¿Es posible una historia comparativa de la intermediación financiera? (Segunda parte)

Juliette Levy (University of California, Riverside), 12 de diciembre de 2012.

Me gustaría retomar mi anterior entrada sobre el cambio institucional y la historia comparada de la intermediación financiera. Aceptando como nos lo recuerdan Rosenthal & Wong que no hay mezcla única u óptima de  instituciones formales e informales, ¿por donde empezamos a forjar una historia comparativa de sistemas financieros y sus intermediarios?

El primer tema de análisis es la información – sin acceso a información, los intermediarios financieros no existirían. Los intermediarios financieros son y siempre fueron centros de información. En términos concretos, un intermediario financiero crea, supervisa y apoya el flujo y el manejo de información entre actores comerciales. Para traducir esto en un contexto parecido al de Rosenthal y Wong,  entender la dirección de ese flujo de información, los incentivos que apoyan ese flujo, y los obstáculos que lo impiden además de las personas que lo administran – ésa es la manera de comparar sistemas financieros a través de la historia. Porque sabemos que los intermediarios existen casi en todas circunstancias históricas y sabemos que proporcionan una gran variedad de servicios en diferentes contextos con diferentes resultados – el contexto, las circunstancias y los resultados son diferentes, pero ¿qué pasa con el flujo de información que sostiene cualquiera de estas interacciones? ¿Es diferente en todos estos casos? Si es así, en qué se nota la diferencia? ¿Cómo podemos formalizar éstas corrientes para entender mejor el papel de los intermediarios en las economías en desarrollo?

En el 2010 y 2012 organizamos con Christiaan van Bochove de la universidad de Utrecht dos talleres sobre la intermediación e información en mercados de capitales (uno en Utrecht y otro en Riverside, California), en los cuales se discutieron casos históricos con enormes similitudes en contextos que se considerarían radicalmente diferente. Por ejemplo, el trabajo de Andra Lluch sobre el comercio en las pampas argentinas, nos demuestra que los libros de cuentas de sus comerciantes hacían doble uso como historiales de crédito sobre clientes que tenían cuentas de negocio en con el mismo comerciante. Estos datos que se registraban dejan información sobre la historia del crédito no bancaria en Argentina de una manera que es totalmente inteligible hoy, y lo hubiera sido para a un banquero personal en Amberes en el siglo XVIII.

Los talleres también sacaron a luz las cuestiones subyacentes y las preocupaciones acerca de la desigualdad – la desigualdad de la riqueza, el desarrollo, el acceso a la educación, la salud, la movilidad social – que forman base de las diferencias entre las sociedades analizadas. Si los mercados de capital son importantes para el desarrollo, entonces también tenemos que entender el papel que los intermediarios financieros juegan en el porqué de algunas de éstas desigualdades.

La función principal de un intermediario es proveer una serie de servicios para cada transacción entre dos actores. Algunos intermediarios facilitan el contacto entre dos actores, y como es el caso de los notarios – que eran intermediarios clave en los mercados mexicanos en el siglo XIX como franceses en el siglo XVIII, formulan el contrato que los une sin necesidad de ser parte de ese contrato. Otros intermediarios, como los corredores contemporáneos, son responsables del cumplimiento del contrato. De cualquier manera, los intermediarios agregan valor a la transacción, pero su existencia también plantea otra cuestión: ¿ la transacción hubiera sido posible sin el intermediario? Estas dos preguntas – el valor añadido de la intermediación y la necesidad de la mediación – es intrínseca a la existencia de un intermediario.

Una parte clave del valor agregado de un intermediario financiero es el  acceso que tiene a la información de sus cliente y la habilidad que tiene de administrar y distribuir esta información entre sus clientes. Esta función no existiría si los clientes del intermediario no le tienen confianza. De hecho, tal vez la tarea más importante de los intermediarios financieros no es simplemente la de la adquisición y distribución de información, sino también la de la custodia de esta información.

La confianza es esencial en una relación intermediaria. Los intermediarios pueden gestionar el dinero de otros, a veces también usar su propio dinero, pero ante todo el intermediario tiene que tener y utilizar la información correcta. Si nos fijamos en los intermediarios en los mercados que Christiaan van Bochove y yo estudiamos en Ámsterdam del siglo XVII y Yucatán en el siglo XIX  – observamos que notarios y corredores y banqueros en ambos lugares adquirían y distribuían  información a través de su red personal de clientes y amigos, en ambos lugares protegían su red, y en ambos lugares conectaban redes diferentes a través de sus oficinas.  Pero Ámsterdam y Mérida no se parecen para nada – el mercado es grande e internacional en Ámsterdam, en Mérida es un mercado limitado por el legado colonial; en Ámsterdam es un mercado muy diversificado, en Mérida los instrumentos de crédito se limitan en gran parte a obligaciones hipotecarias y préstamos personales. Las diferencias en el mercado de crédito y en las instituciones financieras así como en la intermediación financiera se explican no por las diferencias entre la ética puritana y la falta de una ética comparable en Yucatán – eso sería una versión de ése “factor C” que mencionaba anteriormente.  Las diferencias están definidas por un contexto político que de un lado del Atlántico apoya el acceso abierto a múltiples fondos de crédito, un contexto político que es internamente respetado por sus ciudadadanos y un sistema político que es rico por sus éxitos comerciales internacionales. En el caso de Yucatán, vemos un estado que se basa en una economía mono-agricultural y extractiva, un estado étnicamente heterogéneo con un sistema político que refleja y refuerza las divisiones económicas y sociales entre sus ciudadanos.

Estas son diferencias en la política económica, pero los intermediarios financieros son muy similares. Las diferencias entre los sistemas son lo obvio, pero lo que falta entender son las similitudes, y  el contexto en el cual instituciones similares llevan a resultados diferentes.  Si le damos vuelta a la discusión de ésta manera, el problema del acceso al crédito en México o en cualquier país con similar problema no puede ser sencillamente una función del retraso en la creación de una banca institucional, sino la tendencia a la concentración del capital una vez que se crearon los bancos – una tendencia que se observa entre intermediarios financieros desde mucho antes que formara un banco.

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