficiente ante los efectos directos e indirectos de la nueva coyuntura. Brexit puede ser el inicio de una Unión Europea distinta, democrática e inclusiva, pero también puede convertirse en el primer paso hacia la desintegración económica, social, y política, ya no sólo del continente, sino también global. Esto sitúa a los líderes europeos en una disyuntiva. Por un lado, evitar una desintegración absoluta con Gran Bretaña implica mantener un máximo de acuerdos políticos y económicos, la solución “suiza”. Por el otro lado, es necesario también diluir el mimetismo potencial que conlleva el resultado, evitando así el riesgo de una ruptura mayor de la unión, la solución “macarra”.

La prisa que muestran los políticos del continente contrasta con la calma que muestran sus contrapartes en la isla. Ambas actitudes eran previsibles. Del lado británico, no solamente habrá que resolver las disputas políticas internas precipitadas por el resultado. Se trata ahora de trazar un plan, en el cual la posibilidad de un Regrexit no queda del todo descartada. Pero tampoco se puede subestimar la complejidad del lado europeo (ahora más que nunca se puede utilizar este término). De alguna medida, Gran Bretaña y el resto de la unión tendrán que encontrar un nuevo equilibrio mutuamente benéfico (o al menos, no tan feo). Lo contrario sería sumamente costoso para ambas partes. Pero a medida que transcurra el tiempo, y en cuanto se corrobore la falacia sobre el escenario apocalíptico promovido por la campaña de la permanencia (a todas luces, nefasta), también aumentará la posibilidad de que otros referéndums sean celebrados en otros países, tal como promueven ya no únicamente los partidos euroescépticos y los de extrema derecha. La necesidad o el deseo de convocarlos comienzan a tener eco en todo el espectro político de otros países de la unión.

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Estas reacciones miméticas no son nuevas, sino más bien recurrentes, sobretodo en coyunturas económicas adversas. La propagación de nuevos regímenes económicos o políticos puede tener consecuencias positivas, cierto, pero también pueden conllevar consecuencias nefastas. Recordemos, ya que tratamos con Gran Bretaña, el episodio de la crisis de 1931, poco después del crac bursátil de 1929. Europa se encontraba en una profunda crisis económica, con elevadas tasas de paro, pobre crecimiento económico y pocas perspectivas de mejoría. El núcleo de aquel sistema económico era precisamente Gran Bretaña, cuya bandera era la ortodoxia en la política económica y la estabilidad monetaria, materializada en la adhesión al patrón oro. La crisis económica que se gestó en Europa central terminó por afectar intensamente al sistema bancario británico. El pánico desatado entre los ahorradores ingleses ansiosos por retirar su dinero sólo se detuvo con la decisión del Banco de Inglaterra de facilitar liquidez al sistema. Pero esta decisión tuvo un alto costo: el Banco de Inglaterra se quedó sin las reservas necesarias para garantizar la convertibilidad de su moneda. Inglaterra terminó abandonando el patrón oro el 21 de septiembre de 1931.

En 48 horas, la libra esterlina llegó a perder  17% de su valor; un mes después fue casi 19% (hoy en día se estima dicha depreciación en algo parecido al 20%, aunque mucho dependerá de la acción de los bancos centrales, mucho más proactiva que en ese entonces). La mayor parte de las bolsas europeas cerraron sus puertas varios días (y otras fuera de Europa, como la de Tokio). La volatilidad acompañó a los mercados financieros durante varios meses, pero los efectos de mediano plazo fueron otros. Para Gran Bretaña, la salida del régimen monetario dio un respiro a la política monetaria y un empuje a las exportaciones, facilitando la recuperación económica. Para sus socios comerciales, la historia fue distinta. Por un lado, Gran Bretaña mostró que la posibilidad de abandonar el patrón oro, por muy catastrófica que pareciera, era factible e incluso deseable. Durante toda la década, un país tras otro imitó lo hecho por ese país. Para muchos historiadores, el abandono del patrón oro se considera uno de los factores que permitieron, en cierta medida, la recuperación en las tasas de crecimiento en los años 1930s. Por el contrario, este sistema monetario había sido un régimen implacable y recesivo durante los 1920s. Pero 1931 también marco el inicio de la política de sálvese quien pueda. Llegó un periodo de devaluaciones competitivas, controles de capitales y el fortalecimiento del proteccionismo a nivel mundial (con la válvula de escape siendo los acuerdos de clearing). Esta desintegración económica también tuvo su reflejo sobre la libertad migratoria, con la introducción de trabas al movimiento de personas en países tradicionalmente abiertos a la inmigración, como Estados Unidos, Australia, Argentina o Brasil. La consiguiente caída del comercio y del flujo internacional de capitales dio como consecuencia la caída generalizada de la actividad económica mundial, y es imposible disociarla de la llegada de gobiernos autoritarios en distintas partes del mundo.

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No debemos llevar demasiado lejos los paralelismos históricos. El patrón oro era un régimen muy poco democrático, y lo bancos centrales tenían como prioridad absoluta mantener las reglas del juego, aunque las consecuencias sobre la actividad económica fueran nefastas. Desde entonces, muchos bancos centrales han cambiado de idea y hoy en día no son ajenos al vaivén de los ciclos económicos. Por otro lado, el periodo posterior a la segunda guerra mundial nos muestra que los gobiernos aprenden de sus errores. El diseño institucional que siguió a nivel doméstico e internacional tuvo como fin el compromiso de muchos países en el mundo hacia la cooperación, el comercio y la integración económica. El régimen monetario ofreció, a comparación con el que se mantuvo durante los periodos anteriores, una flexibilidad nueva.  Siguieron casi tres décadas de crecimiento económico sostenido y consolidación del estado de bienestar. Pero la historia nos deja un mensaje muy claro: no podemos subestimar el descontento social de un sistema económico disfuncional. La crisis sólo ha agravado tendencias de un pasado lejano, pero es evidente las fragilidades expuestas siguen sin ser reparadas y las consecuencias son cada vez más preocupantes.

Por muy irracional que nos parezca, el voto de los ciudadanos británicos tiene causas palpables, relacionadas con una percepción negativa del proyecto europeo. Habrá aún ríos de tinta que nos brindarán razones más o menos plausibles del resultado. Para efectos inmediatos, hagamos una interpretación. El referéndum puede ser una de las últimas advertencias sobre la necesidad de un cambio. No, la política económica no funciona y la estructura decisional tampoco. Hagamos un balance rápido. La política monetaria no fue muy reactiva en los primeros años de la crisis, aunque esto comenzó a cambiar casi por obligación y a pesar de la reticencia de varios gobiernos. Ni qué decir de la política fiscal y de las políticas de austeridad impuestas sobre los países de Europa del Sur, cuyo resultado es el que vemos en las calles de Grecia, España o Italia. Finalmente, tampoco ha quedado clara la división del peso de la crisis: en España como en otros países, hay una desigualdad creciente entre los distintos estratos de la sociedad; en muchos países, los beneficios de los bancos ya superan los niveles previos a la crisis, y hay sectores en los que el poder de mercado de las principales empresas es tal que los beneficios extraordinarios solo contribuyen a aumentar el malestar social.

Evitemos pues la desintegración económica, y optemos por la opción “suiza”. Pero ésta sólo puede ser factible cuando la mano visible actúe desde un lado solidario.

[1] Profesor Investigador de Historia Económica y director del Instituto Paul Bairoch de Historia Económica de la Universidad de Ginebra.

Nueva Página de Recursos del Blog, y mensaje del Prof. Carlos Marichal

De la parte de Carlos Marichal, El Colegio de México, 27 de marzo de 2015.

Anunciamos hoy dos nuevas bases de datos muy amplias que son de interés para los historiadores, las cuales son de consulta libre en Excell, y Word, y pueden localizarse  muy fácilmente en los enlaces señalados abajo de la Biblioteca de El Colegio de México.
Agradeceríamos que solicite a la biblioteca de su institución que cuelgue estos enlaces.

Agradeceremos los comentarios que desean mandar para ir mejorando las páginas.


GUIA DE MEMORIAS DE HACIENDA (1822-1910)
Publicamos aquí en forma electrónica esta Guía de las Memorias de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de México (SHCP) durante su primer siglo de existencia. Para el historiador su importancia es evidente: estos documentos hacendarios que cubren el período 1822 hasta 1910 constituyen la fuente más importante de información cualitativa y cuantitativa sobre la administración pública, no sólo por el resumen económico anual presentado por los respectivos secretarios, sino además por la gran cantidad de anexos estadísticos que acompañan cada informe que se incluyen en Excel para los primeros cincuenta años de la existencia de la SHCP. En esta base de datos que ponemos a disposición del público, se incluye una introducción detallada preparada por los editores, una síntesis de cada Memoria de Hacienda, y datos sobre las bibliotecas donde se albergan copias. A su vez, complementamos esta información con bases de datos que incluyen listas y breves biografías de todos los ministros de Hacienda de México durante el primer siglo de vida independiente.

Este proyecto se ha llevado a cabo durante varios años bajo la coordinación del Dr. Carlos Marichal de El Colegio de México con colaboraciones del Instituto Mora, la Universidad Autónoma Metropolitana y CONACYT y, para el diseño de la página ha contado con la colaboración de la SHCP. Esta página se encuentra en línea en la Biblioteca de El Colegio de México (http://memoriasdehacienda.colmex.mx<http://memoriasdehacienda.colmex.mx/>/<http://memoriasdehacienda.colmex.mx/>) y la Biblioteca Lerdo de la SHCP (http://codexvirtual.com/bmlt2<http://codexvirtual.com/bmlt2/>/<http://codexvirtual.com/bmlt2/>).

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CAJAS DE LA REAL HACIENDA DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA,
SIGLOS XVI A PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX.

El presente sitio reúne la información de las Cajas Reales de la Real Hacienda para la América hispánica entre el siglo XVI y 1824. Las tesorerías de la Real Hacienda se fundaron en casi todos los territorios dominados por el imperio español, dentro del Nuevo Mundo. Este sitio web está basado en el gran proyecto de investigación que realizaron Herbert Klein y John J. TePaske, así como de sus colaboradores. Vaya a ellos nuestro agradecimiento. La documentación elaborada permite hacer diversos ejercicios de investigación y docencia de utilidad para profesores y alumnos en historia económica de Hispanoamérica en la época colonial. Con la finalidad de facilitar el acceso a la información se ha creado un motor de búsqueda, y se han elaborado una serie de mapas históricos de las reales cajas por virreinato. Debe complementarse la información en los sumarios de reales cajas con la consulta de otros ramos en los archivos correspondientes para mayor precisión en las investigaciones.

La base de datos incluida en este sitio contiene los resúmenes de las cartas cuentas de la Real Hacienda de la América española (que cubren el largo período de los siglos XVI a principios del siglo XIX). Se han puesto estos materiales en formato Excel para que puedan consultarse con facilidad. Estas series estarán en línea y se podrán consultar en esta página web, en la sección de Recursos Digitales de laBiblioteca de El Colegio de México (http<http://realhacienda.colmex.mx/&gt;://realhacienda.colmex.mx<http://realhacienda.colmex.mx/>/<http://realhacienda.colmex.mx/&gt;)  y a través de enlaces como las de la Asociación Mexicana de Historia Económica (http://amhe.mx/) y la Biblioteca Lerdo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (http://codexvirtual.com/bmlt2<http://codexvirtual.com/bmlt2/>/<http://codexvirtual.com/bmlt2/>).

EL MUNDO HISPÁNICO Y LA REVOLUCIÓN DEL CONSUMO

Rafael Dobado (Universidad Complutense de Madrid), 24 de octubre de 2014.

La Revolución del Consumo novohispana seguramente no alcanzó las dimensiones de la británica o tener sus consecuencias en términos de Revolución Industriosa y Revolución Industrial, entre otras razones porque Nueva España contaba con una población más pequeña y una economía menos dinámica. No obstante, la generalización del consumo de “nuevos” -desde la perspectiva europea- bienes entre los novohispanos está bien constatada desde el siglo XVI.

En una entrada anterior a este blog (“Globalización y Gran Divergencia”) introduje la hipótesis de que la Revolución del Consumo de la Edad Moderna bien pudo haber comenzado en el mundo hispánico y no en el europeo occidental (Holanda y, especialmente, Gran Bretaña) como suele establecerse casi como axioma en una abundante literatura anglosajona. El locus principal de esa Revolución del Consumo, inseparable de la globalización “soft” surgida de la expansión ultramarina europea que se inició desde la Península Ibérica, sería Nueva España. Otros territorios (Macao, Perú, Filipinas, Brasil, España, Portugal, etc.) de las monarquías hispánica y lusa tuvieron papeles importantes en la globalización que precedió a la Revolución del Consumo, pero seguramente no tanto como el de Nueva España.

Esta Revolución del Consumo novohispana seguramente no alcanzó las dimensiones de la británica o tener sus consecuencias en términos de Revolución Industriosa y Revolución Industrial, entre otras razones porque Nueva España contaba con una población más pequeña y una economía menos dinámica. No obstante, la generalización del consumo de “nuevos” -desde la perspectiva europea- bienes entre los novohispanos está bien constatada desde el siglo XVI. Algunos eran autóctonos o de relativamente fácil acceso tras la Conquista del imperio Mexica (chocolate, tabaco y azúcar). Otros son un conspicuo resultado de la globalización “soft”, pues llegaban desde Asia a Acapulco, vía Manila, en el Galeón de Manila (textiles de seda y algodón, loza, especies, etc.). Esta ruta comercial se mantuvo abierta durante dos siglos y medio. Fue inaugurada en 1565, cuando Fray Andrés de Urdaneta encontró el derrotero que hizo posible el “tornaviaje” entre Filipinas y Nueva España. Esta proeza naval de la Edad Moderna –la distancia recorrida se acercaba a los 15.000 kilómetros y sólo se tocaba tierra al llegar a California- perduró ininterrumpidamente hasta 1815. Con algunas excepciones debidas principalmente a problemas organizativos o naufragios, uno, por lo general, o dos galeones al año transportaban entre Manila y Acapulco productos asiáticos de variada índole y procedencia. Manila fue “fundada” en 1571 por López de Legazpi. Enseguida se convirtió en el centro comercial que, por primera vez en la historia de la humanidad, puso en contacto el Extremo Oriente con América. Éste sería, para Flynn y Girádez (2004), el acto fundacional de la globalización ”soft”, ya que nunca antes las grandes masas de tierra de nuestro planeta habían estado en contacto –tanto comercial y monetario como también de otros tipos (tecnológico, artístico, demográfico, etc.)- permanente. No tardó Manila en contar con un nutrido “barrio chino” extramuros (Parián) y en ser visitada por barcos provenientes de China y otros puertos asiáticos. A la numerosa población de “sangleyes” residentes en el Parían (más de 5.000 hacia 1580) se sumó la japonesa, que habitaba en un suburbio llamado Dilao. En 1624, ascendían a unos 3.000.

Portugal había precedido a España en el contacto con China y Japón: 1513 fue el año en que el primer barco portugués arribó a Cantón; en 1542 o 1543, dependiendo de las fuentes, el navegante portugués Fernán Méndez Pinto llegó a Japón; el establecimiento portugués en Macao data de 1557. No es extraño, pues, que desde poco después del primer contacto portugués con China, objetos de porcelana como el que se muestra en la Ilustración 1 comenzasen a llegar a Portugal. Ni que, como relata Finlay (1998), a su entrada en Lisboa en 1619, Felipe III pasase bajo un arco triunfal levantado por el gremio de ceramistas que mostraba “carracas” –barco de carga portugués que protagonizó el comercio luso con Asia- descargando porcelana china en el puerto de la ciudad que recibía al rey de hispano-luso.

Ilustración 2. Jarra china para el mercado portugués, c. 1520.  Heilbrunn Timeline of Art History. New York: The Metropolitan Museum of Art, 2000–.  http://www.metmuseum.org/toah/works-of-art/61.196 (October 2006)

Ilustración 2.
Jarra china para el mercado portugués, c. 1520.
Heilbrunn Timeline of Art History. New York: The Metropolitan Museum of Art, 2000–.
http://www.metmuseum.org/toah/works-of-art/61.196
(October 2006)

Es probablemente en 1580-1640 cuando la “mundialización ibérica” de Gruzinski (2010) alcanzó su apogeo en la capital del Virreinato de Nueva España: “Esta nueva geografía que ubica a la ciudad de México en la línea divisoria del mundo es portadora de riquezas infinitas.”(Gruzinski, 2010, p.124)

Fue bien entrado el siglo XVII cuando otra potencias europeas comenzaron (primero Holanda y después Inglaterra y Francia) a adquirir directamente especies y manufacturas asiáticas. Mientras que la presencia portuguesa en Asia experimentó un acusado retroceso desde comienzos del siglo XVII, la española resistió hasta bien entrado el XVIII, cuando el Pacífico comenzó a dejar de ser el “lago español”.

Una anécdota resulta ilustrativa acerca del liderazgo ibérico en la difusión por Occidente del gusto por lo oriental que caracterizaría la Europa moderna y, en particular, al siglo XVIII, cuando las “chinoiseries” y la “porzelanzimmer” alcanzasen su máximo esplendor. El término holandés “kraak” con el que es conocida la porcelana “azul cobalto y blanca” fabricada en China para la exportación hasta mediados del siglo XVII (finales de dinastía Ming) podría provenir –no hay consenso definitivo al respecto- de la ya antes mencionada acepción “carraca”. La primera llegada masiva de porcelana china a Holanda y su popularización fue el resultado de un acto de piratería: la subasta del cargamento del Santiago, buque portugués capturado en 1603 en la isla de Santa Elena. Algo más tarde, inspirada en los exitosos diseños chinos de exportación, la mayólica, que no porcelana, de Delf tendría un notable éxito en la Europa noroccidental entre mediados de los siglos XVII y XVIII. No obstante, ya en 1586, Juan de Mendoza describía la porcelana china y mencionaba los mercados a los que era habitualmente exportada: Portugal, Perú, Nueva España y “otras partes del mundo”. (Murphy-Gnatz, 2010).

Probablemente menos conocido es el hecho de que, en Nueva España, la mayólica de Puebla de los Ángeles –conocida como “talavera poblana” por la influencia española- refleja ya desde la segunda mitad del siglo XVII la influencia de la porcelana china de exportación en técnicas, motivos ornamentales y formas –véase Ilustración 2.

Ilustración 2. Tibor de Puebla de los Ángeles, probablemente del siglo XVIII Heilbrunn Timeline of Art History . New York: The Metropolitan Museum of Art, 2000–.  http://www.metmuseum.org/toah/works-of-art/11.87.36.  (October 2006)

Ilustración 2.
Tibor de Puebla de los Ángeles, probablemente del siglo XVIII
Heilbrunn Timeline of Art History . New York: The Metropolitan Museum of Art, 2000–.
http://www.metmuseum.org/toah/works-of-art/11.87.36.
(October 2006)

A comienzos del siglo XVII, la variada influencia del arte nambam japonés, surgido del contacto con los “bárbaros del sur” (portugueses, primero y especialmente, y, más tarde, españoles) había logrado influir en Nueva España, dando lugar a una de las formas artísticas más originales y expresivas del mundo virreinal: el biombo, una de cuyas manifestaciones más sincréticas se muestra en la Ilustración 3. Rasgos culturales “peninsulares” (los personajes vestidos a la europea) se mezclan con otros “pre-hispánicos” (productores y bebedores de pulque, voladores de Papantla, cofradías guerreras mexicas, etc.), que parecen dominar la escena, en una anticipación del protonacionalismo mexicano de la segunda mitad del siglo XVIII.

Ilustración 3. "El palo volador", México, 1650-1700. Fotografía de Joaquín Otero. Museo de América de Madrid.

Ilustración 3.
“El palo volador”, México, 1650-1700. Fotografía de Joaquín Otero.
Museo de América de Madrid.

La Historia del Arte novohispano ha revelado algunas manifestaciones sorprendentes de la coexistencia entre influencias tan aparentemente dispares como las que encuentra Curiel (2012) en la iglesia de San Jerónimo Tlacochahuaya (c. 1735):

“Junto a un mar de tupidas flores de estirpe indígena conviven en igualdad de circunstancias, sin estorbarse ni molestarse entre sí, enormes tibores chinos, al lado de grandiosos floreros europeos de evidentes resabios flamencos, todo pintado por diestras manos indígenas de oficio depurado. América, Europa y Asia bajo un mismo cobijo en una pequeña iglesia de los Valles Centrales de Oaxaca.”  (Curiel, 2012, p. 324).

Pero desplacémonos del Arte –aunque de consumo popular cotidiano en forma de servicios religiosos por lo que a este caso se refiere- a la Historia Económica. Gash-Tomás (2014) ha utilizado inventarios post-mortem para estudiar el consumo de bienes asiáticos (seda china, porcelana, muebles japoneses, abanicos, etc.) por parte de las élites de Sevilla y Ciudad de México entre 1571 y 1630. Hacia el final de ese período, junto a la aristocracia, presente desde el comienzo, aparecen también otros grupos sociales. Éstos contribuyeron a una cierta “democratización”, si bien limitada, del consumo de bienes asiáticos, que también se extendió a otras ciudades del Reino de Castilla.

Fernández de Pinedo (2012) registra productos americanos (cacao de Caracas y azúcar cubano, a los que debería añadirse el tabaco) y asiáticos (porcelana y otra cerámica, abanicos, cajas de ébano, etc.) en el consumo de las clases medias y altas madrileñas de la primera mitad del siglo XVIII. Se habría dado probablemente ya un paso más en la “democratización” del consumo de bienes ultramarinos.

Por lo que respecta a Ciudad de México, la mayoría de las mercancías asiáticas llegadas desde Acapulco se exponían en su plaza central. Parte de ellas encontraba como destino otras ciudades novohispanas. Algunas llegaban a España desde Veracruz. Legal o ilegalmente, según los períodos, no pocas se difundían por el resto de la América española.

La Plaza Mayor de la Ciudad de México albergó el Parían, del tagalo parian (mercado chino según la RAE) –véase Ilustración 4.

Plaza Mayor de Ciudad de México, México c. 1695-1700,  Cristóbal de Villalpando. Tomado de Leibsohn (2013, p. 14).

Ilustración 4. Plaza Mayor de Ciudad de México, México c. 1695-1700,
Cristóbal de Villalpando.
Tomado de Leibsohn (2013, p. 14).

Se trataba de un conjunto de establecimientos comerciales –unos 180 a comienzos del siglo XIX (Anna, 1972)- dentro de un recinto cerrado de una magnitud considerable –casi 13.000 varas cuadradas- al que se accedía a través de ocho puertas. Todavía a comienzos de la década de 1820, cuando el Galeón de Manila había dejado de existir, el Parían constituía la más valiosa propiedad inmueble municipal de la Ciudad de México (Anna, 1972).

La crónica de Viera (Breve compendiosa narración de la ciudad de México, de 1777) califica al Parián de “teatro de las maravillas”, pues en él se mostraban “los más variados objetos del Oriente, libros, ropa fina, biombos, camas, espejos, joyas, abanicos, cristalería, cerámica y otros lujos.”(Rubial, 2008, p. 418). Esta idea de abundancia, basada en el acceso a una plétora de productos europeos y asiáticos, se encuentra ya presente en las Mémoires du Mexique del viajero francés Monségur, que vieron la luz en 1709.

Ahora bien, ¿accedían al consumo de “nuevos bienes”, semejantes a los que protagonizaron la Revolución del Consumo en la Europa noroccidental grupos sociales no pertenecientes a las élites? Por lo que se refiere a los producidos en América, como el chocolate, el azúcar o el tabaco, abundan datos que sugieren un consumo extendido de ellos más allá de las minorías privilegiadas (Dobado y García, 2014; Dobado, 2015). Respecto a los de procedencia oriental, la conclusión es menos indiscutible, pero parece que acabaron siendo consumidos por “sectores medios” de la sociedad novohispana.

Al Parián acudía no sólo la élite en busca de productos de lujo:

“In the Plaza Mayor, the mercantile heart of the Spanish empire, an outdoor marketplace of stalls and small shops called the Parián (named after the Chinese emporium in Manila) satisfied the exotic demands of elites and commoners alike.” (Slack, 2009, p. 42.)

Una pintura anónima del siglo XVIII, titulada Calidades de las personas que habitan en la ciudad de México, nos muestra un Parián que acoge personajes y transacciones que no pueden ser adscritos en exclusiva a la élite –véase Ilustración 5.

Ilustración 5. Calidades de las personas que habitan en la ciudad de México

Ilustración 5.
Calidades de las personas que habitan en la ciudad de México

Interesante como es, la interpretación de textos e imágenes puede ser objetable. Menos dudoso resulta el análisis de la documentación cuantitativa del Galeón de Manila. De ella se deduce que los precios de buen número de bienes asiáticos, pese al substancial incremento que sufrían tras cada etapa del largo trayecto que separaba al productor chino o hindú del consumidor final novohispano, no eran prohibitivos (Yuste, 1995; Dobado, 2014). Ello se debía a la baratura en origen de algunas manufacturas y a la flexibilidad de una producción capaz de adaptarse a diferentes capacidades adquisitivas. Al menos con seguridad en las últimas décadas del período virreinal, algo muy parecido a una Revolución del Consumo estaba en marcha:

“Creo que dentro de Nueva España y sobre todo en la segunda mitas del siglo XVIII, el comercio transpacífico modificó el carácter de sus cargamentos: de artículos suntuarios y textiles muy lujosos y caros, a textiles baratos y artículos de uso corriente en la colonia, lo que propició que las mercancías que introducía el galeón fueran accesibles para la población media e incluso pobre.” (Yuste, 1995, p. 240).

Incluso si la Revolución del Consumo en Nueva España no puede asociarse a una Revolución Industriosa a gran escala, aun tendría sentido la hipótesis de que población rural y urbana de las zonas más integradas en los circuitos comerciales pudieron sentirse inclinados durante el siglo XVIII a incrementar el esfuerzo laboral de las unidades familiares en respuesta a más poderosos estímulos al consumo. En cualquier caso, el consumidor novohispano se benefició desde pronto de algunas de las ganancias de bienestar que se atribuyen al consumo de “bienes coloniales” por la población inglesa (Hersh y Voth, 2011).

BIBLIOGRAFÍA

ANNA, T. E. (1972): “The Finances of Mexico City during the War of Independence”, Journal of Latin American Studies, 4, 1, pp. 55-75.
CURIEL, G. (2012): ”Lenguajes artísticos transcontinentales en objetos suntuario de uso cotidiano: el caso de la Nueva España”, DOBADO, R. y CALDERÓN, A. (coords.): Pinturas de los Reinos. Identidades compartidas en el mundo hispánico. Miradas varias, siglos XVI-XIX (pp. 312-324), México: Fomento Cultural Banamex.
DOBADO, R. (2014): “La globalización hispana del comercio y el arte en la Edad Moderna”, Estudios de Economía Aplicada, 32, 1, pp. 13-42.
DOBADO, R. (2015): “Pre-Independence Spanish Americans: Poor, short and unequal… or the Opposite?, Revista de Historia Económica/Journal of Iberian and Latin American Economic History.
DOBADO, R. y GARCÍA, H. (2014): “Neither So Low Nor So Short: Wages and Heights in Bourbon Spanish America from an International Comparative Perspective”, Journal of Latin American Studies, 46, pp. 1-31.
FERNÁNDEZ DE PINEDO, N. (2012): “Dress, Eat and Show Off in Madrid, c. 1750”, presentado a la Sesión 9, Material Encounters between Local and Global, del Congreso Global Commodities. The Material Culture of Early Modern Connections, 1400-1800, Universidad de Warwick. Mímeo.
FINLAY, R. (1998): “The Pilgrim Art: The Culture of Porcelain in World History”, Journal of World History, 9, 2, pp. 141-187.
GASH-TOMÁS, J. L. (2014): “Globalisation, Market Formation and Commodisation in the Spanish Empire. Consumer Demand for Asian Goods in Mexico City and Seville, C. 1571-1630”, Revista de Historia Económica/Journal of Iberian and Latin American Economic History, 32, 2, pp. 189-221.
HERSH, J. y VOTH, J. (2011): “Sweet Diversity: Colonial Goods and the Welfare Gains from Trade after 1492”, Economics Working Papers 1163, Department of Economics and Business, Universidad Pompeu Fabra.
LEIBSOHN, D. (2013): “Made in China, Made in Mexico”, PIERCE, D. y OTSUKA, R. (eds.): At the Crossroads: The Arts of Spanish America & Early Global Trade, 1492–1850: Papers from the 2010 Mayer Center Symposium at the Denver Art Museum (pp. 11-40), Denver: Denver Museum of Art.
MURPHY-GNATZ, M. (2010): “The Porcelain Trade”, https://www.lib.umn.edu/bell/tradeproducts/porcelain
O’ROURKE, K. H., y WILLIAMSON, J. G. (1999): Globalization and History, Cambridge: MIT Press.
— (2002): “When Did Globalization Begin?”, European Review of Economic History, 6: pp. 23–50.
— (2004): “Once More: When Did Globalization Begin?”, European Review of Economic History, 8: pp. 109–17.
SLACK, E.R. (2009): “The Chinos in New Spain: A Corrective Lens for a Distorted Image”, Journal of World History, 20, 1: pp. 35-67.
YUSTE, C. (1995): “Los precios de las mercancías asiáticas en el siglo XVII”, GARCÍA, V. (coord.): Los precios de alimentos y manufacturas novohispanos (pp. 231-264), México DF, México.

 

PIBs regionales en América Latina y desconcentración de la actividad económica durante la ISI: ¿industrialización, protección o condiciones estructurales?

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 11 de octubre de 2014

A medida que se va construyendo nueva evidencia de PIBs regionales en América Latina, van conformándose nuevos desafíos de interpretación. A la vez que se conforma un nuevo campo de pruebas para las hipótesis de la NGE, es muy probable que el estructuralismo latinoamericano ofrezca un set de interpretaciones sugerente y provocativo. Queda camino por recorrer para comenzar a testear estas presunciones y su consideración enriquecerá el análisis histórico de la región.

En mi última entrada al Blog (“Contabilidad e interpretación de los PIBs regionales en América Latina: ¿hacia la construcción de ‘nuevas’ hipótesis para la periferia?”) argumentaba sobre la conveniencia de proponer alternativas interpretativas a la NEG (Nueva Geografía Económica) para comprender la localización territorial de la actividad económica en la periferia mundial.

Tomando como referencia el caso de América Latina, se trata de economías fuertemente dependientes de los recursos naturales, donde su localización ha creado un conjunto de condiciones que muchas veces se han expresado en la conformación de enclaves de producción (Cardoso & Faletto, 1971), el proceso de industrialización, antes que alentar una mayor desigualdad regional puede haber colaborado para romper (o al menos moderar) la heterogeneidad estructural. La industrialización sustitutiva y el sistema de incentivos creado por el Estado para la instalación de industrias en forma descentralizada pudo haber creado presiones igualadoras en la distribución regional de los ingresos. Este es el resultado que, de forma preliminar, se encuentra en Uruguay (García et. al, 2014) y México (Aguilar-Retureta, 2014) y nos permite presumir que puede encontrarse en otros países de América Latina. Dicho en otras palabras, la industrialización tardía y muchas veces a contrapelo de las ventajas comparativas pudo haber traído consigo tendencias igualadoras más que las contrarias, en un proceso que ya había sido captado cuando se analizaba la distribución personal del ingreso (ver, por ejemplo, Bértola, 2005).

Este planteo no desestima la búsqueda de explicaciones dentro del (actual) mainstream del análisis. Un ejemplo de ello es el reciente artículo publicado en Cliométrica –Tirado et al. (2013)– en el cual los autores, basados en trabajos como Hanson (1997) y Crozet & Koenig-Soubeyran (2004), analizan convincentemente los efectos en España del progresivo abandono de un régimen liberal durante el primer tercio del siglo XX y la adopción de un modelo nacionalista de desarrollo. El artículo indaga sobre el creciente proteccionismo del período y cómo su intensificación en el lapso entre-guerras condujo a la pérdida de centralidad de algunas regiones –como Cataluña– y el crecimiento relativo de otras localizaciones dotadas de una mejor posición geo-económica dentro del mercado doméstico (como el País Vasco, Zaragoza y Madrid).

En la medida en que se continúe avanzando en la construcción de evidencia para América Latina –y el último Congreso Latinoamericano de Historia Económica celebrado en Bogotá en julio de 2014 nos permite ser optimistas en este sentido (ver la sesión 12 del programa)– será un campo de prueba muy interesante para testear ese tipo de hipótesis. Ahora bien, ¿hay alternativas teóricas con las cuales trabajar? El estructuralismo latinoamericano ofrece un set de hipótesis que, complementariamente, podrían contribuir mucho a la comprensión de los procesos. En particular, el clásico concepto cepalino de “heterogeneidad estructural” tiene, en lo territorial, una dimensión evidente aunque muy poco explotada.

En una publicación reciente, CEPAL argumenta que “una de las manifestaciones particulares de la heterogeneidad en América Latina y el Caribe es la gran diferencia en los grados de desarrollo económico y social que muestran los diversos territorios de cada país, existiendo localidades con niveles de vida similares a las de los países desarrollados y lugares con un atraso marcado” (CEPAL, 2014, p. 71). Se trata de una constatación que tiene hondas raíces estructurales y que cualquier análisis sobre América Latina no debería desestimar.

La industrialización en América Latina no fue producto exclusivo del creciente proteccionismo. El Estado actuó en una multiplicidad de flancos –mercado cambiario, relaciones laborales, tasación diferencial por tipo de bienes, soporte de investigación y desarrollo, activo rol de las empresas públicas, entre muchos otros– en países en los cuales se apreciaban señales de cambio estructural en la producción destinada al mercado doméstico, pero escasas en la ventana externa de las economías. Esa suerte de cambio estructural trunco (parafraseando a Fajnzylber, 1983) implicó que América Latina continuara dependiendo de sus recursos naturales para participar en los mercados internacionales de bienes y servicios y ello la expuso a presiones recurrentes de balanza de pagos.

Por lo tanto, si en varias economías de América Latina se sigue hallando evidencia de procesos de industrialización en los cuales las dinámicas de aglomeración parecen haber constituido fuerzas secundarias y la NGE presenta rendimientos analíticos decrecientes, puede estar aproximándose el momento de poner en juego conceptualizaciones complementarias que ofrezcan renovados argumentos. La industrialización latinoamericana significó cambios profundos en la institucionalidad de las economías, pero rupturas parciales de la especialización y creaciones de mercados internos restringidos (o duales) que dan un carácter diferenciado al proceso. La permanencia de la dualidad, donde habrían convivido nuevas regiones de alto desarrollo con territorios históricamente atrasados, junto a una muy fuerte acción del Estado, constituyen elementos claves del análisis. Los historiadores económicos de América Latina tenemos mucho camino por recorrer para comprender esta realidad de la periferia mundial.

Aguilar-Retureta (2014): “The GDP per capita of the Mexican regions (1895-1930): new estimates”. Documentos de Trabajo (DT-AEHE) 1415, Asociación Española de Historia Económica.

Bértola, L. (2005): “A 50 años de la Curva de Kuznets: Crecimiento y distribución del ingreso en Uruguay y otras economías de nuevo asentamiento desde 1870”. Investigaciones en Historia Económica, v. 3/2005, pp. 135-176.

Cardoso, F.H. y Faletto E. (1971): “Dependencia y Desarrollo en América Latina. Ensayo de interpretación sociológica”, Siglo veintiuno editores.

CEPAL (2014): Cambio estructural para la igualdad. Una visión integrada del desarrollo. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) Santiago de Chile, abril.

Crozet M. and Koenig-Soubeyran P. (2004): “EU enlargement and the internal geography of countries”, Journal of Comparative Economics 32, pp. 265-279.

Fajnzylber, F. (1983): La industrialización trunca de América Latina, CET, México DF.

García M., Martínez-Galarraga, J. y Willebald, H. (2014): “Crecimiento y estructura productiva regional en Uruguay en la primera mitad del siglo XX: primeras aproximaciones y algunas hipótesis”. Ponencia presentada en el Seminario de Investigación del Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Universidad de la República, 13/05/2014.

Hanson G.H. (1997):“Increasing returns, trade and the regional structure of wages”, Economics Journal 107, pp. 113-133.

Tirado, D., Pons, J., Paluzie, E., Martínez-Galarraga, J. (2013): “Trade policy and wage gradients: evidence from a protectionist turn”, Cliometrica, Journal of Historical Economics and Econometric History, vol. 7(3), pp. 295-318, September.