Sobre deuda, crisis, y hombres de negro

Juan H. Flores (Universidad de Ginebra), 19 de Septiembre de 2012.

Los agentes externos pueden ser de utilidad para facilitar el acceso a los mercados financieros. Pero esta medida, u otras que tengan como finalidad el abaratamiento de la deuda, sólo pueden tener éxito si van acompañadas de otras medidas que fomenten la actividad económica.

Primer acto. A Venancio Bigotes y a Bemus Micolapsus nadie les quiere prestar dinero y no pueden seguir pagando sus cuentas. Su amiga Estrujen Pujen, la rica del barrio, quiere ayudarlos por muchas razones (entre las cuales, que son dos de sus mejores clientes y socios comerciales). Ella misma les presta algo de dinero, pero sirve de poco para que sus amigos salgan adelante. Así que manda a sus empleados, Tommy Jones y Will Smith versión bávara, para vigilar que Venancio y Bemus no despilfarren su dinero, que reduzcan sus gastos y que paguen puntualmente sus deudas. Pero incluso así, nadie ayuda, y como la situacion general está chunga, nadie quiere comprar lo que venden y tampoco saben hacer otra cosa. Asi que Estrujen convence a otros amigos a que apoyen y entre todos garanticen nuevos prestamos para Bemus (el caso más desesperado) pero no para los de Venancio. De repente, la cosa cambia. Tanto a Bemus como a Venancio le prestan dinero, pero a condiciones un tanto diferentes, y siempre que detrás de ambos Tommy y Will vigilen sus acciones.

Hay una literatura extensa sobre las razones por las cuales muchos gobiernos en la historia han recurrido a agentes externos (históricamente asociados  y frecuentemente unidos con los  money doctors). Básicamente, las troikas, los banqueros, profesores, organismos multilaterales, y un largo etcétera sirven para resolver un problema de credibilidad que permite a los países atraer capitales o al menos, disminuir el costo de los mismos. En el siglo XIX, algunos bancos comerciales ingleses asumían ese papel (como Rothschild o Baring). En los años 1920s, fueron el profesor Edwin Walter Kemmerer, Otto Ernst Niemeyer o la misma Sociedad de Naciones (SdN) – en coordinación con bancos comerciales, bancos centrales y gobiernos prestamistas. En el periodo post-1945, el FMI ha tenido asignado este rol, aunque la banca privada también lo ha tenido ocasionalmente.
El canal por el cual un país gana credibilidad con un agente externo es la supervisión o monitoreo que siguen a un cambio anunciado en la politica economica de un país en problemas financieros. Esta “señal” de buena conducta hace que los inversionistas adquieran confianza en el país e inviertan en él.

¿Hasta donde llega este argumento históricamente? En el siglo XIX, los programas de estabilización monetaria y fiscal impuestos por agentes externos llegaron a funcionar por fuerza bruta (aunque no era algo muy habitual) o porque los bancos inversores que lo practicaron tenían tal poder en el mercado de capital (era un oligopolio) que un país que aceptaba los términos de dichos programas dificilmente podía darse el lujo de no cumplirlos. En algunos trabajos con Marc Flandreau hemos tratado el tema, muy frecuentemente analizando por ejemplo la relación entre Brasil y el banco Rothschild.

En los años 1920s, la cuestión cambió en muchos sentidos. Un caso emblemático es precisamente el de la SdN. Esta institución estuvo muy activa en la reconstrucción de muchos países europeos después de la primera guerra mundial. Los inicios de sus programas de estabilización me remiten a la historia de Venancio y Bemus. En los 1920s, los dos primeros países en necesitar el apoyo de la SdN fueron Austria y Hungria. A Austria (el primer país con un programa elaborado y puesto en marcha bajo la tutela de la SdN; Thomas Sargent, premio Nobel de economía 2011, tiene un artículo al respecto) se le concedió el privilegio de poder emitir bonos garantizados por varios países (entre los cuales, Inglaterra, Francia, Italia y Suecia). La Sociedad de Naciones, a diferencia del FMI, no contaba con capital propio, pero era el supervisor de los programas (tenía sus propios men in black)  y gestor de los fondos recabados con los prestamos emitidos. A Hungría no se le concedió este privilegio, aunque pudo emitir sus bonos para financiar su programa de estabilización (recordemos que hasta el programa de la SdN nadie quería fungir como prestamista a este país, al respecto este paper).

¿Que pasó? Bueno, la famosa prima de riesgo por cada empréstito fue muy diferente para Austria y Hungria (veáse el gráfico), con Austria pagando unos tipos muy bajos (equivalente al de muchos de los países garantes más una prima de liquidez) y Hungria unos algo mas altos (con una diferencia inicial entre ambos de 120 puntos base), pero ambos países pudieron obtener el capital necesario para reordenar sus finanzas, reconstruir su planta productiva y estabilizar sus monedas. [Hemos incluido a Francia como referencia, que aunque también tuvo sus propios problemas monetarios y financieros, fue un país garante].

El primer problema (la falta de capital) quedó resuelto: ambos paises accedieron a los mercados financieros y pudieron poner su casa relativamente en orden. Pero…

Segundo acto. Los negocios de Bemus y a Venancio siguen sin levantar. En realidad, incluso el de Estrujen empieza a ir a peor, así que nadie tiene dinero para comprar del negocio del otro y esto hace que cada uno se ajuste cada vez más el cinturón para compensar por la caída de sus ingresos.  Bemus y Venancio quiebran. Y Estrujen también. A los hombres de negro los despiden a las primeras de cambio.

En medio de la tormenta desatada por el crack financiero de 1929, y con las medidas proteccionistas que no terminaron de desaparecer (más bien lo contrario), ni a Austria ni a Hungría les fue muy bien. A pesar de un ligero repunte en su crecimiento económico después de los préstamos SdN,  sus problemas de paro, nulo crecimiento en sus exportaciones, y la fragilidad de su sector bancario fueron persistentes. Bajo el régimen de patrón oro tampoco tenían mucho margen de maniobra, ni en su política monetaria ni  para el pago de su deuda (en dólares, principalmente).

Con la crisis bancaria en Austria en 1931, la SdN no tuvo los medios para actuar como prestamista de última instancia. El Banco Internacional de Pagos hizo su debut con un “prestamo-puente” (tan de moda desde los 1980s) mientras la SdN organizaba a los países garantes para un segundo prestamo garantizado. La historia no terminó bien para estos prestamos (de hecho, mi amigo Rui Esteves llega a una conclusión similar para los prestamos garantizados que se han otorgado en la historia a Grecia).

La crisis europea actual contrasta en muchos aspectos con la de los 1930s. Pero también hay muchos paralelismos. Que por un lado se aporten soluciones para que los países accedan en condiciones favorables a los mercados de capitales (por intervención del BCE o por bonos garantizados) es una buena cosa. Que haya hombres de negro (¿por qué negro? ¿Por qué no azul por ejemplo? Serían llamados pitufos —algo menos tenebroso— con papá-Barroso o pitufina-Lagarde a la cabeza) que tranquilicen a los inversionistas, de acuerdo. Pero hay que mirar más lejos para que esto funcione. La agenda del crecimiento y la competitivad tiene que ser prioritaria.  El default es hoy por hoy una solución tardía. No creo, como argumentan algunos, que estemos en condiciones de conocer los alcances de una decisión de este tipo. Por tanto, la intervención del BCE es más que bienvenida. Y en situación de desapalancamiento (o desendeudamiento privado) la relación  (biblica para algunos) entre emisión monetaria e inflación  es magra.

Tercer acto. Todos se agarran a “trompadas”. Estrujen y Bemus hubieran preferido continuar compitiendo en futbol y filosofía.

3 thoughts on “Sobre deuda, crisis, y hombres de negro

  1. Yo creo que el segundo acto seria algo mas del tipo:

    Los negocios de Bemus y a Venancio siguen sin levantar. En realidad, incluso el de Estrujen empieza a ir a peor, así que nadie tiene dinero para comprar del negocio del otro y esto hace que cada uno se ajuste cada vez más el cinturón para compensar por la caída de sus ingresos. Bemus y Venancio quiebran, con la confianza que sus hijos encontraran la forma de salir de nuevo a flote. En aprietos, Estrujen y familia la pasan menos bien, pero saben que tarde o temprano encontraran la forma de hacer nuevos negocios con los hijos de Bemus y Venacio en beneficio de todos. Los los hombres de negro adaptaran su oficio a los requerimientos del nuevo paradigma.

    Tercer acto. Luego de las trompadas, vendran los abrazos hasta las nuevas trompadas.

    • Excelente Wallace. La transmisión de los problemas a las futuras generaciones ha sido inherente a muchas sociedades desde hace rato. Y es verdad, los hombres de negro siempre terminan adaptandose! De hecho, el FMI, la misma OCDE y otros muchos organismos internacionales (haciendo o no de hombres de negro) hans estado apunto de desaparecer, para luego reconvertirse en algo distinto! Enfin, yo solo espero que en vez de trompadas arreglen sus problemas de una manera algo menos violenta…

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