El comercio exterior latinoamericano en perspectiva histórica

Agustina Rayes (CONICET, UNSAM)

Agustina Rayes es Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y Profesora Adjunta en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) de Argentina. Licenciada en Relaciones Internacionales y Licenciada en Historia por la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) y Doctora en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Se especializa en historia económica latinoamericana.

RESUMEN. El comercio exterior ha constituido uno de los sectores más revisitados por la historiografía económica que estudia el desempeño de los países latinoamericanos. Aquí, presentamos algunos de los principales aportes publicados en un dossier en el Anuario del Centro de estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo (CEEED) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (FCE-UBA). El número especial fue coordinado por Agustina Rayes y contó con la participación de Sabrina Siniscalchi, Henry Willebald, Atenea Castillo, Gustavo Gil, Luis Felipe Zegarra, José Díaz-Bahamonde y Cristián Ducoing.


En diciembre de 2021 se publicó en el Anuario del CEEED de la FCE-UBA un dossier titulado “Temas y problemas del comercio exterior sudamericano en perspectiva histórica”.  Este número especial refleja el papel del intercambio mercantil internacional de la región que, sin lugar a dudas, ha sido un tema ampliamente estudiado desde distintos ángulos. Estudios de caso, enfoques generalistas, reconstrucción de indicadores comparativos, análisis cortoplacistas centrados en alguna coyuntura crítica o visiones de largo aliento son las muchas maneras en que se aproximaron quienes se han dedicado al problema.

Algunas cuestiones para pensar la problemática

Muchas cuestiones han atravesado el estudio del comercio exterior latinoamericano en general, y sudamericano en particular, con una mirada histórica. Aquí mencionaremos solo algunas de las que fueron recuperadas en el dossier publicado.

Para empezar, debemos incluir los debates que desde el siglo pasado se han librado en torno a la fiabilidad de los datos para la reconstrucción de series de largo plazo. En este sentido, la discusión acerca de la validez de la información, y la consecuente crítica de fuentes, no solo se ha transformado en un punto de partida sino también en un problema en sí mismo (Federico & Tena, 1991). Así, la operación intelectual no se ha detenido solo en el cuestionamiento a las estadísticas oficiales sino que ha avanzado sobre las alternativas para corregirlas a fin de alcanzar mayor precisión y comparabilidad –entre épocas y países o regiones (Tena, 1992). Sobre este punto, cabe reconocer, por un lado, que naturalmente la data disponible condiciona la evaluación que se pueda hacer y que, por el otro, tal vez porque se trató de uno de los pocos sectores para los que tempranamente hubo registros, la relevancia de la reconstrucción de estas series de comercio externo se explica debido a que, mientras más nos alejamos de la actualidad, más significativo fue el desempeño del sector para dar cuenta de la economía en general a falta de series de otras variables.

Luego, el papel del Estado y de las políticas públicas en relación al comercio exterior ha sido un tema que implícita o explícitamente ha sobrevolado la literatura dedicada al tema (Bértola & Gerchunoff, 2011). Los debates alrededor de la intervención de las agencias estatales (o de actores que actuaron en su nombre), así como de la eficacia de las medidas tomadas para promover o arbitrar el intercambio externo, han formado parte de la tradición de estudios. Y ello no sorprende si pensamos en la alta dependencia fiscal que los estados latinoamericanos han tenido de los gravámenes a las exportaciones e importaciones, así como de la performance exportadora como uno de los motores de crecimiento del resto de la economía.

Finalmente, el perfil exportador en el sentido de la concentración (o no) en productos y en destinos ha sido un aspecto frecuentemente revisitado para evaluar el funcionamiento de esquemas de crecimiento. En general, ha primado la idea de que, a mayor desconcentración tanto en la composición como en la distribución de las ventas externas, menor riesgo y, en consecuencia, más chances de que una buena performance sea sostenida en el tiempo (Bulmer Thomas, 2010).

Las investigaciones presentadas

La reconstrucción de las importaciones uruguayas, 1870-1913

Este artículo constituye un avance en la reconstrucción de las importaciones de Uruguay durante el período conocido como Primera Globalización. Estudios previos se habían abocado a la revisión de las series de exportaciones (Baptista & Bértola, 1999; Bonino Gayoso, Tena-Junguito, & Willebald, 2015), lo cual es lógico dada la diferencia en la complejidad de una y otra canasta.

Debido al rol que las importaciones tuvieron al representar entre el 15% y el 25% del PBI, así como significar entre el 40% y el 90% de los ingresos del estado uruguayo durante el período estudiado, la contribución de Sabrina Siniscalchi, Henry Willebald, Atenea Castillo y Gustavo Gil, va más allá de la discusión sobre fiabilidad y precisión de los datos de comercio exterior.

La investigación aborda y describe críticamente los diversos problemas en el registro de las estadísticas oficiales uruguayas. Al hacerlo, repara en dos elementos distorsivos: el comercio de tránsito y los valores de aforo. Por la relevancia fiscal de las importaciones, tras un ejercicio de chequeo del volumen importado y del potencial consumo doméstico de diferentes bienes de consumo, los autores arribaron a la conclusión de que, a diferencia de lo ocurrido con las exportaciones, los bienes que estuvieron en tránsito no fueron efectivamente asentados como importaciones. En cambio, reconocieron como un gran problema la forma de valoración, ya que, como en el resto de América Latina, los productos se valuaron de acuerdo a valores oficiales que solo esporádicamente se actualizaban en relación a los precios de mercado.

La estadística oficial uruguaya ha sido la base de todas las reconstrucciones de series de comercio exterior durante el período conocido como Primera Globalización, c. 1870-1913.

Precio, infraestructura y crecimiento de las exportaciones peruanas entre 1885 y 1913

En su artículo, Luis Felipe Zegarra muestra el crecimiento, en términos generales y específicos (por productos), de las exportaciones peruanas durante 1885-1913. Al hacerlo, observa algunos rasgos que permiten vincular hasta qué punto los precios y el desarrollo de infraestructura fueron factores que impulsaron las ventas externas del país.

En primer lugar, a diferencia de lo que ocurrió con la mayoría de los países de la región, la senda de crecimiento de las exportaciones durante la Primera Era Exportadora (c. 1880-1930) no alcanzó los niveles de la etapa 1830-1870. Segundo, en términos relativos, la canasta exportadora fue variada (Badía-Miró, Carreras-Marín, & Rayes, 2016), dado que exportó productos mineros (plata y cobre), agropecuarios (azúcar, algodón y lana) y forestales (caucho), extraídos de distintas regiones (Zegarra, 2019). Tercero, hubo otros factores más allá del aumento o la baja de precios que impulsaron al sector exportador peruano. En este sentido, como en otros casos de la región, fue determinante el rol del ferrocarril para aumentar el volumen y la variedad de bienes ofrecidos al exterior (Gerchunoff & Llach, 2008).

La Guerra del Pacífico (1879-1883) fue un punto de inflexión en los ciclos de crecimiento de las exportaciones peruanas por su impacto negativo dadas la pérdida de territorios y la destrucción de la infraestructura.

La Junta Exportadora de Granos en Chile, 1930-1942

Si bien la Gran Depresión impactó a todos los países, fue un fenómeno que afectó particularmente a Chile (Knight, 2015). José Díaz-Bahamonde estudió la Junta Agrícola de Exportación entre 1930 y 1942, que fue una de las herramientas del gobierno chileno para enfrentar la Gran Depresión.

El organismo fue innovador en relación a la historia del país en cuanto a la intervención en los precios en un sector que en la época llegó a aportar casi un sexto del PBI y que empleaba al 40% de la mano de obra. No obstante las diversas políticas, el artículo muestra que la Junta fue parte de un conjunto de medidas poco articulado, con problemas no solo en su diseño administrativo sino también en la capacidad de ejecución, lo que se explica tanto por objetivos mal planteados y contradictorios como por la falta de coherencia con otras agencias gubernamentales. Así, concebida en el marco de mayor intervención estatal, la Junta Agrícola de Exportación debía controlar el mercado interior, es decir, tener capacidad de fijar precios del trigo, harina y pan, lo que supuso contradicciones con metas y funciones de otras reparticiones gubernamentales. También debía promover las exportaciones, lo que no fue un problema dado el excedente de producción. Y, finalmente, debía estimular la producción local, el aspecto más exitoso de todos.

Carlos Ibáñez del Campo fue el presidente chileno que debió enfrentar la Gran Depresión y tomar medidas como la creación de la Junta Agrícola de Exportación.

Exportaciones mineras y desarrollo minero en Chile en el largo plazo, 1850-2000

Desde una perspectiva largoplacista y con un enfoque de sostenibilidad débil, en boga en la historiografía (Ducoing & Peres-Cajías, 2021), la investigación de Cristian Ducoing confirma la premisa de que la explotación de recursos naturales y su exportación han dejado magros resultados en economías de la región.

En este sentido, estudia si las rentas entre aproximadamente 1850 y 2020, procedentes de exportaciones mineras en Chile, fueron reinvertidas proporcionalmente en capital humano y físico, considerándola como una forma que tienen las generaciones presentes de compensar a las generaciones futuras. El caso escogido es paradigmático, dado que la minería llegó a significar el 80% de los ingresos estatales y entre dos tercios y el 90% de las exportaciones entre mediados del siglo XIX y la década de 1970, cuando su descenso relativo la mantuvo, de todos modos, en el orden del 50%. Más allá de los ciclos a los que estuvo expuesto el sector, según las series temporales de largo plazo reconstruidas, no solo crecieron las exportaciones, sino que hubo avances en las inversiones en equipo y maquinaria y en educación. Sin embargo, el país no ha podido sustituir la extracción de recursos no renovables en inversiones para las generaciones futuras, especialmente durante el llamado “superciclo” de la historia reciente.

Dentro de las exportaciones chilenas tradicionalmente han destacado las mineras. Las minas de cobre son una de las fuentes incluso en la actualidad.

Bibliografía

Badía-Miró, M., Carreras-Marín, A., & Rayes, A. (2016). La diversificación del comercio de exportación latinoamericano, 1870-1913. Los casos de Argentina, Chile y Perú. En C. Zuleta, M. A. Lopes, M.-A. Lopes, & M. C. Zuleta (Edits.), Mercados en común. Estudios sobre conexiones, negocios y diplomacia en las Américas (siglos XIX y XX) (págs. 45-77). México: El Colegio de México.

Baptista, B., & Bértola, L. (1999). Uruguay 1870-1913: indicadores de comercio exterior. Jornadas de la Asociación Uruguaya de Historia Económica (págs. 1-17). Montevideo: AUDHE.

Bértola, L., & Gerchunoff, P. (2011). Institucionalidad y desarrollo económico en América Latina. Santiago de Chile: AECID.

Bonino Gayoso, N., Tena-Junguito, A., & Willebald, H. (2015). Uruguay and the First Globalization On the accuracy of export performance, 1870-1913. Revista de Historia Economica – Journal of Iberian and Latin American Economic History , 33 (2), 287-320.

Bulmer Thomas, V. (2010). La historia económica de América Latina desde la Independencia. México: FCE.

Ducoing, C., & Peres-Cajías, J. (2021). Natural Resources and Divergence. A Comparison of Andean and Nordic Trajectories. Londres: Palgrave Macmillan.

Federico, G., & Tena, A. (1991). On the Accuracy of Foreign Trade Statistics (1909-1935). Explorations in Economic History (28), 259-273.

Gerchunoff, P., & Llach, L. (2008). «Antes y después del «corto siglo XX». Dos globalizaciones latinoamericanas (1850-1914 y 1980s-2000s)». XXI Jornadas de la Asociación Argentina de Historia Económica (págs. 1-52). Caseros: Asociación Argentina de Historia Económica.

Knight, A. (2015). Panorama general de la gran depresión en América Latina. En A. Knight, & P. Drinot, La gran depresión en América Latina (págs. 347-423). México: Fondo de Cultura Económica.

Tena, A. (1992). Las estadísticas históricas del comercio internacional: fiabilidad y comparabilidad. Madrid: Banco de España.

Zegarra, L. F. (2019). Exportaciones y su impacto en la economía. El caso de Perú, 1830-1930. En S. Kuntz-Ficker, La Primera Era Exportadora reconsiderada: Una revaloración de su contribución a las economías latinoamericanas (págs. 328-367). México: El Colegio de México.

Hacia una revisión histórica de las cuentas nacionales y regionales en América Latina. A propósito de una sesión del CLADHE VII (Lima 2022)

Juan Ignacio Pérez E. (Universidad de Chile)

Juan Ignacio Pérez es Doctor en Historia, Profesor de Historia Económica en la Facultad de Economía y Negocios, Universidad de Chile, e Investigador Postdoctoral del Departamento de Ciencias Históricas, Universidad de Chile. Sus principales líneas y proyectos de investigación se centran en el estudio del desempeño económico en el largo plazo, el cambio estructural y la urbanización de Chile en perspectiva comparada, así como la distribución territorial de la actividad económica en el contexto de economías periféricas y dependientes (jpereze@fen.uchile.cl).

RESUMEN. Durante el último CLADHE (Lima, Perú), un grupo de investigadores de distintos países de Iberoamérica participamos de una sesión para discutir los avances más recientes de investigaciones relativas a cuentas nacionales históricas de América Latina. En este post repasamos los trabajos presentados y damos una panorámica de lo principal del debate.


Para la historia económica, en especial para aquella de corte más bien cuantitativo, el trabajo de Angus Maddison (1926-2010) es un hito que marca un antes y un después en la discusión internacional sobre crecimiento y convergencia global en el largo plazo.

Indagando sobre la divergencia de ingresos entre países, en especial a partir de la Revolución Industrial británica, Maddison ensayó durante décadas diversos métodos, la mayoría indirectos, para estimar estadísticamente la evolución del nivel de los ingresos en diversos países del mundo, llegando hasta atrás a épocas tan tempranas como el Imperio Romano en el siglo I. El indicador escogido por Maddison fue el PIB per cápita, dado su capacidad para sintetizar estadísticamente tanto valores de producción como de ingreso medio. Al mismo tiempo, para asegurar una base de comparación que se ajustara a los distintos niveles de precios presentes en el mundo, Maddison transformó las series de cada país a dólares internacionales de 1990, así llamados porque los tipos de cambio se ajustan a indicadores de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) de ese año.

El trabajo de Maddison sobre crecimiento y divergencia de ingresos entre países ha sido sujeto de numerosas críticas, tanto teóricas como metodológicas[1]. Así, se ha abierto una larga discusión de corte metodológico sobre la mejor manera de comparar niveles de PIB per cápita entre países en fechas alejadas en el tiempo del año base utilizado por Maddison, ya que mientras mayor sea la distancia de 1990 hacia atrás, mayor será la distorsión producida por los sistemas de precios para efectos de comparación entre países. Por último, numerosos especialistas han cuestionado las series de crecimiento utilizadas por Maddison para países y grupos de países, y han aportado nuevas estimaciones, utilizando métodos ya probados o ideando nuevas metodologías que permitan dar cuenta de mejor manera tanto de las trayectorias de crecimiento como del nivel de ingreso per cápita de los países en fechas determinadas del tiempo.

Desde el lanzamiento del Maddison Project en 2010 y la consiguiente creación de un corpus estadístico estandarizado sobre la evolución del PIB per cápita en el largo plazo para gran parte de los países, la discusión sobre los constructos estadísticos de Maddison y sus sucesores a lo largo del mundo se ha intensificado, dando lugar a sucesivas revisiones de la base de datos en 2013, 2018 y 2020, respectivamente. Las revisiones no sólo han incorporado cambios en la base de comparación de las PPA, introduciendo o eliminando benchmarks históricos de distinta índole que permitan comparar los ingresos per cápita de un país con otro en un punto determinado del tiempo, sino que también, aunque de manera más silenciosa, han ido actualizando y completando las series nacionales con nuevos aportes de investigadores.

Durante el reciente VII Congreso Latinoamericano de Historia Económica (Lima, 2022), un grupo de investigadores de distintos países de la región organizamos una sesión para discutir los avances más recientes de investigaciones relativas a cuentas nacionales de América Latina –en particular del PIB– en el largo plazo. El simposio, organizado además como un homenaje y en memoria del Prof. Bruno Seminario de Marzi (1957-2021), se realizó el viernes 4 de marzo de 2022, reuniendo a 13 ponencias y 19 investigadores, que discutieron nuevas estimaciones de PIB nacional para el siglo XIX y la primera mitad del XX, estudios sobre ciclos económicos en el largo plazo, y nuevas estimaciones de PIB a escalas administrativas menores. A partir de esos tres ejes temáticos, la sesión se organizó en tres segmentos: en el primero, compuesto de 7 ponencias, se presentaron las estimaciones más recientes de la región sobre PIB, ya sea a nivel agregado o por rama de actividad; en el segundo, compuesto de 2 ponencias, abordó las discusiones sobre ciclos económicos derivados de dichas estimaciones; y en el tercero, compuesto de 4 ponencias, se abordaron trabajos relativos a PIB a escala subnacional, ya sea regional o bien a nivel de división administrativa menor. El primer bloque fue abierto por el Prof. Felipe Portocarrero y el tercero por el Prof. Carlos Contreras, quienes dedicaron unas sentidas palabras recordando al Prof. Bruno Seminario Marzi, con quien compartieron muchos años de amistad y vida universitaria.

Bruno Seminario de Marzi (1957-2021)

Esfuerzos recientes de estimación del PIB

La sesión se abrió con una ponencia de André Hofman, académico de la Universidad de Santiago de Chile, quien realizó una síntesis del estado en que se encuentran las investigaciones sobre crecimiento económico en la región, y presentó un estudio sobre “Crisis y recuperaciones en Latinoamérica desde la independencia”, en el que analizó el desempeño económico de los países de la región entre 1820 y 2016 a partir de la base de datos del Maddison Project, revisión 2020. A continuación, Alfonso Herranz (Universidad de Barcelona) expuso un trabajo elaborado junto a Sandra Kuntz-Ficker (Colegio de México) sobre “Crecimiento económico en México en el siglo XIX: una re-evaluación”, en el cual revisan las estimaciones del PIB agropecuario de dicho país empleando un método indirecto basado en series de salarios reales de trabajadores no calificados. Por su parte, Adolfo Meisel (Universidad del Norte, Colombia) presentó una “Reconstrucción de las exportaciones colombianas, un análisis de largo plazo, 1774-2000”, en donde presenta una nueva serie de largo plazo en valores constantes a partir del uso de un nuevo deflactor. Atenea Castillo (Universidad de la República, Uruguay), Julio César Reyna (Universidad de Barcelona) y Alfonso Herranz (Universidad de Barcelona), presentaron, a su vez, una estimación del PIB de Ecuador desde 1900 en adelante, que permite cubrir un nuevo segmento temporal en la contabilidad nacional de dicho país.

Ponencia de Alfonso Herranz y Sandra Kuntz-Ficker, “Crecimiento económico en México en el siglo XIX: Una re-evaluación”

En otro ámbito temático, se presentaron dos trabajos sobre estructura por ramas de la actividad económica en el largo plazo. En el primero, Henry  Willebald (Universidad de la República, Uruguay) y Carolina Román (Universidad de la República, Uruguay) expusieron una ponencia titulada “La relevancia de la producción no material para el crecimiento: estimaciones históricas del PIB de los servicios en Uruguay, 1870-2017”, en donde reconstruyeron las cifras de valor agregado por origen industrial para el sector terciario de la economía durante todo el período en cuestión, las que a su vez modifican las cifras agregadas de PIB. Juan Ignacio Pérez (Universidad de Chile), en tanto, presentó una ponencia sobre “Crecimiento y cambio estructural en una economía exportadora: el caso de Chile, 1860‐1940”, en el cual mostró los resultados de la estimación de valor agregado para 8 ramas nuevas de la economía (principalmente servicios), lo que permite contar con series continuas de valor agregado por rama de actividad desde 1860 a 2022. Por último, José Díaz‐Bahamonde (Pontificia Universidad Católica de Chile) presentó una nueva serie de “Indicadores mensuales de actividad económica en Chile, Siglo XXI”, que abarca desde 1928 hasta la actualidad.

En la discusión que se generó a continuación, se evaluaron los distintos métodos utilizados, como la utilización de años base, la falta de datos directos sobre producción para el sector servicios y la idoneidad de los métodos indirectos basados en salarios reales, discutiéndose también la periodización establecida para analizar el desempeño en el largo plazo de los países de la región. 

Crecimiento, desarrollo y ciclos

El segundo bloque incluyó dos ponencias, abriendo un debate muy rico e interesante sobre la ocurrencia de los ciclos, sobre el concepto de regularidad en los procesos económicos que traen consigo y sobre el respaldo teórico que da soporte a su identificación y contabilidad.

Vanessa Berrocal (Universidad del Pacífico, Perú) y Luis Palomino (Universidad del Pacífico/BID), en un trabajo que habían comenzado como asistentes del Prof. Bruno Seminario (también autor de la ponencia) presentaron el paper titulado “Desarrollo y ciclos de larga duración en el Perú (1795-2020)”. En tanto, el Prof. Alfredo Erquizio (Universidad de Sonora, México), presentó la ponencia titulada “Ciclos económicos en el Perú: tres perspectivas”.

La constatación de ciclos en las variables económicas –habitualmente se hace referencia al PIB, pero se identifican, también, en otras variables–, sus diferentes modalidades (Kitchin, Juglar, Kuznets, Kondratieff, clásico de Mitchell, de Lucas), su teorización y modelística abrieron espacios de discusión muy valiosos en torno a la idea de regularidad o no en las evoluciones económicas, su volatilidad y recurrencia, las formas de difusión y el rol que le cabe a la política económica.

«Ciclos económicos». Autor: Equipo editorial, Etecé de Argentina. Para: Concepto de. Disponible en: https://concepto.de/ciclos-economicos/. Última edición: 5 de agosto de 2021. Consultado: 24 de marzo de 2022. Fuente: https://concepto.de/ciclos-economicos/#ixzz7OpsSvTMI

PIBs a escala subnacional

El último bloque estuvo destinado a una tercera área emergente, y que al igual que las otras dos, fue parte de la agenda de investigación del Prof. Bruno Seminario: la contabilidad de producto a escala subnacional. De hecho, las primeras tres ponencias de esta sección correspondieron a trabajos realizados junto al Prof. Seminario o bien guiados por él. El bloque permitió presentar métodos novedosos de estimación de PIB a nivel de divisiones administrativas menores utilizando datos satelitales de luz nocturna, así como indagar en las tendencias de largo plazo en la distribución territorial del producto. En ese sentido, las ponencias se alejaron de los análisis estándar de convergencia entre regiones, para adentrarse en los condicionantes estructurales de largo plazo en la distribución territorial del producto y sus nexos con los movimientos demográficos, la estructura económica y la influencia del carácter periférico de las economías latinoamericanas sobre la concentración territorial de la actividad económica.

La primera ponencia del bloque estuvo a cargo de María Alejandra Zegarra (Fondo Monetario Internacional) y Luis Palomino (Universidad del Pacífico/BID), quienes presentaron la “Evolución del espacio económico en Perú desde 1795”, en donde evaluaron las tendencias de largo plazo en la evolución del espacio económico del Perú. En la segunda ponencia, en tanto, Luis Palomino (Universidad del Pacífico/BID) expuso los resultados de una investigación iniciada junto a Bruno Seminario sobre “Estimación del PIB a nivel subnacional utilizando datos satelitales de luminosidad: Perú, 1993-2018”. Utilizando la misma metodología, pero esta vez para Chile, Gabriel Carvallo (Universidad de Chile) presentó el trabajo “Tendencia a mediano plazo de la actividad económica a nivel territorial en Chile: una aproximación a través de datos satelitales de luminosidad, 1992-2019”, trabajo realizado en conjunto con Juan Ignacio Pérez (Universidad de Chile), Luis Palomino (Universidad del Pacífico/BID) y Bruno Seminario† (Universidad del Pacífico). Por último, Mauricio Talassino (Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, Argentina), Esteban Nicolini (Universidad Carlos III, España) y María Florencia Aráoz (Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, Argentina) presentaron “Dinámica de la actividad económica argentina a nivel departamental: elaboración de indicadores y análisis espacial y temporal”, donde elaboraron indicadores de producto históricos a nivel de divisiones administrativas menores para Argentina, ilustrando la metodología para 1895 y 1960.

Ponencia de Gabriel Carvallo, en conjunto con Juan Ignacio Pérez, Luis Palomino y Bruno Seminario†, “Tendencia a mediano plazo de la actividad económica a nivel territorial en Chile: una aproximación a través de datos satelitales de luminosidad, 1992-2019”

Apuntes finales

La estimación de cuentas nacionales históricas es un campo de investigación fértil en la historia económica y, en particular, para América Latina, donde el esfuerzo de investigación de las últimas dos décadas parece abrir la posibilidad de contar con una revisión y actualización relevante de las estimaciones disponibles o más tradicionales. Mayor cobertura temporal –para adentrarse en el siglo XIX–, la inclusión de nuevos sectores –como los servicios– y la creciente relevancia de los análisis a escala subnacional, son algunos de los aspectos que permiten conceptuar la entrada a una nueva etapa en la construcción de cuentas nacionales históricas en América Latina. Ello, combinado con algunos esfuerzos por trascender el enfoque de la producción para considerar, también, la definición del PIB desde el lado de la demanda (o gasto) y desde el lado del ingreso contribuyen a fundar este optimismo.

En julio, estaremos organizando una nueva sesión temática en el World Economic History Congress, en Paris, con la expectativa de conocer e identificar más de estos esfuerzos de investigación, ganar en consistencia metodológica y avanzar en la posibilidad de nuevos –y mejores– trabajos comparativos.


[1] Una de las críticas metodológicas más habituales es el uso del PIB como indicador para comparar economías preindustriales en las que la asignación de recursos no necesariamente se realizaba en mercados competitivos, por lo que el uso de dicho indicador para comparar economías preindustriales sería una muestra de anacronismo. Una segunda crítica, mucho más compleja, se relaciona con el uso del PIB per cápita como indicador de bienestar. No ahondaremos en estas críticas en este breve texto, ya que en sí mismas son de suficiente envergadura como para posts independientes.

Mercado de trabajo en América Latina e impacto de las crisis económicas, desde una perspectiva de género

Silvana Maubrigades (Universidad de la República, Uruguay)

RESUMEN. En diciembre, la Revista Uruguaya de Historia Económica (RUHE) publicó un special issue referido a la evolución histórica del mercado laboral latinoamericano abordado desde una perspectiva de género. El número fue editado por mí, junto a la Prof. María Camou, y, dado la relevancia del tema y que el mismo ha sido parte de mis entradas anteriores (Género y desigualdades durante las crisis ¿qué aporta una mirada de largo plazo?; y Cambiar para participar. Transformaciones personales y sociales que expliquen la oferta de mano de obra de mujeres en América Latina desde 1950), entiendo conveniente compartir mis reflexiones sobre estas investigaciones recientes.  


La evolución de los mercados de trabajo, vistos con el lente de las relaciones de género, es un campo de investigación muy nutrido y que no deja de crecer. La literatura que existe es abundante y procura presentar, discutir y comprender las condiciones bajo las cuales las diferencias de género en el ingreso y la distribución de los ocupados muestran persistentes diferencias salariales entre mujeres y varones, así como las barreras –implícitas o explícitas– a las trayectorias laborales de las mujeres. No obstante, la consideración de estos temas en la historia económica es menos frecuentado por los investigadores y su alcance ha sido más limitado (temática y temporalmente).

Figura 1. Condiciones, diferencias y barreras

Es más, en América Latina todavía estamos en proceso de construir una mirada de largo plazo con la cual poder analizar las raíces de las diferencias de género presentes en el mercado de trabajo actual, explicarlas y, por qué no, contribuir en el diseño de políticas públicas que permitan mitigar y resolver las desigualdades.

Los artículos incluidos en el special issue son el resultado de la iniciativa y colaboración de un grupo de investigadores e investigadoras con quienes hemos intercambiado en forma intensa en los últimos años y con quienes hemos cooperado en diversos ámbitos. Los Congresos Latinoamericanos de Historia Económica (CLADHE) y los de la Asociación Internacional de Historia Económica (IEHA) han sido instancias de trabajo frecuentes para intercambiar diversos enfoques sobre la intersección entre los estudios de género y mercado de trabajo en América Latina.

América Latina y sus crisis recurrentes

Motivados por un rasgo típico de la economía latinoamericana, que es la recurrente ocurrencia de crisis, la convocatoria de artículos estuvo focalizada en el impacto de las crisis económicas en la incorporación y las trayectorias de varones y mujeres en el mercado laboral. La volatilidad del crecimiento es un rasgo histórico de la economía latinoamericana, vinculado a su dependencia del comercio exterior, la variabilidad de los precios internacionales de sus commodities, así como a las relevantes transformaciones demográficas de su intrincado entramado social.

De todas maneras, las crisis son también períodos donde se producen cambios significativos en el mercado de trabajo y tienen, generalmente como resultado, un incremento de la desigualdad. Durante los tiempos de crisis, se agudiza la segmentación del mercado de trabajo y el incremento de las mujeres en aquellos sectores de la economía considerados feminizados, especialmente en el sector del comercio y los servicios y, en estos últimos, particularmente en aquellos de carácter personales y sociales, con una especificidad marcada, que es la que representan los servicios domésticos. También en estas coyunturas se observa una caída de los salarios y una precarización de las condiciones laborales, lo que dificulta visualizar el acceso de las mujeres al mercado de trabajo en estos períodos como una oportunidad de equiparación en el mundo laboral. Por estas razones, la propuesta fue analizar, desde diversas perspectivas, el impacto de las crisis económicas en los países del Cono Sur Latinoamericano durante el Siglo XX.

Argentina al final del siglo XX

Para el caso de Argentina, Martín Cuesta, Ernesto Curvale y Camila Scuzzarello, abordan un período reciente de la economía del país, donde se identifica un incremento significativo de las mujeres en el mundo del trabajo, especialmente en un contexto de apertura y liberalización de la economía. El cambio estructural que se procesa en la Argentina desde la década de 1970 y hasta entrada la década de 1990 tiene un fuerte impacto en la determinación de las trayectorias laborales de las mujeres que se incorporan a la mano de obra. En particular, se comprueba la fuerte presencia de las mujeres en el sector de los servicios, tanto en los puestos de trabajo calificados como en los sectores con menor demanda de calificación.

Figura 2. 1984: primer 8 de marzo en democracia en Argentina.

Fuente: Archivo Hasenberg-Quaretti, de los fotógrafos Brenno Quaretti y Mónica Hasenberg. https://latfem.org/un-8-de-marzo-en-argentina-pero-de-1984/

En todos los casos, puede afirmarse que la mayor presencia de las mujeres en el mercado de trabajo estuvo condicionada, aunque no en forma exclusiva, por el impacto de la crisis económica y la necesidad, por parte de las familias, de incorporar trabajadores adicionales para equilibrar el presupuesto de los hogares. Estos resultados nos llevan a destacar dos aspectos significativos; por un lado, reafirmar el peso significativo que tiene el trabajo de las mujeres en los momentos de recesión económica, no sólo en el incremento de su participación dentro de la mano de obra, sino especialmente reforzando sectores claramente feminizados como el de los servicios. En línea con lo anterior, la presencia mayoritaria de las mujeres en esta actividad muestra, no obstante, una polarización en su participación entre el binomio trabajos calificados y no calificados, lo que podría contribuir a que persista la brecha salarial por razón de género e incluso que se profundice dentro de la mano de obra femenina.

Brasil a principios del siglo XX

Para el caso de Brasil, Molly Ball concentra su análisis de las crisis desde una perspectiva diferente, procurando analizar cómo una de las dimensiones de mayor impacto en el mercado laboral, como es la educación, tiene un rol decisivo en la posterior inserción de varones y mujeres en la fuerza de trabajo. Para ello, estudia el desarrollo de la educación primaria pública desde finales del siglo XIX y hasta 1930 en el estado de San Pablo. El interés de este estudio radica en los cambios particulares que tuvo la política educativa en la región, destacando un impulso inicial de la inversión en la enseñanza primaria y una posterior caída en el gasto público destinado a ese sector.

Figura 3. Ecolas Reumidas de Dois Córregos, em Piracicaba, 1924.

Fuente: Coleção Washington Luís / Acervo MRCI/MP/USP Escolas Reunidas de Dois Córregos, em Piracicaba, 1924Coleção Washington Luís / Acervo MRCI/MP/USP https://revistapesquisa.fapesp.br/arquitetura-do-saber/

También analiza el rol que tuvo la demanda de la población por el acceso a la educación y cómo los cambios ocurridos en la conducción política del estado afectaron en forma significativa a las generaciones en edad escolar. Como corolario, el trabajo muestra que las tasas de alfabetización se ven fuertemente afectadas por las políticas productivas y sociales; y cómo las crisis económicas y su impacto en las políticas públicas termina impactando en forma desigual entre varones y mujeres. Si bien este es un estudio parcial, enmarcado en la gran diversidad que es el caso de Brasil, se confirma la clara determinación que tienen las políticas públicas en los cambios ocurridos en el mercado de trabajo en el mediano y largo plazo. Pero, además, también nos permite encontrar, en el temprano siglo XX, las claras demandas de las familias trabajadoras por mejorar los niveles educativos de futuras generaciones y no sólo como trabajadores, sino reflejando además la relevancia de esta dimensión en la mejora en la calidad de vida; cosa que no necesariamente es considerado así por los tomadores de decisión.

Las crisis económicas en Chile (1975 y 1982)

Por su parte, el trabajo sobre Chile, a cargo de Nora Reyes hace foco en el último cuarto del siglo XX, especialmente concentrando su análisis en las crisis económicas de 1975 y de 1982. Producto de un proceso también acumulativo de cambio estructural, apertura económica, desregulación y precarización del mercado laboral, la presencia de las mujeres en el mundo del trabajo se incrementa significativamente. En el análisis se destaca que las mujeres aumentan significativamente sus tasas de actividad, pero con un fuerte impacto en sus niveles de desempleo. Coincidiendo con lo ocurrido en Argentina y con lo señalado por la literatura internacional, el proceso de incorporación de las mujeres estuvo acompañado por una fuerte presencia en el sector de los servicios. Pero las sucesivas crisis muestran diferencias. En tanto la primera crisis analizada da cuenta de un incremento en los niveles de desempleo que afecta especialmente a las mujeres que se insertan al mercado laboral, la segunda crisis muestra cómo su impacto diferencial en los diversos sectores de la economía afecta en menor medida en aquellos espacios más feminizados como el sector de los servicios y en particular el servicio doméstico.

Figura 4. Portada de la Boletina Chilena del MEMCH ’83 (N°10, enero-febrero-marzo 1986).

Este trabajo permite contrastar lo ocurrido en Chile respecto a los resultados encontrados en otras regiones. Allí se señala que también en este país, las crisis no impactan de la misma manera en varones y mujeres, ya que depende en gran medida de los espacios de participación diferenciales en ambos sexos. Si bien la segunda crisis muestra que la desocupación no fue el factor determinante en la mano de obra de mujeres, ya que éstas se encontraban insertas en aquellos sectores menos afectados en materia de pérdida de puestos laborales, esto no implica que las condiciones laborales mejoraran. Y esto es así en la medida que permanecen sobrerrepresentadas en los espacios peor remunerados y con mayores niveles de informalidad y precariedad laboral.

Uruguay y un comparativo de tres crisis económicas

Finalmente, el trabajo sobre Uruguay, a cargo de María Camou y Silvana Maubrigades, presenta una recorrida de las tres principales crisis económicas que afectaron al país durante el siglo XX, tratando de identificar si existen diferencias en los procesos de participación de las mujeres en los diferentes momentos históricos. Encuentra que la crisis ocurrida en la década de 1930 muestra un incremento en la participación de las mujeres, coincidente con una caída en los salarios, lo que parece estar motivado por la sustitución de mano de obra masculina. La posterior recuperación económica revela, por el contrario, un proceso paulatino de retirada de las mujeres del mercado laboral.

Figura 5. Olla común. Huelga general de 1973. Uruguay.

Estos resultados ya no se encuentran en el análisis de las dos crisis posteriores, la ocurrida en la década de 1980 y la de principios del siglo XXI. En ambos casos, y coincidiendo con lo ocurrido en Argentina y Chile, el proceso de incorporación de las mujeres a partir de los años sesenta y setenta, se torna irreversible, más allá de las condiciones adversas de la economía. Si bien las mujeres en Uruguay muestran tasas de desempleo más altas que los varones, su participación laboral no declina, al tiempo que sí se observa una fuerte segmentación en el mercado de trabajo, lo que las ubica en forma mayoritaria en el sector de los servicios.

Este resultado global permite confirmar que el proceso de participación laboral de las mujeres es irreversible, incluso a pesar de que las condiciones de ingreso no son siempre las esperadas. Deja abierta la puerta a reflexionar sobre los cambios en la demanda de mano de obra y cómo la estructura productiva del país en particular, puede promover una mayor presencia de las mujeres, sin que ello implique necesariamente que se esté buscando en forma explícita una reducción de la brecha por razones de género. También el artículo suma a los resultados que se presentan en los casos de Argentina y Chile, que tiene que ver con una persistente segmentación del mercado laboral que ubica a las mujeres mayoritariamente en las actividades vinculadas a los servicios, lo que profundiza este “gueto de terciopelo” donde barreas invisibles parecen atrapar a las mujeres en aquellas actividades que son una extensión de los roles de cuidados, desarrollados en el espacio doméstico.

A modo de cierre

Los resultados encontrados en los trabajos presentados confirman las coincidencias esperadas en las trayectorias laborales analizadas desde una perspectiva de género. Más allá de las particularidades de cada país, especialmente en cuanto a su especialización productiva o dinámica económica a lo largo del siglo XX, se observan claras coincidencias en la participación laboral de varones y mujeres, no sólo en cuanto a su evolución sino especialmente en la segmentación laboral que identifica a ambos sexos. Atendiendo, en particular, al rol de la mano de obra de mujeres durante las crisis económicas que han afectado a los países de la región durante el siglo pasado, se confirma que estas coyunturas profundizan los resultados observados, tanto en los resultados en materia de desempleo como en la persistente feminización y/o masculinización de los sectores productivos. Los casos de Argentina, Chile y Uruguay, en su análisis del último cuarto del siglo XX, dan cuenta del impacto que tiene en el mercado laboral los procesos de cambio estructural, fuertemente caracterizados por la apertura comercial, la desregulación y precarización de las condiciones laborales. Como contraste, las primeras tres décadas del siglo XX, tanto en materia de inversión pública en la educación, como muestra Brasil, así como los cambios en la estructura productiva en el caso de Uruguay, dan cuenta de la relevancia que tienen las políticas productivas y sociales implementadas por los estados en los procesos de integración de su población a la economía, en el mediano y largo plazo. 

Aspiramos con esto a que las diversas miradas contenidas en esta revista constituyan un estímulo para nuevas investigaciones, que amplíen nuestra visión histórica sobre la evolución del mercado de trabajo en América Latina y profundicen los estudios sobre las persistentes desigualdades entre  varones  y mujeres que se observan en la región.


Bibliografía

Cuesta, M.; Curvale, E. y Scuzzarello, C. (2021) Argentina’s economic crises and its impact on female labour force participation (1970-1994). Revista Uruguaya de Historia Económica- Año XIX – Nº 20 Diciembre de 2021, pp 10-24.

Ball, M. (2021) Una oportunidad de desarrollo perdida: la escuela pública paulista en la primera República de Brasil. Revista Uruguaya de Historia Económica- Año XIX – Nº 20 Diciembre de 2021, pp. 25-43.

Reyes, N. (2021) Cambio estructural y crisis. El empleo de las mujeres en Chile en 1974-1989. Revista Uruguaya de Historia Económica- Año XIX – Nº 20 Diciembre de 2021, pp. 44-56.

Camou, M. y Maubrigades, S. (2021) ¿Crisis como oportunidad? La participación laboral de las mujeres en la econo- mía uruguaya durante las crisis económicas de 1930,1980 y 2000. Revista Uruguaya de Historia Económica- Año XIX – Nº 20 Diciembre de 2021. pp 57-76.

Sobre algunas interrogantes de la electrificación latinoamericana

MARTÍN GARRIDO LEPE (Universidad de Barcelona)

Martín Garrido Lepe es Dr. en Historia Económica por la Universidad de Barcelona (UB), Magíster en Historia de Chile y América por la Universidad de Valparaíso y Profesor en Historia por la misma Universidad. Además, es parte del directorio de la Red de Investigadores de Historia Económica Iberoamericana (RHEI) (martin.garrido.lepe@gmail.com)

RESUMEN. Esta entrada al Blog busca exponer diversas problemáticas que permanecen abiertas sobre la historia de la electrificación latinoamericana, interpelando a los y las investigadoras para animarlos a desarrollar investigaciones que aborden la formación de la matriz energética latinoamericana. La importancia de conocer cómo se forjó nuestra matriz energética recae en los principales desafíos que actualmente enfrenta la región: elevar los niveles de calidad de vida de sus habitantes de manera sostenible, permitiendo la satisfacción de nuestras necesidades sin comprometer las posibilidades de satisfacer las necesidades de las generaciones futuras. La entrada también sugiere ciertas investigaciones que podrían guiar o servir de punto de partida para desarrollar estudios similares, pero enfocados en la historia energética latinoamericana.


“Edificio de la Luz” Santiago, Chile (1929). Fuente: CHILECTRA. (2001). Luces de modernidad. Santiago de Chile: Larrea Impresores, pág. 27.

Introducción

Entre los grandes desafíos que enfrenta el subcontinente latinoamericano, tal vez el más complejo sea elevar los niveles de calidad de vida de sus habitantes de manera sostenible. La tarea es compleja pues, incrementar los niveles de calidad de vida pasa, necesariamente, por incrementar el consumo energético de dichas sociedades (Martínez y Ebenhack, 2008; Wolfram et al., 2012). Dado que la mayor parte de los servicios energéticos se han electrificado (Fouquet, 2018), el incremento del consumo energético se concentrará en el consumo de electricidad, implicando una expansión de la capacidad instalada y de la generación eléctrica de cada territorio. En la región, el consumo eléctrico se encuentra muy lejos de permitir niveles de calidad de vida elevados, y con diferencias significativas entre sus miembros. Se estima que el consumo mínimo necesario para alcanzar niveles de calidad de vida relativamente altos es de 4.000 kWh/hab. (Pasternak, 2000). En 2015, solo Chile y Uruguay consumían más de 3.000 kWh/hab., seguidos de cerca por Argentina y Venezuela. En el otro extremo, Haití consumía 40 kWh/hab., mientras que cuatro países centroamericanos y Bolivia consumían por debajo de los 1.000 kWh/hab.[1] Cualquier intento por incrementar la calidad de vida en estos países requerirá mayor disponibilidad de electricidad, generando impactos en el medio ambiente.

La realidad energética descrita previamente es el resultado de décadas de inversión en infraestructura, tecnología, bienestar y aplicación de políticas energéticas. Por lo mismo, explicar la trayectoria que nos condujo al estado actual es una tarea indispensable para comprender nuestros desafíos futuros. En esta entrada se busca profundizar en la importancia del proceso de electrificación latinoamericano desarrollado durante el siglo XX, como elemento de análisis necesario para comprender nuestra historia económica y energética. Del mismo modo, se busca resaltar ciertas interrogantes sobre este proceso, que podrían considerarse en futuras investigaciones. El análisis se basa en una publicación propia, que repasa la trayectoria de electrificación en 20 de los 33 países de la región entre 1925 y 2015, publicada en la Revista Uruguaya de Historia Económica (Garrido Lepe, 2020).

La Electrificación Latinoamericana

Pese a que la llegada de la electricidad a América Latina fue un fenómeno relativamente temprano, su despegue y consolidación fue lento y dificultoso. Numerosas son las imágenes y noticias que dan cuenta de cómo la electricidad hacía su llegada a la industria y los transportes, desde las primeas décadas del siglo XX. Sin embargo, fue solo desde la década de 1940 en que la electricidad inició una penetración extendida en la vida de las sociedades latinoamericanas, de la mano del Estado como principal ente promotor de la electrificación (CEPAL, 1956, 1962). Para este fin, los Estados se sirvieron de empresas estatales y organismos técnicos que planificaron e invirtieron en el desarrollo de la actividad eléctrica, orientando el consumo para estimular la industrialización.

Antes de que el Estado asumiera un rol como empresario, la electrificación quedó al amparo de la iniciativa privada en la mayor parte de los países de la región. La situación solo fue diferente en Uruguay, en donde la Administración General de Usinas Eléctricas del Estado, creada en 1912, asumió el monopolio estatal de la generación, transmisión y distribución de electricidad. En otros países de la región, esta etapa enfrentó numerosas dificultades, particularmente derivadas de la competencia entre las empresas eléctricas, destacadas por su naturaleza de monopolio natural. En Estados Unidos, la competencia entre las empresas eléctricas condujo a numerosos conflictos que impidieron el crecimiento de esta industria, hasta que, desde 1907, el Estado reguló la actividad, otorgando concesiones para monopolios regulados (Vernon, 1996; Jarrell, 1978). Nuestro conocimiento en materia de regulación de esta primera etapa en América Latina es aún difuso. ¿De qué forma se relacionaron las empresas privadas con el Estado? ¿hubo competencia entre ellas que perjudicara su desarrollo?, ¿marcó alguna diferencia el hecho de que la mayor parte del capital de dichas empresas fuese extranjero?, ¿por qué no se replicó el caso uruguayo en otros países de la región?

“Compañía Sudamericana de Electricidad”, Santiago, Chile (1913). Fuente: Editor no Identificado. (1913). Santiago a la Vista. Imprenta Barcelona. pág. 52]

La implicación del Estado en la electrificación, desde la década de 1940, se encuentra inserta en el proceso de Industrialización Dirigida por el Estado (IDE). Una industrialización exitosa requería de una oferta eléctrica adecuada. Por ello, fueron los Estados los que planificaron e invirtieron en generación, transmisión y distribución de electricidad, complementando el trabajo de la empresa privada. Ello permitió la modernización de la industria, derivando en un incremento sustancial del consumo eléctrico de este sector. Sin embargo, la historiografía tampoco ha analizado el impacto que la electrificación tuvo en la productividad de la industria latinoamericana. Este aspecto ha sido motivo de importantes estudios en otras realidades (Devine, 1983; Enflo et al., 2009), así como de su impacto sobre la reducción de la intensidad energética (Schurr, 1984) y de ahorros en factores como el capital y el trabajo (Du Boff, 1967; Goldfarb, 2005; Ristuccia y Solomou, 2014). En América Latina, estas cuestiones siguen esperando por su tratamiento.

En forma paralela al avance de la electrificación de la industria, la urbanización, la transición demográfica y el incremento del ingreso, elevaron la demanda de servicios energéticos, derivadas del uso de los electrodomésticos, de la iluminación de los hogares, de las calles y plazas, y también del comercio, entre otras. A diferencia del consumo de carbón vegetal o la leña, la electricidad debe consumirse con tecnologías con mayor grado de sofisticación. El hecho de que se registre un incremento en el consumo eléctrico doméstico indicaría el uso de ampolletas (bombillas) para la iluminación de los hogares, refrigeradores para los alimentos, lavadoras, planchas, secadoras, cocinas, etc., y diversos otros electrodomésticos que explican el incremento en la calidad de vida. Este proceso de “residencialización” del consumo eléctrico, empleando el concepto acuñado por Bertoni (2011) para el Uruguay, fue un fenómeno generalizado en América Latina, particularmente desde 1985 en adelante. Sin embargo, poco se ha avanzado en comprender el impacto que la electrificación pudo tener en la calidad de vida de la población latinoamericana. En esta materia solo hay avances para el Uruguay, de la mano del trabajo de Bertoni et al. (2008). Además, desde una perspectiva regional, pero con un marco temporal que aborda solo la última década, Banal-Estañol et al. (2017). Sin embargo, para el resto de la región y en el largo plazo, esta relación permanece aún lejos de darnos respuestas satisfactorias.

“Central Termoeléctrica José Batlle y Ordoñez”, Montevideo, Uruguay (s/a). Fuente: montevideoantiguo.net

Los efectos de la electrificación se hicieron sentir con fuerza a fines de la década de 1960, en que la brecha con los países ricos comenzó a cerrarse rápidamente. La convergencia del consumo eléctrico entre nuestra región y los países ricos continúa hasta nuestros días, aunque sin lograr cerrarse definitivamente. Lo interesante de la situación latinoamericana es que, a mediados del siglo XX, el consumo eléctrico de varios de estos países se equiparaba o incluso superaba el de varios de los actuales países ricos. En 1960, España consumía 495 kWh/hab., Portugal 320 kWh/hab. y Grecia 242 kWh/hab.[2]  El mismo año, el consumo eléctrico en Chile era de 542 kWh/hab.; el de Venezuela de 540 kWh/hab. (1959); el de Argentina de 432 kWh/hab.; y el de Uruguay de 402 kWh/hab. Sin embargo, en 2014, los actuales países ricos consumían todos más de 4.500 kWh/hab., superando lo necesario para alcanzar elevados niveles de calidad de vida (Pasternak, 2000; Martínez y Ebenhack, 2008; Mazur, 2011). Mientras tanto, en América Latina, el mejor caso superaba levemente los 3.800 kWh/hab., siendo la pobreza energética una realidad extendida en la región (García, 2014). Frente a este escenario es que nos preguntamos ¿cómo los actuales países ricos pudieron alcanzar dichos niveles de consumo eléctrico por habitante, mientras que el mejor nivel de América Latina no ha logrado llegar a 4.000 kWh/hab.? O, desde un punto de vista diferente, ¿es posible alcanzar mayores niveles de calidad de vida, sin incrementar sustancialmente el consumo de energías, como en algún momento sugiere Smil (2017)?

Gráfico 1. Ratio Consumo eléctrico por habitante en América Latina y Países Ricos [3]

Fuente: Datos de América Latina en 1966 y 1969, de Garrido Lepe (2020). Para todo el resto, Banco Mundial.

Entre las dudas que aún aquejan la electrificación latinoamericana, no podía faltar el rol de los recursos naturales. El impulso inicial de la electrificación regional se realizó sustentándose en la generación hidroeléctrica, de la cual América Latina ha sido un destacado consumidor, mayor que el resto de las demás regiones del mundo (Rubio y Tafunell, 2014). Los recursos hídricos de la región fueron un incentivo significativo, aunque no el único. También existía la necesidad de controlar el flujo de divisas que se destinaban a la importación de combustibles fósiles, para destinarlas a la importación de bienes de capital y continuar con la industrialización. Sin embargo, durante la década de 1980, la matriz de generación eléctrica presentó una transformación sustancial en sus fuentes de generación. Desde 1986, la participación de la hidroelectricidad en la generación eléctrica total cayó de forma casi constante desde 61% hasta un mínimo histórico de 34% en 2015, siendo sustituida por fuentes de generación termoeléctrica. ¿Por qué se produjo esta reducción relativa de la hidroelectricidad en la matriz eléctrica latinoamericana? La literatura ha abordado esta transición en Chile (Yáñez y Garrido Lepe, 2017), Argentina (Furlán, 2017) y Uruguay (Bertoni, 2011). Sin embargo, todavía quedan numerosas preguntas por responder. Por ejemplo, ¿qué factor jugaron los precios de las energías primarias y los costos de generación eléctrica en dicha transición?

El incremento de la termoelectricidad en la matriz eléctrica latinoamericana es doblemente preocupante, si consideramos los nuevos desafíos ambientales que enfrenta la humanidad. En este caso, el incremento del uso de energías fósiles para la generación eléctrica va en contra de los intentos por descarbonizar el sistema energético global y prevenir de esa forma el excesivo incremento de la temperatura promedio de la tropósfera. En el caso de esta transición energética, el rol de las instituciones es clave, tal y como lo señala la literatura especializada (Fouquet, 2016; Sovacool, 2016; Smil, 2016; Geels et. al., 2017). Por lo mismo, cabe preguntarse ¿de qué forma pueden las instituciones revertir este escenario? Y ¿qué mecanismos regulatorios se han empleado en otros países para avanzar en la transición hacia una matriz energética descarbonizada? Por otro lado, surge la duda de si enfrentamos un escenario apropiado para fortalecer el rol de las empresas públicas en la conducción de este proceso.

“Parque Solar Caucharí”, Jujuy, Argentina (2021). Fuente: energiaestrategica.com

Las dudas que quedan por resolver sobre la electrificación latinoamericana son mucho más numerosas que las que aquí se repasan. Sin embargo, éstas pueden constituir un punto de partida para un análisis más profundo que nos permita comprender cómo hemos construido nuestra actual matriz energética, y cómo podemos enfrentar los desafíos que nos depara el futuro. Lo único cierto es que la resolución de ambas dudas es un trabajo necesario, y que solo podremos salvar si lo enfrentamos de manera colectiva y regional.


[1] Datos CEPAL, consultados el 12 de abril de 2020 en:  https://cepalstat-prod.cepal.org/cepalstat/tabulador/ConsultaIntegrada.asp?idIndicador=1754&idioma=e

[2] Datos Banco Mundial, consultados el 10 de octubre de 2021 en: https://datos.bancomundial.org/

[3] Los países de América Latina que entran en esta comparación son: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. En cuanto al grupo de países ricos, se compone de Alemania, Australia, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Italia, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Suecia y Suiza

Referencias

Banal-Estañol, Albert; Calzada, Joan y Jordana, Jacint. (2017). How to achieve fill electrification: Lessons from Latin America. Energy Policy (108): 55-69.

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Bertoni, Reto; Camou, María; Maubrigades, Silvana y Román, Carolina. (2008). El consumo de energía eléctrica residencial en Uruguay en el siglo XX: una aproximación a la calidad de vida. En Rubio, María del Mar y Bertoni, Reto (comp.), Energía y desarrollo en el largo siglo XX. Uruguay en el marco latinoamericano. Barcelona – Montevideo: Universitat Pompeu Fabra – Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República, pp. 179-204.

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La evolución de la violencia interpersonal: ¿qué sabes de América Latina?

ANALÍA RIVERO BORGES (Universidad de la República, Uruguay)

Analía Rivero Borges es estudiante de Doctorado en Economía por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), Magister en Historia Económica y Licenciada en Economía por la Universidad de la República (Uruguay).

RESUMEN. En esta entrada al blog se presenta la evolución de la violencia interpersonal a nivel mundial enfatizando en las disparidades por regiones. Esta ha sido incluida en trabajos recientes como un nuevo indicador de bienestar y sigue siendo mayormente una incógnita para los países latinoamericanos. Para finalizar se reseñan los resultados de un trabajo que estudia el período 1910 – 2010 en Uruguay.


Muerte del General Venancio Flores por Juan Manuel Blanes, pintura realizada en 1968.

Lo que sabemos de la evolución de la violencia en el mundo

La importancia de conocer la evolución de la violencia interpersonal por regiones puede darnos indicios sobre su bienestar en diferentes momentos del tiempo. Una excelente argumentación con respecto a esto se presenta en una entrada anterior en este blog de Llorca-Jaña y Rivero-Cantillano.

En ese sentido, el último reporte disponible de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito indica que América es el continente más violento del mundo con una tasa de homicidios cada 100.000 habitantes de 17,2. Asia, seguida por Oceanía y Europa, ocupan la posición opuesta, con una tasa de homicidios cada 100.000 habitantes menor o igual a 3 (UNODC, 2019).

Fuente: UNODC (2019), víctimas de homicidios intencionales cada 100.000 habitantes por región, año 2017.

El conocimiento que tenemos sobre el presente y que nos permite ubicar a las regiones en distintas posiciones, esconde un profundo desconocimiento sobre el pasado en algunas de ellas. Una clara evidencia de esto es que, a nivel internacional, los trabajos que estudian la evolución de la violencia en el largo plazo han estado centralmente concentrados en los casos de Europa y EE.UU., con pioneros como Eisner (2016; 2014, 2013, 2003) y Pinker (2011). En ellos se muestra una disminución sistemática de la violencia a la largo de la existencia humana.

Fuente: Eisner (2003), se presenta la tendencia general de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes para el período 1200 – 2000, estimada con datos pre-modernos locales y cuatro series nacionales. Las estimaciones del primer tipo provienen de la History Homicide Database y las series nacionales pertenecen a: Suecia, Inglaterra y Gales, Suiza e Italia.
Fuente: Eisner (2014) presenta la tendencia de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes para Europa y variaciones locales seleccionadas en el período 1300 – 2010. Los datos provienen de la History Homicide Database.

En ese sentido, partiendo de niveles que superan los americanos a comienzos del milenio pasado, hoy la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes no supera el dígito para las regiones europeas analizadas (Eisner, 2014, 2003). Estudios de mediano aliento como los de LaFree (1999) y Lappi-Seppälä y Lehti (2014), reafirman la tendencia a la disminución de la violencia, aunque una vez que son incluidas otras regiones éstas parecerían hacerlo con variantes (Lappi-Seppälä y Lehti, 2014)[1].

América Latina en el largo plazo

El caso latinoamericano en el muy largo plazo sigue siendo mayormente una incógnita, con un solo antecedente que aborda la evolución de la violencia en el período 1880 – 2010 para el caso de Chile. A diferencia de lo encontrado por los autores anteriores, en Rivero-Cantillano y cols. (2020) se aprecia que entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX la violencia en Chile se encontraba cercana a lo hallado para el caso europeo a comienzos del milenio pasado. Luego se produce un pronunciado declive a partir de la década de 1940 llegando a niveles por debajo de la media mundial de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes en los 2000.

Si se tiene en cuenta que solo existen datos para el caso de Chile y de Uruguay, tal como se presentará a continuación, es posible afirmar que en general no se cuenta con datos sistemáticos de largo plazo para los países de América Latina. Además, en el caso de que estos existan, no ha sido posible hacer rescontrucciones previas a 1880. El estudio de la violencia desde una perspectiva histórica, en vínculo con el devenir económico y social de cada uno de los países latinoamericanos, es aún una materia pendiente. 

El caso de Uruguay

El caso uruguayo resulta de interés si se tiene en cuenta que la nación presenta en la última década una variación notable en lo que respecta a sus indicadores de violencia. Partiendo de una tasa de homicidios cada 100.000 habitantes en 2010 en torno al 6, ésta se ubica en 11,6 para 2018 (Ministerio del Interior, 2020), alcanzando por primera vez en su historia reciente los dos dígitos. También es alta para los parámetros internacionales ya reseñados lo que se puede apreciar con más claridad en el mapa que sigue.

Fuente: UNODC, mapa de datos de la tasa de homicidios cada 100.000 habitante para el año 2018 a partir de la base de datos disponible en https://dataunodc.un.org/content/homicide-rate-option-2

En ese marco, es que fueron producidos los primeros datos de largo plazo de homicidios para el país. Precisamente, en mi tesis de maestría reconstruí una serie de homicidios que comienza en 1910 y se extiende hasta 2020, con datos provenientes de salud pública.

Fuente: Rivero Borges (2021), evolución de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes para el caso uruguayo 1910 – 2020.

Aunque la evolución de las primeras décadas del siglo XX plantea ciertas dudas, en la medida en que la fuerte oscilación de la serie puede deberse a problemas de registro de las causas de muerte, es claro que hay un patrón de decrecimiento a partir de 1945 y otro de crecimiento a partir de 1980, con una aceleración de este último en las primeras décadas de los 2000 y especialmente a partir de 2010. Además, la serie presenta una fuerte inercia, es decir, su valor presente es explicado en gran medida por su valor inmediato anterior, y así sucesivamente. Ello implica que políticas de corto plazo pueden tener algunas dificultades para ser rápidamente efectivas. 

Un aporte de la nueva serie de datos disponible radica en que permite contrastar la evolución de los homicidios en Uruguay con respecto a otros países del mundo para los que también se cuenta con datos históricos. Como adelantaba, según estudios pioneros, como los de Pinker (2011) y Eisner (2003 y 2014) los homicidios se reducen sistemáticamente desde el 1200 a la actualidad, particularmente para el caso europeo. De esta manera, para el caso uruguayo se debería haber esperado encontrar un franco descenso en los homicidios durante todo el siglo XX. Sin embargo, esto no sucede. Si lo comparamos con las regiones europeas para las que se cuenta con más datos, es posible observar que el nivel de homicidios de Uruguay a principios del siglo XX es similar al que se obtiene para estos otros países a principios del siglo XVIII, es decir, el país comienza el siglo XX con un nivel de violencia superior al obtenido para las regiones del mundo que mejor se desempeñan, y vuelve a ese mismo valor en las primeras décadas del siglo XXI.

A nivel regional, debido a la escasez de información, solo es posible realizar comparaciones de largo plazo con Chile. En ese caso, al analizar la información que presentan Rivero-Cantillano y cols. (2020), es posible observar que la violencia en Uruguay se mantuvo en niveles bajos durante todo el siglo con respecto al país andino, aunque en este último los homicidios comienzan a descender a partir de la década de 1940 hasta ubicarse en la actualidad en alrededor de 4 cada 100.000 habitantes, muy por debajo de la tasa de Uruguay.

Conclusiones

La violencia interpersonal como indicador de bienestar es una preocupación incipiente en los estudios de historia económica. Su evolución es mayormente conocida para los países europeos y aún es insuficiente el conocimiento del que se dispone para América Latina con dos trabajos que focalizan en casos nacionales. Sus resultados parecerían mostrar algunas diferencias no solo con respecto a los países desarrollados estudiados, sino que entre ellos.

Los crímenes, y particularmente los crímenes violentos como los homicidios, son una preocupación creciente en América Latina, con una cobertura alta y sistemática en medios de comunicación. Entender la evolución de su pasado es una fuente de información valiosa para comprender el presente, pero especialmente para proyectar el futuro. Un futuro que sin lugar a dudas debería ser de una reducción drástica de la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes, que permita a los latinoamericanos proyectar sus vidas en sociedades con mayor bienestar y libres de violencia.

[1] Una visión alternativa puede encontrarse en Braumoeller (2019).

Referencias

Eisner, M. (2003). Long-term historical trends in violent crime. Crime and Justice, 30, 83–142.

Eisner, M. (2013). What causes large-scale variation in homicide rates? Aggression in Humans and Other Primates Biology, Psychology, Sociology, 137-63.

Eisner, M. (2014). From swords to words: Does macro-level change in self-control predict long-term variation in levels of homicide? Crime and Justice, 43 (1), 65–134.

Eisner, M., Nivette, A., Murray, A. L., y Krisch, M. (2016). Achieving population-level violence declines: implications of the international crime drop for prevention programming. Journal of public health policy, 37 (1), 66–80.

Jaitman, L., Caprirolo, D., Granguillhome Ochoa, R., Keefer, P., Leggett, T., Lewis, J. A., Mello, M. (2017). The costs of crime and violence: New evidence and insights in latin america and the caribbean (Vol. 87). Inter-American Development Bank Washington, DC.

Migliónico, A. (2001). La mortalidad en Uruguay en el siglo XX: cambios, impacto, perspectivas (No. 715.2 MIG).

Ministerio del Interior. (2020). Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad:https://www.minterior.gub.uy/observatorio/images/pdf/2018/HOMICIDIOS2018:pdf.

LaFree, G. (1999). Declining violent crime rates in the 1990s: Predicting crime booms and busts. Annual Review of Sociology, 25 (1), 145–168.

Lappi-Seppälä, T., y Lehti, M. (2014). Cross-comparative perspectives on global homicide trends. Crime and justice, 43 (1), 135–230.

Pinker, S. (2011). The better angels of our nature: The decline of violence in history and its causes. Penguin UK.

Rivero Borges, Analía (2021). Análisis Histórico de la Violencia y la Desigualdad para el caso uruguayo 1910 – 2010. Tesis de Maestría en Historia Económica, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República.

Rivero, Rodrigo; Manuel Llorca-Jaña, Damian Clarke, Javier Rivas, Martina Allende, Daniel Quezada (2021) “Interpersonal violence in Chile, c.1880s-2010s: A tale of delayed but successful convergence”, SocialScience History (forttcoming).

UNODC. (2019). Global Study on Homicide. Homicide trends, patterns and criminal justice response.


El capital humano en las misiones jesuitas: ¿ejemplo de instituciones “inclusivas”?

ÈRIC GÓMEZ-I-AZNAR (Universitat Oberta de Catalunya)

Èric Gómez i Aznar es Doctor en Historia Económica,  y profesor de esta asignatura en la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC). Sus principales líneas y proyectos de investigación se centran en el estudio del capital humano en el largo plazo en perspectiva comparada, atendiendo especialmente la relación entre instituciones y desarrollo económico en diferentes regiones bajo dominio de la Monarquía Hispánica (ericga@uoc.edu)


Iberoamérica es una de las zonas que más se utiliza en historia económica como ejemplo de existencia de instituciones “extractivas” a lo largo de toda su cronología, especialmente, durante el período colonial. Un debate que se centra, sobre todo, en las estructuras implantadas por los europeos durante esta etapa histórica (Acemoglu et al. 2001; Nunn 2008). En el caso concreto de América Latina, existen estudios sobre la persistencia de los efectos del sistema de mita (Dell 2010) o la explotación de las plantaciones de azúcar de caña u oro (Naritomi et al. 2012). En este blog el tema ya ha sido abordado con anterioridad, por ejemplo por Rafael  Dobado, donde indica que “antes de la década de 1820, no hubiese, en la América española, más que instituciones “extractivas” (encomienda, mita, repartimiento, etc.) está lejos de ser cierto no sólo en las áreas periféricas sino también en las centrales”. Un ejemplo de esta diversidad de instituciones durante el periodo colonial son las misiones jesuitas guaraníes en Sudamérica en el siglo XVIII.

Misión jesuítica de la Provincia Paraguaria, Florián Paucke 1778. / MUSEO JUAN DE GARAY (ARGENTINA)

Las misiones jesuíticas guaraníes

Los jesuitas formaron hasta un total de 30 misiones, también denominadas reducciones, en este espacio que, en el momento de mayor esplendor, llegó a alojar a más de 140.000 guaraníes, pertenecientes a una tribu indígena tradicionalmente de carácter semi-nómada. Dicha presencia comenzó a principios del siglo XVII y se extendió a lo largo de más de siglo y medio, hasta 1767, cuando la Corona española bajo el mandato de Carlos III, expulsó de América a la Compañía de Jesús. Las misiones jesuíticas guaraníes fueron, además, un experimento social único dentro de las experiencias misionales de los imperios europeos en África, América o Asia. Y no sólo por su interés en promover la educación de los guaraníes para favorecer su evangelización. Basadas en la autosuficiencia, las reducciones fueron una alternativa de incorporación de los indios al sistema colonial durante la Edad Moderna. Cumplieron un rol defensivo fundamental en un área fronteriza entre los dos imperios ibéricos, y también en los conflictos internos de la corona con los encomenderos y otros pueblos nativos. Un proyecto tan singular que despertó la admiración de filósofos como Montesquieu o Voltaire; y que se popularizó a final del siglo XX gracias a la película de Roland Joffé, “La Misión” protagonizada por Robert de Niro, Jeremy Irons y Liam Nesson; y la música de Ennio Moricone.

Figura 1. Cartel de la película “The Mission

Fuente: Filmaffinity.

Las experiencias misionales y sus efectos en el largo plazo

Recientemente, Valencia Caicedo (2019) ha analizado el efecto de las misiones en la educación, demostrando la existencia de importantes beneficios educativos y económicos a largo plazo de las misiones jesuitas guaraníes. Por un lado, más allá de la conversión religiosa, objetivo principal de estas misiones católicas, este autor sostiene que éstas favorecieron la formación de capital humano a través de la escolarización de los niños y la formación ofrecida a los adultos en varias ocupaciones. Por otro lado, destaca la persistencia de esta situación, ya que en las zonas donde se establecieron las misiones encuentra un efecto positivo en los niveles de capital humano e ingreso en la actualidad (en torno a un 10% superior en ambos casos), destacando, además, la importancia de los cambios ocupacionales, culturales y comportamentales como principales canales de transmisión. En su trabajo, Valencia Caicedo analiza las áreas de antigua presencia jesuita usando la distancia a la misión más cercana, pero, sin embargo, no dispone de indicadores directos que le permitan medir el capital humano.

Este es además un campo de estudio que se halla directamente relacionado con diversos debates presentes en la literatura. En general, la historiografía suele otorgar un papel positivo a las misiones religiosas de todo tipo, no sólo a las de los jesuitas, considerándose un instrumento de transmisión de conocimientos, habilidades y tecnologías. En este sentido, las experiencias misionales de los europeos en América, África y Asia parecen haber jugado un papel clave en el desarrollo educativo a largo plazo en estos continentes (Woodberry 2004, Gallego et al. 2010, Fourie et al. 2015, Baten & Cappelli 2016, Calvi et al. 2019, Meier zu Selhausen 2019, Valencia Caicedo 2019). En este sentido, Waldinger (2017) concluye que los efectos sobre los resultados educativos de las misiones católicas en México fueron muy importantes, y atribuye un mayor impacto a las misiones franciscanas que a las jesuitas. Sin embargo, Waldinger (2014), al analizar las misiones católicas en Venezuela, encuentra un efecto negativo a largo plazo para las misiones franciscanas, y en cambio positivo y significativo para las dirigidas por los agustinos. Es éste, pues, un debate que permanece abierto. Todo esto hace particularmente interesante estudiar los niveles de capital humano adquiridos en las misiones Jesuitas en los años en que éstas estaban en funcionamiento.

En esta línea, mi tesis doctoral ofrece datos de capital humano para las misiones jesuíticas guaraníes durante el siglo XVIII; utilizando el age heaping como proxy de la capacidad aritmética o numeracy. La obtención de niveles de capacidad aritmética en las misiones jesuitas guaraníes del siglo XVIII se realiza gracias a la explotación de los padrones de indios,  que permite obtener un indicador de la misma llamado ABCC. La disponibilidad de padrones para otras zonas colonizadas y bajo dominación de la Corona hispánica en el siglo XVIII permite, además, comparar los resultados obtenidos en las misiones jesuitas con otras experiencias coloniales. Por un lado, se estudian comunidades con población indígena en la región de Puno, en el sur del Perú junto a la frontera con Bolivia, y en la Luisiana española, actualmente en EE.UU. Por otro lado, se dispone de información relativa a diferentes misiones, en este caso franciscanas, en la colonización de California que permiten analizar en perspectiva comparada la excepcionalidad de las misiones jesuitas guaraníes.

Figura 2: Ubicación de las misiones jesuíticas guaraníes

Fuente: elaboración propia

¿Una institución “inclusiva”?

Los resultados obtenidos sugieren que el conocimiento de las habilidades numéricas en las reducciones jesuitas guaraníes a lo largo del siglo XVIII era excepcional. Aunque la muestra analizada tenga en conjunto de más de 3.600 observaciones, la diversidad de situaciones locales hace ser precavido en la elaboración de una imagen global, pero estos parecen señalar que el nivel de capacidad de cálculo en las misiones jesuitas guaraníes, así como las de Alta California que replican su modelo, era cercano al cien por cien en el siglo XVIII. Estos niveles son muy superiores a cualquier región bajo dominio de la Monarquía hispánica durante ese periodo; y solo son equiparables a algunos países de la Europa Occidental. Además, parecen ser persistentes en el tiempo, lo cual podría confirmar el papel positivo que habrían desempeñado los misioneros jesuitas en la formación de capital humano en la región, en la línea de lo sugerido en Valencia Caicedo (2019).

Figura 3. Resultados de ABCC en diferentes regiones del mundo en el s.XVIII

Fuentes: Castilla: Álvarez and Ramos (2018); Catalonia: Gómez-i-Aznar (2019); Portugal: Stolz et al. (2013); Latin America: Manzel et al. (2012); Western Europe: A’Hearn et at. (2009).

La comparación con otras experiencias y regiones de América Latina apunta a la relevancia de las características institucionales; las sociedades con instituciones coloniales más extractivas de recursos son las que presentan niveles más bajos de numeracy en ese período. Además, este resultado se ha de enmarcar dentro de una literatura concreta que estudia el papel jugado por las diferentes órdenes religiosas católicas en la formación de capital humano. Los jesuitas no eran la única orden que intentaba evangelizar a las poblaciones que habitaban las áreas conquistadas por la Corona española: franciscanos, dominicos o agustinianos también formaron parte de esta intensa presencia misionera en América Latina durante la colonización. Pero estas son órdenes religiosas que difieren de los jesuitas; son órdenes mendicantes, por lo que su objetivo es expandir el cristianismo desde el compromiso con la reducción de la pobreza. En cambio, los jesuitas son una orden de clérigos regulares que mostraron una mayor preocupación por la organización de la actividad económica en las comunidades que regían. Además, los franciscanos también fundaron misiones guaraníes pero a diferencia de las jesuitas sus efectos no se constatan en el presente (Valencia Caicedo 2019). Una asimetría que también se da en la evolución demográfica entre las reducciones franciscanas y jesuíticas guaraníes (Maeder 1995). Un caso particular analizado en mi investigación serían las Misiones de la Alta California porque allí los franciscanos siguieron la empresa comenzada por los jesuitas en la Baja California y se basaron en un modelo similar; y que muestra resultados igual de positivos.

Entre los trabajos previos sobre age heaping y numeracy durante la época colonial en América Latina, los que se centran en las regiones andinas de La Paz, Potosí y Oruro serían los que guardan un mayor parecido con el presente estudio; mostrando que las zonas con instituciones menos extractivas también tendrían mejores desempeños en capacidad aritmética (Vicario 2017). Aún así, el cotejo con otras regiones y localizaciones que presentaban diferentes marcos institucionales, de carácter religioso o no, o dirigidas por otras órdenes religiosas, confirma la excepcionalidad de las misiones jesuitas guaraníes. El modelo de estas misiones basado en la autosuficiencia productiva y una organización social igualitaria y cohesionada, así como el respeto a la cultura preexistente ejemplificado en la guaranización de las mismas y la adaptación a la cosmovisión y la lengua guaraní, podría explicar su exitoso desempeño educativo y la transmisión intergeneracional del capital humano más allá de la desaparición de los jesuitas de las misiones.

En síntesis

En conjunto, los resultados apuntan al papel que podrían haber tenido la tipología de institución de un territorio en la capacitación aritmética; que sería particularmente bajo en aquellas no religiosas, basadas en modelos de extrema desigualdad y con menor respeto a la estructura social y cultura preexistente; y más elevados en aquellas más “inclusivas”. Esto tiene implicaciones para las investigaciones futuras sobre esta cuestión y este estudio contribuye al debate sobre las instituciones religiosas, los efectos de las misiones y la difusión que hicieron éstas del capital humano, así como sus consecuencias sobre el desarrollo económico a largo plazo.

Referencias

Acemoglu, D., Johnson, S., & Robinson, J. A. (2001). The colonial origins of comparative development: An empirical investigation. American Economic Review, 91(5), 1369-1401.

Baten, J., & Cappelli, G. (2016). The Evolution of Human Capital in Africa, 1730-1970: A Colonial Legacy? CEPR Discussion Papers 11273, C.E.P.R. Discussion Papers.

Calvi, R., Mantovanelli, F., & Hoehn-Velasco, L. (2019). The Protestant Legacy: Missions and Human Capital in India.  SSRN 3354891.

Dell, M. (2010). The persistent effects of Peru’s mining mita. Econometrica, 78(6), 1863-1903.

Fourie, J., & Swanepoel, C. (2015). When selection trumps persistence: The lasting effect of missionary education in South Africa. Tijdschrift voor Sociale en Economische Geschiedenis, 12(1).

Gallego, F. A., & Woodberry, R. (2010). Christian missionaries and education in former African colonies: How competition mattered. Journal of African Economies, 19(3), 294-329.

Maeder, E. J. (1995). Asimetría demográfica entre las reducciones franciscanas y jesuíticas de guaraníes. Revista Complutense de Historia de América, (21), 71-84.

Meier zu Selhausen, F. (2019). Missions, Education and Conversion in Colonial Africa. In Globalization and the Rise of Mass Education (pp. 25-59). Palgrave Macmillan, Cham.

Naritomi, J., Soares, R. R., & Assunção, J. J. (2012). Institutional development and colonial heritage within Brazil. The Journal of Economic History, 72(2), 393-422.

Nunn, N. (2008). The long-term effects of Africa’s slave trades. The Quarterly Journal of Economics, 123(1), 139-176.

Valencia Caicedo, F. (2019a). The Mission: Human Capital Transmission, Economic Persistence, and Culture in South America. The Quarterly Journal of Economics, 24.

Vicario, C. (2017). The formation of Human capital in pre-modern Latin America (Doctoral dissertation, Eberhard Karls Universität Tübingen).

Waldinger, M. (2014). Missionaries in Venezuela. London School of Economics, Manuscript.

Waldinger, M. (2017). The long-run effects of missionary orders in Mexico. Journal of Development Economics, 127, 355-378.

Woodberry, R. D. (2004). The shadow of empire: Christian missions, colonial policy, and democracy in postcolonial societies (Doctoral dissertation, University of North Carolina at Chapel Hill).

Violencia interpersonal: un nuevo indicador de bienestar

MANUEL LLORCA-JAÑA (Universidad de Valparaíso)

RODRIGO RIVERO-CANTILLANO (Universidad Adolfo Ibáñez)

Manuel Llorca-Jaña es PhD en Historia Económica por la Universidad de Leicester (UK), Master en Historia Económica Internacional por la misma institución y Economista de la Universidad de Santiago de Chile.

Rodrigo Rivero-Cantillano es PhD en Historia Económica por la Universidad de Barcelona, Máster de Estudios Latinoamericanos, Universidad de Barcelona, Universidad Pompeu Fabra y Universidad Autónoma de Barcelona y Licenciado en Historia, Universidad de Valencia.

RESUMEN. En esta entrada del Blog presentamos la violencia interpersonal como un nuevo indicador de bienestar. El mismo ha sido usado de manera creciente en análisis de bienestar para países desarrollados, pero no así para América Latina. Presentamos, además, los principales resultados de un estudio que realizamos para Chile, que utiliza la tasa de homicidios como proxy de la violencia interpersonal, explicando la importancia y los principales determinantes de este importante indicador.


Fuente: Archivo Histórico Riva-Agüero. Instituto Riva-Agüero. Pontificia
Universidad Católica del Perú. (2013). Asesinato del presidente Manuel
Pardo [Image]. http://repositorio.pucp.edu.pe/index/handle/123456789/9704.

Introducción

Existe un creciente consenso en que el concepto de bienestar es complejo, además de multidimensional: mientras más variables/dimensiones relevantes consideremos respecto de todo aquello que afecte los niveles de vida de la población, mejor. Entre las diversas variables que han ido ganando terreno en las últimas décadas se encuentra la seguridad personal, y, dentro de ella, la violencia interpersonal. En efecto, en 2014 la OECD publicó un muy buen libro titulado How was life? Global well-being since (van Zanden et al. eds., 2014), en el cual se incluyeron indicadores de bienestar clásicos como PIB per cápita, salarios reales y esperanza de vida, pero también se agregaron muchos otros menos familiares para los cientistas sociales: estatura, medioambiente y seguridad personal; este último normalmente medido a través de indicadores de violencia interpersonal, tales como la tasa de homicidios o la tasa de robos violentos.

Algunos aspectos conceptuales

Gracias a este tipo de publicaciones, hoy en día es ampliamente aceptado que las tasas de homicidio, como proxy de violencia interpersonal, representan un buen indicador del bienestar de una sociedad (Baten et al., 2014; OECD, 2014). En efecto, la violencia interpersonal es una variable de primera importancia a la hora de evaluar el desarrollo, dado que las sociedades con altos niveles de violencia son asociadas a la existencia de un bajo capital social y, a su vez, éstas también muestran bajos niveles de capital humano (Gust y Baten, 2019). Las sociedades con alto nivel de violencia deben asignar una cantidad considerable de recursos y esfuerzos a la resolución de conflictos en lugar de destinarlos a la inversión productiva, o a la oferta de servicios públicos, incluyendo el gasto social. Por otro lado, los crímenes violentos impactan negativa y directamente en la calidad de vida de las personas, puesto que reducen la seguridad de la propiedad privada generando un clima de desconfianza e incertidumbre. Incluso, otra consecuencia negativa de los altos niveles de violencia interpersonal es la profundización de la desigualdad de género, conduciendo a la pérdida de autonomía femenina (Gust y Baten, 2019). Finalmente, el bienestar de la población es mayor si los habitantes de una sociedad se sienten seguros. El impacto negativo en el bienestar de las personas del sentimiento de inseguridad es considerado tan serio como el crimen mismo. Por tanto, la seguridad interpersonal es uno de los aspectos más valorados y exigibles tanto para el desarrollo económico como social (Fanjzylber, Lederman y Loayza, 1998; 2002a y 2002b).

Como dijimos, el principal indicador de violencia interpersonal es la tasa de homicidios intencionales entre civiles. El homicidio intencional generalmente se define como una muerte ilegal infligida deliberadamente a una persona por otra persona, excluyendo las bajas por guerras ya sean estas internacionales o civiles (Eizner, 2003a; 2003b). Cuando se quiere estudiar la seguridad personal al interior de una sociedad, la tasa de homicidios presenta ventajas frente a otras alternativas como el número de robos, puesto que esta última está expuesta a un mayor grado de subregistro, ya que una gran proporción de los robos no son denunciados ni registrados. (Fajnzylber, Lederman and Loayza 2002a; OECD, 2011). En cambio, los homicidios intencionales, probablemente, el más grave de todos los delitos, por su naturaleza y connotación social, tienen menor probabilidad de pasar desapercibidos y están menos propensos a la manipulación estadística, consecuentemente, se registran con mayor eficacia en la mayoría de los países (Fajnzylber, Lederman and Loayza 2002b; Eisner 2003b). Incluso, frente a otros graves delitos de carácter interpersonal, como la violencia sexual o contra los niños, los registros de homicidios cuentan con mayor confiabilidad. De hecho, existe un amplio acuerdo en que los registros de homicidios son quizás la única cifra de delitos que proporciona una medida precisa, razonable y consistente de los niveles de delitos graves, por esta razón, permiten realizar análisis comparativos entre países o entre regiones de un mismo país durante largos períodos de tiempo (Eisner, 2003a). Por último, el homicidio, en cuanto crimen, siempre ha atraído el interés de las instituciones, desde las sociedades medievales hasta hoy, mientras que, desde el punto de vista de las autoridades, su importancia se ha mantenido estable en el transcurso de los últimos siglos (Eisner, 2003b). Este interés también ha sido recogido por el cine, inmortalizando las historias de famosos asesinos como Charles Manson en Helter Skelter (1976), los numerosos títulos dedicados a Al Capone, incluyendo su máximo perseguidor Eliot Ness en la premiada The Untouchables (1987), pero también creando historias de ficción que se han convertido en parte de la propia tradición del cine, sobre todo después del éxito de Psycho (1960) de Alfred Hitchcock, la muy premiada Fargo (1996) de los hermanos Coen o, más recientemente, la serie Mind Hunter (2017) que se adentra en la investigación de dos agentes del FBI para conocer los patrones psicológicos de los mayores asesinos en serie. Sin duda, el éxito de estos films responde al gran impacto que este tipo de crímenes genera en la sociedad.

Entre los distintos determinantes de los niveles de violencia interpersonal al interior de las sociedades, un factor central es la capacidad del Estado para monopolizar la violencia. La noción del Estado como una comunidad humana que demanda el monopolio del legítimo uso de la violencia física al interior del territorio está directamente relacionado con la capacidad de gobernar, y es un elemento clave en el desarrollo político y económico de los países. La historia está plagada de ejemplos de países que han fracasado en establecer este monopolio y las razones son muy variadas. De esta manera, existe un amplio acuerdo en la literatura que para analizar las tendencias seculares en la violencia interpersonal, se necesita una perspectiva de análisis amplia que incluya aspectos contextuales como los cambios en las estructuras sociales de poder, la legislación, la mentalidad, la composición por edades de la población, condiciones culturales y económicas, niveles de desigualdad, las tasas de pobreza, factores como las diferencias regionales, la demografía, la economía y la estructura política, las cuales ayudan a explicar los distintos patrones observados en las tasas de homicidios a través del tiempo (Eisner, 2003b; Mares, 2009; Gurr, 1981).

La escasa historiografía para América Latina

Lamentablemente, existen pocos estudios sobre cómo ha evolucionado la tasa de homicidios para países latinoamericanos en el largo plazo. El único estudio publicado para algún país latinoamericano es el de Rivero-Cantillano et al. (2021) para Chile (fruto del proyecto Anillos ANID PIA SOC 180001). Existe, además, una muy buena tesis de maestría que fue defendida recientemente por Analía Rivero en la Universidad de la República, Uruguay, que cubre un periodo similar al de Rivero-Cantillano et al., pero para Uruguay, y que seguramente saldrá prontamente publicada como artículo.

El trabajo de Rivero-Cantillano et al. (2021) para Chile analiza, en particular, la evolución de las tasas de homicidio en Chile desde la década de 1880 hasta la de 2010. Los autores constataron que las tasas de homicidio fueron muy elevadas a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX (Figura 1). Sin embargo, esta situación comenzó a mejorar gradualmente desde la década de 1930, y de forma más pronunciada entre los años cincuenta y sesenta, lo que permitió que las tasas de homicidio se mantuvieron bajas según estándares internacionales hasta finales de siglo. A lo largo de las últimas dos décadas, no obstante, se ha observado un incremento relativo de los homicidios en Chile. El análisis cuantitativo del estudio sugiere que el aumento del gasto social en el pasado se asocia con la reducción de los homicidios en el presente, que el crecimiento económico pasado y presente también se correlaciona con la reducción de la tasa de homicidios, cuestión similar a lo que ocurre con el aumento de la presencia policial. Con todo, el estudio destaca que las décadas de 1930 a 1960 constituyen un periodo clave en la evolución de la violencia interpersonal, lo que coincide con la aparición de un estado de bienestar (y el aumento del gasto social), el descenso de los índices de pobreza, la mejora de la sanidad y la educación, y el aumento del sufragio.

Figura 1: Tasa de homicidios para Chile (número de homicidios por 100.000 habitantes, medias móviles a 5 años, 1880-2017)

Fuente: Rivero-Cantillano et al 2021.

Nuestro llamado es a entusiasmar a colegas latinoamericanos a producir trabajos similares a los de Rivero-Cantillano et al. (2021) para Chile y de Analía Rivero para Uruguay, pero para otras repúblicas, para así poder realizar estudios comparativos de largo plazo.

Referencias

Eisner, Manuel (2003a) “Long-term historical trends in violent crime.” Crime and Justice 30: 83-142, doi: 10.1086/652229

Eisner, Manuel (2003b) “The long-term development of violence: empirical findings and theoretical approaches to interpretation.” in Heitmeyer, Wilhelm and John Hagan (eds.) International Handbook of Violence Research. Dordrecht, NL: Springer, 41-59.

Fajnzylber, Pablo, Daniel Lederman and Norman Loayza (1998) Determinants of Crime Rates in Latin America and the World. An Empirical Assessment. Washington, D.C.: World Bank. doi:10.1596/0-8213-4240-1

Fajnzylber, Pablo, Daniel Lederman and Norman Loayza (2002a) “Inequality and violent crime.” The Journal of Law & Economics 15 (1): 1-40, doi: 10.1086/338347

Fajnzylber Pablo, Daniel Lederman and Norman Loayza (2002b) “What causes violent crime?” European Economic Review 46 (1): 1323-1357, doi: 10.1016/S0014-2921(01)00096-4.

Gurr, Ted R. (1981) “Historical Trends in Violent Crime: A Critical Review of the Evidence”. Crime Justice 3(1): 295–353, https://www.jstor.org/stable/1147382

Gust Sarah and Jörg Baten (2019). Interpersonal violence in South Asia, 900-1900. Working Paper, Universität Tubingen.

Mares, Dennis (2009) “Civilization, economic change, and trends in interpersonal violence in western societies.” Theoretical Criminology 13(4): 419-449, doi: 10.1177/1362480609340401

OECD (2011) “Personal security” in OECD (ed) How’s Life? Measuring Well-being. Paris: OECD Publishing.

Rivero, Rodrigo; Manuel Llorca-Jaña, Damian Clarke, Javier Rivas, Martina Allende, Daniel Quezada (2021) “Interpersonal violence in Chile, c.1880s-2010s: A tale of delayed but successful convergence”, SocialScience History (forttcoming).

Economía del conocimiento o especialización primario-exportadora: el dilema de Uruguay y Nueva Zelanda

JORGE ÁLVAREZ SCANNIELLO (Universidad de la República, Uruguay)

Jorge Álvarez es Doctor en Historia Económica, Profesor del Programa de Historia Económica y Social de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República (Uruguay) e investigador nivel 1 del Sistema Nacional de Investigadores, Uruguay. Sus principales líneas y proyectos de investigación se centran en el estudio del desempeño histórico de la economía uruguaya en perspectiva comparada, atendiendo especialmente la relación entre instituciones y desarrollo en el contexto de las sociedades de nuevo asentamiento europeo (jorge.alvarez@cienciassociales.edu.uy)

RESUMEN. Con el objetivo de aportar una mirada histórica al análisis de los problemas económicos contemporáneos, esta entrada al Blog busca colocar en un primer plano los desafíos que enfrentan las pequeñas economías de base agraria en el mundo actual. En particular, el dilema de basar el desarrollo económico en la explotación inteligente de los recursos naturales o promover la innovación, la ciencia y la tecnología, apostando a nuevos sectores y productos.


Introducción

Uno de los problemas centrales de la historia económica como disciplina es identificar y explicar los patrones de desarrollo a largo plazo de los países, y los procesos de convergencia y divergencia de las economías a escala mundial. En Uruguay –lo mismo puede decirse de Argentina– una pregunta central, que ha estado presente en los más diversos programas de investigación en historia económica, es por qué el país tuvo un bajo crecimiento económico a largo plazo y, habiendo sido un país próspero en el pasado, vio deteriorar su posición relativa en la economía mundial. Las respuestas han enfatizado distintos factores y dimensiones como el patrón de especialización productiva y comercial basado en la explotación de sus recursos naturales, la productividad del sector exportador, la calidad de sus instituciones, los grados de apertura, cerramiento, liberalización y dirigismo estatal en los distintos períodos de su historia y el alcance de la transformación de su estructura productiva, por mencionar solo algunas de ellas. En general, los énfasis y dimensiones exploradas han dependido de los enfoques teóricos adoptados y del instrumental analítico movilizado.

Un tema crucial es el vínculo entre la dotación de recursos naturales y el crecimiento económico, especialmente en un país como Uruguay con ventajas comparativas y competitivas derivadas de la productividad de su sector primario. En este sentido, la pregunta sobre el rezago de la economía uruguaya suele trascender el ámbito estrictamente académico, permeando al conjunto de la sociedad cuando se ponen en cuestión las bases del desarrollo futuro del país y el papel que le cabe al sector primario. Así el problema ha sido abordado en espacios de difusión más o menos especializados[i], en abordajes periodísticos y columnas de opinión[ii] y, en menor medida, por los actores políticos. En los últimos años, el debate adquirió especial interés en el marco del último ciclo de crecimiento de la economía uruguaya y de la notable transformación de su sector agrario, que experimentó un profundo cambio estructural e intensificación del contenido tecnológico de su producción (Paolino, Pittaluga y Mondelli, 2014). En ese contexto, solo unas pocas voces llamaron la atención sobre las bases débiles de este ciclo expansivo, impulsado por las exportaciones agrarias y por el crecimiento del precio de las commodities en el mercado mundial[iii].

Recientemente, el problema del escaso desempeño histórico de la economía uruguaya y las bases de su futuro desarrollo han vuelto a la palestra pública con la publicación de un libro que afirma que Uruguay debe repensar las bases tradicionales de su economía –basada en la producción de commodities y productos de baja y media tecnología– y virar hacia una economía basada en innovación, ciencia y tecnología (Pascale, 2021)[iv]. Su tesis central no supone novedad para los especialistas en temas del Desarrollo (Arocena y Sutz, 2003; Bértola et al., 2005; OPP, 2019), pero tiene la virtud de colocar el problema en un texto dirigido al gran público, que ha alcanzado una amplia difusión por tratarse de un libro escrito por un reconocido intelectual, docente universitario y expresidente del Banco Central del Uruguay (BCU). Las alusiones del libro a Nueva Zelanda son reiteradas, como un país con el que se suele comparar a Uruguay, aunque el autor enfatiza las diferencias entre ambos países antes que sus similitudes.

Esta nota busca colocar en un primer plano los desafíos que enfrentan las pequeñas economías de base agraria en el mundo actual, en particular, el dilema de basar el desarrollo en la explotación inteligente de los recursos naturales o promover la innovación, la ciencia y la tecnología, apostando a nuevos sectores y productos. En este sentido, el caso de Nueva Zelanda es relevante porque ese país enfrenta desafíos similares a los de Uruguay debido a que comparten un conjunto de rasgos estructurales.

Es cierto que en Uruguay la comparación con Nueva Zelanda ha sido un tópico recurrente, ya para comprender el magro desempeño del país y el rezago con su “primo rico”, ya para adoptar los avances logrados por Nueva Zelanda. Las comparaciones históricas han buscado explicar las diferencias de productividad de los respectivos sectores agrarios desde la perspectiva del cambio tecnológico (Álvarez y Bortagaray, 2007; Álvarez, 2018, 2020; Castro y Willebald, 2019), el impacto de la estructura de la propiedad de la tierra sobre la distribución del ingreso (Kirby, 1975; Álvarez, 2013, 2017) el vínculo entre la distribución del ingreso en el sector agrario y los procesos de industrialización y crecimiento (Álvarez et al., 2011), la dotación de recursos energéticos modernos y su impacto en la producción agraria y en el desempeño de ambas economías (Bertoni y Willebald, 2016; Travieso, 2020), las diferencias institucionales entre ambos países a partir de la teoría de los órdenes sociales (Schlüter, 2014), la volatilidad cíclica y las imperfecciones del sistema financiero (Carbajal y de Melo, 2007), sin olvidar sendos trabajos que en las décadas de 1950 y 1960 buscaron promover en Uruguay las técnicas de producción ganadera de Nueva Zelanda (Gallinal, 1951; Davie, 1960). Estos trabajos comparten la idea que ambas economías presentan algunas similitudes, lo que justifica su comparación, e importantes diferencias que explican los resultados divergentes. En algunos casos se enfatizaron las diferencias vinculadas a la dotación de recursos, en otros las diferencias gestadas en el propio proceso histórico. Sin embargo, pocos trabajos destacaron las similitudes estructurales que persistieron a largo plazo (Álvarez y Bértola, 2013) y que en la actualidad coloca a ambos países ante similares desafíos con relación a su desarrollo futuro.

En este sentido, Nueva Zelanda se encuentra también algunos años por delante de Uruguay en el estado del debate historiográfico sobre el papel de la dependencia de las exportaciones primarias en el desarrollo del país (McAloon, 2015) y en la discusión relativa a la necesidad de construir nuevas bases para la competitividad internacional impulsada por la ciencia, la innovación y el cambio tecnológico, esto es, por la economía del conocimiento (Kirk y Bibby, 2001; Oxley y Thorns, 2007). En particular, quiero destacar los trabajos de Callaghan (2009) y Hendy y Callaghan (2013)[v] que sostienen enfáticamente que Nueva Zelanda tiene que cambiar su patrón de inserción externa, abandonar los recursos naturales como la base principal de su competitividad internacional e ingresar en la economía de la innovación y el conocimiento.

By Peter, Bromhead, Marlborough Express (Newspaper), New Zealand, 2012. A sheep laments to other sheep in the herd that ‘we’re no longer a land of sheep, we’ve been replaced with hobbits’. Refers to Tourism New Zealand’s global marketing campaign regarding The Hobbit: An Unexpected Journey

En lo que sigue, destacaré algunos rasgos estructurales compartidos por ambas economías, en particular, el declive en la economía mundial y la especialización primario exportadora. Y, con base en los aportes realizados por un conjunto de investigaciones, sostendré que la especialización primario exportadora es una de las principales causas del declive relativo de ambos países en la economía mundial. Finalmente, se presentan algunas reflexiones sobre el camino que deberían transitar ambos países para acortar las brechas de ingreso, productividad y tecnología con las economías desarrolladas.

Rasgos estructurales compartidos: declive secular, modelos de desarrollo y especialización primario exportadora

A fines del siglo XIX, Nueva Zelanda y Uruguay –típicas sociedades de nuevo asentamiento europeo– se encontraban entre las naciones más ricas del mundo en términos de ingresos por habitante (Gráfico 1).  Esta posición de privilegio se debió a que ambos países contaron con una alta relación recursos naturales-población, gozaron de excelentes condiciones naturales para la producción agraria y se especializaron en la producción y exportación de un rango limitado de productos ganaderos (carnes, lanas, cueros, lácteos), que fueron crecientemente demandados por las economías desarrolladas de Europa Occidental durante la primera globalización del capitalismo.

No obstante esta posición privilegiada en el concierto internacional, a partir de la Primera pos-Guerra Mundial ambas economías consolidaron una tendencia declinante de los niveles de sus ingresos por habitante que se profundizó a partir de la segunda mitad del siglo XX (Gráfico 1). En la década de 1950, Uruguay ingresó en lo que ha sido definido como un proceso de “latinoamericanización” de la otrora “Suiza de América” (Finch, 2005). Al mismo tiempo Nueva Zelanda comenzó a rezagarse de forma pronunciada, cayendo desde las primeras posiciones del grupo de países de la OCDE a los últimos lugares en los primeros años del siglo XXI (Easton, 1997). Este rezago –advertido y pronosticado tempranamente por Rosenberg (1968)– se hizo evidente en el último cuarto del siglo XX, lo que alejó a Nueva Zelanda de la trayectoria de crecimiento de otras economías de asentamiento europeo, como Canadá y Australia (Bertram, 2009).

Gráfico 1. PBI per cápita de Nueva Zelanda y Uruguay con relación al PBI per cápita promedio de cuatro economías desarrolladas (Alemania, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña = 100), 1870-2018

Fuente: elaborado con base en Maddison Project Database (2020). Las fuentes nacionales pueden consultarse en (Maddison, 2006, 2009) y en las sucesivas actualizaciones (Bolt y van Zanden, 2020).

Además de este rezago relativo en la economía mundial, ambos países compartieron un conjunto de rasgos estructurales. Entre ellos, la persistencia de una inserción externa basada en la producción y exportación de bienes agrarios (las exportaciones agrarias representaron, en promedio, más del 80% de las exportaciones uruguayas y más del 70% de las exportaciones neozelandesas en el siglo XX), la evolución de los términos de intercambio con similares tendencias y fluctuaciones, y la misma secuencia de modelos de desarrollo económico a largo plazo (Álvarez, 2014). Algunos estudios comparados y un conjunto de abordajes historiográficos a escala local, dieron cuenta de los factores que explican el rezago de estas economías. Como veremos más adelante, entre ellos, el papel jugado por la especialización primario-exportadora, los cambios verificados en los patrones de consumo de los principales mercados compradores a lo largo del siglo XX, la evolución del precio de las exportaciones agrarias, las fluctuaciones de los términos de intercambio y el escaso contenido tecnológico de las exportaciones intensivas en recursos naturales. Como expresión de todo ello, los otros factores comprometidos en esta trayectoria divergente son la caída relativa de la productividad y de los salarios, una estructura productiva insuficientemente diversificada, y las limitaciones que impuso a ambos países la pequeña escala de los respectivos mercados internos.

Eric Walmsley Heath, Dominion (Newspaper), New Zealand, 1969. As a sheep labelled ‘The wool industry’ walks away, its fleece catches on thistles named 1965, 1967 and 1968, and unravels. The tail end is exposed to the cold. Refers to the effect on the industry of the decline in the export price for wool between 1965 and 1968.

Inserción externa basada en bienes primarios intensivos en recursos naturales como causa del declive

Los argumentos movilizados por los estudios comparados que dieron cuenta del rezago relativo de las economías de nuevo asentamiento del hemisferio sur, establecieron que el patrón de especialización productiva y comercial –basado en el uso intensivo de los recursos naturales– y la escasa transformación de la estructura productiva fueron sus principales causas. Por ejemplo, Schedvin (1990) afirmó que la dependencia de las actividades agrícolas y ganaderas –podríamos agregar la forestal– limitó el alcance de la diversificación productiva de las economías de nuevo asentamiento europeo, al tiempo que los encadenamientos domésticos hacia atrás y hacia adelante fueron débiles y no alentaron la innovación tecnológica sistemática más allá del sector agrario. En el caso de Nueva Zelanda, la dependencia fue más pronunciada que en los casos de Canadá y Australia, debido a dos principales limitaciones: la localización geográfica y la escala de su mercado, lo que hizo caer a este país en la trampa de la dependencia de las exportaciones agrarias. Argumentos similares fueron desarrollados por Álvarez et al. (2007), quienes destacaron que las ventajas que ofreció la primera globalización del capitalismo a las economías de nuevo asentamiento europeo se fueron diluyendo luego de la década de 1930, cuando cambió el papel de los recursos naturales en el comercio mundial. En ese contexto, Nueva Zelanda y Uruguay movilizaron sus mercados internos, experimentaron importantes transformaciones estructurales, y le asignaron al Estado un papel de liderazgo en los procesos de cambio estructural y de desarrollo. Sin embargo, el impacto negativo de la reversión de los términos de intercambio y de la crisis del petróleo hicieron muy difícil mantener y profundizar este proceso de cambio estructural. En ningún caso las transformaciones estructurales posibilitaron un cambio radical de la estructura de las exportaciones que les permitiera a ambas economías trascender el límite impuesto por la dotación original de recursos naturales (Álvarez y Bértola, 2013). Esto implicó qué, a partir de la década de 1990, se profundizara el rezago de la estructura productiva –considerando el peso de los sectores intensivos en tecnología– de ambos países con relación a las economías desarrolladas, de forma más pronunciado en Uruguay que en Nueva Zelanda (Bértola y Porcile, 2007). Esto se vio reflejado en las respectivas canastas de exportaciones y en su contenido tecnológico. Precisamente, si tenemos en cuenta la sofisticación de la estructura de las exportaciones por contenido tecnológico, ambos países se ubicaron en posiciones similares a escala global a comienzos del siglo XXI: Nueva Zelanda en el puesto 42 y Uruguay en el 39 (Isabella, 2012).

Más allá de los enfoques comparados, las respectivas historiografías económicas nacionales destacaron el papel de la especialización primario-exportadora como causa principal del declive de cada país en la economía mundial.

Published in: New Yorker (8/7/1979)

En el caso de Nueva Zelanda, el declive estuvo directamente relacionado con la ralentización del crecimiento de la demanda británica luego de la segunda pos-guerra, especialmente de los bienes primarios neozelandeses derivados de la ganadería (carnes, lanas y lácteos), y con el surgimiento de bienes sustitutos naturales y sintéticos a escala global, a partir de la década de 1960 (Belich, 2001). El rezago con relación a los países de la OCDE comenzó a hacerse evidente en esos años (Easton, 1997, 2020; Singleton y Robertson, 2002) obligando a Nueva Zelanda a diversificar los mercados de colocación de sus bienes primarios tradicionales y, a partir de la década de 1970, a diversificar también los productos de exportación, incorporando otros bienes agrarios (horticultura, vitivinicultura, forestación, etc.) (Easton, 2015, 2020). Sin embargo, el cambio estructural que experimentó Nueva Zelanda en el sector agrario y la diversificación de las exportaciones primarias, no impulsaron el crecimiento del país al ritmo necesario para acortar la distancia con los líderes de la economía mundial. Callaghan (2009), poniendo el foco en el aumento de la brecha de ingresos por habitante que se verificó en las últimas décadas del siglo XX entre Nueva Zelanda y Australia, destacó que los indicadores más evidentes del atraso neozelandés son el rezago de los salarios reales, los bajos niveles de productividad y la emigración de la población joven altamente calificada. Y que, en última instancia, estas tendencias son el resultado de la especialización en actividades productivas con bajos niveles salariales como la actividad primaria. Skilling (2009) también señaló que los bajos niveles de productividad y la ausencia de una economía diversificada es la causa principal del rezago neozelandés, y que el gran problema del país es no haber desarrollado capacidades para diversificar la economía y complementar los ingresos derivados de la tierra.

Allan Charles Hawkey, Waikato Times, New Zealand (2006)

En el caso de Uruguay, el retraso histórico también se debió al escaso desarrollo de sus capacidades productivas y a una competitividad basada casi exclusivamente en ventajas comparativas derivadas de los recursos naturales. De esto surge que el tipo de inserción externa ha sido un componente fundamental de la volatilidad y del carácter cíclico del desarrollo del país a largo plazo (Bértola y Bertoni, 2014; Bértola, Isabella y Saavedra, 2014). Detrás de la divergencia en términos de ingresos por habitante con los líderes hay un proceso de divergencia estructural. Esta relación (divergencia de ingresos y divergencia estructural) no se cumplió necesariamente en todos los períodos de la historia del Uruguay (el crecimiento anterior a la Primera Guerra Mundial es un ejemplo), pero a largo plazo la convergencia estructural es una condición necesaria para lograr la convergencia de ingresos con los países desarrollados (Bértola y Porcile, 2000). Además del tipo de inserción internacional, se ha señalado que la muy baja tasa secular de crecimiento de la economía uruguaya ha estado asociada a instituciones domésticas débiles que tendieron a amplificar la propia vulnerabilidad y volatilidad externa (Oddone y Cal, 2008; Oddone, 2010). Como en el caso de Nueva Zelanda (Hendy y Callaghan, 2013; Easton, 2020), la pequeña escala del mercado doméstico uruguayo operó también como límite a la especialización de las empresas, a los niveles de inversión y a la adopción tecnológica.

La brecha de ingresos por habitante de Nueva Zelanda y Uruguay con los países líderes es una brecha tecnológica

El desarrollo económico es, básicamente, un proceso de cambio estructural y de diversificación económica con base en la innovación y la difusión de tecnología. Estos conceptos han formado parte del pensamiento medular del estructuralismo latinoamericano, de los enfoques schumpeterianos y de las teorías del desarrollo por varias décadas (Rodriguez, 2006; Botta, Porcile y Ribeiro, 2018). Con referencias más o menos explícitas, estos conceptos se encuentran presentes en los diagnósticos sobre las causas del rezago de la economía neozelandesa. Callaghan & Hendy (2013) destacan que la principal paradoja de la economía neozelandesa en pleno siglo XXI es que, a pesar de estar ubicada en los primeros lugares del ranking mundial en variables relevantes para el desarrollo como la calidad democrática, el respeto a los derechos de propiedad, los bajos niveles de corrupción y de carga impositiva, el país no logra detener su caída en el ranking mundial de ingresos. De hecho, estiman que, para reducir la brecha con Australia, la productividad del trabajo en Nueva Zelanda debería crecer a una tasa de 3,3% acumulativo anual hasta 2028, lo que implica aumentar siete veces el crecimiento de la productividad registrada en el período 1960-2000 que fue apenas de 0,6% (Hendy & Callaghan, 2013, p. 34). El camino propuesto es cambiar el patrón de especialización agraria, quebrar la dependencia del sector primario, y expandir la base exportadora aumentando la participación de productos basados en conocimiento. Para hacerlo –se afirma rotundamente– hay que “abandonar” las pasturas, romper la dependencia del sector primario e invertir en ciencia y tecnología como lo han hecho otras pequeñas economías hoy desarrolladas como Finlandia y Dinamarca. Estos países apostaron a sectores de alta tecnología (industria manufacturera, electrónica, información y comunicaciones, etc.), en áreas no relacionadas con sus fortalezas previas basadas en la producción primaria (agricultura, ganadería y forestación).

Weta Digital, compañía dedicada a efectos visuales digitales, Wellington, Nueva Zelanda.

En el caso de Uruguay, la necesidad de diversificar la matriz productiva con base en la innovación, la ciencia, la tecnología y la economía del conocimiento es una condición necesaria para el desarrollo sostenible. Estos son procesos de largo aliento que requieren tiempo, mucha inversión y políticas decididas. A comienzos del siglo XXI, las políticas en materia de ciencia, tecnología e innovación en Uruguay eran definidas como carentes de liderazgo y de una estrategia de mediano y largo plazo, lo que se traduce en una bajísima dotación de recursos y en una gran inestabilidad del financiamiento de los programas de promoción, en definitiva, en una situación de verdadera “indigencia innovadora” (Bértola et al., 2005). Si bien las dos primeras décadas del siglo XXI fue un período de importantes avances (OPP, 2019), no es claro que las políticas de promoción a la ciencia y a la innovación en Uruguay continúen profundizándose al ritmo necesario[vi].

Por otra parte, asumiendo que el crecimiento de largo plazo tanto de Uruguay como de Nueva Zelanda dependen de las decisiones de inversión en Investigación y Desarrollo (I&D), ambos países necesitan incrementar significativamente sus niveles de inversión. Según los últimos datos reportados por el Banco Mundial[vii], Uruguay invierte en I&D el 0,5 % del PBI, Nueva Zelanda el 1,4%, en tanto las economías de Finlandia y Dinamarca el 2,8% y el 3%, respectivamente. No solo queda mucho camino por recorrer, sino que es necesario también que ambos países diversifiquen decididamente el portafolio de la inversión en I&D. En particular, porque Nueva Zelanda favoreció sistemáticamente, desde comienzos del siglo XX, las inversiones públicas en el sector agrario, buscando maximizar sus ventajas comparativas y no construir nuevas ventajas competitivas (Nightingale, 1992; Skilling, Callaghan y Oram, 2009). De igual modo, Uruguay cuenta con un sistema de innovación agrario mucho más maduro en la comparación con otros sectores, tanto en recursos invertidos (inversión en I&D con relación al producto sectorial) como en términos de organización institucional (Bértola et al., 2005). En cualquier caso, aún cuando el sistema de innovación agrario de Nueva Zelanda es mucho más antiguo y denso que el uruguayo (Álvarez y Bortagaray, 2007), y contribuyó a alcanzar más altos niveles de productividad a largo plazo (Álvarez, 2018), no fue suficiente para contrarrestar las fuerzas comprometidas en el rezago de su economía.

La especialización primario exportadora y las ventajas comparativas y competitivas basadas en los recursos naturales contribuyeron a conformar una baja propensión al riesgo en ambas sociedades. Hendy y Callaghan (2013) sostienen que la sociedad neozelandesa no es tomadora de riesgos y, en general, se siente más cómoda apostando a la renta derivada de la propiedad de activos (inmobiliarios, financieros, la tierra), y a la producción primaria, que a invertir en el intelecto, en ciencia y en compañías de alta tecnología. En Uruguay se ha destacado reiteradamente la misma aversión al riesgo (Bértola et al., 2005; Pascale, 2021,  entre otros). La construcción de una visión estratégica sobre el desarrollo exige poner atención también en factores culturales muy enraizados en ambas sociedades y que resultan de rasgos estructurales de larga duración asociados a la especialización primario exportadora. Si bien el problema debe ser abordado por especialistas en temas del desarrollo y por hacedores de política, los historiadores pueden contribuir a situar el problema con una mirada comparada y de largo plazo.

En definitiva, el desafío que enfrentan las pequeñas economías agroexportadoras de Nueva Zelanda y Uruguay en el mundo actual es modificar el patrón de especialización y desarrollar ventajas comparativas basadas en conocimiento. Unos años atrás nos preguntamos (Álvarez y Bértola, 2013) si el rezago relativo de ambas economías se trató de un proceso de ajuste luego de una situación internacional extraordinaria que se combinó con una amplia disponibilidad de recursos durante la primera globalización, o si fue posible haber hecho algo para cambiar este patrón de pérdida progresiva de posiciones en el ranking mundial. Hoy no cabe duda que, aún cuando continúen aprovechando las ventajas de sus recursos naturales explotándolos inteligentemente, Nueva Zelanda y Uruguay deben construir nuevas capacidades basadas en la ciencia, la tecnología y la innovación tornando competitivas nuevas actividades y sectores que contribuyan a construir un nuevo modelo de desarrollo.

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[i] La tertulia agropecuaria. “El agro uruguayo, su presente y su futuro en el desarrollo nacional. Dos visiones, desde el campo y desde la ciudad”, 26/11/2008, Espectador.com. http://historico.espectador.com/agro/137907/el-agro-uruguayo-su-presente-y-su-futuro-en-el-desarrollo-nacional-dos-visiones-desde-el-campo-y-desde-la-ciudad#1

[ii] Diario La mañana. “El Agro es el motor, no siempre reconocido. Columna de opinión por Jorge Chouy  11/06/2020 en Rurales, https://www.xn--lamaana-7za.uy/agro/el-agro-es-el-motor-no-siempre-reconocido/

Diario El Observador, “La vaca nos salva” Columna de opinión por Lautaro Pérez, 18/11/2016, en: https://www.elobservador.com.uy/nota/la-vaca-nos-salva-20161118500

Centro de Estudio para el Desarrollo (CED). “¿Somos realmente un país agropecuario?” columna de opinión, 9/3/2021, en: https://ced.uy/somos-un-pais-agropecuario/

[iii] Diario El Observador, ‘La “lotería de los commodities” expone a Uruguay a otra crisis’ Entrevista a Luis Bértola, 22/2/2013, en: https://www.elobservador.com.uy/nota/la-loteria-de-los-commodities-expone-a-uruguay-a-otra-crisis-201322220400

[iv] https://www.planetadelibros.com.uy/libro-del-freno-al-impulso/333739

Entrevista al autor en:

https://www.montevideo.com.uy/Noticias/Pascale–La-tirania-del-corto-plazo-nos-consume-el-futuro-no-esta-en-el-debate–uc784338

[v] Sobre algunos de los problemas centrales abordados por Callaghan (2009), recomiendo la entrevista realizada por Diego Gonnet al autor en Semanario Brecha, 17/9/2010

[vi] La Diaria, “ANII recorta drásticamente su inversión en ciencia para 2021”, 26/2/2021 en:

https://ladiaria.com.uy/ciencia/articulo/2021/2/anii-recorta-drasticamente-su-inversion-en-ciencia-para-2021/

[vii] Gastos en I&D de Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelanda y Uruguay en el período 1996-2018, Banco Mundial, en: https://datos.bancomundial.org/indicador/GB.XPD.RSDV.GD.ZS?locations=NZ-UY-DK-FI

Antropometría histórica en América Latina

MANUEL LLORCA-JAÑA (Universidad de Valparaíso)

Manuel Llorca-Jaña es PhD en Historia Económica por la Universidad de Leicester (UK), Master en Historia Económica Internacional por la misma institución y Economista de la Universidad de Santiago.

RESUMEN. En esta entrada damos cuenta del desarrollo de la antropometría histórica en América Latina en los últimos años, entregando algunas definiciones básicas para todo lector, así como un listado de los principales autores y sus publicaciones para nuestra región. Adicionalmente, nos referimos a los determinantes más importantes de la estatura en adultos y por qué es importante considerarla como un buen indicador de bienestar de la población.


Durante los últimos cuarenta años la antropometría histórica se ha consolidado como un campo muy dinámico y popular dentro de la historia económica. En este proceso han sido fundamentales los trabajos de dos premios Nobel en economía: Robert Fogel y Angus Deaton, así como de otros importantes académicos como Richard Steckel, John Komlos, Joerg Baten, Matthias Blum, entre muchos otros.

Para Iberoamérica, los países para los que existen mayor cantidad de estudios son España, Argentina, México, Colombia y Chile, en buena medida gracias a los trabajos de José Miguel Martínez Carrión, Antonio Cámara, Ricardo Salvatore, Moramay López Alonso, Amílcar Challú, Adolfo Meisel, Joerg Baten, entre varioss otros. Otros países latinoamericanos como Brasil, Perú y Bolivia han recibido algo de interés (gracias a los trabajos de Baten mismo, Linda Twrdek, José Péres-Cajias, Z. Frank, Daniel Franken y otros colegas), pero bastante menos que para Argentina, México, Colombia o Chile. El resto de los países latinoamericanos casi no ha despertado interés entre los historiadores económicos, por lo que existe una rica veta para explotar. Un listado de las publicaciones existentes para nuestra región se encuentra el sitio web de la Red Iberoamericana de Historia Antropométrica, creada durante el Cladhe que se realizó en Chile en el año 2019.


Libro “Estar a la Altura”, de Moramay López-Alonso, sobre antropometría histórica de México. Es una de las principales obras que se han publicado para nuestra región sobre esta temática.

Dentro de los estudios antropométricos, la estatura de la población ha ganado aceptación como un muy buen indicador de niveles de vida, en particular del denominado bienestar biológico. La estatura es fiel reflejo del estado nutricional de la población durante la niñez, y del combate del cuerpo contra el medio ambiente (e.g. para pelear enfermedades). Hay bastante consenso en señalar que aquellos/as que disfrutaron de mejor dieta, mejor alojamiento, mejor educación, mejor salud, y mejor vestimenta durante los primeros 20 años de vida (pero sobre todo durante la infancia temprana) disfrutarán de una mayor estatura en la adultez. Mayor estatura además se cree que viene aparejada con mayor expectativa de vida o mayores salarios, todo esto a nivel promedio de poblaciones.

Asimismo, se ha buscado explicar cuáles son los principales determinantes de la estatura, incluyendo variables como estado nutricional de la población, nivel socioeconómico (escolaridad, ocupación), lugar de residencia, ingresos medios, etnicidad, entre otros. Esto ha llevado a utilizar la estatura en estudios de desigualdad. En efecto, para periodos donde no existen muchos indicadores de bienestar, la estatura de la población ha sido en muchos casos la principal evidencia tanto de bienestar como de desigualdad. Por su parte, la búsqueda de determinantes de estatura ha llevado a la construcción de nuevas series de otros indicadores económicos igualmente útiles, tales como consumo per cápita de algunos alimentos (carnes, lácteos), escolaridad, mortalidad, entre otros, para gran beneficio de la disciplina. Toda esta nueva evidencia nos ha permitido insertarnos en discusiones en torno a la transición nutricional, la evolución tecnofisiológica, la transición demográfica, entre otros interesantes debates.

En el gráfico que se adjunta mostramos cómo ha evolucionado la estatura en adultos hombres durante el siglo XX para varios países latinoamericanos. Los datos se presentan en centímetros por década de nacimiento, algo estándar en la literatura. Como puede apreciarse, para las décadas que tenemos datos para Argentina, México, Brasil, Colombia y Chile, los argentinos son los más altos de la muestra. Se observa también que ha habido un crecimiento importante en la estatura de la población de estos países, así como cierto grado de convergencia entre ellos, aun cuando ha habido divergencia respecto de la estatura de los países desarrollados.

Fuente: Manuel Llorca-Jaña, Juan Navarrete-Montalvo, Roberto Araya, Federico Droller, Martina Allende & Javier Rivas. «Height in twentieth-century Chilean men: growth with divergence». Cliometrica. Vol 15-1, 135-166 (2021).

Las principales fuentes usadas son registros militares, navales, carcelarios, escolares, de registro civil e identificación, entre otros. Vale decir, principalmente instituciones del estado que midieron en algún momento a sus poblaciones, o parte de ellas. Lamentablemente buena parte de la información proviene de conscripciones militares, por tanto hay mucha más evidencia para hombres que para mujeres.

A pesar de esta deficiencia, muchos colegas interesados en la evolución del bienestar en el largo plazo desde un punto de vista multidimensional, han contrastado la evolución de la estatura con otros indicadores más tradicionales como PIB per cápita o ingreso medio, encontrando que muchas veces la trayectoria de la estatura diverge respecto del ingreso medio, lo que ha llevado a catalogar algunos periodos como puzles, en particular para Estados Unidos y Europa occidental, pero también para países latinoamericanos.

Respecto a la agenda futura, hay muchas áreas aún por explorar, como la evolución de largo plazo de la estatura de mujeres, la diferencia de estatura entre hombres y mujeres (dimorfismo sexual), la evolución de otras variables antropométricas como peso al nacer, índice de masa corporal, y la desigualdad tanto de la estatura como de estas otras variables, entre otros.

Como se puede ver, la antropometría histórica es un campo floreciente en América Latina, al que esperamos muchos otros países se sumen. Entre los esfuerzos más recientes cabe destacar dos iniciativas en particular:

En 2019, Revista de Historia Económica publicó un número especial coordinado por Martínez Carrión y Salvatore, publicando trabajos sobre España, México, Chile, Colombia, Argentina y Brasil.

Más recientemente, la International Journal of Environmental Research and Public Health (IJERPH) prepara un número especial sobre estudios de condiciones biológicas de vida y desigualdad en salud en regiones en desarrollo, también coordinado por Martínez Carrión y Salvatore, junto a Carlos Varea. El plazo para enviar contribuciones se extiende hasta el 30 de junio de 2021. A la fecha ya se han publicado trabajos sobre Chile y Argentina.

Con todo, los invitamos a visitar el sitio web de nuestra red: https://redantropometria.cl/

Las mujeres en la historia económica. “Qué 100 años no es nada”

CAROLINA ROMÁN (Universidad de la República, Uruguay)

RESUMEN. En ocasión del mes de marzo, no podemos dejar de reflexionar sobre cuál es la situación de las mujeres en la sociedad. En el ámbito en que nos encontramos, esta interrogante la ubicamos en lo que ocurre en la academia y, más específicamente, en el campo disciplinar que representa la historia económica ¿Qué sabemos sobre la brecha de género en historia económica? ¿Qué es lo que la academia puede aportar para revertir las desigualdades de género? Estas preguntas son parte de la motivación del Coloquio virtual “La mujer en la construcción de la historia económica”, organizado por la División de Historia del CIDE y el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM (IIH-UNAM) que se desarrolló durante la primera semana de marzo. En esta entrada comparto una breve reseña del evento. [1]




Fuente: #NoMoreMatildas presenta la hipotética vida de Matilde Einstein.
#NoMoreMatildas es una campaña de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas, con la idea de Gettingbetter Creative Studio y la colaboración de Dos Passos Agencia Literaria, que busca reivindicar y promover el papel de las mujeres en la ciencia, para inspirar y fomentar la vocación científica en niñas y adolescentes.

Antes de comenzar, [2] vale la pena volver a preguntarnos ¿por qué es importante reflexionar sobre las brechas de género en nuestra disciplina, historia económica?[3] Aquí, parte de la respuesta es el compromiso ético que nos debería conducir a promover la equidad de género en el desarrollo de la profesión. Pero, la otra parte de la respuesta radica en que la invisibilidad de las mujeres afecta lo que estudiamos, lo que se enseña, las preguntas de investigación, las normas profesionales, los sistemas de evaluación, los sistemas de promoción, el reconocimiento, y la manera en que se abordan las discusiones de política. 

Las investigaciones sobre sesgos de género en la actividad académica muestran que lo que opera no es tanto una discriminación explícita, sino sesgos implícitos que afectan las interacciones en todos los niveles de la actividad académica: en decisiones formales, como las reglas de acceso y promoción, y en las informales, como los cursos que se sugieren a estudiantes o la manera en que se atiende y responde a preguntas e ideas con colegas (Bayer y Rouse, 2016).[4] Existen estudios que analizan lo que ocurre en la economía y en la historia, pero nos falta información y análisis para conocer la situación en la historia económica. Sabiendo que es una disciplina a veces difícil de definir, eclética entre la historia y la economía, que se nutre de muchas áreas de las ciencias sociales, y que, metodológicamente, ha ido transformándose de la narración a los enfoques matemáticos (Haupert, 2016), la tarea se hace aún más desafiante.

Aquí comparto una breve reseña del Coloquio virtual “La mujer en la construcción de la historia económica”, organizado por la División de Historia del CIDE y el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM (IIH-UNAM), que tuvo lugar el 8 y 9 de marzo de 2021.[5] La coordinación, gestionada de forma impecable, estuvo a cargo de Iliana Quintanar (CIDE) e Irina Córdoba (IIH-UNAM). El evento se organizó en dos jornadas. En la Jornada 1, tuvo lugar la Mesa redonda “La mujer en la construcción de la Historia Económica”. En la Jornada 2, el tema fue “La mujer como agente económico, siglos XVI-XX”.


En esta entrada, me centraré en los aportes y debates de la Jornada 1. La mesa redonda fue moderada por Iliana Quintanar e Irina Córdoba y participaron cinco representantes de las asociaciones iberoamericanas de historia económica: Andrea Lluch (Presidenta de la Asociación Argentina de Historia Económica), Adoración Álvaro Moya (Secretaría General de la Asociación Española de Historia Económica); Cristina Mazzeo (Presidenta de la Asociación Peruana de Historia Económica), Bernardita Escobar Andrae (Presidenta de la Asociación Chilena de Historia Económica), y quien escribe este post en mi rol de Presidenta de la Asociación Uruguaya de Historia Económica. El objetivo de la mesa fue aportar reflexión sobre la situación en que se encuentran las mujeres en la historia económica e intercambiar sobre posibles acciones para promover su participación en este campo de conocimiento.

La inauguración del coloquio estuvo a cargo de Catherine Andrews, secretaria académica de la División de Historia del CIDE y de Isabel Martínez representando al IIH-UNAM. Me gustaría, primero, destacar algunas de sus intervenciones. Catherine inauguró el Coloquio celebrando la iniciativa, pero, al mismo tiempo, transmitiendo la sorpresa que estos eventos sigan siendo necesarios para visibilizar el trabajo de las mujeres. Cita, como ejemplo, que han pasado más de 100 años desde que las primeras mujeres obtuvieron sus títulos de doctorado en historia (Smith 2000). Sin embargo, aún hoy, la contribución de las mujeres a la ciencia sigue teniendo menor reconocimiento social que los varones. Esta situación de invisibilización permanece en varios espacios de la academia, con mayores y menores énfasis según las disciplinas. Y en historia económica, como destacó Isabel Martínez en su intervención, tenemos mucho por analizar sobre lo que ocurre con las brechas de género dentro y fuera de la academia.

La mesa se organizó en torno a tres ejes de discusión: 1) El papel de las mujeres en el ámbito profesional de la historia económica; 2) Aportaciones de las mujeres a la historia y la historiografía económica; 3) Retos para promover la participación de la mujer en el campo de estudio de la historia económica. En cada eje, tuvo lugar una ronda de intervenciones de cada una de las cinco representantes de las asociaciones. Aquí haré mención a algunos aspectos que fueron transversales a las presentaciones. Cabe aclarar que las presentaciones realizadas estuvieron basadas en relevamientos que realizaron las participantes, en colaboración con colegas, para aportar insumos para la reflexión y la discusión. De este modo, las afirmaciones y opiniones vertidas, más que conclusiones acabadas, constituyen puntos de partida para el análisis y el debate.

Sobre el papel de las mujeres en el ámbito profesional de la historia económica

Los datos aportados sobre la participación de las mujeres en el ámbito profesional de la historia económica conducen a los siguientes resultados. 1) En cuanto a la formación, no se observan diferencias entre mujeres y varones. De hecho, muchas veces las mujeres se gradúan más rápido y con mejores calificaciones; 2) En los sistemas científicos, en las categorías más bajas las mujeres suelen ser mayoría, pero, a medida que se avanza en las categorías de mayor reconocimiento, la presencia de las mujeres disminuye; 3) Existe una sobrerrepresentación de mujeres en tareas de coordinación y administración, pero menor presencia en los cargos de jerarquía y poder como decanos, rectores y cargos equivalentes; 4) En la carrera académica, hay menor porcentaje de mujeres como catedráticas y/o profesores titulares, y mayor presencia en las categorías más bajas; 5) En los cursos de historia económica que se imparten a nivel universitario, son muy pocos los que están a cargo de mujeres. Aquí, se menciona un punto importante, que es definir cuál es el ámbito de la historia económica, ya que hay muchas áreas de conocimiento que podrían caber dentro de esta definición, donde sí se observa una mayor presencia de mujeres.

En cuanto a la participación de las mujeres en las Asociaciones de Historia Económica, de la información compartida, se desprenden cuatro resultados. 1) En general, las asociaciones están integradas por más varones que mujeres; 2) En la mayoría de los casos, las mujeres han tenido menor participación en los cargos de conducción de las instituciones (actuando como Presidentas y/o Secretarias en Consejos y/o Comisiones Directivas); pero mayor presencia en los cargos de menor jerarquía. Estas diferencias han ido mejorando en los últimos años; 3) En algunos de los casos presentados, se observa mayor presencia de mujeres en actividades colaborativas y de construcción institucional; 4) En las revistas nacionales de historia económica (de las que se presentaron en el evento), hay disparidad de situaciones. En el caso de las revistas españolas, la participación femenina en los ámbitos de gestión y conducción de las revistas ha aumentado; mientras que, en el caso uruguayo, ha ocurrido lo contrario. Importa mencionar que, en algunas de las revistas españolas en donde se ha alcanzado una participación importante de las mujeres e incluso la paridad de género en los órganos de gestión, esto ha sido el resultado de una política deliberada para fomentar la participación femenina.[6] 

Aportaciones de las mujeres a la historia y la historiografía económica

El segundo eje proponía intercambiar sobre las aportaciones de las mujeres a la historia y la historiografía económica. Aquí se remarcaron los siguientes aspectos. En las jornadas de investigación que organizan regularmente las asociaciones de historia económica, la mayoría de las autorías son de varones. Las autorías femeninas no superan el 30% del total de presentaciones. Las autorías mixtas son las más minoritarias. En cuanto a las revistas nacionales de historia económica, de los casos presentados (las revistas españolas y la revista uruguaya), los artículos de autoría femenina son un porcentaje minoritario, siendo la mayoría de los artículos de autoría masculina.

En cuanto a los temas en que trabajan las mujeres, según la información presentada en el Coloquio, las mujeres lo hacen en casi todos los tópicos de historia económica. Existen ciertas áreas de mayor especialización, que varían según los países: empresa, negocios, familia, historia rural e historia regional; mercado de trabajo, bienestar, niveles de vida, historia del siglo XX. En comparación con los varones, las mujeres tienden a concentrar más los temas de investigación, y en algunos casos, se encontró que cuando las mujeres trabajan con los varones (en autorías mixtas) los temas sobre los que trabajan son más diversos que cuando lo hacen solas.

Otro dato relevante fue la distribución por género de las tutorías de las tesis de posgrado en historia económica. La información presentada, aun cuando fue para un solo país, mostraba que había predominancia de tutores varones, y que los temas que tutorean las mujeres son más diversos que los varones.

Retos y desafíos

Finalmente, la última ronda de intervenciones tenía como objetivo intercambiar sobre retos y desafíos para fomentar la participación de mujeres en la historia económica.

Uno de los retos de partida es aumentar la visibilidad de la historia de las mujeres. La Jornada 2 del Coloquio tenía como objetivo, precisamente, dar difusión al rol de las mujeres como agente económico, e incluyó la presentación de cinco ponencias que son un claro ejemplo en este sentido. Otro aporte es el espacio virtual que creó el IIH de la UNAM “mujeres históricas”, con el objetivo de contribuir al estudio de la historia de las mujeres, visibilizando y facilitando el acceso a materiales escritos por mujeres y dedicados a los estudios de las mujeres. Sin dudas, para revertir la invisibilidad, la generación de información, de datos y de análisis, se torna imprescindible. Como lo planteó Andrea Lluch en su presentación, citando la publicación reciente de Criado (2020); “La falta de datos por género no implica solo silencio. Esos silencios, esta falta de datos tiene consecuencias”.

Al mismo tiempo, desde nuestro rol en las asociaciones y nuestro lugar en la academia, hay acciones diversas que se pueden emprender. En lo institucional, desde las asociaciones, se podría plantear la incorporación de políticas de género y/o buenas prácticas en materia de igualdad con el objetivo de: incentivar una mayor presencia de mujeres en los órganos de dirección de las asociaciones (Presidencias/Secretarías), en la composición de los órganos de gestión de las revistas académicas, en los comités académicos de los congresos nacionales e internacionales, así como en la participación de mujeres en las jornadas de investigación. En nuestra actividad académica, las acciones pueden apuntar a fomentar la presencia de mujeres en comités académicos, en comisiones evaluadoras, en tutorías de tesis de grado y posgrado, así como la promoción de mujeres en categorías laborales superiores. También, se planteó la necesidad de incentivar la incorporación de doctorandas y jóvenes investigadoras a la historia económica.

Fuente: Fleming (2017)

En síntesis

En las experiencias sobre historia económica presentadas en el Coloquio, las brechas de género aún siguen siendo grandes. En algunos ámbitos o dimensiones, las mujeres han aumentado su participación y parecería que, en los últimos años, los progresos han sido alentadores. En muchos casos, cabe recordar que los avances en materia de igualdad de oportunidades han sido fruto de acciones deliberadas para lograrlo, más que un proceso que ocurre por sí mismo.

La construcción de las disciplinas, en la mayoría de los casos, ha estado, y sigue estando, liderada por los varones (Schmidt, 2020). Tanto el diseño de las preguntas de investigación, las formas de abordar los problemas, la validación de los resultados, los diseños de los sistemas de promoción, como los reconocimientos académicos continúan siendo conducidos por varones. Por lo tanto, no solo se trata de actuar para cerrar las brechas, sino de potenciar las transformaciones que las mujeres pueden realizar en las ciencias sociales, una vez que participen, en igualdad que los varones, en los ámbitos de poder (Sawer et al., 2020).

Las reflexiones compartidas nos invitan a repasar nuestras actividades cotidianas en la academia, cómo se dan los procesos de decisión y las relaciones de poder. Si bien en los últimos 100 años se reconocen muchísimos progresos, aún nos queda mucho camino por recorrer.

En historia económica, como disciplina, nos falta conocimiento de cómo se da el proceso académico, que además de su diversidad, se ha ido transformado en el tiempo. Como académicos y académicas, tenemos el compromiso de aportar a los debates y generar reflexión para revertir las desigualdades de género que afectan en todos los ámbitos de la sociedad y son transversales a los distintos espacios en donde actuamos. El desafío es enorme, pero los pasos en esa dirección son claros y decididos.


1] El título hace alusión a una frase de la letra del tango “Volver” de Carlos Gardel que dice “que veinte años no es nada”.

[2] Parte de las reflexiones que aquí comparto son fruto del intercambio con Paola Azar, María Camou, Melissa Hernández y Silvana Maubrigades (integrantes de la Asociación Uruguaya de Historia Económica), en ocasión de preparar la presentación para el coloquio. Les agradezco mucho los aportes, aunque las opiniones de este Blog son de mi entera responsabilidad. 

[3] No dudo en destacar en este punto que el tema ha sido discutido en este Blog. Ver, por ejemplo, “Género y desigualdades durante las crisis ¿qué aporta una mirada de largo plazo?” y “Cambiar para participar. Transformaciones personales y sociales que expliquen la oferta de mano de obra de mujeres en América Latina desde 1950”, ambas elaboradas por Silvana Maubrigades, Profesora de la Universidad de la República, Uruguay, quien ha realizado importantes contribuciones sobre desarrollo, desigualdad y mercado de trabajo desde la perspectiva de género.

[4] Agradezco a Paola Azar, Profesora de la Universidad de la República (Uruguay), coordinadora del curso Economía y Género de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA), por compartir estas referencias y sus reflexiones.

[5] El evento completo se puede ver en el canal de Youtube del Instituto de Investigaciones Históricas y la UNAM en el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=A3RiKTwdgi0

[6] Por ejemplo, Historia Agraria: Revista de Agricultura e Historia Rural tiene una política de género; e Investigaciones en Historia Económica-Economic History Research ha adoptado, recientemente, las Buenas Prácticas Editoriales en Materia de Igualdad recomendadas por la FECYT.


Bibliografía

Bayer, Amanda y Rouse Cecilia Elena (2016) “Diversity in the economics profession: a new attack to an old problem”. Journal of Economic Perspectives, 30:221–242.

Criado Pérez, Caroline (2020). La mujer invisible. Descubre cómo los datos configuran un mundo hecho por y para los hombres. Seix Barral, España.

Fleming, Jacky (2017). El problema de las mujeres. Anagrama. Barcelona.

Haupert, Michael (2016) “The impact of cliometrics on economics and history”. Revue d’économie politique 2017/6 (Vol. 127): 1059-1081.

Sawer, Marian, Jenkins, Fiona, Downing, Karen (2020). How Gender Can Transform the Social Sciences Innovation and Impact. Palgrave Macmillan

Smith, Bonnie (2000). The Gender of History. Men, Women, and Historical Practice. Harvard University Press.