Consensos y disensos metodológicos sobre las comparaciones de los niveles de vida

Maximiliano Presa (Universidad de la República, Uruguay)

Carolina Román (Universidad de la República, Uruguay)

15 de setiembre de 2019

RESUMEN. Las mediciones sobre los niveles de vida constituyen parte de una nutrida y activa agenda de investigación en historia económica, con una larga trayectoria, pero con mucho camino por recorrer. En particular, para las comparaciones internacionales de salarios, la agenda resulta en mejorar nuestro conocimiento sobre la historia del consumo de las sociedades. En esta entrada introduciremos avances presentados en el Simposio Nº 19 del sexto Congreso Latinoamericano de Historia Económica y el trabajo que actualmente estamos llevando a cabo sobre la estimación del consumo de ciertos alimentos de la canasta de consumo uruguaya durante el siglo XX.

Algunas líneas sobre el debate

Las comparaciones de los niveles de vida entre países constituyen una agenda de investigación con larga trayectoria en la historia económica. A nivel empírico, surgen dos grandes preguntas: ¿qué comparar? y ¿cómo comparar? Estas interrogantes enfrentan desafíos metodológicos que, para períodos pre-estadísticos, adquieren particularidades específicas. Muchas veces sucede que las fuentes de información disponibles, más allá de que suelen ser escasas, poco sistemáticas o difíciles de comparar internacionalmente, no fueron diseñadas para responder estas preguntas.

Las respuestas a la primera de estas interrogantes incluyen un abanico cada vez más amplio de dimensiones: el ingreso –el producto interno bruto per cápita y los salarios–, indicadores biológicos –nutricionales, alturas– u otras más comprensivas como el desarrollo humano –como propuesta compuesta que aspira a incluir variables como ingreso, educación, salud, distribución del ingreso, género (ver, por ejemplo, el trabajo de Escudero, 2002, con una presentación más exhaustiva). Entre todas estas variables, nos concentraremos en los salarios, ya que existe una larga tradición de los estudios que la utilizan para evaluar diferencias de niveles de vida entre países (Scholliers, 1996). La comparación internacional de los salarios implica resolver dos dilemas. Por un lado, decidir qué tipo de salario debe considerarse como referencia. Por otro lado, debe resolverse cómo medir el poder adquisitivo de dicho salario de tal forma que permita controlar por diferencias en los niveles de precios entre países y, también, a lo largo del tiempo.

Estas cuestiones, algunas más teóricas y otras más metodológicas, fueron parte de los temas presentes en el Simposio 19: Precios, ingreso y niveles de vida: problemas metodológicos en la agenda global, siglos XVI-XX, organizado por María Inés Moraes (Universidad de la República, Uruguay), Daniel Santilli (Instituto Ravignani, Universidad de Buenos Aires-CONICET, Argentina) y Julio Djenderedjian (Instituto Ravignani, Universidad de Buenos Aires-CONICET, Argentina), en el marco del 6to Congreso Latinoamericano de Historia Económica celebrado en la Universidad de Santiago de Chile, Santiago (Chile) entre el 23 y el 25 de julio de este año. Este simposio nucleó a investigadores de América Latina y España, cuyas preguntas y problemas de investigación suelen tender puentes entre ciudades, países, continentes y etapas históricas. Se presentaron investigaciones sobre salarios, costo de vida, precios, consumo, riqueza y distribución, cubriendo distintos periodos y etapas históricas –la industrialización sustitutiva de importaciones, fines del XIX, siglo XX, principios del XIX, mediados del XIX, siglo XVIII– y distintos ámbitos geográficos a nivel de ciudades –Mendoza, Ciudad de México, Puebla, Buenos Aires, Montevideo–, a nivel de países –Chile, Uruguay, España– y a nivel de algunos ámbitos urbanos y/o del mundo rural. Así, se generó un fluido intercambio en donde las sugerencias se cruzaban de una a otra ciudad y atravesaban la historia.

Uno de los denominadores comunes fue el desafío de medir una canasta básica y representativa de consumo que permitiera, o bien deflactar salarios, o bien construir indicadores de paridad de poder adquisitivo, o bien construir una canasta de subsistencia o respetable (para calcular los welfare ratios siguiendo a Allen, 2001, y Allen et al., 2015). Cualquiera sea la estrategia empírica elegida, uno de los tantos problemas a resolver es definir qué bienes debemos incorporar en la canasta, y, una vez definido un criterio para la selección de los productos, estimar sus cantidades y precios.

Este tipo de preguntas son transversales a las investigaciones que tengan como objeto estudiar y comparar niveles de vida entre ciudades y/o países. Entre los rubros más importantes de las canastas de consumo de un hogar se encuentran los gastos destinados a la alimentación, esencial para la supervivencia, el desarrollo y el bienestar de los seres humanos, y que, además, suele constituir el destino de la mayor parte del presupuesto de los hogares (otros gastos constituyen la vivienda, la vestimenta, la energía, y un rubro residual que suele incluir servicios, como el transporte, educación, salud, recreación, etc.).

Al comparar ciudades o países con diferencias en niveles de ingreso y su distribución, composición familiar, precios y preferencias, definir una canasta de alimentos que permita la comparabilidad resulta un tanto complejo. Aquí entran varias dimensiones a considerar, como la composición –tipo, calidad y cantidad de alimentos– y los precios (la ponencia de Djenderedjian, 2019, ilustra de estas problemáticas con el pan y la carne). Asimismo, una pregunta adicional es: ¿cuántas calorías debe tener la canasta? Aquí hay varias discusiones: por ejemplo, Humphries (2013) ha cuestionado la canasta de subsistencia de Allen (2001) porque subestima la necesidad de calorías que requiere una mujer y los niños. Este debate se conecta con la discusión sobre la composición de los hogares, para lo cual es posible realizar ajustes que contemplen cambios demográficos y variaciones en los integrantes del hogar (ver Schneider, 2013).

La ausencia de encuestas de gasto de los hogares o de presupuestos familiares –en general, en América Latina, estos instrumentos se comienzan a aplicar en la segunda mitad del siglo XX– que nos permitan conocer las pautas de consumo de la población, nos deja un vacío importante para abordar algunas de las dimensiones señaladas anteriormente. Así, existen distintas estrategias que podemos resumir en dos: enfocarnos en el consumo de algunos segmentos de la población –por ejemplo, la clase obrera–, o calcular el consumo agregado de alimentos por persona. Esta doble perspectiva, microeconómica y macroeconómica, se presenta como dos vías complementarias para contribuir a la historia de la alimentación en los países de América Latina.

En esta entrada al Blog, vamos a concentrarnos en la segunda perspectiva, esto es, en el cálculo del consumo agregado de alimentos por persona y lo vamos a ilustrar con los avances realizados en el caso uruguayo en el cual estamos trabajando (Presa y Román, 2019).

Una ilustración con el caso uruguayo

Un método utilizado para estimar series de alimentos se asemeja al del flujo de mercancías (commodity flow approach), aunque guarda también grandes similitudes con el procedimiento propuesto por FAO para estimar las hojas de balance de alimentos. El método del flujo de mercancías consiste en calcular el consumo (“aparente”) de un bien o servicio a partir del valor de producción del mismo, restando su uso como insumo, las cantidades exportadas y sumando las importadas. El principal antecedente encontrado en la bibliografía es la estimación de las cuentas históricas de Gran Bretaña realizada por Feinstein (1972), aunque este enfoque ya se había utilizado para ese país en las obras de Jeffrey y Walters (1955) y Deane (1968). Una aplicación más reciente es la de Prados de la Escosura (2003) para España, y también encontramos este método aplicado a las cuentas históricas de consumo holandesas en Smits, Horlings y Van Zanden (1999). Por ejemplo, para el caso de España, Prados de la Escosura (2003), en sus estimaciones de las Cuentas Nacionales Históricas españolas, se basa en los datos obtenidos en las estimaciones del PIB por el lado de la producción junto a una estructura de usos y recursos brindada por una Matriz de Insumo – Producto (MIP) que actúa de benchmark. A partir de esta MIP, se pueden “depurar” las series de producción de los distintos alimentos encontrando la cantidad que fue destinada al consumo final de las familias en cada año. Claramente, cuantas más estructuras de usos y recursos se tengan, mejor será la estimación dado que se utilizarán menos supuestos sobre la estructura vigente en cada momento.

Para el caso de Uruguay, hemos estimado series de consumo aparente de los principales alimentos de la canasta de consumo uruguaya entre 1900 y 1970. Partiendo de relevamientos a clases trabajadoras y las primeras encuestas de consumo, identificamos que los siguientes alimentos mantienen, a grandes rasgos, su importancia a lo largo del período estudiado: carne vacuna y ovina, harina de trigo y panificados, leche y sus derivados y papas y boniatos.

Lechero Artigas

Vendedor de Leche en la ciudad de Rivera, Uruguay, en la década de 1960.  Fuente: https://www.bibna.gub.uy/ Creative Commons 2.0

En Uruguay, la primera MIP se estimó para el año 1961. A medida que fuimos avanzando en nuestras estimaciones de las series por producto surgió, de las fuentes consultadas sobre las cifras de producción y sobre las canastas de consumo, la idea de que mantener la estructura de 1961 podía desembocar en resultados no muy confiables. Por lo tanto, el método utilizado fue dejando paulatinamente el abordaje más vinculado a la Contabilidad Nacional para pasar al método de estimación de las Hojas de Balances de Alimentos propuesto por FAO (2001). Este método es mucho más intensivo en el uso de coeficientes particulares de cada tipo de alimento, por lo que, si bien es más demandante en información –y, ante la falta de la misma, también de supuestos– permite obtener estimaciones más precisas y más informativas acerca de los cambios en los niveles de vida. Para realizar las estimaciones apelamos, entonces, a fuentes primarias y secundarias sobre datos de producción, disponibilidad total, y su distribución entre los distintos usos posibles, así como a estudios sectoriales y consultas a expertos para indagar esos posibles usos. En una próxima entrada al Blog presentaremos las estimaciones y los resultados encontrados.

Esta perspectiva propuesta nos da una idea agregada de la evolución y los cambios en el consumo de los principales alimentos, pero no nos dice nada sobre la distribución de ese consumo entre los distintos segmentos de la población, sea por clases, áreas geográficas u otras dimensiones. No obstante, es factible de complementar con información más cercana al consumo de algunos segmentos de la población –como las clases trabajadoras–, encuestas de nutrición o estudios cualitativos que nos permitan ir completando la imagen del patrón alimenticio de la población uruguaya durante las primeras décadas del siglo XX. Este tipo de ejercicios resulta factible de replicar metodológicamente porque las fuentes que se requieren –estadísticas de producción agropecuaria y de comercio exterior– suelen estar disponibles en nuestros países para etapas pre-estadísticas. Así, se propone como una alternativa a complementar con otros enfoques. Esto forma parte de una agenda de investigación por la cual estamos avanzando y en la cual la colaboración entre investigadores de distintas latitudes constituye un aspecto fundamental.

Referencias

Allen, R.C. (2001) “The great divergence in European wages and prices from the middle ages to the First World War,” Explorations in Economic History, 38 (41), 1-447.

Allen, R., Murphy, T., and Schneider, E (2015) “Una de cal y otra de arena: building comparable real wages in a global perspective,” Revista de Historia Económica – Journal of Iberian and Latin American Economic History, 3 (1).

Deane, P. (1968) “New estimates of Gross National Product for the United Kingdom 1830-1914”. The Review of Income and Wealth, 14(2), 95-112.

Djenderedjian, J. (2019) “Problemas de conversión metrológica y monetaria en los estudios sobre nivel de vida del pasado río platense en los siglos XVIII-XIX. Algunas reflexiones sobre su magnitud, características y posibilidades de solución”, 6to Congreso Latinoamericano de Historia Económica, 23-25 de Julio, Santiago de Chile.

Escudero, A. (2002) Volviendo a un viejo debate: el nivel de vida de la clase obrera británica durante la Revolución Industrial. Revista de Historia Industrial, (21), 13-60.

Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO) (2001) Food balance sheets: a handbook, Rome: FAO.

Feinstein, C. H. (1972) National income, expenditure and output of the United Kingdom 1855-1965 (Vol. 6). Cambridge: Cambridge University Press.

Humphries, J. (2013) “The lure of aggregates and the pitfalls of the patriarchal perspective: a critique of the high wage economy interpretation of the British industrial revolution”. The Economic History Review66(3), 693-714.

Jeffreys, J. B., and Walters, D. (1955) “National Income and Expenditure of the United Kingdom, 1870-1952”. Income and Wealth Vol. 5, Issue 1, December, 1-40.

Prados de la Escosura, L. (2003) El progreso económico de España (1850 – 2000). Bilbao: Fundación BBVA.

Presa, M. y Román, C. (2019) “Evolución del consumo de alimentos en Uruguay (1900-1960s). Una aproximación desde el enfoque de flujos de mercancías”, 6to Congreso Latinoamericano de Historia Económica, 23-25 de Julio, Santiago de Chile.

Scholliers, P. (1996) “Real wages and the standard of living in the nineteenth and early-twentieth centuries. Some theoretical and methodological elucidations”. VSWG: Vierteljahrschrift für Sozial-und Wirtschaftsgeschichte83(H. 3), 307-333.

Schneider, E. B. (2013) “Real wages and the family: Adjusting real wages to changing demography in pre-modern England”. Explorations in Economic History50 (1), 99-115

Smits, J.-P., Horlings, E., and Zanden, J. L. van. (2000) Dutch GNP and its components, 1800-1913. s.n.

Depende ¿de qué depende? De según como se mide, todo depende.* Nuevas comparaciones de las series históricas de PIB de Maddison

Carolina Román (Universidad de la República, Uruguay)

Montevideo, 9 de mayo de 2018

Resumen

Las estimaciones comparables internacionalmente de PIB per cápita constituyen un desafío muy grande. Estas suelen ser muy sensibles a las técnicas utilizadas para su construcción y, por lo tanto, también lo son los resultados obtenidos –en términos de crecimiento, desempeño y comparación de niveles de ingreso. Recientemente Bolt, Inkalaar, De Jong y van Zanden (2018) realizan una nueva contribución a la base de datos de Maddison (Maddison Project) al proponer cambios en el método utilizado para obtener niveles comparables internacionalmente de las series de PIB per cápita, ofreciendo así una nueva versión de la base de datos.  Las ventajas de esta nueva versión son bienvenidas, aunque, como es de esperar, también presenta limitaciones. 

El legado de Angus Maddison (1926-2010) en relación a la compilación de series históricas –largas, muy largas–, de países de diversas regiones del mundo ha constituido un gran pilar para la historia económica y, en términos generales, para los estudios en torno a las grandes preguntas sobre el crecimiento económico y el desarrollo de la economía mundial.

Las estadísticas históricas de Maddison tienen la virtud, además, de utilizar un método que permite ajustar por la paridad de poder adquisitivo (PPA) las series de ingreso, medidos por el PIB per cápita, originalmente expresadas en sus monedas nacionales, de forma tal que podamos comparar niveles entre distintos países y analizar su evolución a lo largo del tiempo. Para esto, toma los niveles del PIB en 1990 como año base o “benchmark” y aplica el método de Geary-Khamis (GK)[i] de forma que todas las series se expresen en dólares internacionales Geary-Kamis de aquel. Luego, a partir de estos valores de 1990, se extrapolan o proyectan con las tasas de crecimiento de las series nacionales de PIB per cápita –expresadas a precios constantes–, considerando las cifras “oficiales” cuando las oficinas estadísticas o bancos centrales de los países ofrecen dicha información y las estimaciones históricas para cubrir períodos más remotos. Si bien las virtudes de estas mediciones son bien conocidas –la gran cobertura de países y temporal de los datos, la comparación de los niveles de ingreso entre economías, la coincidencia entre las tasas de crecimiento de las series de Maddison con las que resultan de las cuentas nacionales locales–, también lo son sus desventajas y limitaciones. En especial, el uso del año 1990 como único benchmark para series históricas tan largas puede generar distorsiones en la medida que nos alejamos del presente y el cálculo no incorpora cambios en las pautas de consumo y/o en los precios relativos.

Desde hace unos años (aproximadamente desde 2010), el Groningen Growth and Development Centre de la Universidad de Groningen ha tomado el relevo de esta valiosa tarea a través del denominado Maddison Project.  El proyecto nuclea a un grupo de prestigiosos investigadores y expertos de diversos países, identificados con las inquietudes de Maddison e interesados en dar continuidad a su legado. Esto ha permitido que las series históricas de PIB per cápita estén actualizadas de forma continua, incorporando nuevas y/o mejores estimaciones (Ver Bolt y van Zanden, 2014, sobre las características de este proyecto).

Recientemente, Bolt, Inkalaar, De Jong y van Zanden (2018) realizan una nueva contribución a la base de datos al proponer cambios en el método utilizado para obtener niveles comparables internacionalmente de las series de PIB per cápita, ofreciendo, así, una nueva versión, 2018, de la base del Proyecto Maddison. Además, para algunos países incluyen nueva información –especialmente para el periodo previo a 1914– y para otros reemplazan las series con estimaciones recientes –por ejemplo, China desde 1950 (Bolt et al. 2018, Cuadro 1). También, actualizan los datos de ingreso de todos los países hasta 2016 a partir de la información de Total Economy Database y Naciones Unidas en algunos casos. De este modo, la nueva base cubre 169 países, con datos desde el año 1 –para algunos pocos países[ii]– hasta 2016.

Estos autores ponen sobre la mesa un debate de por sí importante y crucial, y es cómo el uso de diferentes métodos aplicados para la comparación internacional de niveles de ingreso puede derivar en resultados diferentes y, algunas veces, controversiales. Por un lado, citan estimaciones alternativas a las series Maddison, de Prados de la Escosura (2000) y Lindert y Williamson (2016) quienes, con otras metodologías, proponen comparaciones indirectas de los niveles de ingreso. Por otro lado, comentan las diferencias que se producen en las tasas de crecimiento del PIB per cápita entre las estimaciones comparables internacionalmente –que toman un año como benchmark– con las que se obtienen de las cifras reportadas por las fuentes domésticas (Inklaar y Rao, 2017). Esto genera que algunos resultados puedan ser sensibles a la versión de la base de datos utilizadas (Bolt et al. 2018, p.2). Agregan que, para procurar resolver, en parte, esta limitación, las Penn World Table (PWT, en su versión 8 y 9) han incorporado series reales del PIB calculadas a partir de la comparación de varios benchmarks de precios e ingresos (Feenstra et al. 2015).

Siguiendo este último trabajo, Bolt et al. (2018) aplican una metodología similar e incorporan varios benchmarks en la base de datos, distinguiendo el periodo posterior a 1950 –siguiendo la PWT– y las décadas previas para lo cual hacen uso de estudios históricos. Un aspecto distintivo de esta nueva base es que ofrecen dos tipos de series del PIB per cápita —siguiendo la misma terminología que utiliza las Penn World Table—, y la elección de una u otra alternativa dependerá del objetivo del análisis.

Por un lado, las nuevas series de PIB per cápita que denominan CGDPpcReal Gross Domestic Product per Capita at current PPPs in 2011 US$—, son medidas corrientes, ya que los precios relativos implícitos usados para la comparación entre países varían en el tiempo. Las mismas están expresadas en dólares de EE.UU. a precios del año 2011 –para ajustar por la inflación de este país.  Es decir, son series ajustadas por paridad de poder adquisitivo, pero utiliza varios años benchmarks. Estas series serían las más apropiadas cuando nuestro interés es realizar estudios de corte transversal, esto es, comparar niveles de ingreso entre países.

Por otro lado, ofrecen estimaciones de la tasa de crecimiento del PIB per cápita en términos reales, expresadas a precios constantes de 2011, en dólares, que denominan RGDPNApcReal Gross Domestic Product per capita at constant 2011 national prices (in 2011US$). En este caso, las tasas de crecimiento serían consistentes con las que surgen de las Cuentas Nacionales de cada país o de las reconstrucciones históricas. Estas series serían las más pertinentes cuando procuramos hacer estudios de corte temporal, como la comparación del crecimiento económico –medido a través de los cambios en PIB per cápita– entre países a lo largo del tiempo.

La pregunta que surge inmediatamente es, ¿estas dos alternativas de las series de PIB per cápita son comparables? O, dicho de otra manera, ¿la comparación entre países depende de la medida utilizada? Los autores son muy transparentes en responder afirmativamente a la pregunta y en explicitar las limitaciones de la nueva base. Si se compara, para cada país con información, las estimaciones de las dos medidas de ingreso, en promedio, los niveles de CGDPpc representan un 87% de los correspondientes a RGDPNApc, con discrepancias que oscilan entre 21% y 277%. Seguramente, para muchos países las comparaciones no cambien demasiado, pero, para otros, las conclusiones pueden discrepar, y mucho. Una rápida mirada para ubicar las mayores discrepancias nos lleva a identificar algunos países que entran en estos casos: la mayoría son economías de menor desarrollo relativo, aunque se intercalan algunas desarrolladas como Alemania y Suiza. Justamente, Bolt et al. (2018, p.6) citan como ejemplo el caso de este último país, el cual presenta, en 1872, un ratio de PIB per cápita de 0,67 respecto al de EE.UU. si se mide con CGDPpc, mientras que esa relación asciende a 1,5 si se toma como variable de referencia el RGDPNApc. De todas maneras, los autores son enfáticos en explicar que cada variable debe ser utilizada para fines distintos ya que miden conceptos diferentes: RGDPpc para analizar crecimiento y CGDPpc para comparar niveles de ingreso.

Múltiples benchmarks

Para comparar el ingreso entre países, expresados originalmente en sus monedas nacionales respectivas, es necesario utilizar un método que permita controlar por las diferencias en los precios relativos de productos transables y no transables. Con este objetivo se suele utilizar algún índice de precios que procure medir lo que una persona, en un país i, debería gastar para adquirir los mismos productos –o de similares características– en un país j. Entre los tipos de índice de precios que se podrían utilizar se encuentra el Índice de Laspeyres, el de Paasche, y el que combina a ambos, el de Fisher. No obstante, este último tiene como principal desventaja la ausencia de transitividad. Bolt et al. (2018) explican que para salvar esta restricción se suele utilizar el índice de Precios de Gini, Eltetö, Köves y Szule (GEKS) que compara los precios entre dos países, i y j, tomando el promedio entre todas las posibles comparaciones indirectas entre los países –este índice es utilizado para la elaboración del International Comparison Program. Una propiedad deseable de este índice es que no se ve afectado por el efecto sustitución –como sí lo tiene el PPA Geary-Khamis, que suele subestimar los precios de los países de ingreso bajo– ya que considera en su cálculo los bienes y servicios de todos los países, en lugar de una canasta promedio. Así, las estimaciones del PIB en términos reales, para poder comparar con otros países en un mismo año, se calcula deflactando este valor por el índice de precios GEKS.

Una vez que se calcula el PIB real ajustado por la PPA para un año, se extrapola o proyecta ese valor –con las tasas de crecimiento de las series nacionales de PIB– para así obtener series de tiempo. De ese modo, se obtendrían medidas que son consistentes temporalmente. Este procedimiento tiene algunas limitaciones, siendo una de las más importantes la pérdida de representatividad del conjunto de bienes y servicios que se comparan, a medida que nos alejamos del año de comparación tomado como benchmark. Además, Bolt et al. (2018) suman otro problema, relacionado con las diferencias que aparecen en las mediciones cada vez que se estima nuevos coeficientes de paridad de poder adquisitivo (citan como ejemplo las discrepancias del ICP PPA 2011 respecto al ICP PPA 2005).

Frente a este escenario, la última versión del Maddison Project ofrece nuevas series en base al uso de múltiples benchmarks, tomando distintas opciones:

  1. a) coeficientes de PPA elaborados por el International Comparison Program (ICP),
  2. b) estimaciones de benchmark históricas (ver apéndice A del texto),
  3. c) medidas indirectas utilizadas para calcular benchmarks a partir de salarios reales y ratios de urbanización, especialmente aplicado a países de África (ver apéndice D del texto);
  4. d) benchmarks calculados a partir de información sobre salarios reales y niveles de ingreso de subsistencia, especialmente para el periodo anterior a 1500 que, como aclaran los autores (p.11), son medidas más próximas al concepto de nivel de subsistencia que a mediciones relativas al PIB per cápita [iii];
  5. e) cálculos de Braithwaite (1968).

En la base de datos se informa en cada caso cuál es la fuente de las observaciones correspondientes a los años elegidos como benchmark

A partir de los niveles relativos de ingreso, que surgen de los distintos benchmarks utilizados, completan las series, entre las estimaciones directas, con las tasas de crecimiento que surgen de la base de datos MDP 2013. En la base se señala, para cada observación, el procedimiento utilizado, en cada país y año, para cubrir todo el período: cálculo directo como benchmark, dato interpolado entre dos benchmarks o proyectado desde un benchmark.

La combinación entre el uso de múltiples benchmarks y series de tiempo genera algunas inconsistencias, para algunos años y países, que los autores desarrollan en el apéndice B del documento. Identifican casos con distintos tipos de problemas: niveles de ingreso demasiado bajos –menores a los mínimos de subsistencia–; niveles de ingreso demasiado altos –por ejemplo en países exportadores de petróleo en años previos al boom petrolero–;  cambios bruscos en los niveles de ingreso relativo dependiendo del benchmark utilizado –por ejemplo, debido a distorsiones con los precios relativos en algunos años en particular–; problemas con las estimaciones de Penn World Table –debido a los métodos utilizados para calcular los niveles de precios–, entre otros.  En el apéndice B describen los casos identificados como problemáticos y cómo, en algunas oportunidades, esos benchmarks fueron omitidos de la base de datos.

¿Nuevos datos, nueva historia?

La nueva base de datos MPD 2018 introduce cambios en el análisis del desarrollo de largo plazo del ingreso mundial, en comparación con la base anterior. En la sección 5, Bolt et al. (2018), discuten algunos resultados de los nuevos datos. Analizan, desde una perspectiva regional, las principales diferencias en las mediciones de los niveles de ingreso relativo. Para las regiones pobres, como África y Asia Oriental, en promedio no se observan diferencias, aunque sí para algunos países y años en particular. En el caso de América Latina y Europa Occidental, el MPD 2018 presenta niveles menores de ingreso relativo.  Realizan un análisis de convergencia condicional y testean si se cumple la hipótesis de Balassa-Samuelson[iv] para validar la nueva base de datos. Por último, discuten las implicancias en términos de línea de pobreza y niveles de subsistencia que deriva de utilizar precios relativos que van cambiando (en 1990, el ingreso de subsistencia era de 350 y 400 dólares por año, en 2011 se ajustó a 700 dólares). Por último, analizan el desempeño relativo de largo plazo de Gran Bretaña y Estados Unidas a la luz de la nueva evidencia, cuestionando que el desempeño británico haya sido mucho más exitoso que el norteamericano previo a 1870 (Gráfico 1).

Gráfico 1. PIB real per cápita relativo de Gran Bretaña en relación con Estados Unidos (1770-2016): MPD 2018 versus series de Maddison.

grafico GDP BLOG

Fuente: Elaboración en base a Maddison Project Database, version 2018. Bolt, Jutta, Robert Inklaar, Herman de Jong and Jan Luiten van Zanden (2018), “Rebasing ‘Maddison’: new income comparisons and the shape of long-run economic development” Maddison Project Working Paper, nr. 10, available for download at http://www.ggdc.net/maddison.

Aportes y reflexiones

Las contribuciones de la nueva base de datos son múltiples y muy valiosas. Actualizan series hasta el presente, completan información para muchos países, mejoran estimaciones existentes y proponen un nuevo método de comparación del ingreso relativo. Esto resulta en una base de datos de 169 países, con registros desde la era romana hasta la actualidad. También, en la base, están disponibles las series de población para calcular el PIB total.

Lo más novedoso metodológicamente es el uso de múltiples benchmarks para las series de PIB per cápita que permiten suavizar una de las críticas más fuertes a las series 1990 Geary-Khamis de Maddison, relacionada a la pérdida de representatividad de los precios relativos y la canasta de este año a medida que nos alejamos en el tiempo. Otro aspecto positivo de esta nueva metodología de cálculo de PPA es que permite actualizar las estimaciones con nuevas comparaciones –como las que van surgiendo de las nuevas versiones del International Comparison Program ICP– sin que esto altere por completo los resultados anteriores.

Además, estos autores proponen tener dos medidas de desempeño: una para comparar ingresos relativos y otra para evaluar crecimiento económico. La compatibilidad de ambas medidas despierta ciertos reparos, que los autores son muy transparentes en exponer.

Las estimaciones comparables internacionalmente de PIB per cápita constituyen un desafío muy grande. Estas suelen ser muy sensibles a las técnicas utilizadas para su construcción y, por lo tanto, también lo son los resultados obtenidos –en términos de crecimiento, desempeño, comparación de niveles de ingreso. Esto es algo complejo de resolver. De todas maneras, es importante conocer y explicitar el alcance de los resultados que, muchas veces, dependerán de la forma de medición.

Para finalizar, quedan algunos temas metodológicos que aún, desde mi punto de vista, no han sido abordados con profundidad. En particular, me refiero a la discusión sobre las metodologías de empalme utilizadas para enlazar las series de cuentas nacionales de los países, que originalmente están expresadas en precios de años base diferentes. Esto es algo que afecta principalmente las épocas más recientes, por lo general desde 1950 en adelante. Algunos autores discuten distintas técnicas–retropolación, inteprolación lineal, interpolación a tasa creciente, procedimiento mixto, para empalmar las series de cuentas nacionales, que originalmente están expresadas en precios de distintos años base (De la Fuente 2014, 2016; Prados de la Escosura 2014, 2016). Esto es un tema importante ya que el uso de una técnica u otra puede afectar, no solo los niveles del ingreso, sino también las tasas de crecimiento. Los trabajos de Prados de la Escosura son muy ilustrativos sobre esta problemática.

Sin duda la nueva base de datos del Maddison Project resuelve muchas debilidades de las series históricas anteriores. Aun así, permanecen aspectos por mejorar y analizar a la luz de la historia. En este camino, el esfuerzo es colectivo.

Referencias

Bolt, Jutta; Inklaar, Robert, de Jong, Herman, van Zanden, Jan Luiten (2018) “Rebasing “maddison”: new income comparisons and the shape of long-run economic development”. Maddison Project Working Paper, N°10, Groningen Growth and Development Centre.

Bolt, Jutta y van Zanden, Jan Luiten (2014) “The Maddison Project: collaborative research on historical national accounts”, Economic History Review, 67, 3, pp.627-651.

Braithwaite, S.N. (1968) “Real income levels in Latin America” Review of Income and Wealth, 14 (2), 113-182.

De la Fuente Moreno, Á. (2014) A “mixed” splicing procedure for economic time series. Estadística española, 56(183), 107-121.

De la Fuente Moreno, Á. (2016) “Series enlazadas de PIB y otros agregados de Contabilidad Nacional para España, 1955-2014”, Documento de Trabajo, Nº 16/01, BBVA, Enero.

Feenstra, R.C., R. Inklaar and M.P. Timmer, (2015), “The Next Generation of the Penn World Table” American Economic Review 105(10).

Inklaar, R. and D.S.P. Rao (2017). ‘Cross-Country Income Levels over Time: Did the Developing World Suddenly Become Much Richer?’ American Economic Journal: Macroeconomics 9(1): 265–290.

Lindert, P.H. and J.G. Williamson (2016), Unequal gains. American growth and inequality since 1700, Princeton University Press: Princeton.

Prados de la Escosura, L. (2000), “International Comparisons of Real Product, 1820–1990”Explorations in Economic History 37: 1–41.

Prados de la Escosura, L. (2014) “Mismeasuring long run growth: the bias from spliced national accounts,” Working Papers in Economic History wp14-04, Universidad Carlos III, Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales.

Prados de la Escosura, L. (2016) “Mismeasuring long run growth. The bias from spliced national accounts: the case of Spain”, Cliometrica, 10 (3).

* Esta expresión parafrasea la canción “Depende” del grupo español de rock Jarabe de Palo

[i] Este método fue elaborado por Roy Geary y Salem Khamis y fue utilizado primeramente por Kravis, Heston y Summers en el International Comparisons Program (ICP).

[ii] Los 14 países para los cuales se proponen medidas de ingreso per cápita son: Bélgica, Suiza, Egipto, España, Francia, Grecia, Irán, Irak, Israel, Italia, Jordania, Portugal, Túnez, Turquía,

[iii] Utilizan como nivel de subsistencia 700 dólares (dólares de 2011), cifra que surge de considerar 1,90 dólares por persona por día (y redondear a 700).

[iv] De acuerdo a la hipótesis de Balassa-Samuelson, existe una relación positiva entre la productividad relativa, entre el sector transable respecto al no transable, y el tipo de cambio real.  Esto genera que los precios tiendan a ser más altos en países de mayor ingreso.

¿Qué es un archivo?

 Bernardo Batiz-Lazo (Bangor University), 15 de octubre de 1013.

El cambio tecnológico y en particular el mayor uso de computadoras, ha abierto nuevas brechas en la forma de hacer historia no sólo como campo de estudio o metodología de trabajo sino también, dada la creciente frecuencia con que nuestra fuente primaria de información se encuentra en forma digital, en aspectos epistemológicos e incluso ontológicos. Mas que resumir dichas tendencias, este artículo pretende provocar una discusión de como la historia económica y de la empresa debe enfrentar el reto de lo que algunos comienzan a denominar ‘la teoría del archivo’.

La saga reciente de Edward Snowden y los archivos de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA por sus siglas en inglés) de los EE UU así como del llamado ‘wikileaks’, en el cual varios periódicos internacionales publicaron (y continúan haciendo uso de) correspondencia electrónica previamente secreta del Departamento de Estado de los EE UU, demuestra como los sistemas de información se han convertido en el fons et origo del trabajo histórico contemporáneo. Aún más, en su blog Eder Gallegos (Colmex) comenta haciendo referencia a las redes sociales:

¿Podría volverse [Twitter] fuente de primera mano para apoyar el conocimiento de la Academia? Me parece plausible, sería sumamente interesante ver que en décadas futuras las redes sociales y la historiografía entrecruzaran sus caminos.[i]

De hecho Grier and Campbell (2000, 32), el trabajo etnográfico de Kelty (2008) así como las contribuciones al  Journal of Computer-Mediated Communication ya entran en materia y hacen patente los retos al trabajo de campo del historiador en la era del internet. Estos incluyen la naturaleza efímera de cierto tipo de correspondencia (como los chats o intercambios entre móviles, ya sea SMS o aplicaciones tipo Wasup), la falta de archivos y depósitos de correspondencia electrónica, así como la rapidez de la obsolescencia de diferentes medios de almacenamiento y aquí no solo nos referimos a, por ejemplo, los discos “floppy” de 5  y 1/14 pulgadas o las cintas magnéticas de los 60s o 50s, sino incluso a formatos populares en los 90s que hoy en día ya no tenemos acceso fácilmente como los archivos creados en procesadores de palabra como WordStar u hojas de calculo como Lotus. Este tema incluso llama la atención de algunas publicaciones internacionales, tales como el New York Times (aquí).

En breve, el cambio tecnológico apunta a diferentes formas de hacer historia. Por una parte como categoría de investigación propia. Aquí tenemos desde los estudios de la historia de la computación y los sistemas de información (que se publican, por ejemplo, en Technology and Culture o IEEE Annals in the History of Computing); hasta re-interpretar el estudio de instituciones o actividades, como por ejemplo el trabajo que colegas tales como Mark Billings (Essex), Alan Booth (Essex), James Cortada (Charles Babbage Institute),  Gustavo del Angel (CIDE), Carles Maixe (La Coruña), Ian Martin (Sheffield Hallam), Juan Pablo Pardo Guerra (LSE) y otros hemos hecho para reinterpretar la historia de la banca a la ves de alejarnos de la dicotomía empresa/mercado hacia la infraestructura tecnológica que la soporta.

A un nivel mas agregado esta el trabajo que por ejemplo ha hecho recientemente  Stefan Schwarzkopf (Copenhagen Business School) y  Stephanie Decker (Aston) (y que comentamos en ingles aquí y aquí; por cierto, esta ultima también se comenta por Andrew Smith (Coventry) aquí) es mas de naturaleza metodológica. Específicamente Schwarzkopf  y Decker debaten sobre la necesidad de llevar la discusión alrededor de nuevos métodos de investigación facilitados por las tecnológicas de la información hacia un replanteamiento de lo que representa ‘el archivo’, es decir, la fuente primaria para la investigación histórica. Schwarzkopf y Decker están particularmente interesados en determinar los usos y limitaciones de los archivos. Por ejemplo que la investigación gravita hacia archivos documentales extensos y de fácil acceso (como es el caso de muchos bancos en Europa); o lo que Decker llama ‘el silencio de los archivos’, es decir,  el cómo, cuándo y porque cierto tipo de documentos sobreviven mientras otros no.  Ellos opinan que en forma rutinaria hay poco en términos de hacer este tipo de cuestionamientos como parte del trabajo de campo y que, de hecho,  con demasiada frecuencia hay poca triangulación y los documentos se aceptan como fuentes objetivas y fidedignas de información.

A este debate también se han incorporado los comentarios de Bill Cooke (Lancaster), los cuales han llevado el debate a otro nivel.  Cooke nos hace reflexionar sobre cuestiones mas de fondo pues, argumenta, el debate sobre la digitalización no se limita a cuestiones metodológicas sino que nos hace reflexionar sobre la epistemología y ontología de nuestra actividad como investigadores del pasado. Específicamente, ontológica porque debemos cuestionar: ‘¿Qué es un archivo?’ y ‘¿Cuál es nuestra materia prima?’; y epistemológicas porque debemos cuestionar: ‘¿Cómo conocemos y/o reconocemos un archivo?’ y aún más ‘¿Qué tipo de conocimiento (knowledge claim) podemos realizar con validez?’.  Parecería esto una discusión realmente esotérica o del tipo que aquellas que cuentan el número de ángeles en la cabeza de un alfiler. Sin embargo, más de una vez yo he tenido que debatir, tanto como autor como revisor, si el material es valido, adecuado, accesible, etc., tal que dichas fuentes son suficientes para permitir las conclusiones a las que quiere llegar un trabajo de investigación en particular.

En resumen, hay un aspecto importante del cambio tecnológico para un área de investigación eminentemente empiricista como lo es la historia de la empresa y, en menor medida, la historia económica.   Debate que nos lleva a postular si necesitamos o no una ‘teoría del archivo’.  Y Usted, querido lector, ¿qué opina?

 Bibliografia

Gallegos, E. (2011). La egoteca de las revoluciones: ¿Redes sociales como fuentes históricas? Clioscopia. November 30, 2011. Disponible en: http://clioscopia.hypotheses.org/414

Grier, D. A. and M. Campbell (2000). “A Social History of Bitnet and Listserv, 1985-1991.” IEEE Annals of the History of Computing 22(2): 32-41.

Kelty, C. M. (2008). Two Bits: The Cultural Significance of Free Software and the Internet. Durham, NC, Duke University Press.

Grandes Números y Pequeñas Historias

Montserrat Cachero* (Universidad Pablo de Olavide), 3 de septiembre de 2013.

– Entrada invitada-

En Grandes Números y Pequeñas Historias se trata de enfatizar la necesidad de una mayor difusión de las investigaciones en Historia Económica centradas en el ámbito microeconómico. La tendencia generalizada en la investigación de elaborar series de indicadores económicos cada vez más completos debería verse reforzada por estudios a nivel del mercado y el comportamiento de los agentes económicos.

La tendencia en la investigación en la Historia Económica más reciente ha venido marcada por macro proyectos. Análisis en los que se rescatan series históricas de indicadores para el crecimiento económico. Desde los estudios que ya son clásicos como la recopilación de estadísticas históricas de Maddison a los más modernos y complejos que usan no sólo datos de producción sino que incorporan precios, consumo, salarios e incluso variables relacionadas con el capital humano.[1] Indiscutible es por supuesto la valiosa aportación que estos estudios suponen para la Historia Económica, son herramientas básicas y muestran una aproximación al desarrollo económico de una sociedad en un periodo de tiempo determinado.

Sin embargo, los grandes números también sufren de grandes problemas. El primero y más importante de estos problemas es el grado de fragmentación de la información.  Referente a los censos de población en un artículo reciente (año 2012) Easterline y Levine afirman que “no existía nada parecido a un moderno servicio de estadísticas en tiempos coloniales, diferentes administradores en diversas colonias y en distintos periodos temporales usaban diferentes y a menudo indocumentados métodos para construir estadísticas”.[2]

Además nos topamos con el inconveniente adicional que cuando los datos provienen de fuentes oficiales con frecuencia son falseados por los mismos funcionarios o bien por los ciudadanos tratando de evadir impuestos o de conseguir determinados favores o licencias reales.

A todo ello es necesario añadir otra dificultad que radica en la correlación directa entre el periodo histórico analizado y la calidad de las fuentes a nivel cuantitativo. Periodos históricos más alejados en el tiempo se caracterizan por la escasez de datos numéricos o la periodicidad irregular de dichos datos. Para estos casos por supuesto contamos con la “ayuda inestimable” de la econometría. No obstante, el uso de este tipo de herramientas permite la corrección de errores pero en ocasiones conlleva pérdidas de información.

En definitiva los análisis económicos de tipo macro permiten una aproximación a la realidad histórica de una sociedad pero hay que ser cautelosos con las conclusiones generales que extraemos. Podríamos pecar de quedarnos en la superficie y perdernos el fondo, como los famosos y controvertidos Acemoglu, Johnson y Robinson.[3] La realidad histórica es mucho más compleja y esta riqueza informativa es más fácil de apreciar en análisis de corte micro. No olvidemos que también mediante este último tipo de análisis es posible la comparación de sociedades en términos económicos. No se trata de poner de manifiesto las limitaciones de los estudios cuantitativos a nivel macro, puesto que todos los historiadores económicos somos conscientes de ello, sino de reivindicar la utilidad y la importancia de otro tipo de análisis, quizás no tan populares y ciertamente con menor atractivo a la hora de conseguir financiación exterior, pero que constituyen una aportación valiosa a la investigación económica.

 * Montserrat Cachero es Profesora de Historia Económica en la Universidad Pablo de Olavide. Es especialista en Historia Moderna e intercambios comerciales entre Europa y Latinoamérica, actualmente trabaja en el análisis de las instituciones económicas que facilitaron dichos intercambios.

Referencias

Acemoglu, D., Johnson, S. y Robinson, J. A. (2003): Disease and Development in Historical perspective, journal of the European economic Association, 2003 I (2-3), pp. 397-405.

Acemoglu, D., Johnson, S. y Robinson, J. A. (2005): The Rise of Europe: Atlantic Trade, Institutional Change and Economic Growth, American Economic Review, 95, 3, pp. 546-579.

Clark, G. (2010): The Macroeconomic Aggregates for England, 1209-2008. Research in Economic History 27: 51-140.

Easterly, W. y Levine, R. (2012): The European Origins of Economic Development, NBER Working Paper N. 18162.

Maddison, A. (1995): Monitoring the World Economy, 1820-1992. Paris, Development Centre of the Organisation for Economic Co-Operation and Development.

Maddison, A. (2006): The World Economy. Paris, Development Centre of the Organisation for Economic Co-Operation and Development.

Malanima, P. (2011): The long decline of a leading Economy: GDP in central and northern Italy, 1300-1913. European review of economic History, 15, 2, pp. 169-219.

Prados de la Escosura, L. y Rosés, J. R. (2009): The Sources of Long Run Growth in Spain, 1850-2000, Journal of Economic History, 69, 4, pp. 1063-1091.

Prados de la Escosura, L. y Álvarez Nogal C. (2013): The Rise and Fall of Spain 1270-1850, Economic History Review, 66, 1, pp. 1-37.


[1] Maddison (1995) y (2006). Para aportaciones más recientes véase Malanima (2011), Clark (2010), Prados de la Escosura y Rosés  (2009), Prados de la Escosura y Álvarez Nogal (2013) o The Maddison Project http://www.ggdc.net/maddison/maddison-project/home.htm

[2] Easterly y Levine, (2012), p. 57.

[3] Acemoglu, Johnson y Robinson (2003) y (2005).