Blog: Pasado y Presente de la economía mundial

Este blog trata temas de economía e historia económica y su objetivo principal es el de proveer a nuestros lectores de una dimensión histórica al análisis de los problemas económicos contemporáneos. Asimismo, tenemos la intención de divulgar la historia económica mediante la difusión de los últimos hallazgos, investigaciones y debates en nuestra disciplina.

El grupo de investigadores está conformado por académicos de primer nivel en America Latina, Estados Unidos, Inglaterra y España. Las entradas son semanales y abarcaran todo tipo de temática y evento: el comentario de un nuevo libro, o grupos de ellos y que sean de especial relevancia para el debate público; el análisis de un fenómeno contemporáneo a la luz de la experiencia histórica; las nuevas investigaciónes de los autores mismos; se expondrán los contenidos fundamentales de congresos, seminarios, u otros eventos importantes en historia económica. Escribiremos sobre temas globales, y frecuentemente sobre temas relevantes para América Latina y España. Se tratarán, entre otros, temas relacionados al desarrollo económico de los países, las finanzas globales, crisis financieras, recursos naturales, educación, desarrollo tecnológico, la política económica y el papel del Estado en la economía.

¿Que sigue después de Brexit? Una visión histórica.

Juan H. Flores Zendejas [1]

Ginebra, 4 de julio de 2016.

Las reacciones miméticas no son nuevas, sino más bien recurrentes, sobretodo en coyunturas económicas adversas. La propagación de nuevos regímenes económicos o políticos puede tener consecuencias positivas, cierto, pero también pueden conllevar consecuencias nefastas. Recordemos, ya que tratamos con Gran Bretaña, el episodio de la crisis de 1931, poco después del crac bursátil de 1929.

El resultado del referéndum en Gran Bretaña nos deja a la puerta de una nueva era de incertidumbre que rebasa las fronteras de la Unión Europea. Existe un temor natural por adentrarnos por un terreno desconocido, y ahora, más que nunca, la acción que esperamos de los líderes políticos es que sea proactiva, que obedezca a una dirección clara sobre el rumbo de la Unión y sobretodo, eficiente ante los efectos directos e indirectos de la nueva coyuntura. Brexit puede ser el inicio de una Unión Europea distinta, democrática e inclusiva, pero también puede convertirse en el primer paso hacia la desintegración económica, social, y política, ya no sólo del continente, sino también global. Esto sitúa a los líderes europeos en una disyuntiva. Por un lado, evitar una desintegración absoluta con Gran Bretaña implica mantener un máximo de acuerdos políticos y económicos, la solución “suiza”. Por el otro lado, es necesario también diluir el mimetismo potencial que conlleva el resultado, evitando así el riesgo de una ruptura mayor de la unión, la solución “macarra”.

La prisa que muestran los políticos del continente contrasta con la calma que muestran sus contrapartes en la isla. Ambas actitudes eran previsibles. Del lado británico, no solamente habrá que resolver las disputas políticas internas precipitadas por el resultado. Se trata ahora de trazar un plan, en el cual la posibilidad de un Regrexit no queda del todo descartada. Pero tampoco se puede subestimar la complejidad del lado europeo (ahora más que nunca se puede utilizar este término). De alguna medida, Gran Bretaña y el resto de la unión tendrán que encontrar un nuevo equilibrio mutuamente benéfico (o al menos, no tan feo). Lo contrario sería sumamente costoso para ambas partes. Pero a medida que transcurra el tiempo, y en cuanto se corrobore la falacia sobre el escenario apocalíptico promovido por la campaña de la permanencia (a todas luces, nefasta), también aumentará la posibilidad de que otros referéndums sean celebrados en otros países, tal como promueven ya no únicamente los partidos euroescépticos y los de extrema derecha. La necesidad o el deseo de convocarlos comienzan a tener eco en todo el espectro político de otros países de la unión.

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Estas reacciones miméticas no son nuevas, sino más bien recurrentes, sobretodo en coyunturas económicas adversas. La propagación de nuevos regímenes económicos o políticos puede tener consecuencias positivas, cierto, pero también pueden conllevar consecuencias nefastas. Recordemos, ya que tratamos con Gran Bretaña, el episodio de la crisis de 1931, poco después del crac bursátil de 1929. Europa se encontraba en una profunda crisis económica, con elevadas tasas de paro, pobre crecimiento económico y pocas perspectivas de mejoría. El núcleo de aquel sistema económico era precisamente Gran Bretaña, cuya bandera era la ortodoxia en la política económica y la estabilidad monetaria, materializada en la adhesión al patrón oro. La crisis económica que se gestó en Europa central terminó por afectar intensamente al sistema bancario británico. El pánico desatado entre los ahorradores ingleses ansiosos por retirar su dinero sólo se detuvo con la decisión del Banco de Inglaterra de facilitar liquidez al sistema. Pero esta decisión tuvo un alto costo: el Banco de Inglaterra se quedó sin las reservas necesarias para garantizar la convertibilidad de su moneda. Inglaterra terminó abandonando el patrón oro el 21 de septiembre de 1931.

En 48 horas, la libra esterlina llegó a perder  17% de su valor; un mes después fue casi 19% (hoy en día se estima dicha depreciación en algo parecido al 20%, aunque mucho dependerá de la acción de los bancos centrales, mucho más proactiva que en ese entonces). La mayor parte de las bolsas europeas cerraron sus puertas varios días (y otras fuera de Europa, como la de Tokio). La volatilidad acompañó a los mercados financieros durante varios meses, pero los efectos de mediano plazo fueron otros. Para Gran Bretaña, la salida del régimen monetario dio un respiro a la política monetaria y un empuje a las exportaciones, facilitando la recuperación económica. Para sus socios comerciales, la historia fue distinta. Por un lado, Gran Bretaña mostró que la posibilidad de abandonar el patrón oro, por muy catastrófica que pareciera, era factible e incluso deseable. Durante toda la década, un país tras otro imitó lo hecho por ese país. Para muchos historiadores, el abandono del patrón oro se considera uno de los factores que permitieron, en cierta medida, la recuperación en las tasas de crecimiento en los años 1930s. Por el contrario, este sistema monetario había sido un régimen implacable y recesivo durante los 1920s. Pero 1931 también marco el inicio de la política de sálvese quien pueda. Llegó un periodo de devaluaciones competitivas, controles de capitales y el fortalecimiento del proteccionismo a nivel mundial (con la válvula de escape siendo los acuerdos de clearing). Esta desintegración económica también tuvo su reflejo sobre la libertad migratoria, con la introducción de trabas al movimiento de personas en países tradicionalmente abiertos a la inmigración, como Estados Unidos, Australia, Argentina o Brasil. La consiguiente caída del comercio y del flujo internacional de capitales dio como consecuencia la caída generalizada de la actividad económica mundial, y es imposible disociarla de la llegada de gobiernos autoritarios en distintas partes del mundo.

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No debemos llevar demasiado lejos los paralelismos históricos. El patrón oro era un régimen muy poco democrático, y lo bancos centrales tenían como prioridad absoluta mantener las reglas del juego, aunque las consecuencias sobre la actividad económica fueran nefastas. Desde entonces, muchos bancos centrales han cambiado de idea y hoy en día no son ajenos al vaivén de los ciclos económicos. Por otro lado, el periodo posterior a la segunda guerra mundial nos muestra que los gobiernos aprenden de sus errores. El diseño institucional que siguió a nivel doméstico e internacional tuvo como fin el compromiso de muchos países en el mundo hacia la cooperación, el comercio y la integración económica. El régimen monetario ofreció, a comparación con el que se mantuvo durante los periodos anteriores, una flexibilidad nueva.  Siguieron casi tres décadas de crecimiento económico sostenido y consolidación del estado de bienestar. Pero la historia nos deja un mensaje muy claro: no podemos subestimar el descontento social de un sistema económico disfuncional. La crisis sólo ha agravado tendencias de un pasado lejano, pero es evidente las fragilidades expuestas siguen sin ser reparadas y las consecuencias son cada vez más preocupantes.

Por muy irracional que nos parezca, el voto de los ciudadanos británicos tiene causas palpables, relacionadas con una percepción negativa del proyecto europeo. Habrá aún ríos de tinta que nos brindarán razones más o menos plausibles del resultado. Para efectos inmediatos, hagamos una interpretación. El referéndum puede ser una de las últimas advertencias sobre la necesidad de un cambio. No, la política económica no funciona y la estructura decisional tampoco. Hagamos un balance rápido. La política monetaria no fue muy reactiva en los primeros años de la crisis, aunque esto comenzó a cambiar casi por obligación y a pesar de la reticencia de varios gobiernos. Ni qué decir de la política fiscal y de las políticas de austeridad impuestas sobre los países de Europa del Sur, cuyo resultado es el que vemos en las calles de Grecia, España o Italia. Finalmente, tampoco ha quedado clara la división del peso de la crisis: en España como en otros países, hay una desigualdad creciente entre los distintos estratos de la sociedad; en muchos países, los beneficios de los bancos ya superan los niveles previos a la crisis, y hay sectores en los que el poder de mercado de las principales empresas es tal que los beneficios extraordinarios solo contribuyen a aumentar el malestar social.

Evitemos pues la desintegración económica, y optemos por la opción “suiza”. Pero ésta sólo puede ser factible cuando la mano visible actúe desde un lado solidario.

[1] Profesor Investigador de Historia Económica y director del Instituto Paul Bairoch de Historia Económica de la Universidad de Ginebra.

Nueva Página de Recursos del Blog, y mensaje del Prof. Carlos Marichal

De la parte de Carlos Marichal, El Colegio de México, 27 de marzo de 2015.

Anunciamos hoy dos nuevas bases de datos muy amplias que son de interés para los historiadores, las cuales son de consulta libre en Excell, y Word, y pueden localizarse  muy fácilmente en los enlaces señalados abajo de la Biblioteca de El Colegio de México.
Agradeceríamos que solicite a la biblioteca de su institución que cuelgue estos enlaces.

Agradeceremos los comentarios que desean mandar para ir mejorando las páginas.


GUIA DE MEMORIAS DE HACIENDA (1822-1910)
Publicamos aquí en forma electrónica esta Guía de las Memorias de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de México (SHCP) durante su primer siglo de existencia. Para el historiador su importancia es evidente: estos documentos hacendarios que cubren el período 1822 hasta 1910 constituyen la fuente más importante de información cualitativa y cuantitativa sobre la administración pública, no sólo por el resumen económico anual presentado por los respectivos secretarios, sino además por la gran cantidad de anexos estadísticos que acompañan cada informe que se incluyen en Excel para los primeros cincuenta años de la existencia de la SHCP. En esta base de datos que ponemos a disposición del público, se incluye una introducción detallada preparada por los editores, una síntesis de cada Memoria de Hacienda, y datos sobre las bibliotecas donde se albergan copias. A su vez, complementamos esta información con bases de datos que incluyen listas y breves biografías de todos los ministros de Hacienda de México durante el primer siglo de vida independiente.

Este proyecto se ha llevado a cabo durante varios años bajo la coordinación del Dr. Carlos Marichal de El Colegio de México con colaboraciones del Instituto Mora, la Universidad Autónoma Metropolitana y CONACYT y, para el diseño de la página ha contado con la colaboración de la SHCP. Esta página se encuentra en línea en la Biblioteca de El Colegio de México (http://memoriasdehacienda.colmex.mx<http://memoriasdehacienda.colmex.mx/>/<http://memoriasdehacienda.colmex.mx/>) y la Biblioteca Lerdo de la SHCP (http://codexvirtual.com/bmlt2<http://codexvirtual.com/bmlt2/>/<http://codexvirtual.com/bmlt2/>).

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CAJAS DE LA REAL HACIENDA DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA,
SIGLOS XVI A PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX.

El presente sitio reúne la información de las Cajas Reales de la Real Hacienda para la América hispánica entre el siglo XVI y 1824. Las tesorerías de la Real Hacienda se fundaron en casi todos los territorios dominados por el imperio español, dentro del Nuevo Mundo. Este sitio web está basado en el gran proyecto de investigación que realizaron Herbert Klein y John J. TePaske, así como de sus colaboradores. Vaya a ellos nuestro agradecimiento. La documentación elaborada permite hacer diversos ejercicios de investigación y docencia de utilidad para profesores y alumnos en historia económica de Hispanoamérica en la época colonial. Con la finalidad de facilitar el acceso a la información se ha creado un motor de búsqueda, y se han elaborado una serie de mapas históricos de las reales cajas por virreinato. Debe complementarse la información en los sumarios de reales cajas con la consulta de otros ramos en los archivos correspondientes para mayor precisión en las investigaciones.

La base de datos incluida en este sitio contiene los resúmenes de las cartas cuentas de la Real Hacienda de la América española (que cubren el largo período de los siglos XVI a principios del siglo XIX). Se han puesto estos materiales en formato Excel para que puedan consultarse con facilidad. Estas series estarán en línea y se podrán consultar en esta página web, en la sección de Recursos Digitales de laBiblioteca de El Colegio de México (http<http://realhacienda.colmex.mx/&gt;://realhacienda.colmex.mx<http://realhacienda.colmex.mx/>/<http://realhacienda.colmex.mx/&gt;)  y a través de enlaces como las de la Asociación Mexicana de Historia Económica (http://amhe.mx/) y la Biblioteca Lerdo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (http://codexvirtual.com/bmlt2<http://codexvirtual.com/bmlt2/>/<http://codexvirtual.com/bmlt2/>).

EL MUNDO HISPÁNICO Y LA REVOLUCIÓN DEL CONSUMO

Rafael Dobado (Universidad Complutense de Madrid), 24 de octubre de 2014.

La Revolución del Consumo novohispana seguramente no alcanzó las dimensiones de la británica o tener sus consecuencias en términos de Revolución Industriosa y Revolución Industrial, entre otras razones porque Nueva España contaba con una población más pequeña y una economía menos dinámica. No obstante, la generalización del consumo de “nuevos” -desde la perspectiva europea- bienes entre los novohispanos está bien constatada desde el siglo XVI.

En una entrada anterior a este blog (“Globalización y Gran Divergencia”) introduje la hipótesis de que la Revolución del Consumo de la Edad Moderna bien pudo haber comenzado en el mundo hispánico y no en el europeo occidental (Holanda y, especialmente, Gran Bretaña) como suele establecerse casi como axioma en una abundante literatura anglosajona. El locus principal de esa Revolución del Consumo, inseparable de la globalización “soft” surgida de la expansión ultramarina europea que se inició desde la Península Ibérica, sería Nueva España. Otros territorios (Macao, Perú, Filipinas, Brasil, España, Portugal, etc.) de las monarquías hispánica y lusa tuvieron papeles importantes en la globalización que precedió a la Revolución del Consumo, pero seguramente no tanto como el de Nueva España.

Esta Revolución del Consumo novohispana seguramente no alcanzó las dimensiones de la británica o tener sus consecuencias en términos de Revolución Industriosa y Revolución Industrial, entre otras razones porque Nueva España contaba con una población más pequeña y una economía menos dinámica. No obstante, la generalización del consumo de “nuevos” -desde la perspectiva europea- bienes entre los novohispanos está bien constatada desde el siglo XVI. Algunos eran autóctonos o de relativamente fácil acceso tras la Conquista del imperio Mexica (chocolate, tabaco y azúcar). Otros son un conspicuo resultado de la globalización “soft”, pues llegaban desde Asia a Acapulco, vía Manila, en el Galeón de Manila (textiles de seda y algodón, loza, especies, etc.). Esta ruta comercial se mantuvo abierta durante dos siglos y medio. Fue inaugurada en 1565, cuando Fray Andrés de Urdaneta encontró el derrotero que hizo posible el “tornaviaje” entre Filipinas y Nueva España. Esta proeza naval de la Edad Moderna –la distancia recorrida se acercaba a los 15.000 kilómetros y sólo se tocaba tierra al llegar a California- perduró ininterrumpidamente hasta 1815. Con algunas excepciones debidas principalmente a problemas organizativos o naufragios, uno, por lo general, o dos galeones al año transportaban entre Manila y Acapulco productos asiáticos de variada índole y procedencia. Manila fue “fundada” en 1571 por López de Legazpi. Enseguida se convirtió en el centro comercial que, por primera vez en la historia de la humanidad, puso en contacto el Extremo Oriente con América. Éste sería, para Flynn y Girádez (2004), el acto fundacional de la globalización ”soft”, ya que nunca antes las grandes masas de tierra de nuestro planeta habían estado en contacto –tanto comercial y monetario como también de otros tipos (tecnológico, artístico, demográfico, etc.)- permanente. No tardó Manila en contar con un nutrido “barrio chino” extramuros (Parián) y en ser visitada por barcos provenientes de China y otros puertos asiáticos. A la numerosa población de “sangleyes” residentes en el Parían (más de 5.000 hacia 1580) se sumó la japonesa, que habitaba en un suburbio llamado Dilao. En 1624, ascendían a unos 3.000.

Portugal había precedido a España en el contacto con China y Japón: 1513 fue el año en que el primer barco portugués arribó a Cantón; en 1542 o 1543, dependiendo de las fuentes, el navegante portugués Fernán Méndez Pinto llegó a Japón; el establecimiento portugués en Macao data de 1557. No es extraño, pues, que desde poco después del primer contacto portugués con China, objetos de porcelana como el que se muestra en la Ilustración 1 comenzasen a llegar a Portugal. Ni que, como relata Finlay (1998), a su entrada en Lisboa en 1619, Felipe III pasase bajo un arco triunfal levantado por el gremio de ceramistas que mostraba “carracas” –barco de carga portugués que protagonizó el comercio luso con Asia- descargando porcelana china en el puerto de la ciudad que recibía al rey de hispano-luso.

Ilustración 2. Jarra china para el mercado portugués, c. 1520.  Heilbrunn Timeline of Art History. New York: The Metropolitan Museum of Art, 2000–.  http://www.metmuseum.org/toah/works-of-art/61.196 (October 2006)

Ilustración 2.
Jarra china para el mercado portugués, c. 1520.
Heilbrunn Timeline of Art History. New York: The Metropolitan Museum of Art, 2000–.
http://www.metmuseum.org/toah/works-of-art/61.196
(October 2006)

Es probablemente en 1580-1640 cuando la “mundialización ibérica” de Gruzinski (2010) alcanzó su apogeo en la capital del Virreinato de Nueva España: “Esta nueva geografía que ubica a la ciudad de México en la línea divisoria del mundo es portadora de riquezas infinitas.”(Gruzinski, 2010, p.124)

Fue bien entrado el siglo XVII cuando otra potencias europeas comenzaron (primero Holanda y después Inglaterra y Francia) a adquirir directamente especies y manufacturas asiáticas. Mientras que la presencia portuguesa en Asia experimentó un acusado retroceso desde comienzos del siglo XVII, la española resistió hasta bien entrado el XVIII, cuando el Pacífico comenzó a dejar de ser el “lago español”.

Una anécdota resulta ilustrativa acerca del liderazgo ibérico en la difusión por Occidente del gusto por lo oriental que caracterizaría la Europa moderna y, en particular, al siglo XVIII, cuando las “chinoiseries” y la “porzelanzimmer” alcanzasen su máximo esplendor. El término holandés “kraak” con el que es conocida la porcelana “azul cobalto y blanca” fabricada en China para la exportación hasta mediados del siglo XVII (finales de dinastía Ming) podría provenir –no hay consenso definitivo al respecto- de la ya antes mencionada acepción “carraca”. La primera llegada masiva de porcelana china a Holanda y su popularización fue el resultado de un acto de piratería: la subasta del cargamento del Santiago, buque portugués capturado en 1603 en la isla de Santa Elena. Algo más tarde, inspirada en los exitosos diseños chinos de exportación, la mayólica, que no porcelana, de Delf tendría un notable éxito en la Europa noroccidental entre mediados de los siglos XVII y XVIII. No obstante, ya en 1586, Juan de Mendoza describía la porcelana china y mencionaba los mercados a los que era habitualmente exportada: Portugal, Perú, Nueva España y “otras partes del mundo”. (Murphy-Gnatz, 2010).

Probablemente menos conocido es el hecho de que, en Nueva España, la mayólica de Puebla de los Ángeles –conocida como “talavera poblana” por la influencia española- refleja ya desde la segunda mitad del siglo XVII la influencia de la porcelana china de exportación en técnicas, motivos ornamentales y formas –véase Ilustración 2.

Ilustración 2. Tibor de Puebla de los Ángeles, probablemente del siglo XVIII Heilbrunn Timeline of Art History . New York: The Metropolitan Museum of Art, 2000–.  http://www.metmuseum.org/toah/works-of-art/11.87.36.  (October 2006)

Ilustración 2.
Tibor de Puebla de los Ángeles, probablemente del siglo XVIII
Heilbrunn Timeline of Art History . New York: The Metropolitan Museum of Art, 2000–.
http://www.metmuseum.org/toah/works-of-art/11.87.36.
(October 2006)

A comienzos del siglo XVII, la variada influencia del arte nambam japonés, surgido del contacto con los “bárbaros del sur” (portugueses, primero y especialmente, y, más tarde, españoles) había logrado influir en Nueva España, dando lugar a una de las formas artísticas más originales y expresivas del mundo virreinal: el biombo, una de cuyas manifestaciones más sincréticas se muestra en la Ilustración 3. Rasgos culturales “peninsulares” (los personajes vestidos a la europea) se mezclan con otros “pre-hispánicos” (productores y bebedores de pulque, voladores de Papantla, cofradías guerreras mexicas, etc.), que parecen dominar la escena, en una anticipación del protonacionalismo mexicano de la segunda mitad del siglo XVIII.

Ilustración 3. "El palo volador", México, 1650-1700. Fotografía de Joaquín Otero. Museo de América de Madrid.

Ilustración 3.
“El palo volador”, México, 1650-1700. Fotografía de Joaquín Otero.
Museo de América de Madrid.

La Historia del Arte novohispano ha revelado algunas manifestaciones sorprendentes de la coexistencia entre influencias tan aparentemente dispares como las que encuentra Curiel (2012) en la iglesia de San Jerónimo Tlacochahuaya (c. 1735):

“Junto a un mar de tupidas flores de estirpe indígena conviven en igualdad de circunstancias, sin estorbarse ni molestarse entre sí, enormes tibores chinos, al lado de grandiosos floreros europeos de evidentes resabios flamencos, todo pintado por diestras manos indígenas de oficio depurado. América, Europa y Asia bajo un mismo cobijo en una pequeña iglesia de los Valles Centrales de Oaxaca.”  (Curiel, 2012, p. 324).

Pero desplacémonos del Arte –aunque de consumo popular cotidiano en forma de servicios religiosos por lo que a este caso se refiere- a la Historia Económica. Gash-Tomás (2014) ha utilizado inventarios post-mortem para estudiar el consumo de bienes asiáticos (seda china, porcelana, muebles japoneses, abanicos, etc.) por parte de las élites de Sevilla y Ciudad de México entre 1571 y 1630. Hacia el final de ese período, junto a la aristocracia, presente desde el comienzo, aparecen también otros grupos sociales. Éstos contribuyeron a una cierta “democratización”, si bien limitada, del consumo de bienes asiáticos, que también se extendió a otras ciudades del Reino de Castilla.

Fernández de Pinedo (2012) registra productos americanos (cacao de Caracas y azúcar cubano, a los que debería añadirse el tabaco) y asiáticos (porcelana y otra cerámica, abanicos, cajas de ébano, etc.) en el consumo de las clases medias y altas madrileñas de la primera mitad del siglo XVIII. Se habría dado probablemente ya un paso más en la “democratización” del consumo de bienes ultramarinos.

Por lo que respecta a Ciudad de México, la mayoría de las mercancías asiáticas llegadas desde Acapulco se exponían en su plaza central. Parte de ellas encontraba como destino otras ciudades novohispanas. Algunas llegaban a España desde Veracruz. Legal o ilegalmente, según los períodos, no pocas se difundían por el resto de la América española.

La Plaza Mayor de la Ciudad de México albergó el Parían, del tagalo parian (mercado chino según la RAE) –véase Ilustración 4.

Plaza Mayor de Ciudad de México, México c. 1695-1700,  Cristóbal de Villalpando. Tomado de Leibsohn (2013, p. 14).

Ilustración 4. Plaza Mayor de Ciudad de México, México c. 1695-1700,
Cristóbal de Villalpando.
Tomado de Leibsohn (2013, p. 14).

Se trataba de un conjunto de establecimientos comerciales –unos 180 a comienzos del siglo XIX (Anna, 1972)- dentro de un recinto cerrado de una magnitud considerable –casi 13.000 varas cuadradas- al que se accedía a través de ocho puertas. Todavía a comienzos de la década de 1820, cuando el Galeón de Manila había dejado de existir, el Parían constituía la más valiosa propiedad inmueble municipal de la Ciudad de México (Anna, 1972).

La crónica de Viera (Breve compendiosa narración de la ciudad de México, de 1777) califica al Parián de “teatro de las maravillas”, pues en él se mostraban “los más variados objetos del Oriente, libros, ropa fina, biombos, camas, espejos, joyas, abanicos, cristalería, cerámica y otros lujos.”(Rubial, 2008, p. 418). Esta idea de abundancia, basada en el acceso a una plétora de productos europeos y asiáticos, se encuentra ya presente en las Mémoires du Mexique del viajero francés Monségur, que vieron la luz en 1709.

Ahora bien, ¿accedían al consumo de “nuevos bienes”, semejantes a los que protagonizaron la Revolución del Consumo en la Europa noroccidental grupos sociales no pertenecientes a las élites? Por lo que se refiere a los producidos en América, como el chocolate, el azúcar o el tabaco, abundan datos que sugieren un consumo extendido de ellos más allá de las minorías privilegiadas (Dobado y García, 2014; Dobado, 2015). Respecto a los de procedencia oriental, la conclusión es menos indiscutible, pero parece que acabaron siendo consumidos por “sectores medios” de la sociedad novohispana.

Al Parián acudía no sólo la élite en busca de productos de lujo:

“In the Plaza Mayor, the mercantile heart of the Spanish empire, an outdoor marketplace of stalls and small shops called the Parián (named after the Chinese emporium in Manila) satisfied the exotic demands of elites and commoners alike.” (Slack, 2009, p. 42.)

Una pintura anónima del siglo XVIII, titulada Calidades de las personas que habitan en la ciudad de México, nos muestra un Parián que acoge personajes y transacciones que no pueden ser adscritos en exclusiva a la élite –véase Ilustración 5.

Ilustración 5. Calidades de las personas que habitan en la ciudad de México

Ilustración 5.
Calidades de las personas que habitan en la ciudad de México

Interesante como es, la interpretación de textos e imágenes puede ser objetable. Menos dudoso resulta el análisis de la documentación cuantitativa del Galeón de Manila. De ella se deduce que los precios de buen número de bienes asiáticos, pese al substancial incremento que sufrían tras cada etapa del largo trayecto que separaba al productor chino o hindú del consumidor final novohispano, no eran prohibitivos (Yuste, 1995; Dobado, 2014). Ello se debía a la baratura en origen de algunas manufacturas y a la flexibilidad de una producción capaz de adaptarse a diferentes capacidades adquisitivas. Al menos con seguridad en las últimas décadas del período virreinal, algo muy parecido a una Revolución del Consumo estaba en marcha:

“Creo que dentro de Nueva España y sobre todo en la segunda mitas del siglo XVIII, el comercio transpacífico modificó el carácter de sus cargamentos: de artículos suntuarios y textiles muy lujosos y caros, a textiles baratos y artículos de uso corriente en la colonia, lo que propició que las mercancías que introducía el galeón fueran accesibles para la población media e incluso pobre.” (Yuste, 1995, p. 240).

Incluso si la Revolución del Consumo en Nueva España no puede asociarse a una Revolución Industriosa a gran escala, aun tendría sentido la hipótesis de que población rural y urbana de las zonas más integradas en los circuitos comerciales pudieron sentirse inclinados durante el siglo XVIII a incrementar el esfuerzo laboral de las unidades familiares en respuesta a más poderosos estímulos al consumo. En cualquier caso, el consumidor novohispano se benefició desde pronto de algunas de las ganancias de bienestar que se atribuyen al consumo de “bienes coloniales” por la población inglesa (Hersh y Voth, 2011).

BIBLIOGRAFÍA

ANNA, T. E. (1972): “The Finances of Mexico City during the War of Independence”, Journal of Latin American Studies, 4, 1, pp. 55-75.
CURIEL, G. (2012): ”Lenguajes artísticos transcontinentales en objetos suntuario de uso cotidiano: el caso de la Nueva España”, DOBADO, R. y CALDERÓN, A. (coords.): Pinturas de los Reinos. Identidades compartidas en el mundo hispánico. Miradas varias, siglos XVI-XIX (pp. 312-324), México: Fomento Cultural Banamex.
DOBADO, R. (2014): “La globalización hispana del comercio y el arte en la Edad Moderna”, Estudios de Economía Aplicada, 32, 1, pp. 13-42.
DOBADO, R. (2015): “Pre-Independence Spanish Americans: Poor, short and unequal… or the Opposite?, Revista de Historia Económica/Journal of Iberian and Latin American Economic History.
DOBADO, R. y GARCÍA, H. (2014): “Neither So Low Nor So Short: Wages and Heights in Bourbon Spanish America from an International Comparative Perspective”, Journal of Latin American Studies, 46, pp. 1-31.
FERNÁNDEZ DE PINEDO, N. (2012): “Dress, Eat and Show Off in Madrid, c. 1750”, presentado a la Sesión 9, Material Encounters between Local and Global, del Congreso Global Commodities. The Material Culture of Early Modern Connections, 1400-1800, Universidad de Warwick. Mímeo.
FINLAY, R. (1998): “The Pilgrim Art: The Culture of Porcelain in World History”, Journal of World History, 9, 2, pp. 141-187.
GASH-TOMÁS, J. L. (2014): “Globalisation, Market Formation and Commodisation in the Spanish Empire. Consumer Demand for Asian Goods in Mexico City and Seville, C. 1571-1630”, Revista de Historia Económica/Journal of Iberian and Latin American Economic History, 32, 2, pp. 189-221.
HERSH, J. y VOTH, J. (2011): “Sweet Diversity: Colonial Goods and the Welfare Gains from Trade after 1492”, Economics Working Papers 1163, Department of Economics and Business, Universidad Pompeu Fabra.
LEIBSOHN, D. (2013): “Made in China, Made in Mexico”, PIERCE, D. y OTSUKA, R. (eds.): At the Crossroads: The Arts of Spanish America & Early Global Trade, 1492–1850: Papers from the 2010 Mayer Center Symposium at the Denver Art Museum (pp. 11-40), Denver: Denver Museum of Art.
MURPHY-GNATZ, M. (2010): “The Porcelain Trade”, https://www.lib.umn.edu/bell/tradeproducts/porcelain
O’ROURKE, K. H., y WILLIAMSON, J. G. (1999): Globalization and History, Cambridge: MIT Press.
— (2002): “When Did Globalization Begin?”, European Review of Economic History, 6: pp. 23–50.
— (2004): “Once More: When Did Globalization Begin?”, European Review of Economic History, 8: pp. 109–17.
SLACK, E.R. (2009): “The Chinos in New Spain: A Corrective Lens for a Distorted Image”, Journal of World History, 20, 1: pp. 35-67.
YUSTE, C. (1995): “Los precios de las mercancías asiáticas en el siglo XVII”, GARCÍA, V. (coord.): Los precios de alimentos y manufacturas novohispanos (pp. 231-264), México DF, México.

 

PIBs regionales en América Latina y desconcentración de la actividad económica durante la ISI: ¿industrialización, protección o condiciones estructurales?

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 11 de octubre de 2014

A medida que se va construyendo nueva evidencia de PIBs regionales en América Latina, van conformándose nuevos desafíos de interpretación. A la vez que se conforma un nuevo campo de pruebas para las hipótesis de la NGE, es muy probable que el estructuralismo latinoamericano ofrezca un set de interpretaciones sugerente y provocativo. Queda camino por recorrer para comenzar a testear estas presunciones y su consideración enriquecerá el análisis histórico de la región.

En mi última entrada al Blog (“Contabilidad e interpretación de los PIBs regionales en América Latina: ¿hacia la construcción de ‘nuevas’ hipótesis para la periferia?”) argumentaba sobre la conveniencia de proponer alternativas interpretativas a la NEG (Nueva Geografía Económica) para comprender la localización territorial de la actividad económica en la periferia mundial.

Tomando como referencia el caso de América Latina, se trata de economías fuertemente dependientes de los recursos naturales, donde su localización ha creado un conjunto de condiciones que muchas veces se han expresado en la conformación de enclaves de producción (Cardoso & Faletto, 1971), el proceso de industrialización, antes que alentar una mayor desigualdad regional puede haber colaborado para romper (o al menos moderar) la heterogeneidad estructural. La industrialización sustitutiva y el sistema de incentivos creado por el Estado para la instalación de industrias en forma descentralizada pudo haber creado presiones igualadoras en la distribución regional de los ingresos. Este es el resultado que, de forma preliminar, se encuentra en Uruguay (García et. al, 2014) y México (Aguilar-Retureta, 2014) y nos permite presumir que puede encontrarse en otros países de América Latina. Dicho en otras palabras, la industrialización tardía y muchas veces a contrapelo de las ventajas comparativas pudo haber traído consigo tendencias igualadoras más que las contrarias, en un proceso que ya había sido captado cuando se analizaba la distribución personal del ingreso (ver, por ejemplo, Bértola, 2005).

Este planteo no desestima la búsqueda de explicaciones dentro del (actual) mainstream del análisis. Un ejemplo de ello es el reciente artículo publicado en Cliométrica –Tirado et al. (2013)– en el cual los autores, basados en trabajos como Hanson (1997) y Crozet & Koenig-Soubeyran (2004), analizan convincentemente los efectos en España del progresivo abandono de un régimen liberal durante el primer tercio del siglo XX y la adopción de un modelo nacionalista de desarrollo. El artículo indaga sobre el creciente proteccionismo del período y cómo su intensificación en el lapso entre-guerras condujo a la pérdida de centralidad de algunas regiones –como Cataluña– y el crecimiento relativo de otras localizaciones dotadas de una mejor posición geo-económica dentro del mercado doméstico (como el País Vasco, Zaragoza y Madrid).

En la medida en que se continúe avanzando en la construcción de evidencia para América Latina –y el último Congreso Latinoamericano de Historia Económica celebrado en Bogotá en julio de 2014 nos permite ser optimistas en este sentido (ver la sesión 12 del programa)– será un campo de prueba muy interesante para testear ese tipo de hipótesis. Ahora bien, ¿hay alternativas teóricas con las cuales trabajar? El estructuralismo latinoamericano ofrece un set de hipótesis que, complementariamente, podrían contribuir mucho a la comprensión de los procesos. En particular, el clásico concepto cepalino de “heterogeneidad estructural” tiene, en lo territorial, una dimensión evidente aunque muy poco explotada.

En una publicación reciente, CEPAL argumenta que “una de las manifestaciones particulares de la heterogeneidad en América Latina y el Caribe es la gran diferencia en los grados de desarrollo económico y social que muestran los diversos territorios de cada país, existiendo localidades con niveles de vida similares a las de los países desarrollados y lugares con un atraso marcado” (CEPAL, 2014, p. 71). Se trata de una constatación que tiene hondas raíces estructurales y que cualquier análisis sobre América Latina no debería desestimar.

La industrialización en América Latina no fue producto exclusivo del creciente proteccionismo. El Estado actuó en una multiplicidad de flancos –mercado cambiario, relaciones laborales, tasación diferencial por tipo de bienes, soporte de investigación y desarrollo, activo rol de las empresas públicas, entre muchos otros– en países en los cuales se apreciaban señales de cambio estructural en la producción destinada al mercado doméstico, pero escasas en la ventana externa de las economías. Esa suerte de cambio estructural trunco (parafraseando a Fajnzylber, 1983) implicó que América Latina continuara dependiendo de sus recursos naturales para participar en los mercados internacionales de bienes y servicios y ello la expuso a presiones recurrentes de balanza de pagos.

Por lo tanto, si en varias economías de América Latina se sigue hallando evidencia de procesos de industrialización en los cuales las dinámicas de aglomeración parecen haber constituido fuerzas secundarias y la NGE presenta rendimientos analíticos decrecientes, puede estar aproximándose el momento de poner en juego conceptualizaciones complementarias que ofrezcan renovados argumentos. La industrialización latinoamericana significó cambios profundos en la institucionalidad de las economías, pero rupturas parciales de la especialización y creaciones de mercados internos restringidos (o duales) que dan un carácter diferenciado al proceso. La permanencia de la dualidad, donde habrían convivido nuevas regiones de alto desarrollo con territorios históricamente atrasados, junto a una muy fuerte acción del Estado, constituyen elementos claves del análisis. Los historiadores económicos de América Latina tenemos mucho camino por recorrer para comprender esta realidad de la periferia mundial.

Aguilar-Retureta (2014): “The GDP per capita of the Mexican regions (1895-1930): new estimates”. Documentos de Trabajo (DT-AEHE) 1415, Asociación Española de Historia Económica.

Bértola, L. (2005): “A 50 años de la Curva de Kuznets: Crecimiento y distribución del ingreso en Uruguay y otras economías de nuevo asentamiento desde 1870”. Investigaciones en Historia Económica, v. 3/2005, pp. 135-176.

Cardoso, F.H. y Faletto E. (1971): “Dependencia y Desarrollo en América Latina. Ensayo de interpretación sociológica”, Siglo veintiuno editores.

CEPAL (2014): Cambio estructural para la igualdad. Una visión integrada del desarrollo. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) Santiago de Chile, abril.

Crozet M. and Koenig-Soubeyran P. (2004): “EU enlargement and the internal geography of countries”, Journal of Comparative Economics 32, pp. 265-279.

Fajnzylber, F. (1983): La industrialización trunca de América Latina, CET, México DF.

García M., Martínez-Galarraga, J. y Willebald, H. (2014): “Crecimiento y estructura productiva regional en Uruguay en la primera mitad del siglo XX: primeras aproximaciones y algunas hipótesis”. Ponencia presentada en el Seminario de Investigación del Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Universidad de la República, 13/05/2014.

Hanson G.H. (1997):“Increasing returns, trade and the regional structure of wages”, Economics Journal 107, pp. 113-133.

Tirado, D., Pons, J., Paluzie, E., Martínez-Galarraga, J. (2013): “Trade policy and wage gradients: evidence from a protectionist turn”, Cliometrica, Journal of Historical Economics and Econometric History, vol. 7(3), pp. 295-318, September.

Contabilidad e interpretación de los PIBs regionales en América Latina: ¿hacia la construcción de “nuevas” hipótesis para la periferia?

Henry Willebald (Universidad de la República, Uruguay), 29 de mayo de 2014

Mucho ha avanzado la historia económica en interpretar y contabilizar fenómenos de carácter regional en las economías centrales y su evolución parece abrir nuevas posibilidades analíticas en las economías de la periferia mundial. El desafío está planteado y ello no se reduce únicamente a las dificultades de contabilización –que son para nada despreciables– sino, también, a nivel interpretativo. Es probable que la búsqueda de hipótesis y de relaciones causales que surge de la aplicación de un marco conceptual que pendula entre los modelos del tipo H-O-S y los de la NGE no siempre sea suficiente o que requiera de revisiones y renovados apuntes teóricos.

En mi última entrada al Blog (“Hacia una contabilidad de los PIBs regionales en América Latina: primeros pasos de una agenda abierta”) reflexionaba sobre la conveniencia de dar continuidad, desde la historia económica, a los esfuerzos analíticos que contemplan los procesos regionales y el rol de los actores locales como factores determinantes de la performance económica. En tanto, argumentaba que parte de esa continuidad debía mirar hacia la “periferia” de la economía mundial. Con esa dirección, realicé comentarios relativos a consideraciones metodológicas (en particular, a las diferentes formas de estimación) y mencioné elementos relacionados con la especificidad del objeto de estudio y la definición de las unidades de análisis. En esta ocasión haré referencia, al menos parcialmente, a estos dos últimos aspectos.

Es un resultado más o menos compartido entre diversos estudios europeos de PIBs regionales la obtención de una evolución de la desigualdad regional de ingresos con forma de “U” invertida (especialmente en la Europa del sur) cubriendo, aproximadamente, desde mediados del siglo XIX hasta los años veinte. De algún modo, y en línea con las predicciones de Jeffrey Williamson (que realizara ya en su trabajo de 1965), la inequidad tiende a crecer durante las fases iniciales del crecimiento económico y la industrialización, en un proceso asociado con patrones divergentes de especialización regional (o, dicho en otras palabras, por la desigual distribución de la industria y los servicios en el territorio). Una vez que la industrialización alcanza a un considerable número de regiones, las fuerzas de aglomeración y el tamaño de los mercados (propias de la conceptualización de la New Economy Geography) ganarían terreno en detrimento de las diferencias regionales en términos de dotación de factores (ver una aplicación de esta interpretación al caso español en Rosés et al., 2010). ¿Exige algún juego diferente de hipótesis el análisis del desarrollo regional latinoamericano? Dadas sus características, ¿convendrá buscar otro tipo de determinantes o de relaciones causales?

Simplificando mucho la presentación, el desarrollo económico latinoamericano de finales del siglo XIX y de todo el siglo XX estaría caracterizado, al menos, por la confluencia de tres hechos estilizados: (i) la abundancia de recursos naturales (con todas las ventajas y riesgos que ello conlleva; ver Sinott et al., 2010, y entradas previas en este Blog); (ii) una duradera “heterogeneidad estructural” (siguiendo una de las ideas clásicas de la CEPAL); y (iii) un proceso de industrialización tardío (aproximadamente desde los años treinta), predominantemente liderado por el Estado (Ocampo y Bértola, 2010), sustitutivo de las importaciones y trunco (Fajnzylber, 1983 y 1987).

Uno de los autores que mejor ha retratado el análisis cepalino del desarrollo nos decía hace algunos años que la estructura productiva de la periferia adquiere dos rasgos fundamentales. Por un lado, se destaca su carácter especializado en la producción y exportación de productos primarios, mientras la demanda de bienes y servicios que aumenta y se diversifica se satisface en gran parte mediante importaciones. La estructura productiva es heterogénea o parcialmente rezagada, en el sentido que coexiste en su seno sectores donde la productividad alcanza niveles muy altos –en especial el sector exportador– y actividades que utilizan tecnologías con las cuales la productividad del trabajo resulta inferior. En contraste con esta estructura especializada y heterogénea, en los centros se caracteriza por ser diversificada y homogénea (Rodríguez, 2006, p. 55). Esta idea de dualidad no fue exclusiva de la CEPAL.

Una de las características de la condición de subdesarrollo, analizada por los pioneros del pensamiento sobre desarrollo económico de la década de los años cincuenta, fue la naturaleza dual de sus economías; esto es, la coexistencia de un sector moderno y avanzado, con otro tradicional o atrasado. Lewis (1954) elabora su teoría del desarrollo en donde las economías subdesarrolladas se caracterizan por una oferta ilimitada de trabajo y una baja capacidad de la agricultura para absorber esta fuerza de trabajo. De acuerdo a Lewis, la industrialización era la salida a esta situación. La industrialización podía continuar con costo fijo del trabajo mientras existiera fuerza de trabajo con nula productividad marginal en el sector tradicional.

Por lo tanto, en economías fuertemente dependientes de los recursos naturales, donde la localización de éstos ha creado un conjunto de condiciones que muchas veces se han expresado en términos de verdaderos enclaves de producción (Cardoso & Faletto, 1971), el proceso de industrialización, antes que alentar una mayor desigualdad regional puede haber colaborado para romper (o al menos moderar) la heterogeneidad estructural tan propia de la periferia mundial. La industrialización sustitutiva y el sistema de incentivos creado por el Estado en América Latina para la instalación de industrias en forma descentralizada pudo haber creado presiones igualadoras en la distribución regional de los ingresos. Este es el resultado que, de forma preliminar, se encuentra en Uruguay (García et. al, 2014) y nos permite presumir que puede encontrarse en otros países de América Latina. Dicho en otras palabras, la industrialización tardía y muchas veces a contrapelo de las ventajas comparativas pudo haber traído consigo tendencias igualadoras más que las contrarias, en un proceso que ya había sido captado cuando se analizaba la distribución personal del ingreso.

“Puede entonces sostenerse que la industrialización no fue acompañada de un proceso de creciente desigualdad, como en los casos estudiados por Kuznets, sino que, muy al contrario, la industrialización del Sur fue acompañada por rasgos característicos del Estado del Bienestar y contribuyó a revertir las fuertes tendencias a la desigualdad de la primera globalización”. (Bértola, 2005, p. 167).

Aún queda mucho trabajo que realizar pero, como fue planteado en nuestra anterior entrada al Blog, conviene insistir en la necesidad de plantear cuestiones alternativas a las que se han manejado en los trabajos sobre localización de la actividad económica en los países industrializados. La comprensión de la geografía económica de los países de América Latina, donde la industria y las economías de aglomeración han jugado un papel secundario (al menos, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX) y la sostenida heterogeneidad estructural pasa por proponer nuevas preguntas e hipótesis para calibrar el rol que le cupo al acceso a los mercados, los costos de transporte y la localización de los recursos naturales. Además, en contextos donde las economías de subsistencia y el componente indígena constituyen, en muchos países, fenómenos de larga data –anteriores a la propia constitución de los estados nacionales– la identificación de preguntas alternativas a las usuales en la literatura parece un requisito fundamental.

Referencias

Bértola, L. (2005): “A 50 años de la Curva de Kuznets: Crecimiento y distribución del ingreso en Uruguay y otras economías de nuevo asentamiento desde 1870”. Investigaciones en Historia Económica, v. 3/2005, pp. 135-176.
Bértola, L. y Ocampo, J.A. (2010): Desarrollo, Vaivenes y Desigualdad: una Historia Económica de América Latina desde la Independencia. SEGIB, Madrid.
Cardoso, F.H. y Faletto E. (1971): “Dependencia y Desarrollo en América Latina. Ensayo de interpretación sociológica”, Siglo veintiuno editores.
Rodríguez, O. (2006): El estructuralismo Latinoamericano. CEPAL, Siglo XXI, México.
Rosés, J., Martínez-Galarraga J., Tirado D. (2010): “The upswing of regional income inequality in Spain (1860-1930)”. Explorations in Economic History 47 (2), 244-257.
Sinnott E., Nash, J. and De La Torre A. (2010): Natural Resources in Latin America and the Caribbean. Beyond Booms and Busts.The World Bank, Washington D.C.
Fajnzylber, F. (1987): “La industrialización de América Latina: de la ‘caja negra’ al ‘casillero vacío’”, Revista Internacional de Ciencias Sociales, París.
Fajnzylber, F. (1983): La industrialización trunca de América Latina, CET, México DF.
García M., Martínez-Galarraga, J. y Willebald, H. (2014): “Crecimiento y estructura productiva regional en Uruguay en la primera mitad del siglo XX: primeras aproximaciones y algunas hipótesis”. Ponencia presentada en el Seminario de Investigación del Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Universidad de la República, 13/05/2014.
Lewis, W.A. (1954): Economic development with unlimited supplies of labour. The Manchester School of Economic and Social Studies, XXII (2), May.
Willliamson (1965): “Regional inequality and the process of national development: a description of the patterns”. Economic Development and Cultural Change 13 (4), 3-84.