La evolución de la violencia interpersonal: ¿qué sabes de América Latina?

ANALÍA RIVERO BORGES (Universidad de la República, Uruguay)

Analía Rivero Borges es estudiante de Doctorado en Economía por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), Magister en Historia Económica y Licenciada en Economía por la Universidad de la República (Uruguay).

RESUMEN. En esta entrada al blog se presenta la evolución de la violencia interpersonal a nivel mundial enfatizando en las disparidades por regiones. Esta ha sido incluida en trabajos recientes como un nuevo indicador de bienestar y sigue siendo mayormente una incógnita para los países latinoamericanos. Para finalizar se reseñan los resultados de un trabajo que estudia el período 1910 – 2010 en Uruguay.


Muerte del General Venancio Flores por Juan Manuel Blanes, pintura realizada en 1968.

Lo que sabemos de la evolución de la violencia en el mundo

La importancia de conocer la evolución de la violencia interpersonal por regiones puede darnos indicios sobre su bienestar en diferentes momentos del tiempo. Una excelente argumentación con respecto a esto se presenta en una entrada anterior en este blog de Llorca-Jaña y Rivero-Cantillano.

En ese sentido, el último reporte disponible de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito indica que América es el continente más violento del mundo con una tasa de homicidios cada 100.000 habitantes de 17,2. Asia, seguida por Oceanía y Europa, ocupan la posición opuesta, con una tasa de homicidios cada 100.000 habitantes menor o igual a 3 (UNODC, 2019).

Fuente: UNODC (2019), víctimas de homicidios intencionales cada 100.000 habitantes por región, año 2017.

El conocimiento que tenemos sobre el presente y que nos permite ubicar a las regiones en distintas posiciones, esconde un profundo desconocimiento sobre el pasado en algunas de ellas. Una clara evidencia de esto es que, a nivel internacional, los trabajos que estudian la evolución de la violencia en el largo plazo han estado centralmente concentrados en los casos de Europa y EE.UU., con pioneros como Eisner (2016; 2014, 2013, 2003) y Pinker (2011). En ellos se muestra una disminución sistemática de la violencia a la largo de la existencia humana.

Fuente: Eisner (2003), se presenta la tendencia general de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes para el período 1200 – 2000, estimada con datos pre-modernos locales y cuatro series nacionales. Las estimaciones del primer tipo provienen de la History Homicide Database y las series nacionales pertenecen a: Suecia, Inglaterra y Gales, Suiza e Italia.
Fuente: Eisner (2014) presenta la tendencia de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes para Europa y variaciones locales seleccionadas en el período 1300 – 2010. Los datos provienen de la History Homicide Database.

En ese sentido, partiendo de niveles que superan los americanos a comienzos del milenio pasado, hoy la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes no supera el dígito para las regiones europeas analizadas (Eisner, 2014, 2003). Estudios de mediano aliento como los de LaFree (1999) y Lappi-Seppälä y Lehti (2014), reafirman la tendencia a la disminución de la violencia, aunque una vez que son incluidas otras regiones éstas parecerían hacerlo con variantes (Lappi-Seppälä y Lehti, 2014)[1].

América Latina en el largo plazo

El caso latinoamericano en el muy largo plazo sigue siendo mayormente una incógnita, con un solo antecedente que aborda la evolución de la violencia en el período 1880 – 2010 para el caso de Chile. A diferencia de lo encontrado por los autores anteriores, en Rivero-Cantillano y cols. (2020) se aprecia que entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX la violencia en Chile se encontraba cercana a lo hallado para el caso europeo a comienzos del milenio pasado. Luego se produce un pronunciado declive a partir de la década de 1940 llegando a niveles por debajo de la media mundial de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes en los 2000.

Si se tiene en cuenta que solo existen datos para el caso de Chile y de Uruguay, tal como se presentará a continuación, es posible afirmar que en general no se cuenta con datos sistemáticos de largo plazo para los países de América Latina. Además, en el caso de que estos existan, no ha sido posible hacer rescontrucciones previas a 1880. El estudio de la violencia desde una perspectiva histórica, en vínculo con el devenir económico y social de cada uno de los países latinoamericanos, es aún una materia pendiente. 

El caso de Uruguay

El caso uruguayo resulta de interés si se tiene en cuenta que la nación presenta en la última década una variación notable en lo que respecta a sus indicadores de violencia. Partiendo de una tasa de homicidios cada 100.000 habitantes en 2010 en torno al 6, ésta se ubica en 11,6 para 2018 (Ministerio del Interior, 2020), alcanzando por primera vez en su historia reciente los dos dígitos. También es alta para los parámetros internacionales ya reseñados lo que se puede apreciar con más claridad en el mapa que sigue.

Fuente: UNODC, mapa de datos de la tasa de homicidios cada 100.000 habitante para el año 2018 a partir de la base de datos disponible en https://dataunodc.un.org/content/homicide-rate-option-2

En ese marco, es que fueron producidos los primeros datos de largo plazo de homicidios para el país. Precisamente, en mi tesis de maestría reconstruí una serie de homicidios que comienza en 1910 y se extiende hasta 2020, con datos provenientes de salud pública.

Fuente: Rivero Borges (2021), evolución de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes para el caso uruguayo 1910 – 2020.

Aunque la evolución de las primeras décadas del siglo XX plantea ciertas dudas, en la medida en que la fuerte oscilación de la serie puede deberse a problemas de registro de las causas de muerte, es claro que hay un patrón de decrecimiento a partir de 1945 y otro de crecimiento a partir de 1980, con una aceleración de este último en las primeras décadas de los 2000 y especialmente a partir de 2010. Además, la serie presenta una fuerte inercia, es decir, su valor presente es explicado en gran medida por su valor inmediato anterior, y así sucesivamente. Ello implica que políticas de corto plazo pueden tener algunas dificultades para ser rápidamente efectivas. 

Un aporte de la nueva serie de datos disponible radica en que permite contrastar la evolución de los homicidios en Uruguay con respecto a otros países del mundo para los que también se cuenta con datos históricos. Como adelantaba, según estudios pioneros, como los de Pinker (2011) y Eisner (2003 y 2014) los homicidios se reducen sistemáticamente desde el 1200 a la actualidad, particularmente para el caso europeo. De esta manera, para el caso uruguayo se debería haber esperado encontrar un franco descenso en los homicidios durante todo el siglo XX. Sin embargo, esto no sucede. Si lo comparamos con las regiones europeas para las que se cuenta con más datos, es posible observar que el nivel de homicidios de Uruguay a principios del siglo XX es similar al que se obtiene para estos otros países a principios del siglo XVIII, es decir, el país comienza el siglo XX con un nivel de violencia superior al obtenido para las regiones del mundo que mejor se desempeñan, y vuelve a ese mismo valor en las primeras décadas del siglo XXI.

A nivel regional, debido a la escasez de información, solo es posible realizar comparaciones de largo plazo con Chile. En ese caso, al analizar la información que presentan Rivero-Cantillano y cols. (2020), es posible observar que la violencia en Uruguay se mantuvo en niveles bajos durante todo el siglo con respecto al país andino, aunque en este último los homicidios comienzan a descender a partir de la década de 1940 hasta ubicarse en la actualidad en alrededor de 4 cada 100.000 habitantes, muy por debajo de la tasa de Uruguay.

Conclusiones

La violencia interpersonal como indicador de bienestar es una preocupación incipiente en los estudios de historia económica. Su evolución es mayormente conocida para los países europeos y aún es insuficiente el conocimiento del que se dispone para América Latina con dos trabajos que focalizan en casos nacionales. Sus resultados parecerían mostrar algunas diferencias no solo con respecto a los países desarrollados estudiados, sino que entre ellos.

Los crímenes, y particularmente los crímenes violentos como los homicidios, son una preocupación creciente en América Latina, con una cobertura alta y sistemática en medios de comunicación. Entender la evolución de su pasado es una fuente de información valiosa para comprender el presente, pero especialmente para proyectar el futuro. Un futuro que sin lugar a dudas debería ser de una reducción drástica de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes, que permita a los latinoamericanos proyectar sus vidas en sociedades con mayor bienestar y libres de violencia.

[1] Una visión alternativa puede encontrarse en Braumoeller (2019).

Referencias

Eisner, M. (2003). Long-term historical trends in violent crime. Crime and Justice, 30, 83–142.

Eisner, M. (2013). What causes large-scale variation in homicide rates? Aggression in Humans and Other Primates Biology, Psychology, Sociology, 137-63.

Eisner, M. (2014). From swords to words: Does macro-level change in self-control predict long-term variation in levels of homicide? Crime and Justice, 43 (1), 65–134.

Eisner, M., Nivette, A., Murray, A. L., y Krisch, M. (2016). Achieving population-level violence declines: implications of the international crime drop for prevention programming. Journal of public health policy, 37 (1), 66–80.

Jaitman, L., Caprirolo, D., Granguillhome Ochoa, R., Keefer, P., Leggett, T., Lewis, J. A., Mello, M. (2017). The costs of crime and violence: New evidence and insights in latin america and the caribbean (Vol. 87). Inter-American Development Bank Washington, DC.

Migliónico, A. (2001). La mortalidad en Uruguay en el siglo XX: cambios, impacto, perspectivas (No. 715.2 MIG).

Ministerio del Interior. (2020). Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad:https://www.minterior.gub.uy/observatorio/images/pdf/2018/HOMICIDIOS2018:pdf.

LaFree, G. (1999). Declining violent crime rates in the 1990s: Predicting crime booms and busts. Annual Review of Sociology, 25 (1), 145–168.

Lappi-Seppälä, T., y Lehti, M. (2014). Cross-comparative perspectives on global homicide trends. Crime and justice, 43 (1), 135–230.

Pinker, S. (2011). The better angels of our nature: The decline of violence in history and its causes. Penguin UK.

Rivero Borges, Analía (2021). Análisis Histórico de la Violencia y la Desigualdad para el caso uruguayo 1910 – 2010. Tesis de Maestría en Historia Económica, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República.

Rivero, Rodrigo; Manuel Llorca-Jaña, Damian Clarke, Javier Rivas, Martina Allende, Daniel Quezada (2021) “Interpersonal violence in Chile, c.1880s-2010s: A tale of delayed but successful convergence”, SocialScience History (forttcoming).

UNODC. (2019). Global Study on Homicide. Homicide trends, patterns and criminal justice response.


Violencia interpersonal: un nuevo indicador de bienestar

MANUEL LLORCA-JAÑA (Universidad de Valparaíso)

RODRIGO RIVERO-CANTILLANO (Universidad Adolfo Ibáñez)

Manuel Llorca-Jaña es PhD en Historia Económica por la Universidad de Leicester (UK), Master en Historia Económica Internacional por la misma institución y Economista de la Universidad de Santiago de Chile.

Rodrigo Rivero-Cantillano es PhD en Historia Económica por la Universidad de Barcelona, Máster de Estudios Latinoamericanos, Universidad de Barcelona, Universidad Pompeu Fabra y Universidad Autónoma de Barcelona y Licenciado en Historia, Universidad de Valencia.

RESUMEN. En esta entrada del Blog presentamos la violencia interpersonal como un nuevo indicador de bienestar. El mismo ha sido usado de manera creciente en análisis de bienestar para países desarrollados, pero no así para América Latina. Presentamos, además, los principales resultados de un estudio que realizamos para Chile, que utiliza la tasa de homicidios como proxy de la violencia interpersonal, explicando la importancia y los principales determinantes de este importante indicador.


Fuente: Archivo Histórico Riva-Agüero. Instituto Riva-Agüero. Pontificia
Universidad Católica del Perú. (2013). Asesinato del presidente Manuel
Pardo [Image]. http://repositorio.pucp.edu.pe/index/handle/123456789/9704.

Introducción

Existe un creciente consenso en que el concepto de bienestar es complejo, además de multidimensional: mientras más variables/dimensiones relevantes consideremos respecto de todo aquello que afecte los niveles de vida de la población, mejor. Entre las diversas variables que han ido ganando terreno en las últimas décadas se encuentra la seguridad personal, y, dentro de ella, la violencia interpersonal. En efecto, en 2014 la OECD publicó un muy buen libro titulado How was life? Global well-being since (van Zanden et al. eds., 2014), en el cual se incluyeron indicadores de bienestar clásicos como PIB per cápita, salarios reales y esperanza de vida, pero también se agregaron muchos otros menos familiares para los cientistas sociales: estatura, medioambiente y seguridad personal; este último normalmente medido a través de indicadores de violencia interpersonal, tales como la tasa de homicidios o la tasa de robos violentos.

Algunos aspectos conceptuales

Gracias a este tipo de publicaciones, hoy en día es ampliamente aceptado que las tasas de homicidio, como proxy de violencia interpersonal, representan un buen indicador del bienestar de una sociedad (Baten et al., 2014; OECD, 2014). En efecto, la violencia interpersonal es una variable de primera importancia a la hora de evaluar el desarrollo, dado que las sociedades con altos niveles de violencia son asociadas a la existencia de un bajo capital social y, a su vez, éstas también muestran bajos niveles de capital humano (Gust y Baten, 2019). Las sociedades con alto nivel de violencia deben asignar una cantidad considerable de recursos y esfuerzos a la resolución de conflictos en lugar de destinarlos a la inversión productiva, o a la oferta de servicios públicos, incluyendo el gasto social. Por otro lado, los crímenes violentos impactan negativa y directamente en la calidad de vida de las personas, puesto que reducen la seguridad de la propiedad privada generando un clima de desconfianza e incertidumbre. Incluso, otra consecuencia negativa de los altos niveles de violencia interpersonal es la profundización de la desigualdad de género, conduciendo a la pérdida de autonomía femenina (Gust y Baten, 2019). Finalmente, el bienestar de la población es mayor si los habitantes de una sociedad se sienten seguros. El impacto negativo en el bienestar de las personas del sentimiento de inseguridad es considerado tan serio como el crimen mismo. Por tanto, la seguridad interpersonal es uno de los aspectos más valorados y exigibles tanto para el desarrollo económico como social (Fanjzylber, Lederman y Loayza, 1998; 2002a y 2002b).

Como dijimos, el principal indicador de violencia interpersonal es la tasa de homicidios intencionales entre civiles. El homicidio intencional generalmente se define como una muerte ilegal infligida deliberadamente a una persona por otra persona, excluyendo las bajas por guerras ya sean estas internacionales o civiles (Eizner, 2003a; 2003b). Cuando se quiere estudiar la seguridad personal al interior de una sociedad, la tasa de homicidios presenta ventajas frente a otras alternativas como el número de robos, puesto que esta última está expuesta a un mayor grado de subregistro, ya que una gran proporción de los robos no son denunciados ni registrados. (Fajnzylber, Lederman and Loayza 2002a; OECD, 2011). En cambio, los homicidios intencionales, probablemente, el más grave de todos los delitos, por su naturaleza y connotación social, tienen menor probabilidad de pasar desapercibidos y están menos propensos a la manipulación estadística, consecuentemente, se registran con mayor eficacia en la mayoría de los países (Fajnzylber, Lederman and Loayza 2002b; Eisner 2003b). Incluso, frente a otros graves delitos de carácter interpersonal, como la violencia sexual o contra los niños, los registros de homicidios cuentan con mayor confiabilidad. De hecho, existe un amplio acuerdo en que los registros de homicidios son quizás la única cifra de delitos que proporciona una medida precisa, razonable y consistente de los niveles de delitos graves, por esta razón, permiten realizar análisis comparativos entre países o entre regiones de un mismo país durante largos períodos de tiempo (Eisner, 2003a). Por último, el homicidio, en cuanto crimen, siempre ha atraído el interés de las instituciones, desde las sociedades medievales hasta hoy, mientras que, desde el punto de vista de las autoridades, su importancia se ha mantenido estable en el transcurso de los últimos siglos (Eisner, 2003b). Este interés también ha sido recogido por el cine, inmortalizando las historias de famosos asesinos como Charles Manson en Helter Skelter (1976), los numerosos títulos dedicados a Al Capone, incluyendo su máximo perseguidor Eliot Ness en la premiada The Untouchables (1987), pero también creando historias de ficción que se han convertido en parte de la propia tradición del cine, sobre todo después del éxito de Psycho (1960) de Alfred Hitchcock, la muy premiada Fargo (1996) de los hermanos Coen o, más recientemente, la serie Mind Hunter (2017) que se adentra en la investigación de dos agentes del FBI para conocer los patrones psicológicos de los mayores asesinos en serie. Sin duda, el éxito de estos films responde al gran impacto que este tipo de crímenes genera en la sociedad.

Entre los distintos determinantes de los niveles de violencia interpersonal al interior de las sociedades, un factor central es la capacidad del Estado para monopolizar la violencia. La noción del Estado como una comunidad humana que demanda el monopolio del legítimo uso de la violencia física al interior del territorio está directamente relacionado con la capacidad de gobernar, y es un elemento clave en el desarrollo político y económico de los países. La historia está plagada de ejemplos de países que han fracasado en establecer este monopolio y las razones son muy variadas. De esta manera, existe un amplio acuerdo en la literatura que para analizar las tendencias seculares en la violencia interpersonal, se necesita una perspectiva de análisis amplia que incluya aspectos contextuales como los cambios en las estructuras sociales de poder, la legislación, la mentalidad, la composición por edades de la población, condiciones culturales y económicas, niveles de desigualdad, las tasas de pobreza, factores como las diferencias regionales, la demografía, la economía y la estructura política, las cuales ayudan a explicar los distintos patrones observados en las tasas de homicidios a través del tiempo (Eisner, 2003b; Mares, 2009; Gurr, 1981).

La escasa historiografía para América Latina

Lamentablemente, existen pocos estudios sobre cómo ha evolucionado la tasa de homicidios para países latinoamericanos en el largo plazo. El único estudio publicado para algún país latinoamericano es el de Rivero-Cantillano et al. (2021) para Chile (fruto del proyecto Anillos ANID PIA SOC 180001). Existe, además, una muy buena tesis de maestría que fue defendida recientemente por Analía Rivero en la Universidad de la República, Uruguay, que cubre un periodo similar al de Rivero-Cantillano et al., pero para Uruguay, y que seguramente saldrá prontamente publicada como artículo.

El trabajo de Rivero-Cantillano et al. (2021) para Chile analiza, en particular, la evolución de las tasas de homicidio en Chile desde la década de 1880 hasta la de 2010. Los autores constataron que las tasas de homicidio fueron muy elevadas a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX (Figura 1). Sin embargo, esta situación comenzó a mejorar gradualmente desde la década de 1930, y de forma más pronunciada entre los años cincuenta y sesenta, lo que permitió que las tasas de homicidio se mantuvieron bajas según estándares internacionales hasta finales de siglo. A lo largo de las últimas dos décadas, no obstante, se ha observado un incremento relativo de los homicidios en Chile. El análisis cuantitativo del estudio sugiere que el aumento del gasto social en el pasado se asocia con la reducción de los homicidios en el presente, que el crecimiento económico pasado y presente también se correlaciona con la reducción de la tasa de homicidios, cuestión similar a lo que ocurre con el aumento de la presencia policial. Con todo, el estudio destaca que las décadas de 1930 a 1960 constituyen un periodo clave en la evolución de la violencia interpersonal, lo que coincide con la aparición de un estado de bienestar (y el aumento del gasto social), el descenso de los índices de pobreza, la mejora de la sanidad y la educación, y el aumento del sufragio.

Figura 1: Tasa de homicidios para Chile (número de homicidios por 100.000 habitantes, medias móviles a 5 años, 1880-2017)

Fuente: Rivero-Cantillano et al 2021.

Nuestro llamado es a entusiasmar a colegas latinoamericanos a producir trabajos similares a los de Rivero-Cantillano et al. (2021) para Chile y de Analía Rivero para Uruguay, pero para otras repúblicas, para así poder realizar estudios comparativos de largo plazo.

Referencias

Eisner, Manuel (2003a) “Long-term historical trends in violent crime.” Crime and Justice 30: 83-142, doi: 10.1086/652229

Eisner, Manuel (2003b) “The long-term development of violence: empirical findings and theoretical approaches to interpretation.” in Heitmeyer, Wilhelm and John Hagan (eds.) International Handbook of Violence Research. Dordrecht, NL: Springer, 41-59.

Fajnzylber, Pablo, Daniel Lederman and Norman Loayza (1998) Determinants of Crime Rates in Latin America and the World. An Empirical Assessment. Washington, D.C.: World Bank. doi:10.1596/0-8213-4240-1

Fajnzylber, Pablo, Daniel Lederman and Norman Loayza (2002a) “Inequality and violent crime.” The Journal of Law & Economics 15 (1): 1-40, doi: 10.1086/338347

Fajnzylber Pablo, Daniel Lederman and Norman Loayza (2002b) “What causes violent crime?” European Economic Review 46 (1): 1323-1357, doi: 10.1016/S0014-2921(01)00096-4.

Gurr, Ted R. (1981) “Historical Trends in Violent Crime: A Critical Review of the Evidence”. Crime Justice 3(1): 295–353, https://www.jstor.org/stable/1147382

Gust Sarah and Jörg Baten (2019). Interpersonal violence in South Asia, 900-1900. Working Paper, Universität Tubingen.

Mares, Dennis (2009) “Civilization, economic change, and trends in interpersonal violence in western societies.” Theoretical Criminology 13(4): 419-449, doi: 10.1177/1362480609340401

OECD (2011) “Personal security” in OECD (ed) How’s Life? Measuring Well-being. Paris: OECD Publishing.

Rivero, Rodrigo; Manuel Llorca-Jaña, Damian Clarke, Javier Rivas, Martina Allende, Daniel Quezada (2021) “Interpersonal violence in Chile, c.1880s-2010s: A tale of delayed but successful convergence”, SocialScience History (forttcoming).