Historia Económica en el job market de economía y algunos temas de investigación en América Latina

Xavier Duran (Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia), 22 de enero de 2013.

Aunque hemos avanzado mucho en entender algunas instituciones económicas y políticas y sus efectos sobre el desempeño económico, aún tenemos mucho por aprender sobre algunas de las instituciones más básicas de las sociedades latinoamericanas.

En enero tengo la costumbre de revisar los job market papers de los departamentos de economía en Estados Unidos y Europa fuertes en historia económica. Es una manera de ver nuevos temas y nuevos enfoques desarrollados por estudiantes que buscan impresionar a sus futuros empleadores.

La muestra de departamentos con estudiantes en el mercado este año y haciendo historia económica incluye a Arizona, BU, Harvard, Northwestern, Oxford, Pompeu-Fabra, Stanford, UC-Berkeley, UC-Davis, UC-Irvine, UCLA, Vanderbilt y Yale. Algunos departamentos con grupos de investigación fuertes en historia económica cuyos estudiantes este año no presentan trabajos de historia económica son Caltech, Michigan, MIT, Paris School of Economics, UI-Urbana, U-Toronto – disculpen si se me olvido algún departamento. La muestra deja por fuera (por motivos de espacio y tiempo de búsqueda) departamentos que no se vinculan directamente al job market de economía como por ejemplo los departamentos de historia económica y los de historia – probablemente la mejor vitrina para estos departamentos son conferencias especializadas en historia económica y empresarial, como la EHS, la EHES, la BHC, la ABH y la EBHA y sus sesiones para nuevos académicos.

Lo primero que salta a la vista es que el campo de la historia económica sigue vivo y vibrante: 18 estudiantes presentan un job market paper en historia económica, más de 10% de los estudiantes en el mercado provenientes de estos departamentos. Tener cerca de 20 nuevos académicos al año no está nada mal para la disciplina.

Las investigaciones en historia económica siguen dominadas por el enfoque de la economía laboral: 50%. Los demás papers corresponden a campos como macro (1), organización industrial (2), comercio y geografía económica (2), economía política (2), y crecimiento (2). El tema de mis afectos, transporte e infraestructura, recibe atención en dos papers que ya conozco, entonces preferí echarle ojo a otros de economía laboral a ver que aprendo.

La economía laboral (incluyendo también estudios sobre economía de la familia y de distribución del ingreso) ha desarrollado un arsenal de herramientas que se prestan para el análisis de censos poblacionales y otras fuentes históricas con riqueza de datos para el análisis cuantitativo. Varias de las figuran más influyentes de la historia económica norteamericana actualmente supervisando estudiantes doctorales han desarrollado su carrera alrededor de la economía laboral, como por ejemplo Leah Boustan, Dora Costa, Joe Ferrie, Claudia Goldin y Bob Margo.

La producción de historia económica laboral en Estados Unidos contrasta con la producción en o sobre América Latina. Si excluimos los estudios sobre medición de la inequidad en la distribución del ingreso (riqueza, tierra, … ) y su impacto sobre crecimiento (que son tan populares que ya existen por lo menos dos comentarios en nuestro blog, ver Rafael Dobado y Esteban Nicolini , son pocos los trabajos recientes sobre historia económica laboral en América Latina que tengo en mente.

Incluso en la medición de inequidad y movilidad social existen dos tipos de indicadores recientemente desarrollados que reciben atención este año en el job mercado y en América Latina aún no se desarrollan. Yu Hao (UC-Davis) usa el indicador desarrollado por Greg Clark midiendo la persistencia de apellidos de elite para trazar la evolución de la movilidad social en China, 1645-2012. Hao encuentra que la persistencia ha sido mucho mayor que la observada en los casos de Estados Unidos, Reino Unido o Escandinavia, aun durante los periodos republicanos y comunistas Chinos. Este indicador puede ser un instrumento útil, ante la escasez de información apropiada, para calcular indicadores cuantitativos de movilidad social en el largo plazo. Dado que América Latina es uno de los lugares en este mundo que se percibe como poco fluido socialmente puede ser interesante explorar este indicador. ¿La colonia cerró las posibilidades de movilidad tanto como creemos? ¿Dejó la colonia las semillas de la inequidad y baja movilidad social que observamos en el siglo 20? ¿Será que la inequidad y baja movilidad en América Latina es aún más alta y baja que en China durante periodos elitistas? ¿O será que los cambios estructurales de la región, como por ejemplo la urbanización y expansión de la educación, han facilitado la movilidad? ¿O será que nos espera encontrar sorpresas de similar magnitud a las que encuentra Clark para Inglaterra y Estados Unidos – alta movilidad en el pasado que se ha ido frenando al entrar el siglo 20, a pesar del civil rights movement en Estados Unidos, o de la lucha contra la discriminación racial y étnica y la extensión de la democracia en ambos países?

Salvatore Morelli (Oxford) mide participación en el ingreso total del 1% más rico de la población en varios países durante el siglo 20, incluyendo Argentina y Brasil.[1] La serie para Brasil es bastante corta, pero la de Argentina permite comparación con otros países. Me pareció interesante observar que el patrón de evolución es muy parecido en todos los países estudiados: U con punto mínimo en los 1970s-1980s. La tendencia generalizada probablemente apoya la hipótesis del impacto de la tecnología de la información y comunicación como fuente de desigualdad creciente a través de un proceso de cambio tecnológico sesgado. La varianza entre países en los niveles de concentración del ingreso es grande, pero Argentina igual tiene muchos compañeros. El 1% más rico Argentino durante los 1930s-1940s generaba más del 20% del ingreso, parecido a lo que sucedía en países tan diferentes como Alemania, Estados Unidos, Holanda, Japón, Reino Unido, Suecia y Sudáfrica durante las primeras décadas del siglo XX. Y los niveles mínimos de concentración del ingreso en el 1% más rico en Argentina, 8%-10%, son parecidos a los experimentados por estos países y otros como Canadá, Malasia, Singapur y Suiza. Así, las diferencias entre Argentina y varios otros países parecen ser más de momento y velocidad de cambio en la concentración del ingreso que de niveles absolutos o tendencias. ¿Será que lo mismo es cierto para países de América Latina percibidos tradicionalmente como más inequitativos que Argentina, como Brasil, Chile y Colombia? ¿Cuál será el efecto sobre distribución del ingreso de un proceso idiosincrático como el narcotráfico en las económicas Andinas? ¿Y en que quedan los debates sobre los efectos distributivos de las reformas liberales de los 1990s una vez consideramos este indicador y se examina también el efecto del cambio técnico sesgado? Para finalizar, un resultado intrigante del trabajo de Salvatore: durante la primera guerra mundial Alemania, Francia, Holanda, Japón y Reino Unido experimentaron aumento de la concentración del ingreso pero durante la segunda esta declino notablemente.  ¿Por qué diferentes guerras tienen diferentes efectos sobre ganadores y perdedores en su distribución del ingreso?

Entre los papers de historia económica con enfoque laboral el de Laura Salisbury (BU) me llamó la atención. Aborda un tema muy interesante: ¿cuando comenzaron las mujeres a demorar el matrimonio por razones económicas (ingresos)? Laura responde esta pregunta examinando la conducta de las viudas de la guerra civil norteamericana al recibir una pensión por la muerte de su esposo en servicio. El análisis indica que (existe evidencia fuerte) que las viudas que recibieron pensión demoraron en promedio tres años más su segundo matrimonio que las viudas que no recibieron pensión y (existe evidencia débil) que se casaron con mejores hombres. Esta evidencia probablemente implica que los cambios de conducta femenina observados en el siglo 20, en los que las mujeres están demorando su matrimonio para estudiar y trabajar, no requieren como prerrequisito cambios de normas sociales relacionados con la liberación femenina etc etc. Los agentes en el siglo 19 eran ya bastante sensibles a los cambios en costos y beneficios económicos de sus decisiones, aun en decisiones que no son únicamente económicas.

Este trabajo me genera la siguiente reflexión para los historiadores económicos de América Latina: aunque hemos avanzado mucho en entender algunas instituciones económicas y políticas (la mita, el clientelismo, el populismo, … ) y sus efectos sobre el desempeño económico, aún tenemos mucho por aprender sobre algunas de las instituciones más básicas de las sociedades latinoamericanas. Mi percepción es que hoy en día en América Latina las familias son un eje de la vida social y económica mucho más fuerte que en otras sociedades. Sin embargo sabemos poco sobre el funcionamiento económico de las familias en el pasado y cómo encaja su evolución con la pintura que nos ofrecen los economistas laborales modernos (que indica, por ejemplo, que el rol de las familias y sus decisiones de matrimonio, cuando y cuantos hijos tener son claves en el proceso de formación personas saludables y con inversiones elevadas de capital humano – dos de las variables claves para explicar el crecimiento económico).


[1] Preferí ojear los datos del job market paper que el propio job market paper de Salvatore. Su job market paper en sí trata sobre los efectos de las crisis financieras sobre la distribución del ingreso.

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Reseña de “Los que tienen y los que no tienen. Breve y particular historia de la desigualdad global”

Rafael Dobado (Universidad Complutense de Madrid), 14 de enero de 2013.

Milanovic, Branko (2011), The Have and the Have-Nots. A Brief and Idiosyncratic History of Global Inequality, Basic Books, Nueva York, 258 pps, rústica en cuarto. Ha sido editado en español por Alianza Editorial en 2012 con el título Los que tienen y los que no tienen. Breve y particular historia de la desigualdad global.

La desigualdad viene recibiendo una creciente atención por economistas e historiadores económicos. Nuestro blog, como prueba la entrada de Esteban Nicolini del 17 de octubre pasado, no es ajeno a este interés por la desigualdad que la crisis parece haber contribuido a estimular entre académicos, actores políticos y publico en general.

Menos reciente es la preocupación por la desigualdad de Branko Milanovic, quien viene ocupándose de ella desde hace ya bastante tiempo (véase su página web del Banco Mundial), hasta convertirse en uno de los mayores especialistas mundiales en el asunto. El año pasado publicó The Have and the Have-Nots. A Brief and Idiosyncratic History of Global Inequality, editada este año en español por Alianza Editorial con el título Los que tienen y los que no tienen. Breve y particular historia de la desigualdad global. Un libro de reducida extensión y de fácil lectura, que no por ello deja de ofrecer abundante información y agudas reflexiones sobre la desigualdad. Jugosas anécdotas históricas vienen a amenizar un libro que se ocupa de cuestiones no siempre placenteras. Aunque no comparto plenamente alguna de las ideas del autor y echo en falta un tratamiento más detenido de algunas cuestiones espinosas, recomiendo encarecidamente la lectura de The Have and the Have-Nots. Es más, creo que se trata de un tipo de libro que los historiadores económicos de habla española deberíamos escribir con más frecuencia, pues acercarían nuestra disciplina a un público mucho más amplio.

The Haves and the Have-Nots consta de tres capítulos. Cada uno de ellos se dedica a una forma significativa de desigualdad económica (interpersonal, entre países y global). Los tres capítulos contienen un ensayo de alguna extensión y un conjunto de breves “viñetas”. Algunas de estas últimas constituyen uno de los mayores logros del libro en lo que a su amenidad se refiere.

El primer capítulo trata de la desigualdad entre los individuos pertenecientes a una determinada nación. Se inicia con algunas observaciones generales acerca del renovado interés contemporáneo por las diferencias interpersonales de renta y riqueza y un breve repaso a las proposiciones clásicas de Pareto y Kuznets. Continúa con la espinosa cuestión de las relaciones entre desigualdad y el binomio eficiencia-equidad, que se examinan desde la Economía y la Filosofía. Milanovic pasa revista a una serie de grandes autores en diversos campos, que incluye desde Weber hasta Rawls, pasando por  Keynes, Zweig, Platón, Sen, etc. Concluye con un repaso a la historia de la medición de la desigualdad y sus dificultades.

Las “viñetas” de este capítulo abarcan desde un divertido e ilustrativo comentario sobre la desigualdad, el matrimonio y el amor partiendo de la trama de Orgullo y prejuicio de Jane Austen hasta unos apuntes biográficos sobre Pareto y Kuznets. No falta un entretenido examen de las implicaciones distributivas que tendría el matrimonio de Ana Karenina con Vronsky. Otras tocan cuestiones más sesudas, como la desigualdad en los países comunistas o las diferencias de renta entre la Rusia de Tolstoy y la contemporánea. Encuentro particularmente jugosa a una de esas “viñetas”: la que nos descubre quién ha sido el hombre más rico de la historia. Entre los candidatos se encuentran el romano Creso, los norteamericanos Carnagie, Rockefeller y Gates, el ruso Jodorosky y el mexicano Slim. ¿Por quién se inclinan? La respuesta… en el libro.

El segundo capítulo se ocupa de la desigualdad resultante de considerar las rentas medias per capita de los países del mundo; esto es, la desigualdad entre países. Ésta es ahora mayor que nunca antes y tiene su origen en la Revolución Industrial y el consiguiente proceso de divergencia económica entre países.  Ahora bien, si cada país en vez de contar como una unidad de análisis es ponderado, como parece razonable, por su población, la imagen de la desigualdad contemporánea entre países cambia radicalmente, gracias al rápido crecimiento de los países más poblados del planeta (China e India) a fines del siglo XX y comienzos del XXI. No obstante, el mundo, a juicio de Milanovic, sigue siendo muy desigual, como se esfuerza en demostrar en las “viñetas” que siguen al ensayo de este capítulo, particularmente en How Unequal Is Today’s World? En otra de ellas, Why Was Marx Led Astray?, se destaca un aspecto básico de las cambiantes formas de la desigualdad a lo largo de la historia: mientras que, hacia 1870,  la desigualdad entre los habitantes del mundo era debida principalmente a la clase social de pertenencia ((por ejemplo, trabajadores frente a empresarios o rentistas), actualmente obedece mayoritariamente al país de nacimiento ((pongamos, Noruega frente a Etiopía). How Much of Your Income Is Determined at Birth? es el título de la “viñeta” donde se llega a la más bien sombría conclusión de que la emigración es la vía más factible para que un individuo de un país pobre se eleve a lo largo de la escala de la desigualdad global.

Esta forma de desigualdad, entre los “ciudadanos del mundo” o “desigualdad global”, es tratada en el tercer capítulo y su cálculo requiere una información que sólo está disponible desde hace un tiempo relativamente corto. Por eso no es posible hacer comparaciones de largo plazo de esta dimensión de la desigualdad, que, simplificando, combina las existentes entre individuos y entre países. Sí parece que su magnitud, que supera a la de los países más desiguales (Brasil o Sudáfrica, por ejemplo), “probablemente” no ha descendido desde finales de los años ochenta del pasado siglo.

 El aumento causado por la creciente desigualdad interpersonal en algunos países y la divergencia entre países pobres y ricos podría ser compensado por el notable éxito económico de India y China. Los efectos de la crisis en buena parte de los países ricos y algún retroceso reciente de las desigualdades en la históricamente muy poco igualitaria Iberoamérica –sugeriría yo– podrían estar inclinando la balanza del lado de la igualdad entre los “ciudadanos del mundo”. No cabe descartar que otros fenómenos (por ejemplo, más desigualdad dentro de países ricos y en desarrollo muy poblados o el estancamiento de un número relativamente alto de países pobres) operen en sentido contrario.

La llamativa distancia entre la minoría rica y la mayoría pobre de los “ciudadanos del mundo”, los posibles efectos de la globalización sobre la desigualdad, el contraste entre visiones alternativas sobre la evolución de la “desigualdad global” en el largo lazo, la relevancia de la “desigualdad global” y el trilema de la globalización de Rodrik son apuntados en este ensayo. Algunas de las “viñetas” del capítulo son: Where in the Global Income Distribution Are You?, Does the World Have a Middle Class? o How different Are the United States and the European Union?.

En su conclusion el libro señala algunos de los principales retos mundiales para los próximos años: “how to bring Africa up, how to peacefully bring China in and how to wean Latin America off of its self-obsession and bring it into the real World. And doing all of this while maintaining peace and avoiding ideological crusades.” (p. 215) Me gustaría creer que la mención a las “cruzadas ideológicas” no significa que toda ideología “realmente existente” (entrecomillado propio) es igual de valiosa. A este respecto, mi condición de español y el hermoso verso del alejandrino Kavafis que constituye la coda  del libro me hacen echar en falta alguna referencia de Milanovic al papel del mundo islámico en una configuración ilustrada del mundo de las próximas décadas.

            Concluiré esta entrada con algunas observaciones críticas. Sería necesaria una elaboración convincente de la equiparación entre justicia e igualdad que subyace al pensamiento de Milanovic. Tampoco da respuesta satisfactoria a algunas cuestiones de indudable relevancia: entre otras, ¿cuánta igualdad es deseable y por qué?, ¿tiene la igualdad un coste de oportunidad en términos de crecimiento?, ¿no es buena parte de la desigualdad mundial resultado de la falta de crecimiento de algunos y no de ninguna otra causa?, ¿cómo se combinan la igualdad de oportunidades con la retribución desigual al esfuerzo y al talento? Soy, a la vista de la vitalidad del nacionalismo identitario en partes de mi país y de Europa, mucho más escéptico que Milanovic acerca de la viabilidad de una ciudadanía cosmopolita. Y más optimista en mi valoración de las tendencias económicas mundiales de largo plazo: la pobreza extrema se ha reducido casi a la mitad entre 1990 y 2008.

Estas observaciones  no impiden que reitere mi recomendación de que lean The Haves and the Have-Nots y mis felicitaciones al autor y al editor de la edición en español.