Consensos y disensos metodológicos sobre las comparaciones de los niveles de vida

Maximiliano Presa (Universidad de la República, Uruguay)

Carolina Román (Universidad de la República, Uruguay)

15 de setiembre de 2019

RESUMEN. Las mediciones sobre los niveles de vida constituyen parte de una nutrida y activa agenda de investigación en historia económica, con una larga trayectoria, pero con mucho camino por recorrer. En particular, para las comparaciones internacionales de salarios, la agenda resulta en mejorar nuestro conocimiento sobre la historia del consumo de las sociedades. En esta entrada introduciremos avances presentados en el Simposio Nº 19 del sexto Congreso Latinoamericano de Historia Económica y el trabajo que actualmente estamos llevando a cabo sobre la estimación del consumo de ciertos alimentos de la canasta de consumo uruguaya durante el siglo XX.

Algunas líneas sobre el debate

Las comparaciones de los niveles de vida entre países constituyen una agenda de investigación con larga trayectoria en la historia económica. A nivel empírico, surgen dos grandes preguntas: ¿qué comparar? y ¿cómo comparar? Estas interrogantes enfrentan desafíos metodológicos que, para períodos pre-estadísticos, adquieren particularidades específicas. Muchas veces sucede que las fuentes de información disponibles, más allá de que suelen ser escasas, poco sistemáticas o difíciles de comparar internacionalmente, no fueron diseñadas para responder estas preguntas.

Las respuestas a la primera de estas interrogantes incluyen un abanico cada vez más amplio de dimensiones: el ingreso –el producto interno bruto per cápita y los salarios–, indicadores biológicos –nutricionales, alturas– u otras más comprensivas como el desarrollo humano –como propuesta compuesta que aspira a incluir variables como ingreso, educación, salud, distribución del ingreso, género (ver, por ejemplo, el trabajo de Escudero, 2002, con una presentación más exhaustiva). Entre todas estas variables, nos concentraremos en los salarios, ya que existe una larga tradición de los estudios que la utilizan para evaluar diferencias de niveles de vida entre países (Scholliers, 1996). La comparación internacional de los salarios implica resolver dos dilemas. Por un lado, decidir qué tipo de salario debe considerarse como referencia. Por otro lado, debe resolverse cómo medir el poder adquisitivo de dicho salario de tal forma que permita controlar por diferencias en los niveles de precios entre países y, también, a lo largo del tiempo.

Estas cuestiones, algunas más teóricas y otras más metodológicas, fueron parte de los temas presentes en el Simposio 19: Precios, ingreso y niveles de vida: problemas metodológicos en la agenda global, siglos XVI-XX, organizado por María Inés Moraes (Universidad de la República, Uruguay), Daniel Santilli (Instituto Ravignani, Universidad de Buenos Aires-CONICET, Argentina) y Julio Djenderedjian (Instituto Ravignani, Universidad de Buenos Aires-CONICET, Argentina), en el marco del 6to Congreso Latinoamericano de Historia Económica celebrado en la Universidad de Santiago de Chile, Santiago (Chile) entre el 23 y el 25 de julio de este año. Este simposio nucleó a investigadores de América Latina y España, cuyas preguntas y problemas de investigación suelen tender puentes entre ciudades, países, continentes y etapas históricas. Se presentaron investigaciones sobre salarios, costo de vida, precios, consumo, riqueza y distribución, cubriendo distintos periodos y etapas históricas –la industrialización sustitutiva de importaciones, fines del XIX, siglo XX, principios del XIX, mediados del XIX, siglo XVIII– y distintos ámbitos geográficos a nivel de ciudades –Mendoza, Ciudad de México, Puebla, Buenos Aires, Montevideo–, a nivel de países –Chile, Uruguay, España– y a nivel de algunos ámbitos urbanos y/o del mundo rural. Así, se generó un fluido intercambio en donde las sugerencias se cruzaban de una a otra ciudad y atravesaban la historia.

Uno de los denominadores comunes fue el desafío de medir una canasta básica y representativa de consumo que permitiera, o bien deflactar salarios, o bien construir indicadores de paridad de poder adquisitivo, o bien construir una canasta de subsistencia o respetable (para calcular los welfare ratios siguiendo a Allen, 2001, y Allen et al., 2015). Cualquiera sea la estrategia empírica elegida, uno de los tantos problemas a resolver es definir qué bienes debemos incorporar en la canasta, y, una vez definido un criterio para la selección de los productos, estimar sus cantidades y precios.

Este tipo de preguntas son transversales a las investigaciones que tengan como objeto estudiar y comparar niveles de vida entre ciudades y/o países. Entre los rubros más importantes de las canastas de consumo de un hogar se encuentran los gastos destinados a la alimentación, esencial para la supervivencia, el desarrollo y el bienestar de los seres humanos, y que, además, suele constituir el destino de la mayor parte del presupuesto de los hogares (otros gastos constituyen la vivienda, la vestimenta, la energía, y un rubro residual que suele incluir servicios, como el transporte, educación, salud, recreación, etc.).

Al comparar ciudades o países con diferencias en niveles de ingreso y su distribución, composición familiar, precios y preferencias, definir una canasta de alimentos que permita la comparabilidad resulta un tanto complejo. Aquí entran varias dimensiones a considerar, como la composición –tipo, calidad y cantidad de alimentos– y los precios (la ponencia de Djenderedjian, 2019, ilustra de estas problemáticas con el pan y la carne). Asimismo, una pregunta adicional es: ¿cuántas calorías debe tener la canasta? Aquí hay varias discusiones: por ejemplo, Humphries (2013) ha cuestionado la canasta de subsistencia de Allen (2001) porque subestima la necesidad de calorías que requiere una mujer y los niños. Este debate se conecta con la discusión sobre la composición de los hogares, para lo cual es posible realizar ajustes que contemplen cambios demográficos y variaciones en los integrantes del hogar (ver Schneider, 2013).

La ausencia de encuestas de gasto de los hogares o de presupuestos familiares –en general, en América Latina, estos instrumentos se comienzan a aplicar en la segunda mitad del siglo XX– que nos permitan conocer las pautas de consumo de la población, nos deja un vacío importante para abordar algunas de las dimensiones señaladas anteriormente. Así, existen distintas estrategias que podemos resumir en dos: enfocarnos en el consumo de algunos segmentos de la población –por ejemplo, la clase obrera–, o calcular el consumo agregado de alimentos por persona. Esta doble perspectiva, microeconómica y macroeconómica, se presenta como dos vías complementarias para contribuir a la historia de la alimentación en los países de América Latina.

En esta entrada al Blog, vamos a concentrarnos en la segunda perspectiva, esto es, en el cálculo del consumo agregado de alimentos por persona y lo vamos a ilustrar con los avances realizados en el caso uruguayo en el cual estamos trabajando (Presa y Román, 2019).

Una ilustración con el caso uruguayo

Un método utilizado para estimar series de alimentos se asemeja al del flujo de mercancías (commodity flow approach), aunque guarda también grandes similitudes con el procedimiento propuesto por FAO para estimar las hojas de balance de alimentos. El método del flujo de mercancías consiste en calcular el consumo (“aparente”) de un bien o servicio a partir del valor de producción del mismo, restando su uso como insumo, las cantidades exportadas y sumando las importadas. El principal antecedente encontrado en la bibliografía es la estimación de las cuentas históricas de Gran Bretaña realizada por Feinstein (1972), aunque este enfoque ya se había utilizado para ese país en las obras de Jeffrey y Walters (1955) y Deane (1968). Una aplicación más reciente es la de Prados de la Escosura (2003) para España, y también encontramos este método aplicado a las cuentas históricas de consumo holandesas en Smits, Horlings y Van Zanden (1999). Por ejemplo, para el caso de España, Prados de la Escosura (2003), en sus estimaciones de las Cuentas Nacionales Históricas españolas, se basa en los datos obtenidos en las estimaciones del PIB por el lado de la producción junto a una estructura de usos y recursos brindada por una Matriz de Insumo – Producto (MIP) que actúa de benchmark. A partir de esta MIP, se pueden “depurar” las series de producción de los distintos alimentos encontrando la cantidad que fue destinada al consumo final de las familias en cada año. Claramente, cuantas más estructuras de usos y recursos se tengan, mejor será la estimación dado que se utilizarán menos supuestos sobre la estructura vigente en cada momento.

Para el caso de Uruguay, hemos estimado series de consumo aparente de los principales alimentos de la canasta de consumo uruguaya entre 1900 y 1970. Partiendo de relevamientos a clases trabajadoras y las primeras encuestas de consumo, identificamos que los siguientes alimentos mantienen, a grandes rasgos, su importancia a lo largo del período estudiado: carne vacuna y ovina, harina de trigo y panificados, leche y sus derivados y papas y boniatos.

Lechero Artigas

Vendedor de Leche en la ciudad de Rivera, Uruguay, en la década de 1960.  Fuente: https://www.bibna.gub.uy/ Creative Commons 2.0

En Uruguay, la primera MIP se estimó para el año 1961. A medida que fuimos avanzando en nuestras estimaciones de las series por producto surgió, de las fuentes consultadas sobre las cifras de producción y sobre las canastas de consumo, la idea de que mantener la estructura de 1961 podía desembocar en resultados no muy confiables. Por lo tanto, el método utilizado fue dejando paulatinamente el abordaje más vinculado a la Contabilidad Nacional para pasar al método de estimación de las Hojas de Balances de Alimentos propuesto por FAO (2001). Este método es mucho más intensivo en el uso de coeficientes particulares de cada tipo de alimento, por lo que, si bien es más demandante en información –y, ante la falta de la misma, también de supuestos– permite obtener estimaciones más precisas y más informativas acerca de los cambios en los niveles de vida. Para realizar las estimaciones apelamos, entonces, a fuentes primarias y secundarias sobre datos de producción, disponibilidad total, y su distribución entre los distintos usos posibles, así como a estudios sectoriales y consultas a expertos para indagar esos posibles usos. En una próxima entrada al Blog presentaremos las estimaciones y los resultados encontrados.

Esta perspectiva propuesta nos da una idea agregada de la evolución y los cambios en el consumo de los principales alimentos, pero no nos dice nada sobre la distribución de ese consumo entre los distintos segmentos de la población, sea por clases, áreas geográficas u otras dimensiones. No obstante, es factible de complementar con información más cercana al consumo de algunos segmentos de la población –como las clases trabajadoras–, encuestas de nutrición o estudios cualitativos que nos permitan ir completando la imagen del patrón alimenticio de la población uruguaya durante las primeras décadas del siglo XX. Este tipo de ejercicios resulta factible de replicar metodológicamente porque las fuentes que se requieren –estadísticas de producción agropecuaria y de comercio exterior– suelen estar disponibles en nuestros países para etapas pre-estadísticas. Así, se propone como una alternativa a complementar con otros enfoques. Esto forma parte de una agenda de investigación por la cual estamos avanzando y en la cual la colaboración entre investigadores de distintas latitudes constituye un aspecto fundamental.

Referencias

Allen, R.C. (2001) “The great divergence in European wages and prices from the middle ages to the First World War,” Explorations in Economic History, 38 (41), 1-447.

Allen, R., Murphy, T., and Schneider, E (2015) “Una de cal y otra de arena: building comparable real wages in a global perspective,” Revista de Historia Económica – Journal of Iberian and Latin American Economic History, 3 (1).

Deane, P. (1968) “New estimates of Gross National Product for the United Kingdom 1830-1914”. The Review of Income and Wealth, 14(2), 95-112.

Djenderedjian, J. (2019) “Problemas de conversión metrológica y monetaria en los estudios sobre nivel de vida del pasado río platense en los siglos XVIII-XIX. Algunas reflexiones sobre su magnitud, características y posibilidades de solución”, 6to Congreso Latinoamericano de Historia Económica, 23-25 de Julio, Santiago de Chile.

Escudero, A. (2002) Volviendo a un viejo debate: el nivel de vida de la clase obrera británica durante la Revolución Industrial. Revista de Historia Industrial, (21), 13-60.

Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO) (2001) Food balance sheets: a handbook, Rome: FAO.

Feinstein, C. H. (1972) National income, expenditure and output of the United Kingdom 1855-1965 (Vol. 6). Cambridge: Cambridge University Press.

Humphries, J. (2013) “The lure of aggregates and the pitfalls of the patriarchal perspective: a critique of the high wage economy interpretation of the British industrial revolution”. The Economic History Review66(3), 693-714.

Jeffreys, J. B., and Walters, D. (1955) “National Income and Expenditure of the United Kingdom, 1870-1952”. Income and Wealth Vol. 5, Issue 1, December, 1-40.

Prados de la Escosura, L. (2003) El progreso económico de España (1850 – 2000). Bilbao: Fundación BBVA.

Presa, M. y Román, C. (2019) “Evolución del consumo de alimentos en Uruguay (1900-1960s). Una aproximación desde el enfoque de flujos de mercancías”, 6to Congreso Latinoamericano de Historia Económica, 23-25 de Julio, Santiago de Chile.

Scholliers, P. (1996) “Real wages and the standard of living in the nineteenth and early-twentieth centuries. Some theoretical and methodological elucidations”. VSWG: Vierteljahrschrift für Sozial-und Wirtschaftsgeschichte83(H. 3), 307-333.

Schneider, E. B. (2013) “Real wages and the family: Adjusting real wages to changing demography in pre-modern England”. Explorations in Economic History50 (1), 99-115

Smits, J.-P., Horlings, E., and Zanden, J. L. van. (2000) Dutch GNP and its components, 1800-1913. s.n.

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