Una “herencia colonial” no tan mala: salarios, estaturas y desigualdad en la América española a fines del período virreinal

Rafael Dobado (Universidad Complutense de Madrid), 23 de abril de 2013.

Goza de amplia aceptación la idea de que el lento crecimiento y la gran desigualdad han sido los dos principales problemas del desarrollo económico de Hispanoamérica durante los siglos XIX y XX. También es popular la idea de que ambos problemas constituyen una parte esencial de la herencia colonial española. Esa supuesta herencia colonial es frecuentemente señalada tanto en la prensa popular como en libros y artículos especializados o declaraciones políticas- como una maldición sobre la historia económica, y no sólo, de esa parte del mundo. Sin embargo, sorprendentemente, el fundamento cuantitativo de esa interpretación es más bien limitado, por no decir inexistente, al menos en algunas de sus versiones menos ilustradas. A este respecto, mientras que abundan los supuestos, escasean los datos numéricos. Por esta razón, algunas preguntas relevantes necesitan respuestas bien fundadas cuantitativamente: ¿cómo eran realmente los niveles de vida durante el período virreinal? ¿era la desigualdad tan grande como se suele dar por descontado?     

En 2004-2008, el crecimiento económico en Iberoamérica alcanzó tasas que era desconocidas desde la década de 1970. La recuperación de la crisis internacional ha sido inusualmente rápida y sólida. El crecimiento reaparece en 2010-2012. La reducción reciente de la pobreza ha sido substancial, pues ha permitido que, entre 1990 y 2010, su incidencia se haya reducido desde casi un 50% a menos del 33%. El retroceso de la indigencia ha sido aun mayor.

         La desigualdad también ha disminuido. Después de crecer durante la década de 1990, su evolución posterior contrasta con la de la mayor parte de los BRICS: en doce de diecisiete casos, la reducción media anual del coeficiente de Gini entre 2000 y 2007 ha sido del 1,1 puntos porcentuales se ha reducido (López-Calva and Lustig, 2010).

         Durante los años de crecimiento lento y desigualdad en aumento, la “herencia colonial” era el malo de la película. Sigue siéndolo en los de crecimiento rápido y mayor igualdad.

         En su versión más influyente, la “herencia colonial” consistiría en instituciones ineficientes, extractivas o jerárquicas que inhibían el crecimiento y promovían la desigualdad tanto antes como después de la independencia (North, 1990; Engerman and Sokoloff, 1997, 2002, 2005; North et al., 2000; Acemoglu et al., 2002; Coatsworth, 2006).

         Sin embargo, pese a su popularidad, la evidencia empírica en apoyo de esta visión de la “herencia colonial” es escasa o inexistente. Por ello, resulta interesante el estudio de los niveles de vida (económicos y biológicos) en la América de fines del período virreinal desde una perspectiva internacional comparada. Esta investigación, en contraposición a los supuestos, que no conclusiones, habituales, muestra que: a) ni los salarios eran tan bajos ni las estaturas tan cortas como muchos esperarían (Dobado y Garcia, 2009, 2012); y b) la desigualdad era también más baja que la que no pocos atribuirían a priori (Dobado y Garcia, 2010).

Entre 1800 y 1820, los trabajadores no cualificados de diversos sectores productivos y lugares de la América española disfrutaban de niveles de vida medios o altos, si se miden por la capacidad de compra de los salarios en términos de grano, carne y azúcar. Eran más altos que en muchas partes del mundo, incluyendo Asia y algunos países europeos, pero no, coincidiendo en ello con Allen et al. (2012), que en los EEUU. También se observan, al igual que apuntan Arroyo et al. (2012), diferencias de alguna importancia entre unos y otros virreinatos y actividades económicas.

Gráfico 1: Salarios en grano, carne y azúcar (kilos por día) hacia 1800.

Legenda: (1) urbano; (2) rural; (3) no especificado; (4) “tierras bajas”; (5) “tierras altas”; (6) minería. Fuente y método: Véase Dobado y García, 2012.

Legenda: (1) urbano; (2) rural; (3) no especificado; (4) “tierras bajas”; (5) “tierras altas”; (6) minería.
Fuente y método: Véase Dobado y García, 2012.

         Si atendemos a los niveles de vida biológicos, resulta que, en las décadas centrales del siglo XVIII, las estaturas en algunas regiones novohispanas y venezolanas –por no mencionar la rioplatense- eran similares a las europeas. Los varones de la Nueva España suroriental eran claramente más bajos, pero no tanto como para que no se encuentren estaturas semejantes en partes de Europa por entonces y más tarde. Al igual que en los EEUU o Gran Bretaña existías diferencia sociales en las estaturas. Sin embargo, estas no parecen ser mayores que en estos dos países y tendieron a decrecer entre las décadas de 1730 o 1740 y la de 1760.

         La comparación internacional de salarios reales y estaturas contrasta con la imagen resultante de las estimaciones de producto per capita disponibles para fines del período virreinal (Coatsworth, 2008; Maddison, 2009). Las diferencias de producto exceden a las de niveles de vida. Incluso si Dobado y García sobrevalúan en alguna medida los niveles de vida, la falta de correspondencia entre el primero y los segundos deberían ser explicadas. Es probable que la causa, como se sostiene en Dobado y García (2009) y apuntan posteriormente Arroyo et al (2012), se deba a la necesidad de revisar al alza las estimaciones del producto, al menos para algunos territorios americanos (por ejemplo, particularmente, Nueva España).

         Limitada y mejorable como es, estos nuevos datos sobre salarios reales y estaturas suponen un reto para algunas ideas convencionales acerca de los efectos económicos de largo plazo de la “herencia colonial”. La persistencia secular de una desigualdad intensa no resulta confirmada por la exploración preliminar de la desigualdad internacional comparada hacia 1820 basada en el “Índice de Williamson”.

Gráfico 2: Ratios del PIB per capita en 1820 a los salarios en grano en 1800-1820.

Fuente y método: Véase Dobado y García, 2010.

Fuente y método: Véase Dobado y García, 2010.

         Curiosamente, algunos países de la América española resultarían antes poco desiguales que lo contario. Por su parte, ni Coatworth (2008) ni Williamson (2009) encuentran nada excepcional en la desigualdad durante el período virreinal.

         Si la imagen revisionista de los niveles de vida y la desigualdad no es refutada por nuevas investigaciones bien fundamentadas cuantitativamente, surge una pregunta. ¿Hasta que punto es compatible esta imagen con la del neoinstitucionalismo? Ciertamente, junto a la esclavitud, otras instituciones extractivas (mita, encomienda, repartimientos, etc.) y desiguales existieron, como habían existido en el período prehispánico. No obstante, ni fueron ubicuas ni permanentes. Muy al contrario, tendieron a ser substituidas total o parcialmente en casi todas las actividades productivas por un mercado de trabajo asalariado que no dejo de crecer desde comienzos del siglos XVI y que antes no existía en América. Circa 1800, las instituciones extractivas distaban de ser mayoritarias o incluso más comunes que el trabajo asalariado. Un ejemplo de ello lo constituye la minería andina, ese supuesto epítome de la extracción colonial. Por otra parte, algunas de esas instituciones que perduraron frecuentemente combinaban salarios –no siempre bajos- con compulsión (por ejemplo, en Potosí). Es más, ya a fines del siglo XVI, “private labor markets” se habían convertido en “the principal mechanism to allocate indigenous labor to Spanish enterprise” (Coatsworth, 2006, p. 264). Se olvida muy frecuentemente que “instituciones de propiedad privada”, tales como los mercados de factores (tierra, trabajo y capital), sólo hicieron su aparición tras la Conquista.

         En cualquier caso, las instituciones tardovirreinales podrían ser  relativamente ineficientes si se comparan con las otras areas más desarrolladas  del mundo (North, 1990; Coatsworth, 2006). Ello no impidió  que partes de la América española experimentasen un crecimiento económico genuino en el siglo XVIII.  Una alta ratio tierra/trabajo y políticas más favorables a la especialización y la integración de los mercados podrían explicar simultáneamente los altos niveles de vida y el crecimiento económico –aunque lento, como era la norma internacional por entonces-  de algunos territorios antes de la independencia.

         Las implicaciones para el debate sobre la Gran Divergencia podrían no carecer de interés. Si, a comienzos del siglo XIX, los niveles de vida eran semejantes a los de algunos países occidentales, o incluso mejores, por no mencionar a Asia, éste dejó claramente de ser el caso entre 1820 y 1870. Así, la pregunta acerca de cuándo ocurrió la Gran Divergencia con el Oeste podría ser respondida con algo de certeza: no en el período virreinal sino después.

         En resumen, los duraderos problemas económicos de Iberoamérica –algunos de los cuales, afortunadamente, parecen estar aliviándose- podrían no estar tan profundamente enraizados en el período virreinal como muchos economistas e historiadores económicos, así como políticos y gente corriente, tienden a pensar. Necesitamos mucha más investigación cuantitativa sobre la Edad Moderna. Al mismo tiempo, en su búsqueda de explicaciones, quienes se preocupan por la suerte de esos 175 millones de seres humanos que viven todavía en la pobreza en esa parte del mundo y por la elevada desigualdad de la distribución de la renta (un Gini de 0,5 hacia 2010) deberían disminuir un tanto la “culpabilidad” atribuida al período virreinal y examinar más detenidamente la que corresponde a momentos posteriores de la historia. Que la segunda es un resultado estricto y exclusivo de la primera, sea cual sea, es algo a demostrar, no a dar por sentado.

 BIBLIOGRAFÍA

ACEMOGLU, D.; JOHNSON, S., and ROBINSON, J. (2002), “Reversal of Fortune: Geography and Institutions in the Making of the Modern World Income Distribution”, Quarterly Journal of Economics, 117, pp. 1231-1294.

ALLEN, R. C., MURPHY; T. E. Y SCHNEIDER, E. B. (2012), “The Colonial Origins of the Divergence in the Americas: A Labor Market Approach”, The Journal of Economic History, 72, 4, pp. 863-894.

ARROYO, L., DAVIES, A. y Van Zanden, J. L. (2012), “Between conquest and independence: Real wages and demographic change in Spanish America, 1530-1820”, Explorations in Economic History, 49, pp. 149-166.

COATSWORTH, J. H. (2006) “Political Economy and Economic Organization”, BULMER-THOMAS, COATSWORTH and CORTÉS (eds.), The Cambridge Economic History of Latin America, vol. I, Cambridge University Press, pp. 237-273.

— (2008), “Inequality, Institutions and Economic Growth in Latin America”, Journal of Latin American Studies, 40, pp. 545–569.

DOBADO, G. y GARCÍA, H. (2009), “Neither so low nor so short! Wages and Heights in Eighteenth and Early Nineteenth Centuries Colonial Latin America”, paper presented at the Mini-Conference A Comparative Approach to Inequality and Development: Latin America and Europe, Madrid.

— (2010), “Colonial Origins of Inequality in Spanish America? Some reflections based on new empirical evidence”, Revista de Historia Económica. Journal of Iberian and Latin American Economic History, 28, Special Issue 2, pp. 253 -277. (http://mpra.ub.uni-muenchen.de/28738/1/MPRA_paper_28738.pdf).

— (2012) Neither So Low Nor So Short: Wages and Heights in Bourbon Spanish America from an International Comparative Perspective, EHES, Working Paper in Economic History, No. 14., February.

ENGERMAN, S. L., y SOKOLOFF, K. L. (1994), “Factor Endowments: Institutions, and Differential Paths of Growth Among New World Economies: A View from Economic Historians of the United States”, HABER, S. (ed.) How Latin America Fell Behind, Stanford University Press.

— (2002), “Factor Endowments, Inequality, and Paths of Development Among New World Economies”, NBER Working Paper no. w9259.

— (2005), “Colonialism, Inequality, and Long-Run Paths of Development”, NBER Working Paper no. w11057.

LÓPEZ-CALVA, l. y LUSTIG, N. (2010), “Declining Latin American inequality: Market forces or state action? VOX, http://www.voxeu.org/index.php?q=node/5148.

MADDISON, A. (2009), Statistics on World Population, GDP and Per Capita GDP, 1-2006 AD, (http://www.ggdc.net/maddison/).

NORTH, D. C. (1990), Institutions, Institutional Change, and Economic Performance, Cambridge University Press, etc.

WILLIAMSON, J: G. (2009), “Five Centuries of Latin American Inequality”.

13 thoughts on “Una “herencia colonial” no tan mala: salarios, estaturas y desigualdad en la América española a fines del período virreinal

  1. La desigualdad reducida que citan para AL entre 1990-2010 con base en Lustig en realidad muestra que las brechas salariales se han acortado pero a la baja, en el caso de México es evidente, esto es los ingresos de ls pudientes y clases medias se han deprimido en comparación con las clases trabajadoras. La pobreza relativa en México aumentó en los ultimos 12 años a niveles alarmantes. En cuanto a salarios reales, cuidado porque para el periodo virreinal la trampa de las estaturas es un sesgo notable que esconde las pautas de consumo de la población indígena y de castas y mestizos y españoles trabajadores en comunidades y pueblos. Los reclutados en las milicias tenían privilegios de ingresos no monetarios para consumo que bien pueden alterar todo el razonamiento. La propuesta de nuestro equipo de trabajo es calcular las canastas de consumo históricas para cada periodo de análisis para calcular niveles de vida en función de un índice de poder adquisitivo de la moneda corriente de plata en el mercado regional y estimar los ingresos no monetarios derivados de la producción indígena comunal, etc.

    • Estimado Beto,
      Gracias por el comentario.
      He buscado en la red alguna publicación del equipo de trabajo que menciona, pero no lo he logrado.
      ¿Sería tan amable de darme la referencia? Tengo interés en ver lo que hacen.
      Gracias por adelantado.
      Un cordial saludo,
      Rafael Dobado

      • Estamos en elaboración de varios papers y un proyecto sobre el tema… Uno de mis colegas que trabaja desigualdad y pobreza para Mèxico y 9 paìses de AL, exalumno de Nora Lustig coordinò un libro editado por la red AUSJAL con sede en la Universidad Iberoamericana de Puebla, Mèxico Reyes Hernández, MIguel (coord.) Anàlisis de la arquitectura de las heterogeneidades sociales, los riesgos sociales y las politicas publicas (aplicadas en 9 paìses de Amèrica Latina), Informe Latinoamericano de Pobreza 2010, AUSJAL/Konrad Adenauer Stiftung, México. 2011. Revisa el capitulo de Mexico y verás que lo que afirma Lustig es muy relativo y poco sostenible. Este capìtulo es la base metodologica de todo lo que estamos haciendo ahora….estudio histórico de canastas de consumo por etapas, donde los indices de incidencia del poder de paridad de compra del “salario” de los trabajadores en la disminución o no de la desigualdad se tendrán que calcular por etapas evolutivas de las pautas de consumo histórico de la población. EStamos iniciando el proyecto pero ya hay papers que empezarán a salir. En Agosto llevaremos algo al Colegio de México dentro de las Segundas Jornadas de Historia Económica. Un abrazo.

  2. Latinoamérica en general y algunos países o regiones más en lo particular, tiene una larga historia victimista y culpabilizante que no se sostiene y que le hace mucho daño en primera instancia a ellos mismos. España se recuperó de la debacle económica franquista, de un Estado paupérrimo en tan sólo 20 años y estaba mucho peor que la mayoría de ls países latinoiamericanos hoy. Menos cuento y más acción a responsabilizarse por sí mismos.

    • Gracias, Luis, por el comentario.
      Cuando yo era pequeño, el discurso del franquismo achacaba los males de la España pre-industrial y pre-democrática a la conjura judeo-masónica-comunista internacional. Curiosamente, nunca llegó a culpar al Imperio Romano o a los invasores musulmanes.
      Es una vieja y fútil costumbre echar las culpas a otros, pero, por desgracia, sigue colando. Por lo que a Hispanoamérica toca, díganselo, si no, a unos cuantos dirigentes políticos contemporáneos.
      Saludos,
      Rafael Dobado

      • Gracias por la respuesta, Rafael. Efectivamente, y esa costumbre, que cuela y mucho, es perfecta para justificar atrasos y cualesquiera ausencias de proyectos. En España, conquistada al menos 5 veces, no se le echa la culpa al hecho de haber sido conquistados para justificar los problemas actuales. Será muy provechoso que Latinoamérica haga lo propio, porque ese discursito no da para mucho, y eso que son independientes desde hace más tiempo que España…

        Saludos,

        Luis Estrada

  3. Bueno, no concuerdo con la existencia de ese “discurcito” en América Latina. Si miramos en el debate sobre la herencia colonial, los investigadores que estàn siendo citados, incluso en el trabajo de Rafa, provienen principalmente de la academia estadounidense. No sé quién, y aqui Rafa nos puede iluminar, fue el ùltimo investigador latinoamericano que en la época moderna siguiò responsabilizando a la herencia colonial por nuestras desgracias econòmicas. Sobre los polìticos no hablo puesto que polìticos burros abundan en todas partes. Tampoco creo que el caso de las conquistas Espanolas sea un buen paralelismo. Ninguna de las mismas tuvo el mismo impacto que el que se tuvo en AL, ni social, ni demogràfico, ni comercial…(ojo, ni para bien ni para mal). Se me harìa impensable que en Espana se empezara a culpar al imperio romano cuando tienen a Francia y a Inglaterra de vecinos. Ahora bien, el tema sobre el costo del colonialismo espanol (en contraste con otros) ya lo trataba – y zanjaba, por su inutilidad- Jorge Ibargüengoitia en 1969!!! Hoy en dìa es una discusiòn casual casi inexistente. Aqui les dejo el link al texto (de Jorge), que tiene una frase asi como… “Ahora bien, los proponentes de estas dos teorías contradictorias están, por lo general, de acuerdo en que si ser colonia española fue malo, haberlo sido inglesa hubiera sido peor…”: http://fulanovida.blogspot.ch/2010/08/reflexiones-sobre-la-colonia.html
    Saludos!
    Juan Flores

    • Querido Huitzi,
      Permíteme empezar felicitándote por mencionar a un escritor de la talla de Ibargüengoitia. Creo de debería leérsele más. Aunque no estoy seguro de estar de acuerdo con su afirmación. Creo que un balance del tipo que él hace requiere un ejercicio contrafactual hipercomplejo, que dudo pueda hacerse con el rigor necesario. De hecho, para mí, el contrafactual interesante, y no menos difícil de llevar a cabo satisfactoriamente, es otro: estaría mejor económicamente América, en, digamos,.1800, de no haber sido “descubierta” y seguir en el aislamiento secular en que se encontraba en 1492. Mi intuición es que no, pero ello nos llevaría a hablar de la “herencia pre-colonial”, algo que nunca está presente -los neoinsticionalistas, casi se aproximan a ello, pero sin abandonar la corrección política- en los debates acerca del desarrollo en América. Como tampoco la geografía o la fragmentación etno-lingüística.
      Es cierto que quienes han renovado en los últimos tiempos el discurso acerca de la “herencia colonial” son académicos gringos, pero como señalan Bértola y Ocampo (2010), éstos retoman cuestiones planteadas antes por los estructuralistas. Bértola y Ocampo (2010) constituyen un buen ejemplo de autores contemporáneos que parecen no encontrar nada, o, siendo algo generoso, sólo muy poco, en la “herencia colonial”. Por otra parte, se ha convertido en un lugar común en los trabajos sobre el desarrollo económico en Iberoamérica, por gringos, ciertamente, pero no sólo por ellos, comenzar con la “herencia colonial” citando a Engerman y Sokoloff y a Acemoglu, Johnson y Robinson. Los ejemplos abundan. En esto, Bértola y Ocampo (2010) constituyen, hasta cierto punto, una excepción.
      La validez del paralelismo con las invasiones de España por otros pueblos no es tan traída por los pelos como tú piensas, pero demostrar esta proposición me llevaría un espacio del que no dispongo en este formato.
      Que el discursito existe, especialmente, entre algunos políticos y muchos sitios web, es evidente. Son a éstos, más que a los académicos, a los que me refería, lo que probablemente no quedaba claro en mi breve entrada al blog. Para muestra un par de botones: el gobierno argentino acaba de sustituir la estatua de Colón por la de Juana Uzurduy, con gran cabreo de los representantes de algunas asociaciones de descendientes de… italianos; rastréese la web para ver los comentarios sobre la “deuda” de España con América y otros disparates, muchos de ellos por parte de docentes.
      Saludos afectuosos,
      Rafael Dobado González

      • Totalmente de acuerdo, Rafael. Si en España alguien, político, historiador o cualquiera de la sociedad civil, dijera que la crisis de hoy se debe a la invasión y saqueos napoleónicos, sería el hazme reir de todo mundo. En latinoamérica ese discurso está muy presente en la sociedad, en los políticos y no me refería al pequeño círculo de los historiadores, que sí, ya hay los que han dejado atrás el victimismo, pero aun en ese medio sigue habiendo muchos que siguen en lo mismo. Efectivamente, internet es una buena muestra de ello, véase por ejemplo el discurso que a últimas fechas le han adjudicado a Evo Morales, y que jamás ha pronunciado, un compendio victimista. Tampoco estoy de acuerdo conque no se pueda hacer un paralelismo con las conquistas de la península ibérica, o de tantos otros sitios en Europa. Justamente da cuenta de tiempos de desarrollo, de procesos similares. Hay muchos temas que en latinoamérica ni siquiera se tratan. Se prefiere tener una caricatura histórica, un largo maniqueísmo, que alguna cercanía con la realidad, véase tan sólo cómo es el acercamiento mexicano a la fugura de Cortés, por ejemplo, de quien se han quitado las últimas estatuas, o las han pintado de rojo, incluso llegan a hacerlo en España, con absoluto desconocimiento del personaje y de la historia del país. Prefieren incluso remplazar sus estatuas por las de Cuauhtemoc -dicho sea de paso, un “heroe” muy fabricado, que traicionó a su pueblo llamándoles a la lucha pero huyendo él mismo- en lugar de que haya una sana revisión histórica. Los 200 años de independencia latinoamericana han sido también -y merece una gran vergüenza- algunos de los peores para los indígenas de la región. ¿A quién van a culpar de ello…? ¿También a la conquista? Es un cuento de irresponsabilidad ad infinitum. Alemania ha perdido dos guerras mundiales, Inglaterra fue devastada en la SGM, España fue destruida por una guerra civil y un régimen dictatorial que se llevaron entre ambos y las dictaduras precedentes, casi todo el siglo XX, y nada de ello ha sido razón para impedir el gran avance actual de todos esos países.

        A propósito de la “herencia colonial” y de Cortés, su gobierno representó una clara mejoría en términos de derechos para la población indígena en relación con los gobiernos aztecas precedentes y también con los virreinatos inmediatos sucesores.

        Saludos

  4. Siento discrepar una vez más. Cuando el modelo económico no funciona o cuando los problemas socioeconómicos afloran, es muy común, y es lo que vemos a nivel histórico, que políticos o grupos de presión encuentren y senalen a culpables internos o externos que no tienen que ver, en absoluto, con los males que afecten un país. En el caso de Espana, pues no será Napoleón o Julio Cesar, pero con la crisis actual son Angela Merkel, el FMI, la Unión Europea e incluso la nacionalizadora Cristina quienes son las senalados como culpables. Qué es particular o diferente para América Latina? Justamente, que en los países con mayores tensiones sociales o económicas emerjan con mayor fuerza los culpables externos, sean Espana, Estados Unidos, o incluso Chile (en el caso de Bolivia) no es de extranar, y tampoco hay que darle demasiado relevancia al asunto. El Internet y otros medios ni son generalizables, ni representativos y muchas veces ni siquiera serios. Existen foros por ejemplo que defienden que Michael Jackson sigue vivo. Por la cuestión de los paralelismos, pues justamente, ni son los mismos procesos, ni el concepto de desarrollo es el mismo, ni creo que en Latinoamérica (si queremos insistir en tratar al subcontinente como una entidad única, que tampoco creo sea lo más pertinente) haya temas tabúes, sobretodo en la mayor parte de los círculos académicos. Ahora bien, dicho esto, he animado a Rafael para escribir una entrada al respecto -me intriga el tema de los contrafactuales, por ejemplo-, pues me parece una idea original, interesante, que estoy dispuesto a leer y en dado caso debatir. Por las estátuas de Cortés y el tema de revalorizar el legado precolonial tampoco le veo demasiada relevancia, es algo que no tengo espacio para comentar. Pero sabamoes que dichos actos son y han sido desde tiempos de la independencia parte del proceso de formación de los Estados nación de muchos países de AL. No sé, por otro lado, qué criterio estén tomando para alabar el gobierno de Cortés. Si hablamos de los unos cuantos sobrevivientes de las guerras de conquista (los demás seguramente estaban mejor porque ya estaban muertos), sí, por temas de gobernabilidad seguramente fueron tratados mejor, pero no por otra cosa. No obstante, me he permitido proponer a los comerciantes del mercado Jamaica en la ciudad de México ofrecer entre sus productos una pinata de Cortés, como una forma de celebrarlo, para las próximas fiestas decembrinas. Ciertamente tendría mucho éxito. Saludos.

  5. No estoy de acuerdo enteramente con lo que dices, aunque con algunas cosas sí. El responsabilizar de hechos concretos medidas precisas y concurrentes en el tiempo dista radicalmente de culpar a una historia anterior a 200 años de independencia. Eso lleva mucho de victimismo, pero poco de autocrítica -y desde luego que hay temas tabúes, si la piñata evidentemente no es uno, imagina un busto de Cortés en el zócalo al lado del de Cuautémoc…-. Antes de Cortés, la presión azteca sobre otras naciones era insoportable -muertes, cobros, sacrificios, religiosa orientada a la guerra, violaciones- tanto así que se revelaron todos y sometieron al imperio. Las leyes de Cortés establecían una protección a los indígenas que desaparece justo con el virreinato y contra lo cual pelea hasta regresar a España. Las Nuevas Leyes parecen humanistas, pero no me parecen una mejora frente a lo que establecía Cortés.
    Saludos

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