¿Es posible una historia comparativa de la intermediación financiera?

Juliette Levy (University of California, Riverside), 8 November 2012.

El factor cultural para explicar el desarrollo económico es simplista y erróneo, como lo demuestra la historia comparada.

Los latinos sufrimos de una condición que nos lleva a querer entender nuestros problemas económicos comparando nuestra experiencia con la de naciones y economías que consideramos ejemplares. El problema no está limitado a América Latina. Colegas que estudian la historia económica del Medio Oriente o África, o cualquier zona poscolonial, delimitan la definición de sus problemas de desarrollo nacionales por la experiencia y los resultados de los economías como las de los EEUU y las grandes economías europeas (léase, ni Grecia, ni España, ni Irlanda…).

Quisiera abogar por revertir ésta tendencia – no porque no quiero comparar – al contrario, todos tenemos mucho que aprender a través de estudios comparativos.  El problema estriba en que nos mermamos al compararnos en modelos y ejemplos que solo nos menosprecian. En esta entrada, permítanme hacer un resúmen de ésta tendencia.  Historiadores, antropólogos y otros colegas en humanidades, se refieren continuamente a los denominados “determinantes culturales” para hablar de particularidades que según ellos definen diferencias entre sistemas políticos y económicos. Este concepto cultural también ha sido adoptado por nuestros colegas economistas cuando no hay explicación que quepa en sus modelos. ¿Cómo explicar el por qué de las diferencias entre  sociedades, por qué no todos los países optan por invertir en educación pública, o por qué la corrupción parece ser un factor tan negativo y común en otros?  Todo se resume en diferencias culturales históricas que condenan ciertas partes del mundo a no ser como Europa. Me basta con mencionar la última entrega de Acemoglu y Robinson (véase también el excelente comentario sobre su último libro por Rafael Dobado en 12 de Septiembre de 2012) o Timur Kuran para recordar que éstos argumentos, por más elegantes que sean, están también profundamente equivocados. El efecto de invocar las diferencias culturales, a lo que podríamos llamar “el factor C” es el camino fácil, y el camino erróneo.

Si uno piensa en el sistema financiero de cualquier país, en cualquier momento de su historia, uno encuentra agentes económicos que van a responder de manera similar a condiciones sociales y de mercado – las diferencias en los resultados económicos tienen más que ver con las circunstancias y las condiciones locales que con cualquier determinante llamado “cultural”.   El hecho que ciertas instituciones de mercado comunes en mercados más desarrollados no existan en otros mercados no es razón de declarar que el mercado menos desarrollado no funciona. Por ejemplo, el hecho de que el auge del desarrollo bancario en México no suceda hasta finales del siglo XIX no significa que no había un mercado de crédito en México hasta ese momento. Del mismo modo, la prohibición oficial de tasas de interés en el mundo musulmán no quiere decir que el crédito ahí era gratuito – simplemente se pagaba de diferente forma.  Ejemplos como éstos sugieren que las instituciones que consideramos necesarias para el desarrollo de mercados no siempre se visten de la misma manera – lo que importa es el tamaño del mercado – y este se puede calcular utilizando más de una métrica, los incentivos al comercio, y un contexto legal en el cual los dos pueden existir.

El mejor ejemplo en historia económica comparativa de ésta perspectiva hasta la fecha es el reciente libro de Jean-Laurent Rosenthal y Roy Bin Wong “Before and Beyond Divergence: the politics of economic change in China and Europe” (Harvard UP, 2011). El modelo que utilizan para comparar el proceso de desarrollo económico en China y Europa tiene su origen en una preocupación más profunda sobre lo que hace que las sociedades hagan lo que hagan. Es un modelo que se basa en política económica, y que simplemente se rehúsa a utilizar la cultura para explicar lo que no cabe dentro del modelo. Las preguntas que hacen son ¿cómo éstas dos sociedades se enfrentan a problemas similares? ¿Cómo hacen frente a las limitadas soluciones a estos problemas? ¿Qué explica las grandes desigualdades del mundo, y cómo podemos abordar estos problemas mirando los retrasos en el desarrollo institucional y las reacciones de cada sociedad a los cambios económicos inesperados? El libro desarrolla un modelo conceptual bastante innovador que nos permite reinterpretar una serie de sucesos históricos desde un nuevo punto de vista.  En éste modelo, la industrialización europea es una respuesta institucional a la intensificación del capital en el siglo XVII, y el infanticidio en China no es un marcador cultural pero más bien una respuesta a una prerrogativa institucional (el control demográfico) con fuertes incentivos políticos. El modelo comparativo de Rosenthal y Wong también revisa la historia de la emergencia de las actividades rentistas, lo que es en gran medida una de las bases del  comportamiento capitalista. Analizando el comportamiento de  dirigentes de partidos comunistas y funcionarios municipales en China, no hay otra manera de calificarlo que como una búsqueda contínua de rentas. Lo que en cualquier contexto se le llamaba corrupción, es en esencia una respuesta a incentivos políticos y económicos (algo que Andrei Schleifer y Robert Vishny llevan un cierto tiempo demostrando). Aceptando ésto, qué es de la supuesta división cultural entre Rusia soviética (o contemporánea), China confuciana y México o los EE.UU. en el siglo XXI?

Rosenthal y Wong se enfocan sobre la totalidad de la economía política del sistema: no se limitan a observar las diferencias tradicionales entre la autocracia y la democracia (como Acemoglu y Robinson lo hacen), sino en la forma en que el sistema maneja sus responsabilidades. Visto de ésta manera, los transcursos políticos a través de la historia y a través de los continentes tienen mucho más en común que no. El corazón conceptual del éste libro es que no hay una receta para el cambio institucional. Lo que hay es una mezcla de instituciones que afectan el cambio, y para entender ésta mezcla tenemos que entender tanto las instituciones formales como las informales. Las instituciones en éste caso obviamente son las instituciones en la definición de Douglass North, en las cuales lo que uno trata de entender son los reglas del juego en cada situación económica.

(to be continued…)

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