¿Qué relevancia tiene el sector financiero sobre el comportamiento cíclico de las economías? Una discusión desde la perspectiva latinoamericana

Maximiliano Presa (Universidad de la República, Uruguay)

Maximiliano Presa es Ayudante de Investigación en el Instituto de Economía (IECON) de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración de la Universidad de la República (Uruguay), y Ayudante en la Unidad Curricular Historia Económica del Uruguay de la misma institución. Licenciado y Magíster en Economía por la Universidad de la República, y estudiante del Programa Interuniversitario de Doctorado en Historia Económica, de las Universidades de Valencia, Barcelona y Carlos III de Madrid. Sus temas de interés están en la historia financiera, especialmente en el estudio de las crisis financieras en América Latina.

RESUMEN. La crisis financiera global comenzada en 2008 despertó a las economías avanzadas de un largo sueño, en el cual los hacedores de política económica confiaban en que habían logrado domar al ciclo económico y avanzar en sendas de crecimiento estables. La crisis disparó la realización de un gran número de trabajos académicos que trajeron al frente las explicaciones del comportamiento cíclico de las economías capitalistas basadas en los desarrollos sucedidos en el sector financiero. En esta entrada, repasaremos las principales teorías que explican los ciclos, centrándonos en la relación entre los ciclos reales y financieros. Luego, esbozaremos la evidencia actual sobre la existencia de dichos ciclos y su relación a nivel internacional, para, finalmente, introducir los primeros resultados del caso de estudio de Uruguay como un ejemplo de economía pequeña, abierta y periférica.


Cada episodio de crisis en las economías modernas nos recuerda que el crecimiento económico a lo largo del tiempo no se caracteriza por ser particularmente suave, sino que su velocidad suele variar a lo largo del tiempo. Luego de períodos de importante crecimiento, como por ejemplo la edad de oro del capitalismo en las décadas de 1950 y 1960, suelen aparecer súbitas y profundas crisis (por ejemplo, la crisis del petróleo de 1973), las cuales se resuelven con distinta celeridad y dan paso a una nueva etapa expansiva. Los historiadores económicos y los economistas suelen referirse a estas regularidades en el crecimiento moderno como “ciclo económico”. En nuestro contexto, denominaremos específicamente al ciclo en la producción como “ciclo real”, mientras que el ciclo existente en el desempeño del sector financiero será el “ciclo financiero”.

Figura 1. Izquierda: una imagen del desempleo durante la Gran Depresión. Derecha: sede de Lehman Brothers, uno de los grandes protagonistas de la Crisis Financiera Global comenzada en 2008

¿Qué explicaciones se han propuesto?

En este repaso, destacaremos tres explicaciones ensayadas para interpretar el comportamiento cíclico de las economías integradas al sistema capitalista mundial. En la primera mitad del siglo XX, especialmente en el período entreguerras, cobra fuerza una importante e influyente producción académica que se centra en caracterizar los ciclos. En este sentido, las interpretaciones que podríamos denominar “clásicas” son las primeras explicaciones a los factores detrás de los comportamientos estilizados observados. Un rápido resumen de la obra de Schumpeter (1939) y otros autores contemporáneos, nos indica la existencia de ondas o fluctuaciones de Kitchin, de Juglar, de Kuznets y de Kondratieff, las cuales se distinguen entre sí por su duración entre dos fases iguales (por ejemplo, dos picos) y sus fundamentos. Las ondas de Kitchin y Juglar se asocian al corto plazo (entre 2 y 4 años para las primeras; alrededor de 9 años para las segundas) y su explicación se basa en cambios en la conformación del capital fijo. Las ondas de Kuznets se asocian al mediano plazo (entre 15 y 22 años) y se vinculan con movimientos demográficos y migratorios, y con el comportamiento de la inversión y del mercado de trabajo. Finalmente, las ondas largas de Kondratieff (entre 45 y 60 años) se asocian con cambios radicales en el sistema productivo, principalmente vinculados con la introducción de una nueva tecnología en la esfera productiva.

Figura 2. De izquierda a derecha: Joseph Schumpeter, Thomas Sargent y Hyman Minsky.

Estas primeras interpretaciones solían ser acusadas de ser “mediciones sin teoría”[1]. Hacia la década de 1970, los modelos de la “Nueva Macroeconomía Clásica” pasaron a explicar el comportamiento cíclico de la economía agregada en base al comportamiento de un conjunto limitado de agentes representativos. Éste es modelizado, en un entorno de equilibrio general, a partir de fundamentos microeconómicos que normalmente consisten en la optimización de una función objetivo sujeta a algún tipo de restricción en el conjunto de decisiones posibles. Estas explicaciones asignan el origen de las fluctuaciones cíclicas a shocks monetarios y fiscales sucedidos sobre una situación de equilibrio. Estos shocks se transmiten al resto de la economía por medio de un conjunto de relaciones estructurales entre los componentes de la demanda, que modelan las relaciones entre individuos (Lucas, 1975; Sargent y Wallace, 1975).

Las primeras críticas a estas interpretaciones dieron lugar a los modelos de ciclo real de negocios, en donde bajo un marco analítico similar, se pone el foco en los shocks aleatorios sucedidos en el “lado real” de la economía, es decir, sobre la tecnología disponible o las preferencias de los individuos (Kydland y Prescott, 1982; Long y Plosser, 1983). Posteriormente, la incorporación en estos modelos de rigideces nominales y la incertidumbre, basadas en la tradición keynesiana, dieron lugar a los modelos “neokeynesianos”. La versión más moderna de estos modelos son los de equilibrio general dinámico estocástico (DSGE por sus siglas en inglés) y sus variantes. Aquí queremos destacar que esta línea de modelos interpretativos del ciclo económico, que conforman la corriente dominante de pensamiento en la macroeconomía actual, no asigna un rol central a la forma en que los agentes manejan sus activos financieros. A lo sumo, incorporan al sector financiero como mecanismo de transmisión de los shocks aleatorios (monetarios o reales) al resto de la economía.

Finalmente, mencionaremos a las teorías poskeynesianas que postulan la existencia de ciclos endógenos. Estas teorías, a diferencia de las de la corriente dominante, consideran a las fluctuaciones cíclicas no como desvíos de la economía respecto a una senda de equilibrio sino como un comportamiento normal, inherente a las economías capitalistas. Los ciclos en la producción son afectados por, y afectan a, el ciclo en otras variables macroeconómicas relevantes[2]. Aquí nos interesa mostrar la visión que relaciona al ciclo real con el ciclo en el sector financiero, que se basa en la Hipótesis de la Inestabilidad Financiera (HIF) de Minsky (1982, 1992). La HIF postula que en tiempos de crecimiento “tranquilo”, luego de una época de recesión y/o crisis, comienzan a gestarse las condiciones en la economía real y los mercados financieros que más tarde conducirán a un auge en el crecimiento. A su vez, en épocas de auge se generarán las condiciones que lo harán finalizar en una crisis.

Hay dos puntos centrales en la visión de Minsky acerca del ciclo económico. Primero, los cambios de los agentes en cuanto a su percepción del riesgo, quienes en épocas de bonanza y crecimiento modifican su conducta respecto a su endeudamiento y sus tenencias de activos financieros. Los cambios en las expectativas ante una situación general aparentemente favorable, tanto de quienes toman dinero como de quienes colocan saldos excedentes, conducen a “euforias” o “manías”[3], en las cuales el riesgo percibido disminuye. El comienzo del fin del auge aparece cuando los primeros problemas en los negocios más riesgosos se materializan. Lo que antes era un círculo virtuoso, en donde la afluencia de crédito y el aumento del precio de los activos permitía continuar con el auge, se transforma rápidamente en un círculo vicioso. Los malos resultados de algunos agentes revierten las expectativas favorables de otros, y de esta forma el crédito comienza a contraerse y a afectar a la economía real. Las crisis pueden derivar en estrepitosos cracks, como el de 1929 o el de 2008, o bien constituir casos con efectos más concentrados, más breves y leves, y con menores consecuencias sobre toda la economía.

El segundo aspecto a destacar en la visión de Minsky es la existencia de “sistemas de desbaratamiento” en el contexto institucional y la política económica. Estos sistemas o dispositivos permiten disminuir la magnitud de los auges económicos y, principalmente, los financieros, así como reducir los efectos negativos de las crisis. La existencia de un prestamista de última instancia ante los sucesos de corridas bancarias y la regulación macroprudencial son dos de los principales ejemplos, los cuales actúan “frenando” las manías y evitando o reduciendo los pánicos.

Antes de pasar a la evidencia empírica, no podemos dejar de mencionar algunas explicaciones ensayadas desde América Latina. Siendo la volatilidad cíclica un grave problema de largo plazo de estas economías, sus explicaciones se centran en el rol de los términos de intercambio y los movimientos internacionales de capitales (Bértola y Ocampo, 2013). Estos factores afectan a una estructura productiva especialmente dependiente de los productos primarios y del ingreso de divisas por medio del endeudamiento o la inversión extranjera directa. A esta situación se le suma un importante grado de inestabilidad institucional y política que caracteriza la historia de los países latinoamericanos, en mayor o menor medida, desde su independencia. En el contexto de esta nota, lo que interesa destacar es la existencia de una “restricción externa financiera”, en donde la entrada de capitales obedece, principalmente, a fundamentos que son ajenos a la realidad latinoamericana (Marichal, 1989; Ocampo, 2011).

¿Qué nos dice la evidencia empírica?

En los últimos años, autores como Claessens et al. (2011) y Borio (2014) han mostrado la existencia de marcados ciclos financieros al menos desde la segunda mitad del siglo XX, tanto en economías avanzadas como emergentes. Estos ciclos se manifiestan con mayor visibilidad en el crédito y en los precios de bienes raíces; se caracterizan por presentar una frecuencia menor, o, dicho de otra forma, una duración mayor respecto al ciclo real; y presentan caídas agudas y breves, con expansiones largas y lentas. Además, un resultado especialmente notable es su utilidad como predictores de crisis financieras. En cuanto a su relación con el ciclo real, la evidencia de trabajos como el de Claessens et al. (2012) o Stockhammer et al. (2019) indica una relación positiva entre ambos ciclos. Sin embargo, la dirección en la que se da esta relación resulta ambigua: en algunos resultados se tiene que el sector financiero anticipa al ciclo real, mientras que otros, se da lo contrario.

En el trabajo titulado “Ciclo financiero y ciclo económico en Uruguay: una aproximación de largo plazo (1870-2019)”[4] abordo el estudio de los ciclos financiero y real para el caso de Uruguay, una economía latinoamericana pequeña y abierta, de base ganadera. Allí encuentro, a partir del estudio del crédito interno al sector privado no financiero, un marcado componente cíclico en el comportamiento del sector financiero, con fluctuaciones de dos duraciones (promedio) distintas: aproximadamente 8 años (“ciclo corto”) y 22 años (“ciclo largo”). En el caso del ciclo real, encuentro fluctuaciones de duración promedio muy similares a las del ciclo financiero. La Figura 3 muestra las fluctuaciones encontradas, en términos de su desvío respecto al componente tendencial[5].

Figura 3. Componentes cíclicos del crédito (ciclo financiero) y PIB (ciclo real). Arriba: ciclos “cortos”. Abajo: ciclos “largos”

Fuente: Presa (2021)

Como puede apreciarse, las mayores fluctuaciones parecen darse durante la Primera Globalización (1870-1914) y, en segundo orden, durante la Segunda Globalización, a partir de la década de 1970. En lo que refiere a la relación entre los ciclos, la evidencia apunta hacia una correlación débil en los componentes “cortos”, mientras que, para los largos, es mucho más fuerte. Respecto a la direccionalidad, mientras que en la relación entre ciclos “cortos” se encontró que el crédito adelanta al PIB, en los ciclos “largos” se encontró la relación inversa.

Por lo tanto, para el caso de una economía pequeña, abierta y periférica como la uruguaya puede hablarse de la existencia de un marcado ciclo financiero, que se relaciona con el ciclo real de forma procíclica. De todas formas, el estudio puede proseguir en al menos tres aspectos. Uno, considerar el rol de los flujos de capitales sobre el ciclo financiero, aspecto muy destacado en la literatura latinoamericana y que ha dado lugar al concepto de restricción externa financiera mencionado anteriormente. Otras variables como la tasa de interés de referencia y los precios de algunos activos reales y financieros también pueden incorporarse al análisis. El segundo, internalizar las diferencias que existen en los regímenes monetarios-cambiarios-financieros a lo largo de los 150 años estudiados, discriminando la relación entre dichos regímenes. Y, finalmente, estudiar la relación entre ambos ciclos poniendo el foco en los momentos de crisis.

[1] La acusación provenía de los economistas de la “Cowles Commission”, institución norteamericana, e iba dirigida al énfasis en la evidencia empírica del National Bureau of Economic Research (NBER), otra reconocida institución norteamericana. Hendry y Morgan (1995) repasan esta controversia.

[2] Stockhammer (2019) hace un conciso repaso de las principales teorías poskeynesianas de ciclos endógenos.

[3] La terminología remite a la obra de Kindleberger y Aliber (2015): Manias, Panics and Crashes: a history of financial crises, cuya edición original data de 1978.

[4] Trabajo final para obtener el título de Magíster en Economía, disponible aquí.

[5] Las estimaciones fueron realizadas mediante la especificación de modelos estructurales de series temporales, que plantean la existencia de un componente tendencial, otro irregular y uno cíclico (que puede ser la combinación de ciclos con varias frecuencias).

Referencias

Bértola, L., y Ocampo, J. A. (2013). El desarrollo económico de América Latina desde la independencia. Fondo de Cultura Económica.

Borio, C. (2014). The financial cycle and macroeconomics: What have we learnt? Journal of Banking & Finance45, 182-198.

Claessens, S., Kose, M. A., & Terrones, M. E. (2011). Financial cycles: What? How? When? In International seminar on macroeconomics (Vol. 7, No. 1, pp. 303-344). Chicago, IL: University of Chicago Press.

Claessens, S., Kose, M. A., & Terrones, M. E. (2012). How do business and financial cycles interact? Journal of International Economics87(1), 178-190.

Hendry, D. F., & Morgan, M. S. (Eds.). (1995). The foundations of econometric analysis. Cambridge University Press.

Kindleberger, C. P. & Aliber, R. Z. (2015). Manias, panics and crashes: a history of financial crises (Seventh Edition). Houndmills, Basingstoke, Hampshire; New York: Palgrave Macmillan.

Kydland, F. E., y Prescott, E. C. (1982). Time to build and aggregate fluctuations. Econometrica: 50(6) 1345-1370.

Long Jr, J. B., y Plosser, C. I. (1983). Real business cycles. Journal of Political Economy91(1), 39-69.

Lucas Jr, R. E. (1975). An equilibrium model of the business cycle. Journal of Political Economy83(6), 1113-1144.

Marichal, C. (1989). A century of debt crises in Latin America. Princeton University Press.

Minsky H. P. (1982). The financial-instability hypothesis: capitalist processes and the behavior of the economy. Hyman P. Minsky Archive. Paper 282.

Minsky, H. P. (1992). The financial instability hypothesis. The Jerome Levy Economics Institute Working Paper, (74).

Ocampo, J.A. (2011). Macroeconomía para el desarrollo: políticas anticíclicas y transformación productiva, Revista CEPAL, Nº 104, Santiago de Chile, CEPAL

Presa, M. (2021). Ciclo financiero y ciclo económico en Uruguay: una aproximación de largo plazo (1870 – 2019). Tesis de maestría. Universidad de la República (Uruguay). Facultad de Ciencias Económicas y de Administración.

Sargent, T. J., y Wallace, N. (1975). «Rational» expectations, the optimal monetary instrument, and the optimal money supply rule. Journal of Political Economy83(2), 241-254.

Schumpeter, J. (1939) Business Cycles. A theoretical, historical and statistical analysis of the capitalist process. McGraw-Hill, New York – Toronto – London.

Stockhammer, E. (2019). An update on Kalecki–Minsky modelling. European Journal of Economics and Economic Policies: Intervention, 16(2), 179-192. Stockhammer, E., Jump, R. C., Kohler, K., & Cavallero, J. (2019). Short and medium term financial-real cycles: An empirical assessment. Journal of International Money and Finance


El comercio exterior latinoamericano en perspectiva histórica

Agustina Rayes (CONICET, UNSAM)

Agustina Rayes es Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y Profesora Adjunta en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) de Argentina. Licenciada en Relaciones Internacionales y Licenciada en Historia por la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) y Doctora en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Se especializa en historia económica latinoamericana.

RESUMEN. El comercio exterior ha constituido uno de los sectores más revisitados por la historiografía económica que estudia el desempeño de los países latinoamericanos. Aquí, presentamos algunos de los principales aportes publicados en un dossier en el Anuario del Centro de estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo (CEEED) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (FCE-UBA). El número especial fue coordinado por Agustina Rayes y contó con la participación de Sabrina Siniscalchi, Henry Willebald, Atenea Castillo, Gustavo Gil, Luis Felipe Zegarra, José Díaz-Bahamonde y Cristián Ducoing.


En diciembre de 2021 se publicó en el Anuario del CEEED de la FCE-UBA un dossier titulado “Temas y problemas del comercio exterior sudamericano en perspectiva histórica”.  Este número especial refleja el papel del intercambio mercantil internacional de la región que, sin lugar a dudas, ha sido un tema ampliamente estudiado desde distintos ángulos. Estudios de caso, enfoques generalistas, reconstrucción de indicadores comparativos, análisis cortoplacistas centrados en alguna coyuntura crítica o visiones de largo aliento son las muchas maneras en que se aproximaron quienes se han dedicado al problema.

Algunas cuestiones para pensar la problemática

Muchas cuestiones han atravesado el estudio del comercio exterior latinoamericano en general, y sudamericano en particular, con una mirada histórica. Aquí mencionaremos solo algunas de las que fueron recuperadas en el dossier publicado.

Para empezar, debemos incluir los debates que desde el siglo pasado se han librado en torno a la fiabilidad de los datos para la reconstrucción de series de largo plazo. En este sentido, la discusión acerca de la validez de la información, y la consecuente crítica de fuentes, no solo se ha transformado en un punto de partida sino también en un problema en sí mismo (Federico & Tena, 1991). Así, la operación intelectual no se ha detenido solo en el cuestionamiento a las estadísticas oficiales sino que ha avanzado sobre las alternativas para corregirlas a fin de alcanzar mayor precisión y comparabilidad –entre épocas y países o regiones (Tena, 1992). Sobre este punto, cabe reconocer, por un lado, que naturalmente la data disponible condiciona la evaluación que se pueda hacer y que, por el otro, tal vez porque se trató de uno de los pocos sectores para los que tempranamente hubo registros, la relevancia de la reconstrucción de estas series de comercio externo se explica debido a que, mientras más nos alejamos de la actualidad, más significativo fue el desempeño del sector para dar cuenta de la economía en general a falta de series de otras variables.

Luego, el papel del Estado y de las políticas públicas en relación al comercio exterior ha sido un tema que implícita o explícitamente ha sobrevolado la literatura dedicada al tema (Bértola & Gerchunoff, 2011). Los debates alrededor de la intervención de las agencias estatales (o de actores que actuaron en su nombre), así como de la eficacia de las medidas tomadas para promover o arbitrar el intercambio externo, han formado parte de la tradición de estudios. Y ello no sorprende si pensamos en la alta dependencia fiscal que los estados latinoamericanos han tenido de los gravámenes a las exportaciones e importaciones, así como de la performance exportadora como uno de los motores de crecimiento del resto de la economía.

Finalmente, el perfil exportador en el sentido de la concentración (o no) en productos y en destinos ha sido un aspecto frecuentemente revisitado para evaluar el funcionamiento de esquemas de crecimiento. En general, ha primado la idea de que, a mayor desconcentración tanto en la composición como en la distribución de las ventas externas, menor riesgo y, en consecuencia, más chances de que una buena performance sea sostenida en el tiempo (Bulmer Thomas, 2010).

Las investigaciones presentadas

La reconstrucción de las importaciones uruguayas, 1870-1913

Este artículo constituye un avance en la reconstrucción de las importaciones de Uruguay durante el período conocido como Primera Globalización. Estudios previos se habían abocado a la revisión de las series de exportaciones (Baptista & Bértola, 1999; Bonino Gayoso, Tena-Junguito, & Willebald, 2015), lo cual es lógico dada la diferencia en la complejidad de una y otra canasta.

Debido al rol que las importaciones tuvieron al representar entre el 15% y el 25% del PBI, así como significar entre el 40% y el 90% de los ingresos del estado uruguayo durante el período estudiado, la contribución de Sabrina Siniscalchi, Henry Willebald, Atenea Castillo y Gustavo Gil, va más allá de la discusión sobre fiabilidad y precisión de los datos de comercio exterior.

La investigación aborda y describe críticamente los diversos problemas en el registro de las estadísticas oficiales uruguayas. Al hacerlo, repara en dos elementos distorsivos: el comercio de tránsito y los valores de aforo. Por la relevancia fiscal de las importaciones, tras un ejercicio de chequeo del volumen importado y del potencial consumo doméstico de diferentes bienes de consumo, los autores arribaron a la conclusión de que, a diferencia de lo ocurrido con las exportaciones, los bienes que estuvieron en tránsito no fueron efectivamente asentados como importaciones. En cambio, reconocieron como un gran problema la forma de valoración, ya que, como en el resto de América Latina, los productos se valuaron de acuerdo a valores oficiales que solo esporádicamente se actualizaban en relación a los precios de mercado.

La estadística oficial uruguaya ha sido la base de todas las reconstrucciones de series de comercio exterior durante el período conocido como Primera Globalización, c. 1870-1913.

Precio, infraestructura y crecimiento de las exportaciones peruanas entre 1885 y 1913

En su artículo, Luis Felipe Zegarra muestra el crecimiento, en términos generales y específicos (por productos), de las exportaciones peruanas durante 1885-1913. Al hacerlo, observa algunos rasgos que permiten vincular hasta qué punto los precios y el desarrollo de infraestructura fueron factores que impulsaron las ventas externas del país.

En primer lugar, a diferencia de lo que ocurrió con la mayoría de los países de la región, la senda de crecimiento de las exportaciones durante la Primera Era Exportadora (c. 1880-1930) no alcanzó los niveles de la etapa 1830-1870. Segundo, en términos relativos, la canasta exportadora fue variada (Badía-Miró, Carreras-Marín, & Rayes, 2016), dado que exportó productos mineros (plata y cobre), agropecuarios (azúcar, algodón y lana) y forestales (caucho), extraídos de distintas regiones (Zegarra, 2019). Tercero, hubo otros factores más allá del aumento o la baja de precios que impulsaron al sector exportador peruano. En este sentido, como en otros casos de la región, fue determinante el rol del ferrocarril para aumentar el volumen y la variedad de bienes ofrecidos al exterior (Gerchunoff & Llach, 2008).

La Guerra del Pacífico (1879-1883) fue un punto de inflexión en los ciclos de crecimiento de las exportaciones peruanas por su impacto negativo dadas la pérdida de territorios y la destrucción de la infraestructura.

La Junta Exportadora de Granos en Chile, 1930-1942

Si bien la Gran Depresión impactó a todos los países, fue un fenómeno que afectó particularmente a Chile (Knight, 2015). José Díaz-Bahamonde estudió la Junta Agrícola de Exportación entre 1930 y 1942, que fue una de las herramientas del gobierno chileno para enfrentar la Gran Depresión.

El organismo fue innovador en relación a la historia del país en cuanto a la intervención en los precios en un sector que en la época llegó a aportar casi un sexto del PBI y que empleaba al 40% de la mano de obra. No obstante las diversas políticas, el artículo muestra que la Junta fue parte de un conjunto de medidas poco articulado, con problemas no solo en su diseño administrativo sino también en la capacidad de ejecución, lo que se explica tanto por objetivos mal planteados y contradictorios como por la falta de coherencia con otras agencias gubernamentales. Así, concebida en el marco de mayor intervención estatal, la Junta Agrícola de Exportación debía controlar el mercado interior, es decir, tener capacidad de fijar precios del trigo, harina y pan, lo que supuso contradicciones con metas y funciones de otras reparticiones gubernamentales. También debía promover las exportaciones, lo que no fue un problema dado el excedente de producción. Y, finalmente, debía estimular la producción local, el aspecto más exitoso de todos.

Carlos Ibáñez del Campo fue el presidente chileno que debió enfrentar la Gran Depresión y tomar medidas como la creación de la Junta Agrícola de Exportación.

Exportaciones mineras y desarrollo minero en Chile en el largo plazo, 1850-2000

Desde una perspectiva largoplacista y con un enfoque de sostenibilidad débil, en boga en la historiografía (Ducoing & Peres-Cajías, 2021), la investigación de Cristian Ducoing confirma la premisa de que la explotación de recursos naturales y su exportación han dejado magros resultados en economías de la región.

En este sentido, estudia si las rentas entre aproximadamente 1850 y 2020, procedentes de exportaciones mineras en Chile, fueron reinvertidas proporcionalmente en capital humano y físico, considerándola como una forma que tienen las generaciones presentes de compensar a las generaciones futuras. El caso escogido es paradigmático, dado que la minería llegó a significar el 80% de los ingresos estatales y entre dos tercios y el 90% de las exportaciones entre mediados del siglo XIX y la década de 1970, cuando su descenso relativo la mantuvo, de todos modos, en el orden del 50%. Más allá de los ciclos a los que estuvo expuesto el sector, según las series temporales de largo plazo reconstruidas, no solo crecieron las exportaciones, sino que hubo avances en las inversiones en equipo y maquinaria y en educación. Sin embargo, el país no ha podido sustituir la extracción de recursos no renovables en inversiones para las generaciones futuras, especialmente durante el llamado “superciclo” de la historia reciente.

Dentro de las exportaciones chilenas tradicionalmente han destacado las mineras. Las minas de cobre son una de las fuentes incluso en la actualidad.

Bibliografía

Badía-Miró, M., Carreras-Marín, A., & Rayes, A. (2016). La diversificación del comercio de exportación latinoamericano, 1870-1913. Los casos de Argentina, Chile y Perú. En C. Zuleta, M. A. Lopes, M.-A. Lopes, & M. C. Zuleta (Edits.), Mercados en común. Estudios sobre conexiones, negocios y diplomacia en las Américas (siglos XIX y XX) (págs. 45-77). México: El Colegio de México.

Baptista, B., & Bértola, L. (1999). Uruguay 1870-1913: indicadores de comercio exterior. Jornadas de la Asociación Uruguaya de Historia Económica (págs. 1-17). Montevideo: AUDHE.

Bértola, L., & Gerchunoff, P. (2011). Institucionalidad y desarrollo económico en América Latina. Santiago de Chile: AECID.

Bonino Gayoso, N., Tena-Junguito, A., & Willebald, H. (2015). Uruguay and the First Globalization On the accuracy of export performance, 1870-1913. Revista de Historia Economica – Journal of Iberian and Latin American Economic History , 33 (2), 287-320.

Bulmer Thomas, V. (2010). La historia económica de América Latina desde la Independencia. México: FCE.

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Federico, G., & Tena, A. (1991). On the Accuracy of Foreign Trade Statistics (1909-1935). Explorations in Economic History (28), 259-273.

Gerchunoff, P., & Llach, L. (2008). «Antes y después del «corto siglo XX». Dos globalizaciones latinoamericanas (1850-1914 y 1980s-2000s)». XXI Jornadas de la Asociación Argentina de Historia Económica (págs. 1-52). Caseros: Asociación Argentina de Historia Económica.

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Zegarra, L. F. (2019). Exportaciones y su impacto en la economía. El caso de Perú, 1830-1930. En S. Kuntz-Ficker, La Primera Era Exportadora reconsiderada: Una revaloración de su contribución a las economías latinoamericanas (págs. 328-367). México: El Colegio de México.